domingo, 20 de octubre de 2019

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Publicado por @sheena.ramone (AQUÍ)



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No basta una sábana para tapar su océano; ni valen hierbas ni vacunas ni baterías antimisiles. El amor es un reloj borracho. Un clavel de hierro. Una falsa plomada. Tú piensas que las ballenas son grandes, pero el amor es una ballena más grande. Tú piensas que los leopardos son rápidos, pero el amor es aún más leopardo. Verás que la niebla confunde pero al final despeja: el amor es una niebla que sigue avanzando. Verás que el fuego perdura pero termina apagándose: el amor es un fuego que sigue renaciendo. Verás que el grifo gotea pero termina por cerrarse: el amor es un grifo que sigue goteando. Es una aurora de basilisco. Es un nenúfar de petróleo. Es un gusano sin manzana.


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Qué buena idea la que ha tenido Duolingo de incorporar a sus cursos gratuitos de idiomas el modo competición, que es el ideal para mi temperamento. Ya me he apuntado a los nueve cursos que se ofrecen en español (inglés, francés, alemán, italiano, portugués, catalán, ruso, esperanto y guaraní, pronto se añadirá el sueco) y de momento estoy aniquilando a mis rivales, si bien me está resultando sencillo porque tengo todo el día a mi disposición. El único pero de esta aplicación es que no sirve para aprender bien un idioma sino solo para conseguir una pequeña base de cada uno: me apoyo para decir esto en que ya he terminado dos veces su curso de inglés y solo domino ese idioma un poco mejor que Tarzán.


sábado, 19 de octubre de 2019

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Como releí esa obra maestra que es La senda del perdedor, de Bukowski, y volví a sentir el poder de Hank, me aventuré de nuevo en Mujeres, del mismo autor, que también había leído pero con menos pasión. Y claro. Enseguida he descubierto por qué no me gustaba. El problema de Bukowski es que se le escapan las mujeres, no consigue retratar ni media personalidad de una sola. Como solo siente deseo físico por ellas, el libro es una serie de encuentros con mujeres que siempre son la misma mujer y siempre se las folla de igual manera. Hasta me pregunto, leyendo semejante engendro, si Bukowski releía las páginas anteriores mientras escribía, pues parece la escritura de un borracho. Toda la variedad, humor y frescura de La senda del perdedor se convierten en repetición y coñazo en Mujeres. Dice Vargas Llosa que el feminismo está poniendo en riesgo a la literatura, pero pienso a la vista de este libro bukowskiano que es justo lo contrario lo que se puede tocar con los dedos: ha sido el machismo el que ha perjudicado la obra de algunos escritores excelentes, el que ha reducido a la mujer al papel de a) musa inalcanzable y digna de ser sublimada b) princesa/premio que se lleva el héroe después de concluir la hazaña o c) cuerpo/bellezón al que hay que llevar a la cama.


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No pienso que sea vocación la literatura. En la mayoría, digo. Porque de muy pequeño la vida es tan apetitosa que es difícil que un niño prefiera dejar el recreo para escribir o leer un libro. Vocación es ser futbolista, actriz, espía, astronauta, todo eso que no se puede ser. Lees la biografía de los escritores y la mayoría que comenzaron de niños lo hicieron por una pega: una enfermedad, una tara, una muerte familiar… O porque estaban gordos o eran feos o eran gays o tenían gafas y sus compañeros de clase les aislaban. Ya con quince años sí que puede surgir la solitaria. Pero quien tiene quince años no es un niño: recuerdo que yo, que estuve solo de niño, tuve que esperar a la adolescencia para darme cuenta de mi soledad. Ahí empecé a masticarla y a verla como ocasión y peligro. Esa fue la primera piedra. El primer paso para incurrir en los libros.


viernes, 18 de octubre de 2019

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Como empieza el frío y estoy poco pertrechado, esta mañana he decidido comprarme dos forros polares, por lo que he entrado en una tienda como el trueno, con el objetivo de elegir lo primero que viera y salir de ella en menos de tres minutos. Pero ocurre que me he encontrado con una dependienta que no estaba por la labor:

—¿Pero cómo? ¿Te vas a comprar dos iguales y del mismo color?
—Sí —le digo yo.
—Ayyy —me dice ella—. ¿Y por qué no dejas uno de ellos y te llevas este azul marino?
—Vale —le digo yo rápidamente.

Justo cuando me disponía a pagar, la dependienta vuelve a la carga:

—¿Pero cómo? ¿No te los vas a probar?
—No —respondo—, es que más o menos ya tengo calculado que me quedan bien.
—Noooo —me replica ella—, de las tallas no te fíes, según de qué marca sean cambian mucho, mejor pruébatelos, anda pruébatelos.

He tenido que entrar al probador y hacer la comedia de que me los probaba, cuando me daba lo mismo que me quedaran bien o mal. Quizá he vuelto demasiado rápido como para que la dependienta no sospechara nada:

—¿Pero cómo? ¿Ya te los has probado, tan rápido?
—Sí.
—¿Pero los dos?
—Sí. Me quedan perfectos. Como yo pensaba.
—Vaya ojo tienes.

Cuando le he pagado y al fin he salido de la tienda, invirtiendo cinco minutos más de lo presupuestado, me ha entrado la risa. Este es el mundo Batania, me he dicho: trato de resolver simple y rápido todos aquellos aspectos de la vida que no me interesan, que salvo la literatura son casi todos, pero siempre aparece alguien que me lleva la contraria y, como no tengo ningún carácter, al final acabo haciendo lo que esa persona me dice y acabo con el polar que ella quería.


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Me pregunta una chica en Instagram por la verdadera razón de que empezara a escribir. Me dice que no le ha quedado claro después de leerse varias entrevistas y que la necesita para un trabajo que está haciendo. Le respondo con este sermón:
No hay una sola razón sino muchas a las que se ha añadido alguna otra, porque mi cerebro es un gran farsante y tiende a darme en el corto plazo las explicaciones que me convienen y solo en el largo plazo me descubre las razones quizá más verdaderas, que siempre son más sucias. A 18 de octubre de 2019, creo que me puse a escribir por la conjunción de estas razones, no las ordeno jerárquicamente:
—Se muere mi padre, tengo 30 años y no he hecho nada en la vida. En ese momento me dedicaba a trabajar de campesino, a acudir a ferias agrícolas y, sobre todo, a jugar a pelota mano o a pala (cuando digo “sobre todo” es porque igual le dedicaba seis o siete horas al día al frontón). O sea, que siento que estoy tirando mi vida.
—La muerte de mi padre me ha dejado destruido y sucede que, por una minucia que sucedió en su lecho de muerte, le echo la culpa a Euskadi y España. Desde luego, que mi padre muriera por culpa de Euskadi y España en lugar de por todo lo que bebió y fumó y lo poco que se cuidó en su vida es una estupidez muy grande, pero así era yo entonces, supongo que necesitaba echarle la culpa a alguien.
—Me paso los nueve meses que transcurren desde la muerte de mi padre hasta mi llegada a Madrid con el cerebro lleno de fuego. ¿Qué es la sociedad, más que un pacto de narcisismo entre sus miembros? ¿No es el poder y la sociedad más que violencia que-está-bien-vista? ¿Es lícito que la colectividad destruya a mi padre por el interés general? ¿Tienen Euskadi y España algún proyecto humanista o el único proyecto que tienen es el de perdurar e impedir a sus ciudadanos que se den cuenta de que pertenecen a una realidad mucho más amplia, la humana y planetaria? ¿Qué proyecto es ese donde no me enseñan idiomas y me obligan a leer a Azorín en vez de a Dostoyevski, donde me urgen a animar a Marino Lejarreta en vez de a Bernard Hinault, más que un proyecto de analfabetización nosotrista? ¿Por qué me piden que sea/defienda/pertenezca a un lugar, si yo lo único que quiero es vivir en él? ¿Qué tipo de cáncer es ese llamado Euskadi o España, cómo esos monstruos pueden tener partidarios?
—Paralelo a este estallido de ideas en mi cerebro, que piden salir afuera, empiezo a recordar que de pequeño, en el colegio, muchas personas, entre ellos profesores, decían que yo valía para escribir, que tenía que dedicarme a la literatura, recomendación que nunca seguí porque lo que me gustaba era el deporte. Ahora recupero la idea, una vez que ya sé de qué quiero escribir y que tengo necesidad física de hacerlo. ¿Y por qué no pensé en meterme en la política o en los movimientos sociales, ya que mis querencias eran político-sociales? Pues porque desde el principio me di cuenta de que yo soy asocial y que mi política iba a ser política de autor a lo Thoreau o Saint-Exupery. También porque tenía la intuición de que lo confesional intenso es literatura. Luego resulta que he escrito más poemas de amor que poemas políticos, pero es que lo político quema mucho y acaba aburriéndote.
—Mi familia me pesaba mucho. Tras la muerte de mi padre, me quedé con mi madre y mis tres hermanas, que eran mujeres muy duras, muy prácticas y muy fuertes, todo lo contrario que yo, que soy un vago lírico. No sé por qué, necesitaba librarme de ellas. Jamás me habría atrevido a hacer una pintada en una pared o a escribir que de las patrias no debería quedar piedra sobre piedra si luego tengo que regresar a mi caserío y tengo que ver el careto a mi madre y mis hermanas.
—Había hecho un viaje previo a Madrid de cinco días y había leído en sus diarios la sección de anuncios laborales. Descubrí que en la capital existían muchos trabajos nocturnos de portero, conserje, vigilante, etc, muy mal pagados, pero adecuados para leer y escribir mucho. Este aspecto es fundamental, porque en Vizcaya, en los cuatro trabajos en que estuve, duré como mucho cinco meses, porque trabajar de verdad es algo que yo no puedo sufrir. Por otra parte, Madrid es la capital de España y origen de esa locura patriótica que considera la unión y la cohesión como los valores máximos (a mí me parecen antivalores, tal como están propuestos), por lo que era el lugar ideal para desarrollar mi proyecto.
Por tanto, la razón de que me pusiera a escribir es un poco la conjunción de todo esto, la muerte de mi padre + el nacimiento de ideas nuevas contra la sociedad y la patria generadas por esa muerte + la recuperación de un antiguo proyecto infantil, el de escribir, que ahora cobra sentido + la necesidad de librarme de mi familia y de la vida sin ambiciones que llevaba + los trabajos nocturnos de Madrid, ideales para vagonetas como yo.
Pero esas son las razones hasta ahora: verás cómo en los próximos años descubro que existió otra razón que fue la verdadera y blablablá.

jueves, 17 de octubre de 2019

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Publicada en sus stories por helena.arts_ (AQUÍ)




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Lo que corre tu bolígrafo cuando está sostenido por el prejuicio o el rencor o las convicciones. Cuando escribes en cambio de algo donde no tienes pasado y donde tu yo no interfiere, enseguida te vuelves sofista o escéptico. Te muestras objetivo. Tu bolígrafo se aburre. Deja de correr.


miércoles, 16 de octubre de 2019

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Nuevo NODO en España. Que en el país se ha dictado un estado informativo de excepción se prueba en que hasta los diarios deportivos dan la barrila con el tema catalán, siempre protegiendo al nacionalismo español. Es el momento de decretar el autoestado de independencia, cortar toda relación con los medios de la españolada y reafirmarse en los postulados de uno. Digo esto de “reafirmarme” porque mis postulados suelen ser bastante movedizos y la campaña mediática españolista es tan burda e infame que uno, por mera lógica antipatriota, hasta podría cometer el error de rebajar lo nocivo que es el independentismo catalán, la otra cara del folio. Y eso sí que no: sigo abogando por una España desespañolizada y una Catalunya descatalanizada. Una cosa es condenar la represión del 1 de octubre o las penas tan largas que han sufrido políticos pacíficos, que constituyen una vergüenza y demuestran que en este país no hay democracia, y otra muy distinta ponerse a favor de los que quieren crear otro iglú narcisista y anti-los-demás de la misma ralea que España. ¿Que tienen derecho? ¡Claro que tienen derecho, pero que conmigo no cuenten!


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Lo del NODO informativo que aplica la oligarquía española cada vez que su cortijo está en riesgo no es de hoy: es de toda la vida. Escribe Unamuno en una carta enviada a Azorín el 14 de mayo de 1907: 
Merecemos perder Cataluña. Esa cochina prensa madrileña está haciendo la misma labor que con Cuba. No se entera. Es la bárbara mentalidad castellana, su cerebro cojonudo (tienen testículos en vez de sesos en la mollera).


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FRAGMENTOS DEL PREFACIO DE “GENIOS”, DE HAROLD BLOOM


• • • Todo parece indicar que ahora vacilan quienes desestimaron el genio como un fetiche del siglo XVIII. El pensamiento grupal es la plaga de nuestra Era de la Información y su efecto es más pernicioso en nuestras obsoletas instituciones académicas, cuyo largo suicidio empezó en 1967. El estudio de la mediocridad, cualquiera que sea su origen, genera mediocridad. Thomas Mann, descendiente de fabricantes de muebles, profetizó que su tetralogía de José perduraría porque estaba bien hecha. No toleramos mesas y asientos a los que se les caen las patas, sin importar quién los haya hecho, pero pretendemos que los jóvenes estudien textos mediocres, sin patas que los sostengan.

• • • Nadie se opone a contextualizar o a darle un trasfondo a una obra. Pero no me interesa disminuir la literatura, o la espiritualidad, o las ideas, con la excesiva determinación historicista. Las mismas fuerzas sociales, económicas y culturales producen simultáneamente obras inmortales y obras que no trascienden su propia época. Thomas Middleton, Philip Massinger y George Chapman compartieron los mismos recursos culturales que supuestamente modelaron Hamlet y El rey Lear.

• • • A mi juicio, el genio es idiosincrásico y enormemente arbitrario y, en últimas, solitario. Es posible que un contemporáneo de Dante haya tenido exactamente la misma relación con la tradición y la misma educación y haya sentido un amor similar por otra Beatriz, pero sólo Dante escribió la Comedia.

• • • “Leo para la gloria”, dijo Emerson haciendo eco de Plutarco y de otros antiguos pensadores de la tradición platónica. La gloria en este caso es producto del brillo a causa del reflejo de la luz, del barniz o resplandor que un genio comunica a otro cuando se yuxtaponen en mi mosaico.

• • • De Valentino al romántico francés Nerval y al inglés William Blake, pasando por Novalis, el poeta romántico alemán, el gnosticismo es indistinguible del genio imaginativo. Después de una vida de meditar sobre el gnosticismo, me atrevo a afirmar que este es, en la práctica, la religión de la literatura. Claro que hay poetas cristianos geniales que no son heréticos, desde John Donne hasta Gerard Manley Hopkins y el neocristiano T.S. Eliot. Y sin embargo los poetas más ambiciosos de la tradición romántica occidental, aquellos que han hecho de su propia poesía una religión, han sido gnósticos, desde Shelley y Víctor Hugo hasta William Butler Yeats y Rainer María Rilke.

• • • Propongo una definición simplificadora de gnosticismo en la aprehensión del genio: es un conocimiento que libera la mente creativa de la teología, del pensamiento histórico, y de cualquier divinidad completamente distinta de lo que es más imaginativo en el yo. Un Dios escindido del yo más recóndito es el Dios verdugo, como lo llamó James Joyce, el Dios que origina la muerte. En su calidad de religión del genio literario, el gnosticismo repudia al Dios verdugo.

• • • Hans Jonas, a quien considero el guía más incisivo del gnosticismo, dijo de los antiguos gnósticos que estos experimentaron “la intoxicación de lo primordial”. Recuerdo haberle replicado a Jonas, una persona vivamente brillante y genial, que él había descrito lo que los poetas tenaces siempre buscaban: libertad para el yo creativo, para la expansión de la conciencia de sí misma que la mente tiene.

• • • Me doy cuenta de que estoy transfiriendo al genio lo que Scholem e Idel atribuyen a Dios según la cábala, pero no hago más que extender la antigua tradición romana que estableció por primera vez las ideas de genio y de autoridad. En Plutarco, el genio de Marco Antonio es el dios Baco, o Dionisio. En su Antonio y Cleopatra, Shakespeare hace que el dios Hércules, el genio de Antonio, lo abandone. Según Suetonio, el emperador Augusto, quien derrotó a Antonio, proclamó al dios Apolo como su genio. Fue así como el culto del genio del emperador se convirtió en un ritual romano y desplazó los dos significados anteriores, el de fuerza procreadora de la familia y el de álter ego de cada individuo.

• • • La autoridad, otro concepto romano crucial, quizás sea más relevante en el estudio del genio que lo que puede aspirar a ser el concepto de genio, con sus significados contradictorios. La autoridad, que ha desaparecido de la cultura occidental, fue convincentemente rastreada por Hannah Arendt hasta sus orígenes romanos -no griegos ni hebreos-. En la Roma antigua, el concepto de autoridad era fundamental. La palabra auctoritas se deriva del verbo augere, “ aumentar” , y la autoridad siempre dependió del incremento de los cimientos, que permitiera traer el pasado vivo hacía el presente.

• • • ¿Cuál es la relación entre el genio reciente y la autoridad establecida? En este momento, a comienzos del siglo XXI, yo diría que ninguna, ninguna en absoluto. Nuestras confusiones en torno a los criterios canónicos para el genio se han convertido en confusiones institucionalizadas, de modo que todos nuestros juicios acerca de la diferencia entre el talento y el genio están a merced de los medios y obedecen a las políticas culturales y a sus caprichos.

• • • El antiguo crítico Longino llamó al genio literario lo Sublime, y se dio cuenta de que funcionaba como una transferencia de poder del autor hacia el lector.

• • • El genio literario es difícil de definir y depende de una lectura profunda para su verificación. El lector aprende a identificar lo que él o ella sienten como una grandeza que se puede agregar al yo sin violar su integridad. Quizás la “grandeza” no esté de moda, como no está de moda lo trascendental, pero es muy difícil seguir viviendo sin la esperanza de toparse con lo extraordinario.

• • • El descubrimiento de lo extraordinario en otra persona puede ser engañoso o delusorio: lo llamamos “enamorarnos” y el verbo debe ser considerado también una advertencia. Pero el hallazgo de lo extraordinario en un libro -ya sea en la Biblia, en Platón o en Shakespeare, en Dante o en Proust- siempre será beneficioso casi sin costo alguno. El genio en su expresión escrita es el mejor camino para alcanzar la sabiduría, y yo creo que en ello radica la verdadera utilidad de la literatura para la vida.

• • • La invasión de nuestra realidad por parte de los personajes principales de Shakespeare es prueba de la vitalidad de los personajes literarios cuando son el producto del genio. Todos hemos experimentado la sensación de vacío que nos deja la lectura de literatura popular, en la que encontramos nombres sobre una página pero no personas. Con el tiempo, sin importar cuántas alabanzas haya recibido, este tipo de literatura se vuelve anticuada y finalmente se convierte en basura. Es bueno saber que uno de los significados vigentes de la palabra inglesa character (“personaje”) es el de señal o marca que se imprime, como una letra del alfabeto (“carácter”), pues refleja el posible origen de la palabra: el griego kharaktér, un estilo afilado o la marca de las incisiones del estilo. Character también quiere decir ethos, una actitud habitual ante la vida.

• • • Hasta hace poco estaba de moda hablar de “la muerte del autor”, pero también esto se ha vuelto basura. El genio muerto está más vivo que nosotros, así como Falstaff y Hamlet son mucho más vitales que muchas personas que conozco. La vitalidad es la medida del genio literario. Leemos en busca de más vida y sólo el genio nos la puede proveer. ¿Qué hace que el genio sea posible? Siempre hay un espíritu de la época y nos engañamos al permitirnos creer que lo más importante de una figura memorable es su relación con un periodo en particular. Esta falsa creencia, académica y popular, supone que todo el mundo está determinado por factores sociales. La imaginación individual se somete a la antropología social o a la psicología de masa y es minimizada gracias a las explicaciones.

• • • El anhelo más profundo de nuestro yo solitario es la supervivencia, ya sea en el aquí y el ahora o en el más allá. Crecer gracias al genio de otros supone ampliar las posibilidades de supervivencia, al menos en el presente y en el futuro inmediato.

• • • No sabemos por qué ni cómo es posible el genio, sólo que ha existido -para nuestro formidable enriquecimiento- y que quizás (cada vez menos) sigue apareciendo. Aunque en nuestras instituciones académicas pululan los impostores que proclaman que el genio es un mito capitalista, me contento con citar a León Trotski, quien urgió a los escritores comunistas a que leyeran y estudiaran a Dante.

• • • La palabra “genio” tiene dos significados antiguos (romanos) que se diferencian en el énfasis. El uno es engendrar, hacer nacer, ser, en suma, un pater familias. El otro se refiere al espíritu tutelar de cada persona, de cada lugar: un genio bueno, o uno maligno, es aquel que, para bien o para mal, ejerce una poderosa influencia sobre alguien más. Este segundo significado ha sido más importante que el primero; nuestro genio es, por tanto, nuestra vocación o nuestro talento natural, nuestro poder intelectual o imaginativo congénito, más que nuestro poder para engendrar poder en otros.

• • • Todos hemos aprendido a diferenciar, con firmeza y decisión, entre el genio y el talento. Clásicamente el “talento” se refería al peso o a una suma de dinero y por tanto, sin importar cuán grande, era necesariamente limitado. Pero el “genio”, incluso en sus orígenes lingüísticos, no tiene límite. Hoy en día existe la tendencia a considerar que el genio, a diferencia del talento, es la capacidad creativa.

• • • Uno de mis objetivos en este libro es definir el genio con mayor precisión de la lograda hasta ahora. Otro es defender la idea de genio, muy maltratada en la actualidad por detractores y reduccionistas, desde los sociobiologistas hasta los materialistas de la escuela del genoma, incluyendo a los diversos historiadores. Pero mi meta primordial es aumentar nuestra apreciación del genio y demostrar cómo se engendra invariablemente gracias al estímulo del genio previo más que por los contextos culturales y políticos.

• • • En este libro he rehuido a los genios vivos, en parte para evitar las distracciones de la mera provocación. Puedo identificar a ciertos escritores que habitan entre nosotros cuyo genio es palpable: el novelista portugués José Saramago, la poeta canadiense Anne Carson, el poeta inglés Geoffrey Hill, y por lo menos media docena de novelistas y poetas estadounidenses y latinoamericanos (a quienes me abstengo de nombrar).

• • • Creo que la definición materialista del genio es imposible, razón por la cual la idea de genio está tan desacreditada en esta época de predominio de las ideologías materialistas. El genio necesariamente invoca lo trascendental y lo extraordinario porque es plenamente consciente de ellos. Es la conciencia lo que define el genio: la conciencia de Shakespeare, como la de su propio Hamlet, nos sobrepasa, excede el nivel más alto de conciencia al que accederíamos de no conocerlo.

• • • El arte de Shakespeare es la naturaleza en sí mismo, y su conciencia puede parecer más el producto de su arte que su productora. Allí, en el extremo de la mente, nos detiene el genio shakesperiano: una conciencia moldeada por todas las conciencias que imaginó. Sigue siendo, y quizás lo sea para siempre, nuestro más grandioso ejemplo del uso de la literatura para la vida, que es en lo que consiste la labor de incrementar la percepción.

• • • Aunque la de Shakespeare es la más inmensa conciencia estudiada en este libro, todas las otras mentes creativas ejemplares han hecho contribuciones a la conciencia de sus lectores y oyentes. La cuestión que habría que plantearles a todos los escritores sería la siguiente: ¿Han engrandecido nuestra conciencia y cómo lo han hecho? Creo que esta es una prueba tosca pero eficaz: ¿Se ha intensificado mi percepción y se ha ampliado y aclarado mi conciencia mientras se me divertía de una u otra forma? Si no fue así, me topé con el talento pero no con el genio. No se ha activado lo mejor y lo más antiguo en mí mismo.


HAROLD BLOOM, Genios, Anagrama, 2005, traducción de Margarita Valencia Vargas


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Los poetas han nacido para ser disidencia. Muchos de ellos, quiero decir. Escribe Marina Tsvietáieva con 16 años, en carta enviada a Piotr Ivánovich Yurkévich:
Y bien, combatir, yo combatiré en el momento álgido por una libertad inalcanzable y por una belleza de otro mundo. No por el pueblo, no por la mayoría que es estúpida, tonta y nunca tiene razón. He aquí una teoría a la que uno puede aferrarse, que jamás fallará: estar del lado de la minoría acosada por la mayoría. Ir en contra - ¡ése es mi lema! ¿En contra de qué?, me preguntará. En contra del paganismo en tiempos de los primeros cristianos, en contra del catolicismo cuando éste se volvió la religión estatal y fue trivializado por sus codiciosos, disolutos y viles servidores, en contra de la república y a favor de Napoleón, en contra de Napoleón y a favor de la república, en contra del capitalismo en nombre del socialismo (no, en su nombre no, sino por un sueño, por un sueño propio, cubriéndose con el socialismo), en contra del socialismo cuando éste se instale en la vida, ¡en contra, en contra, en contra!
No hay nada real por lo que valga la pena luchar, por lo que valga la pena morir. ¡La utilidad! ¡Qué ordinariez! Lo útil con lo agradable, el pedantismo alemán, la fusión con el pueblo… ¡Qué asco, qué mezquindad, qué pobreza!
Morir por… la constitución rusa. ¡Ja, ja, ja! Claro que suena magnífico. ¿¡Para qué demonios me sirve la constitución, cuando lo que quiero es el fuego de Prometeo!? «Palabras grandilocuentes» me dirá usted. ¡Qué importa! ¡Las palabras hermosas y grandilocuentes expresan pensamientos grandiosos, arriesgados! Amo con locura las palabras, su aspecto, su sonido, su inconstancia y su constancia. La palabra lo es - ¡todo! Por la palabra libre murieron los Giordano Bruno y el cismático Avvakum. Murieron por la palabra libre, por la libertad absoluta, por el sonido de la palabra «libertad».

martes, 15 de octubre de 2019

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Seguirán con las putas banderas, seguiremos con ellas. Porque sin ellas tendrían que tratarnos de uno en uno, como seres humanos y no como números; sin ellas tendrían que convencernos con argumentos y casa por casa, porque las banderas son ese invento que apela a lo irracional monstruoso que hay en nosotros para poder controlar grandes territorios y grandes poblaciones. Todo poder ansía tener un instrumento a cuya sola vista la gente se diga: “Se acabó el debate. Somos españoles y punto”.

En ese “y punto” está todo el significado de la bandera: la unidad a toda costa acaba con la conversación. Una vez que aparece la bandera, las palabras sobran y hasta el cerebro sobra: ¿no habéis notado lo que cuesta recuperar la inteligencia una vez que la has suspendido para escuchar el himno nacional?


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Al fin me devolvieron mi portátil Cástor. Después de seis días. Lo entregué con Windows 10, me lo han devuelto con Windows 7; lo entregué con antivirus, me lo han devuelto sin él; lo entregué con Word caducado, me lo han devuelto con una birria de “documento de texto enriquecido”. Y encima me han cobrado 30 euros por no hacer nada, solo por empeorarlo.

Pero no he reclamado, ¿eh? No hay que mancharse con la mediocridad ambiente. Bastante feliz me siento de haber recuperado a Cástor y temo que una reclamación me obligue a devolverlo de nuevo a semejantes incompetentes. Apuesto por el ego, como siempre: lo mío es el egosexo, la egoliteratura y, a partir de hoy, qué remedio me queda, la egoinformática. 


lunes, 14 de octubre de 2019

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SIN ESPAÑA

Esas alas que detienen el vuelo de los colibríes se logran sin España. Ese canto que llena de limones la noche de las cigarras se logra sin España. Ese viento que frota los olmos, esas flores de los manzanos, esos rebecos, esas jirafas.

Sin España el musgo, la fotosíntesis, las caracolas en la playa. Los barcos surcan, los peces nadan, las olas se estrellan contra los arrecifes sin España.

La pelusa de los melocotones se logra sin España, el color encendido de las fresas se obtiene sin España, el Annapurna se alzó sin España y el Gran Cañón del Colorado sin

España,
estado racista que al negro marca y lo persigue, que detiene al mestizo y lo aprisiona, que margina al magrebí y al mantero acosa, que abandona a las mujeres y al catalán golpea mientras los banqueros de grandes culos sonríen escondidos en la niebla.

Sin España se escribió Macbeth y Cumbres borrascosas, sin España Cleopatra se presentó a César en una alfombra enrollada, sin España Buda y Cristo pronunciaron sus discursos de la Montaña y Terencio escribió Homo sum, humani nihil a me alienum puto.

Sin España Cai Lun inventó el papel, Bi Sheng la imprenta, Madame Curie descubrió el radio y Eratóstenes midió la circunferencia de la Tierra. Sin España Zheng He hizo siete expediciones navales por el Océano Índico. El cometa Halley regresa cada 75 años sin España.

Con España
la colmena pica a la abeja, el nido retiene a la golondrina y el ciervo niega su parte de cierva para no ser aislado por la manada,
con España
nace lo propio y lo ajeno, lo bueno y lo malo, el idioma que debe estar arriba y el idioma que debe estar debajo, la historia que niega las historias y la literatura que niega las literaturas,
con España nace el aquí, nace el contra, nace el sobre, nacen los otros,
con España noventa y nueve de cada cien semejantes reciben el nombre de “extranjeros”.

Sin España
las estaciones y Rimbaud, las fases lunares y el Laocoonte, sin España la Ilustración y Nadia Comaneci. Se lame mejor un clítoris sin España, se chupa mejor una polla sin España, los cuerpos se frotan mejor contra otros cuerpos sin España.

Te amo,
te dije una vez sin España.
Te amo y cuántos caballos caben en mis pulmones
cada vez que pienso en nuestro amor
sin España.
Te amo y qué bello será el futuro
sin España.


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MÁS PROVERBIOS AFRICANOS

• • • Los pájaros cantan no porque tengan respuestas sino porque tienen canciones.

• • • Cuando una cosa se vuelve perfecta, pronto se desvanece.

• • • Si dos hombres sabios siempre están de acuerdo, no hay necesidad de uno de ellos.

• • • No hay cosa en el mundo como una oveja de muchos colores.

• • • No zarpe con la estrella de otra persona.

• • • El fuego y la pólvora no duermen juntos.

• • • La lluvia cae sobre la piel del leopardo, pero no le lava las manchas.

• • • Si la cucaracha quiere dominar al pollo, debe contratar al zorro como guardaespaldas.

• • • Cuando la luna no está llena, las estrellas brillan más intensamente.

• • • No llame a un perro con un látigo en la mano.

• • • La serpiente que puedes ver no muerde.

• • • Si tu boca se convierte en un cuchillo, te cortará los labios.

• • • Las mujeres no tienen jefe.

• • • Si cuando trepas a un árbol insistes en ir más allá de la copa, la tierra te estará esperando.

• • • Una pulga puede molestar a un león más que un león puede molestar a una pulga.

• • • Quien ama a una persona fea es quien la hace bella.

• • • Los perros en realidad no prefieren los huesos a la carne; es solo que nadie les da carne.

• • • Qué fácil es derrotar a las personas que no saben encender fuego por sí mismas.

• • • La mosca que no tiene a nadie que le aconseje sigue a un cadáver a la tumba.

• • • No habría disparos en el bosque si la tortuga y el caracol fueran los únicos animales.

• • • No es necesario apagar la linterna de otro para que la tuya brille.

• • • Si ves a un amigo sin una sonrisa, dale una de las tuyas.

• • • Las preocupaciones son feas, es la alegría la que hace florecer las flores.

• • • El mono es siempre una gacela a los ojos de su madre.

• • • Una hermosa niña es como una aguja de seda.

• • • El tonto es la escalera del sabio.

• • • Si no puedes trepar en algún árbol que tu padre haya trepado, pon al menos tu mano en el tronco.

• • • Todo viejo héroe termina pelando el maní de su esposa.

• • • Cuando el ladrón está de acuerdo con el sirviente de la casa, puede sacar un buey por la chimenea.

• • • Quien escucha a los donantes de consejos está a merced del viento.

• • • Es mejor pasar la noche en la irritación de la ofensa que en el arrepentimiento de la venganza.

• • • Si la pantera supiera cuánto le temen, haría mucho daño.

• • • Todos los hombres blancos tienen reloj pero nunca tienen tiempo.

• • • Quien ha sido picado por una serpiente tiene miedo de una simple cuerda.

• • • Las deudas son las tijeras de la amistad.

• • • Haz de tu queja una canción de amor si quieres dejar de sufrir.

• • • Si el cocodrilo se compra pantalones, es porque ha encontrado dónde poner su cola.

• • • No olvidaremos el arbusto detrás del cual nos escondimos cuando le disparamos a un elefante y solo le tocamos.

• • • El manglar de agua dulce baila mal porque tiene demasiadas raíces.

• • • Si la hiena está siempre despierta, es porque sabe que tiene muy pocos amigos sinceros en esta tierra.

• • • El pájaro que nunca ha dejado el tronco de su árbol, no puede saber que en otro lugar hay mijo.

• • • La prisión es la institución principal en cualquier gobierno de partido único.

• • • El proverbio es el caballo de la palabra; cuando la palabra se pierde, es gracias al proverbio que la encontramos de nuevo.


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Un día después del récord increíble pero fabricado de Kipchoge, la también keniana Brigid Kosgei ha batido el récord de maratón femenino, este sí que acreditado y sin ayudas, bajándolo en más de un minuto, pero los medios de comunicación se han comportado como siempre: mientras el récord masculino mereció un gran lugar en casi todos ellos, el femenino no ha merecido la misma cobertura. Se da la circunstancia, además, de que hoy Simone Biles se ha convertido en la gimnasta con más medallas de la historia en los mundiales, con 25 (19 de oro), superando el anterior récord del bielorruso Vitaly Scherbo, y tampoco ha obtenido en los media (salvo excepciones) más que la meada del gato.

Triste es el trabajo que se invierte para que el deporte siga siendo una fiesta del orgullo macho. Cómo se nos ve el plumero.


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Lo que me parezco a Pizarnik, es que es increíble. No me refiero al talento, claro, sino a todo lo demás. Ella detesta Buenos Aires, yo detesto Madrid; ella desprecia a la literatura argentina, yo desprecio a la literatura española desde la muerte de Quevedo; ella sueña con una vida universal, yo también; a ella le salen análisis naïfs a pesar de sus querencias intelectuales, a mí me pasa lo mismo; ella es pura ambición literaria de gloria, yo lo mismo; ella es una bola sexual insaciable, yo también; ella es de una confesionalidad que llega a lo pornográfico, yo igual. También ella se dio cuenta de que no es solo que la soledad te empuje hacia la literatura sino que es la literatura la que convierte tu soledad en crónica.

Ahora, existe una diferencia esencial, la misma que hizo que una mujer genial como ella se suicidara a los 36 años y en cambio a mí me tengáis que seguir aguantando a los 45 (yo también me voy a suicidar, pero de viejo, cuando vea que mi cerebro no funciona bien), y es que ella nació funebrista y yo soy alegrista. Ella tiene una visión pésima de la existencia y yo en cambio me entrego a todas las utopías. Por otra parte, aunque ninguno de los dos somos capaces de despegarnos de nosotros mismos, en Pizarnik este rasgo alcanza niveles patológicos: ella está secuestrada por sí misma de una forma que yo, gran lector de diarios, no he conocido ni de lejos en cualquier otro diarista. Escribe en junio de 1968:
A propósito, quisiera escribir sobre Noches lúgubres, de Cadalso. No lo leí pero creo que es un libro para mí (por el título y nombre del autor).
Esta anotación es rarísima en los diarios de Pizarnik y la copio por eso mismo, porque revela autohumor, por mucho que sea autohumor negro, y demuestra que alguna vez sí que lograba separarse un poco de sí misma. ¿Qué habría pasado si hubiera conseguido tener con más frecuencia momentos como este? Seguramente habría vivido mucho más tiempo y la literatura se habría beneficiado de ello.


domingo, 13 de octubre de 2019

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Si será poderosa la ideología eurocentrista dominante, que no me enteré hasta ayer de que América tiene un nombre anterior indígena, Abya Yala. Dice así la Wikipedia (AQUÍ):
Abya Yala es el nombre con que se conoce al continente que hoy se nombra América, que literalmente significaría tierra en plena madurez o tierra de sangre vital. Dicho nombre le fue dado por el pueblo Kuna en Panamá y en Colombia, la nación Guna Yala del actual Panamá, antes del descubrimiento y arribo de Cristóbal Colón y los europeos.
El nombre es aceptado hoy ampliamente por varias de las actuales naciones indígenas como el nombre oficial del continente ancestral en oposición al nombre extranjero América. Diversas Naciones Originarias también le dieron otros distintos nombres al continente en sus respectivos idiomas de acuerdo con sus propias visiones culturales específicas del concepto de continente o de territorio (Mayab en el caso de los Mayas de la actual península de Yucatán), visiones que no se identificaban con la idea española del continente.
Actualmente, en diferentes organizaciones, comunidades e instituciones indígenas y representantes de ellas de todo el continente prefieren su uso para referirse al territorio continental, en vez del término América. El uso de este nombre es asumido como una posición ideológica por quienes lo usan, argumentando que el nombre "América" o la expresión "Nuevo Mundo" serían propias de los colonizadores europeos y no de los pueblos originarios del continente.

sábado, 12 de octubre de 2019

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A pesar de las liebres que entraban y salían; a pesar de la forma de flecha con la que le protegían esas liebres; a pesar de los vehículos que iban marcando con luces la velocidad exacta a la que debían ir los atletas para batir la plusmarca; a pesar de las zapatillas especiales Nike; a pesar de que se ha elegido la temperatura y la altitud ideal para la carrera, lo que acaba de hacer hace unos minutos Eliud Kipchoge, que ha bajado por primera vez de dos horas en una maratón, es algo INCREÍBLE. Decían muchos expertos que bajar de esa marca era imposible porque el cuerpo del ser humano tiene unos límites. ¿Qué límites?


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Un triste día tienen para celebrar la patria; yo celebro 365 mi apatria.


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—¿Y cuál es el criterio que determina que un país ha tenido una gran historia?
—El número de cadáveres que ha causado. A partir de un millón de cadáveres, tu país es grande.
—Ah, pues el mío es MUY grande.


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Cuando llegué a Madrid leí varios libros de Peter Handke y me pareció un escritor enorme. Que le critiquen su catadura moral (AQUÍ) me parece bien, pero eso no debe impedir que le den el Premio Nobel si es que ha hecho los merecimientos literarios. Pienso en Francisco de Quevedo, mi escritor en español preferido de siempre, que no habría obtenido ningún premio en la actualidad si solo se le valorara por el criterio ético. El jurado del Nobel ya ha cometido muchas estupideces en el pasado al no dárselo a Borges, Pound o Céline a causa de sus inclinaciones ideológicas: no hace falta que cometa una más.


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Leyendo la correspondencia de Hermann Hesse, me acuerdo de Ortega. Sabido es que Ortega solía quejarse del comportamiento irrespetuoso y ultracrítico de los españoles ante los “hombres superiores” y citaba en cambio a algunos países europeos, como Alemania, como ejemplo de lugares donde el hombre superior obtenía reverencia y era escuchado. Sin embargo, Hesse, que nació y vivió en Alemania por aquella época, no ve ese respeto por ninguna parte, al menos en los jóvenes, y se queja varias veces de ello en su correspondencia.

Así responde a una estudiante de filosofía de Friburgo en 1930:
Con toda sinceridad, tengo hoy la impresión de que vosotros, los jóvenes, simplificáis demasiado las cosas. […] Ponéis cien veces más empeño y cuidado y dedicación en vuestras prácticas de remo o natación que en lo intelectual. Está bien, pero entonces quedaos con el deporte y dejad lo intelectual.
Estáis llenos de aspiraciones, tenéis muchos anhelos, muchos oscuros impulsos que de alguna manera quisierais sublimar. Pero lo que no tenéis es respeto. No lo podéis remediar. Sin respeto todo espíritu es un mal espíritu y la credulidad con la que un tonto y buen boy americano venera sus reglas de remo, es más fecunda que el esnobismo irreverente que no conoce las distancias y el maligno nihilismo con el que arrastráis hacia vosotros todo lo espiritual para volverlo a desechar enseguida. Nada de esto me merece consideración alguna.
Así contesta Hesse a otro lector en 1930, aterrado por el mobbing que le hacen algunos lectores alemanes en las cartas que le dirigen:
Quiero responder a su carta en pocas palabras, aun cuando ésta, como todas las cartas similares, me encuentra en una posición de defensa. Muchos de los lectores de mis obras me toman de una manera completamente personal como amigo, como conductor, a menudo directamente como medico y padre espiritual, confesor o consejero, sin contemplaciones hacia mi persona y mi trabajo, sin tener en cuenta que todas estas funciones (consejero, médico, etcétera) sólo tienen sentido en un íntimo contacto personal y que sin el conocimiento de las personas, cultivadas a la distancia, a través de un intercambio epistolar, carecen de valor.
Cuando a veces contesto por excepción algunas de estas cartas porque me ha emocionado la desgracia o la aflicción en ellas expuestas, por lo general estos corresponsales me envían enseguida cartas a intervalos regulares, a veces casi a diario y se acostumbran a utilizarme como descargadero de todo estado de ánimo.
Con bastante frecuencia, si rechazo tales pretensiones, se suceden de parte de los remitentes explosiones de desórdenes psíquicos de carácter tan desagradable y deprimente que durante días quedo como baldado e incapacitado para realizar mi labor. Se muestra entonces lo feo: precisamente, los mismos lectores que más profundizan en mis libros, los que en su mayoría se encuentran en ellos a sí mismos, son quienes no tienen el menor respeto por la personalidad de los ajenos, no tienen para el escritor un ápice de comprensión. Si éste, como persona, se resiste a sus exigencias a menudo desvergonzadas, se irritan y enojan y con frecuencia reaccionan con descargas de vergonzosa hostilidad. Precisamente, lo único que quisiera «enseñar» o a lo que quisiera apelar como escritor: el respeto, falta por completo y la juventud alemana de estos días parece dejar bastante que desear en este sentido. No pretendo significar que el lector debería contemplar al escritor como a un ser superior a él, sino al contrario, considerarlo como su igual y no exigirle lo que él mismo no está dispuesto a dar de sí por ningún motivo.
A este otro lector le responde el mismo año:
Ha llegado su carta. Se parece a muchas otras que recibo. Evidencia la típica posición de su generación: cinismo por falta de responsabilidad, desesperación motivada por la anarquía. No hay remedio para tales males. Carecéis de respeto, no hay en vosotros voluntad para servir, afán de acrecentar la personalidad a través de grandes misiones y la secuela serán las guerras y otras calamidades. Un poco de boxeo y práctica de remo no bastan para reemplazar la religión y la cultura.
No podéis remediarlo. Sois víctimas… pero esto no es motivo para golpear.
Jajaja. Vaya, vaya, vaya con la educación de los alemanes. ¡El pobre Hesse debía permanecer días sin escribir del disgusto que le causaban las impertinencias de sus supuestos admiradores, que eran alemanes y muy alemanes! ¿Eran estos, señor Ortega, los que escuchaban con respeto reverencial a los hombres superiores del tamaño de usted? ¿O es que su cerebro patriotero, una vez más, era incapaz de pensar en lo bueno o en lo malo sin incurrir en la zanja de los-españoles-y-los-demás?


viernes, 11 de octubre de 2019

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Cómo le oprime a Pizarnik la cárcel cultural de la ropa:
Quisiera ser hombre para tener muchos bolsillos. Hasta podría tener siempre un libro en un bolsillo. La ropa femenina es muy molesta. ¡Tan ceñida e incómoda! No hay libertad para moverse, para correr, para nada. El hombre más humilde camina y parece el rey del universo. La mujer más ataviada camina y semeja un objeto que se utiliza los domingos. 

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De mis dos portátiles gemelos, Cástor y Pólux, tengo a Cástor enfermo y en el quirófano, debido a que en una de sus actualizaciones el sistema detectó que su Office era pirata. Y aquí estoy, tirando solo con Pólux, al que se le acumulan las horas de trabajo. ¿Y no es cierto que llevo tres días pensando en Cástor, que es mucho más que un aglomerado de carbono, aluminio, plástico y silicio? 

Recuerdo cuando apareció la revolución de las máquinas de escribir y después los ordenadores, cuántas voces partidarias de lo viejo se alzaron a denunciar la pérdida de romanticismo de los nuevos artilugios. Que el bolígrafo y el papel eran nuestros, que eran como de la casa, que había en ellos no sé qué suerte de artesanía y amistad y erotismo. Hasta hubo quienes reivindicaron el bolígrafo “porque a veces fallaba”, frente a la perfección estúpida de los portátiles.

Yo no he visto esa perfección que dicen sino al revés: son mis portátiles tan imperfectos como mis poemas. Arrancan a la velocidad que les da la gana, se ponen a actualizar cuando a ellos les apetece y cambian misteriosamente sus predeterminados. En el caso de Cástor me ha llegado a pasar que, como a veces no se apaga del todo, al llegar a Maracaná descubro que hay un documento de word abierto con frases misteriosas e intraducibles que me dan mucho yuyu. Por no decir las veces que se me ha volcado el vaso cerveza o kalimotxo sobre ellos, o cuando se me han caído y he acudido a recogerlos más nervioso que si el percance lo hubiera sufrido una persona, o cuando no puedo utilizarlos porque mis gatos se han puesto a dormir encima.

Mi relación con ellos es tan estrecha que hasta recuerdo de qué portátiles (ya fallecidos) salió lo mejor que he escrito, y mantengo una relación tóxica donde a menudo les reprocho lo mal que me escriben:

—Belerofonte sí que me escribía bien. Con vosotros no saco más que chorradas.

Belerofonte (que en paz descanse) fue una leyenda de mis portátiles que me escribió Una mujer kilimanjara (AQUÍ) y Los perros asilvestrados (AQUÍ). A Cástor y Pólux los adquirí en 2015 y aún es pronto para juzgarlos, pero con ellos me he desviado a una propuesta de diario y cuaderno confesional. No sé si la decisión la tomaron ellos o la tomé yo. En el próximo libro que saque, pondré muy clarita la participación de Cástor y Pólux, que hacen y deshacen a su antojo.

Si no os gusta lo que escribo, no me acuséis a mí, que solo soy un mandao.


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Magníficas algunas anotaciones de Charles Simic recogidas en los cuadernos titulados El monstruo ama su laberinto:


• • • La historia es un libro de recetas. Los tiranos son los chefs. Los filósofos redactan las cartas. Los curas hacen de camareros. Los gorilas son gente del ejército. Los cantos que oyes son los poetas lavando los platos en la cocina.

• • • Una vida de vicio arranca en la cuna. Le encantaba gatear bajo las faldas de las amigas de su hermana mayor. Una de ellas le dejó quedarse ahí hasta que se hizo viejo.

• • • Cuatro poetas leyendo. «Mi dolor es más grande que el tuyo», y así a voces toda la noche.

• • • Soñé que Dios me pedía un texto de solapa para su creación.

• • • Lo que decía mi padre de un viejo camarero en nuestro restaurante griego favorito: «Su abuelo manejaba el proyector de sombras en la caverna de Platón».

• • • El nacionalismo es amar el olor de nuestra mierda colectiva.

• • • El poema en prosa es como un perro que habla.

• • • Como muchos otros, crecí en una época que predicaba la libertad y construía campos de esclavitud. En consecuencia, los reformadores de toda laya me aterrorizan. Basta con que me digan que van a servirme una variedad mejorada de jamón cocido bajo en grasa para que sienta náuseas.

• • • Un estudiante de secundaria de New Hampshire que lee un viejo poema chino y se emociona… Una teoría de la literatura incapaz de explicar este milagro cotidiano no sirve de nada.

• • • Las metáforas (que ven semejanzas por todas partes) son internacionalistas en espíritu. Si yo fuera nacionalista, prohibiría el uso de metáforas.

• • • He aquí una ley férrea de la historia: la verdad se sabe justo en el momento en que a nadie le importa una mierda.

• • • La esperanza es que el poema termine siendo mejor que el poeta.

• • • Vivimos en un presente anónimo, convencidos de que si damos nombre a las cosas sabremos dónde estamos.

• • • Todo, por supuesto, es un espejo si lo miras el tiempo suficiente.


CHARLES SIMIC, El monstruo ama su laberinto. Cuadernos, Vaso Roto Ediciones, 2015, traducción de Jordi Doce