lunes, 21 de julio de 2014

22 y 23


Un loco que se cree Batania

Victor Hugo era un loco que se creía Victor Hugo
JEAN COCTEAU


Cada vez que mi verso
se pone en los tacos de salida
siento una muchedumbre
de voces en la cabeza, siento a mis
bisabuelos y abuelos
muertos y analfabetos
mirando por encima de los hombros,
siento a mi padre, que aprendió a golpes
la lengua castellana, siento a más
de cien generaciones que me observan,
que me persiguen
con la mirada dura de tanta hambre,
de tantos siglos mudos
que debieron pasar para que alguno
de sus hijos tomara la palabra,
la palabra desnuda,
la palabra increíble, la palabra.

Por eso pido excusas
a todos los poetas,
pero no quiero escribir
como se hace ahora,
como si la palabra no sirviera.

No quiero escribir entre líneas
sino escribir las líneas solamente.

No quiero perseguir a la belleza
sino hallar palabras
que se dejen poner detonador.

No quiero escribir versos:
lo que quiero es llenarlos de caballos.

No quiero sugerir
sino morder con rabia,
con la rabia insaciada del que sufre
lo tarde que llegó su primera vez.

Decir por qué murió la libertad.
Por qué nos cancelaron la justicia.
Escribir
como si el poema
fuera aún importante,
y portarme yo mismo como un loco
que se cree Batania.





BATANIA/NEORRABIOSO, La poesía ha vuelto y yo no tengo la culpa, Madrid, 2014, pág. 28 y 29

Mis bolsillos - EME MOISÉS PÉREZ


Y por fin doy sentido a mis bolsillos, sirven para meter lo que me sobra al final de los brazos cuando tú no me agarras, mientras Malasaña tiembla al ver el terremoto que se avecina entre tus piernas.

Aquella noche no fuiste mía,
Pero yo fui tan tuyo,
Que se me olvidó pedirte que me devolvieras.


EME MOISÉS PÉREZ, 81 poemas de (des)amor y una orden de alejamiento, Pentian, Sevilla, 2014, pág. 61

domingo, 20 de julio de 2014

Abrazo


No me queda más viento que la caries del viento. Pero guardo unas gotas
de sucio queroseno por si la vida prende otra vez en mis bodegas.
Por si otra Iratxe. Por si otra.

Natalia.

Por si llegara una ninfa enferma con una pluma en los labios
y me diera rojo de sobra para la fresa infinitiva. Quiero ser un tornado
libre de culpa. Un caballo continuo. Un caballo.

Continuo.

Porque quiero asustar a la muerte con ráfagas de sinalefas
y llenar de ratones los diarios atrasados. Porque quiero
borrarme los alquitranes y cortar los cables de mi venganza.

Ser alegre y de nadie. Ser amarillo y de
nadie.

¡Allá se queden los vascos de corazón afónico y allá
los españoles que estornudan dinero, ojalá os persigan moscas salvajes
desde el humus del culo hasta el cien definitivo!!!

Un puño de seda y un autocar. Quisiera también de mentira un palacio
en llamas y un fusil persa con canicas de colores.

Quisiera daros a todos un libro de poemas,
un cachorro de perro
y un abrazo.

Siempre dudando entre salvar el mundo o salvarnos de él (63)


sábado, 19 de julio de 2014

19-21



Poesía o cero

Yo el dormido. Navegando sin ojos
en el bote de las luxaciones. Treinta años,
tantos huesos y cuánto humo.

Cuánto amor
en falso, cuánto estuario baldío,
cuántos bueyes, cuánto sinpájaro.

Tenía que. Me vine a Madrid a
probarme la ciudad. Buscando a mi padre
en destierra firme. Para frotarme contra
la muerte. Para morder a la poesía.

La poesía.

Poesía o nada
(hace un tiempo espléndido para otra Bastilla)
Poesía o nadie
(estamos en vísperas de las manzanas)

Poesía o cero.




BATANIA/NEORRABIOSO, Poesía o cero, La poesía ha vuelto y yo no tengo la culpa, Madrid, 2014, pág. 27

TROYA LITERARIA (627): Rafael Narbona contra Pérez-Reverte


Arturo Pérez-Reverte es muy español. Bravucón, fullero, malhablado, presuntuoso, fulero, procaz. Hay miles de españoles así. Solo hace falta acercarse a la barra de un bar para encontrar a un individuo con esas características. Se les reconoce de inmediato por sus fanfarronadas. Con un palillo entre los dientes y escupiendo por un colmillo, presumen de haber encontrado la piedra filosofal. No entienden por qué el mundo no les hace caso, pues tienen soluciones para todo. Si les dejaran, arreglarían todos los problemas con dos patadas y unos cuantos mamporros. Sus baladronadas explotan como bombas fétidas, contaminando el aire que respiran. Su verborrea es irrefrenable, pues nace de una vanidad incombustible. Pérez-Reverte presume de sus ventas, pero eso no le convierte en un buen escritor. En nuestra historia reciente, los autores más vendidos se llaman José María Gironella, Fernando Vizcaíno Casas, Luis Romero, Boris Izaguirre, Lucía Etxebarria o Belén Esteban. Es indiscutible que el porvenir le reserva un lugar de honor en este parnaso, donde prospera el plagio, la prosa deleznable, el premio fraudulento y el tráfico de influencias. Roma no paga a traidores, pero el fondo de reptiles sigue fluyendo con el hedor inconfundible de una cloaca. Por desgracia, la política, la mafia y la literatura se confunden en la misma maleza de imposturas, infamias y mentiras.


Continúa AQUÍ


RAFAEL NARBONA, Desmontando a Arturo Pérez-Reverte, Página web de Rafael Narbona, 13 de julio de 2014 (AQUÍ)

viernes, 18 de julio de 2014

18


Siembra

El miedo que tuve,
si pudiera encerrarlo en una ballena muerta
y ponerlo al sol colgado de unos cables eléctricos,

el miedo a vuestra necesidad de fruto,
a vuestros pájaros con números de oro
cantando en las jaulas registradoras,

el miedo que tuve
y ya no tengo porque sembré una casa:
la que ahora estalla de gerundios en flor.


BATANIA/NEORRABIOSO, La poesía ha vuelto y yo no tengo la culpa, Madrid, 2014, pág. 26

Siempre dudando entre salvar el mundo o salvarnos de él (62)


jueves, 17 de julio de 2014

17


Desde el suelo

Más que nadie.

Fiebres y matraces. Dolores en peonza. Barcos
de marineros envilecidos. Sufro más.

Que nadie.

Todo me aturde. Escribo la rosa
igual que siento la herida. Todo me rompe. Mi padre.

Mi padre.

No sabe que escribo poemas. No sabe
lo que es un poema. Que estoy en Madrid
y escribo.

Poemas.

Trozos de muerto dejados en los andenes
para los nadies, trozos de oreja no blindados,
rotos por los tranvías. Mi padre no
sabe. No.

Sabe.

Piensa que estoy en Madrid
para el vuelo; piensa que estudio palomas
y aprendo los pasos.

Del vuelo.

No sabe que escribo poemas. Mi
padre no sabe lo que es
un poema. Yo

Tampoco.

Qué es un poema. Qué
puede ser un poema. Solo sé
que se hace, éste se hace.

Se escribe.

Desde el suelo.


BATANIA/NEORRABIOSO, La poesía ha vuelto y yo no tengo la culpa, Madrid, 2014, págs. 24 y 25

TROYA LITERARIA (626): Umbral contra Baroja (V)


EDUARDO MARTÍNEZ RICO: Tú mantienes con Baroja una relación de amor y odio. No te gusta como escritor, una prosa, en tu opinión, desaliñada y pobre de estilo, pero le reconoces valores, al menos la profesionalidad, y el ser un escritor muy personal.
FRANCISCO UMBRAL: No, yo a Baroja no le reconozco nada, a mí me parece malo por todas partes. Yo cojo una novela de Baroja y veo que está mal construida, se le olvida lo que está haciendo. Él mismo confesaba que no miraba lo del día anterior, y así incurre en repeticiones. Es un desastre construyendo. Es un desastre narrando porque se le olvidaba todo. Su prosa es espantosa, porque es una prosa de vasco, de una torpeza infinita. Y luego es mentira que sea un escritor de acción, porque no pasa nada. Hay una novela, Los últimos románticos, de españoles en París; hay una conjura, y uno se pregunta a ver qué pasa con la conjura, pero luego no pasa nada. Lo que encuentro es que Baroja tiene una imagen personal digamos que simpática, o grata, curiosa, de escritor, y que tenía frases, momentos, pero no de novelista, no, sino de cuando él hablaba, opinaba. De pronto decía una cosa graciosa.

EDUARDO MARTÍNEZ RICO: Vamos, que era mejor tertuliano que escritor.
FRANCISCO UMBRAL: Sí, era un hombre que paseabas con él y decía cosas muy divertidas y duras sobre el ser humano.

EDUARDO MARTÍNEZ RICO: Luego las escribía Ortega y quedaba algo maravilloso.
FRANCISCO UMBRAL: No, a Ortega no le gustaba nada.

EDUARDO MARTÍNEZ RICO: Pero escribió mucho sobre él.
FRANCISCO UMBRAL: Sí, pero lo desmonta. Baroja le contestaba despechado: “Lo que tiene que decirnos Ortega es si hay Dios o no hay Dios, que es lo que tienen que hacer los filósofos”. Baroja tenía una envidia espantosa de Valle, horrible, y lo atacaba mucho. Pero Valle no lo atacó nunca, lo ignoraba. Yo le encuentro a Baroja eso, que personalmente tiene anécdotas que son buenas y graciosas. Cuando vino del exilio a la España de Franco tuvo que jurar o prometer que aceptaba el sistema, las leyes, y le preguntaron: “¿Jura o promete?”, que es lo que le preguntaban a todos. “Yo lo que se lleve”, contestó. Tiene frases de esas que han quedado, y que a lo mejor las encuentras en una novela suya, pero es lo único que encuentras en toda la novela. Pérez de Ayala, que era un gran crítico, dijo lo definitivo: “Una novela de Baroja es un tranvía: la gente, los personajes, suben, bajan, entran, salen, están un rato y de pronto se van, y no sabes por qué se han subido y por qué se han bajado”. Yo no entiendo la vigencia de Baroja. Hubo una vigencia, la de posguerra, hasta que murió; Azorín y él eran los únicos 1898 que quedaban. A Baroja nos lo seguían vendiendo como un rebelde, como un anarquista, pero no era nada de eso, estaba muy a gusto en la España de Franco. Ese montaje. Hombre, yo comprendo, Camilo me habla de él, lo quería y lo admiraba mucho. Pero luego tiene poco de Baroja, tiene mucho más de Valle-Inclán. Camilo es un artista de la palabra, hace la prosa de arte, como dice Lázaro Carreter, y ésa es la de Valle-Inclán. Camilo cuida cada palabra, cada adjetivo, lo cuida al máximo. Baroja no, Baroja siempre dice lo mismo. Del que es feo dice Baroja: “Tenía una cara juanetuda”. La cantidad de juanetudos que hay en Baroja; todo el que es feo tiene una cara juanetuda, que es algo que le debe parecer a él muy gracioso, el que tiene juanetes en la cara. No tiene otro adjetivo. Además es repelente, porque parece que a un tío la cara le huele a pies.


FRANCISCO UMBRAL, entrevistado por Eduardo Martínez Rico para Umbral: vida, obra y pecados. Conversaciones, Ediciones Foca, Madrid, 2001, págs. 99-101

lunes, 14 de julio de 2014

14


Los extranjeros

Ningún águila de oro volaba sobre Lauros
el día en que nació mi padre; en Astobieta
no había escudos de armas ni aldabas repujadas;
no había arpas ni acordeones ni libros
duros en anaqueles de cedro. Mis ancestros
fueron hojalateros, patateros, cabreros,
molineros, peones, carreteros, labriegos
que miraban la luna para plantar las berzas,
pastores que ordeñaban vacas, castraban toros,
mataban gatos blancos, segaban hierba fresca
tres veces cada año, montaban el caballo
sobre la yegua y recogían argoma,
yo
procedo de un linaje sin linaje,
de una aldea de avena sin historia,
un pueblo protegido y forrado de silencio,
un pueblo de solos y de nadies.

Nadie de Lauros rindió Tenochtitlan.
Nadie persiguió ballenas hasta Terranova.
Nadie posó ante el árbol de Gernika.
Nadie lloró al derogarse los fueros.
Nadie se alzó contra los franceses.
Nadie supo del 98.

Yo quiero contar una historia, la historia
del hombre Euskadi y el hombre España,
la llegada de los hombres de las banderas
con el dedo acusante y los ceños fruncidos
a mi pueblo labriego de boronas y de nadies.
Cómo tomaron Lauros. Qué nos dijeron.
Cómo nos hicieron creer que ganamos batallas
en guerras fabulosas donde nunca luchamos.

Yo quiero contar la historia del hombre
que olvidó a su pueblo de nadies
hasta que vio a su padre agonizando
y entonces recordó
que en su casa no había escudos de armas,
en su casa no había retratos al óleo,
en su casa nunca nació un militar,
en su casa nunca un escritor,
en su casa nunca nadie fue nadie.

Yo soy esa historia. Soy el hombre
que cambió la azada por la pluma
y quiere cantar lo suyo y de nadie.
Soy el hombre que quiere
morder y pisar las rosas.
Soy el que miraba las botellas de suero
en la agonía de un hospital
y descubrió el bulto cancerado
que ocultan las historias grandes.
Y dijo: yo soy nadie
y los vascos son extranjeros.
Y dije: yo soy nadie
y los españoles son extranjeros.

Y digo: viva nadie
y guerra al extranjero.


BATANIA / NEORRABIOSO, La poesía ha vuelto y yo no tengo la culpa, Madrid, 2014, págs. 22 y 23

domingo, 13 de julio de 2014

Siempre dudando entre salvar el mundo o salvarnos de él (61)


13


No me olvides

Tú que fuiste sin fábula
para que fuera fabuloso
y me hacías sin palabras
para que fuera palabrista,
alegra esa cara de muerto
pues no te olvido, aita,
no me olvides.


BATANIA / NEORRABIOSO, La poesía ha vuelto y yo no tengo la culpa, Madrid, 2014, pág. 21

sábado, 12 de julio de 2014

12


Las cuatro edades de la historia, según OVIDIO


Surgió primero la edad de oro, que, sin autoridad ninguna, de forma espontánea, practicaba la lealtad y la rectitud. No existía el castigo, ni el miedo, ni se leían amenazas en placas de bronce expuestas en público, ni la masa en actitud suplicante temía la mirada de su juez, sino que estaba protegida sin que nadie la defendiera. El pino aún no había sido derribado en sus montes de origen, ni había descendido hasta las aguas transparentes para recorrer el universo desconocido, y los seres humanos no conocían más riberas que las propias. Los escarpados fosos no rodeaban aún las ciudades; no existían rectas trompas de bronce, ni cuernos en espiral, ni cascos, ni espadas; los pueblos, sin necesidad de guerreros, disfrutaban tranquilamente la dulzura de la paz. La propia tierra, libre, sin que la azada la tocase ni la desgarrase el arado, lo ofrecía todo espontáneamente; contentos con los alimentos que nacían sin que nadie los obligase, cogían los frutos del madroño, las fresas silvestres, los frutos del cornejo, las moras adheridas a las ásperas zarzas y las bellotas que caían del copudo árbol de Júpiter. Era una eterna primavera, y los suaves Céfiros acariciaban con sus brisas templadas las flores que nacían sin semilla. Enseguida, la tierra producía cosechas sin ser arada, y el campo amarilleaba de espigas cargadas de grano sin que lo dejasen en barbecho; corrían ríos de leche, ríos de néctar y de las encinas de verde follaje brotaban doradas gotas de miel.

Cuando el mundo quedó bajo el dominio de Júpiter, tras ser arrojado Saturno al tenebroso Tártaro, apareció la estirpe de plata, inferior a la de oro, más preciosa que la de amarillo bronce. Júpiter acortó el tiempo de la antigua primavera y distribuyo el año en cuatro épocas con inviernos, veranos, otoños variables y una breve primavera. Entonces el aire refulgió por vez primera, agostado por la sequedad del calor, y colgaron los carámbanos congelados por los vientos. Entonces empezaron a refugiarse en casas (casas fueron las cuevas, y la espesura de los arbustos, y las estacas unidas con corteza de árbol). Entonces fueron enterradas en los surcos alargados las primeras semillas de Ceres, y los novillos empezaron a gemir, oprimidos por el yugo.

A aquella le sucedió una tercera estirpe, de bronce, de naturaleza más cruel, y más inclinada a las espantosas armas, pero no perversa. La última es de duro hierro; inmediatamente, en esa edad de metal inferior surgió todo el mal; huyeron el pudor, la verdad y la lealtad, y ocuparon su lugar el engaño y la trampa, la insidia y la violencia, y el deseo perverso de poseer. Daba el marino su vela a los vientos sin conocerlos aún, y la madera de las quillas, que había permanecido largo tiempo en lo alto de los montes, brincaba sobre mares desconocidos, y un agrimensor precavido marcó con una larga linde la tierra, antes común como la luz del sol y las brisas. Y no solo reclamaron al suelo pródigo las cosechas y el alimento necesario, sino que penetraron en las entrañas de la tierra y excavaron lo que provoca desgracias, las riquezas que ella había ocultado situándolas junto a la tenebrosa Estigia. El pernicioso hierro y el oro más pernicioso que el hierro ya habían aparecido; aparece la guerra, que utiliza a ambos para luchar, y agita en su mano ensangrentada las resonantes armas. Se vive del saqueo; el huésped no está a salvo de su anfitrión, ni el suegro de su yerno; incluso entre hermanos escasea la buena disposición. El hombre ansia la muerte de su esposa, ésta, la de su marido; malvadas madrastras mezclan brebajes de acónito que hacen palidecer, el hijo pregunta antes de tiempo por la edad de su padre. El amor filial yace derrotado, y la virgen Astrea abandona, la última de los inmortales, la tierra empapada en sangre.


OVIDIO, Metamorfosis, Libros I-V, traducción de José Carlos Fernández Corte y Josefa Cantó Llorca, Gredos, Madrid, 2008, págs. 233-236


viernes, 11 de julio de 2014

11


El muerto

Lo que cuesta mantener a un muerto,
lo que gasta en trajes y dentistas,
lo que agota llevarlo a la espalda
de Atocha hasta Argüelles,
si alguien supiera,
el muerto a cuestas,
todos los días,
lo que cansa vestir
los zapatos del muerto,
las camisas del muerto,
la bufanda del muerto,
si alguien me oyera,
cómo me suena el muerto,
cómo me llora,
cómo me roe,
cómo me grita
a trueno y rompepierna,
cómo me paso las noches
sin hacer un verso
porque no quiere el muerto,
porque no me sabe,
porque no se le ocurre,
no se me inspira,
si alguien entendiera,
lo que cuesta decir
sin pasar por loco
que mi padre vivió
sesenta y siete años
como un jilguero de nieve,
ningún clavo, ninguna tuerca,
ninguna mancha,
si alguien creyera,
y desde que vive
muerto
me obliga y me retuerce,
me ordena y me llama el muerto,
me apunta y me requiere,
siete años ya,
si alguien pudiera...


BATANIA / NEORRABIOSO, La poesía ha vuelto y yo no tengo la culpa, Madrid, 2014, pág. 17

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (710): Ana Rossetti escribe una poética irónica sobre la presencia femenina en las antologías de poesía


La obra [Ella tienen la palabra, antología de Noni Benegas y Jesús Munárriz] recoge a cuarenta y una mujeres poetas que están publicando en ese momento, nacidas a partir de 1950. Comienza con Ana Rossetti, cuya poética revela con humor el estado de la cuestión sobre las antologías, de qué manera aquéllas en las que solo aparecen mujeres se ven bajo sospecha y se las llama “femeninas”, mientras que aquellas otras en las que escasea la presencia de las mujeres o están integradas sólo por hombres, no son en cambio denominadas “masculinas” sino “antologías de poesía” sin más.

POÉTICA
Evaluación de antologías poéticas según cuotas de participación por sexos

100%   =   Antología de poesía
Hasta el 75%   =   Correcta
Hasta el 65%  =  Aceptable
50%   =   Sospechosa
Menos del 50%   =   Provocativa
Menos del 35%   =   Ridícula
Menos del 25%    =    Imposible
0%    =    ¡Otra antología de mujeres…!

Universo de la muestra: todas las publicaciones anteriores, la presente incluida


MARÍA ROSAL, Con voz propia: estudio y antología comentada de la poesía escrita por mujeres (1970-2005), Renacimiento, 2006, págs. 47 y 48

jueves, 10 de julio de 2014

10


La muerte

Por tanto,
la locura sabe mi nombre
y los féretros fueron calumniados:
la muerte es un retiro,
la muerte es una gárgola,
la muerte es la alfombra y turba necesaria,
pero yo
entonces
pregunto
por qué al primer disparo me saltaron los dientes
de leche,
por qué mi padre está muerto
y a salvo
y siento míos sus gusanos,
por qué me siguen comiendo,
día a día,
cada minuto,
por qué esta noche
los trenes huyen como leopardos,
no os entiendo,
la gente se muere
y no os atrevéis a cortar las calles,
no quemáis los contenedores,
no lanzáis piedras contra ellos,
no escapáis de los antidisturbios,
os odio, me dais asco,
quisiera meteros un cactus en la boca
o que ardierais en una pira
con vuestras biblias de cobardes,
queréis acostumbrarme a la muerte
pero la muerte
no es ninguna maestra,
no es ningún telescopio,
la muerte no es un atlas,
no da sabiduría,
la muerte no da nada
más que miedo,
silencio,
soledad
y rabia.


BATANIA / NEORRABIOSO, La poesía ha vuelto y yo no tengo la culpa, Madrid, 2014, pág. 17