viernes, 6 de marzo de 2015

TROYA LITERARIA (685): Unamuno sobre Galdós


EL HERALDO DE MADRID - VIERNES 13-II-1920 - SALAMANCA

Para ensalzar la memoria del insigne autor de los Episodios Nacionales, se celebró una velada en el teatro Bretón, en la que hicieron uso de la palabra varios oradores. Unamuno habló después diciendo cosas tan amenas como las siguientes: 

No quiero volver a leer los libros de Galdós, que tanto me hicieron llorar en la juventud, porque ahora me harían reír. Las novelas de Galdós no dicen nada; de ellas no quedará recuerdo.
Las obras galdosianas carecen de elemento cívico; encuentro en ellas mucha tristeza y poca realidad.
De tantas cosas como trata en sus obras no dedica ni el más remoto recuerdo a su país, a Gran Canaria.
En Galdós no hay problemas obreros, nada de la cuestión social, nada del problema agrario: sólo habla de la cuestión religiosa y de la maldita clase media, que ni es clase ni media. También abundan los personajes maniáticos.
El teatro galdosiano no ha sido más que un campo de experimentación para la propaganda política.
Hay quien ha querido comparar a Galdós con Tolstoi. La comparación está bien; con la única diferencia de que el primero estaba con Sagasta y el segundo con Dios.
Laborioso sí fue, y éste es el mejor ejemplo que deja para la juventud; trabajó mucho, como un jornalero; pero no por ideas, sino por cuestiones económicas.
La lectura de las obras de Galdós es monótona como el espectáculo de un río tranquilo.
Era optimista. Razones económicas y domésticas lo llevaron al teatro, en el que no logró triunfar; sólo estrenó una obra regular: El Abuelo. Si logró la benevolencia de los públicos, fue por respeto.

El público salió muy entristecido de la velada necrológica exclamando: “Pobre Galdós.”


EL HERALDO DE MADRID, "Unamuno, el iconoclasta", 13 de febrero de 1920


NOTA: Se pueden leer todas las reacciones a estas críticas AQUÍ. Y lo que opinaba Unamuno de Galdós cuatro años antes AQUÍ 

jueves, 5 de marzo de 2015

181


Piano

Nuestro amor fue un relámpago
al que siguió un trueno
de diecisiete años.

(Hasta el amor funciona
cuando el viento
se pone al piano).


BATANIA / NEORRABIOSO, Piano, La poesía ha vuelto y yo no tengo la culpa, Madrid, 2014, págs. 234




martes, 3 de marzo de 2015

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (746): Carlos Fuentes se "deprimía" cada vez que alguien lograba acabar su obra "Terra Nostra"


ELIGIO GARCÍA MÁRQUEZ: Terra Nostra ya tiene su fama particular: es un libro muy difícil. Es un libro que muchos no han logrado acabar…
CARLOS FUENTES: ¿Lo terminaste tú?

ELIGIO GARCÍA MÁRQUEZ: Lo leí a pedazos, para serte franco, saltándome muchas partes: y si llegué al final no fue por el placer sino por la obligación del reportaje: dijiste que la condición era que lo terminara. Pero son muchos los lectores, te repito, quienes tampoco han llegado al final del libro, y esto es lo importante. Esa es mi pregunta: ¿Es que no te preocupa el lector, el lector corriente?
CARLOS FUENTES: No, nunca pienso en el lector. Para nada. Terra Nostra no está hecha para lectores. Y me deprime profundamente cuando alguien lo termina. Al escribirla estuve absolutamente seguro de que nadie la iba a leer e incluso lo hice con ese propósito. Pero cuando mi amigo Mario Moya Palencia me llamó desde México para decirme que la había leído y me dio pruebas de que sí lo había hecho, me sentí entonces profundamente derrotado. Me dije: qué barbaridad, si existe en este mundo alguien que la lea. Pero aún así, a pesar de mi amigo Moya Palencia y de algunos otros, me di el lujo de escribir un libro sin lectores.

ELIGIO GARCÍA MÁRQUEZ: ¿Para qué lo escribiste, entonces?
CARLOS FUENTES: Para sacarlo del cuerpo, para exorcizar los demonios que me habitan. Tenía que hacerlo. Sólo así pude descansar, sentirme tranquilo.


ELIGIO GARCÍA MÁRQUEZ, Carlos Fuentes y los misterios de “La Renaudiere”, incluido en Son así: reportaje a Nueve Escritores Latinoamericanos, Editorial La Oveja Negra, Bogotá, 1982, pág. 52

180


La puta de Montera

Aquella puta cuarentona
que me calcé por treinta y cinco euros
en Montera.

Aún la recuerdo.

Me dijo
que si pusiera una detrás de otra
todas las pollas
que se había tragado en su vida
podría hacer una cadena que cruzara el Atlántico.

No parecía bromear.

Aquel día volví a casa muy jodido:
¿Tantas pollas
como para hacer una cuerda hasta Tegucigalpa?

Desde entonces no escribo.

Por más que busque el poema,
yo nunca podré hacer
nada tan grande.


BATANIA / NEORRABIOSO, La puta de Montera, La poesía ha vuelto y yo no tengo la culpa, Madrid, 2014, págs. 233

lunes, 2 de marzo de 2015

ARCADIA LITERARIA (98): Jorge Guillén sobre Valéry


JOSÉ MIGUEL ULLÁN: Como es bien sabido, usted tradujo a Valéry. Creemos que este poeta francés vino alguna vez a Madrid para dar una conferencia en la célebre Residencia de Estudiantes. ¿Le conoció usted allí? ¿Cuáles fueron sus relaciones personales? Asimismo, sin abandonar ese albergue mítico, ¿puede hablarnos de su estancia en la Residencia y del contacto con los otros compañeros de generación que habitaban en ella?
JORGE GUILLÉN: Conocí en París a Valéry, hacia 1921 o 22. Por cierto, sí, coincidí luego con él, en la Residencia de Estudiantes de Madrid en 1925. Iba a su casa por la mañana, sin previo aviso. Y allí, pues… había un momento de conversación muy sencilla, muy familiar. Tenía mucho encanto personal Valéry. Su obra en verso se llama Charnies; pero, bueno, el que tenía el charnie, ante todo, era él. En efecto traduje Le Cimentiére Marin. A Valéry le gustó. Él sentía y entendía el español desde la lengua italiana, la de su madre, que a él le era familiar. Y me escribió una carta, que yo guardo, en que me decía: “Je m’adore en espagnol”. A mí me interesaba Valéry por la elevación del tema y el rigor del estilo. Su contenido no me podía ser más remoto: escepticismo total, narcisismo, formalismo extremo en la concepción… Decía que no le importaba el asunto, que el asunto era la forma, pero no era verdad, se contradecía fatalmente. Yo no reniego nunca de lo que me ha formado y enriquecido. He admirado y admiro a Valéry, pero que quede bien claro que la poesía pura no me importa nada.


JOSÉ MIGUEL ULLÁN, Jorge Guillén entre el éxodo y el cántico, entrevista del 16 de octubre de 1977, recogida en Voces para un Cervantes, El País, 2013

domingo, 1 de marzo de 2015

TROYA LITERARIA (684): Conrad sobre Dostoyevski


Conrad usaba monóculo y no le gustaba la poesía. Según su mujer, en toda su vida sólo dio su aprobación a dos libros de versos, uno de un joven francés cuyo nombre ella no recordaba, y otro de su amigo Arthur Symons. Aunque también hay quien asegura que le gustaba Keats y que detestaba a Shelley. Pero el autor que más detestaba era Dostoyevski. Lo odiaba por ruso, por loco y por confuso, y la sola mención de su nombre le provocaba arrebatos de furia. Era un devorador de libros, con Flaubert y Maupassant a la cabeza de sus admirados.


JAVIER MARÍAS, Joseph Conrad en tierra, Vidas escritas, Suma de Letras, Madrid, 2002, pág. 35

Centellas XVII


sábado, 28 de febrero de 2015

179


Hijos

Para qué quiero hijos, me pregunto.

Para llevarlos a la biblioteca
y me digan papá,
por qué nos traes siempre a esta sección
donde nunca hay nadie.


BATANIA / NEORRABIOSO, La panadera, La poesía ha vuelto y yo no tengo la culpa, Madrid, 2014, págs. 232

viernes, 27 de febrero de 2015

El domingo 8 de marzo regresa Crítica Feroz


Teniendo en cuenta que Crítica Feroz fue un formato que triunfó rotundamente, con asistencias de hasta ninguna persona en algunas de sus diecisiete sesiones, y que nadie me ha pedido ni de rodillas ni como mera sugerencia que lo recupere, he decidido volver a convocar tertulias de lo mismo. En esta nueva etapa, como muestra de buena voluntad, cada participante recibirá de regalo un paquete de kleenex. Recuerdo que cada asistente debe llevar un poema fotocopiado diez veces, y que una vez que lo lea, no puede contestar a las críticas (también se admiten elogios) de los demás. No se puede faltar el respeto ni hablar de nada que no se refiera a los versos leídos. Las reuniones serán en mi casa, todos los domingos, a partir de las 18:00, con vino tinto y salchichón. La primera será el 8 de marzo, día de la mujer trabajadora. Animaos. La mayoría de los poetas suele salir siniestrada de estas sesiones, pero siempre aparece el típico insolidario que lee un poema genial y se marcha pletórico y sin daño. El que quiera acudir y no sepa dónde está mi casa, que me envíe un correo a neorrabioso@yahoo.es.



jueves, 26 de febrero de 2015

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (745): Neruda responde a las críticas que se le hacían por llevar vida de millonario


RITA GUIBERT: Muchas veces usted ha sido fuertemente atacado por la forma en que vive y por su solvencia económica...
PABLO NERUDA: En general eso es un mito. Nosotros hemos recibido una herencia bastante mala en cierto sentido de España. Nunca pudo tolerar que su gente sobresaliera, que se distinguiera en algo. Como se sabe, a Cristóbal Colón lo encadenaron de vuelta a España. Yo creo que de España recibimos ese impacto de la pequeña burguesía envidiosa que se pasa pensando en lo que tienen los demás y en lo que no tiene ella. Yo he dedicado mi vida a las reivindicaciones del pueblo, y lo que yo tengo en mi casa, mis libros, es producto de mi propio trabajo. Yo no he explotado a nadie. Pero este reproche no se lo hacen nunca a los que tienen grandes fortunas como herencia. Nunca se lo hacen a los escritores ricos por familia. Se piensa que ellos tienen dere­cho a tener medios económicos superiores a los otros. En cam­bio, de un escritor que como yo tiene prácticamente 50 años de trabajo, están todo el tiempo diciendo: “Mire, mire cómo vive. Tiene una casa frente al mar, toma un buen vino.” Es bien difícil tomar un mal vino en Chile porque casi todo el vino en Chile es bueno. En fin, todo este coro de los cretinos de nuestro tiempo me tiene sin cuidado. Es un problema que en cierto modo refleja el subdesarrollo de nuestro país, la mediocridad de nuestro medio. Usted misma me ha contado que a Norman Mailer le habían pagado unos 90.000 dólares por tres artículos en una revista norteamericana. Aquí, si un escritor latinoamericano recibiera una compensación así por su trabajo despertaría una ola de protestas de los otros escritores, diciendo: “¡Qué abuso! ¡Qué malo! ¡Pero dónde vamos a parar!”, en vez de quedarse todo el mundo contento de que un escritor pueda alcanzar tales hono­rarios. Bueno, como digo, estos son males del llamado sub­desarrollo cultural.

RITA GUIBERT: ¿No será esa acusación más intensa por pertenecer usted al Par­tido Comunista?
PABLO NERUDA: Precisamente ese es el valor de una posición como la mía. El que no tiene nada, ya se ha dicho muchas veces, no tiene nada que perder sino sus cadenas. Y yo arriesgo a cada momento mi vida, mi persona, lo que tengo, mis libros, mi casa, todo esto lo pongo en juego para defender el futuro y la justicia. Mí casa ha sido incendiada, yo he sido perseguido, he sido más de una vez detenido, he sido exiliado, se me ha declarado incomunicado, he sido buscado por todas partes por mil policías. Muy bien, pues. Yo no me acomodo con lo que tengo. Lo que tengo lo pongo a disposición de la lucha popular. Esta casa en que usted está pertenece desde hace 20 años al Partido Comunista de Chile a quien se la he regalado por escritura pública. Yo estoy en esta casa simplemente por una decisión de mi partido, por la generosidad de mi partido. Estoy usufructuando de un bien que no me pertenece puesto que lo di, así como todas las colecciones, y todos los libros, y todos los objetos que hay en esta casa. He regalado más de una biblioteca entera a la universidad de mi pala. He regalado también la casa en que actualmente viven algunos de los dirigentes de mi partido. Vivo con el producto de mis libros. No tengo ahorros, no tengo nada de que disponer sino de lo que me pagan por mis libros cada mes. Se acabó ahí. Muy bien, que los que me reprochan hagan lo mismo y que, dejen por lo menos sus zapatos en alguna parte para dárselos a otros.


PABLO NERUDA, entrevista de Rita Guibert en 1971, publicada en Siete voces, Los más grandes escritores latinoamericanos se confiesan, Editorial Novaro, México, 1974, vía Rebelión (AQUÍ)

miércoles, 25 de febrero de 2015

Centellas XVI


178


La panadera

Cada vez que la panadera
rizadamente rubia
de la calle Doctor Esquerdo
me devuelve los cambios,
el simple roce de sus manos
sobre las mías
me deja las monedas
más alegres que nunca;
desde que me he dado cuenta
siempre pago el pan
con el billete más grande.


BATANIA / NEORRABIOSO, La panadera, La poesía ha vuelto y yo no tengo la culpa, Madrid, 2014, págs. 231

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (744): El nihilista Pisarev sostiene que un par de botas es más útil que todo Shakespeare y Nekrasov prefiere un trozo de queso a todo Pushkin


Se observará, no obstante, la hostilidad al arte que han mostrado todos los reformadores revolucionarios. Platón se muestra todavía moderado. No trata sino de la función mentirosa del lenguaje y no destierra de su república sino a los poetas. En cuanto a lo demás, pone a la belleza por encima del mundo. Pero el movimiento revolucionario de los tiempos modernos coincide con un proceso del arte que no ha terminado todavía. La Reforma elige la moral y destierra a la belleza. Rousseau denuncia en el arte una corrupción agregada por la sociedad a la naturaleza. Saint Just echa pestes contra los espectáculos y en el hermoso programa que prepara para la "Fiesta de la Razón" quiere que la Razón sea personificada por una persona "virtuosa más bien que bella". La Revolución Francesa no crea artista alguno, sino sólo un gran periodista, Desmoulins, y un escritor clandestino, Sade. Al único poeta de su época lo guillotina. El único gran prosista se destierra en Londres y aboga en favor del cristianismo y la legitimidad. Un poco más tarde los saintsimonianos exigirán un arte "socialmente útil". "El arte para el progreso" es un lugar común que circula durante todo el siglo y que Hugo ha asumido sin conseguir hacerlo convincente. Solamente Vallés aporta a la maldición del arte un tono de imprecación que lo autentica.

Este tono es también el de los nihilistas rusos. Pisarev proclama la decadencia de los valores estéticos en beneficio de los valores pragmáticos. "Preferiría ser un zapatero ruso que un Rafael ruso". Un par de botas es para él más útil que Shakespeare. El nihilista Nekrasov, poeta grande y dolorido, afirma, sin embargo, que prefiere un trozo de queso a todo Pushkin. Es conocida, finalmente, la excomunión del arte pronunciada por Tolstoi. La Rusia revolucionaria termina dando la espalda a los mármoles de Venus y Apolo, todavía dorados por el sol de Italia, que Pedro el Grande había hecho llevar a su jardín de verano de San Petersburgo. A veces la miseria se aparta de las dolorosas imágenes de la dicha.

La ideología alemana no es menos severa en sus acusaciones. Según los intérpretes revolucionarios de la Fenomenología, no habrá arte en la sociedad reconciliada. La belleza será vivida, no imaginada. Lo real, enteramente racional, apaciguará por sí solo toda la sed. La crítica de la conciencia formal y de los valores de evasión se extiende naturalmente al arte. El arte no es de todos los tiempos, al contrario, está determinado por su época y expresa, como dirá Marx, los valores privilegiados de la clase dominante. No hay, por lo tanto, más que un solo arte revolucionario, que es, justamente el arte puesto al servicio de la revolución. Por lo demás, al crear la belleza al margen de la historia, el arte contraría el único esfuerzo racional: la transformación de la historia misma en belleza absoluta. El zapatero ruso, desde el momento en que tiene conciencia de su papel revolucionario, es el verdadero creador de la belleza definitiva. Rafael no creó sino una belleza pasajera que será incomprensible para el hombre nuevo.

Marx se pregunta, es cierto, cómo la belleza griega puede ser todavía bella para nosotros. Responde que esta belleza expresa la infancia ingenua de un mundo, y que nosotros tenemos, en medio de nuestras luchas de adultos, la nostalgia de esa infancia. ¿Pero cómo pueden ser todavía bellas para nosotros las obras maestras del Renacimiento italiano, de Rembrandt y del arte chino? ¡Qué importa! El proceso del arte se ha iniciado definitivamente y continúa hoy con la complicidad embarazosa de artistas e intelectuales dedicados a calumniar a su arte y su inteligencia. Se advertirá, en efecto, que en esta lucha entre Shakespeare y el zapatero no es el zapatero quien maldice a Shakespeare o a la belleza, sino, por el contrario, quien sigue leyendo a Shakespeare y no prefiere hacer las botas, que nunca podrá hacer, por lo demás. Los artistas de nuestra época se parecen a los nobles arrepentidos de Rusia del siglo XIX; su mala conciencia constituye su excusa. Pero lo último que un artista puede sentir ante su arte es el arrepentimiento. Es sobrepasar la humildad sencilla y necesaria, pretender remitir también la belleza al final de los tiempos y, entre tanto, privar a todo el mundo, inclusive al zapatero, de ese pan suplementario de que uno mismo se ha aprovechado.


ALBERT CAMUS, El hombre rebelde, Obras 3, Alianza Editorial, Madrid, 1996, edición de José María Guelbenzu, págs. 297-299

ARCADIA LITERARIA (97): Cabrera Infante sobre Rulfo, Cortázar y Borges


CARLOS ALFIERI: Ahora que ha pasado bastante tiempo y se puede analizar con perspectiva, ¿qué le parece el que se llamó boom de la literatura latinoamericana? ¿Fue una reunión arbitraria de escritores o hubo homogeneidad en el fenómeno?
GUILLERMO CABRERA INFANTE: Fue un fenómeno rioplatense. La palabra boom, aplicada a un grupo de novelas que venían de toda América, la originó el crítico uruguayo Emir Rodríguez Moriega y la popularizó el argentino Tomás Eloy Martínez en la revista Primera Plana. De ahí arrancó y todo el mundo empezó a hablar del boom, y ni siquiera sabían el significado preciso de la palabra. En rigor el boom, en cuanto a los autores y no a sus obras, era una especie de mesa redonda de caballeros literarios que se dedicaban con gran beneplácito a elogiarse unos a otros. Para mí había sólo uno o dos libros a considerar, el resto no tenía la menor importancia literaria y algunos de esos autores a mí no me interesan en absoluto. El boom se convirtió en un fenómeno comercial. Y ocurrió algo muy interesante, y es que en España recibieron todas esas novelas como si vinieran de un solo país. Creían que Mario Vargas Llosa, o Carlos Fuentes u otros vivían en un territorio mítico que se llama América Latina. Los escritores españoles se sintieron un poco apabullados por el número de novelas latinoamericanas con éxito inclusive internacional. Y luego se produjo una reacción que es la que conocemos hoy: entre los escritores españoles hay un profundo desprecio por la literatura latinoamericana. Yo lo comprendo. Es como la reacción de la furia después del miedo.

CARLOS ALFIERI: ¿Cuáles son esos dos libros que destacaría como los únicos valiosos?
GUILLERMO CABRERA INFANTE: Pedro Páramo, de Juan Rulfo, y Rayuela, de Julio Cortázar, aunque un escritor muy estimado me dijo de este último: «Si tú vuelves a leer ese libro te caerías de espaldas de lo trillado que resulta.» Y por supuesto, hay alguien que tal vez no nos merezcamos los lectores en español que se llama Jorge Luis Borges, que es un escritor de una dimensión gigantesca. Es el único escritor de este tiempo que se va a leer dentro de cien años.


GUILLERMO CABRERA INFANTE: El regocijo de la palabra, entrevista de Carlos Alfieri, Cuadernos Hispanoamericanos, Nº 560, febrero de 1997, págs. 96 y 97

martes, 24 de febrero de 2015

Centellas XV


TROYA LITERARIA (683): Borges sobre Ortega (III)


A lo largo de los años, he frecuentado los libros de Unamuno y con ellos he acabado por establecer, pese a las "imperfectas simpatías" de que Charles Lamb habló, una relación parecida a la amistad. No he merecido esa relación con los libros de Ortega. Algo me apartó siempre de su lectura, algo me impidió superar los índices y los párrafos iniciales. Sospecho que el obstáculo era su estilo. Ortega, hombre de lecturas abstractas y de disciplina dialéctica, se dejaba embelesar por los artificios más triviales de la literatura que evidentemente conocía poco, y los prodigaba en su obra. Hay mentes que proceden por imágenes (Chesterton, Hugo) y otras por la vía silogística y lógica (Spinoza, Bradley). Ortega no se resignó a no salir de esta segunda categoría, y algo —modestia o vanidad o afán de aventura— lo movió a exornar sus razones con inconvincentes y superficiales metáforas. En Unamuno no incomoda el mal gusto, porque está justificado y como arrebatado por la pasión; el de Ortega, como el de Baltasar Gracián, es menos tolerable, porque ha sido fabricado en frío.

Los estoicos declararon que el universo forma un solo organismo; es harto posible que yo, por obra de la secreta simpatía que une a todas sus partes, deba algo o mucho a Ortega y Gasset, cuyos volúmenes apenas he hojeado.

Cuarenta años de experiencia me han enseñado que, en general, los otros tienen razón. Alguna vez juzgué inexplicable que las generaciones de los hombres veneraran a Cervantes y no a Quevedo; hoy no veo nada misterioso en tal preferencia. Quizá algún día no me parecerá misteriosa la fama que hoy consagra a Ortega y Gasset.


JORGE LUIS BORGES, Nota de un mal lector, Revista Ciclón, La Habana, Volumen II, Nº 1, enero de 1956, recogido en Jorge Luis Borges. Textos recobrados (1956-1986), Penguin Random House, 2011,

177


Una mujer kilimanjara

Sé muy bien que mi historia
……….es la historia del niño que miraba tanto al cielo
……….que al final se le puso cara de nube,
y que la mujer que me ame
……….deberá martillar mil veces en el vacío
……….para acertar una sola vez en mi clavo,
pero dejadme pedir este mi quiero,
perdón por la tontería,
una mujer es mi requiero, mujer con grapa o tridente
……….o blanco mogadiscio.

Una mujer con faros antiniebla. Quiero.
Una mujer que me sonría cuando descubra el cofre vacío
……….de mi tesoro.
Una mujer soleada y sin airbag para besarla transparente
……….en los extrarradios.
Una mujer con el alma impura y la piel impura y la cabeza
……….llena de calcetines sucios.
Una mujer para decirte, Sofía (si te llamaras Sofía),
solo soy una nuez, pero si te atreves a partir esta nuez
hallarás dentro galeones y grúas y muchos elefantes.

Juntos patentaremos una nueva versión de lluvia.
Crearemos las pilas eternas para los Amores
……….Descomunales.
Tendremos un hijo lunático y ajedrecista que fabricará bolas
……….de palabras y destruirá el Bank of America.
Seremos como tenistas comiendo melón en el cine,
……….y la gente nos señalará indignada:
“Mirad a esos, no hay derecho, ¡se están amando
……….en pleno miércoles!”.

Perdón por la tontería,
pero no quiero mujeres que me nieguen el chocolate
……….de estrellas,
o mujeres que minen el suelo con bolas de cicuta
……….para que los koalas alegres de Lucifer
……….no se atrevan a revolcarse.
No quiero mujeres que respeten la apertura de sonrisa
……….fijada por el gobierno,
o mujeres con paraguas que parezcan paraguas
……….que llevan mujeres.

Una mujer con pulgones. Quiero.
Una mujer con erratas de luna para amarla en picado a pesar
……….de sus virtudes.
Una mujer para plancharle las mejillas sobre latas de cerveza
……….y dejárselas llenas de colas de lagarto.
Una mujer cuyas pisadas no dejen huellas en la nieve,
……….solo en los tétanos de mi corazón silvestre.
Una mujer para decirte, Paula, (si te llamaras Paula),
los fracasos que conoces son meras uñas de ratones:
los que yo te enseñaré serán leones enteros.

Juntos robaremos a mano desarmada una violeta salvaje y la
……….llevaremos en la boca con la divisa
……….AMARNOS SIN DEBERNOS.
Criaremos caballos musicales cuyo galope sincronizado
……….será el nuevo rock de Occidente.
Escribiremos del viento la primera traducción Viento-Español
……….y Español-Viento.
Crearemos una nueva receta de beso con más de veinte
……….ingredientes distintos, y la gente dirá:
“¿Una receta mágica de beso? ¿Pero qué
……….sentido…?”.

Perdón por la tontería,
pero no quiero mujeres tan rectas que pongan comida
……….matadelfines en los desagües,
o tan serias que necesite comprarme una pértiga para saltar
……….la valla de sus cejas.
No quiero mujeres que no coman aceitunas por si el cáncer
……….de mama,
o no vean baloncesto por si la prórroga, o no beban cerveza
……….por si el embarazo.

Una mujer con algo de anaconda. Quiero.
Una mujer como un descampado para manosearla sobre
……….paisajes de Chagall tigreados.
Una mujer que no sea túnel sino puente, que no sea cebolla
……….sino naranja, que no sea triste y versitriste
……….sino alegrista y en parapente.
Una mujer tan kilimanjara que necesite dos sherpas y un
……….vaso de whisky para llegar del bajo de su carne
……….a la cima con puma de su alma.
Una mujer para decirte, Raquel (si te llamaras Raquel),
si escribo versos es porque no sé escribir aviones:
mis poemas son mi pequeña forma de acariciarte.

Solo he vivido en dos lugares de este mundo
y fue en las bocas de las dos mujeres que amé.
A las dos las quise por su exceso de cilindrada
y las dos me quisieron por mi falta de simetría.
Una mujer. Quiero.
Color de viento. Quiero.
Que suene a limones.

En las sábanas del futuro.


(Perdón por la tontería).


BATANIA / NEORRABIOSO, Una mujer kilimanjara, La poesía ha vuelto y yo no tengo la culpa, Madrid, 2014, págs. 227-230

TROYA LITERARIA (682): Vallejo sobre Ortega


En cuanto a Ortega y Gasset, creo no me equivoco si le niego el más mínimo adarme de maestro. Ortega y Gasset, cuya mentalidad mal germanizada se arrastra constantemente por terrenos de mera literatura, es apenas un elefante blanco en docencia creatriz.


CÉSAR VALLEJO, Estado de la literatura española, Favorables Paris Poemas, Nº 1, París, julio de 1926, recogido en Prosas, Linkgua Historia, Red Ediciones, 2013, pág. 26