miércoles 21 de marzo de 2012

TROYA LITERARIA (393): Trapiello contra Valle-Inclán (II)


COMPRÉ en la Cuesta el tomo en piel de las obras de Valle, en la edición de Ribadeneyra, la que lleva ese grabado de Castroviejo con la efigie del escritor y abajo la leyenda de "El que más vale no vale lo que vale Valle". Olé. Para amortizar las veinticinco mil pesetas que me pidieron, he releído La corte de los milagros y he empezado las guerras carlistas. O sea, que el disgusto ha sido doble. Es un caso extraordinario, pues no interesando absolutamente nada, asiste uno a esa prosa de taracea en maderas perfumadas de oriente (sándalo, alcanfor, palo de rosa), página tras página, sin poder apartar los ojos de ella, como nos ocurre a veces con un charlatán callejero especialmente dotado para su oficio. Todo el mundo sabe que eso que vende no es un gran qué, pero forman un gran grupo alrededor, lo escuchan con atención, incluso con arrobo, y cuando se cansan, se van, la mayoría sin haberle comprado el abrelatas que al mismo tiempo tiene otros diez usos utilísimos y muy necesarios en el hogar moderno. Han pasado oyéndole media hora. Si alguien les preguntara:

–Y ese, ¿qué vende?

Tendrían que responder:

–Ah, yo no sé.


ANDRÉS TRAPIELLO, Los hemisferios de Magdeburgo, Pre-textos, Valencia, 1999, págs. 127 y 128
.

Fragmentos de la entrevista que Stéphane Mallarmé concedió a Jules Huret en 1891


• • • Asistimos ahora a un espectáculo verdaderamente extraordi-nario, único, en la historia de la poesía: cada poeta puede esconderse en su retiro para tocar con su propia flauta las tonadillas que le gustan; por primera vez, desde siempre, los poetas no cantan atados al atril. Hasta ahora –estará usted de acuerdo– era preciso el acompañamiento de los grandes órganos de la métrica oficial. ¡Pues bien! Los hemos tocado en demasía, y nos hemos cansado de ellos.

• • • En una sociedad sin estabilidad, sin unidad, no se puede crear ningún arte estable, ningún arte definitivo. De esta organización social inacabada, que nos explica al mismo tiempo la inestabilidad de los espíritus, nace la necesidad inexplicable de la individualidad, de la que son reflejo directo las manifestaciones literarias actuales.

• • • De manera más inmediata, las innovaciones más recientes se explican porque hemos comprendido que la forma antigua del verso no era la forma absoluta, única e inmutable, sino un simple medio de hacer, sin grandes dificultades, buenos versos. Se les dice a los niños: "No robéis y seréis honrados". Es verdad, pero existe algo más; ¿es posible hacer buena poesía situándose al margen de los preceptos consagrados? Hemos pensado que sí, y creo que hemos tenido razón. El verso anida en cualquier rincón de la lengua, allí donde haya ritmo, en todas partes.

• • • Si hemos llegado al verso actual, ello se debe a que uno está harto del verso oficial; sus partidarios, incluso, comparten este cansancio. ¡No le parece algo demasiado incómodo que, al abrir cualquier libro de poesía, uno encuentre, con toda seguridad, de cabo a rabo, ritmos uniformes y preestablecidos, allí donde el autor pretende interesarnos en la esencial variedad de los sentimientos humanos! ¡Dónde está la inspiración, dónde la sorpresa... qué cansancio!

• • • Es preciso que se sepa que los ensayos de los recién llegados no tienden a la supresión del gran verso; tienden a airear el poema, a crear fluidez, movilidad, en el interior de los versos que ya tenían un vuelo amplio.

• • • Creo que los jóvenes poetas están más cerca del ideal poético que los parnasianos que tratan todavía sus temas como los viejos filósofos y los viejos retóricos, presentándonos los objetos de manera directa. Pienso, por el contrario, que es preciso que sólo exista alusión.

• • • Nombrar un objeto supone eliminar las tres cuartas partes del placer que nos ofrece un poema que consiste en adivinar poco a poco; sugerirlo, éste es el camino de la ensoñación.

• • • Es necesario que en poesía haya siempre enigma, y el fin de la poesía –y no existen otros fines– es el evocar objetos.

• • • Odio las escuelas y todo aquello que se les parece; me repugna todo aquello que es profesoral cuando se aplica a la literatura que es, por el contrario, esencialmente individual. Para mí, la situación del poeta en esta sociedad que no le permite sobrevivir, se asemeja a la del hombre que se aísla para cavar su propia tumba.

• • • En el fondo soy un solitario, creo que la poesía existe para el fasto y las pompas supremas de la sociedad constituida, en la que la gloria, cuya noción parecen haber olvidado las gentes de hoy, tendría una plaza reservada. La actitud del poeta, en una época como la actual, en la que se declara en huelga frente a la sociedad, consiste en apartar, lejos de sí, cuantos instrumentos viciados se le ofrezcan. Todo cuanto hoy se le puede proponer no se eleva a la categoría de su concepto de la poesía y de su trabajo secreto.

• • • Uno de los juegos infantiles de la literatura ha consistido, hasta ahora, en creer que si alguien escogía un número determinado de piedras preciosas, y ponía sus nombres sobre un papel, muy bien puestos –eso sí–, estaba fabricando piedras preciosas. ¡Pues no! La poesía consiste en crear; es preciso recoger en el alma humana momentos especiales, destellos con una pureza tan absoluta que, bien cantados y bien alumbrados, lleguen a ser, en efecto, las joyas del hombre: aquí sí hay símbolo, aquí sí hay creación, y la poesía encuentra entonces su sentido: es, en definitiva, la única creación posible del hombre.

• • • La literatura exige algo más intelectual que todo esto: las cosas existen, no tenemos por qué inventarlas; sólo debemos percibir las correlaciones que mantienen unas con otras, y son los hilos de dichas correlaciones los que informan los versos y las orquestas.


STÉPHANE MALLARMÉ, entrevista de Jules Huret, 1891, Prosas, Alfaguara, Madrid, 1987, traducción de J. del Prado y José Antonio Millán, extraído vía Biblioteca Ignoria (AQUÍ)
.

martes 20 de marzo de 2012

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (250): Cela abronca a Raúl del Pozo por haberle guisado un cordero a Saramago


Cela siempre vivió en el laconismo, pero tenía una intimidad divertida e inagotable. Ahora no tiene dolor sino el dolor de la juventud que ya no tiene. Envejece mal, cabreado y duro, y su antipatiquismo de salón se ha tornado angustioso. Me duele mucho que mi amigo y maestro no disfrute un poco de esa gloria en la que él tanto creyó (otros no creemos para nada).

La otra noche le vi en el Lucio, en tertulia, muy locuaz con unos amigos. Yo sé que tengo su amistad, pero ya no sé cómo hacerle hablar. En cualquier caso, se decanta más por los millonarios que por los escritores. A los millonarios todavía les epata, pero a los escritores, que le conocemos mejor, ya no. Tampoco consiente que se elogie a otro escritor delante de él, salvo a Quevedo.

A Raúl del Pozo le pegó una bronca, hace poco, porque Raúl había guisado un cordero, en casa, para Saramago y su mujer. No puede ser que un discípulo suyo guise para otro premio Nobel.

–Y encima andas con los palestinos, que son los que te van a matar.

Así le dijo, sin mucha coherencia en el discurso. Luego se le pasó.


FRANCISCO UMBRAL, Cela: un cadáver exquisito, Planeta, Barcelona, 2002, págs. 132 y 133
.

TROYA LITERARIA (392): Ortega y Gasset contra Gabriel Miró


Varias veces me he acercado a algún libro de Gabriel Miró. He sorbido algunas líneas, tal vez una página, y me he quedado siempre sorprendido de lo bien que estaba. Sin embargo, no he seguido leyendo. ¿Qué clase de perfección es ésta que complace y no subyuga, que admira y no arrastra? ¿Es una perfección estática, paralítica, toda en cada trozo de sí misma, y que por esta razón no invita a completar lo que ya vemos de ella, apeteciendo lo que aún nos falta? Cada frase gravita sobre su propio aislamiento, sin dispararnos sobre la que sigue ni recoger el zumo de la precedente. Tal vez por esto, el movimiento, la trashumancia en que consiste la lectura, tiene que ponerlos el lector con su propio esfuerzo y empujarse a sí mismo, de una pagina a otra. Esto perjudica a la obra de Miró. Porque el lector, a la postre, resta lo que él pone de lo que el autor le da.

Ahora he leído entero un libro de Miró: El Obispo leproso. Lo he leído de principio hasta el fin con bastante jadeo. Pero no se me haga caso. Es muy posible que el defecto esté en mí y no en el libro. Complazcámonos en reconocer nuestra limitación: así, a la vez, la superamos. Es el mayor privilegio del hombre este de poder asomarse, como a unas bardas, a sus propios límites y ver que él termina allí, pero no el mundo. De este modo, el límite trágico queda transfigurado en dulce frontera. Nos tranquiliza –si somos generosos– pensar que donde nosotros concluimos empiezan otras cosas, y que en ellas acaso se encuentren esos pedazos que a nosotros nos faltan. Reconozco que una de mis limitaciones consiste en ser un pésimo lector de novelas. Me faltan paciencia, docilidad y no sé cuántas cosas más. En resumen, que casi siempre me aburro. Pero no es esto lo peor. Lo peor es que, de cuando en cuando, una novela me arrebata con intensidad superior a la que todo otro libro consigue. Parejo contraste me desorienta penosamente, porque me impide, al aburrirme con una novela, declararme, como fuera mi gusto, culpable único del desastre. El entusiasmo sentido en otros casos me fuerza a distinguir entre novelas buenas y malas y a declarar que lo menos abundante en literatura es la buena novela.

[...] Me desazona sobremanera decir resueltamente que la novela de Gabriel Miró, El Obispo leproso, no queda avecindada entre las buenas novelas. Pero repito que esta opinión no tiene valor. Los lectores y el autor deben recordar que hace dos años intenté una definición del género novelesco. Fue opinión casi unánime que yo andaba equivocado de medio a medio. Si, pues, padecí error al definir la novela en general, es lo más verosímil que periclite al aforar una novela en singular. Lo más importante es que el lector juzgue por sí; buena o mala novela, la obra de Miró es un libro espléndido, reverberante, recamado de luces y de imágenes, hasta el punto que casi ha de leerse con la mano en visera, amparando los ojos.

No creo que haya actualmente escritor más pulcro y solícito. Cada frase está hecha a tórculo. Cada palabra, ensamblada con las vecinas, y luego, pulida la coyuntura. Y no hay línea que suba ni que baje en la página: todo el libro conserva la misma ardiente tensión, idéntico cuidado, pulso y pulimiento. Tanto, que acaso ese son persistente de prima hiperestesiada colabora a la fatiga, no dejando respiro: la perfección de la prosa es en Miró impecable e implacable. Debe trabajar con una técnica parecida a la de un pintor primitivo que fabrica su tabla pulgada a pulgada, poniéndose entero en cada una, en vez de construir la obra desde un centro único que irradia en torno una perspectiva de degradaciones.

[...] El novelista, si se quiere, tiene que copiar la realidad; pero en ésta hay estratos superficiales y estratos hondos a que aún no había llegado nuestra mirada. Es buen novelista quien posee perspicacia bastante para sorprender estos estratos profundos y gracia suficiente para copiarlos: quien no sepa de la vida más que lo vulgar, lo tópico, fracasará irremisiblemente. Una monja de novela tiene, claro está, que ser monja; pero de una monjedad inaudita hasta entonces y mucho más verídica.

No basta, pues, con amontonar sobre un personaje atributos vulgares de determinada profesión o carácter, y luego añadirle como folie alguna rareza, manía o curiosidad “pintoresca”, un tic o prurito. En Dickens, por razones un poco largas de decir, tenía este uso sentido. Pero en esta novela de Miró no nos seduce saber que un deán se dedica a ejecutar primores caligráficos, ni que un preste dice “¡Leñe!” siempre que habla. Tales aditamientos son extrínsecos a la persona, fortuitos y sin trabazón con su perfil psicológico.

[...] Todo el libro rebosa de un magnífico lirismo descriptivo –que es probablemente la auténtica inspiración de Miró y no la de novelista. Pero decir “lirismo descriptivo” es no decir nada, mientras no se precise un poco y desenvuelva lo que va plegado en esas dos palabras. Como no hay tiempo, ni espacio, ni paciencia, más vale concluir reconociendo que no he dicho nada sobre Miró.


Publicada en Sol el 9 de enero de 1927


JOSÉ ORTEGA Y GASSET, Espíritu de la letra, Cátedra, Madrid, 1985, págs. 93-102, edición de Ricardo Senabre
.

Hoy, martes, a las 21:30, en Diablos Azules, JUANA VÁZQUEZ + Jam Session (Tres poemas máximo)

.
Ha frutecido el naranjo, pero da frutos de varios colores. Los otros naranjos, temerosos, lo miran como si fuera un peligro. Él se siente naranjo, pero es un naranjo solitario.

Ha volado el zorzal, pero vuela con tres alas. Los otros zorzales, asustados, se alejan de su presencia. Él se siente zorzal, pero es un zorzal solitario.

Ha nacido el ratón, pero tiene sueños de murciélago. Los otros ratones, reunidos, ordenan su aislamiento. Él se siente ratón, pero es un ratón equivocado.

Se convoca una nueva reunión para naranjos solos, zorzales solos y ratones equivocados.

Hoy. Martes. 21:30. Diablos Azules. C/ Apodaca, 6. Metro Tribunal. Nueva Jam Session. Tres poemas máximo. Poeta invitada: JUANA VÁZQUEZ MARÍN
.
.
La poesía ha vuelto y yo no tengo la culpa.
.

domingo 18 de marzo de 2012

TROYA LITERARIA (391): Zoé Valdés contra Carmen Balcells


Acabo de formar parte de los 10 escritores invitados al Festival de Literatura Passa Porta 2009, que cumplía 10 años de existencia. Allí, en Bruselas, conversamos sobre democracia y cultura, sobre nuestras obras, y la primera noche leímos fragmentos de nuestras novelas, relatos, testimonios, etc. Me detendré sobre dos de ellos más adelante. Este tipo de encuentro suele ser simpático, o al menos todos intentamos serlo. Mucha buena educación y politesse, ya saben… todo esto a pocos pasos donde Verlaine y Rimbaud se fajaron a trompadas, y el primero tiró sobre el segundo, en múltiples ocasiones, a causa de sus celos.

El asunto es que durante una cena de éstas, amistosas, donde yo apenas hablo, ¿para qué?, oí decir que en España existían sólo dos agentes literarios, Carmen Balcells y Mercedes Casanovas, que las demás eran obsoletas, o no existían. Lo que me enfureció enormemente y como me dolía demasiado la cabeza, preferí dejar el tema para un post, aparte de que no valía la pena convencer a los ya convencidos. En primer lugar, eso es incierto, hay muchos agentes literarios en España de una gran seriedad, y puedo decir que Anne-Marie Vallat, mi agente, es una de las personas que mejor ejerce su profesión, con discreción, con elegancia, con preocupación, y por la que ha sido reconocida, y hasta condecorada en múltiples ocasiones.

En segundo lugar, les voy a contar algo, conmigo Carmen Balcells se portó bastante mal, como una puerca. Ni siquiera quiso saber de mí alegando que ella no representaba a mujeres. A mí no me lo dijo, se lo dijo a mi editorial de la época. Pues bien, esta señora acaba de dar una entrevista a El Mercurio de Chile, que si yo fuera autor suyo, me iría corriendo. La dio, muy oronda, desde la casa de Max Marambio, El Guatón, uno de los chilenos que más dinero hizo en Cuba a costa del dolor y de la pobreza de los cubanos de a pie. Ella misma lo reconoce, que la criticarán por estar en casa de El Guatón. Les recomiendo mucho la entrevista.

Además de tanta desfachatez y falta de respeto, esta señora se refiere a sus autores como si fueran productos de mercadeo. No se pierdan cómo trata a la viuda de Guillermo Cabrera Infante, Miriam Gómez, y al autor, que ella misma representó hasta hace poco tiempo. De “paranoides”, a dos personas víctimas de una dictadura de la que ella, Carmen Balcells, se confiesa absolutamente admiradora. Y de la viuda de Donoso, ¡qué horror!

El entrevistador la llama, por cierto, “dama de blanco”. Por favor, las Damas de Blanco son mujeres que viven en Cuba y luchan segundo a segundo por la libertad de sus familiares presos entre los que se encuentran periodistas, poetas, e intelectuales que seguramente Carmen Balcells tampoco se atrevería a representar, para no herir al desmemoriado Gabo, y mucho menos al loco de Castro. Dama de blanco, no, metiéndole a la santería en la misma costura, ella misma lo ha dicho públicamente.

Da asco leer una entrevista de este tipo, por cierto, en la que también asegura que su autor mimado, Gabo, no volverá a escribir. Pues, en aquella mesa de Bruselas, me aseguraron que no lo hará porque sufre un Alzheimer galopante. Raro, hace poco, esa misma agencia de Carmen Balcells, anunciaba un nuevo libro de Gabo. ¿En qué quedamos?

Poca seriedad, y sobre todo, la prueba de por donde van los tiros a la hora de sentarse a discutir en estos términos, cuchillo entre los dientes. Podrán imaginar que este post me traerá sin duda alguna, no pocos problemas. Resulta espantoso tener que aguantarle a esta señora decir tantas estupideces juntas y que nadie le recuerde que un buen agente jamás trata a sus autores de paranoides, ni se le suelta la lengua y cuenta que uno de ellos (no menciona nombre), quiso comprarse una casa en Londres y le pidió un premio literario. Dos autores que vivieron en Londres han sido Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes, ¿no? Lean la entrevista a Carmen Balcells, AQUÍ. Título: “Yo no soy de verdad, soy un personaje proyectado.” Pues sí, que no es de verdad lo deja clarísimo. La entrevista un señor de nombre Pedro Pablo Guerrero, que comete el segundo mal gusto de llamar “mítica” a esta mujer.


ZOÉ VALDÉS, Rumores de festivales literarios, del blog Zoé en el metro, 31 de marzo de 2009 (AQUÍ)
.

sábado 17 de marzo de 2012

ANECDOTARIO DE POETAS (369): La inclinación bisexual de Safo


A la autora de la Oda a Afrodita, pese a su posterior inclinación hacia las de su sexo, le gustaron los hombres; su desgracia residió en que a los hombres no les gustó ella. No estaba de moda su biotipo. Gustaba la mujer alta y rubia y Safo era bajita y morena, con el pelo muy negro y la tez oscura. Pero poseía una mente brillante y una elegancia espiritual tan grande que nadie en su presencia se apercibía de lo poca cosa que era físicamente. Vestía con refinamiento, prefiriendo los colores azafrán y púrpura, y coronaba su cabeza con guirnaldas de flores. De discurso tierno y apasionado, impresionaba a quien la escuchaba y, al decir de Plutarco, sus palabras estaban mezcladas con llamaradas de fuego.


PANCRACIO CELDRÁN GOMARIZ, Quién fue quién en el mundo clásico, Planeta, Barcelona, 2011, págs. 397 y 398

TROYA LITERARIA (390): Juan Abreu contra Saramago


Muere Saramago. Vida de millonario y palabrería proletaria. Comunista. Hay que padecer alguna grave falla moral para declararse comunista cincuenta millones de muertos después. Amigo de los Castro. Funeral de Estado. Aviones militares llevan el féretro. Alcaldes y ministros sueltan sus edulcoradas caquitas. Un final pomposo como su prosa.

Toda la mierda que supuestamente condenaba arrullándolo.


JUAN ABREU, Emanaciones, 517 (AQUÍ)
.

Una reflexión de PERE GIMFERRER

.
Hay poetas, como Góngora, Rimbaud, Foix o Mallarmé, pongamos por caso, todos ellos extraordinarios, de quienes el lector no debe esperar que le proporcionen la misma información que proporciona la prosa. Hay personas que difícilmente escapan a la idea, falsa completamente, de que un texto literario consiste no en las palabras, sino en lo que las palabras designan: el texto literario consiste precisamente en las palabras, no en lo que las palabras denominan; pero esta frontera, que a mi juicio está clarísima y que vale tanto para Mallarmé como para una novela de un autor aparentemente tan fácil de leer como Eduardo Mendoza (o como Cervantes o Borges, para el caso es lo mismo), hay muchos lectores que no la captan


PERE GIMFERRER: "El futuro de la poesía no lo deciden ni los premiados ni los académicos, sino los jóvenes", entrevista de Ana María Moix, El País, 26 de septiembre de 2001. Toda la entrevista AQUÍ
.

viernes 16 de marzo de 2012

TROYA LITERARIA (389): Javier Marías contra el "Ulises", de Joyce


SOL ALAMEDA: ¿Por qué Joyce no le interesa tanto?
JAVIER MARÍAS: Me gustan los cuentos y Dublineses. Pero con el Ulises me parece que se ha exagerado mucho. En el fondo, lo encuentro un libro que más que una innovación es la culminación de lo anterior; la culminación del realismo, un libro tremendamente realista, y encima, de un realismo muy amanerado. Digamos que es un libro que lleva incorporado en sí mismo una cosa que engaña mucho, y que contribuye precisamente a que se le considere mucho más de lo que merecería, y es que lleva incorporado el gesto del genio. Hay obras de arte que son así, en cine, o en literatura, donde el propio autor está diciendo "fíjense ustedes en esto". En cine, por ejemplo, John Ford nunca lleva incorporado el gesto del genio; Orson Welles, por decir alguien bueno, sí lo lleva incorporado.

SOL ALAMEDA: Sí, pero en ese caso no nos importa.
JAVIER MARÍAS: No nos importa mucho, apenas nada, por eso lo cito, pero probablemente si no lo hubiera hecho sería todavía mejor. Lo que pasa con Welles es que dices: bueno el hombre se jacta, pero tiene motivos para jactarse. Lo peor que le puede pasar a una obra es que venga con esos aires y encima no... Y eso, para mí es lo que le pasa al Ulises.

SOL ALAMEDA: Pero cuando un autor está consagrado, nadie se atreve a desmontarlo.
JAVIER MARÍAS: Deberían decirlo los críticos, pero es que son los primeros que caen embobados ante esos gestos. A los críticos se les paga por desenmascarar las cosas, por decir si algo tiene valor o no lo tiene, independientemente de cómo lo presente el que lo ha hecho, pero son a menudo los primeros que caen en los ardides.


JAVIER MARÍAS: ÉL ÉXITO EUROPEO DE UN INDECISO, entrevista de Sol Alameda, El País Semanal, 10 de noviembre de 1996. Fotografía de Bernardo Pérez. Toda la entrevista en la web de Javier Marías (AQUÍ)
.