miércoles, 22 de junio de 2016

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (996): Naipaul ve similitudes entre la conquista árabe de España y la conquista española de América


Hay similitudes con la conquista de México y de Perú por España y éstas no son accidentales. La conquista árabe de España, realizada al mismo tiempo de la conquista de Sind, marcó a España. Ochocientos años más tarde, en el Nuevo Mundo, los conquistadores españoles eran como los árabes en su fe, fanatismo, empecinamiento, pobreza y codicia. Por muchas razones, el Chachnama tiene similitudes con La Conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo, soldado español que en la ancianidad escribió acerca de sus campañas en México, con Cortés, en 1519 y los años siguientes. El tema de ambos libros es el mismo: la destrucción por parte de un poder imperialista con un fuerte sentido misionero y un amplio conocimiento, del mundo con una cultura remota que sólo se conoce a sí misma y comienza a no entender por qué está luchando.

Los conquistadores del mundo, implantadores de sistemas duraderos, tienen una visión más amplia y los hombres están unidos por una idea más general. El pueblo a ser conquistado ve menos, sus sociedades estratificadas o fragmentadas están listas para ser tomadas. Y, muy interesante, tanto en México, en 1519, como en el Sind, en el 710, los pueblos estaban debilitados por profecías de conquista.

Entre La Conquista de la Nueva España y el Chachnama hay una diferencia: Bernal Díaz, el español, escribía acerca de acontecimientos en los que había participado. El Chachnama es un género árabe o musulmán, “una agradable historia de conquista”, y fue escrito quinientos años después de la conquista de Sind. El autor es persa y su fuente ha sido un manuscrito árabe preservado por la familia del conquistador, Bin Qasim.


V. S. NAIPAUL, Entre los creyentes: Un recorrido por tierras del Islam, Lasser Press, México D. F., 1983, traducción de María Inés Taulis Moreno, pág. 145

Cavar


Yo que pensaba
que la vida consistía
en cavar y cavar
en busca de tesoros
tarde he sabido
que cavamos y cavamos
solo para hacer sitio
a nuestro propio ataúd.

lunes, 20 de junio de 2016


ANECDOTARIO DE ESCRITORES (995): Un experto sostiene que no fue Rimbaud sino Nouveau el que escribió "Iluminaciones"


La teoría oficial (hasta ahora) es que Rimbaud escribió dos últimos libros de poemas –origen, en parte, de mucha poesía moderna– antes de romper para siempre con el mundo de la literatura y hasta con la civilización europea. Ambas le hastiaron y se marchó. Uno es Una temporada en el infierno, que él mismo hizo imprimir en Bruselas en 1873, pero que no se distribuyó. Y el otro sería Iluminaciones. Libro y título que siempre fueron polémicos, hasta que el propio y enorme mito de Rimbaud como icono de la modernidad terminó engullendo cualquier posible polémica filológica o editorial.

Las Iluminaciones nunca existió como un libro formado (las primeras ediciones tienen muchas variantes, incluyendo hasta poemas en verso) y el título, que no existía, fue sacado por el primer editor de unas palabras dichas por Verlaine sobre los "poemas en prosa" que Rimbaud le había dado en su último encuentro en Stuttgart para que se los entregara o enviara a un poeta llamado Germain Nouveau, a un Verlaine que, por cierto, sabía poco de ese conjunto de textos escritos en Londres en 1873 cuando él estaba en la cárcel por haber herido en un brazo a su hasta ese momento joven amante, Arthur Rimbaud... (Suele decir algún lector o muchos, que no ven diferencias de estilo entre la Temporada... y las Iluminaciones, pero ello ocurre, también a mí me ocurrió, porque leemos sin duda alguna sobre la autoría, desconocemos lo que voy a contar y el mito Arthur Rimbaud apabulla).

Y es aquí donde debe entrar ya un poeta simbolista poco conocido en España y aún en Francia mientras vivió, porque Nouveau (personaje raro y maldito a su modo) apenas quería publicar. Era ciertamente un raro. Sin embargo, sí fue bien conocido en los medios literarios donde hizo una inicial y radical vida bohemia. Germain Nouveau (1851-1920) nació en Pourrières un pueblo de la antigua Provenza. Estudió el bachillerato en Marsella y a fines de 1872 llegó a París buscando conocer a Verlaine y esa nueva poesía que era la suya también. Casi el mismo camino de Rimbaud. Pero cuando Nouveau llega a París, Verlaine y Rimbaud se han marchado ya, dejando el bien sabido reguero de azufre. Conoce a Charles Cros. Sólo un año después Nouveau encontrará a Rimbaud (Verlaine está preso) y se irá con él una temporada a Londres. Allí ambos jóvenes siguen esa vida bohemia y ponen anuncios en los periódicos (ambos) para dar clases de francés o para conversar en esa lengua. No tuvieron suerte y nada salió. Pero en ese tiempo se escribieron los textos –muy diferentes a Una temporada en el infierno, hay que poner atención– que llegarían a ser las Iluminaciones.

El profesor Eddie Breuil acaba de publicar un sucinto y muy elaborado libro Du Nouveau chez Rimbaud (Honoré Champion, París, 2014), donde con sencillez y precisión detalla en una minuciosa labor filológica y editorial cómo la verdad parece exactamente la contraria de la que se suponía hasta hoy. No fue Nouveau el que ayudó a Rimbaud a copiar (acaso pasar a limpio) sus nuevos poemas, sino exactamente al revés, Rimbaud ayudó a copiar los textos de Nouveau y por eso se equivocaba a menudo, acaso porque Nouveau dictaba o porque no terminaba de entender un escrito que no tenía que ser suyo.

Los muchos errores de escritura cometidos por Rimbaud (y corregidos por encima) son minuciosamente analizados. Pero no sólo. Además el vocabulario, las expresiones, los sintagmas. Es una labor minuciosa. Rimbaud dio esos textos a Verlaine para que se los enviara a Nouveau –como sabemos persona ajena, descuidada–, pero Verlaine no lo hizo. Años después llegaría a ser amigo de Nouveau, pero entonces no lo conocía.

Breuil, que aporta datos literarios y vitales, concluye: "Rimbaud no es el autor (de esos papeles) sino el escriba, escribiente de otro escritor presente mientras se hacían las copias: Nouveau". En 1886 la revista 'La Vogue' publicó por primera vez Iluminaciones (Illuminations) sin permiso ni de Verlaine ni de Rimbaud. Las ediciones se sucederían diversas y con cambios (Vanier, Mercure de France...) hasta que en 1949 la tesis de un crítico, Henri de Bouillane de Lacoste, parece cerrar el problema –hasta ahí existente– según el meticuloso librito de Breuil, en falso.

Por ello habla de un conjunto de poemas "fantasmal y forzado". Nadie (sino el editor) dio forma a un conjunto de textos poéticos sin orden y nadie (sino el editor) les dio título. La fama, el mito ya plenamente actuante de Rimbaud hizo el resto... Verlaine nunca dijo nada porque nada sabía de las prosas que recibió y porque sus años finales fueron los de un glorioso vagabundo dipsómano. Pero ¿y Nouveau?

Aquí surge lo menos conocido. Hay "malditos" y sin duda además tipos o modos varios de ese malditismo. Nuestros tres protagonistas encarnan estilos muy distintos de disidencia, pero como vuelve a decir Breuil (siguiendo a los poetas Breton y Aragon que algo sospecharon) "¡Germain Nouveau fue un maldito entre los malditos!". En efecto el joven bohemio y con barba que estuvo con Rimbaud y que si amaba la poesía parecía no importarle publicar, tuvo varias crisis de locura o de enajenación y pasó por varios hospitales psiquiátricos. Al salir, se había convertido voluntariamente en un humilde peregrino que vivió pobre y ajeno a todo lo que no fuera la búsqueda espiritual, ocasionalmente también en poesía. Peregrinó a Roma y en 1911 a Santiago de Compostela, pero terminó volviendo a su pueblo natal (Rimbaud era del norte, él del sur) donde al fin –murió con 68 años, indigente– pedía limosna a la puerta de las iglesias de la zona. Nouveau que había sido una promesa (y más) del mejor simbolismo, se opaca a sí mismo, se olvida. Siempre vivió como un sopista errante, ajeno a cualquier vida literaria o social. ¿Es esa la vida de un buen burgués? Es otra forma –y no ingenua– del malditismo. Su obra –no larga– es notable y puede casi abrirse con esas Iluminaciones que tienen mucho que ver con las luces eléctricas y las escenas de vida que vio en un lugar famoso en París en la década de 1870, el Bal Mabille, iluminado y con jardines. Cuando el libro Iluminaciones se publicó (como obra de Rimbaud) Nouveau ni lo vio, probablemente.

Nada es nuevo. En Francia, la hoy famosa Paradoja del comediante de Diderot se atribuyó hasta comienzos del siglo XX a un tal Naigeon. Fue el gran estudioso Joseph Bédier quien demostró que Le Paradoxe... era de Diderot. En un notable artículo de 1948 el poeta Louis Aragon se pregunta quién es más grande poeta, si Baudelaire, Germain Nouveau o Rimbaud. Y tras hablar de dos de los libros sabidos de Nouveau, Valentines y Savoir aimer termina diciendo que su autor "no es un poeta menor, sino un gran poeta. No un epígono de Rimbaud: su igual". Esa idea es ahora explicada y detallada en el libro de Eddie Breuil, Du Noveau chez Rimbaud, juego de palabras como he dicho que podría traducirse (si nouveau empezara en minúscula) como De nuevo con Rimbaud, pero que al ser un apellido (mayúscula por tanto) diría Lo de Nouveau está con Rimbaud, atribuido a Rimbaud. Digámoslo con honor: Rimbaud sigue siendo Rimbaud, pero Germain Nouveau sale de la inmerecida pobreza que él mismo eligió. Recupera la altura que tuvo. Leámoslo.


LUIS ANTONIO DE VILLENA, ¿Escribió Rimbaud las “Iluminaciones”?, El Mundo, 19 de diciembre de 2014. Todo el artículo AQUÍ

ARCADIA LITERARIA (228): Gide sobre las memorias de Colette


19 de febrero de 1936

Leído el último libro de Colette [Mes apprentissages] con un interés muy vivo. Hay en él mucho más que un don: una especie de genio muy particularmente femenino y una gran inteligencia. ¡Qué bien elegido está todo, y qué ordenado, y de qué felices proporciones, en un relato en apariencia tan deshilvanado! Qué tacto perfecto, que cortés discreción en la confidencia (en los retratos de Polaire, de Jean Lorrain, y sobre todo de Willy, de “Monsieur Willy”); no hay un solo trazo que no surta su efecto, que no quede grabado en la memoria, y eso que está dibujado como al azar, como jugando, pero con un arte sutil, maduro.


ANDRÉ GIDE, Diario, ABC, S.L., 2004, traducción de Laura Freixas, págs. 249-250

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (994): Uno de los chistes favoritos de Martín Gaite


CARMEN MARTÍN GAITE: Me preguntas que cómo llevo la soledad. Pues… como decía aquel: “Hice lo que pude, llegué el cuarto”.

JUAN CANTAVELLA: No conozco ese chiste.
CARMEN MARTÍN GAITE: ¿Ah, no? Es aquel individuo que se iba a atar un zapato en un derby y se le subió encima un hombre, creyendo que estaba montando un caballo. Cuando lo contaba, alguien le preguntó: “¿Y tú qué hiciste?”. La respuesta fue: “Hice lo que pude, llegué el cuarto”. Es maravilloso; es uno de los chistes más impresionantes y más divertidos que he oído en mi vida. Y más aleccionadores. Siempre que me preguntan algo en ese sentido digo lo mismo: que hago lo que puedo, que llego el cuarto, el segundo o no llego, pero no me paro, sino que echo a correr.


JUAN CANTAVELLA, Semblanzas entrevistas, PPC Editorial, Madrid, 1995, pág. 41

TROYA LITERARIA (1013): Samuel Johnson sobre "El Paraíso perdido", de Milton


Pero las deficiencias originales no pueden ser solucionadas. La carencia de interés humano se percibe siempre. El Paraíso Perdido es uno de esos libros que el lector admira y deja de lado, olvidándose de volver a cogerlo. Nadie ha habido que quisiera que el libro hubiese sido más largo. Su lectura es un deber antes que un placer. Leemos a Milton a fin de instruirnos, nos retiramos preocupados y sobrecargados, y miramos hacia otro lado en busca de recreación; desertamos de nuestro maestro, y buscamos compañeros.


SAMUEL JOHNSON, Vidas de los poetas ingleses, Cátedra, Madrid, 1988, traducción de Bernd Dietz, pág. 211

AUTORRETRATOS (XV): Rafael Cadenas


Yo que no he tenido nunca un oficio
que ante todo competidor me he sentido débil
que perdí los mejores títulos para la vida
que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución)
que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos
que me arrimo a las paredes para no caer del todo
que soy objeto de risa para mí mismo
que creí que mi padre era eterno
que he sido humillado por profesores de literatura
que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada
que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida
que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo
que tengo vergüenza por actos que no he cometido
que poco me ha faltado para echar a correr por la calle
que he perdido un centro que nunca tuve
que me he vuelto el hazmerreír de mucha gente por vivir en el limbo
que no encontraré nunca quién me soporte
que fui preterido en aras de personas más miserables que yo
que seguiré toda la vida así y que el año entrante seré muchas veces más burlado en mi ridícula ambición
que estoy cansado de recibir consejos de otros más aletargados que yo («Ud. es muy quedado, avíspese, despierte»)
que nunca podré viajar a la India
que he recibido favores sin dar nada en cambio
que ando por la ciudad de un lado a otro como una pluma
que me dejo llevar por los otros
que no tengo personalidad ni quiero tenerla
que todo el día tapo mi rebelión
que no me he ido a las guerrillas
que no he hecho nada por mi pueblo
que no soy de las FALN y me desespero por todas estas cosas y por otras cuya enumeración sería interminable
que no puedo salir de mi prisión
que he sido dado de baja en todas partes por inútil
que en realidad no he podido casarme ni ir a París ni tener un día sereno
que me niego a reconocer los hechos
que siempre babeo sobre mi historia
que soy imbécil y más que imbécil de nacimiento
que perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo
que no lloro cuando siento deseos de hacerlo
que llego tarde a todo
que he sido arruinado por tantas marchas y contramarchas
que ansío la inmovilidad perfecta y la prisa impecable
que no soy lo que soy ni lo que no soy
que a pesar de todo tengo un orgullo satánico aunque a ciertas horas haya sido humilde hasta igualarme a las piedras
que he vivido quince años en el mismo círculo
que me creí predestinado para algo fuera de lo común y nada he logrado
que nunca usaré corbata
que no encuentro mi cuerpo
que he percibido por relámpagos mi falsedad y no he podido derribarme, barrer todo y crear de mi indolencia, mi
flotación, mi extravío una frescura nueva, y obstinadamente me suicido al alcance de la mano
me levantaré del suelo más ridículo todavía para seguir burlándome de los otros y de mí hasta el día del juicio final.


RAFAEL CADENAS, Derrota, Obra entera, Editorial Pre-Textos, 2007, Valencia, págs. 173-177

ARCADIA LITERARIA (227): Samuel Johnson sobre "El Paraíso perdido", de Milton


Me dispongo ahora a examinar El Paraíso Perdido; un poema que, considerado en lo que respecta a su plan, puede reclamar para sí el primer puesto, y en lo que respecta a su realización, el segundo [es de suponer que después de La Ilíada], entre todos los productos de la mente humana.


SAMUEL JOHNSON, Vidas de los poetas ingleses, Cátedra, Madrid, 1988, traducción de Bernd Dietz, pág. 197

martes, 14 de junio de 2016


TROYA LITERARIA (1012): Bioy Casares sobre "El túnel", de Sabato


Un día me trajo (ya estaba viviendo yo en la calle Santa Fe, donde ahora vive Alicia Jurado) el manuscrito del Túnel "para que se lo corrigiera". Me pregunto por qué en el trato de escritores hay tantos malentendidos ¿por falsas modestias? ¿por una vanidad que siempre merodea, como un chacal hambriento? Lo cierto es que leí con lápiz colorado el librito y, según mi costumbre (en ese tiempo corregía las traducciones de El séptimo círculo y de La puerta de marfil), lo corregí casi todas las veces que fue necesario. Cuando Sabato vino a retirar su novela, comprendí mi error. Él venía dispuesto a recibir elogios por un gran libro; yo le devolví un librito, plagado de errores de composición, que no podían corregirse (como esa patética imitación de Huxley, la discusión sobre las novelas policiales que interrumpía el relato) y páginas garabateadas de elementales correcciones en rojo: correcciones de palabras, como constatar, de sintaxis, etcétera. Nuestra amistad, que nunca fue del todo espontánea, empezó a deteriorarse.


ADOLFO BIOY CASARES, Descanso de caminantes, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2001, pág. 131

lunes, 13 de junio de 2016

Veinte tuits


• • • • • La principal diferencia entre ella y la poesía es que el poema se deja corregir y ella no.

• • • • •  El día perfecto es aquel donde estás tan atareado que no tienes tiempo para decirte tres o cuatro verdades a la cara.

• • • • • La memoria no se tiene, se sufre.

• • • • • No es que idealicemos el amor, sino que odiamos la realidad y lanzamos el amor contra ella.

• • • • • El creador es un caballo con poco jinete y el crítico un jinete con poco caballo.

• • • • • Mejor pájaros en la cabeza que hienas en el corazón.

• • • • • El amor no existe. La verdad no existe. La libertad no existe. Cuántos "no existe" que nos hacen existir.

• • • • • Harto de las dos. De las mentiras que sostienen y de las verdades que destruyen.

• • • • • La proporción es ésta: les escribo tres poemas cuando empiezo a salir con ellas y veinte cuando me dejan.

• • • • • No necesito volar, me basta con desearlo. No sea que consiga volar de verdad y descubra que el vuelo tampoco es para tanto.

• • • • •  Para las arrugas que salen en el cerebro la mejor plancha es la lectura.

• • • • • Te encontrarás millones que te amen en sábado y lo suficiente pero solo yo te amaré en lunes y demasiado.

• • • • •  Nos hemos quedado en globalizados. Nosotros que soñábamos con ser universales.

• • • • •  Cuánta humanidad en los animales y cuánta animalidad en los humanos.

• • • • •  Para el rebelde, una televisión encendida es un libro que no está abierto. Para el poder, un libro abierto es una televisión que no está encendida.

• • • • • El amor no se busca, sucede.

• • • • • Los libros son el queroseno de los que no tenemos dinero para viajar en avión.

• • • • • No sé para qué sirven los cuarenta años. Todos me decían que a esa edad uno se calma, pero yo no me calmo y encima tengo cuarenta años.

• • • • • Me dijo que yo le gustaba. Solo me lo dijo una vez, pero yo me lo repetí cien veces camino de casa.

• • • • •  El cerebro es para que pensemos que pensamos y el corazón para que sintamos que sentimos. Pero hay quienes se toman esta farsa en serio.


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TROYA LITERARIA (1011): Cheever sobre Updike


Updike, que me consta que es un hombre brillante, viajó conmigo a Rusia el pasado otoño, y representó para mí un gasto considerable y numerosos inconvenientes evitar su compañía. Creo que su magnanimidad es espuria, y su obra me parece inspirada por la codicia, el exhibicionismo y un corazón de piedra.


JOHN CHEEVER, fragmento de The Letters of John Cheever recogido por MARTIN AMIS en La guerra contra el cliché, Anagrama, Barcelona, 2003, traducción de Francesc Roca, pág. 374

domingo, 12 de junio de 2016


TROYA LITERARIA (1010): Steiner sobre Derrida


GEORGE STEINER: Fui el miembro más joven de la Universidad de Princeton, ahí vivía al lado de Einstein y de Oppenheimer, y ahí supe qué eran los gigantes. Fíjese en ese pequeño retrato que hay ahí [un retrato dibujado de él en su juventud; debajo pone, en italiano, Il postino, el cartero]. Yo quiero ser el cartero, quiero que me llamen El Cartero, como ese personaje maravilloso en la película sobre Pablo Neruda. Es un trabajo muy hermoso ser profesor, ser el que entrega las cartas, aunque no las escriba. Mis colegas detestan escuchar eso. ¡La vanidad de los académicos es enorme! Derrida dijo que toda la literatura, hasta la más grande, es un mero pretexto. ¡Al infierno con Derrida! Shakespeare no es un pretexto, Beckett no es un pretexto, no lo es Neruda, no lo es Lorca.

JUAN CRUZ: Se enfada usted con Derrida.
GEORGE STEINER: Lo del pretexto es un chiste de mal gusto. Somos los carteros y somos importantes. Los escritores nos necesitan para llegar a su público. Es una función muy importante, pero no es lo mismo que crear.


GEORGE STEINER: “Yo intento fracasar mejor”, entrevista de Juan Cruz para El País, 24 de agosto de 2008. Toda la entrevista AQUÍ

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (993): La obra de García Márquez ante la crítica feminista


La palabra “amor” aparece en dos títulos de García Márquez, ¿pero el autor describe realmente el amor? Las investigadoras feministas cuestionan cada vez más ese amor que el autor identifica con el incesto y la prostitución. En Del amor y otros demonios, de 1994, nos encontramos en un ambiente histórico, el siglo XVIII. La protagonista, Sierva María, es hija de un marqués español y de su gorda esposa, un matrimonio que no se lleva bien y no se comporta como se espera de una niña de la clase alta. Los rumores la presentan como bruja y la Inquisición inicia una investigación. Sin embargo, el sacerdote Delaura se enamora de la niña, mucho más joven que él. Todo termina mal en este relato caprichoso y grotesco.

Memoria de mis putas tristes, de 2004, ha sido estudiada por Luiselli, quien califica la trama, entre la pederastia y el incesto, de “historia sórdidamente prostibularia”. Un solterón, mediocre desde todos los puntos de vista, cumple noventa años y lo celebra pidiendo a una madama que le consiga una virgen. Una niña de catorce años es adormecida con una droga para que el viejo pueda tenerla a su disposición durante toda una noche. La chica necesita ingresos porque tiene que dar de comer a sus hermanitos. La niña no habla en el texto, tampoco se menciona su nombre ni se aclaran del todo sus circunstancias.

Ese ejemplo no es un caso excepcional en la prosa de García Márquez. En Cien años de soledad, nos encontramos a la niña Remedios, de nueve años, presentada a Aureliano Buendía con la acotación de que hubiera podido ser su hija. En El otoño del patriarca, tropezamos con el caso de Letizia Nazareno. En La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada, de 1972, hallamos la historia monstruosa de la prostitución de una niña de doce años por su abuela. Los sesenta y dos hombres que pasan por su cama en una sola noche son mencionados como otro caso más de realismo mágico, no como lo que es, la violación en grupo de una menor. En El amor en los tiempos del cólera, de 1985, Florentino Ariza, otro solterón, ha apuntado sus seiscientas veintidós conquistas femeninas y se cuenta en la novela su relación con América Vicuña, de catorce años. Cuando la deja, la niña, que tiene sesenta años menos que su violador, se suicida. Otro caso, en el mismo libro, el de Leona Cassiani. Todos esos viejos presentan sus prácticas sexuales como amor, no como violación, pederastia o incesto, y la narración se hace desde el punto de vista del viejo. Se produce una ambigüedad moral o una condonación de los hechos por parte del narrador. Luiselli habla de un “perspectivismo falaz” y cree que el tema de la violación de las niñas y otros rasgos de perversidad sexual no se mencionan en la crítica porque nadie quiere ser considerado mojigato. En El arte de leer a García Márquez, unos comentaristas de lujo, como lo son Coetzee, Updike, Burgess y Perry Anderson cuestionan la defensa de la pedofilia de García Márquez.


INGER ENKVIST, Iconos latinoamericanos: Nueve mitos del populismo del siglo XX, Ciudadela, Madrid, 2008, págs. 154 y 155

jueves, 9 de junio de 2016

Una reflexión de Wislawa Szymborska


Creo que cada poema lo escriben dos personas. Hay una persona que es la que siente las cosas, la que las experimenta, la que piensa. Y otra persona, que está detrás de mí y dice: "¿No estarás exagerando?, ¿qué va a entender el lector de lo que estás escribiendo? y, además, ¿para qué le sirve?" Ese yo irónico está siempre, pero si desaparece escribiré muy malos poemas...


WISLAWA SZYMBORSKA, El amor, origen de la poesía, entrevista de Félix Romeo en La Nación, 25 de enero de 2004. Toda la entrevista AQUÍ

ARCADIA LITERARIA (226): Woolf sobre Mansfield


Los más distinguidos autores de relatos que hay en Inglaterra están de acuerdo, señala Murry, en que como autora de relatos Katherine Mansfield se halla hors concours. Nadie ha sido capaz de sucederla, y no hay crítico que haya sabido definir en qué consiste su inigualable calidad.


VIRGINIA WOOLF, Horas en una biblioteca, El Aleph Editores, Barcelona, 2005, traducción de Miguel Martínez-Lage, pág. 145