martes, 24 de octubre de 2017


Bésame como si mañana fuéramos a sufrir un accidente aéreo
y solo nos quedara esta noche para cubrir de semen los cerrojos,
brindemos ahora que nos sobra sangre de caballo y repitamos
aquello de que yo no soy como los demás hombres y bésame,
aquello de que tú no eres como las demás mujeres y bésame,
bésame como si mañana fuéramos a sufrir un accidente aéreo,
bésame como si esta noche fuera la última fiesta de las linternas,
bésame como si todos los duendes del mundo estuvieran sonriendo,
y todos los misiles apuntando, a esta hora, solo hacia nosotros.



Cansinos Assens, en la tertulia que dirigía en el Café Colonial, impuso la costumbre de que no se hablara de ningún escritor contemporáneo. Adoptó esa norma porque se dio cuenta de que los tertulianos hablaban con mesura de los escritores muertos, pero todo se volvía un guirigay cuando salía el nombre de un escritor vivo. Pienso que esta norma no se podría aplicar en las actuales tertulias de Madrid, porque muchos tertulianos no sabrían entonces de qué hablar.



Las contradicciones ni me alegran ni me entristecen. Pero no quiero quedarme en las contradicciones de siempre sino que busco y trabajo para hacerlas mejores.



En el estupendo documental de History Channel La lucha de los Dioses: Ulises y la maldición del mar (AQUÍ), un experto dice que Ulises era por su repertorio de astucias "el MacGiver de la Antigüedad".



Me he leído Todos los muertos tienen la misma piel, la última novela que me faltaba de las cuatro que publicó Boris Vian con el sobrenombre de Vernon Sullivan. Probablemente es la peor de las cuatro, muy deudora de Escupiré sobre vuestra tumba, pero se lee con la misma sonrisa que las demás. Lo que me gusta de estas gamberradas de Vian, más que su porno barato, sus personajes deleznables o sus tramas imposibles, es el ingenio o detalle en el cinismo que manejan sus protagonistas, sobre todo en Que se mueran los feos y Con la mujeres no hay manera. Copio aquí algunas muestras:

Doy gracias a mis padres por el físico que me han dado. Hay quienes dan gracias a Dios, lo sé..., pero entre nosotros, creo que mezclan a Dios en historias con las cuales no tiene nada que ver. Sea como fuere, mi madre no hizo una chapuza, tampoco mi padre que, al fin y al cabo, le echó una mano.
Ella pareció considerarme como a un pobre idiota..., un tipo con principios, y eso me encolerizó.
Mientras tanto, Mike golpeaba concienzudamente la cabeza del otro guardián contra el cemento. Contaba los golpes con una sonrisa. Se detuvo a los quince. Era un buen número.
–Todo el mundo me toma por idiota...                                                              –Tampoco se equivocan tanto –comentó Gary.
La gente es muy fea –dijo Schutz–. ¿Se ha dado cuenta de que no se puede caminar por la calle sin ver muchísima gente fea? Pues mire, a mí me encanta andar por la calle pero me horroriza la fealdad. Así que me hice una calle y fabriqué gente bonita que paseara... Era lo más simple que podía hacer.
Hicimos el menor ruido posible, pero no nos quedaban muchas fuerzas y no hacer ruido cansa mucho.
Va de señor francés, Luis XIV o Luis XV, no entiendo nada de todos esos números.
No es muy difícil lograr que una chica beba, basta con decirle que no va a poder resistirlo y ella se empeña en demostrar que sí que resiste.



Doy por descontado que las personas más valiosas de Catalunya tienen que haberse vuelto necesariamente independentistas, pues ya me diréis qué catalán puede resistir este NODO continuo en los medios que ayer eran españoles y hoy son españolistas, aparte de las amenazas continuas de sacarles de la UE o prepararles un corralito, sin olvidar esa canallesca ley express que sacó el gobierno para que las empresas catalanas pudieran salir rápidamente de Catalunya, ley a la que llamo canalla porque no se dirigía solo contra los independentistas sino contra todos los catalanes. ¡Quién que conserve un poco de respeto por sí mismo no se va a hacer independentista ante las intimidaciones de esta recua de matones baratos, por favor!



Cada vez soporto menos la compañía, tampoco la que tienen los demás. La última vez que pude quedar con una chica cancelé la cita porque me dijo:

–A ver, es que mañana tengo cena familiar, el jueves he quedado con mi amiga Olga, el viernes tengo cena con los antiguos compañeros del instituto y el sábado una boda en Cuenca. ¿Te viene bien el domingo?

Y es que no puedo sufrir a la gente que tiene más de cinco amigos. ¿Qué pinto yo, que suelo pasarme ocho meses sin quedar con nadie, con una chica con dificultades para hacerme un hueco durante la semana? ¿Y cómo consigue la gente hacer tantos amigos, me pregunto, salvo con diplomacias que envilecen o medias verdades que me repugnan?


lunes, 23 de octubre de 2017


Iceberg vs Batavia. Ahora se puede encontrar en los supermercados de Madrid lechugas de la variedad batavia o edurne, incluso de hoja de roble. Cuando llegué yo, en 2005, solo se vendía un tipo de lechuga que no existía en Vizcaya, la variedad iceberg, a la que no considero en propiedad lechuga sino lechugón, semiberza más apta para roer que para consumir. Cuántas veces he pensado que el carácter imposible de algunos madrileños debe proceder sin duda de llevar cuarenta años comiendo esa burrolechuga.



Todavía existen gentes de izquierdas que siguen con el discurso ya caducado de el pueblo dice, el pueblo piensa, el pueblo quiere… Señores dinosaurios, basta ya: ¡el pueblo se ha vuelto antipueblo! Subsiste una minoría humanista que brilla como una luciérnaga entre cuervos, pero el pueblo de Madrid, en su mayoría, se ha vuelto xenófobo y nacionalista: el pueblo de ahora consiste en una agrupación de fachas que esperan con ansia la llegada de su Donald Trump.



En septiembre pasado pasé de 7000 libros en mi biblioteca y superé la tragedia psicológica en que vivía desde 2010, cuando tuve que donar mi biblioteca a raíz de mi ruptura amorosa. Desde entonces he vivido en pisos muy pequeños que no admitían mucho espacio para libros; pero desde que vivo en Carabanchel he vuelto a las andadas y he superado mi récord de 2010, cuando precisamente tenía 7000. He abierto una botella de cava porque he vuelto a lograr mi sueño: ya no vivo en un piso que tiene libros sino en una biblioteca que además tiene piso.



Forma parte de mis normas la de no ponerme en situación de ser deshonesto, porque sé que soy muy capaz de serlo.



El ex seleccionador de baloncesto Javier Imbroda dice que “escuchar a Guardiola hablar de democracia y del pueblo, es como escuchar a Falete hablando de dieta mediterránea”. Y dale con Falete. En una entrevista en la radio, cuando me preguntaron una vez por mi cantante español favorito y respondí Falete, la presentadora se echó a reír de tal manera que luego se creyó obligada a pedir perdón a los oyentes. Mofarse de Falete es deporte nacional: a la mejor voz de España se le sigue valorando por estar gordo, ser homosexual, vestirse de señora y responder a un estereotipo de lo andaluz.



Lo mejor de mi piso Maracaná es que no cuenta ni con sofá ni con televisión: los dos objetos que han arruinado las mayores vocaciones.


domingo, 22 de octubre de 2017


En el documental de sesgo neoliberal “El comunismo: historia de una ilusión” (AQUÍ), de History Channel, se dice que Stalin revocó en 1926 el decreto del zar contra la venta de alcohol, promulgado en 1914, porque a Stalin le interesaba una población domesticada “y un borracho no se mete en política”.



Ortega y Gasset mantenía que el problema catalán no se podía solucionar, solo conllevar, y pedía para España “otra gran aventura exterior” que volviera a unir en un objetivo común a vascos, castellanos y catalanes. Este pensamiento orteguiano no por acertado me parece menos canalla. ¡Sí, vayamos y robemos nuevas tierras a nuevos indios, matemos en serie y arruinemos sus culturas, solo para solucionar o aplazar nuestros problemas de cohesión territorial!



También se dice en ese documental sobre el comunismo que, de los tres grandes reformistas rusos, Iván el Terrible hizo desaparecer al 50% de la población y Pedro el Grande al 33%, mientras que Stalin, con 55 millones de muertos de 195 posibles, alcanzó a desaparecer “solo” al 28% de sus conciudadanos. De estos espeluznantes datos extraigo tres conclusiones: a) el problema no es el comunismo, sino la pretensión de crear un “hombre nuevo” en muy poco tiempo b) Stalin no inventó el genocidio en el comunismo, sino que formó parte de una manera muy rusa y totalitaria de comportarse en la historia y c) ¿Cuántos millones de rusos habría actualmente si los rusos no hubieran padecido a aquellos tres animales como gobernantes?



Cuántas veces escuché en Vizcaya decir que ETA solo era un pequeño tumor para España: si en lugar de matar a cincuenta personas al año, te subrayaban, matara a cinco mil, la independencia estaba hecha. Y cuántas veces he escuchado decir en Madrid que el problema de España es que el poder central siempre fue demasiado bueno y tolerante con los regionalismos y las demás lenguas españolas, en lugar de haberse comportado como los franceses, que prohibieron las lenguas distintas en Alsacia y Lorena, en Bretaña e Iparralde o en Córcega u Occitania, al punto de encarcelar, pasar a bayoneta o hasta deportar a pueblos enteros, solo con el objetivo de uniformar Francia con una lengua y proyecto comunes. Si nos hubiéramos comportado como los franceses, te dicen, ¡se habrían enterado los nacionalistas de lo que vale un peine! Ante semejantes barbaridades, reconozco que me quedo un momento sin saber qué decir. Pero al fin reacciono: oye, les digo, ¿quién pone los muertos, deportados y encarcelados que necesitáis para conseguir vuestros objetivos, lo mismo de independencia que de uniformidad nacional? ¿Os ofrecéis vosotros mismos como voluntarios, junto con vuestros padres, vuestros hijos y vuestros hermanos?



Con el 80% de los medios controlados por la oligarquía financiero-monárquica y unos intelectuales orgánicos discípulos de Tertuliano, aquel de “creo porque es absurdo”, España se dirige de nuevo a una “larga noche de piedra” (Celso Emilio Ferreiro). ¿Quieres hacer algo por España? Matricúlate en una escuela de periodismo.



Lo bueno del otoño es que empieza a hacer frío y tengo a mis tres gatos inusualmente interesados en dormir en mi regazo. Es el momento de hacer de diva a lo Sofía Loren mientras los tres compiten por subirse a mis rodillas.



En la consulta con la médica de cabecera leí un papel pegado en la pared con instrucciones para evitar la gripe. Uno de los puntos recomendaba abrir la puerta del baño con un poco de papel higiénico, porque los virus suelen habitar en las manos y pueden quedarse en los pomos. ¡Cómo me acordé de la costumbre de Juan Ramón Jiménez de abrir todas las puertas con un pañuelo, y cómo pensé que al fin y al cabo aquel viejo hiperestésico no estaba tan loco!