sábado 30 de abril de 2011

TROYA LITERARIA (293): Ramón Gaya contra Alberti


Rafael Alberti, gran versificador -buen lidiador-, pero poeta muy frío, muy... vacío, frío de vacío, es quizá uno de esos artistas... jóvenes que, a la hora debida, no aciertan a sobrepasar su juventud, es decir, no pueden pasar de magníficos novilleros brillantes a consistentes toreros adultos, viniendo a resultar así, como creía J. R. J. -que es sin duda el mayor, y mejor, y más fuerte, y más incómodo crítico español actual-, que Marinero en tierra es su libro más vivo, más fresco, más verdadero. Vuelve a darnos un libro muy considerable, es verdad -Sobre los ángeles-, y en cierto sentido, precioso, pero un tanto mecánico, sistemático, artificial, ya que sentimos muy bien que no existen tantos ángeles, o acaso que existen muchísimos más, un número infinito de ellos; un poeta, pues, más profundo, comprendería en seguida que no puede, poema tras poema, y mediante un surrealismo externo, manierista, ir diferenciando y catalogando ángeles, sino que es necesario aludir a todos en un auténtico poema único. En cuanto a sus poemas más o menos comprometidos o de inspiración social y política, mejor es no hablar.


RAMÓN GAYA, Carta a José María, 1979,  Antología, Selección de Andrés Trapiello, Biblioteca Virtual Cervantes (AQUÍ) 

ANECDOTARIO DE POETAS (319): ¿Fue Lorca amigo de José Antonio Primo de Rivera?


Relata el entonces joven residente Gabriel Celaya que Lorca contaba entre sus amigos a José Antonio Primo de Rivera, con el que se citaba de vez en cuando para hablar, al margen de la política, de poesía y literatura. «¿Sabes que todos los viernes ceno con él [con José Antonio]? —le diría el poeta granadino al todavía en ciernes poeta vasco—; solemos salir juntos en un taxi con las cortinillas bajadas, porque ni a él le conviene que le vean conmigo, ni a mí me conviene que me vean con él.»

El biógrafo de Lorca, y de José Antonio, Ian Gibson, a propósito de la confesión de Celaya, se hacía esta pregunta: «¿Es concebible que José Antonio tuviera la posibilidad de cenar como norma todos los viernes [subrayado de Gibson] con quien fuera? Creemos que no.» Se conoce que ahora, cincuenta años después, a quien no le conviene que Lorca cenase con José Antonio es a Ian Gibson, un estudioso, por otra parte, muy meritorio y concienzudo.

El propio Gibson entrevistó a Celaya para afinar, hasta donde fuese posible, tal recuerdo. El poeta donostiarra le refirió entonces de viva voz: «Nosotros teníamos una tertulia donde íbamos a tomar el café todos los días, en un sitio que se llamaba La Ballena Alegre, en los bajos del Lyon. A esta tertulia íbamos, pues, estudiantes de la Residencia, que muchos eran actores de La Barraca. (...) Nosotros estábamos en una mesa. Y en la mesa de enfrente había otra tertulia, que era de todos los fundadores de la Falange: José Antonio Primo de Rivera, Jesús Rubio, José María Alfaro... Nos conocíamos todos y nos insultábamos, pero era todo como un juego porque nos decíamos: "¡Cabrones! ¡Fascistas! ¡Rojos!" Esto sería el año 34. No había hostilidad. Las tertulias eran separadas y en los periódicos nos metíamos unos con otros, pero no había una cosa de guerra, era cosa de amigos, de intelectuales, de estudiantes, nos veíamos en las mismas exposiciones, en los mismos conciertos, en las mismas obras de teatro. Madrid era muy pequeño. Entonces, no debe chocar tanto que Federico conociera a José Antonio. José Antonio era un orteguiano, leía mucho a Ortega y Gasset. Ortega fue el editor del Romancero gitano, la Revista de Occidente, y claro, había una especie de contactos. Cuando él me dijo eso de que todas las semanas cenaban un día juntos, a lo mejor era una exageración de Federico, porque Federico era muy fantasioso, pero que él conocía a José Antonio, esto es verdad, esto es completamente cierto. (...) A José Antonio me lo presentó Federico en Casablanca una noche de whiskies. Yo no había ido con Federico, había ido con un grupo de la Residencia. Casablanca era un cabaret, como se decía entonces, un sitio de baile, nocturno. Y allí fuimos después de cenar y allí estaba ya Federico. "Oye, ven aquí (me dice), te voy a presentar a José Antonio, vas a ver que es un tío muy simpático." Y nos presentó. Eso sería el 34.»

Después de todas estas explicaciones, Gibson todavía no se conforma y añade en su libro sobre José Antonio: «Lorca, hombre eminentemente sociable y, por más señas, conocidísimo en Madrid, tenía centenares de "amigos" [también las comillas son de Gibson] y no es sorprendente que conociera a José Antonio ni que éste le tuviera afecto. Ahora, sigue sin ser demostrado (sic) el que fuesen realmente amigos (...) Creemos, en fin, que entre José Antonio y Lorca no hubo amistad, y que eso de las cenas semanales era una invención más del fantasioso poeta andaluz.»

A uno que José Antonio y Lorca fuesen amigos es algo que le da perfectamente igual. Como le da igual que tuvieran un encuentro sumamente amistoso, en San Sebastián, José Antonio y Picasso en 1934. Todo esto tiene algo de vodevil, pero nos viene bien constatarlo para que se vea que la época era promiscua política y literariamente. A Gibson, en cambio, se conoce que no le da lo mismo, y que no le haría ninguna gracia que un día se demostrara con «más datos» (estas comillas, en cambio, son mías) el fundamento de esa amistad, y si esa amistad era de primer grado, de tercero o de quinto. Así, me parece a mí, es muy difícil ser imparcial ni ser nada: cuando se tienen las pruebas uno dice: «no me convencen»; y cuando no se tienen: «eso tuvo que ser así», y se escriben unas cuantas páginas pimpantes y especulativas.

Lo que importa de todo esto ni siquiera es si Lorca y José Antonio fueron amigos (lo que sin duda honraría a los dos, como ocurre siempre que se da una amistad desinteresada), sino la complejidad de relaciones, que llevaban al poeta a sentarse y aceptar la amistad de hombres y mujeres de derechas e izquierdas, relaciones que le hicieron creer a Lorca que nada podía temer de nadie.


ANDRÉS TRAPIELLO, Las armas y las letras, Planeta, Barcelona, 1994, págs. 115-118

viernes 29 de abril de 2011

Un soneto de JESÚS MALIA


Es cosa de tan vista tan cansina
el dar en el soneto y el lamento:
ahora son los celos el tormento
y luego es la dicha de amor dina

caída en desdicha repentina;
ahora es un te quiero en juramento
venido con el tiempo a ser un cuento
lo que antes fuera albricia tan contina.

Y así, con sus retóricas catódicas
(que en esto del amor de culebrón
en sesiones periódicas e inmódicas

de tele y sobremesa con la siesta
parece que salió toda razón),
nos amarga la lengua y nos apesta.


JESÚS MALIA escribe en el blog Poesía Abierta (AQUÍ)


NOTA: El sábado 7 de mayo, a las 21:30, en Diablos Azules, primera jam session de sonetos (tres sonetos máximo)

Diablos Azules ya tiene blog

.
Para acceder a él, se debe pinchar en la imagen o AQUÍ.


Hoy, viernes, a las 21:00, en el mesón El Kiebro de Fuenlabrada, recital ÁCIDO TOUR 2


Cartel de GSÚS BONILLA


Mi pelo de minotauro al piano, mi sonrisa unicornia, la fontanería de mis dientes, la traqueada perfección de mi hambre, todo será arrasado por el tiempo, vencido por el farallón de las horas, aplastado por la orquesta negra del calendario, mis ojos verdes y grises, mis pies pugnaces e incoloros, mis manos como serpientes asaltando los pebeteros, mi pecho, todo será destruido, desmontado, minuciosamente desaparecido, de mí no quedará más que cal y fósforo, esqueleto, mala mueca, ni un solo recuerdo, mera inscripción de ceros, nada.

Lo estoy viendo. Lo noto. Las bacterias por mis placas dentales. La falta de colágeno. El cabello abandonando la cubierta. Los veinteañeros pisando fuerte, mordiendo y pidiendo paso, recordándome mis treinta y siete años. ¿Qué debo hacer? ¿Reordenar la muerte y hacerla mi dispensario? ¿Detener los números y volverme democracio? ¿Enfrentarme al viento, yo que soy el hijo del viento?

No. Ya es tarde para clerecías. Qué importa que mi corazón sea un gato en muletas y mis sueños como montañas de esparadrapo: si he de quedarme con un punto del horizonte, que sea el más lejano; si es inevitable mi captura, que me capturen en la zona roja del vértigo; si es seguro mi fracaso, que sea en el erotismo al límite, en el tigre más alto de velocidad.

Hoy. Viernes. 21:00. Mesón El Kiebro. Fuenlabrada. Plaza del poniente, 9. Metro Fuenlabrada Central. Recital Ácido Tour: Ana Pérez Cañamares, Gsús Bonilla, Batania, Dani Sancet, Antonio Yeska, Bolo, Antonio Díez y Bacovicius.


La poesía ha vuelto y yo no tengo la culpa.
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jueves 28 de abril de 2011

Una reflexión de MILAN KUNDERA


Temo demasiado a los profesores para quienes el arte es sólo un derivado de las corrientes filosóficas y teóricas. La novela conoce el inconsciente antes que Freud, la lucha de clases antes que Marx, practica la fenomenología (la búsqueda de la esencia de las situaciones humanas) antes que los fenomenólogos. ¡Qué fabulosas "descripciones fenomenológicas" las de Proust, quien no conoció a fenomenólogo alguno!


MILAN KUNDERA, El arte de la novela, Tusquets, Barcelona, 1994, pág. 42, traducción de Fernando de Valenzuela y María Victoria Villaverde

TROYA LITERARIA (292): Nuncio Hernández Valle contra "Lobas de mar", de Zoé Valdés


Ya se sabe que la mayoría de los concursos literarios en España no se realizan para premiar al mejor libro, sino para promover a un autor que ya pertenece a la nómina de dicha editorial. No estoy en contra de esta costumbre. Me parece bien que un autor pueda recibir de antemano una jugosa cantidad de dinero a cambio de un buen libro.

Pero como lector, me intriga —por no decir, me indigna— la razón por la cual una editorial insiste en promocionar a una escritora que no sólo escribe tramas ilógicas, sino que ni siquiera conoce las cuestiones más elementales de su idioma.

Después de leer la última novela de Zoé Valdés, Lobas de mar (Premio Fernando Lara, de la editorial Planeta), resulta imposible imaginar por qué esa editorial invierte —porque, sin duda, se trata de una inversión— miles de dólares en premiar otro libro más de una autora, cuyas novelas suelen estar llenas de errores históricos, geográficos, etnológicos, gramaticales y estructurales.

No voy a especular en las razones —económicas o personales— que conllevan a este hecho.

Tampoco me interesa insistir en la lastimosa incapacidad de Valdés para la narrativa porque ese aspecto de su escritura ya es de sobra conocido. Pero uno debe preguntarse qué clase de labor hace el departamento de redacción de Planeta, o incluso qué conocimientos o sentido editorial puede existir en una de las empresas literarias más grandes de España, que premia e imprime miles de ejemplares de un texto donde aparecen los errores más burdos. Tampoco puedo dejar de preguntarme cómo un jurado de mediano prestigio —formado por Antonio Prieto, Luis María Anson, Juan Eslava Galán, Carlos Pujol, Fernando Delgado y Manuel Lombardero— ha permitido que sus nombres aparezcan como responsables de haber premiado semejante esperpento.

Valdés ha dicho que, para escribir Lobas de mar, realizó una extensa investigación. De hecho afirmó: “Llevo muchos años con esta idea, una verdadera obsesión, es mi novela más estudiada, más investigada, y más viajada”. Nos parece que con esa frase sólo ha pretendido emular con otros autores que han trabajado a fondo sus novelas históricas y han comentado sobre sus investigaciones, si bien ninguno de ellos ha tenido el mal gusto de colocar al final de sus novelas, como hizo Valdés, un listado de títulos consultados, como si la obra fuera un libro de ensayos… sobre todo, teniendo en cuenta el catastrófico resultado final.

Si la autora no cuenta con los conocimientos apropiados para alguien de su oficio, sería de esperar que la editorial hubiera corregido esos errores. Pero éstos son omnipresentes a lo largo del libro.

[...] Me apena pensar en los cientos de escritores (o aspirantes a escritor) que ingenuamente preparan y revisan sus manuscritos antes de enviarlos a premios como el Fernando Lara. Ya había aclarado que no estoy en contra de esos premios acordados de antemano para promover a un autor que pertenece a la editorial que los convoca, pero uno esperaría que, al menos, la obra premiada valiera la pena. Sin embargo, cuando el resultado es un producto como Lobas de mar no puedo menos que indignarme ante esa tomadura de pelo hacia los escritores, que presentaron sus obras, y hacia los lectores, que van a comprar un libro creyendo que se trata de una obra merecedora de un galardón.

No en balde tantas personas se quejan de la creciente pobreza de nuestras letras. Y aunque no me gusta pensar que la gran literatura se halla en vías de extinción, cada vez que una editorial tolera y promociona desastres literarios como éste, me siento tentado a creer que las letras hispanoamericanas están condenadas a un naufragio sin remedio.


NUNCIO HERNÁNDEZ VALLE, Lobas de mar, o sea, hablando boberías, Rebelión, 18 de marzo de 2004. Escrito originalmente para Red Literaria. Toda la crítica AQUÍ

Diccionario inverso para hacer sonetos


Considero que lo bonito de la jam de sonetos del día 7 de mayo no es sólo que acudan los habituales sonetistas, aquellos que ya han escrito, como decía Celaya de Ridruejo, más de 3013 sonetos sin que su máquina se detenga, sino que acudan también aquellos que nunca los escriben. Para ello deberían esforzarse un poco y comparecer sin miedo a hacer el ridículo, como es mi caso. Ahora no encuentro la dirección de Internet donde te puedes descargar un programa que me descargué en su día para hacer sonetos (el propio programa te cuenta las sílabas, te hace las sinalefas y los acentos internos), un programa que he perdido, cuando lo encuentre lo publico, pero al menos voy a dar la dirección de un diccionario inverso para que la peña que no suele hacer sonetos no se vuelva loca con las rimas:


Con ese diccionario basta pulsar el final de una palabra para que te aparezcan todas las palabras que acaban en la misma terminación. Por predicar con el ejemplo, yo mismo voy a tratar de escribir varios sonetos para luego elegir los tres menos malos. Ya me he estrenado con el engendro que se ve debajo, y aunque me ha vuelto a pasar lo de siempre, esto es, que el soneto me lleva adonde él quiere y no adonde yo me propongo, al menos me lo he pasado bien un rato. Santiago Tena, al que le basta oír un soneto para saber si está bien,  me va a hacer las correcciones en la jam del martes, y se lo agradezco en público y por anticipado. En todo caso, sobre el soneto a Paula Prendes de hoy, por soneto me refiero a lo que está situado a la izquierda :) :) :)

miércoles 27 de abril de 2011

Maldición contra José Mourinho


MODO DE EMPLEO: Para que dé resultado, se ha de leer una hora antes o durante los descansos de las semifinales de Champions entre el Real Madrid y el F.C. Barcelona, con el fin de que la valentía, la música y la belleza sean recompensadas con la justicia.


Comandante Mourinho,
licenciado en persianas,
Napoleón el pequeño,
cerrajero productions,
tu fútbol
es la Capilla Sixtina
de la basura, tu fútbol
es una vaca coceando
las estrellas, tu fútbol
es un policía que no libra
en domingo, tu fútbol
se lo has copiado a las berzas,
se lo has copiado a las heces,
se lo has copiado a la OTAN,
se lo has copiado
al Ministerio de Defensa,
tu fútbol
me hace tanto pus
y tantas calaveras
que te maldigo, Mourinho,
yo te maldigo y deseo que
sea Messi tu farsalia,
que vaya a Wembley
Guardiola,
que sea la victoria
la risa
el escorzo
el ballet
Barcelona.

ANECDOTARIO DE POETAS (318): Condenan a Mandelstam a tres años de exilio por escribir "El lobo", poema sobre Stalin que sólo se conocía de oídas


En el expediente de su interrogatorio se dice que Mandelstam recitó todo el poema sobre Stalin a sus inquisidores, y que afirmó que "sí, yo soy el autor de esos versos", añadiendo, con cierto pavor, que "no he dado ninguna copia a nadie, aunque se lo leí a mi mujer, a mi hermana, a la escritora Anna Ajmátova y a su hijo Lev Gumiliov". De esa manera, Pasternak, Ajmátova y Guerstein terminaron figurando en la lista que el NKVD le sonsacó a Mandelstam con los nombres de todos los sospechosos que habían escuchado "El lobo". Guerstein conocía a otras catorce personas que habían oído el poema, una de las cuales debió de soplárselo a la secreta. Según Nadiezhda Mandelstam, el policía que interrogó a Ósip ya tenía una versión del poema escrita a mano por Maria Petróvij, lo cual sugiere que ésta debía de estar vinculada con el NKVD de alguna forma. Pero Ajmátova afirmó haberle oído contar a Mandelstam todo lo ocurrido, y, de hecho, la amistad de Anna con María se mantuvo intacta durante los siguientes treinta años.

Al final, la sentencia a Mandelstam fue menos severa de lo que cabía temer. Le exiliaron tres años a Cherdin, un pueblo a orillas del río Kama, en los Urales, y permitieron que Nadiehzda se marchara con él. Ajmátova, en cambio, volvió a Leningrado sin poder ver de nuevo a su amigo, así que éste no pudo desembarazarse de su obsesión de que Anna pudiera yacer muerta en los barrancos de Cherdin. Mandelstam aún estaba psicológicamente enfermo y convencido de que, a pesar de haberle liberado, iban a fusilarlo. Soñó que la secreta arrestaba a Anna, y creía que aún la estaban interrogando. Estando en el hospital de Cherdin, se rompió un brazo al saltar por una ventana. Gracias a Bujarin, le atenuaron la pena de exilio, dándole a elegir otro lugar donde cumplirla que no fuera ninguna de las doce ciudades principales. Los Mandelstam se instalaron en Voronezh.


ELAINE FEINSTEIN, Anna Ajmátova, Circe, Barcelona, 2007, págs. 197 y 198. Traducción de Xoán Abeleira

martes 26 de abril de 2011

SONETOS NO MIRAQUELINDOS (3): Moral de esclavos, de CARLOS EDMUNDO DE ORY

..........Oui, l'Homme est triste et laid,  ...
..........RIMBAUD


Marcha la muchedumbre a duras penas
avanza a cuatro patas se levanta
corre febril caballo que se espanta
y sin embargo no rompe cadenas

Va ciego el hombre a ningún sitio llenas
las pupilas de sueño y pide manta
Hace frío en el mundo oh noche santa
La luna bebe sangre en nuestras venas

Lejos el horizonte más que nunca
La vida humana sigue en la espelunca
No hay sol que valga en este duro invierno

Amar la humanidad se dice pronto
El hombre es feo y además es tonto
Moral de esclavos más vale el infierno


(Amiens, 14 de octubre 1983)


CARLOS EDMUNDO DE ORY, Soneto vivo, Idea y creación editorial SL, 2004, pág. 61

NOTA: El sábado 7 de mayo, a las 21:30, en Diablos Azules, primera jam session de sonetos (tres sonetos máximo)

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (189): El chiste de Unamuno que solía contar León Felipe


León Felipe, un día, con la ayuda de su sobrino, el gran torero mexicano Arruza, se presentó en mi casa de Buenos Aires, adonde había venido para dar agitados recitales y conferencias. Bien sentado en una butaca, con aire y semidormido tono de revelación, me dijo que Unamuno, cuando llegó por vez primera de su País Vasco a la meseta de Castilla, quiso advertir a Dios de su presencia en medio de la solitaria llanura.

—¡Dios, Dios, Señor, Dios, que ha llegado Unamuno! Soy Miguel de Unamuno. ¡Aquí estoy!

El cielo estaba negramente nublado; sólo se oía un gran silencio. Unamuno no cesaba de repetir:

—¡Dios, Dios, escucha, que ha llegado Unamuno!

Entonces, descorriendo las nubes, apareció una inmensa mano y, tras ella, un poderoso brazo, oyéndose, a la vez que le mandaban un gigantesco corte de mangas a Unamuno, el rugido de Dios que decía:

—¡Anda y que te den por el culo!


RAFAEL ALBERTI, La arboleda perdida (Segunda parte), Seix Barral, Barcelona, 1988, págs. 128 y 129

Hoy, martes, a las 21:00, en Diablos Azules, nueva jam session (tres poemas máximo)


Para ser poeta, quiero decir, para ver el interior de la avellana sin tener que partir la avellana, nada se sabe salvo bruptalios penterruptus, carapitelámpidos, infernópolis en la Atlántida, orinas circulares, vientos con be de bictoria, calabazas salvajes, directores de cine  fundando academias de poseidones, desmorienda IV episodio, Homero en la CNN presentado a Aquiles cuando se vestía de mujer, Napoleón cuando se vestía de mujer, Mata-Hari cuando se vestía de hombre, o brigadas de borrachos y alucinados recogiendo los versos que se han caído del micrófono, los versos que nadie escucha, los versos que nadie siente a pesar de sus espadas flamígeras, sus colgantes de escarcha amarilla, su belleza asquerosa, su basura.

Hoy. Martes. 21:00. Diablos Azules. C/Apodaca, 6. Metro Tribunal. Nueva Jam Session de poesía. Tres poemas máximo. Poeta invitada: Sagrario del Peral.

La poesía ha vuelto y yo no tengo la culpa.

EN EL CINE DE TU NIÑEZ PUSIERON UN ZARA





lunes 25 de abril de 2011

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (188): Octavio Paz a gritos


Sólo por tener el Prado a tiro de piedra merecía la pena vivir en la ciudad carísima y cada vez más sucia y más incómoda, donde las obras lo invaden todo. "El Estado de Obras", que dijo el otro; chiste malo pero útil. Un día, nos hallábamos comiendo varias personas con Octavio Paz y Camilo José Cela en un excelente restaurante, y en vista de que una perforadora estaba dispuesta a acabar con el almuerzo, Cela propuso que entre todos los asistentes, que éramos como catorce o dieciséis, hiciéramos una colecta y le diéramos unos cuantos miles de pesetas al operario por las dos horas de comida. La propuesta no prosperó, pero era juiciosa, y el almuerzo discurrió entre el tenaz asedio de la perforadora y los gritos de los comensales, que de otra manera no podían entenderse. Era de oír la voz silbante de Octavio Paz tratando de abrirse hueco sonoro en medio de aquella turbamulta que venía de la calle.


MIGUEL GARCÍA-POSADA, Cuando el aire no es nuestro. Memorias II, Península, Barcelona, 2001, pág. 112

domingo 24 de abril de 2011

TROYA LITERARIA (291): José García Domínguez contra Benedetti


Ha muerto Mario Benedetti, sin duda, el poeta más popular y también el menos importante del canon hispanoamericano contemporáneo. Siempre edulcorado con el almíbar empalagoso de la coartada política, agazapado siempre tras la beatitud inquisitorial del famoso compromiso, su truculento sentimentalismo jamás traspasó los límites de esa estética kitsch tan cara a los cantautores oficiosos y a los adolescentes de la cuerda de Jannette, que son rebeldes porque el mundo los hizo así.

Ha muerto un poeta menor. Porque a Benedetti le aguarda el mismo destino literario que al célebre cadáver de Anatole France: llorado en el momento de su traspaso por un cortejo fúnebre kilométrico, al día siguiente ya nadie lo recordaba, salvo los surrealistas que se ensañarían con sus despojos en memorable panfleto. Ha muerto, sí, el último velo lírico del stalinismo tropical. Lo que no ha muerto, sin embargo, es la imbecilidad ideológica que marcó la vida cultural toda del siglo XX. Al contrario, no cabe mejor prueba de su envidiable vitalidad que el tono unánime de las necrológicas publicadas a propósito de ese tránsito.

En todas partes, ubicua, otra vez la necedad profunda, ontológica, que exige juzgar las obras artísticas a partir de la biografía política del autor. Muy específica manifestación de la estupidez humana que nunca antes se había producido. De ahí que a lector alguno le inquiete la facción palaciega que apoyó o dejó de apoyar Shakespeare, o cuál fuera la opinión de Cervantes sobre la política de Felipe II ante el Turco. Encomendar la sentencia inapelable de los juicio estéticos a un burdo tribunal político, he ahí la suprema hazaña intelectual de la última centuria.

Fue Benedetti fiel funcionario en rigurosa nómina del castrismo, siempre cómplice de la autocracia cubana, hasta el final. Disciplinado servidor, supo conducirse como un perfecto miserable cuando accedió a avalar las insidias del régimen que pretendían hacer de Heriberto Padilla un peligroso agente de la CIA. Igual que esas porteras desdentadas de La Habana que sólo viven para espiar a los vecinos por cuenta del Partido, jamás dudó en tildar de "delincuentes" y "maricones" a los disidentes que huyen hastiados del Paraíso aferrando su desesperación a cualquier cosa que flote. El compromiso, ya se sabe. Pero, sobre todo y por encima de todo, fue poeta prescindible, pecado único por el que hoy estamos llamados a juzgarle.

Que el olvido le sea propicio.


JOSÉ GARCÍA DOMÍNGUEZ, Mario Benedetti, Libertad Digital, 18 de mayo de 2009 (AQUÍ)

sábado 23 de abril de 2011

Una consideración de CONSTANTINO BÉRTOLO


Yo estoy en contra de los premios. ¿Por qué? Porque consolidan la idea de que un libro sólo cuenta cuando es un acontecimiento. Cuando viene avalado o sancionado por un premio. Sólo es noticia lo que se convierte en acontecimiento y, por consiguiente, los premios desplazan al resto de los libros, a los no premiados. Por cada novela que recibe un premio hay otras doscientas expulsadas a las tinieblas exteriores. En ese sentido, los premios son nocivos para la literatura


CONSTANTINO BÉRTOLO, recogido por Rafael Reig en la entrada de su blog Nieva en Cercedilla, 23 de diciembre de 2010. La entrada al completo AQUÍ

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (178): Las prácticas espiritistas de Victor Hugo


Su comerció con el más allá tuvo una etapa entre truculenta y cómica, todavía mal estudiada: por dos años y medio practicó el espiritismo, en su casa de Marine Terrace, en Jersey, donde pasó parte de sus diecinueve años de exilio. Al parecer, lo inició en estas prácticas una médium parisina, Delphine de Girardin, que vino a pasar unos días con la familia Hugo en esa isla del Canal. La señora Girardin compró una mesa apropiada –redonda y de tres patas- en Saint-Hélier, y la primera sesión tuvo lugar la noche del 11 de septiembre de 1853. Luego de una espera de unos tres cuartos de hora, compareció Leopoldine, la hija de Victor Hugo fallecida en un naufragio. Desde entonces y hasta diciembre de 1854 se celebraron en Marine Terrace innumerables sesiones –asistían a ellas, además del poeta, su esposa Adéle, sus hijos Charles y Adéle y amigos o vecinos– en las que Victor Hugo tuvo ocasión de conversar con Jesucristo, Mahoma, Josué, Lutero, Shakespeare, Moliére, Dante, Aristóteles, Platón, Galileo, Luis XVI, Isaías, Napoleón (el grande) y otras celebridades. También con animales míticos y bíblicos como el león de Androcles, la Burra de Balam y la Paloma del Arca de Noé. Y entes abstractos como la Crítica y la Idea. Esta última resultó ser vegetariana y manifestó una pasión que encantaría a los fanáticos del Frente de Defensa Animal, a juzgar por ciertas afirmaciones que comunicó a los espiritistas valiéndose de la copa de cristal y las letras del alfabeto: “La gula es un crimen. Un paté de hígado es una infamia... La muerte de una animal es tan inadmisible como el suicidio del hombre”.

Los espíritus manifestaban su presencia haciendo saltar y vibrar las patas de la mesa. Una vez identificada la visita trascendente, comenzaba el diálogo. Las respuestas del espíritu eran golpecillos que correspondían con las letras del alfabeto (los aparecidos sólo hablaban francés). Victor Hugo pasaba horas transcribiendo los diálogos. Aunque se han publicado algunas recopilaciones de estos “documentos mediúmnicos”, quedan aún cientos de páginas inéditas que deberían figurar de pleno derecho entre las obras del poeta, aunque sólo fuera porque todos los espíritus con los que dialoga coinciden a pies juntillas con sus convicciones políticas, religiosas y literarias, y comparten la desenvoltura retórica y sus manías estilísticas, además de profesar por él la admiración que exigía su egolatría.


MARIO VARGAS LLOSA, La tentación de lo imposible, Alfaguara, Madrid, 2004, pág. 18-19

viernes 22 de abril de 2011

ARCADIA LITERARIA (32): Gastón Baquero a favor de Gabriela Mistral


Entre las muchas lecciones dadas a la chita callando por la silenciosa Gabriela Mistral, está esa de enseñar, a las mujeres que quieren tener perdones y privilegios al solo título de mujeres, que no es buen juego ni buena sangre intentar ganar las batallas del espíritu con disfraces de infelicetas. Ya se sabe que la mujer había adoptado un aire de apaleada, de perseguida, de marginada, gracias al cual armóse un tremendo barullo en todas partes; nació, como posteriormente, la industria de ser mujer. Ser mujer llegó a ser una patente, un título, un arma. Echóse en el olvido que la única igualdad permanente y digna es la igualdad sustancial del ser humano como tal ser humano, y para destruir un prejuicio erigieron otro prejuicio, peor que el anterior. Gabriela Mistral, grandísima mujer, echó a andar silenciosamente, sin estruendos, sin aspavientos, sin andar diciendo "miren a mí, una mujer, cómo sé, cómo me parezco a los hombres". Nunca ha estado en pose mercedespintona ni sufragistera; ha hecho naturalmente lo que tenía que hacer, y lo ha hecho con tal maravilla, que Gabriela Mistral encuéntrase colocada como en lo alto de una hermosa montaña.


GASTÓN BAQUERO, Geografía literaria (1945-1996), Signos, Madrid, 2007, pág. 54
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TROYA LITERARIA (290): Pérez-Reverte contra Rafael Reig


[...]
NURIA AZANCOT: Le proclaman reo de “patriotismo testicular”... ¿Cómo se declara?
ARTURO PÉREZ-REVERTE: Leísmos aparte, no pluralice. Eso lo proclamó aquí, en El Cultural, un cantamañanas en concreto, con nombre y apellido. Que ustedes cobijen a ese novelista frustrado y le rían los chistes, no obliga a tomar en serio las bajezas semanales que perpetra para ganarse el pan. Así que me limito a declararme por encima.

N.A.: ¿Qué tiene que ver su novela con el “espíritu nacional” franquista?
A.P-R.: ¿Esa tontería se le ha ocurrido a usted sola, o viene inducida?... Hágame un doble favor, querida señora: no se equivoque de autor, ni me toque los cojones.

N. A.: ¿Por qué escribir de España y su grandeza escuece?
A. P-R.: Hoy la veo a usted algo imprecisa. En cada Alatriste yo escribo de España, su grandeza y sus muchas miserias. Lo que de verdad escuece a su tiñalpa de plantilla (no me obligue a señalar currículum literario del sujeto) no es lo que otros o yo escribamos, sino que nadie lea los libros que él escribe. Y sí. Comprendo que debe de ser un pelín jodido.
[...]


ARTURO PÉREZ-REVERTE, "El diálogo de civilizaciones consiste en hacer las maletas", entrevista de Nuria Azancot para El Cultural, 25 de enero de 2007. Toda la entrevista AQUÍ

Una reflexión de CARLOS MARZAL


Con respecto a la poesía, perder demasiado tiempo en apellidarla de realista, figurativa, abstracta, metafísica, de la experiencia, social o del silencio me merece tres opiniones contundentes: en primer lugar, se trata de un bizantinismo, es decir, de una pomposa variedad de la pamplina, recubierto con un cierto prestigio asiático, y cuyo único servicio es aumentar la hojarasca que enmaraña la arboleda de la literatura -recensiones sobre recensiones, prólogos, epílogos, tesis-; en segundo lugar, representa de por sí una actividad fallida, una obsesión que constituye un pecado bautismal: poner nombre a aquello que no lo necesita; y en último lugar, ofrece una coartada inmejorable para que todos los facinerosos a quienes el cielo negó el don de la poesía den por supuesto que tienen algo interesante que decir acerca de ella


CARLOS MARZAL, Poesía, pág. 78, recogido por Ainhoa Sáenz de Saitegui en A rose is a rose is a rose: Epistemología de metáfora en la obra de Carlos Marzal, análisis recogido en el libro Los escritores y el lenguaje, de Ricardo Senabre - Ascensión Rivas - Iñaki Gabaráin (Eds), Aquilafuente, 130, Ediciones de la Universidad de Salamanca, Salamanca, 2008, pág.11

jueves 21 de abril de 2011

SONETOS NO MIRAQUELINDOS (2): ¡Piu Avanti!, de ALMAFUERTE


No te des por vencido ni aún vencido;
no te sientas esclavo ni aún esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y arremete feroz, ya mal herido.

Ten el tesón del clavo enmohecido
que viejo y ruín vuelve a ser clavo;
no la cobarde estupidez del pavo
que amaina su plumaje al primer ruido.

Procede como Dios que nunca llora,
o como Lucifer que nunca reza,
o como el robledal cuya grandeza
necesita del agua y no la implora:

¡que muerda y vocifere, vengadora,
ya rodando en el polvo, tu cabeza!


ALMAFUERTE, incluido en la antología Antología poética hispanoamericana, Ediciones Altosa, Madrid, 1999, págs. 12 y 13



NOTA: El sábado 7 de mayo, a las 21:30, en Diablos Azules, primera jam session de sonetos (tres sonetos máximo)

ANECDOTARIO DE POETAS (317): Juan Ramón Jiménez se negaba a pronunciar conferencias o dar recitales, aunque rectificó en su vejez


Juan Ramón Jiménez llega una mañana a Buenos Aires. Viene de Puerto Rico, acompañado de su muy grata y sufrida Zenobia. Vienen en barco. Salgo al puerto a esperarlos. Viene Juan Ramón a dar conferencias, recitales poéticos. ¡Quién te ha visto y quién te ve! Entonces, en aquella nuestra belle époque, durante la década de los treinta, a Juan Ramón le molestaba que fuésemos a los cafés, que escribiéramos obras teatrales y, sobre todo, que las estrenásemos. Cuando Federico García Lorca llevó a escena, y con éxito, Bodas de sangre, me dijo, maligno, al encontrármelo, una tarde, camino de su casa: "¿Ha visto usted la zarzuelita que ha estrenado Lorca en el teatro Beatriz?" Desde la calle vio una vez a Antonio Espina tras la ventana de un café, diciendo a Benjamín Palencia, que me lo contó: "¡Ay mi Espina, mi Espina, está perdido!". Juan Ramón no iba jamás a una conferencia, condenándolas (aunque él, poco antes de nuestra guerra, pronunciase una en el teatro Auditorium de Madrid). Bueno. Lo cierto es que ahora, y me parece extraordinariamente bien, el Andaluz Universal, con su bello rostro de árabe notable, llega a Buenos Aires para pronunciar conferencias y recitales en uno de los teatros -el Politeama- más prestigiosos, y a la moda, de la calle Corrientes. Éxito grande ante la ya no tan pequeña minoría. Aplausos y besos de las más lindas muchachas argentinas al más excelso y barbado poeta moro de toda la Andalucía.


RAFAEL ALBERTI, La arboleda perdida (Segunda parte), Seix Barral, Barcelona, 1988, págs. 125 y 126

miércoles 20 de abril de 2011

"Blis blas blues", nuevo blog de OLAIA PAZOS


Blis blas blues es el nombre del blog que Olaia Pazos ha abierto este mismo mes, al que se puede acceder pinchando en la imagen o AQUÍ

Las zarzas defienden el anonimato



De la imagen de arriba a la de abajo sólo han transcurrido dos semanas, pero la primavera madrileña no necesita más tiempo para cambiar los trajes y las fotografías. La firma Patty de Frutos / neorrabioso, que reinaba vanidosa en la primera instantánea, va menguando en la segunda por el crecimiento sostenido y alegre de las zarzas, que parecen decir que lo importante, más que la rúbrica, es el mensaje. La pintada, ay, está realizada en el muro que da a un colegio (qué mal ejemplo para los niños, qué mal ejemplo, si es que hoy en día no se respeta nada).


Una reflexión de FRIEDRICH NIETZSCHE


L'art pour l'art [el arte por el arte]. — La lucha contra la finalidad en el arte es siempre una lucha contra la tendencia moralizante en el arte, contra su subordinación a la moral. L'art pour l'art quiere decir: "¡que el diablo se lleve la moral!" — Pero incluso esa hostilidad delata la prepotencia del prejuicio. Cuando del arte se ha excluido la finalidad de predicar moral y de mejorar al hombre, no se sigue de ello todavía, ni de lejos, que el arte en cuanto tal carezca de finalidad, de meta, de sentido, en suma, no se sigue l'art pour l'art — un gusano que se muerde la cola —. "¡Es preferible ninguna finalidad a una finalidad moral!" — así habla la mera pasión. Un psicólogo pregunta, en cambio: ¿qué es lo que todo arte hace?, ¿no alaba?, ¿no glorifica?, ¿no selecciona?, ¿no pone de relieve? Con todo eso fortalece o debilita ciertas valoraciones... ¿Es que esto es sólo algo marginal?, ¿un azar? ¿Algo en lo que el instinto del artista no habría participado en modo alguno? O: ¿no es esto el presupuesto para que el artista pueda...? ¿Tiende su instinto básico hacia el arte, o tiende más bien hacia el sentido del arte, hacia la vida?, ¿hacia un ideal de vida? — El arte es el gran estimulante para vivir: ¿cómo se podría concebirlo como algo carente de finalidad, de meta, como l'art pour l'art?


FRIEDRICH NIETZSCHE, Crepúsculo de los ídolos, Alianza Editorial, Madrid, 1979, págs. 101 y 102, traducción de Andrés Sánchez Pascual

44 poemas en homenaje a GONZALO ROJAS (1917-2011)


Comoquiera que el genio ha muerto y ya no cotiza en bolsa el argumento ese, defendido por algunas gentes, según el cual la pobreza de los poetas viene causada por los piratas interneteros, y teniendo en cuenta que la ley Sinde no entra en vigor hasta agosto, me atrevo a publicar 44 poemas del maestro chileno. Lo he hablado esta noche con Gonzalo Rojas y me ha dado cuarenta y cuatro veces la razón en todo.


Rimbaud

No tenemos talento, es que
no tenemos talento, lo que nos pasa
es que no tenemos talento, a lo sumo
oímos voces, eso es lo que oímos: un
centelleo, un parpadeo y ahí mismo voces. Teresa
oyó voces, el loco
que vi ayer en el Metro oyó voces.

¿Cuál Metro si aquí no hay Metro? Nunca
hubo aquí Metro, lo que hubo
fueron al galope caballos
si es que eso, si es que en este cuarto
de tres por tres hubo alguna vez caballos
en el espejo.

Pero somos precoces, eso sí que somos, muy
precoces, más
que Rimbaud a nuestra edad; ¿más?,
¿todavía más que ese hijo de madre que
lo perdió todo en la apuesta? Viniera y
nos viera así todo sucios, estallados
en nuestro átomo mísero, viejos
de inmundicia y gloria. Un
puntapié nos diera en el hocico.

• • •

Sartre

-Soy, pues, el Perro que adivina el porvenir: profetizo.

Así vas respirando. El otro día
te iban a dar la llave y unos dólares verdes.
¡A ti, que abriste el mundo!

Náusea: tocaste fondo. El ojo real
y el niño, el niño, el niño que mira por tu rostro.
Te disparan, te dicen tuerto de mal agüero.
¡Tantos autodidactos!

Tantos, tantos falsarios premiables y sentables
en tantas Academias. Ni Estocolmo
ni la vejez, ni Oriente ni Occidente: ¿qué es eso
del Premio: del castigo?

• • •

Por Vallejo

Ya todo estaba escrito cuando Vallejo dijo: -Todavía.
Y le arrancó esta pluma al viejo cóndor
del énfasis. El tiempo es todavía,
la rosa es todavía y aunque pase el verano, y las estrellas
de todos los veranos, el hombre es todavía.

Nada pasó. Pero alguien que se llamaba César en peruano
y en piedra más que piedra, dio en la cumbre
del oxígeno hermoso. Las raíces
lo siguieron sangrientas cada día más lúcido. Lo fueron
secando, y ni París pudo salvarle el hueso ni el martirio.

Ninguno fue tan hondo por las médulas vivas del origen
ni nos habló en la música que decimos América
porque éste únicamente sacó el ser de la piedra más oscura
cuando nos vio la suerte debajo de las olas
en el vacío de la mano.

Cada cual su Vallejo doloroso y gozoso.
No en París
donde lloré por su alma, no en la nube violenta
que me dio a diez mil metros la certeza terrestre de su rostro
sobre la nieve libre, sino en esto
de respirar la espina mortal, estoy seguro
del que baja y me dice: -Todavía.

• • •

Paul Celan

Si me preguntan quién fue Celan debo decir: yo soy Celan. Tanta es la identidad de dos que silabearon el Mundo en dos lenguas tan remotas, el alemán y el español. Judío él, cautivo en Auschwitz donde echaron al horno a sus padres, vivió en el mismísimo plazo de mi respiro. Cuando el 70 se arrojó al Sena pude haberlo hecho yo pero seguí aleteando en mi vuelo. Sólo vine a leerlo el 77, por ignorancia, y sólo entonces pude verme. ¿Zeitgeist, locura? No hay campos de concentración en las estrellas. La noche que llegué a Chile el 80 miré hacia arriba, lo vi en la fosa del amanecer.

• • •

Aleph, Aleph

¿Qué veo en esta mesa: tigres, Borges, tijeras, mariposas
que no volaron nunca, huesos
que no movieron esta mano, venas
vacías, tabla insondable?

Ceguera veo, espectáculo
de locura veo, cosas que hablan solas
por hablar, por precipitarse
hacia la exigüidad de esta especie
de beso que las aproxima, tu cara veo.

• • •

Ejercicio respiratorio

Azar
con balbuceo son la líneas de Ilión
en las que está escrito el Mundo, con
balbuceo y tartamudeo y
asfixia, el oleaje
de las barcas exige ritmo, Homero
vio a Dios.

• • •

Escrito con L

Mucha lectura envejece la imaginación
del ojo, suelta todas las abejas pero mata el zumbido
de lo invisible, corre, crece
tentacular, se arrastra, sube al vacío
del vacío, en nombre
del conocimiento, pulpo
de tinta, paraliza la figura del sol
que hay en nosotros, nos
viciosamente mancha.

Mucha lectura entristece, mucha envilece
apestamos
a viejos, los griegos
eran los jóvenes, somos nosotros los turbios
como si los papiros dijeran algo distinto al ángel del aire:
somos nosotros los soberbios, ellos eran inocentes,
nosotros los del mosquerío, ellos eran los sabios.

Mucha lectura envejece la imaginación
del ojo, suelta todas las abejas pero mata el zumbido
de lo invisible, acaba
no tanto con la L de la famosa lucidez
sino con esa otra L
de la libertad,
de la locura
que ilumina lo hondo
de lo lúgubre,
lambda
loca
luciérnaga
antes del fósforo, mucho antes
del latido
del Logos.

• • •

Un bárbaro en el Asia

Aquí en el centro del mundo, pero la Tierra no es el centro del mundo,
uno se inflama o se seca; la Tierra misma es páramo: de ella vinimos;
nos parecemos a su piel, sonamos verdes o blandos según las estaciones,
todo transcurre en su mudanza, cumplimos años tan ligeramente, nos
quemamos y ardemos, pedimos plazo y más plazo; viene el Tiempo, ¿quién,
quién hilará después el tiempo que hilaremos?

La poesía se adelanta y sus agujas marcan el vuelo de las aves.

• • •

La reniñez

Dicen que el siglo se va, que el milenio se va, ¿cuál milenio?, ¿cuál siglo? ¿De la era de qué?
A lo mejor debiera uno callarse. Pero no. Todavía no. Por lo menos todavía no. Estoy viviendo un reverdecimiento en el mejor sentido, una reniñez, una espontaneidad que casi no me explico. Es como si yo dejara que escribiera el lenguaje por mí. Parece descuido, y es el desvelo mayor. Estoy dejando que las aguas hablen, que suban las aguas, y que ellas mismas hablen.

• • •

Réquiem de la mariposa

Sucio fue el día de la mariposa muerta.

Acerquémonos
a besar la hermosura reventada y sagrada de sus pétalos
que iban volando libres, y esto es decirlo todo, cuando
sopló la Arruga, y nada
sino ese precipicio que de golpe,
y únicamente nada.

Guárdela el pavimento salobre si la puede
guardar, entre el aceite y el aullido
de la rueda mortal.
O esto es un juego
que se parece a otro cuando nos echan tierra.
Porque también la Arruga…

O no la guarde nadie. O no nos guarde
larva, y salgamos dónde por último del miedo:
a ver qué pasa, hermosa.
Tú que aún duermes ahí
en el lujo de tanta belleza, dinos cómo
o, por lo menos, cuándo.

• • •

Herejía

Según el manifiesto de las estrellas y esto no es cosa de hoy
ni de ayer, pase lo que pase hay que salvar al hombre
de tanta injusticia, hacerlo grande sin
Inquisición, en un asalto al cielo
libre, pero el pobre
hombre nace y muere solo
con su soledad y su demencia
natural en el bosque
donde no cabe la piedad ni el hacha.

• • •

Adulescens, tibi dico

Tus flores no son hijas de nada, son las olas
inexplicables en su laberinto;
si una es olor, la otra es tempestad
pero todas te salen por la boca,
porque tienes adentro un árbol que te crece
hacia fuera, y te ahorca en su perfume,
y tu nariz se pudre por exceso y fatiga.

¿Por qué ofrecer un símbolo a cada hoja caída,
por qué llorar las ruinas antes de hacer el mundo
con tu sangre, por qué tu vida es un por qué
como una inmensa playa donde tú gritas dónde
hasta que salen todos los náufragos, y el aire
se te llena de monstruos inventados por ti?

Invéntate una costa donde el mar seas tú
para que así conozcas preguntas y respuestas,
y no caiga tu rostro al precipicio,
pasajero en tu humo.

• • •

Elohim

No discuto
cuántas son las estrellas inventadas por Dios,
no discuto las partes de las flores
pero veo el color de la hermosura,
la pasión de los cuerpos que han perdido sus alas
en el vuelo del vicio;

entonces se me sube la sangre a la cabeza
y me digo por qué
Dios y no yo, que también ardo
como Él en el relámpago
único de la Eternidad?

• • •

Miedo al arcángel

Miedo al arcángel, le tuve miedo al arcángel
de no verte, a estos años
que hemos volado contra la tormenta, tú
en tu nogala, yo
mío en mi nogal, ni apestados
por la costumbre de la sombra, ni
despavoridos por el error
hermoso de la intemperie, como tanteando
el aire a esta altura,
soma, sema,
pérdida en la pérdida.

• • •

Mi cerebro se llama féretro

Mi cerebro se llama féretro por la E
de eternidad, se llama dalia
de velorio, galaxia
por el big-bang, está compuesto
de 80 circunvoluciones, Safo
y Catulo a la vez, como
cualquier otro cóndor concupiscente
ciego de ver y de transver, y orejas,
unas trescientas mil orejas.

Pensándolo bien hoy es 21,
jueves 21, Matta
estará pintando allá en Tarqüinia,
¿qué estará pintando Matta? Figúrate
una mosca irreal a escala
de Dios, ¿todo está hueco,
indiscutiblemente todo está hueco?

• • •

¿Qué se ama cuando se ama?

¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida
o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué
es eso: amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes,
o este sol colorado que es mi sangre furiosa
cuando entro en ella hasta las últimas raíces?

¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer
ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo,
repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces
de eternidad visible?

Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra
de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar
trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una,
a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso.

• • •

Retrato de mujer

Siempre estará la noche, mujer, para mirarte cara a cara,
sola en tu espejo, libre de marido, desnuda
en la exacta y terrible realidad del gran vértigo
que te destruye. Siempre vas a tener tu noche y tu cuchillo,
y el frívolo teléfono para escuchar mi adiós de un solo tajo.

Te juré no escribirte. Por eso estoy llamándote en el aire
para decirte nada, como dice el vacío: nada, nada,
sino lo mismo y siempre lo mismo de lo mismo
que nunca me oyes, eso que no me entiendes nunca,
aunque las venas te arden de eso que estoy diciendo.

Ponte el vestido rojo que le viene a tu boca y a tu sangre,
y quémame en el último cigarrillo del miedo
al gran amor, y vete descalza por el aire que viniste
con la herida visible de tu belleza. Lástima
de la que llora y llora en la tormenta.

No te me mueras. Voy a pintarte tu rostro en un relámpago
tal como eres: dos ojos para ver lo visible y lo invisible,
una nariz arcángel y una boca animal, y una sonrisa
que me perdona, y algo sagrado y sin edad que vuela de tu frente,
mujer, y me estremece, porque tu rostro es rostro del Espíritu.

Vienes y vas, y adoras al mar que te arrebata con su espuma,
y te quedas inmóvil, oyendo que te llamo en el abismo
de la noche, y me besas lo mismo que una ola.
Enigma fuiste. Enigma serás. No volarás
conmigo. Aquí, mujer, te dejo tu figura.

• • •

El fornicio

Te besara en la punta de las pestañas y en los pezones, te turbulentamente besara,
mi vergonzosa, en esos muslos
de individua blanca, tocara esos pies
para otro vuelo más aire que ese aire
felino de tu fragancia, te dijera española
mía, francesa mía, inglesa, ragazza,
nórdica boreal, espuma
de la diáspora del Génesis, ¿qué más
te dijera por dentro?
¿griega,
mi egipcia, romana
por el mármol?
¿fenicia,
cartaginesa, o loca, locamente andaluza
en el arco de morir
con todos los pétalos abiertos,
tensa
la cítara de Dios, en la danza
del fornicio?

Te oyera aullar,
te fuera mordiendo hasta las últimas
amapolas, mi posesa, te todavía
enloqueciera allí, en el frescor
ciego, te nadara
en la inmensidad
insaciable de la lascivia,
riera
frenético el frenesí con tus dientes, me
arrebatara el opio de tu piel hasta lo ebúrneo
de otra pureza, oyera cantar a las esferas
estallantes como Pitágoras, te
lamiera,
te olfateara como el león
a su leona,
parara el sol,
fálicamente mía.

• • •

A quien vela, todo se le revela

Bello es dormir al lado de una mujer hermosa,
después de haberla conocido
hasta la saciedad. bello es correr desnudo
tras ella, por el césped
de los sueños eróticos.

Pero es mejor velar, no sucumbir
a la hipnosis, gustar la lucha de las fieras
detrás de la maleza, con la oreja pegada
a la espalda olorosa,
la mano como víbora en los pechos
de la durmiente, oírla
respirar, olvidada de su cuerpo desnudo.

Después, llamar a su alma
y arrancarla un segundo de su rostro,
y tener la visión de lo que ha sido
mucho antes de dormir junto a mi sangre,
cuando erraba en el éter,
como un día de lluvia.

Y, aún más, decirle: “Ven,
sal de tu cuerpo. Vámonos de fuga.
Te llevaré en mis hombros, si me dices
que, después de gozarte y conocerte,
todavía eres tú, o res la nada”.

Bello es oír su voz: -“Soy una parte
de ti, pero no soy
sino la emanación de tu locura,
la estrella del placer, nada más que el fulgor
de tu cuerpo en el mundo”.

Todo es cosa de hundirse,
de caer hacia el fondo, como un árbol
parado en sus raíces, que cae, y nunca cesa
de caer hacia el fondo.

• • •

Cuaderno secreto

Lunes, de pronto el mar; el martes
desemboca en un parque; el miércoles
pierdes las flores; el jueves
somos hijos de Júpiter; el viernes
te quiero más; el sábado
te regalo el collar; el domingo
el reloj del andén,

y no llegas nunca.

• • •

Palpación del arúspice

De un millar de doncellas acostadas
hay quinientas vacías
que viven del honor de las preñadas
por el hombre o el sol del sacrificio.

La mujer ha de estar llena de cosas
como la misma tierra,
por el trabajo o el amor, guardando
las pasiones del hombre.

Pero el mundo está lleno de mujeres vacías,
después y antes del parto,
y la muerte es también una mujer vacía.
Escupamos su rostro y su recuerdo.

• • •

Qué bueno ir lejos en el cuerpo de las mujeres hermosas

Qué bueno ir lejos en el cuerpo de las mujeres hermosas, nadar
de una a otra en la misma fragancia sin atender a la ligereza de su nuca, únicamente
ir de destello en destello en el oleaje
de sus rodillas cuya litúrgica armazón guarda el principio
de la Especie en el umbral
de algo fresco, más fresco que cualquier cutis
de cualquiera desnudez,
me distraigo
en esto, qué bueno ir lejos
en esos cuerpos que andan por ahí veloces.

• • •

Enigma de la deseosa

Muchacha imperfecta busca hombre imperfecto
de 32, exige lectura
de Ovidio, ofrece: a) dos pechos de paloma,
b) toda su piel liviana
para los besos, c) mirada
verde para desafiar el infortunio
de las tormentas; no va a las casas
ni tiene teléfono, acepta
imantación por pensamiento. No es Venus;
tiene la voracidad de Venus.

• • •

La salvación

Me enamoré de ti cuando llorabas
a tu novio, molido por la muerte,
y eras como la estrella del terror
que iluminaba al mundo.

Oh cuánto me arrepiento
de haber perdido aquella noche, bajo los árboles,
mientras sonaba el mar entre la niebla
y tú estabas eléctrica y llorosa
bajo la tempestad, oh cuánto me arrepiento
de haberme conformado con tu rostro,
con tu voz y tus dedos,
de no haberte excitado, de no haberte
tomado y poseído,
oh cuánto me arrepiento de no haberte
besado.

Algo más que tus ojos azules, algo más
que tu piel de canela,
algo más que tu voz enronquecida
de llamar a los muertos, algo más que el fulgor
fatídico de tu alma,
se ha encarnado en mi ser, como animal
que roe mis espaldas con sus dientes.

Fácil me hubiera sido morderte entre las flores
como a las campesinas,
darte un beso en la nuca, en las orejas,
y ponerte mi mancha en lo más hondo
de tu herida.

Pero fui delicado,
y lo que vino a ser una obsesión
habría sido apenas un vestido rasgado,
unas piernas cansadas de correr y correr
detrás del instantáneo frenesí, y el sudor
de una joven y un joven, libres ya de la muerte.

Oh agujero sin fin, por donde sale y entra
el mar interminable
oh deseo terrible que me hace oler tu olor
a muchacha lasciva y enlutada
detrás de los vestidos de todas las mujeres.

¿Por qué no fui feroz, por qué no te salvé
de lo turbio y perverso que exhalan los difuntos?
¿Por qué no te preñé como varón
aquella oscura noche de tormenta?

• • •

Teresa

En cuanto a mí me embrutecí
de ti oliéndote al galope todo el cuero, esto es
toda la fragancia de la armazón, el triángulo
convulso, me
-a lo largo de tu espinazo- embrutecí
de ti, por
demasiada arpa, por
viciosilla arcangélica, aleteante
la nariz, por pájara
afro y a la vez exenta, por
motora a diez mil, por
oxígena de mi oxígeno me
embrutecí de ti, por
esas dos rodillas
que guardaron todo el portento
diáfano, por
flaca, por
alguna otra vertiente
que no sé, por adivina
entre las adivinas esto quiere decir por puta
entre las putas, por santa
que me dio a comer visiones en
la mácula de la locura
del castillo interior que ando buscando en
la reniñez, por
la gran Teresa caliente de Babilonia que eres, alta
y sagrada, por
cuanta hermosura enloquecedora hay en la Poesía para mí
me embrutecí de ti.

• • •

Mortal

Del aire soy, del aire, como todo mortal,
del gran vuelo terrible y estoy aquí de paso a las estrellas,
pero vuelvo a decirte que los hombres estamos ya tan cerca los unos de los otros
que sería un error, si el estallido mismo es un error,
que sería un error el que no nos amáramos.

• • •

Carro de mudanzas

Se escribe por escribir, se
pavorosamente escribe, Jaime
murió ayer; un hombre llamado Jaime murió ayer,
hizo un cáncer
extenso a modo de invención del Hado en él, fue padre
de su padre, engendró hijos, amó
y desamó sensual, viajó a Venezuela en busca
de Dios, ¿a qué fue Jaime a Venezuela?

A qué fue nadie nunca a dónde
de un ahí a otro, obseso
de sí, parco
de sí, memorioso y velocísimo
de sus décadas: ¿se es por lo visto
instantáneo y simultáneo a la vez aire y mortaja,
carroza y mariposa?
Gaudeamus
igitur, juvenes dum sumus; uno
no sabe: lee ocioso las estrellas.
De
lo que escribe uno no sabe.

• • •

Cifrado en octubre

Y no te atormentes pensando que la cosa pudo haber sido de otro modo,
que un hombre como Miguel, y ya sabes a cuál Miguel me refiero,
a qué Miguel único, la mañana del sábado
cinco de octubre, a qué Miguel tan terrestre
a los treinta de ser y combatir, a qué valiente
tan increíble con la juventud de los héroes.

Son los peores días, tú ves, los más amargos, aquéllos
sobre los cuales no querremos volver,
avísales
a todos que Miguel estuvo más alto que nunca,
que nos dijo adelante cuando la ráfaga escribió su nombre en las estrellas,
que cayó de pie como vivió, rápidamente,
que apostó su corazón al peligro
clandestino, que así como nunca
tuvo miedo supo morir en octubre
de la única muerte luminosa.

Y no te atormentes pensando, diles eso,
que anoche
lo echaron al corral de la morgue, que no sabemos
gran cosa, que ya no lo veremos
hasta después.

• • •

Desde abajo

Entonces nos colgaron de los pies, nos sacaron
la sangre por los ojos,
con un cuchillo
nos fueron marcando en el lomo, yo soy el número
25.033,
nos
pidieron
dulcemente,
casi al oído,
que gritáramos
viva no sé quién.

Lo demás
son estas piedras que nos tapan, el viento.

• • •

Alegato

Buena nueva para los liridas de Chile: me echaron,
me amarraron y me echaron
en una especie de camisa con un número
colorado en la tapa: -Rojas,
ahí va Rojas el Gonzalo por hocicón
y por crestón y fuera de eso por ocioso, por
desafinado.

En cuanto a mí ya no estoy
para nadie. Por eso me echaron.
Porque no estoy para nadie me echaron.
De la república asesinada y de la otra me echaron.
De las antologías me echaron.
De las décadas salobres me echaron. De lo que no pudieron
es del aire.

• • •

Ningunos

Ningunos niños matarán ningunos pájaros, ningunos errores
errarán, ningunos cocodrilos
cocodrilearán a no ser que el juego
sea otro y Matta, Roberto
Matta que lo inventó, busque en el aire a
su hijito muerto por si lo halla a unos tres metros
del suelo elevándose:
yéndose de esta gravedad.

Ningunas nubes nublarán ningunas estrellas, ningunas
lluvias lloverán cuchillos, paciencias
ningunas de mujeres pacienciarán
en vano, con tal
que llegue esa carta piensa Hilda y el sello
diga Santiago, con tal que esa carta
sea de Santiago, y

el que la firme sea Alejandro y
diga: Aparecí. Firmado: Alejandro
Rodríguez; siempre y cuando
se aclare todo y ningunas
muertes sean muertes, ningunas
Cármenes sean sino Cármenes, alondras en
vuelo hacia sus Alejandros, mi Dios, y
los únicos ningunos de este juego cruel sean ellos, ¡ellos
por los que escribo esto con mi
sintaxis de niño contra el maleficio: los
mutilados, los
desaparecidos!

• • •

Aparición

Por un Gonzalo hay otro, por el que sale
hay otro que entra, por el que se pierde en lo áspero
del páramo hay otro que resplandece, nombre por nombre, otro
hijo del rayo, con toda la hermosura
y el estrépito de la guerra, por un Gonzalo veloz
hay otro que salta encima del caballo, otro que vuela
más allá del 2000, otro que le arrebata
el fuego al origen, otro que se quema en el aire
de lo oscuro: entonces aparece otro y otro.

• • •

Uno escribe en el viento

Que por qué, que hasta cuándo, que si voy a dormir noventa meses,
que moriré sin obra, que el mar se habrá perdido.
Pero yo soy el mar, y no me llamo arruga
ni volumen de nada.

Crezco y crezco en el árbol que va a volar. No hay libro
para escribir el sol. ¿Y la sangre? Trabajo
será que me encuadernen el animal. Poeta
de un tiro: guerrillero.

Me acuerdo, tú te acuerdas, todos nos acordamos
de la galaxia ciega desde donde vinimos
con esta luz tan pobre a ver el mundo.
Vinimos, y eso es todo.

Tanto para eso, madre, pero entramos llorando,
pero entramos llorando al laberinto
como si nos cortaran el origen. Después
el carácter, la guerra.

El ojo no podría ver el sol
si él mismo no lo fuera. Cosmonautas, avisen
si es verdad esa estrella, o es también escritura
de la farsa.

Uno escribe en el viento: ¿para qué las palabras?
Árbol, árbol oscuro. El mar arroja lejos
a los pescados muertos. Que lean a los otros.
A mí con mis raíces.

Con mi pueblo de pobres. Me imagino a mi padre
colgado de mis pies y a mi abuelo colgado
de los pies de mi padre. Porque el minero es uno,
y además venceremos.

Venceremos. El mundo se hace con sangre. Iremos
con las tablas al hombro. Y el fusil. una casa
para América hermosa. Una casa, una casa.
Todos somos obreros.

América es la casa: ¿dónde la nebulosa?
Me doy vueltas y vueltas en mi viejo individuo
para nacer. Ni estrella ni madre que me alumbre
lúgubremente solo.

Mortal, mortuorio río. Pasa y pasa el color,
sangra y sangra mi pueblo, corre y corre el sentido.
Pero el dinero pudre con su peste las aguas.
Cambiar, cambiar el mundo.

O dormir en el átomo que hará saltar el aire en cien mil víboras
cráter de las ciudades bellamente viciosas.
Cementerio volante: ¿dónde la realidad?
Hubo una vez un niño.

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Al fondo de todo esto duerme un caballo

Al fondo de todo esto duerme un caballo
blanco, un viejo caballo
largo de oído, estrello de
entendederas, preocupado
por la situación, el pulso
de la velocidad es la madre que lo habita: lo montan
los niños como a un fantasma, lo escarnecen, y él duerme
durmiendo parado ahí en la lluvia, lo
oye todo mientras pinto estas once
líneas. Facha de loco, sabe
que es el rey.

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A veces pienso quién

A veces pienso quién, quién estará viviendo ronco mi juventud
con sus mismas espinas, liviano y vagabundo,
nadando en el oleaje de las calles horribles, sin un cobre,
remoto, y más flexible: con tres noches radiantes en las sienes
y el olor de la hermosa todavía en el tacto.

Dónde andará, qué tablas le tocará dormir a su coraje,
qué sopa devorar, cuál será su secreto
para tener veinte años y cortar en sus llamas las páginas violentas.
Porque el endemoniado repetirá también el mismo error
y de él aprenderá, si se cumple en su mano la escritura.

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Nusch pensando en Eluard el 52

Tanto como cuesta desnacer. Un hombre
tiene un pie y lo pierde. Lo veloz
es cuanto anduvo
airoso por ahí pisando arrogancia,
rey y más rey. Un hombre
tiene un pie y lo pierde.

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Daimon del domingo

Entre la Biblia de Jerusalén y estas moscas que ahora andan ahí volando,
prefiero estas moscas. Por 3 razones las prefiero:

porque son pútridas y blancas con los ojos azules y lo procrean todo en el aire
como riendo, por
eso velocísimo de su circunstancia que ya lo sabe todo desde mucho antes del
Génesis, por
además leer el Mundo como hay que leerlo: de la putrefacción a la ilusión.

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Fútbol sin parar

Qué desmadre, Mundo; todo lo futbolero, pelotas
y patas, se jerarquiza hasta la cresta
del Aconcagua: ¿metáfora
de patear por patear, o exhibición
de cuero del Testículo
en el césped hinchado así: Mayúsculo: que eyacula y
hace eyacular
estadios enteros y salpica
retórica y grasa por
satélite en
los idiomas todos; el maya,
el etrusco incluso?

Pensar
que hubo toreros, gladiadores
en la apuesta, y ritmo.
Píndaro
hubiera llorado.

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El espejo

Sólo se aprende aprende aprende
de los propios propios errores.

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Carta de amor

Celébrote a máquina sin más laúd
que este áspero
teclado de la A a la Z, dígote cuánto
ámote del tacón
al pelo, esté ese pelo
donde esté, en lo alto o
en lo secreto de tu fragancia, espérote
esperándote parado aquí a
las 7 bajo el humo
del reloj. Y
otra cosa; fíjate en las nubes
pero sin llorar donde está escrito
casi todo
lo blanco y veloz de esta
página dactílica, llámame
por teléfono al
número 00-00-0.

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Los letrados

Lo prostituyen todo
con su ánimo gastado en circunloquios.
Lo explican todo. Monologan
como máquinas llenas de aceite.
Lo manchan todo con su baba metafísica.

Yo los quisiera ver en los mares del sur
una noche de viento real, con la cabeza
vaciada en el frío, oliendo
la soledad del mundo,
sin luna,
sin explicación posible,
fumando en el terror del desamparo.

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Cuatro novelas

Quiso la fortuna de la prosa serme a
ratos propicia, escribí
cuatro novelas
al contado violento, me hice rápido
rico pasándolas al fósforo de la filmación, olí
mujeres de diamante, escalé
rascacielos más allá de
W. Street, llegué a la punta
de los dólares, todo gracias a
la serpiente, me
fasciné, me harté
de hartazgo.
Demasiado
fulgor no hace hombre, pensé. Prefiero
resuello de perdedor: esta, por ejemplo,
casa de tablas, cuyo parentesco
mortuorio y ataúdico yo no más me sé.

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Canción

No decirle al pájaro cabeza de pájaro, decirle
cabeza de velocidad, airecillo
arcangélico, figura
del acorde que sólo no más Dios, no decirle
al pájaro cabeza de pájaro

antes bien besar su palpitación bajo el plumaje caliente, confiar en él
por ritmo, airearlo
arterial como hace la hermosura con el seso
al amanecer, darle lo suyo,
porque el Mundo es suyo, no

decirle al pájaro cabeza de pájaro.

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Jugando a los esdrújulos

Jugando a los esdrújulos, no fui alcohólico
ni lúbrico, ni drogonicotínico,
todo lo más fui lectúrico
y por lo visto bórgico
hasta el amanecer, un lectúrico
sistemático y a la vez
caótico. Todo claro:
un mísero
músico de once líneas; ni
órfico, ni
eso otro telúrico.


GONZALO ROJAS, Metamorfosis de lo mismo, Visor, Madrid, 2003, 546 págs.
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martes 19 de abril de 2011

JOSÉ LUIS ZÚÑIGA - Soy el otro


No sé si darle pábulo
a lo que voy oyendo por ahí:
que te acuestas conmigo,
no con otro.

Te lo digo
porque creo que no te has enterado:
yo soy otro,
no sé con quién me la darás si es cierto

que te acuestas conmigo.


JOSÉ LUIS ZÚÑIGA, Tiempo a destiempo, Poesía eres tú, Madrid, 2009, pág. 79
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TROYA LITERARIA (289): García Viñó contra Pérez-Reverte (II)

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Para mí, el de Arturo Pérez Reverte, como el de Antonio Gala, constituye un fenómeno sociológico, no literario. De hecho, se trata del mismo fenómeno. Empezaré por una parábola:

Un hombre de mediana edad, con dotes para pintar, y entusiasta de las pinturas que, merced a un álbum que le regaló su abuelo, le hicieron feliz en su niñez, decide seguir la senda de aquellos lejanos artistas: los bizantinos. Y se pone a pintar iconos de la Virgen y Pantocrators. Resulta entonces que a la poco letrada burguesía en medio de la cual vive, y que no entiende el arte de su época, le da por comprárselos. Y no da abasto. Y se hace popular y millonario. ¿Qué diríamos? Pues que san Pedro se lo bendiga ¿no? Pero ¿le organizaríamos un congreso en una Universidad? ¿Diríamos de él que ha revolucionado el arte pictórico? ¿Le nombraríamos académico de Bellas Artes?

Se entenderá por lo ya dicho que uno no tendría nada que objetar si las obras de Pérez Reverte las pusieran en su lugar: los quioscos, las bibliotecas juveniles… Pero ¡que le hagan de verdad lo que al pintor de mi parábola! ¡Si no es más que un imitador de Paul Feval y de Alejandro Dumas, de nuestros Tárrago y Mateo, Fernández y González y tantos otros, franceses y españoles, por no hablar de Walter Scott, que escribieron novelas de capa y espada por centenares, pues para ello no hay más que repetir una muy sencilla fórmula y ni siquiera preocuparse mucho por el lenguaje!

Que le hicieron académico y que el profesor Belmonte organizó un congreso sobre su obra en la Universidad de Murcia lo sabe todo el mundo. Quisiera considerar a continuación algunas otras cosas que se han dicho, las cuales dan buena cuenta de la situación actual del mundo literario español y todas las cuales redundan, por desdicha, no en elevar a los lectores hacia la novela con valores estéticos e intelectuales, sino en bajar el listón de la novela al nivel de las mentes menos exigentes literariamente.

Arturo Pérez Reverte fue corresponsal de televisión en algunos conflictos bélicos y lo hizo bien. Es un muchacho inteligente y simpático. Escribe a veces aceptables artículos y responde con chispa a las entrevistas, diciendo cosas que le singularizan entre tantos borregos. Sin duda, fue un gran lector de novelas de aventuras en su adolescencia y juventud, pero sin distinguir, sospecho, a Stevenson, De Foe o Somerset Maugham de los artesanos que llenaban el catálogo de Biblioteca Oro y tantas otras colecciones de quiosco, tebeos incluidos. En su cabeza, se debieron de unir el gusto por lo exótico con sueños aventureros en lejanos países y mares, y una forma americana de calibrar lo interesante: todo ello al margen de ideas, contenidos, cosmovisiones y valores estéticos. Quizá soñó con ser uno de aquéllos y está claro que, menos en la originalidad, casi lo ha conseguido. Contra él, no tengo nada. Su incultura literaria de fondo no es incompatible con sus muchísimas lecturas. Siempre que puede afirma paladinamente que escribe para divertirse. Seguro que lo consigue. Los grandes creadores, sin embargo, sufren, digan lo que digan los García Montero y los Savater cuando tienen que decir eso y no otra cosa: depende del lugar y del público. O de los intereses de su empresario.

Algo muy diferente sobrecoge el ánimo cuando se contempla la actitud ante cierto tipo de literatura de gente como los nombrados, profesores universitarios, o como los que ejercen de críticos literarios y se presentan y actúan como tales, que se confunden y confunden a los lectores sobre lo que es o no es literatura con mayúsculas: Literatura. Y lo malo es que lo hacen desde la pirotecnia del marketing de Alfaguara y demás editoriales del grupo Prisa y sus afines, con los que intercambian autores y con los que se conchaban para hacer colecciones de quioscos, donde mezclan novelistas de verdad con su morralla. Largan montones de frases hechas sobre todo cuanto una presunta novela contenga, menos sobre la médula del asunto. ¿Sabe esta gente qué significa literariedad? ¿Han leído siquiera un manual de estética filosófica?

Pérez Reverte ha encontrado un filón y estará ganando muchísimo dinero. Lo que es por mí, que lo disfrute. Pero si doy un paso más y me encuentro con que, gracias a él, también lo están ganando los industriales de la cultura, ya no me alegro tanto. Indiferente me sería si lo ganase un declarado fabricante de libros; pero que lo gane Polanco Gutiérrez, so capa de tinglado intelectual, me parece una indecencia. Se trata de operaciones fraudulentas, perjudiciales, muy perjudiciales para la cultura.

¿Y los críticos? ¿Y esos pobres críticos vendidos al sistema a cambio de unos canapés y unas sonrisas de agradecimiento? ¿Por qué se empeñan esos desdichados en confundir grandes tiradas con valores literarios, novelas con relatos u otras cosas, Hollywood con el Parnaso?

En los aledaños de todas las artes, existen esos campos cuyos productos para muchos pueden resultar satisfactorios sucedáneos. Y coexisten con el verdadero: la escultura-escultura, con las figuritas de Lladró; la pintura, con los almanaques de Explosivos Río Tinto o los paisajes con ciervos de las cristalerías; la música sinfónica, con el tatachín de los carnavales gaditanos; Mallarmé con Emilio el Moro... Cada cual ocupando su sitio. El campo para el picnic, por florido que aparezca, de Arturo Pérez es algo muy distinto, algo de otra dimensión, que el campo magnético de Claude Simon, Michel Butor, Italo Svevo, Cortázar, Andrés Bosch, por ejemplo. Y pertenece al género de lo delictivo fundirlos y confundirlos, sobre todo si se hace mediante técnicas subliminales como la de aquella foto de El País, en la que aparecía Reverte abrazando sonriente a Saramago y cuyo tácito mensaje era más o menos éste: se sonríen, se abrazan, son amigos, luego son compañeros de armas, pertenecen a la misma estirpe de escritores. Una inmoralidad que convierte lo de dar gato por liebre en una ingenua trampa en el parchís.


MANUEL GARCÍA VIÑÓ, El caso Pérez Reverte, Rebelión, 13 de octubre de 2005. Todo el artículo AQUÍ