domingo 29 de noviembre de 2009

Siete troyas literarias

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García-Posada contra Blas de Otero: Su obra se me ha derrumbado mucho. La ideología de la época la abruma, casi la ahoga. Fluye un complejo de culpa en algunos poemas que me resulta difícilmente soportable. ¿Por qué la mujer amada besa "besos de Dios", ¿por qué la unión de los cuerpos no basta ("porque, ¡oh, por qué!, no basta eso")?, ¿por qué ese final de Ángel fieramente humano tan teñido de religiosidad que rompe la coherencia del libro?

Breton contra Aragon: ¿Aragon? La opinión general entre nosotros era que continuaba siendo muy "literato": incluso cuando paseaba con nosotros por la calle, era muy raro que no nos leyera un texto suyo (...). Asimismo le gustaba, cuando hablaba en los cafés, no perderse ninguna de sus actitudes reflejadas en los espejos..."

Cela contra Núñez de Arce: Yo siempre dije que el gran poeta que tuvimos los españoles en el siglo XIX fue Gustavo Adolfo Bécquer, que era un poeta menor, era un laúd de una sola cuerda, pero hay que ver cómo sonaba esa cuerda. Y el gran poeta metafísico del siglo XIX, que fue Núñez de Arce, es insoportable. Es lo primero que hay que tener, una voz propia. Si no la tienes, entonces cambia de oficio

Maeztu contra Unamuno: Todos ustedes sabrán de memoria alguna poesía de Rubén Darío. Invito a cualquiera a recitar un verso de Unamuno

Ehrenburg contra Marinetti: Es difícil que gusten los versos de Marinetti. Lo que a uno le aleja de ellos es su vaciedad interior y, sobre todo, el mal gusto y el énfasis

Lisandro Otero contra Neruda: En 1960 Neruda había visitado La Habana. No lo conocía personalmente. Pese a mi admiración por su obra, la timidez juvenil me impidió acercármele. Sus majaderías usuales, sus actitudes inconvenientes que lo llevaron a ser ofensivo en ocasiones, quizá sin proponérselo, no dejaron el mejor recuerdo. En los medios culturales nos sentíamos perplejos por la candidez con que Neruda se había dejado utilizar en un instante de emergencia

Platón contra Homero: Hay que saber también que, en cuanto a poesía, sólo deben admitirse en nuestro Estado los himnos a los dioses y las alabanzas a los hombres buenos. Si en cambio recibes a la Musa dulzona, sea en versos líricos o épicos, el placer y el dolor reinarán en tu Estado en lugar de la ley y de la razón que la comunidad juzgue siempre la mejor

Troyas más desarrolladas en TROYA LITERARIA (AQUÍ)
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sábado 28 de noviembre de 2009

Las hermanas del tesoro sexual - SHARON OLDS

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EN cuanto mi hermana y yo salimos de
la casa materna, lo único que quisimos
fue follar, borrar cualquier huella de
su cuerpo de gorrioncillo y de sus delgadas
piernas de saltamontes. ¡Los cuerpos de los hombres
eran como el de nuestro padre! Macizos
los corvejones, los ijares y los muslos, elegantes
las rodillas, las pantorrillas ahusadas-
podíamos tenerlo a él en ese momento, las nalgas abultadas
y prohibidas, las corvas, la polla
en nuestra boca, ah la polla en nuestra boca.

Como exploradoras que
descubren una ciudad perdida, nos volvimos
locas de alegría, desvestíamos a los hombres
despacio y con cuidado, como si
dejáramos al descubierto enterrados artefactos que
probarían nuestra teoría de la cultura perdida:
pues si Madre decía que una cosa no estaba ahí,
es que ahí estaba.

SHARON OLDS, Satán dice, Igitur, Tarragona, 2001. Traducción de Rosa Lentini y Ricardo Cano Gaviria. 44 poemas más AQUÍ
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Ciento veintiséis (DÉBORAH VUKUSIC)

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(...) porque mi escritura es de hoy y es siempre un vómito / (supongo / que también alguien / lo habrá dicho antes) / yo no hago poesía / hago límites / y sólo vivo en mí / y en otros supuestos / que son otro yo y que me dicen // yo no hago poesía / hago teatro con mis palabras / escribo reflexiones de personajes / violento lenguajes y situaciones / me violento a mí misma / me lloro y me consuelo / me dibujo y me desdibujo en la otredad //

DÉBORAH VUKUSIC, Perversiones y ternuras / Perversións e tenruras, Baile del Sol, 2009, pág. 11
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Hoy, sábado, a las 20:30, en el Entrelíneas Librebar, DÉBORAH VUKUSIC presenta PERVERSIONES Y TERNURAS (Baile del sol)

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Antes la tomaba por una actriz que además era poeta.
Ahora la tomo por una poeta que además es actriz.

Antes la tenía por una poeta que acertaba por instinto.
Ahora la tengo por una poeta que acierta porque sabe lo que hace.

Antes la consideraba una poeta de no ficción.
Ahora la considero una poeta que puede escribir lo que le dé la gana.

Antes la admiraba por Guerra de Identidad.
Ahora la admiro por Perversiones y ternuras.


Hoy. Sábado. 20:30. Entrelíneas Librebar. C/ Gonzalo de Córdoba, Nº3. Déborah Vukušić & friends.

La poesía ha vuelto y yo no tengo la culpa.
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Una reflexión de PEDRO UGARTE a propósito de la muerte de Amparitxu, compañera de GABRIEL CELAYA

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El cínico mundo de las relaciones literarias está lleno de damas avispadas que embarrancan en las costas de un poeta y operan en sus aledaños como una codiciosa turba de vikingos. Son tantos y tan conocidos los nombres que no merecen particular recordación. Muchos de ellos ni siquiera merecen la estraza del periódico sino el couché que circula por las peluquerías

PEDRO UGARTE, Amparitxu Gastón, la mujer que inventó a un hombre, El País, 25 de noviembre de 2009. Para leer todo el artículo se debe pinchar AQUÍ

viernes 27 de noviembre de 2009

Tres microcuentos de ANA PÉREZ CAÑAMARES

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LA HORMIGA Y LA TORMENTA

Cuando estalla la tormenta, las hormigas corren a refugiarse en sus hormigueros. A algunas hormigas, la repentina carrera les hace sonreír, a otras mascullar insultos, otras simplemente aceptan resignadas el chapuzón y las prisas. Siempre hay una que prefiere quedarse fuera -las otras la llaman desde la entrada del hormiguero, con sus voces chillonas y asustadas- y asistir al baile estremecido de las ramas, los claroscuros dramáticos del cielo y la tierra; al principio le asusta sentirse tan pequeña, pero luego se acostumbra y más tarde la hormiga siente que ante el espectáculo grandioso se diluyen las rencillas en el hormiguero, los trasiegos diarios... y sin esperanzas ni miedo levanta la cabeza hacia las gotas que caen enormes como planetas.
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Cuando Eva probó la manzana, se volvió a Adán y le dijo con voz suave: "No me gusta, prefiero tus labios". Pero Dios, que tenía otros planes, ensordeció a Adán durante esos segundos, de modo que Eva, despechada por el silencio de su hombre, siguió comiendo.
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NUEVOS PEINADOS, VIEJAS ESPERANZAS

Madre e hija salen de la peluquería, recompuestas y envaradas. En su peinado nuevo, la madre cifra sus anhelos de cambio; la hija adolescente, su ansia de acelerar el tiempo. Durante unos minutos, caminan en silencio atisbando su fantasma soñado en ventanas y escaparates. Pero al doblar una esquina, la lluvia y el viento las esperan, hermanándolas en el desastre; y antes de que sus lágrimas crucen la mejilla, ha brotado la risa, al ver reflejada en la otra la tierna estupefacción que ha sustituido al gesto rígido. Cogidas del brazo, pisando su imagen en los charcos, siguen su camino más ligeras, libres del peso de la esperanza.


ANA PÉREZ CAÑAMARES, Mujeres cuentistas, Baile del Sol, 2009, págs. 79-115
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Cuatro con cinco

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Ahora que estoy renovando mi vocación de perjudicarme y he recuperado la fórmula Lo peor / Lo mejor para valorar los poemas blog, fórmula a la que añado el detalle infantil de poner una nota final, me he acordado de un profesor de universidad que se distinguía por el desorbitado número de 4'5 con el que calificaba a los alumnos. Alumnos que en su mayoría eran alumnas. Alumnas que en su mayoría eran las más neumáticas de la clase.

Los pasillos de las tutorías que se celebraban después del examen parecían el harén del sultán, pues, como es sabido, todo el que saca un 4'5 acude a protestar. Lo curioso es que las protestas cundían en casi todos los casos: la mayoría de las cuatroymedieras eran aprobadas tras diez o quince minutos de tira y afloja, y no sólo con un mero cinco, no: muchas de ellas salían con un seis, un siete y hasta un ocho.

Quizá esa fórmula de poner muchos 4'5 a los poemas y subir la nota cuando llegan las tutorías sea la más adecuada para dejar a todos contentos. Recuerdo el finísimo terror psicológico que implantó aquel profesor, que por otra parte no llegaba a más ni intentaba nada con las chicas. Las alumnas cuatroconcinco caminaban con paso firme durante unos días, sabiendo que el aprobado sólo costaba diez minutos y que ese suspenso acreditaba su belleza, pero aquéllas que nunca suspendieron comenzaban a incubar un rencor secreto: de qué les servía su aprobado limpio, si ello suponía suspenso en belleza.
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.erigirme.isla. - BÁRBARA BUTRAGUEÑO

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Erigirme isla torre mazmorra

para ser el punto ciego del espejo la ola que no rompe en plenitud

arrancarme el ojo incendiado el ojo brújula

y asfixiar así los insectos de la carne las salivas sublevadas

la sábana que la sed nos anuda a la entraña sin compasión



Porque es tiempo de la siembra y nadie es dueño de la tierra que en silencio se germina

porque el buen soldado siempre muere en el combate y no hay esclavo de mil amos que recuerde el camino de regreso a su castillo

he de erigirme isla torre mazmorra

para poder escupir la fruta madura como el árbol que se mira en su infinita entrega y se sabe grieta abierta entre la calma y el incendio

abandonar al fin el camino que se impone el camino al que llevan todos los caminos de esta ciudad sin cortafuegos dejarlo sin miedo y sin temblor

sin rencor huir de aquello que esperan los que no ven más allá de un centímetro de su piel soldados ciegos peces serviciales que sólo han recorrido en esta vida el trayecto de ida hasta el anzuelo

dejar de ser criatura en tránsito para ser sin comienzo ni fin ni desenlace

porque es tiempo de la siembra y yo no puedo salvar vuestras guerras ni ser lanza ni fusil pero puedo apagar los cronómetros el tic tac de las arterias y no volver a ser despertador sin alba campo en barbecho víscera superpoblada en infinita incandescencia.

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Porque podemos pulir la vida como pulimos el poema

desafiando la inercia de los autobuses el clamor de las hogueras

los falsos señuelos que amordazan y cubren la vida escombro a escombro hasta convertirla en un postre edulcorado en un simple plato apetecible

escupir sobre la falsa libertad que nos entregan

y dejar de ser camastro para ser ofrenda

abandonando los establos el camino al matadero la tristeza de las dársenas la fría geometría del semáforo

y así abrir el cielo y las aceras pero abrirlos con la cara abrirlos con todo el cuerpo como si pudiéramos dejar de ser aquello que nos llama

y llenar la calle de pájaros y ser flor en el invierno semilla que germina en su infinita claridad

ser aunque nos lancen huesos a la cara

aunque en la fosa común haya espacio para todos

ser ciudad de uno

ser a pesar de todo

ser


BÁRBARA BUTRAGUEÑO escribe el blog NO SABES NADA DEL VIENTO
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Lo mejor de AMANDO DE MIGUEL (3): Del 24 de abril al 27 de mayo de 2004

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NOTA NEORRABIOSA: En el blog MISCELÁNEA NEORRABIOSA (ver AQUÍ) se ofrecen resúmenes mucho más largos de las lecciones-sugerencias de este sabio. Me interesa Amando de Miguel porque no es un prescriptor ni un normativista, ni siquiera es filólogo, sino un sociólogo que reflexiona sobre el lenguaje, da preferencia en sus opiniones al uso que se hace de él y toca a su vez temas extralingüisticos
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• • • Más sustanciosa es la observación que me hacen José Luis Pérez Fuentes y Santiago Pérez Rasgado de que debe decirse “la alma máter” y no “el alma máter”. La regla es que “delante de un sustantivo femenino con una a (o ha) tónica se coloca el artículo el y no la”. A pesar de lo cual, el sustantivo sigue siendo femenino. Por ejemplo, “el arte poética”. Pero resulta que alma es adjetivo. Según esa regla, habría que decir “la alma máter” y no “el alma máter”. Así lo aconseja Manuel Seco y lo suscriben mis amables corresponsales. Tienen toda la razón del mundo (24-4-2004)

• • • El leísmo se impone por doquier. Caía en el vicio hasta el mismísimo Cervantes, puede que por su estadía en Valladolid. Qué quiere que le diga (¿o la diga?), pero a mí el leísmo y el laísmo, sin abusar, me hacen gracia. Y eso que yo, de nación, soy más bien loísta (17-5-2004)

• • • Jaime López Ortega me plantea la diferencia entre jurar y prometer. Con el Diccionario en la mano estamos ante dos acciones muy próximas, casi intercambiables. En ambos casos se trata de decir solemnemente que uno va a decir o hacer algo noble en el futuro. Pero el compromiso del juramento es algo más enfático, solemne (14-5-2004)

• • • Por ejemplo, Amàlia Mariné me pregunta por qué los sacerdotes van vestidos de negro y utilizan alzacuellos de color blanco. Veamos. El color de la ropa ha tenido tradicionalmente un gran significado. El rojo equivalía a la realeza, más que nada porque la tintura púrpura era muy cara. También era caro tintar de verde, por lo que ese color se reservaba a las clases nobles. Recuérdese el enigmático Caballero del Verde Gabán en el Quijote. El negro fue siempre un color asociado a la autoridad, los trajes talares: los de los clérigos, los magistrados, los abogados, los catedráticos. Durante mucho tiempo, el negro que se conseguía para las telas era de un tono pardusco poco elegante. Hasta que los españoles descubrieron en las Indias una planta con la que se obtenía un negro azabache inigualable. Enseguida pasó a teñirse de esa manera las ropas de la Corte. Es el momento en el que Felipe II impuso en toda Europa el color negro en el atuendo. No lo hizo por severidad o austeridad sino, todo lo contrario, por elegancia. Durante algún tiempo sólo la corte española dispuso de ese tinte de negro azabache. Naturalmente, debía de ser muy caro. En el siglo XX las camisas negras fueron el siglo de los movimientos fascistas, con las versiones del color pardo o azul mahón. Pretendían ser un revulsivo frente a las camisas blancas de los burgueses. Paradójicamente, hoy vuelven a ponerse de moda las camisas oscuras (más oscuras que el traje o que la corbata). Se identifican con la progresía, la izquierda (20-5-2004)

• • • Rodolfo Torres vuelve a la falsa polémica de si hay que decir “español” o “castellano”. Para don Rodolfo lo de “castellano es un invento de los catalanes, seguidos por otros nacionalistas”. Pues no, señor. El primer Diccionario como tal de la “Lengua castellana o española” lo publicó Diego de Covarrubias casi al mismo tiempo que el Quijote. Es el famoso Tesoro. Desde entonces podemos decir castellano o español según nos convenga. Esa indeterminación es un verdadero tesoro. Yo pronuncio el castellano porque soy de Castilla, pero comprendo que los castellanos somos una porción pequeñita del enorme conjunto de los que hablan español (27-5-2004)


FUENTE: Libertad Digital (ver AQUÍ)
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Un poema de ALFONSO LÓPEZ

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Por favor,
ponga un poco de atroz en su vida
un atroz de su propia cosecha
y una sirena de poesía presocrática
y un decir la policía no
son los vecinos los que tienen la "culpa"
que cierren a las 3 y media
las fiestas de la latina a 1,50 la caña de plástico
maltirada malmeada
que yo ya estaba cantando tan ricamente la bola de cristal
tan tranquilo...
mamá espera


ALFONSO LÓPEZ, Noctívagos revista, agosto de 2007 (ver AQUÍ)
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jueves 26 de noviembre de 2009

LECTURAS ASOMBROSAS (17): Luis Antonio de Villena detalla la vida desordenada de Leopoldo María Panero

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Si puedo decir que he sido amigo de Leopoldo María Panero (detesto a tantos españoles soplagaitas que abusan de la palabra "amigo" con asombrosa facilidad, y son falsos "muy amigos" de casi todo el mundo); ello ocurrió durante la década de 1970, y más precisamente entre 1974 y 1979. Después Leopoldo María Panero tuvo una crisis muy fuerte (un serio "break down") y se hizo muy difícil tratarlo. Probablemente nos odiaría a los que entonces huimos un poco de él, casi todos amigos poco antes, pero a mí me caía bien, me seguía cayendo bien, sólo que era muy difícil tomar una copa juntos. Mojaba los "croissants" en el agüilla del arroyo, dicen. Yo no se lo vi hacer, pero era posible. No se lavaba. Frecuentemente olía...

En 1974 nos encontramos a menudo en un barito gay (muy en criptomoda) en la calle Larra. Leopoldo era a veces monótono y a veces divertido en su propensión al disparate. Llevaba siempre un libro en las manos -incluso yendo de bares de batalla- y casi siempre me pedía que le presentara a alguno de los chicos que yo conocía. Creo que pensaba que tenía yo más facilidad para ligar que él, lo que no era cierto.

(...) Con Leopoldo pasé noches divertidas en el desaparecido "Drugstore" de la calle Velázquez (como aquella en que me repitió, tantas veces: "Octavio Paz es más tonto que Tijuana") y casi siempre al final estaba su casa, cada vez más desportillada, en la calle Ibiza.

(...) Conocí y fui muy amigo de otro gran personaje de la extraterritorialidad madrileña que había sido, tiempo atrás, amigo también de Leopoldo. Eduardo Haro Ibars. En los finales años 60 habían estado juntos -por consumo de drogas- en la cárcel de Zamora, y a Leopoldo le gustaba Eduardo que al parecer (y sin ocultar nada su lado homosexual) no quiso tener cuchipanda con él. Luego los emparejaron, habitualmente, como "malditos". La comparación -lo recuerdo- irritaba a Eduardo que -decía- no tener nada que ver con Leopoldo. Era cierto que Eduardo Haro apostaba por una lucidez extrema mucho más que Leopoldo María, más desordenado, con mayor turbamulta...

(...) Leopoldo María me queda muy cerca y a la par muy lejos. Como Eduardo Haro (bisexual también) iba a menudo acompañado de una chica. También a menudo -en los bares nocturnos- les pedía a esas chicas, tan bien dispuestas, que ligaran con chicos que le gustaban fuera para acercárselos, fuera para hacer un trío. Más de una vez lo conseguían, lo uno o lo otro.


LUIS ANTONIO DE VILLENA, en el prólogo a LEOPOLDO MARÍA PANERO / DIEGO MEDRANO, Los héroes inútiles, Ellago Ediciones, Castellón, 2005, pág. 8-10
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Ciento veinticinco (U MINÚSCULA)

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Hoy, jueves, a las 20:30, en la librería Tres Rosas Amarillas, presentación de la antología MUJERES CUENTISTAS (Baile del Sol)

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Ocho patas las arañas. Ocho el número chino de la suerte. Un ocho durmiente tus gafas. Dos pomelos un ocho. Mil veces ocho las montañas más altas. Los franceses llegan en el año ocho. La generación de Unamuno acaba en ocho. El mayo de París en ocho.

Hoy se presenta un cuentario de ocho. Un relatario de ocho.

De ocho mujeres.

Más chulas que un ocho.

Hoy. Jueves. 20:30. Librería Tres Rosas Amarillas. C/San Vicente Ferrer, 34. Metro Tribunal. Presentación de la antología de relatos MUJERES CUENTISTAS (Baile del Sol). Inés Matute, Inma Luna, Ángeles Jurado, Ana P. Cañamares, Roxana Popelka, Marina Sanmartín, Carmen Camacho y Déborah Vukušić.
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No es lo mismo ocho que ochenta.
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U MINÚSCULA y las palabras fornicantes

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Prefiero la U Minúscula no palabrista, la que llega a su nuevo piso de alquiler y contempla las nueve cajas de la mudanza, la U del iris amarillo, la que mide el tiempo con la lavadora, la de las ensaladas y los calabacines, la del arroz mal hecho y la frutera latinoamericana; prefiero la U Minúscula moral que sugiere en cada entrada que la bondad es compleja, la U minuciosa que escucha el sonido de las bolsas de la compra, prefiero esa U, repito, pero existe otra U Minúscula, la U retruécana, la U juguetona y mandarina, la que siempre pone las palabras y los conceptos a fornicar. He estado releyendo su blog esta noche y he copiado esta pequeña muestra de su repertorio de fornicaciones:


• helar el lar
• onomatopeya palindrómica circunstancial: ayya
• estuve enferma la semana que viene
• me pu(l)so el ego en la estratosfera
• entre líquida y liquida...
• sí, claro, claro, caro, caro...
• discurso busca cursivas
• a-braza-el azar
• apuesto por tener siempre la sangre sin tilde
• me-ar-repentí
• alcantarilla de amor
• coa(do)lescencias
• a veces la cebolla me parece tan puerro
• como yo comencé la conversación yo provoqué la pérdida
• entre hierba y hiedra confundo la copulativa
• de historia a histeria qué impostura
• otoño es tardor
• Efecto Afecto
• entre cosmogonía y cosmoagonía ni siquiera una u minúscula
• jelinek en do(SS) piezas
• im(p)aginare
• vienes viernes
• ¿Queréis la in-famia? Pues la infamia cuesta
• u con tilde más que indulto es insulto
• entre despierta y desierta la sinestesia
• nuevo neologismo es pleonasmo de mi agrado
• SOSpensando es mi nuevo neologismo
• mi matiz ni tamiz
• lo peor de la peor rata perorata
• vi(r)aje
• idiotsincrasia


U MINÚSCULA, Infinitos corpúsculos (ver AQUÍ)
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miércoles 25 de noviembre de 2009

El poeta aladierno

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Fue hace dos años, en un recital de la Red de Arte Joven, símbolo acartonado de la poesía joven madrileña. A la convocatoria sólo acudimos dos personas: una chica de coleta y yo. No es que el día fuera lluvioso o el lugar lejano o el poeta malo, no: el día era soleado, el lugar el Centro Galileo y el poeta había sido premio Hiperión. Ahora se iba a presentar al Loewe joven.

–Os propongo una cosa –nos dijo–, yo leo los poemas y, al término de cada uno, me comentáis cosas o yo mismo os pregunto.

No parecía un plan malo, pero nada más escuchar el primero me arrepentí de haber ido, porque se trataba de un poeta de los que yo llamo mudos, de la raza que trabaja el silencio. Yo no dispongo de los órganos adecuados para disfrutar de ese tipo de poesía. El mejor silencio me parece dejar de escribir.

–No me he enterado de nada –dijo la chica tras el primer poema.
–Me encanta –respondió el poeta–, me encanta que no te hayas enterado de nada.

Yo pensaba que lo decía en broma, pero qué va: repitió la misma frase varias veces durante el recital. En el momento que alguien entendía sus poemas, nos llegó a decir, se sentía frustrado. Yo lo consolé, ahí estuve vivo:

–Tú tranquilo, que yo no te voy a frustrar.

Qué coño iba a entender yo aquello. Ni con mapa del tesoro. El poeta recitó cuatro o cinco de sus poemas y la chica de coleta, que era su amiga, respondió con cuatro o cinco comentarios impresionistas. Mientras la chica comentaba, el poeta me miraba de reojo, esperando mi intervención, pero yo no intervenía, para qué: ya he dicho que no tengo órganos para la poesía coñazo.

–¿Y tú que piensas de este poema? –me dijo al fin, a bocajarro.
–Yo..., –balbuceé–, bueno..., tiene un vocabulario..., digamos, alto. He escuchado la palabra “lasca”, la palabra “aladierno”, no son palabras cotidianas, quiero decir.
–¡Ah! –respondió–, lasca, aladierno..., la verdad es que, ahora mismo, me pillas en fuera de juego, no sé lo que significan. Quizá las encontré en el diccionario, quizá en un documental...

Me quedé traspuesto, claro, y ya sólo escuché con oídos lejanos el resto del recital. Tiene cojones, me dije. Así cualquiera. Y es premio Hiperión, el tío. Aquí, para empezar una carrera literaria, nada mejor que ponerte matrículas de cultiparla o mezclar a Tácito con Heidegger. Oh tiempos, oh costumbres. Aquella misma noche, al llegar a casa, cambié mi poema El Jardín Botánico (ver AQUÍ), y le incluí la palabra “aladierno”. Y como soy un forajido (pero menos que él), en los bares, cuando cuento la anécdota, suelo decir hasta de qué poeta se trata.
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Un poema de ALEJANDRO CÉSPEDES

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¿Vendrías hasta mí?

¿Cruzarías las fronteras,
los lenguajes,
las vías siempremuertas de los trenes,
las ciudades
que no estuvieron nunca escritas sobre un mapa?
¿Cambiarías de hemisferio,
de andén,
de estación,
de calendario?
¿la medida del tiempo,
que ya no es simultáneo entre nosotros?

Y qué ibas a encontrar sino el futuro.

Lo único de ti que ya conoces.


ALEJANDRO CÉSPEDES, Sobre andamios de humo (1979-2007), Vitrubio, Madrid, 2008, pág. 146
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Iratxe no

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Las hay mujeres barco. Las mujeres barco siempre están minando el suelo con bolas de cicuta para que los erizos alegres de Satán no se atrevan a revolcarse. Las mujeres barco caminan con su ojo catalejo de un lado para otro y todo lo ponen junto, las zapatillas juntas, el calcetín con su par, el tenedor con su cuchara. Las mujeres barco se hicieron necesarias y correctas tras grandes renunciaciones: cuando era tiempo de niñas se conformaron con ser mujeres; cuando era tiempo de mujeres se conformaron con ser madres. A las mujeres barco se las puede ver por ahí, vestidas de solemne, siempre cambiando su miedo de sitio. Son las encargadas de encontrar las velas de las casas, de dar la segunda vuelta a la llave, de aplicar el cerrojo, de ahuyentar las feromonas y poner comida matadelfines en los desagües. Las mujeres barco salen con el paraguas a la calle y uno no sabe si son mujeres que llevan paraguas o paraguas que llevan mujeres.

Ella no es una mujer barco.

Las hay mujeres cartabón. Las mujeres cartabón nacieron en la fragua de Hefesto SA y vienen al mundo con alarma incorporada, no sea que superen en un milímetro la apertura de sonrisa recomendada por el gobierno. Las mujeres cartabón son fieles pero no leales, pragmáticas pero no buenas, estúpidas pero no inocentes. Suelen acordarse del cumpleaños de los perros y nunca de los gatos. Siempre saben los granos de arroz que quedan en la despensa y cumplen en el 99’3 % de los casos sus previsiones de tristeza. Las mujeres cartabón suelen colocar en la sala un centro con flores de plástico, y a ellas siguen acudiendo las abejas demasiado tontas y los hombres demasiado listos.

Ella no es una mujer cartabón.

Las hay mujeres hucha. Las mujeres hucha prohibieron el chocolate de estrellas, fundaron mataderos de sueños, se mantienen lejos de las sonrisas. A las mujeres hucha no las puedes mirar a la cara, salvo que te compres una pértiga y saltes la valla de sus cejas. Pasan la mayoría del tiempo vigilando el azúcar en las fresas y los números en las cartillas. Les gusta mucho sentarse a mirar el culo a las gallinas, a ver cuándo dan un huevo, se dicen, no sé para qué las alimento. Las mujeres hucha quieren saber lo que piensas cuando piensas y lo que no piensas cuando no piensas. Nunca comen aceitunas dulces, por si el cáncer de mama, ni ven partidos de baloncesto, por si la prórroga, ni beben cerveza, por si la alegría.

Ella no es una mujer hucha.

Las hay mujeres diadema. Las mujeres diadema siempre se están riendo de los chistes y de los delantales y también de los maniquíes. Pero un día se desata un terremoto con muertos y lágrimas y ellas siguen riendo, y por eso sabemos que son mujeres diadema. Las mujeres diadema son alegres sin consecuencia, inteligentes para nada, gatas sin uñas, valientes salvo cuando sea necesario. Siempre llevan un espejo que las mira, un hombre tonto que las regala, unos padres vergüenza que las animan. Nunca suelen comer manzanas enteras, nunca tuvieron pasiones enteras, tampoco suelen repetir traje. Las mujeres diadema saben decorar las casas, eligen los postres de los bautizos, conocen al detalle las etiquetas y se ponen serias con lo que no importa.

Ella no es una mujer diadema.

No es una mujer barco. No es una mujer cartabón. No es una mujer hucha.

Iratxe no.
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El Diario de Dillinger

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El Diario de Dillinger es una bitácora de dos a cuatro entradas mensuales que se mueve entre la crónica, la confesión y el detalle más erudito. Escrito con frases cortas, sin apenas subordinadas, el yo que domina es un yo reflexivo y culto donde la confidencia no invade los terrenos pornográficos. El autor anónimo, Dillinger, cuyo objetivo es escribir sobre Madrid como Behan sobre Nueva York, nos extrae pequeñas historias o cosas que le interesan y, a partir de ahí, las guarniciona con su cerebro misceláneo, muy bien pertrechado de referencias literarias y cinematográficas. La última entrada que ha publicado, Manhattan debajo de mi sombrero, es una buena muestra: asombra lo que es capaz de organizar en torno a la pérdida de un simple sombrero.

Para leer el Diario de Dillinger se ha de pinchar en la imagen o AQUÍ
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martes 24 de noviembre de 2009

A la caza de nuevas endogamias

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He comenzado una nueva etapa de agitación en mi sección de blogs adjuntos. Salvo las veinte o treinta bitácoras que publican diariamente, todas las demás son susceptibles de ser sustituidas. Todas. Hasta la de Verónica Gil. Os aviso para que no os llevéis un susto y para que eliminéis la mía si os place.

Las primeras bitácoras que estoy desapareciendo son las de los poenautas plomo que me mandan cada una de sus entradas a mi correo. Si ya tengo vuestro blog adjuntado..., ¿para qué me mandáis todas vuestras santas entradas a mi correo? ¿Os habéis parado a pensar qué pasaría si los demás hiciéramos lo mismo? ¿Creéis que soy tonto y no sé encontrar vuestros blogs?

Principio esta fase para evitar en lo posible las inercias y los procedismos. Quiero convertir la sección en un tranvía donde los blogs vayan entrando, saliendo y volviendo sin más explicación que mi capricho. Quiero hacerme un corte de mangas, salir de las últimas endogamias y fundar otras nuevas.
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LECTURAS ASOMBROSAS (16): Lucía Etxebarria reconoce en un prólogo que escribió un cuento por 500.000 pesetas

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Desiderata se escribió por encargo. Por encargo de Miguel Munárriz, (alias ememe), para ser más precisos. El Mundo estaba buscando autores para escribir unos relatos por entregas que se publicarían en el verano de 1998, y a Miguel, mira tú por donde, se le ocurrió mi nombre para escribir el correspondiente al tema amor (entendiendo amor como erotismo, según me explicó, y no entraré aquí en digresiones sobre los diferentes significados que la palabra amor pueda tener para cada quien). La Misión que el Poder en la Sombra (alias MM) me encomendaba era la siguiente: el agente Etxebarría debía escribir un relato que tuviera exactamente cuarenta y dos páginas –ni una más ni una menos–, divididas en seis entregas de siete páginas cada una. Cada una de ellas debía constituir una entidad en sí misma, como un subcuento dentro de un cuento. Y el trabajo debería entregarse en quince días, sin retrasos.

–Pero eso es imposible, Miguel –protesté.
–¿Quinientas mil pesetas? –dijo él.
–¿Quién ha dicho imposible? –dijo Etxebarria.

Alquiler obliga.


LUCÍA ETXEBARRIA, Nosotras que no somos como las demás, Barcelona, RBA, 2001
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