sábado, 28 de mayo de 2016

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (984): Shakespeare omite misteriosamente a su esposa en la redacción de su primer testamento


A la que había sido su esposa durante treinta y cuatro años, Anne, no le dejó nada; nada en absoluto. Algunos han sostenido para justificar en alguna medida esta omisión que la viuda habría tenido derecho en cualquier caso al usufructo vitalicio de una tercera parte de los bienes de su difunto esposo. Otros han respondido que los maridos más prudentes de la época a menudo especificaban ese derecho en sus testamentos, pues en realidad no siempre estaba garantizado. Pero como documento encargado de recordar a los amigos y familiares con vistas a la disposición final de los bienes cuidadosamente acumulados a lo largo de toda su vida, el testamento de Shakespeare —el último rastro de toda su red de relaciones— sigue resultando sorprendente por el absoluto silencio que guarda en lo tocante a su esposa. La cuestión no es ya que no aparezca ni una sola de las expresiones de cariño al uso —«mi querida esposa», «mi adorada Anne», o lo que fuera—, que convencionalmente recordaban el duradero lazo existente entre marido y mujer. El testamento no contiene ninguna de esas expresiones para ninguna de las personas citadas como herederas, de modo que tal vez Shakespeare, o quizá los abogados encargados de redactarlo, sencillamente prefirieron escribir un documento relativamente frío e impersonal. El problema es que en el testamento que Shakespeare pergeñó en un principio, Anne Shakespeare no fue mencionada en absoluto; es como si hubiera sido anulada por completo.

Alguien —su hija Susanna tal vez, o su abogado— quizá le llamara la atención sobre esa anulación, sobre esa ausencia total de reconocimiento. O quizá cuando estaba ya en el lecho de muerte y las fuerzas se le iban a pasos agigantados, el propio Shakespeare pensara en su relación con Anne, en la atracción sexual que una vez lo había arrastrado a ella, en el fracaso de su matrimonio, que no le había dado lo que quería, en sus propias infidelidades y tal vez las de ella, en la intimidad que había creado lejos de ella, en el hijo al que habían enterrado, en la extraña, irremediable repulsión hacia ella que sentía en lo más hondo de su ser. Pues el 25 de marzo, en una serie de añadidos al testamento —la mayoría de ellos destinados a impedir que el marido de su hija Judith echara la zarpa al dinero que le había legado— reconoció por fin la existencia de su esposa. En la última de las tres páginas, intercalada entre la cuidadosa especificación de la línea sucesoria, por la que se aseguraba de que todos sus bienes fueran a parar, a ser posible, al primer heredero varón de su hija Susanna, y el legado de la «fuente ancha de plata sobredorada» a Judith y el de todos los demás «bienes muebles e inmuebles, contratos de arrendamiento, objetos de plata, joyas y enseres domésticos» a Susanna, encontramos una nueva disposición: «Ítem dejo a mi esposa mi segunda mejor cama con todo su ajuar».

Los especialistas y otros autores han hecho denodados esfuerzos por dar a estas palabras una interpretación positiva: pueden verse otros testamentos de la época en los que la mejor cama es legada no a la mujer, sino a otra persona; la herencia de Anne habría podido ser su lecho matrimonial (pues posiblemente la mejor cama fuera reservada para los huéspedes de importancia); «el ajuar» —esto es, la ropa de cama, los cobertores y las cortinas— tal vez fuera valioso; y además, como decía en tono optimista Joseph Quincy Adams, «la segunda mejor cama, aunque menos costosa, probablemente fuera la más cómoda». En resumen, como decía alegremente un biógrafo en 1940 para convencerse a sí mismo, «era el tierno recuerdo de un esposo».

Si eso es un tierno recuerdo de Shakespeare, se estremece uno al pensar cómo habría sido cualquiera de sus insultos. Pero la idea de ternura es sin duda un capricho absurdo: se trataba de una persona que se había pasado toda su vida imaginando matices exquisitamente precisos del amor y del agravio. A los historiadores del derecho les corresponde debatir si lo que hacía el testador al especificar un solo objeto era en realidad excluir el usufructo vitalicio de la tercera parte de los bienes al que habitualmente tenía derecho la viuda; esto es, desheredarla. Pero lo que este gesto, de una hostilidad elocuente, parecía querer decir en el plano emocional era que Shakespeare había encontrado su confianza, su felicidad, su capacidad de intimidad y su mejor cama en otra parte.


STEPHEN GREENBLATT, El espejo de un hombre, 2004, traducción de Juan Rabasseda-Gascón & Teófilo de Lozoya, págs. 113 y 114. Libro electrónico AQUÍ


ARCADIA LITERARIA (219): Umbral sobre Darío


EDUARDO MARTÍNEZ RICO: La música de la poesía nos lleva a Rubén Darío, que es la música por excelencia en poesía. Tú quieres hacer un libro sobre Rubén Darío.
FRANCISCO UMBRAL: Sí, es uno de mis proyectos, no sé si lo haré, pero me apetece mucho hacerlo.

EDUARDO MARTÍNEZ RICO: ¿Qué hay en Rubén Darío que no está en otros poetas y qué trajo Rubén Darío que no teníamos?
FRANCISCO UMBRAL: Lo cambió todo, porque estábamos en Menéndez Pelayo, Núñez de Arce y Campoamor, y trajo todo, trajo otra vez la verdadera poesía, la poesía lírica, con imágenes, con música, en un mundo totalmente poético. Trajo todo, volvió a empezar.

EDUARDO MARTÍNEZ RICO: Y él es el que pone en marcha la poesía española del siglo XX.
FRANCISCO UMBRAL: El que la pone en marcha, claro, por supuesto. Influye mucho en el 98, a Valle-Inclán, que es un modernista como él. Y en el 27 influye mucho también; Vicente Aleixandre decía que él sin Rubén no habría sido poeta. Y hay modernismo en Aleixandre; aunque él hace surrealismo, hay modernismo en Aleixandre.

EDUARDO MARTÍNEZ RICO: A ti la personalidad de Rubén Darío te es simpática, ¿no?
FRANCISCO UMBRAL: Sí, me gusta, me es simpática y me es entrañable, porque le veo un hombre triste, frustrado, presa del alcohol, con complejo de indio, con muchas complicaciones amorosas, casi siempre sin dinero, un hombre bueno. Me resulta bastante entrañable. Y luego tiene toda esa aureola de mundanismo, de poeta fácil, la parte mala de Rubén, de poesía de abanico para las señoras, así se las tiraba. Pero no importa. Sí, es el principio de todo, porque la poesía española estaba acabada, estaba muerta con Campoamor, Núñez de Arce, etc. La poesía española acabó con Bécquer en el siglo XIX y ya no hubo más.

EDUARDO MARTÍNEZ RICO: ¿Crees que Rubén Darío conecta también con Bécquer?
FRANCISCO UMBRAL: No, no tiene nada que ver, es otra cosa.

EDUARDO MARTÍNEZ RICO: Es una revolución en España.
FRANCISCO UMBRAL: Total, Rubén Darío es una revolución total. Yo lo he escrito muchas veces: fue una revolución que cambió no sólo la poesía, cambió la forma de las lámparas, la forma de los culos de las señoras. Lo cambió todo.


EDUARDO MARTÍNEZ RICO, Umbral: Vida, obra y pecados. Conversaciones, Ediciones Foca, 2001, págs. 112 y 113

TROYA LITERARIA (1004): Donoso sobre "Doctor Zhivago", de Pasternak


Si la novela Doctor Zhivago, de Boris Pasternak, tuvo esos mismos defectos –defectos que aparecen como tales porque el autor eligió el estilo realista–, no es raro que sea una obra que al cabo de poco tiempo, después de su inmensa popularidad, haya desaparecido de las librerías y ya nadie hable de ella. Buena lección de humildad para los novelistas totalizadores que aspiran a lo eterno.


JOSÉ DONOSO, Diarios, ensayos, crónicas: La cocina de la escritura, Ril Editores, Santiago, 2009, pág. 81

ARCADIA LITERARIA (218): García Márquez sobre Neruda


Conocí a Neruda en 1959, cuando cayó Pérez Jiménez. Él estaba en Caracas y yo fui a visitarlo. Yo era periodista, pero ahora que caigo en la cuenta, ¡lo admiraba tanto que no fui capaz de hacerle un reportaje, carajo! Ahora me doy cuenta...

Desde entonces, siempre he creído que Pablo Neruda es el más grande poeta del siglo XX en todos los idiomas. Tanto, que habiéndose metido en un callejón difícil —su poesía política, poesía de guerra— había siempre una gran poesía en todo lo que escribía. Era una especie de rey Midas: todo lo que tocaba lo convertía en poesía.


GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, fragmento publicado en 1973 en la revista Cromos, recogido por El espectador en Gabriel García Márquez evoca a Pablo Neruda, 19 de abril de 2014. Todo el artículo AQUÍ

viernes, 27 de mayo de 2016


AUTORRETRATOS (XIII): Marsé


I

El rostro magullado y recalentado acusa diversas y sucesivas estupefacciones sufridas a lo largo del día, y algo en él se está desplomando con estrépito de himnos y banderas. Este sujeto, sospechoso de inapetencias y como desriñonado, podría ilustrar no sólo una manera de vivir, sino también la naturaleza social del mundo en que uno vive: mientras el país no sepa qué hacer con su pasado, jamás sabrá qué hacer con su futuro. De ahí la pupila descreída y la estatura escasa, escépticos los hombros, incierta la sonrisa y oscuros sus designios. Avanza cabizbajo y patizambo y con una leve cojera en la pierna derecha, tan leve que tampoco ella tiene posibilidades de futuro, y ni siquiera es elegante.

Hay en los ojos harapientos, arrimados a la nariz tumultuosa, una soñolienta nostalgia del payaso de circo que siempre quiso ser. Es fláccida la encarnadura facial, quizá porque la larga invernación intelectual y muscular, el aburrimiento, el alcohol y la luctuosa telaraña de casi cuarenta años de censura han abofeteado y abotargado las mejillas. La escarcha triste de la mirada y el incongruente rizo indómito son memoria de una adolescencia que le fue escamoteada. La niñez indigente y callejera, flanqueada por las altas tapias imperiales de lo prohibido, clama todavía en esa cara aniñada y en ese pelo ensortijado.

He aquí un hombre que espera cualquier autobús en cualquier parada, rumiando cualquier cosa. Visto de espaldas, mientras se aleja, es la mismísima imagen del pesimismo y del más celoso anonimato. Una solapada fatiga dorsal acucia su vieja disposición para la trola y el chisme y el vamos a contar mentiras tra-la-rá.

Es terco y perseverante tanto en sus amores como en sus odios. Es también el espécimen más vocacionalmente gandul que conozco. Su actividad soñada es dimitir de todo, incluso del tiempo y del espacio. De ahí quizá su actividad real: matar el tiempo y el espacio con espejismos que reflejen el rojo sol de la verdad. 


II (Segunda versión)

Siempre pertrechado para irse al infierno en cualquier momento. El rostro magullado y recalentado acusa las rápidas y sucesivas estupefacciones sufridas a los largo del día, y algo en él se está desplomando con estrépito de himnos idiotas y banderas depravadas. Las facciones se traban, compulsivas, antes de desmoronarse. Se trata de un sujeto sospechoso de inapetencias diversas y como deslomado, desriñonado y despaldado. Ceñudo, maldiciente, tiene la pupila desarmada y descreída, escépticos los hombros, la nariz garbancera y un relámpago negro en el corazón de la memoria.

No ha tenido mucho gusto en haberse conocido, habría preferido pasar de largo de sí mismo, pero acepta resignado el saludo hipócrita del espejo y la broma pesada de la vida: al nacer se equivocó de país, de continente, de época, de oficio y probablemente de sexo. Hay en los ojos harapientos, arrimados a la nariz tumultuosa, una incurable nostalgia del payaso de circo que siempre quiso ser. Enmascararse, disfrazarse, camuflarse, ser otro. El Coyote de Las ánimas. El jorobado del cine Delicias. El vampiro del cine Rovira. El monstruo del cine Verdi. El fantasma del cine Roxy. Nostalgia de no haber sido alguno de ellos. Es fláccida la encanadura facial, quizá porque la larga ensoñación detrás de las máscaras imposibles, el aburrimiento y el alcohol y la luctuosa telaraña franquista de casi cuarenta años abofetearon y abotargaron las mejillas y las ilusiones. 

El tipo es bajo, desmañado, poco hablador, taciturno y burlón. No se considera un intelectual, y soporta mal que le traten como si lo fuera. Ama las tabernas y las papelerías de barrio y los flancos luminosos de los quioscos que exhiben tebeos y novelas baratas de aventuras. Las banderas le producen auténtico terror. Come ensaladas y escribe a mano. Y en un país en el que nadie dimite jamás, ni aún después de haber probado algunos políticos su ineptitud o su cinismo ante el pueblo, él solo piensa en dimitir de todo, incluso de esta página.

Pero no hay nada que le aburra tanto como hablar de sí mismo, así que basta. Vestido de diablo y ligero de equipaje –algunos discos, algunos libros (ninguno de Baltasar Porcel, por supuesto), algunas fotos– se va por fin al infierno. Abur.


JUAN MARSÉ, Autorretrato, originariamente publicado en Señoras y señores (Barcelona, Punch, 1975) y en Señoras y Señores II (Barcelona, Tusquets Editores, 1988), recogido en El Cultural de El Mundo, 6 de noviembre de 2008 (AQUÍ)

ARCADIA LITERARIA (217): Woolf sobre Dostoyevski


Sin duda, [Dostoyevski] es el escritor más grande que ha existido y si decide hacerse horrible, ¿qué será de nosotros? Nos parte la Luna de Miel. Si lo dice él que no hay esperanza, no nos queda más que suicidarnos en el Canal de la Mancha.


VIRGINIA WOOLF, fragmento de una carta a Lytton Strachey enviada desde España el 1 de septiembre de 1912, recogida por Viviane Forrester en Virginia Woolf: El vicio absurdo, Ultramar, Madrid, 1981, traducción de Víctor Pozanco y Emilio Teixidor, pág. 131

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (983): Tolstói se "desilusiona" al saber que la mordedura de un perro con rabia no siempre es mortal


Según Bunin, Tolstoi, que parecía obsesionado con la terrible enfermedad de la rabia, preguntó al profesor Usov, que era un naturalista, si era verdad que un hombre, mordido por un perro rabioso, moría fatalmente a las seis semanas, y el profesor contestó que no siempre llevaba consigo la muerte una mordedura de esta clase, y Tolstoi hizo un comentario extraño: "¡Ah! ¡Qué lástima! Esta idea me gustaba mucho; es tan bonito: un perro te muerde y sabes que morirás fatalmente dentro de seis semanas y puedes decir la verdad, sin rodeos, a todo el mundo y hacer lo que te plazca". Y Tolstoi insistió ante el profesor de nuevo, preguntándole si estaba seguro de que algunas veces no se moría quien era mordido por un perro con rabia. Esto le desilusionaba.


JOSÉ JIMÉNEZ LOZANO, Impresiones provinciales, Confluencias Editorial, Salamanca, 2015, págs. 66 y 67

jueves, 26 de mayo de 2016

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (982): El cadáver de Neruda ya ha recibido cuatro entierros


Murió hace casi 43 años y ha tenido cuatro funerales: en 1973, 1974, 1992 y ayer [26 de abril de 2016]. El cuerpo del poeta Pablo Neruda regresó al balneario chileno de Isla Negra, de donde fue exhumado en abril de 2013 por orden de la justicia. El juez Mario Carroza, que investiga la verdad judicial de su deceso, determinó hace tres años que las osamentas debían analizarse para saber si el Nobel falleció el 23 de septiembre de 1973 solo a causa del cáncer de próstata, como siempre se supo, o fue asesinado en la clínica, según denunció en 2011 su chófer. Aunque el magistrado todavía no ha cerrado el caso a la espera de las últimas pruebas científicas, decidió devolver los restos a sus descendientes para que fueran enterrados, nuevamente, en su tumba a orillas del Pacífico. 

[...] El Nobel ha sido enterrado antes en otras tres ocasiones. El primer funeral se realizó el 23 de septiembre en el Cementerio General, dos días después de morir en la clínica Santa María. Arrancaba la dictadura de Augusto Pinochet y fue probablemente la primera manifestación pública contra el régimen. Seis meses más tarde, sin embargo, las amistades que habían prestado la tumba le pidieron a la viuda, Matilde Urrutia, que trasladara los restos. El 7 de mayo de 1974, el cuerpo del poeta fue enterrado en un sitio mucho más sencillo del mismo cementerio. Y en 1992, en la naciente democracia chilena, se realizó un funeral de Estado. Las osamentas fueron trasladadas a Isla Negra, como era el deseo del poeta.


ROCÍO MONTES, Pablo Neruda: El poeta de los cuatro funerales, El País, 27 de abril de 2016. Toda la noticia AQUÍ

ARCADIA LITERARIA (216): Gide sobre Hammett


16 de marzo de 1943

Leído con vivísimo interés (y por qué no atreverme a decir: con admiración) The Maltese Falcon de Dashiell Hammet, del que ya había leído, pero en traducción, la sorprendente Cosecha roja, el verano pasado, muy superior al Falcon, al Thin Man y a una cuarta novela, manifiestamente escrita por encargo y cuyo título no recuerdo en este momento. En lengua inglesa, o al menos americana, numerosas sutilezas de los diálogos se me escapaban; pero en la Cosecha roja, esos diálogos, conducidos de mano maestra, darían una lección a Hemingway y al mismo Faulkner; y todo el relato lo lleva con una habilidad, un cinismo implacables… Es, en ese género muy particular, lo más notable que he leído, me parece. Tendría curiosidad por leer la inencontrable Llave de cristal que me recomendaba tan calurosamente Malraux.


ANDRÉ GIDE, Diario, ABC, S.L., 2004, traducción de Laura Freixas, pág. 309

martes, 24 de mayo de 2016

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (981): Virginia Woolf sospechaba que le iban a acusar de feminista y lesbiana cuando publicara "Una habitación propia"


Miércoles 23 de octubre de 1929

Voy a resumir aquí mis impresiones antes de publicar Una habitación propia. Es un poco ominoso eso de que Morgan no vaya a hacer la crítica. Me hace sospechar que hay en el libro un tono femenino, estridente, que desagradará a mis amigos íntimos. Preveo pues que no tendré crítica, salvo en forma de evasivas y bromas, por parte de Lytton, Roger y Morgan; que la prensa será amable y hablará del encanto y la vivacidad del libro; se me acusará de feminista y se insinuará que soy lesbiana; Sibyl me invitará a almorzar; recibiré muchas cartas de mujeres jóvenes. Me temo que el libro no será tomado en serio. Dudo que eso me preocupe. No es gran cosa, diré; y es cierto, pero lo escribí con ardor y convicción.


VIRGINIA WOOLF, Diario íntimo II (1924-1931), Grijalbo Mondadori, traducción de Laura Freixas, Madrid, 1993, pág. 152

lunes, 23 de mayo de 2016


ARCADIA LITERARIA (215): Zurita sobre Dante y Joyce


Mis modelos fueron dos; uno fue lógico, es muy extraño: el principal, fue el modelo de Dante, lo que es una cosa enorme, por el sentido de la estructura. La Divina Comedia es un poema con un equilibrio estructural impresionante, eso me hacía mucho sentido: el hecho de que los tres poemas terminaran por la palabra estrella. La construcción de La Divina Comedia fue la que a mí me enloqueció como estructura, como diseño, como armazón. Me interesaba la idea que yo venía arrastrando de la ingeniería de obras que fueran grandes proyectos, que no eran colección de poemas, no eran libros de colección de poemas, no eran poemarios. No eran poemas aislados. Eran una estructura, una obra, un conjunto. Y el otro, curiosamente, por admiración, y ha sido de toda la vida, fue James Joyce, tanto el Ulises como lo que he podido leer a trozos de Finnegans Wake. También me maravillaron la construcción, la estructura, o sea el hecho de que un tipo haya formado la Odisea en la vida de un simple ser humano, en un día, es una cosa tan crucial, que a mí me conmovió tanto, sobre todo el monólogo final del Ulises. Después la estructura del Finnegans Wake; como digo son libros prácticamente imposibles de leer, pero a mí me emocionan. Es como en un gran plano, una gran panorámica, era eso.

RAÚL ZURITA: "Todo poema, toda poesía, son pequeñas islas en el océano infinito del silencio", entrevista de Benoît Santini, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2003. Toda la entrevista AQUÍ

Veinte tuits


• • • • • Estamos convirtiendo el planeta en una gigantesca taza de váter. Nosotros que íbamos a tocar las estrellas.

• • • • • La de estupideces que he hecho en mi vida. Y eso que no he tenido dinero.

• • • • • No existen escritores para todos los públicos. Escribir es crearse enemigos en todos los públicos.

• • • • • Como un druida hago marmitas de palabras, pero no hay ninguna magia en mí: solo mis balcones arrasados de macetas llenas de muerte.

• • • • • Con los años uno se da cuenta de que no es el sexo sino el amor lo que es una cochinada.

• • • • • Dejaron de temer a la ciudadanía. Y los accionistas de la camisa planchada de oro salían de madrugada para romper el cuello de los ganados.

• • • • • El que se atreve a declarar su amor a la chica que ama puede hacer el ridículo durante cinco minutos, pero el que no se atreve hace el ridículo durante toda la vida.

• • • • • Cuando el unicornio se enamora, escribe con el cuerno mirando hacia dentro, lleno de angustia bolígrafa.

• • • • • La derecha no tiene ideales y la izquierda prefiere tenerlos a cumplirlos.

• • • • • Era bella pero simétrica, cultivada pero perfecta, interesante pero exacta. Pedía a gritos un poeta que la desordenase.

• • • • • Los buenos amores producen mala literatura, los malos la producen buena y los peores te quitan las ganas de escribir.

• • • • • No quiero vivir contigo y contra todos sino contigo y aunque todos.

• • • • • Confunden la brillantez con la inteligencia, la elocuencia con la profundidad, la metáfora con el concepto.

• • • • • No puedo vivir de fracaso en fracaso, y de victoria en victoria no quiero.

• • • • • La diferencia entre ella y yo estribaba en que yo, doméstico, soy muy capaz de asalvajarme, pero ella, salvaje, era imposible de domesticar.

• • • • • A veces me viene la idea de que intentar conocerse es el gran error y que de mí debería saber lo mismo que una hortensia de botánica.

• • • • • El desengaño ha creado más escritores que las universidades, las bibliotecas y los talleres de lectura.

• • • • • Cuando estuve enamorado, nunca noté mariposas en el estómago. Más bien mineros que trabajaban con picos y palas en turnos de veinticuatro horas.

• • • • • Cuántos héroes lo han sido solo porque una mujer les estaba mirando.

• • • • • Aunque la flecha del odio salió mucho más tarde que la del amor, pronto se vio que iba más rápida.


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domingo, 22 de mayo de 2016

TROYA LITERARIA (1003): Antonio Machado sobre Joyce


Si la obra de Proust es el poema de la memoria, la obra de Joyce pretende ser el poema de la percepción, horra del lógico esquematismo, mejor diré de la expresión directa del embrollo sensible, la caótica algarabía en que colaboran, con la heterogeneidad de las sensaciones, toda suerte de resonancias viscerales. Exigir inteligibilidad a esta obra carece de sentido, porque el lenguaje no tiene en ella nada que comunicar. Las palabras, a veces, se reúnen en frases que parecen significar lógicamente algo, pero pronto observamos que se asocian al azar o por virtud de un mecanismo diabólico. El lenguaje es un elemento más del caos mental, un ingrediente del bodrio psíquico que el poeta nos sirve.

Si la obra de Proust es literalmente un punto final, mejor diré un canto epilogal, en tono menor, de todo un siglo de novelas, la obra de Joyce es una vía muerta, un callejón sin salida del solipsismo lírico del mil ochocientos. La extrema individuación de las almas, su monadismo hermético y autosuficiente, sin posible armonía preestablecida, es la gran chochez del sujeto consciente que termina en un canto de cisne que es, a su vez –¿por qué no decirlo?–, un canto de grajo.


ANTONIO MACHADO, fragmento del discurso de ingreso en la Academia de la Lengua (1931), recogido por Carlos G. Santa Cecilia en La recepción de James Joyce en la prensa española (1921-1976), Universidad de Sevilla. Secretariado de Publicaciones, 1997, pág. 91

ARCADIA LITERARIA (214): Canetti sobre Goethe


Si a pesar de todo vivo se lo debo a Goethe, como solo a un dios puede debérsele algo. No es una de sus obras, es el clima sentimental y el cuidado y la minuciosidad de una existencia llena lo que de repente me subyugó. Da igual por dónde lo abra, puedo leer aquí unos poemas, allí unas cartas o algunas páginas de un relato; a las pocas frases se apodera de mí y me llena de una esperanza que ninguna religión puede darme. […] Desde que leo a Goethe, todas mis empresas me parecen legítimas y naturales; no es que sean sus empresas, son otras, y es muy dudoso que puedan conducir a algún resultado concreto. Pero él me autoriza: ¡haz lo que tengas que hacer –dice–, aunque no sea nada arrebatado y ardiente, respira, observa, medita!


ELIAS CANETTI, recogido por Martin Bollacher en el prólogo a Historia de una vida. Obras completas II, Galaxia Gutenberg / Círculo de lectores, Barcelona, 2003, traducción de Adan Kovacsics, pág. XIII

Una reflexión de Vargas Llosa


En efecto, las novelas mienten —no pueden hacer otra cosa— pero ésa es sólo una parte de la historia. La otra es que, mintiendo, expresan una curiosa verdad, que sólo puede expresarse encubierta, disfrazada de lo que no es. Dicho así, esto tiene el semblante de un galimatías. Pero, en realidad, se trata de algo muy sencillo. Los hombres no están contentos con su suerte y casi todos —ricos o pobres, geniales o mediocres, célebres u oscuros— quisieran una vida distinta de la que viven. Para aplacar —tramposamente— ese apetito nacieron las ficciones. Ellas se escriben y se leen para que los seres humanos tengan las vidas que no se resignan a no tener. En el embrión de toda novela bulle una inconformidad, late un deseo insatisfecho.


MARIO VARGAS LLOSA, La verdad de las mentiras, Alfaguara, Madrid, 2005, pág. 16