sábado, 30 de julio de 2016

Diecisiete aforismos de Miguel Hernández


• • • • • El limonero de mi huerto influye más en mí que todos los poetas juntos.

• • • • • Pierde la mitad de valor el verso que se dice y gana doble el que se queda en la garganta.

• • • • • Se me ha olvidado Dios.

• • • • • Creo que la humildad es virtud de impotentes: de bueyes y corderos.

• • • • • Mañana: ¿cuándo mañanaremos los pobres?

• • • • • Pesa más, da más miedo un ataúd cerrado que un cementerio abierto.

• • • • • Te pensabas más bella de lo que estabas, y lo eras.

• • • • • Las cigarras, cohetes que estallan al final de las fiestas del verano.

• • • • • La sombra aumenta el verdor.

• • • • • Las guitarras dejadlas que trinen solas.

• • • • • Hay que levantar hombres a las estatuas.

• • • • • Avergüénzate de mandar a un hermano tuyo.

• • • • • Más alta que un grito. Así te cayeras desde lo alto de él.

• • • • • Qué paz más encarnizada.

• • • • • ¡Ay, qué sabor de madre cuando pronuncio tierra!

• • • • • El león dentro de la jaula parece llovido de hierro.

• • • • • El minuendo de la luna, el sustraendo de los días.


MIGUEL HERNÁNDEZ, Prosas líricas y aforismos, Ediciones de la Torre, Madrid, 1986, 145 págs.

jueves, 28 de julio de 2016

ARCADIA LITERARIA (237): Valente sobre "Llanto por Ignacio Sánchez Mejía", de Lorca


El "Llanto..." merece un análisis que todavía no se ha hecho. Como pieza aislada es, a mi modo de ver, el poema más conseguido de nuestra poesía moderna y, desde luego, la composición en que Lorca alcanza más indiscutiblemente una poética de primera magnitud.


JOSÉ ÁNGEL VALENTE, Diario anónimo (1959-2000), Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, Barcelona, 2011, pág. 43

TROYA LITERARIA (1030): Juan Ramón Jiménez sobre D'Ors (II)


Hay algo peor que la cursilería del sentimiento: la de la inteligencia; pues la sensiblería –¡espantosa!– puede, por otra parte; ir con los sentimientos nobles; pero la intelectualería es siempre manifestación de pensamientos bajos.

En España tenemos un vago maestro de intelectualería; es una falsificación catalana más… o menos.


JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, Ideolojía (1897-1957), Anthropos, Barcelona, 1990, pág. 223

martes, 26 de julio de 2016

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (1016): La madre de Rosalía de Castro decide recuperar a su hija después de haberla abandonado durante sus primeros diez años


Rosalía de Castro conocía muy bien el problema de los niños abandonados pues creció sin saber quiénes eran sus progenitores. En su partida de bautismo figura como María Rosalía Rita, «hija de padres incógnitos». Le bautizaron el mismo día de su nacimiento, el 24 de febrero de 1837. Rosalía había llegado al mundo en una casa abandonada en Camiño Novo, cerca de Santiago. Su madre, María Teresa de Castro y Abadía, era una mujer soltera de 33 años que intentó ocultar la vergüenza del nacimiento de aquella niña no deseada.

Según las normas sociales de la época resulta explicable la reacción de la madre teniendo en cuenta que María Teresa de Castro pertenecía a una clase elevada dentro del mundo rural gallego y que el padre de la niña era José Martínez Viojo, un conocido sacerdote.

Afortunadamente, Rosalía no llegó a ingresar nunca en la inclusa. Una mujer, Francisca Martínez, su madrina de bautismo, se ocupó de su cuidado en los primeros meses. Más tarde, dos tías de Rosalía, hermanas de su padre, la llevaron a vivir con ellas.

Es posible que Rosalía jamás se hubiera enterado de quiénes eran sus padres de no ser porque María Teresa de Castro no pudo seguir ignorando la existencia de la niña.

Rosalía tenía cerca de diez años cuando su madre se hizo cargo de ella y juntas se fueron a vivir a Santiago. María Teresa no reaccionó movida sólo por el cariño, sino con el deseo de facilitar a su hija una educación no muy frecuente entre las mujeres en aquel tiempo.

María Teresa de Castro intentó compensar a su hija, aquella niña que había alejado de su lado nada más nacer. Se enfrentó a todos para estar al lado de Rosalía y ésta perdonó a su madre nada más verla. Mutuamente intentaron suplir aquellos años de desamor y vivieron siempre muy unidas.


MARÍA TERESA ÁLVAREZ, Ellas mismas, La Esfera de los Libros, 2005, Madrid, edición digital en Lectulandia (AQUÍ), pág. 161

lunes, 25 de julio de 2016

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (1015): Cortázar murió por el SIDA que contrajo en una transfusión, según afirma Peri Rossi


“Julio Cortázar no murió de cáncer ni de leucemia como se especuló, sino que falleció de sida con la desgracia que le contagió la enfermedad a su querida esposa, Carol Dunlop. Ella murió primero, dos años antes de Julio, porque aunque era muchísimo más joven, le habían quitado un riñón”.

La valiosa escritora y periodista Cristina Peri Rossi, dialogó con Clarín sobre el gran escritor argentino, a quien conoció en 1973 y fueron amigos hasta su fallecimiento y compartieron una relación sentimental.
  
“El sida no se había identificado cuando Julio lo contrajo, era una enfermedad sin nombre. Consistía en un retrovirus no identificado. Lo contrajo porque sufrió una hemorragia estomacal en agosto de 1981 cuando vivía en el sur de Francia. Lo hospitalizaron y le hicieron una transfusión de varios litros de sangre, que después se supo, en medio de un gran escándalo, que estaba contaminada”.
  
“Tengo una carta de Julio donde me dice “me he convertido en un vampiro de verdad porque me han tenido que cambiar la sangre y la pobrecita Carol me tuvo que llevar al hospital más cercano”, decía la carta.
  
“Años después se supo que esa sangre, que venía de la Cruz Roja, estaba contaminada. Se produjo un gran escándalo que terminó con la destitución del ministro de Salud Pública. La sangre se compraba a emigrantes pobres. No se realizaban pruebas, análisis, porque la enfermedad, el SIDA, eran desconocidos”.
  
¿Al principio los allegados a Julio pensaron que podía padecer de cáncer?, preguntó Clarín. “Es cierto, pero, ese diagnóstico no existió. Todo lo contrario”, responde Cristina. “La verdad es que la enfermedad que padeció Julio no estaba todavía diagnosticada, no tenía una denominación específica, se le llamaba “pérdida de defensas inmunológicas”.

¿Se la describía de alguna manera?, inquiere el periodista. “Se caracterizaba por un aumento desmesurado de los glóbulos blancos, manchas en la piel, diarreas, cansancio, infecciones oportunistas y culminaba con la muerte”, explica Cristina.
  
Cortázar viajó a Barcelona en noviembre de 1983, y estaba muy preocupado por el avance de la enfermedad.  “No tengo cáncer, me lo dicen los médicos franceses y después nos ponemos a hablar de literatura”, le confió Julio.
  
“Me enseñó una placa negra en su lengua, el sarcoma de Kaposi. Padecía un virus que desconcertaba a los médicos y no tenía tratamiento específico. Ningún médico sabía, tampoco cómo se transmitía o cómo se contraía”.

Cristina Peri Rossi estaba muy alarmada y le pidió a Julio que consultara con un excelente médico y poeta barcelonés, Javier Lentini, muy amigo de la escritora uruguaya. “Me merecía toda confianza. Fuimos a verlo Julio y yo con los análisis. Lentini confirmó que por los análisis de sangre de Julio y otras pruebas, descartaba la existencia de un cáncer. Atribuyó la enfermedad a un raro virus sin identificar”.
  
Lentini fue con Cristina y Julio a consultar a otros dos hematólogos catalanes de mucho prestigio que le realizaron una cantidad de pruebas. “El resultado fue que tenía una infección  no determinada provocada por un retrovirus. Y que no había ningún tratamiento. Había tres retrovirus identificados y este desconocido”.
  
“¡No me dan nada para tomar, ni una pastillita!”, le decía Cortázar, con desesperación, a Cristina quien recuerda que un cuadro semejante había provocado la muerte de su mujer, un año y medio antes. “La causa había sido una rarísima enfermedad no identificada , un virus desconocido que le provocó la pérdida de defensas inmunológicas y la aparición de infecciones oportunistas. Para ella la enfermedad avanzó muy rápido porque le habían extirpado un riñón en su juventud”.
  
Julio Cortázar murió el 12 de febrero de 1984. Cristina no se consuela. “Sé que tenemos que morirnos pero me rebela porque podría haberse evitado aunque no sé cómo”. Tiene muchos recuerdos recónditos que guarda con un inmenso cariño y los quince  “Poemas a Cris” dedicados que le envió Julio por carta en 1977.
  
La carta a Cristina Peri Rossi decía: “Bichito: sé que serás benévola con estos poemas, cuyo único delito es haberlos escrito; pero a lo mejor no podía hacer otra cosa, la que hubiera querido, y sin embargo te los debo, como te debo tantas otras cosas. Sé que me las vas a perdonar y sé que las leerás con tu media sonrisa llena de ternura y de comprensión, porque vos lees más allá de las palabras, que es donde se encuentra el verdadero texto”.


JUAN CARLOS ALGAÑARAZ, Aseguran que Julio Cortazar murió de sida que contrajo en una transfusión, Clarín, 12 de febrero de 2014 (AQUÍ)

domingo, 24 de julio de 2016


TROYA LITERARIA (1029): Breton sobre Dalí


El propio Dalí me dijo en febrero de 1939 –y yo le escuché con la atención suficiente para estar seguro de que hablaba completamente en serio– que el problema fundamental con que se encontraba el mundo actual era racial y que la única solución era que todas las razas blancas se unieran y redujeran a la esclavitud a los pueblos de color. No sé qué puertas abrirá esta declaración a su autor en Italia y los Estados Unidos, los dos países entre los que se mueve, pero sí sé qué puertas le va a cerrar…


ANDRÉ BRETON, recogido por Dawn Ades en Salvador Dalí, ABC, Ediciones Folio, Barcelona, 2004, pág. 129 

sábado, 23 de julio de 2016

Diecisiete pensamientos de Benavente


• • • • • Muchos se creen caudillos porque ven que una multitud les sigue: no les sigue, es que les empuja.

• • • • •  “El hombre es el lobo del hombre”, dijo alguien que conocía a los hombres mejor que a los lobos.

• • • • • El único modo de que la gente no crea en algo malo, es porque le convenga creer en algo peor.

• • • • • La verdad siempre parece traición a los que viven del engaño.

• • • • • El que se anticipa a ofrecer sus tesoros no teme nunca ser robado.

• • • • • Así como para sostener el interés en una reunión no hay como hablar mal de alguien, para dispersar una reunión molesta no hay como prodigar alabanzas, elogios y admiraciones.

• • • • • ¡Qué afán de separarnos, de clasificarnos, de creernos distintos los unos de los otros, si todos somos iguales, de la misma raza, la pobre raza humana, que se empeña en dividirse, en odiarse, en separarse en castas, en clases, en personas, cuando toda la simpatía y todo el amor que puedan estrecharnos aún es poco para sobrellevar entre todos la pena de vivir nuestra vida!

• • • • • Nunca he encontrado mérito en el valor de Aquiles, que se sabía invulnerable.

• • • • • En asuntos de amor los locos son los que tienen más experiencia. De amor no preguntes nunca a los cuerdos; los cuerdos aman cuerdamente, que es como no haber amado nunca.

• • • • • Dicen que el amor está en quiebra. Yo no sé lo que entenderán por quiebra; lo que puedo decir es que el mundo no lleva traza de acabarse: en todas partes sobra gente; de modo que el amor puede que esté en quiebra, pero debe haber muy buenas imitaciones.

• • • • • La vida se empieza todos los días cuando pensamos en algo que nos importa más que nosotros mismos.

• • • • • Es posible que un español se resigne a no tener talento; lo difícil es que se resigne a que lo tengan los demás.

• • • • • Dice Montherlant, el escritor francés moderno más amigo de España y bastante conocedor de ella, salvo los inevitables prejuicios, que la primera vez que presenció una corrida de toros en España, al oír a cada instante cómo los espectadores de un lado y de otro increpaban a los toreros: “Por derecho”, “Saca más la vara”, “Con la izquierda”, “Llévalo a las tablas”, “Por alto”, “Por bajo”, y al ver a los lidiadores atolondrados entre el diluvio de advertencias y de instrucciones, sacó la impresión de que en España todo el mundo sabía torear menos los toreros. Pues lo mismo sucede en política, en medicina, en arte; no digamos en el teatro. Nadie se limita a ser espectador; todos creen entender más que los encargados de las respectivas lidias.

• • • • • El amor es como D. Quijote: cuando va a recobrar el juicio es que está para morir.

• • • • • Cuando ve uno en alto a muchos personajes, no piensa uno cómo pudieron subir, sino de dónde pudieron caer.

• • • • • ¡Bienaventurados nuestros imitadores, porque de ellos serán todos nuestros defectos!

• • • • • Si de algo sirve la envidia en el mundo, es para advertir en dónde está el mérito.


JACINTO BENAVENTE, Pensamientos, Librería y Casa Editorial Hernando, Madrid, 1931, 229 págs.

miércoles, 20 de julio de 2016

TROYA LITERARIA (1028): Pedro Salinas sobre los escritores franceses


Hoy Monsieur Salinas ha pasado un día terriblemente literario, en contacto (¡forzoso!) con escritores franceses, que es una especie humana que detesto. He tomado el té en casa de Paul Valéry y esto que es un honor tan codiciado por tantos esnobs de ambos mundos me ha aburrido bastante. No por Valéry mismo, que es un hombre encantador y muy superior a sus admiradores, sino por el ambiente literario. Las gentes tratan a Valéry como a un dios y yo no trato como a un dios a nadie… más que a una diosa, que tú conoces. Valéry ha sido encargado por su Gobierno de dirigir una universidad de Niza, que los franceses han inventado un poco sobre el modelo de Santander, así que he hablado con él de cosas universitarias y nada de poesía. Eso ha hecho más fácil y grata la conversación. Luego he ido a cenar a casa de un matrimonio literario: ella Marcelle Auclair, chica fina, agradable y bien parecida. Él Jean Prévost, insoportable, con no sé cuánta pedantería encima, entre otra la de la antipatía cultivada. Estaba también el novelista André Chamson, con su mujer, gente grata. Pero te aseguro, mi Katherine, que no me encuentro bien con esta clase de personas. El literato francés se cree siempre un ser elegido, centro de la admiración del mundo y tanto se lo cree que esta convicción se apodera de mí y no los veo como personas, sino como a animales raros en un Zoo; es decir, no me encuentro a nivel humano con ellos. Lo humano en ellos, que existe, claro es, se disimula, se esconde detrás de una serie de convencionalismos, de falsedades mecánicas, de desdoblamientos de vanidad.


PEDRO SALINAS, carta enviada a Katherine Whitmore desde París el 28 de abril de 1933, incluida en Cartas a Katherine Whitmore, Tusquets, Barcelona, 2002, pág. 214

jueves, 14 de julio de 2016

Diecisiete epigramas de Wilde


• • • • • Estoy harto de las mujeres que me quieren. Las que me odian son mucho más interesantes.

• • • • • Hoy en día, la mayoría de la gente muere de una especie de sentido común progresivo, sólo para descubrir, cuando ya es demasiado tarde, que la única cosa de la que uno jamás se arrepiente es de los propios errores.

• • • • • Solo somos capaces de emitir opiniones realmente imparciales sobre aquello que no nos interesa, lo que sin duda explica la absoluta inutilidad de toda opinión imparcial.

• • • • • Cuando me da por pensar de noche en mis defectos, me quedo dormido inmediatamente.

• • • • • Preferiría perder a mi mejor amigo antes que a mi peor enemigo. Para tener amigos sólo se necesita ser afable; pero cuando un hombre se queda sin enemigos es que se ha vuelto un pobre hombre.

• • • • • Amarse a sí mismo supone el comienzo de un romance eterno.

• • • • • Lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe, eso es todo.

• • • • • El Arte es la forma más intensa de individualismo que conoce el mundo.

• • • • • Solo los mediocres progresan. El artista se mueve en un círculo de obras maestras, de las que la primera es tan perfecta como la última.

• • • • • Detesto la vulgaridad del realismo en la literatura. Al que es capaz de llamarle pala a una pala, deberían obligarle a usar una. Es lo único para lo que sirve.

• • • • • Hoy en día, todos los grandes hombres tienen discípulos, y siempre es Judas quien escribe su biografía.

• • • • • Los elogios me vuelven humilde, pero cuando me insultan sé que he tocado el cielo.

• • • • • En Inglaterra ha sido posible escribir buena poesía porque el público no la lee, y por lo tanto no influye en ella.

• • • • • Un mapa del mundo que no incluya Utopía no merece la pena ni mirarlo, ya que deja fuera el único país en el que la Humanidad siempre está desembarcando. Y una vez que la Humanidad ha desembarcado, dirige la vista a la lejanía y, divisando un país mejor, se embarca de nuevo en su búsqueda.

• • • • • Le dais a vuestros hijos el calendario criminal de Europa llamándolo historia.

• • • • • La maldad es un mito inventado por los buenos para justificar el curioso atractivo de los demás.

• • • • • Nunca he conocido a nadie en quien predominara el sentido de la moral y que no fuera una persona sin corazón, cruel, vengativa, profundamente estúpida y completamente falta de la más mínima humanidad. La gente decente, como se los llama, no son más que bestias. Preferiría tener cincuenta vicios contranatura que una virtud contranatura.


OSCAR WILDE, El Arte del Ingenio (Epigramas), Valdemar, Madrid, 1998, traducción de Beatriz Torreblanca, 218 págs. 

lunes, 11 de julio de 2016

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (1014): Las falsas atribuciones de algunas obras literarias y artísticas


El caso de las Iluminaciones no es extraordinario ni el más sonado entre los de obras artísticas atribuidas en falso, en unos casos por interés (del usurpador) y en otros por circunstancias no siempre fáciles de rastrear. En España tuvo lugar uno de los más sangrantes, el de la riojana María de la O Lejárraga, quien según estudios recientes sería la autora prácticamente única de los escritos atribuidos a Gregorio Martínez Sierra, quien al parecer no andaba muy sobrado de inspiración. La cuestión de la autoría plantea interrogantes desde los albores mismos de la literatura conocida. Los filólogos discuten si Homero pudo haber escrito tanto 'La Odisea' como 'La Ilíada'. En el caso de Shakespeare, hay teorías para todos los gustos, pero la más sabrosa propone que su nombre habría sido un alias tras el que se habrían ocultado nombres ilustres como Christopher Marlowe, Francis Bacon y –según las más recientes teorías– Edward de Vere, dramaturgo y decimoséptimo conde de Oxford. Henry Willy Gauthier-Villars acostumbraba servirse de negros para abastecer su producción literaria, hasta que uno de ellos, la bailarina de revista y escritora Colette, que acabó casándose con él, desveló que su marido era no sólo un adúltero profesional sino "un mentiroso impotente ante la página en blanco". Las colaboraciones entre escritores, que rara vez han acabado bien, nos han dejado numerosas adjudicaciones como poco incompletas. Un Dickens ya maduro se dedicó a quemar las cartas escritas a sus amantes y a su colega Wilkie Collins para que en el futuro no se pudiera determinar hasta qué punto fue relevante aquella 'joint venture'. Casi nadie recuerda ya que muchas novelas firmadas exclusivamente por Alexandre Dumas las escribió al alimón con Auguste Maquet, entre ellas 'El conde de Montecristo' y 'La reina Margot'. En otras disciplinas artísticas encontramos ejemplos semejantes. En los inicios de su volcánica relación con Auguste Rodin, la también escultora Camille Claudel trabaja para él como ayudante y modelo. Entre 1886 y 1888, cuando ella prepara su grupo de figuras 'Sakuntala', Rodin deja en manos de su pupila la factura de ciertas partes de sus creaciones; la comunión de intereses (y no sólo de intereses) es tal que resulta imposible saber de quién es cada escultura, y por esa época se sabe que Rodin firma trabajos de Camille como si fueran propios. La dinámica dentro de los talleres de pintura ofrece una problemática añadida al dilema de la autoría. Fernando Marías, uno de las mayores autoridades en la figura de El Greco, sostiene que el revés de salud que sufrió el artista en 1608 –muy posiblemente un ictus en su opinión– le inhabilitó con toda seguridad para seguir pintando. Sus clientes de Toledo comenzaron a regatearle el precio de sus cuadros ante la sospecha de que eran fruto colectivo de los empleados de su taller. Gracias al libro 'Las olvidadas', de Ángeles Caso, hemos conocido el caso de la pintora Sofonisba Anguissola, alumna de Miguel Ángel que tiene obras expuestas en museos de todo el mundo –como el Prado–, pero atribuidas todas a hombres: Tiziano, Antonio Moro o Sánchez Coello. Otro tanto le pasó a Artemisia Gentileschi, cuya pintura oscura y apasionada ha servido para engrandecer los méritos de varios artistas de su época como Caravaggio o su propio padre, Orazio Gentileschi. En el terreno musical, un documental reciente vuelve a la carga con la hipótesis de que Anna Magdalena Bach, soprano y esposa del gran Johann Sebastian, habría escrito –no copiado, como siempre se supuso– algunas de las partituras cumbre de su marido, nada menos que las 'Suites para violonchelo', el primer preludio del Libro I de 'El clave bien temperado' y hasta el aria de las 'Variaciones Goldberg'. Es lo que tienen los grandes nombres: son como un imán de obras de autores con menos peso específico. Algunos malos poemas y escritos que circulan por internet son atribuidos a Borges o Neruda igual que quizá el (buen) Ave María a cuatro voces se le ha adjudicado siempre a Tomás Luis de Victoria sin ser suyo.


P. UNAMUNO, Algunas falsas atribuciones, El Mundo, 19 de diciembre de 2014. Todo el artículo AQUÍ

sábado, 9 de julio de 2016

TROYA LITERARIA (1027): Irving sobre Hemingway (II)


Siempre odié a Hemingway. Incluso de adolescente me daba vergüenza ajena. Por su forma de ser hombre y por su forma de ser escritor. Su prosa simplona. Si uno sólo consigue escribir esas frases tan cortas, ¿por qué no dejar la narrativa y dedicarse como modus vivendi a la publicidad? No creo, en su caso concreto, que su formación como periodista lo haya ayudado. Creía que tenía que seguir con esas frases breves y simples, que no le habrían servido jamás a escritores como Melville, Flaubert, Hardy o Dickens. Gracias a Dios que ellos no tenían inclinación por la prosa simplona y la brevedad. Y la manera que tenía Hemingway de representar la masculinidad siempre me pareció una broma de mal gusto. Al menos para mí, que competí como luchador deportivo durante veinte años y trabajé como entrenador durante otros muchos. Hemingway no era un boxeador, era un amateur. Era un gordinflón y, como escritor, estaba igualmente inflado. Fue el responsable de una tendencia en la literatura estadounidense. Sus imitadores creen que el minimalismo los hace parecer más inteligentes. Como modo de escribir prefiero, obviamente, las frases complicadas o al menos complejas, por la misma razón por la que me gustan los personajes complejos y complicados. Incluso en su mejor novela, que escribió a los veintisiete años, Fiesta, la mayor complejidad de su personaje principal es que no consigue una erección. ¡Ésa es la historia central, y por eso existe la novela! Supongo que para alguien como Hemingway lo que le pasa a un personaje era su mayor pesadilla. Como escritor y como hombre, era un fraude.


JOHN IRVING, entrevistado por Valerie Miles y recogido en John Irvin, el outsider, La Nación, 19 de abril de 2013. Toda la entrevista AQUÍ

ARCADIA LITERARIA (236): Magris sobre Borges


Toda la obra de Borges está impregnada por la melancólica conciencia de que la literatura no puede salvar la vida y de que un poeta, en una poesía acerca de un tigre, sólo consigue decir «palabras, palabras, palabras», un tigre de sílabas y de papel, y busca en vano al otro tigre, al que no está en el verso sino en la selva. Pero Borges es grande precisamente porque logra evocar la vida, su plenitud y su vanidad, expresando la falta de adecuación de la literatura para representarla y haciendo propia esa inadecuación, asumiendo todos los riesgos del vacío y la aridez y consiguiendo así expresar la verdad de la ausencia moderna, del significado que no se deja atrapar y de las cosas que no se dejan aferrar. Gran intérprete de esta ausencia moderna, sabe ser también su víctima, destinando su obra a parecerse al mapa del imperio del que traza una parábola, un mapa que reproduce fielmente la tierra y se ajusta a ella con exactitud, pero que al final el viento acaba por hacer pedazos.

Se ha ensalzado a Borges como a un funámbulo del artificio y a un prestidigitador de la relojería literaria y los mecanismos literarios que se tienen como fin a sí mismos. Ésa es una mala pasada que el sapiente actor, para distraer su melancolía, ha jugado a muchos de sus émulos y admiradores, sofisticados, es decir, toscos y destinados a simular miserablemente la dolorosa e irónica ambivalencia de su poesía, que parece fácil de imitar como la kafkiana, pero al igual que ésta es inimitable y no muestra desde luego el triunfo coqueto del sofisma, sino la aventura y el extravío de la inteligencia en la trama elemental del mundo.

El mismo Borges, en muchas páginas repetitivas, se parece a sus flojos plagiarios; no es ciertamente un intelectual y ni siquiera es verdaderamente culto, porque su enorme erudición es un centón de motivos más acumulados que verdaderamente asimilados, pero sabe ser, a ratos, un gran poeta de lo elemental, de esa sencillez suprapersonal que nos afecta a todos y cada uno, y sabe expresar la luz de una tarde, la caída de la lluvia, la cercanía del sueño, la sombra de la casa natal o la frescura del agua que regocija en un espléndido relato, las especulaciones de Averroes. Es el poeta de la valentía, de la fidelidad, de la épica familiaridad con la vida y la muerte –de esos valores que él sabe que no posee ni en la existencia ni, salvo raras excepciones, en el arte y de los cuales sólo puede expresar la nostalgia.

Pero esa nostalgia constituye su genio. Sus dioses, ha dicho, no le concedieron la expresión que crea la vida, sino sólo la alusión que la menciona de refilón. Su poesía dice la melancolía de esa alusión fugitiva, «la inminencia de una revelación que no se produce», la espera de un secreto que no se revela. Algunos de sus relatos parecen apenas el genial esbozo de un relato que está todavía por escribir. En esa potencialidad a menudo decepcionada él encarna el destino de la literatura, a la que ya no le es dado transmitir valores y contar la unidad de la vida.

Para consolar y engañar a sus imitadores, el actor ha fingido complacerse con el jaque en que la literatura pone a la existencia. La grandeza de Borges consiste en cambio en la valentía con la que afrontó esa aridez personal y epocal, una valentía digna de esos héroes suyos que él tanto envidiaba porque, a diferencia de él, saben empuñar la espada y que le permitió hablar, en nombre de todos, de los miedos, de los apuros y la esterilidad de todos nosotros. Y de ese modo el bibliotecario acosado por la falta de amor y de deseo pudo escribir, en El Aleph, una gran parábola del amor reprimido y perdido.

La vida de Borges parece toda ella resumida en su escritura, en una bibliografía: su nacimiento en Buenos Aires, sus estudios en Europa, el culto de las memorias patrióticas y militares argentinas, su breve compromiso vanguardista pronto abandonado en favor de un escéptico clasicismo, la redacción de sus obras maestras dedicadas a los laberintos de la existencia, a las paradojas metafísicas, a la repetición circular del acaecer, a la épica de los suburbios bonaerenses. Pero su muerte nos impresiona, más que como un luto por la literatura, como la muerte de ese Cada Uno de las representaciones sagradas medievales. Nos lleva a pensar, como no ocurre con otros escritores, en nuestra vida, en nuestro amor y nuestra muerte.

Su desaparición no induce a escribir necrologías edificantes ni a atribuirle todas las virtudes. Tenía sus miopes y estrechas durezas de reaccionario, sus cerrazones, pecados y miserias de las que responder a sus dioses. Pero todo eso le hace ser hermano nuestro, espejo de nuestro destino. Hace algunos años, en Venecia, se sentía embarazado cuando le daban las gracias por lo que había escrito; sabía que no podía vanagloriarse de sus palabras y que la grandeza de su obra, misteriosa y tal vez casualmente conseguida por el otro, por el actor, formaba ya parte del mundo y no le pertenecía a él más que a mí o a cualquier otro. En sus últimos años, la gran libertad de la vejez le llevaba a disfrutar incluso con las chucherías de la vida, a haraganear por premios y congresos literarios incluso de escaso interés, regocijándose con los huecos de tiempo que le quedaban y persiguiendo esa cosa infinita e irrecuperable que todo hombre, como él había escrito, sabe que ha recibido y perdido.


CLAUDIO MAGRIS, Utopía y desencanto, Anagrama, Barcelona, 2001, traducción de J. A. González Sainz, edición digital en Lectulandia (AQUÍ), págs. 35-37

Veinte tuits


• • • • • En la herida está el poema.

• • • • • Siento una cosa, pienso otra, digo otra y hago otra distinta. Y cuando trato de unir estas cuatro fases mías, ocurre que me salta mi diferencial eléctrico.

• • • • • Para ser libre hay que saltar muchas vallas y la de la familia es la valla más alta.

• • • • • Le cuesta entender las ventajas del aire al jilguero que nació dentro de la jaula.

• • • • • ¿Tiene esta ciudad tres millones de habitantes o más bien tiene el mismo habitante tres millones de veces?

• • • • • La pasión no es lo importante, es lo único.

• • • • • El racismo se cocina a miedo lento.

• • • • • De amores bárbaros no esperes rupturas civilizadas.

• • • • • La valía de una persona se mide por el número de veces que se ha atrevido a oponerse a todas las demás.

• • • • • Lo único que me molesta del viento es que agite las banderas.

• • • • • Empiezas a encontrar todos los lugares cada vez que no vas a ninguna parte.

• • • • • Los libros son lo mejor que se ha inventado para los que no aguantamos a la gente y sin embargo la necesitamos.

• • • • • Los niños tienen la cabeza llena de pájaros y los adultos de sus cadáveres.

• • • • • Hay que dejar atrás al cerebro y ponerse a pensar de corazón en adelante.

• • • • • No me fue tan fácil encontrar el sonido adecuado. Tuve que besarla muchas veces para dejar bien afinados sus labios.

• • • • • Huye de las personas que no quieren meterse en líos, son absolutamente contagiosas.

• • • • • Ya iré más tarde. Ahora estoy ocupadísimo con mi pereza.

• • • • • Hoy tampoco cometí ningún error. Otro día perdido.

• • • • • Si estás cayendo, recuerda que en el fondo del pozo siempre hay una lámpara maravillosa.

• • • • • No entiendo a los que presumen de raíces cuando las raíces no se eligen, se eligen las alas.


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Una reflexión de George Steiner


Cada lunes la ciencia nos descubre algo nuevo que no sabíamos el lunes pasado. En cambio –y esto que le digo es totalmente irracional, y ojalá me equivoque–, el instinto me dice que no tendremos un nuevo Shakespeare ni un Mozart ni un Beethoven ni un Miguel Ángel ni un Dante ni un Cervantes el día de mañana. Pero sé que tendremos nuevos Newton, Einstein, Darwin… sin duda. Esto me asusta, porque una cultura sin grandes creaciones estéticas es una cultura empobrecida. Echamos mucho de menos a los titanes del pasado. ¡Ojalá me equivoque y el próximo Proust o el próximo Joyce estén naciendo en la casa de enfrente!


GEORGE STEINER: "Estamos matando los sueños de nuestros niños", entrevista de Borja Hermoso en El País, 1 de julio de 2016. Toda la entrevista AQUÍ

viernes, 8 de julio de 2016

TROYA LITERARIA (1026): Cela sobre Borges


Hay un nombre, Borges. Sí, escribe sobre literatura. Borges, para mí, no tiene la estimación que tiene para los demás. Ahora, estoy dispuesto a admitir que sea la excepción. No creo, en absoluto, que lo que lee el escritor llegue a formar parte de su propia vida y que sustituya en cierto modo a las experiencias. No. Lo que sucede es que eso, si se suma a una serie de características personales, produce un objeto muy adecuado para la sociedad de consumo, y entonces, qué sé yo, el instinto maternal de todas las histéricas del mundo se vuelca sobre un “sieguesito”, “pobresito”, “ansianito”. Eso gusta mucho.


CAMILO JOSÉ CELA, recogido en Lo que dijo en TVE Cela, Centro de Documentación de RTVE, Servicio de Publicaciones de RTVE, Madrid, 1989, pág. 76