miércoles, 2 de septiembre de 2015

ARCADIA LITERARIA (133): Cernuda sobre Juan Larrea


Cuando los poetas del 25 creían que el arte era un juego, Larrea afirma la significancia espiritual de la poesía; cuando algún poeta del 98, como Jiménez, estimándose todavía criatura única, se erguía frente al mundo para intimarle su desprecio, Larrea afirma la insignificancia en el mundo de la vida del poeta y de la obra del mismo. Precisamente es esa significancia de la poesía e insignificancia del poeta lo que parece restituir ambos a su función y lugar respectivos. En gran parte ese sería el concepto de la poesía o del poeta que pronto había de imponerse como más característica de esta generación.


LUIS CERNUDA, Estudios sobre poesía española contemporánea, Guadarrama, Madrid, 1975, págs. 150-151

lunes, 31 de agosto de 2015

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (825): El "libro de erratas acompañado de algunos versos" que publicó Alfonso Reyes


Para el gran escritor mexicano Alfonso Reyes, en ocasiones existen erratas felices y algunas de ellas mejoraron sus versos. Así, “De nívea leche y espumosa”, la imprenta le hizo decir: “De tibia leche y espumosa”, tanto más propio cuando que se trataba de leche recién ordeñada. Otra vez, la casualidad le corrigió el verso “más adentro de tu frente”, por este otro: “mar adentro de tu frente”, mucho más sugestivo. “Y otro por fin, al hablar de la transformación del estilo histórico causada por el descubrimiento de América, donde yo decía: “La historia, obligada a describir nuevos mundos”, me hicieron decir: “La historia, obligada a descubrir nuevos mundos”, lo que tiene mucho más de movimiento”.

De todos modos, Alfonso Reyes se dirigió a los impresores mejicanos para animarles a conseguir lo imposible: la desaparición de la errata: “Los artistas gráficos –les dijo–, y nosotros, los escritores, tenemos un enemigo común: ¡La errata de imprenta, he ahí el enemigo! No permitáis que cunda entre nosotros esta especie de viciosa flora microbiana siempre tan reacia a todos los tratamientos de la desinfección”. Porque, generalmente, cada corrección da lugar a nuevas erratas. “No hace mucho tiempo, exasperado sin duda, un escritor centroamericano, acudió al expediente de plantar en uno de sus libros una estampilla que decía: “Erratas a juicio del lector”.

En otra parte de su conferencia, el escritor confiesa que uno de sus libros apareció tan lleno de erratas que suscitó este gracioso comentario de Ventura García Calderón: “Nuestro amigo Reyes acaba de publicar un libro de erratas acompañado de algunos versos”.

Otra vez, en un artículo de periódico, una errata le hizo decir en vez de “los fabulistas del siglo XVIII”, ¡los futbolistas del siglo XVIII!


JOSÉ ESTEBAN, Vituperio (y algún elogio) de la errata, Renacimiento, 2002, págs. 9-11

Este domingo, 6 de septiembre, a las 18:00, en Stromboli, nueva sesión de Crítica Feroz


Este domingo día 6 de septiembre regresa Crítica Feroz. La sesión, que comenzará a las seis de la tarde, se realizará en Stromboli, que es el nombre del nuevo piso que he alquilado en Noviciado (a 150 metros del antiguo). A los habituales les mandaré enseguida la dirección; a los que no han venido nunca y deseen hacerlo les ruego que me manden un correo a neorrabioso@yahoo.es.


domingo, 30 de agosto de 2015

ARCADIA LITERARIA (132): Quevedo sobre Lope de Vega (II)


Las fuerzas, Peregrino celebrado,
afrentará del tiempo y del olvido
el libro que, por tuyo, ha merecido
ser del uno y del otro respetado.

Con lazos de oro y yedra acompañado,
el laurel con tu frente está corrido
de ver que tus escritos han podido
hacer cortos los premios que te ha dado.

La invidia su verdugo y su tormento
hace del nombre que cantando cobras,
y con tu gloria su martirio crece.

Mas yo disculpo tal atrevimiento,
si con lo que ella muerde de tus obras
la boca, lengua y dientes enriquece.


FRANCISCO DE QUEVEDO, Obra poética (I), Parte II, Biblioteca Clásica Castalia, Madrid, 2001, edición de José Manuel Blecua, pág. 477

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (824): Marinetti matiza el "desprecio de la mujer" del Manifiesto Futurista


PREGUNTA: Algunos se han resentido mucho con vos por haber hablado del “desprecio de la mujer”. ¿No habéis temido atraeros así los ataques apasionados de la más exquisita mitad del género humano?
MARINETTI: Acaso proviene de haber obedecido a una excesiva necesidad de laconismo, y me apresuro a precisar mis ideas sobre este punto. Nosotros queremos protestar contra el exclusivismo de inspiración que sufre cada vez más la literatura de imaginación. En efecto, salvo nobles pero muy raras excepciones, los poemas y las novelas parecen no poder ser consagrados más que a la mujer y al amor. Es este un leit-motiv que causa obsesión, una deprimente parti pris literaria. ¿Es, pues, la mujer el solo punto de partida y el solo objeto de nuestro vuelo intelectual, el único motor de nuestra sensibilidad?

Nosotros queremos reducir mucho, en la mentalidad contemporánea, la exagerada importancia que nuestro snobismo y la complicidad de nuestra galantería han dejado tomar al feminismo usurpador. Este movimiento triunfa en Francia hoy, gracias a una élite magnífica de mujeres intelectuales que diariamente manifiestan su genio admirable y su encanto irresistible. Pero el feminismo es nefasto y ridículo en Italia y en otras partes en donde no pasa de ser un desencadenamiento de ambiciones mezquinas y de pretensiones oratorias.

Queremos combatir, en fin, la tiranía del amor, que, en los países latinos sobre todo, traba y agota las fuerzas de los creadores y de los hombres de acción. Queremos reemplazar, en las imaginaciones, la silueta ideal de don Juan por la de Napoleón, la de Andrée y la de Wilbur Wright, y, en general, arrancar a los hombres de veinte años a la vanidosa obsesión de la aventura del adulterio.


FILIPPO TOMMASO MARINETTI, entrevista de L. C. publicada en Comoedia el 26 de marzo de 1909, recogido Nelson Osorio T en Manifiestos, proclamas y polémicas de la vanguardia literaria hispanoamericana, Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1988, pág. 25

POEMAS A LAS COSAS (15): Papalotes, de Antonio Deltoro


De mano de un niño como dioses antiguos
ascienden formas que dan color al viento.
Un papalote planea tranquilo y solitario
entre dos peligrosos: la calma y galerna.
Su piloto, artífice del hilo, tiene los pies en tierra.
Zarpan silenciosos hacia la altura,
sin quilla ni cubierta, barcos a toda vela.
Ojos de montaña con paciencia marina
descubren a lo lejos naves enemigas:
halcones de papel en el cielo de marzo.


ANTONIO DELTORO, antologado por Víctor Manuel Mendiola, Miguel Ángel Zapata y Miguel Gomes en Tigre la sed. Antología de poesía mexicana contemporánea 1950-2005, Hiperión, Madrid, 2006, pág. 276

sábado, 29 de agosto de 2015


POEMAS RAROS (97): Poema con un pepino dentro, de Robert Hass


A veces, en esta ladera, después de la puesta de sol,
se tiñe el canto del cielo
del un verde muy pálido, como la carne del pepino
cuando lo pelas con mucho cuidado.


En Creta, una vez, en verano,
Como seguía haciendo calor a medianoche,
Nos sentamos en una taberna junto al agua
Para contemplar las barcas que se mecían a la luz de la luna,
Bebiendo vino de resina y comiendo ensalada
De yogur, eneldo y rodajas de pepino.


Una pieza de sal, algo parecido a la fécula,
una especie de esencia de hierba o de hojas verdes
en la lengua es la lengua
y el pepino
en mutuo avance.


Desde que embarazoso es una palabra,
Embarazar* debe de haberlo sido también,
Ahora en desuso, e incluso entonces,
Para una persona a la que en situación embarazosa
Debió de haberle parecido algo metódico y bien pensado
Ponerse ante el fregadero a pelar un pepino.


Si crees que voy a hacer
Un juego de palabras sexual en este poema, estás en un error.


En el arcano tormento sufrido por la tierra
Cuando el fuego se fue enfriando y se acomodó
En granito, caliza, serpentina y pizarra,
Es posible imaginar que, bajo amarillentas nubes químicas,
La espuma derretida, después de haber ardido mucho tiempo,
Soñaba con liberarse,
Y que aquel sueño, nebuloso
Pero con creciente nitidez, tomó la forma
Del agua, y que fue luego ésta, quien de forma aún más fabulosa, imaginó
La piel verde oscuro y la carne verde ópalo del pepino.


*Juego de palabras en Cumbersome, Cumber (Embarazoso, embarazar) y Cucumber (pepino). (N. del T.)


ROBERT HASS, Tiempo y materiales, Bartleby Editores, Madrid, 2008, traducción de Jaime Priede, págs. 91-93

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (823): Blake oye voces y sostiene conversaciones con personajes célebres de todos los tiempos


Parece que William Blake, siendo todavía un muchacho, contó a su madre que había visto al profeta Ezequiel, sentado bajo un árbol, y ésta le dio un par de cachetes; pero no le sirvieron de escarmiento en absoluto, porque, en adelante y durante toda la vida, siguió viendo y hablando como si tal cosa con personajes de todos los tiempos, sin darle mayor importancia. Ni tampoco sus contemporáneos se la daban cuando, incluso estando ellos en compañía de Blake, éste se paraba en la calle a saludar a uno de aquellos sus conocidos y amigos de otros tiempos.

¿Adónde hubiera ido a parar en este tiempo nuestro de higienismo y obsesión psicológica? Así que un narrador, por ejemplo, ya puede andarse con cuidado con lo que cuenta de sus viajes, amistades, conversaciones, etcétera. Aristóteles cuenta que fue Esquilo quien, un día de marzo, inventó un alguien con quien hablar, que era distinto de las personas que trataba en su entorno, y así nació el personaje en la tragedia. Ya se ve que protegía al narrador de ser acusado de esos atrevimientos de Blake. Pero que cada cual piense lo que quiera de esos encuentros, lo que pasa es que, sin ellos, no hay narración ni poesía, desde luego.


JOSÉ JIMÉNEZ LOZANO,  Los cuadernos de Rembrandt, Pre-textos, Valencia, 2010, págs. 211 y 212

ARCADIA LITERARIA (131): Vargas Llosa sobre "Guerra y paz", de Tolstói


Esa es probablemente la mayor hazaña de Tolstói, como lo fue la de Cervantes cuando escribió El Quijote, la de Balzac con su Comedia humana, la de un Dickens con Oliver Twist, de un Victor Hugo con Los miserables o de Faulkner con su saga sureña: pese a sumergirnos en sus novelas en las cloacas de lo humano, inyectarnos la convicción de que, con todo, la aventura humana es infinitamente más rica y exaltante que las miserias y pequeñeces que también se dan en ella; que, vista en su conjunto, desde una perspectiva serena, ella vale la pena de ser vivida, aunque solo fuera porque en este mundo podemos no sólo vivir de verdad, también de mentiras, gracias a las grandes novelas.

No puedo terminar este artículo sin formular en público esta pregunta que, desde que lo supe, me martilla los oídos: ¿cómo fue posible que el primer Premio Nobel de Literatura que se dio fuera para Sully Prudhomme en vez de Tolstói, el otro contendiente? ¿Acaso no era tan claro entonces, como ahora, que Guerra y paz es uno de esos raros milagros que, de siglo en siglo, ocurren en el universo de la literatura?


MARIO VARGAS LLOSA, Guerra y paz: Lecciones de Tolstói, El País, 23 de agosto de 2015. Todo el artículo AQUÍ

viernes, 28 de agosto de 2015


POEMAS DEPORTIVOS (5): Canto al béisbol, de Lawrence Ferlinghetti


Sentado al sol
viendo un partido de Béisbol
comiendo rosetas de maíz
leyendo a Ezra Pound

y con ganas de ver a Juan Marichal
partir con un agujero por el medio
la tradición Anglosajona
en el Primer Canto
y derrotar a los bárbaros invasores

Cuando los Giants de San Francisco ocupan el campo entero
y todo el mundo se levanta para el Himno Nacional
con la voz de algún tenor Irlandés
a través de los altavoces
con todos los jugadores pasmados en su sitio
y los árbitros blancos como policías Irlandeses
con sus uniformes negros y las gorritas negras
aplastadas contra sus corazones
de pie quietos y derechos
como en el funeral de un barman Irlandés
y todos de cara al Este
como si la Gran Esperanza Blanca
o los Padres Fundadores
fuesen a aparecer en el horizonte
como el año 1066 o el 1776 o todo aquello

Pero en su lugar aparece Willie Mays
al final del primero
y se oye el clamor
                     cuando da el primer tortazo hacia el sol
                                y sale disparado
                                           como un corredor de Tebas
                     La pelota se pierde en el sol
                                  y las doncellas lloran detrás
                                                   pero él sigue corriendo
                                                               a través de la épica Anglosajona
Y aparece Tito Fuentes
                     con aspecto de torero
                     en sus pantalones ajustados y zapatos puntiagudos

Y las gradas de la derecha se vuelven locas
                  con los chicanos y los negros y los de Brokklyn bebiendo cerveza
                                    “¡Dulce Tito! ¡Daaale fuerte, dulce Tito!”
Y Dulce Tito coloca su pie en el cubo
                     y le da de tal manera que no vuelve
                     y huye alrededor de las bases
      como si se escapara de la Compañía de la United Fruit
               mientras el dólar gringo puede con Pound
                            y Dulce Tito marca el ritmo
                             como si marcara la usura
                             y no digamos el fascismo y al anti-semitismo

Y ahora le toca a Juan Marichal
       y de nuevo los chicanos en las gradas se vuelven locos
                 al dar Juan la primera fast-ball
                               que desaparece
                                     y corre rodeando la primera y sigue
                            y corre rodeando la segunda y rodeando la tercera
                                                                                  y sigue
                                                                            y toca el suelo
                                    ante el clamor de los desaliñados
Mientras un chiflado aprieta el botón pánico entre bastidores
para que otra vez suene el Himno Nacional grabado en cinta
y salvar así la situación
pero esta vez no frena a nadie
en su revolución alrededor de las bases cargadas y blancas
en esta última gran épica Anglosajona
en el Territorio Libre del béisbol


LAWRENCE FERLINGHETTI, Poesía norteamericana contemporánea, Revista Litoral, 1992, Nº 193-194, selección y traducción de Charles Matz y Ana Jordá, págs. 98 y 99

ARCADIA LITERARIA (130): Genet sobre Sartre


Sartre se repite. Tuvo varias buenas ideas y las ha explotado de diversas formas. Al leerle, a menudo voy más rápido que él. Lo que me sorprende es Las palabras, su última obra narrativa. En ella expone tal voluntad de desembarazarse de la burguesía... En un mundo en el que todos quieren ser una puta respetuosa, es agradable encontrar a alguien que sabe que es un poco puta, pero que no pretende ser respetuosa en absoluto. Me gusta Sartre porque es entretenido, divertido y porque lo entiende todo. Y es muy agradable estar frente a un tipo que comprende todo, y que se ríe en lugar de juzgar. No lo acepta todo de mí, pero, cuando no está de acuerdo, lo disfruta. Es un ser extremadamente sensible. Hace diez o quince años, le vi ruborizarse dos o tres veces. Y Sartre ruborizado es adorable.


JEAN GENET, fragmento de la entrevista que Madeleine Gobeil le realizó en 1964 en París, incluida en El enemigo declarado, Errata naturae editores, Madrid, 2010, traducción de Irene Antón, págs. 26 y 27

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (822): Los hábitos favoritos de los grandes genios


Picasso le rogaba a sus musas que, por favor, pasaran a visitarle solo cuando estuviera en su taller y trabajando. Con manchas en la camiseta a rayas y los pinceles calientes, preparado para aprovechar la inercia de esa cosa llamada inspiración. Porque por muy puro que se ponga el arte, dedicarse a pintar, escribir, hacer canciones o fotografías tiene mucho de rutina, de hábito y obligación impuesta por uno mismo. “Sé monótono y ordenado en tu vida como un burgués para que puedas ser violento y original en tu obra”, decía Flaubert, por cierto, todo un señor burgués.

William Burroughs tenía muy claro lo que estaba obligado a dar a cambio de ese trabajo raro: “El precio que un artista tiene que pagar por hacer lo que quiere hacer es que tiene que hacerlo”. Pero, ¿cuál era la fórmula de los cráneos privilegiados de la Historia para convocar musas y pagar esa hipoteca? Al periodista Masson Currey le picó la curiosidad en 2007 y empezó a recopilar en un blog las agendas diarias, las manías y los horarios de artistas y científicos de éxito. El blog fue engordando hasta que se convirtió en libro. Rituales cotidianos, publicado recientemente por Turner en España, da las claves de cómo se le iluminaba el piloto automático a 177 lumbreras.

Mientras dormías
Dormir es el mejor (y el más barato) afrodisíaco creativo. Al menos ello se encomendaban grandes dormilones como Descartes (más de 10 horas) o William Styron. El más madrugador fue Balzac. Cuando estaba embarcado en algún nuevo libro su horario era monacal. Cenaba frugalmente a las seis de la tarde y se iba a la cama. A la una de la madrugada ya estaba en pie. Se sentaba en su escritorio y allí se pasaba unas siete horas seguidas bebiendo una taza de café negro tras otra.

Los compositores clásicos también se rebelaron contra la legaña. Beethoven, Mahler o Schubert abrían el ojo al amanecer. “Siempre me peinan a las seis de la mañana y ya a las siete estoy completamente vestido”, apuntaba Mozart. De entre los vivos, el récord es para Haruki Murakami, que ha pasado de gerente de un tugurio de jazz en Tokio a asceta vegetariano de la literatura superventas. Desde entonces, se despierta a las cuatro de la mañana, trabaja cinco o seis horas seguidas y luego se va a correr por el campo.

Baños de aire
Thomas Wolfe, el escritor más americano y el menos reivindicado de la generación perdida, descubrió una noche su infalible método creativo. Currey cuenta en el libro que en una hora poco inspirada Wolfe se dio por vencido y se quitó la ropa para acostarse. Entonces, desnudo frente a la ventana descubrió que su cansancio se había evaporado de repente. Se sentía fresco y con ganas de escribir de nuevo. Regresó a la mesa y escribió hasta el amanecer “con asombrosa rapidez, facilidad y seguridad”. Intentando descifrar qué había provocado aquel cambio súbito se dio cuenta de que, frente a la ventana, había estado acariciándose inconscientemente los genitales y que aquello inducía una tan “agradable sensación masculina” que había avivado sus energías creativas. Desde entonces, Wolfe utilizó regularmente este método para inspirar sus sesiones de escritura.

Uno de los hábitos favoritos de Benjamin Franklin en sus últimos años era el baño de aire. El estadista estadounidense contó en sus diarios los pormenores del asunto: “Me levanto temprano casi todas las mañanas, y me siento en mi aposento sin ropa, media hora o una hora, según las estación del año, leyendo y escribiendo. Esta práctica no es en absoluto dolorosa, sino por el contrario, muy agradable”.

Arte contra la vida Immanuel Kant no salió jamás de su ciudad natal, donde impartió el mismo curso en la universidad durante 40 años. Su criado le levantaba a las cinco de la madrugada. Almorzaba siempre a la misma hora y a las tres y media daba su famoso paseo. Se iba a la cama exactamente a las diez. No se le conocen muchas amigas y tan sólo un amigo íntimo, con quién solía cenar de vez en cuando. Sus biógrafos se han peleado últimamente tratando de desmontar la imagen de hombre robótico que queda del filósofo alemán. Pero es un hecho que su enfermedad, un defecto congénito en su caja torácica que le comprimía el corazón y los pulmones, marcó profundamente su vida, y por tanto su obra. Kant renunció al cuerpo y se dedicó a criticar a la razón pura.

Ingmar Bergman facturó decenas de películas y obras de teatro, hizo además series para la televisión sueca, escribió óperas y varias novelas. Los temas son siempre los mismos: incomunicación, soledad, religión, amor, muerte, locura. “He estado trabajando todo el tiempo y es como un gran torrente que atravesara el paisaje de tu alma", explicó. "Es bueno porque se lleva muchas cosas. Es purificador. Si no hubiera estado trabajado todo el tiempo habría sido un lunático” .

Oficinistas con talento
Antes de recluirse en una vieja finca sureña con su mujer y el whisky, Faulkner compaginó varios trabajos con la creación de sus novelas. Fue periodista, pintor y cartero. Escribió una de sus mayores obras, Mientras agonizo, por las tardes antes de fichar en el turno de noche como supervisor de una planta eléctrica. El horario nocturno le venía bien: dormía unas pocas horas por la mañana y escribía toda la tarde. De camino al trabajo visitaba a su madre y echaba algunas cabezadas durante el turno, que tampoco es que fuera muy duro.

Kafka trabajó toda su vida en una compañía de seguros en Praga, de ocho a tres de la tarde. Vivía con su familia en un apartamento abarrotado, donde solo podía escribir por la noche. Trabajaba hasta las tres y a veces hasta las seis. “Entonces, por lo general con un leve dolor en el corazón y punzadas en los músculos del estómago, me voy a la cama. Hago todos los esfuerzos imaginables por tratar de dormir: esto es, por lograr un imposible, pues uno no puede dormir”.

Madres, crianza y libros
Sólo al final, separada ya de su marido y cuidando sola de su dos hijos pequeños, Sylvia Plath logró encontrar la rutina que le funcionaba para ser una poetisa productiva. A las 5 de la mañana, cuando terminaba el efecto de los somníferos, se levantaba y escribía hasta que los niños se levantaban.

A Alice Munro “le encantaban las siestas” de sus dos hijas. Cuando las criaturas se dormían, se encerraba en su cuarto para escribir. Toni Morrison ha compaginado su empleo como editora en Random House con sus clases en la universidad y la crianza de sus dos hijos. “Cuando me siento a escribir nunca me pongo a dar vueltas. Tengo tantas cosas que hacer que no puedo permitírmelo”. La recompensa a tanto esfuerzo ha sido un premio Pulitzer y un Nobel.


DAVID M. PÉREZ, Pequeñas rutinas de las grandes mentes, El País, 18 de febrero de 2014 (AQUÍ)

POEMAS A LAS COSAS (14): La tortilla, de Carlos Germán Belli


Si luego de tanto escoger un huevo,
y con él freír la rica tortilla
sazonada bien con sal y pimienta,
y del alma y cuerpo los profundos óleos,
para que por fin el garguero cruce
y sea ya el sumo bolo alimenticio,
albergado nunca en humano vientre;
¡qué jeringa! si aquella tortilla
segundos no más de ser comida antes,
repentinamente una vuelta sufra
en la gran sartén del azar del día,
cual si un invisible tenedor filoso
le pinche y le coja su faz recién frita,
el envés poniendo así boca arriba,
no de blancas claras ni de yemas áureas,
mas un emplasto sí de mortal cicuta.


CARLOS GERMÁN BELLI, antologado por José Miguel Oviedo en Poesía peruana: antología esencial, Visor, Madrid, 2008, pág. 386

jueves, 27 de agosto de 2015

TROYA LITERARIA (783): Fernando Vallejo sobre "Cien años de soledad", de García Márquez


«Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía habría de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo».

En uso del derecho a malpensar que me confiere esta revista, voy a hacerte unas preguntas, Gabito, muchos años después, sobre tu libro genial que así empieza. ¿Muchos años después de qué, Gabito? ¿De la creación del mundo? Si es así, yo diría que tendrías que haberlo dicho, o algún malpensado podrá decir que se te quedó tu frase en veremos, como una telaraña colgada del aire. Pero si no es después de la creación del mundo sino «después de aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo», entonces algo ahí sobra. O te sobra, Gabito, el «remota» pues ya está en «muchos años después», o te sobra el «muchos años después» pues ya está en el «remota».

Pero no te preocupés por la sintaxis, Gabito, que con las computadoras y el Internet ¿hoy a quién le importa? Al que te venga a criticar con el cuento de la sintaxis, decile que ésas son ganas de malpensar, de joder, y mandalo al carajo, que vos estás por encima de eso. Soltales un «carajo» de esos sonoros, tuyos, como los de tu coronel Buendía.

Y en efecto, la originalidad de tu frase inicial, así a algún corto de oído le suene sintácticamente coja, es soberbia, y no está en la sintaxis sino en la escena luminosa que describes. Un viejo que lleva a un niño a conocer el hielo, ¿no es una originalidad genial? ¿Cómo se te ocurrió, Gabito? ¿Cómo se dio el milagro? ¿De veras fue como lo has contado en repetidas ocasiones a la prensa, una tarde calurosa en que ibas camino de Acapulco con Mercedes? ¿En qué ibas pensando camino de Acapulco con Mercedes esa tarde calurosa? Aunque yo soy un pobre autor de primera persona que a las doce del día no recuerdo qué desayuné, y no un narrador omnisciente como vos que todo lo sabés, oís y ves, y que leés los pensamientos y nos podés contar lo que recordó el coronel Buendía muchos años después, apuesto a que sé en qué ibas pensando esa tarde calurosa camino de Acapulco con Mercedes. Ibas pensando en Rubén Darío, en su autobiografía, en la que el poeta nicaragüense, muerto en 1916, cuenta que su tío abuelo político, el coronel Félix Ramírez, esposo de su tía abuela doña Bernarda Sarmiento, lo lleva a conocer el hielo: «Por él aprendí pocos años más tarde a andar a caballo, conocí el hielo, los cuentos pintados para niños, las manzanas de California y el champaña de Francia». ¡Te plagió, Gabito, te plagió ese cabrón nicaragüense! ¡Y con semejante frase tan fea! Y no sólo te robó el hielo y el grado de coronel, sino hasta la expresión genial tuya de «muchos años después», pues el «pocos años más tarde» de ese sinvergüenza ¿no viene a ser lo mismo, aunque al revés? Y después dicen que los colombianos somos ladrones. ¡Ladrones los nicaragüenses! Cuando te acusen de plagio me llamás a mí, Gabito, yo te defiendo. A cambio vos me vas a enseñar a ser autor omnisciente y a leer los pensamientos. Como ves, ya empecé a aprender, vos me diste el ejemplo, ya sé en qué ibas pensando camino de Acapulco con Mercedes esa tarde calurosa en que se te ocurrió lo del hielo: en ese nicaragüense ladrón.

Pero explicame ahora la segunda frase de tu libro genial: «Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos». ¿Huevos prehistóricos? ¡Prehistóricos serán los tuyos, güevón! No hay huevos «prehistóricos». Los huevos son del Triásico y del Jurásico, o sea de hace doscientos millones de años, cuando los pusieron los dinosaurios, y nada tienen que ver con la prehistoria, que es de hace diez mil o veinte mil. Los bisontes de las cuevas de Altamira y de Lascaux sí son prehistóricos. Sólo que los bisontes no ponen huevos. ¿O en el realismo mágico sí? En esto de los huevos prehistóricos sí metiste las patas, Gabito. ¡Por no consultarme a mí! ¿Qué te costaba, si yo también vivo en México, llamarme por teléfono desde Acapulco? Yo tengo en México dos o tres libros de paleontología con unos huevos de dinosaurio fosilizados, magníficos, muy útiles para tu creación del mundo y de tu Macondo.

Pero aclarame aunque sea otra frase, la tercera, Gabito: «El mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo». Si vos estás escribiendo en español –una de las contadas «lenguas de civilización» de que habla Toynbee, y que ha producido la máxima obra literaria, el Quijote, después de la cual sigue la tuya, si no es que es al revés–, ¿no se te hace que se te fue un poquito la mano con eso de que muchas cosas carecían de nombre y que para mencionarlas había que señalarlas con el dedo? ¿No hay ahí una inadecuación entre la lengua tuya, la del narrador (así sean tan genialmente pobres su léxico y su sintaxis), y el mundo que describes? Para mí que te hubiera quedado mejor tu libro en protobantú o en una lengua de la Amazonia. Pero claro, en protobantú nadie se llama Aureliano Buendía con nombre y apellido, ni mucho menos tiene grado de coronel. Gabito: ¿No se te hace raro que en Macondo muchas cosas no tengan nombre pero las personas sí? Y para colmo con grado militar. En un mundo tan primitivo, Gabito, tan recién bañado por el primer aguacero cual es el caso de Macondo, ¿de dónde salió la jerarquía militar? Pues donde hay un coronel hay generales y mayores y cabos. Pero esto no es un reproche, Gabito, yo a vos te tengo buena voluntad. Nada más te lo recuerdo por si algún cabrón malpensado algún día te lo saca a relucir, estés preparado y sepás qué responder. Respondele: «Animal, ¿no ves que estamos ante el realismo mágico? Por eso es mágico. Si las cosas tienen explicación, ¿dónde está la magia? ¿Qué chiste hay pues?».

De todas formas, Gabito, si cuando escribías tu creación del Universo me hubieras consultado sobre este asunto de los nombres de los personajes, yo te habría aconsejado que para evitar malpensamientos de cabrones los señalaras con el dedo. Además eso de llamar a los personajes cada vez que se mencionan con nombre y apellido en realidad no es manía tuya, es de Rulfo y de Mejía Vallejo: Pedro Páramo, Pedro Canales, Anacleto Morones, Fulgor Sedano, Susana San Juan... Vos que sos tan imaginativo y genial ¡qué vas a copiar a ese par de güevones!

Ahora bien, si no querés señalar a tus personajes con el dedo, pues mencionalos siempre con nombre y dos apellidos para que te distingás de ellos. Por ejemplo: Mauricio Babilonia Asiria, Pietro Crespi Rossini, Pilar Ternera Mesa. Con este cambio tu comienzo te quedaría así: «Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía Iguarán habría de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo». Mejora mucho en originalidad. Incluso el «Iguarán» lo podés cambiar por «Iguana»: el coronel Aureliano Buendía Iguana. Suena más paleontológico, más a huevo prehistórico.

Llegados a este punto, Gabito, te quiero preguntar una última cosa, pero si no me la querés contestar no me la contestés: ¿De veras plagiaste a Balzac? ¿O eran elucubraciones sin fundamento de ese guatemalteco envidioso de Miguel Ángel Asturias? ¿Te acordás con la que salió ese güevón? Que dizque vos sacaste a tu coronel Aureliano Buendía del Baltazar Claës de La búsqueda del absoluto de Balzac, quien arruina a su mujer tratando de fabricar oro pero en vez de oro sólo fabrica un diamante. ¡Cómo lo ibas a plagiar si tu coronel Aureliano Buendía no fabrica diamantes sino pescaditos de oro! El tono, claro, de las dos novelas, la tuya y la suya, se parece mucho. Ustedes dos escriben como comadres chismosas, en prosa cocinera. Pero eso está bien para el tema de ambos. Además, ¿quién te puede probar Gabito que le robaste a Balzac el tono? Robarle un autor a otro el tono es como robarle un hombre a otro el alma. Y si a ésas vamos, también a vos te lo robó Salvador Allende. Ah no, fue su sobrina, ¿cómo es que se llama?

En fin, Gabito, para terminar porque ando corrigiendo unas pruebas y muy apurado, una última inquietud, ahora sobre el título de tu libro genial. ¿Por qué le pusiste «Cien años de soledad» en vez de «Un siglo de ausencia» como el bolero? Yo hubiera preferido «un siglo» ya que estás hablando en números redondos y que tuviste el acierto de que no fueran ciento uno o noventa y nueve, lo cual es otra genialidad. ¿Cómo se te ocurrió? Claro que «años» me suena mal. «Año» me suena a «caño», «coño». Yo sería incapaz de poner la palabra «año» en el título de un libro mío. La eñe es fea letra, hay que desterrarla del idioma. En cuanto a la soledad, mejor cambiásela por «ausencia», pues en español «Soledad» también es nombre propio, y así algún malpensado puede pensar que tus «Cien años de Soledad» son los cien años que doña Soledad lleva sola: doña Soledad Acosta viuda de Samper, doña Sola, doña Solita, ¡ay!

Gabito: No te preocupés que vos estás por encima de toda crítica y honradez. Vos que todo lo sabés y lo ves y lo olés no sos cualquier hijo de vecino: sos un narrador omnisciente como el Todopoderoso, un verraco. Y tan original que cuanto hagás con materiales ajenos te resulta propio. Vos sos como Martinete, un locutor de radio manguiancho de mi niñez, que con ladrillos robados a la Curia se construyó en Medellín un edificio de quince pisos propio. E hizo bien. Las cosas no son del dueño sino del que las necesita. Además vos también estás por encima del concepto de propiedad. Por eso te encanta Cuba y no lo ocultás. El realismo mágico es mágico. ¡Qué mágica fórmula!


FERNANDO VALLEJO, Peroratas, Alfaguara, 2013, Caracas, 315 págs.

POEMAS A LAS COSAS (13): El dominó, de José María Eguren


Alumbraron en la mesa los candiles,
moviéronse solos los aguamaniles,
y un dominó vacío, pero animado,
mientras ríe por la calle la verbena,
se sienta iluminado,
y principia la cena.

Su claro antifaz de un amarillo frío
da los espantos en derredor sombrío
esta noche de insondables maravillas,
y tiende vagas, lucífugas señales
a los vasos, las sillas
de ausentes comensales.

Y luego en horror que nacarado flota,
por la alta noche de voluntad ignota,
en la luz olvida manjares dorados,
ronronea una oración culpable, llena
de acentos desolados,
y abandona la cena.


JOSÉ MARÍA EGUREN, antologado por José Miguel Oviedo en Poesía peruana: antología esencial, Visor, Madrid, 2008, pág. 63

POEMAS DEPORTIVOS (4): Balada para Pelé, de Horacio Ferrer


A Edson Arantes do Nascimento 
Pelé
le hicieron –pobre– la cuna
con un grano de café
bajo la luna.
Su esbozo
fue un trozo de claro viento.
La luna 
era una vela en la favela.
Y el arrorró oscuro,
el coro
de aquella hambruna,
donde se hornean el futbol y los shoros
en estado puro.
Edson Arantes do Nascimento, 
por un momento
pareció predestinado
–fatalmente–
a abrir las puertas de los coches
alquilados
del turismo
por un cruceiro
impertinente.
Pero una noche
–los brujos tañen pandeiros– vaya uno
a saber
por qué atavismo 
caliente de su ser
se reencarnó en bailarín
el chiquilín:
medio Marceau, medio Chaplin,
con fueros
de canillita y de torero.
Pero en el modo sutil
y condombero 
y tablonero
del Brasil. 
Y le empujó tras la piel
el samba silvestre, aquél
que tocan a morir los sapos populares
en los lugares
donde aun hay potreros
barreros,
para los niños
que no tienen pan ni cavaquiño.
Estos sapos hechiceros,
negros sapos,
sapos raros,
los que también inventaron
la pelotita de trapo.
Y Edson Arantes do Nascimento,
que tenía un remiendo en el trasero,
y otro remiendo –grave– en la comida,
pero todo un talento,
bien entero, 
meta samba, 
apretó como Dios manda
la de trapo contra el piso
y le hizo, a la vida,
sin permiso, 
un soberbio pas de deux remacumbero.
Y es ahora un son universal
de mía tuya y tuya mía
que le canta en el botín, 
fenomenal, 
al chiquilín,
medio Marceau, medio Chaplin.
Y una escola de taquitos y muletas,
mía y tuya y tuya mía,
y la alegría 
de una gran mitología
de gambetas
y de locas batucadas
de pisadas.
Y esos goles… ¡Goles, che, 
algunos,
para firmarlos 
como si fueran cuadros y guardarlos!
Tuya y mía mía y tuya;
qué linda aristocracia de uno
que es esta suya,
Pelé.
Porque usted se acuerda, todavía
de aquel día
en que Edson Arantes do Nascimento
le hicieron –pobre– la cuna
con un grano de café
bajo la luna.


HORACIO FERRER, 21/22 de junio de 1970, Buenos Aires, recogido en Placar Magazine, 25 de junio de 1982, pág. 76