viernes, 24 de noviembre de 2017



Publicada en Twitter por @carabancheck (AQUÍ)



Creerse diferente es la primera piedra de la escritura. Cuando tu peculiaridad necesita cada vez más metros de soledad para sentirse a sus anchas y las mejores conversaciones son las que mantienes contigo mismo, es que viene parto y el nasciturus huele a bolígrafo debajo del brazo.



Nadie se suicida por el solo hecho de que no te publiquen un libro. Cory MacLauchlin ha demostrado en un estudio que Kennedy Toole no se mató por las negativas de publicación que recibió La conjura de los necios, porque solo mandó esa obra a un editor y, de hecho, ese editor ni siquiera le contestó con un no cerrado.


jueves, 23 de noviembre de 2017


Dice Vicente Verdú en El estilo del mundo:
La mezcla perjudica la identidad, rebaja la energía de la propuesta, convierte el discurso en un mar de dudas.
Pienso yo que eso solo ocurre al principio, cuando la unión de elementos heterogéneos termina en mezcolanza porque aún no se ha encontrado el cocinero adecuado, que suele ser la paciencia y el tiempo. Se debe tener en cuenta también que la identidad española, kurda, flamenca, etc, en el caso de que existan, tampoco están formadas por elementos puros, sino por elementos diversos que en su día también se enfrentaron entre ellos hasta llegar a fundirse. Pienso que toda mezcla bien metabolizada puede tener la misma energía e intensidad que la pureza (superior incluso, porque posee más elementos y tiene la ventaja de la "novedad"). Esa mezcla, de hecho, si sale bien, se olvida de que fue mezcla y se convierte en una nueva pureza.



Cómo queréis que trabaje si aún no me he recuperado de la paliza de haber nacido.



Bukowski cuenta en Mujeres que se fijaba un objetivo mínimo de diez folios cada vez que se sentaba a escribir. Y lo cumplía: ¡una noche llegó a 25!, lo cual me parece meritorio hasta para un mecanógrafo. Ya conté en otra ocasión que Sartre se movía también en los veinte folios diarios: está claro que los escritores de antes procedían de otro planeta (mejor).



Nada me crispa más de Nietzsche que sus elogios desaforados a la crueldad, la fuerza o el afán de dominio como valores “que garantizan el futuro”. Pensaba aquel viejo que una sociedad solo gozaba de salud mientras conservaba la sed de poder. Con qué ganas me hubiera gustado trasladarlo en una máquina del tiempo al 6 de agosto de 1945, fecha en que cayó la primera bomba atómica en Hiroshima, y mostrándole las ruinas, decirle: “Mira, amigo Friedrich, aquí tienes tu LO QUE GARANTIZA EL FUTURO”. Porque a partir de aquel 6 de agosto y desde que la humanidad posee armas suficientes para destruirse varias veces, ya no se puede seguir flirteando con los valores agresivos que ensalzaba aquel loco genial: lo que ahora más que nunca “garantiza el futuro” es el pacifismo, el ecologismo y el universalismo.



No sé a qué gurú de la modernidad neoliberal, de esos que escriben libros como ¿Quién se ha llevado mi queso?, le escuché decir una vez: “El 90% del pensamiento interior es perjudicial”. Confieso que esa frase me dejó pensando porque, desde luego, yo también comprendo la poca oportunidad de ningún pensamiento, ni interior ni exterior, para aquellas personas que se encuentran atadas a una estructura capitalista y jerárquica, mucho menos si tienen hijos o deberes a los que pueden perjudicar si se atreven a pensar demasiado, no sea que esos pensamientos les lleven a replantearse una existencia que de todas formas les sería muy difícil de cambiar. Sin embargo, una persona libre…, ¿qué es sin pensamiento interior? Un artista, un poeta, un músico…, ¿qué son, cómo crearían si cegaran los caños del pensamiento interior? Admito que a menudo la demasiada autocrítica, o las exigencias desorbitadas que a veces nos hacemos, pueden perjudicarnos; también que una vida como la mía, que consiste casi al completo en pensar hacia dentro, es una perversión contra la que yo mismo me revuelvo (ver otras entradas), pero no al punto de prohibir al 90% y para todo el mundo aquello que garantiza nuestra libertad y nuestras posibilidades de reinvención. Al condenar el pensamiento interior, aquel gurú venía a decir que la rebeldía genera desdicha y en cambio la obediencia genera felicidad, pero prefiero la difícil libertad de los que piensan a la fácil felicidad de los que transcurren.




Publicada en Instagram por @unatalmaryc (AQUÍ)



En su biografía sobre Pablo Picasso, Eugenio D'Ors arremete contra la costumbre de agrupar a los artistas según el lugar donde nacieron:
No cesaremos nunca de combatir esa manera geográfica de comprender la crítica, residuo, mitad y mitad, de las absurdas teorías sociológicas a lo Taine y de los tendenciosos nacionalismos políticos; con sus propinas, además, de complicidad permanente en la frivolidad turística y en la indolencia gacetera. Obstinadamente, en los estudios históricos o en las polémicas ideológicas, nos hemos empeñado en aplastar los lugares comunes de un Watteau, tan francés, o de un Goya, tan español, o del sabor al terruño, que dicen tener la patética escultura religiosa castellana —que venía de Borgoña—, o del “estilo catalán”, que ha acabado por encontrarse en los muebles estilo Reina Ana, regalados a sus amigos por los capitanes de velero que navegaban hasta las costas de Inglaterra; o, igual, de “la autonomía” de los primitivos flamencos o de la pretensión suiza, argentina o chilena, de tener un “arte propio”, un “arte nacional”...

miércoles, 22 de noviembre de 2017


Todavía existe peña que se congratula por que en España no exista un partido fuerte de ultraderecha, en vez de congratularse por que no existan personas ultraderechistas, lo que desgraciadamente no ocurre. Cuando además la única razón de que no exista ese partido es que el PP se niega a convocar primarias para elegir líder. Pon primarias en el PP y verás cómo gana el que más se parezca a Marine Le Pen o a Donald Trump.



Soy de los que dice no. Pero por cada no me obligo a tres síes. Porque es la cantidad de síes propios y elegidos los que marcan la calidad de una vida. Y no quiero vivirla si no es mía.



¿Qué iniquidad estáis planeando para necesitar un líder?



Eso tan bonito de don Quijote, que aprende a sentir adrede para adecuar sus sentimientos a los de los caballeros andantes que ha leído en los libros, es justo la clave de un escritor confesional, que enseguida se da cuenta de que solo tiene un rostro, siempre el mismo rostro tedioso, y en cambio tiene en su biblioteca y a su disposición miles de máscaras… ¡pero ojo con equivocarse de máscara, ojo con ponerse una que aún no te has ganado y lucir sentimientos prestados que no son de tu misma talla!



Me puede el lirismo. Ya puede tenerlo todo una obra, que si le falta lirismo me interesa tan poco como a Goldman una revolución donde no se pueda bailar. Soy un lector malísimo muy capaz de despreciar toda la tarta para quedarme con la guinda, siempre que la guinda sea como ésta del final del tercer acto de Antonio y Cleopatra, cuando dice Enobarbo:
Estar furioso es no tener miedo a fuerza de tenerlo, y en este estado, la paloma dará picotazos al halcón. Veo que nuestro capitán restaura siempre su corazón con lo que pierde de cerebro; cuando el valor devora a la razón, ésta se traga la espada con que pelea.


Es la soledad un tigre mayor que un tigre. Porque he visto domadores de tigres, pero jamás he conocido a nadie que haya domado a la soledad.




No debería librar nunca. Porque los días en que libro bebo más, leo menos y no escribo nada. Y todas mis crisis de soledad me sobrevienen esos días. Con razón dice Bernhard en sus memorias que la mayoría de los suicidios se cometen en sábado.



Flaubert, en la acepción Extranjero de su Diccionario de prejuicios:
Entusiasmarse con todo lo que viene del extranjero es prueba de espíritu liberal. Denigrar todo lo que es francés, prueba de patriotismo.
¿No es este tópico francés exactamente el mismo que el de los españoles, el famoso "si habla mal de España, es que es español"?



La triste universalidad de la envidia. Balzac, en La Comedia Humana: “Como todos sabemos, la envidia es francesa”. ¿Pero no habíamos quedado con Unamuno en que la envidia era española? ¿Y no decía Octavio Paz que era mexicana? ¿Y no dice Isabel Allende que es chilena? ¿Y Alberoni que es italiana?



Octavio Paz con los catalanes. La carta de 1973 en la que Octavio Paz denuncia a la envidia como uno de los pecados capitales de los mexicanos es muy curiosa, porque responde a una de Gimferrer donde el catalán se quejaba de la soledad que sufría en Barcelona. El mexicano no estaba de acuerdo: 
[...] yo creía que en Barcelona las cosas ocurrían de otro modo. Tu ciudad me pareció más civilizada y humana, más mediterránea y cordial que los Madriles y los Méxicos. Y creo que lo es. Los catalanes son mejores que el resto de los españoles y también que los hispanoamericanos. El tono general puede ser mediocre hoy, como tú dices –pero no cainita. Las tierras del odio hispánico son otras. Y una de ellas es México. No es sólo la mediocridad general y la ignorancia abismal (esto último es nuevo: la degradación general de la cultura es impresionante y probablemente mayor que en otras partes) sino el rencor, la envidia. Pereza mental y mala leche.


martes, 21 de noviembre de 2017


Si el escritor escribiera solamente lo que necesita escribir, ninguna obra completa superaría las quinientas páginas.



El crepúsculo de mis ídolos. Escribir en 2017 una página de Fernando Savater es muy fácil: basta leer lo que escribía en 1976 y poner exactamente lo contrario. Donde antes decía derecho de la autodeterminación, hoy dice unidad sacrosanta de España; donde antes llamaba a no votar jamás, ahora fustiga a los que no votamos; donde antes solicitaba una renta básica para la ciudadanía, hoy defiende el salvamento estatal de los bancos y las grandes empresas. Lo único que ha conservado entre 1976 y 2017 es la intransigencia, justo aquello de lo que debería haberse despojado una vez visto lo semoviente de sus posturas políticas.



Una de las desilusiones del que escribe es que pronto se da cuenta de que no se pueden materializar exactamente las ideas preconcebidas; que de lo premeditado a lo finalmente escrito hay muchas fugas; que lo que tu cerebro visualizaba como una maravilla se transforma en un engendro cuando llega al papel. Pero esa desilusión se ve mitigada por una ventaja contraria, y es que durante el trabajo para plasmar esas ideas previas te surgen otras ideas distintas y a veces mejores, porque tu mente no deja de funcionar.


domingo, 19 de noviembre de 2017