viernes, 6 de mayo de 2016

ARCADIA LITERARIA (205): Borges sobre la Divina Comedia


Si he elegido la Comedia para esta primera conferencia es porque soy un hombre de letras y creo que el ápice de la literatura y de las literaturas es la Comedia. Eso no implica que coincida con su teología ni esté de acuerdo con sus mitologías. Tenemos la mitología cristiana y la pagana barajadas. No se trata de eso. Se trata de que ningún libro me ha deparado emociones estéticas tan intensas. Y yo soy un lector hedónico, lo repito; busco emoción en los libros.

La Comedia es un libro que todos debemos leer. No hacerlo es privarnos del mejor don que la literatura puede darnos, es entregarnos a un extraño ascetismo. ¿Por qué negarnos la felicidad de leer la Comedia? Además, no se trata de una lectura difícil. Es difícil lo que está detrás de la lectura: las opiniones, las discusiones; pero el libro en sí es un libro cristalino. Y está el personaje central, Dante, que es quizá el personaje más vívido de la literatura y están los otros personajes.


JORGE LUIS BORGES, Siete noches (siete conferencias ofrecidas por Borges en el Teatro Coliseo de Buenos Aires entre junio y agosto de 1977), Fondo de Cultura Económica, Madrid, 1993, págs. 26 y 27

TROYA LITERARIA (995): Nin sobre Woolf


Virginia Woolf  avanzó hacia el mar, hacia el horizonte. Esta es la nota dejada a su marido cuando se suicidó:

Tengo la sensación de que voy a enloquecer, y no puedo continuar viviendo en tiempos tan horrorosos. Oigo voces, y no me es posible concentrarme en mi trabajo. He luchado contra esto, y ahora ya no puedo. Toda mi felicidad te la debo a ti. Te has portado perfectamente conmigo. No puedo seguir, y estropear tu vida.

Asombroso tono directo y simple en una escritora que exploró todas las ambigüedades del idioma inglés, que tenía una escritura muy abstracta, misteriosa y laberíntica. Sencillo, directo, como todo auténtico sufrimiento. Esta fue la primera vez que habló como un ser humano.


ANAÏS NIN, Diario III (1939-1944), Bruguera, Barcelona, 1981, traducción de Enrique Hegewicz, pág. 160

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (974): La rivalidad de Virginia Woolf con Katherine Mansfield


Me viene a la cabeza el recuerdo de Katherine Mansfield –rodeado, como de costumbre, de unos pensamientos que deberían avergonzarme– si hubiera vivido, me digo, habría seguido escribiendo, y la gente habría visto que soy yo quien tiene más talento. Así es como pienso en ella, de forma intermitente, –ese extraño fantasma, con los ojos separados, y la boca tensa, arrastrándose por la habitación. Katherine y yo teníamos nuestra relación; y nunca volveré a tener una relación como esa.


VIRGINIA WOOLF, Diario íntimo II (1924-1931), Grijalbo Mondadori, traducción de Laura Freixas, Madrid, 1993, pág. 27

Una reflexión de Albert Camus


Cada vez que uno (que yo) cede a sus vanidades, cada vez que uno piensa y vive para "parecer", se traiciona. Y siempre fue la gran desgracia de querer parecer lo que me disminuyó frente a lo verdadero. No es necesario confiarse a los demás, sino sólo con aquellos que amamos. Pues entonces no es confiarse para parecer sino únicamente para dar. Hay mucha más fuerza en un hombre que no parece sino cuando es necesario. Llegar hasta el final es saber guardar su secreto. Sufrí de estar solo, pero por haber guardado mi secreto vencí el sufrimiento de estar solo. Y hoy no conozco mayor gloria que vivir solo e ignorado. ¡Escribir, mi dicha más profunda! Consentir al mundo y al gozo, pero sólo en el despojamiento. No sería digno de amar la desnudez de las playas si no pudiera permanecer desnudo ante mí mismo.


ALBERT CAMUS, Carnets, 1, Alianza Editorial, Madrid, 1985, traducción de Eduardo Paz Leston, págs. 47 y 48

TROYA LITERARIA (994): Borges sobre Girondo (II)


A Girondo yo no lo incluiría en la lista de poetas. Él tampoco. Era un individuo, bueno… que no desdeñaba el escándalo, la publicidad. Hacía ediciones de lujo de sus obras. Cosa que uno no debe hacer: hay que dejar que los otros las hagan. Era… La verdad es que yo lo he conocido poco. Era un individuo muy sonoro para mí. Demasiado seguro de sus opiniones. Tuvo la suerte de casarse con Norah Lange, que ha dejado un libro excelente: Cuadernos de infancia. Tenía mucho más talento que él, desde luego. O que tenía talento y él no. Norah Lange, sí.


JORGE LUIS BORGES, respuesta a Carrizo recogida en Borges el memorioso: Conversaciones de Jorge Luis Borges con Antonio Carrizo, Fondo de Cultura Económica, México, 1983, pág. 268

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (971): Un heterónimo de Pessoa envía una carta a la mujer con la que se iba a casar el poeta y consigue frustrar el matrimonio


Dicen que el juego de los heterónimos es un juego peligroso, que delata la esquizofrenia o infelicidad de quien lo practica: las personas que huyen de su nombre para cobijarse en una personalidad inventada son como enmascarados, similares a fugitivos y, por lo tanto, hay que mirarlos con recelo, como a gente sospechosa que tiene algo que ocultar, algo de lo que escaparse. Sin duda, uno de los más grandes creadores de heterónimos de la historia de la literatura es Fernando Pessoa, que firmó sus libros de poemas y sus textos en prosa como Ricardo Reis, Álvaro de Campos, Fernando Pessoa, Alberto Caeiro, Bernardo Soares, Rafael Baldaya y António Mora. En una carta de enero de 1935 al escritor Adolfo Casais Monteiro, el autor portugués afirma: “El origen mental de mis heterónimos está en mi tendencia orgánica y constante a la despersonalización y la simulación”, y eso sería más que suficiente para explicar el fenómeno si no fuera porque sabemos que la independencia de sus invenciones con respecto a sí mismo llegó a unos niveles tan altos que, en una ocasión, cuando Pessoa, soltero y en busca de compromiso, estaba a punto de casarse con la mujer a la que quería, uno de sus heterónimos le envió un mensaje a la novia en el que detallaba cada uno de los defectos de su pretendiente y le recomendaba que le abandonara. Pessoa siguió soltero.


BENJAMÍN PRADO, Los nombres de Antígona, Aguilar, Madrid, 2001, pág. 317

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (970): Ajmátova se pasó veintiocho años sin recibir visitas de extranjeros


ISAIAH BERLIN: En 1945, después de la conferencia de Postdam, pasé de Washington a Moscú. Llegué a mediados de septiembre y me fui en enero del año siguiente. Me habían dicho que no encontraría a nadie interesante, únicamente oficiales que no revelaban nada, pero el hecho es que conocí escritores, concretamente a Boris Pasternak y a Anna Ajmátova, ambos poetas de genio, y a muchos otros. Me acostumbré a visitar a Pasternak una vez a la semana: era una experiencia única y maravillosa. A Ajmátova solo la vi entonces dos veces, pero conocerla fue una de las experiencias más memorables de mi vida acaso la más memorable. Todo esto lo he descrito lo mejor que pude en un ensayo incluido en Impresiones personales, así que ahora no insistiré. Algunos de los escritores que había en Rusia eran personas heroicas y en el sentido moral profundamente impresionantes: vivían y trabajaban en condiciones intolerables. Quien no haya vivido en la Rusia de Stalin no puede imaginarse lo que era aquello.

RAMIN JAHANBEGLOO: ¿No había problemas con la policía secreta?
ISAIAH BERLIN: Desde luego que sí. Para algunos de mis amigos no era bueno que yo los visitara. No podría decir que mis visitas aliviaran precisamente la persecución de Ajmátova. Ella me contó que, al enterarse de que nos habíamos encontrado, Stalin se puso furioso. "Así que ahora nuestra monja [la llamaba así] recibe a espías extranjeros", dijo. Por supuesto que para Stalin y su corte todos los miembros de embajadas extranjeras eran espías. Cuando yo la llamé, Ajmátova, literalmente, no se había visto con ningún extranjero desde 1917 salvo con un polaco, que no cuenta del todo; nadie venido de Occidente, hasta mis visitas. Es evidente que se conmovió. Sabía muy poco del mundo exterior, y yo pude contarle bastante y responder a buena parte de sus preguntas. Durante los años de Stalin no le permitieron publicar mucho. Era una gran poetisa y un ser humano excepcional. Conocerla fue uno de los grandes privilegios y una de las experiencias más conmovedoras de mi vida.


RAMIN JAHANBEGLOO, Conversaciones con Isaiah Berlin, Atmarcadia, Barcelona, 2009, traducción de Marcelo Cohen, págs. 47 y 48

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (969): Emily Brontë, una escritora aislada de las novedades literarias de su tiempo


A pesar de la precocidad de los Brönte cuando eran niños y del lugar eminente que ocupó la lectura en sus vidas, su iniciación a la literatura contemporánea fue absolutamente parcial. Si bien es cierto que la biblioteca de su padre contaba con las obras de los poetas más importantes, y que conocían a Byron de memoria en una época en que los demás niños recitaban a Cowper y Wordsworth, su conocimiento de la literatura en prosa contemporánea se limitaba a los escritores que colaboraban en los periódicos tory, Blackwood’s, Fraser’s, y las publicaciones anuales del momento. Así pues, tuvieron ocasión de leer las novelas rosa de la señora Norton, pero no a Jane Austen, como lo revela la última correspondencia de Charlotte con G. H. Lewes. Es evidente que Blackwood’s influyó en su preferencia por lo escocés en sus lecturas, incluso en los primeros dichos y anécdotas de Emiliy que se conocen: cuando le preguntaron qué hombres eminentes deseaba que habitaran en su isla de ensueño (la isla de Arran), eligió a Sir Walter Scott, el señor Lockhart y “Johnny Lockhart”. La poesía, la historia y las principales influencias de Emily en su juventud. A diferencia de Charlotte, que después se puso al día con Jane Austen y Dickens, Emily probablemente no los leyó nunca. No pudo haber tenido tiempo de leer a Thackeray, quien se dio a conocer al mismo tiempo que ella con su novela Vanity Fair, publicada en 1847, un año antes de la muerte de Emily. No accedió al género de la ficción a través de su corriente principal, el realismo victoriano (incluso Bulwer Lytton, que Emily sí lo leyó, estaba dentro de la tradición romántica). Es improbable que en el periodo impresionable de sus adolescencia hubiera leído otras novelas además de las de Scott y las que aparecían en Blackwood’s por entregas; estas últimas, a juzgar por las referencias a números antiguos, eran marcadamente “góticas”.


WINIFRED GÉRIN, Emily Brontë, Atalanta, Girona, 2008, traducción de Ana Becciu, págs. 305 y 306

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (968): Cioran publica "De lágrimas y de santos" y consigue irritar a sus propios amigos y familiares


GABRIEL LIICEANU: En su juventud, si se atiene uno a lo que escribía en De lágrimas y de santos, soñaba usted con abrazar a una santa, imaginaba al propio Dios en los brazos de una puta… ¿Qué responde a los que se indignan por su vertiente blasfema?
EMILE CIORAN: Es una cuestión muy delicada, porque yo he intentado creer, y he leído mucho a los grandes místicos, a los que admiraba al mismo tiempo como escritores y como pensadores. Pero, en un momento dado, tomé conciencia de que me estaba engañando, de que no estaba hecho para la fe. Es una fatalidad; no puedo salvarme a pesar mío. Es algo que no funciona, pura y simplemente.

GABRIEL LIICEANU: ¿Por qué no abandonó ese territorio entonces? ¿Por qué se mantuvo prisionero en él, por qué siguió negando a Dios y enfrentándose a él?
EMILE CIORAN: Porque no dejé de ser víctima de esa crisis, nacida de mi impotencia para tener fe. Lo intenté en numerosas ocasiones, pero ninguna de mis tentativas tuvo éxito. La de más resonancia se produjo cuando estaba en Brasov, en la época de De lágrimas y de santos. Escribí ese libro trufado de invectivas después de haber leído mucho en el terreno de la historia de las religiones, los místicos, etcétera. El libro debía aparecer en Bucarest, y un buen día el editor me llamó para decirme: “caballero, su libro no se publicará”. “¿Cómo que no se publicará? ¡Si he corregido las pruebas! Una cosa así solo puede pasar en Rumanía”. “He leído su libro”, continuó, “y el tipógrafo me ha enseñado un pasaje. He hecho mi fortuna con la ayuda de Dios y no puedo publicar su libro”. “Pero si es un libro profundamente religioso. ¿Por qué no lo publica?”. “Imposible”. Estaba muy triste, porque tenía que marcharme a Francia poco después…

GABRIEL LIICEANU: ¿De verdad era un libro religioso?
EMILE CIORAN: En cierto sentido, sí, aunque por negación. Así que me marché a Bucarest, muy deprimido, y recuerdo que me instalé en el café Corso. En un momento dado vi a un tipo a quien conocía relativamente bien, que había sido tipógrafo en Rusia. Me vio abatido y me preguntó: “¿Qué te pasa?” Se lo expliqué y me dijo: “Mira, yo tengo una imprenta. Te lo publico. Tráeme las pruebas”.

Llamé a un taxi para transportar todo. El libro salió cuando yo estaba en Francia, y apenas se distribuyó. En París recibí una carta de mi madre: “No tienes idea de la tristeza con la que he leído tu libro. Al escribirlo debías haber pensado en tu padre”. La contesté que se trataba del único libro de inspiración mística que había visto la luz en los Balcanes. No conseguí convencer a nadie; a mis padres todavía menos que a los demás. Una mujer dijo a mi madre, que era la presidenta de las Mujeres Ortodoxas de la ciudad: “Cuando se tienen un hijo que escribe cosas semejantes del buen Dios, se abstiene una de dar lecciones”.

GABRIEL LIICEANU: ¿Cómo reaccionaron sus amigos? ¿Y la prensa? Sé que Arsavir Actérian escribió entonces un artículo muy duro en Vremea.
EMILE CIORAN: Fue Eliade quien escribió las cosas más duras, pero entonces no supe nada. No descubrí su artículo hasta hace muy poco. Ignoro en qué periódico lo publicó. Muy violento. Se preguntaba cómo podríamos seguir siendo amigos después de aquello. También recibí toda clase de cartas indignadas.

GABRIEL LIICEANU: La única persona que captó el sentido de los tormentos en que usted se debatía en ese libro fue Jeny Acterian, la hermana de Arsavir.
EMILE CIORAN: Sí, efectivamente. Me escribió una carta admirable. Es cierto que nos entendíamos muy bien. De todos mis amigos fue la única que reaccionó así. Todos se pusieron unánimemente en contra del libro. Eso me llevó a hacer una tontería, porque, recordando aquel episodio, suprimí en la versión francesa todas las insolencias que suponía el texto inicial. Al proceder así lo vacié de sustancia.


EMILE CIORAN, entrevistado por Gabriel Liiceanu y recogido en Conversaciones, Tusquets, Barcelona, 1996, traducción de Carlos Manzano. Toda la entrevista AQUÍ

TROYA LITERARIA (993): Eliade sobre "De lágrimas y de santos", de Cioran


El último libro de Emil Cioran, Lacrimi si Sfinti [De Lágrimas y de Santos], es un trágico ejemplo de lo que puede significar la maceración de sí mismo a través de la paradoja y la invectiva.

¡Hay tantos pasajes exasperantes en este libro melancólico, pasajes que han desorientado hasta a sus más fervientes defensores y que no pueden ser defendidos bajo ningún concepto! Podemos tomar nota de ellos y sufrir por el autor, pero nada más. No tienen ninguna excusa.

Ofrecen la impresión de que Emil Cioran los ha escrito y publicado solamente para aislarse cada vez más, para volver más impenetrable su soledad, para desanimar hasta a sus más íntimos allegados. Un hombre alcanza la soledad absoluta cuando ya no puede ser defendido. Concedamos, pues, que Emil Cioran ha alcanzado su objetivo: ciertas páginas (muy pocas por cierto) de su libro destruyen cualquier comunión viva con el mundo exterior, con la gente que le quiere, le comprende o le «admira».


MIRCEA ELIADE, fragmento de Accesis, incluido en Fragmentarium, espaebook.com (AQUÍ), 2014, traducción de Cristian Iuliu Ariesanu y Federico de Carlos Otto, pág. 31

TROYA LITERARIA (992): Cioran sobre Eliade


Mire, le hablaba de la reacción indignada de Mircea Eliade tras la publicación de De lágrimas y de santos. Pues nunca dejé de pensar que yo era, religiosamente hablando, mucho más ponderado que él. Y desde el principio. Porque para él, la religión era un objeto, y no una lucha…digamos con Dios. En mi opinión, Eliade nunca fue un ser religioso. Si lo hubiera sido, no se habría ocupado de todos esos dioses. Quien posee una sensibilidad religiosa no se pasa la vida enumerando los dioses, haciendo inventario. No se imagina uno a un erudito arrodillándose.  Siempre he visto en la historia de las religiones la negación misma de la religión. Es algo seguro, no creo equivocarme en ello.


EMILE CIORAN, entrevistado por Gabriel Liiceanu y recogido en Conversaciones, Tusquets, Barcelona, 1996, traducción de Carlos Manzano. Toda la entrevista AQUÍ

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (967): Luciano De Crescenzo sospecha que Sócrates no sabía leer ni escribir


Siempre he sospechado que Sócrates, como Jesús por otra parte, no sabía leer ni escribir. El hecho de que Diógenes Laercio diga que escribió una fábula del tipo de las de Esopo no significa absolutamente nada: podría haberla dictado a un escriba. A quien objeta que un hombre inteligente como Sócrates no podía no haber aprendido a escribir, le respondo que aún hoy hay millones de personas inteligentísimas que no han aprendido todavía a usar la computadora, pese a que no se requiere más de una semana para ponerse al corriente del proceso de textos. La verdad es que por aquellos tiempos eran muy pocos los que sabían leer y escribir: Plutarco cuenta que un ateniense, siendo analfabeto, para grabar el nombre de Arístides en los óstraka, se dirigió precisamente a él. A la pregunta de Arístides sobre si conocía al hombre al que quería mandar al exilio, el ciudadano respondió que no lo conocía, pero que ya estaba harto de oír decir a todos que era un hombre justo; ante lo cual Arístides escribió su nombre en las listas y no agregó nada más.


LUCIANO DE CRESCENZO, Historia de la filosofía griega. Segunda parte, Seix Barral, Barcelona, 1987, traducción de Jorge Binaghi, págs. 41 y 42

Veinte tuits


• • • • • Me encontré a muchos que sabían defenderse de las críticas, pero a ninguno que supiera defenderse de los elogios.

• • • • • Me acuso de confundir el verso con la rabia, la rabia con la pasión, la pasión con el sexo, y todo con el amor.

• • • • • Un rebelde es aquel que ha padecido sucesivamente la familia, la escuela, la iglesia y la patria, y, sin embargo, aún conserva la curiosidad.

• • • • • Hubo veces en que todo lo hice bien pero perdí. Y otras en que todo lo hice mal pero gané. Aquí. En Planeta Caos.

• • • • • Una vida sin amor es un libro para niños que solo se pueda colorear en blanco y negro.

• • • • • La soledad es mi higiene.

• • • • • Cuánta compañía me hacen las mentiras. La literatura me salva. Mi soledad está llena de gente.

• • • • • Para la victoria te preparan desde la escuela, pero la derrota sigue siendo autodidacta.

• • • • • Cuanto más sabes, más sabes que no sabes. Yo fui un ignorante en avance sostenido y desde que empecé a aprender estoy en retroceso continuo.

• • • • • Silla eléctrica para el poeta que entregue el mismo poema a dos mujeres distintas.

• • • • • Soy pura empatía con las personas sin paraguas que pisan adrede los charcos.

• • • • • Los fracasos amorosos te vuelven cauto y eso empeora las cosas, porque nadie se enamora con cautela sino con la falta absoluta de ella.

• • • • • Los hay valientes y los demás escribimos poemas.

• • • • • El amor se vuelve matrimonio y la revolución burocracia porque aún no se ha fabricado la batería que haga durar el ímpetu del primer disparo.

• • • • • Tolerarte fue bonito, comprenderte fue bello y perdonarte muy hermoso, pero mandarte a la mierda dios mío eso fue la sublimidad.

• • • • • Siempre es digna la derrota del kamikaze, pero qué triste el que perdió por el puro miedo a perder.

• • • • • Cada vez se me hace más amplio el cementerio de todos los hombres que pude ser y no he sido.

• • • • • Consiste mi vida en sentir mucho y no enterarme de nada.

• • • • • Él era un pirómano en serie, pero ella sabía hacer más variedades de fuego.

• • • • • Felices los que aún no han llegado a ese punto sin retorno que transforma un corazón silvestre en un corazón mecánico.



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jueves, 5 de mayo de 2016

ARCADIA LITERARIA (204): Berlin sobre Pasternak y Brodsky


RAMIN JAHANBEGLOO: En su opinión, ¿Pasternak es un gran poeta o un gran novelista?
ISAIAH BERLIN: Sin duda es un gran poeta. Existen, permítame decirle, dos clases de poetas. Están los poetas que son poetas cuando escriben poesía y prosistas cuando escriben en prosa, como Pushkin. Y están los poetas que cuando escriben poesía escriben poesía, y cuando escriben prosa también escriben poesía. A esta categoría pertenece Pasternak. Su prosa es siempre poética, pienso que no es prosista por naturaleza. Es un gran poeta, uno de los últimos grandes poetas rusos, y su novela es una gran obra poética, una de las pocas que describen el amor, el amor del héroe por la heroína, genuinamente, como pocos escritores lo han hecho pese a que el amor sea el centro de tantas obras de ficción. Pero lo que explicaba la admiración universal que los rusos y los que leen en ruso sienten por Pasternak es su poesía. Sólo Joseph Brodsky se le acerca; y por cierto que para él significan mucho más Ajmátova y Mandelshtam. En mi opinión (y en esto no estoy solo), Brodsky es el mejor poeta ruso vivo. Pero no todos los genios se parecen a la imagen que tenemos del genio. Pasternak sí. Hablaba maravillosamente, a veces era un poco desequilibrado, pero siempre un genio puro. No había experiencia más fascinante que escucharlo hablar; para mí, solo Virginia Woolf hablaba un poco de esa manera. Ella, también, claro, estaba un poquito loca.

RAMIN JAHANBEGLOO: ¿De qué modo?
ISAIAH BERLIN: Imágenes, símiles, descripciones, un lenguaje inolvidable, prodigioso y creativo, de inverosímil vitalidad. Tanto con Pasternak como con la señora Woolf uno sentía que los pensamientos empezaban a disparársele en la cabeza. La magia de Ajmátova era diferente, amable, aunque no menos poderosa.


RAMIN JAHANBEGLOO, Conversaciones con Isaiah Berlin, Atmarcadia, Barcelona, 2009, traducción de Marcelo Cohen, págs. 49-51

SOBRE EL COMPROMISO (XXI): Anaïs Nin


Los poetas se confunden cuando piensan en cuál es su papel. Se toman por filósofos o por hombres de acción. A mí me parece que el poeta no debería predicar, tratar de convertir, filosofar o moralizar. Henry, Saroyan, Robert. Si vives como un poeta, la tarea de un poeta consiste en consagrar su capacidad de crear lo maravilloso por contagio. Si el poeta se mantiene dentro de un sueño, y puede comunicar su capacidad a los demás por medio de la ósmosis, ya basta. Pero se equivoca si sale de este sueño para predicar, para mezclarse en los asuntos políticos y prácticos. Lo que tiene que hacer es seguir siendo un poeta que revela las coincidencias mágicas y las posibilidades mágicas. El que tiene la visión no tiene por qué ser también el que sabe cómo hacer pasar esta visión a la realidad, cómo encarnarla. Esto es algo que comprendieron muy bien las comunidades antiguas. A cada individuo se le adjudicaba un papel. El poeta debía proporcionar sus visiones, su inspiración (interior) y los otros se encargaban de cazar, pescar, construir, mientras que los sabios eran los que se dedicaban a interpretar los acontecimientos, los presagios, y adivinar el futuro. El poeta debe dedicarse a la exaltación y averiguar los medios que permiten impartirla.


ANAÏS NIN, Diario III (1939-1944), Bruguera, Barcelona, 1981, traducción de Enrique Hegewicz, pág. 156