viernes, 29 de mayo de 2015

CARTAS DE ESCRITORES (22): El triunfo multitudinario de Lorca en Argentina


A su familia (125)

[Buenos Aires, 20 de octubre de 1933]

Queridísimos padres y hermanos: A los tres días de estar en Buenos Aires recibí vuestra carta, que me llenó de contento. Yo estoy abrumado por la cantidad de agasajos y atenciones que estoy recibiendo. Estoy un poco deslumbrado de tanto jaleo y tanta popularidad. Aquí, en esta enorme ciudad, tengo la fama de un torero. Hace noches asistí a un estreno en un teatro y el público, cuando me vio, me hizo una ovación y tuve que dar las gracias desde el palco. Pasé un mal rato, pues estas cosas son imprevistas en mi vida. Ya veréis los periódicos. Una cosa como cuando vino el príncipe de Gales. ¡Demasiado!

Desde Montevideo comenzó el cisco. Allí fueron los periodistas de Buenos Aires para hacer los reportajes, y no sé cuántas fotos tiraron. Cañedo, que está allí de embajador, y los Moras subieron al barco a saludarme, seguidos de una nube de señoritas con álbum y periodistas. Todo esto era producto del éxito sin límites que había tenido Bodas de sangre. Estas gentes americanas aman al poeta por encima de todo. No tenéis idea de cómo han oído hoy mi conferencia, ¡ha sido una cosa extraordinaria! ¡Y qué entusiasmo! No pasa día que no reciba declaraciones de señoritas (supongo que estarán chaladas) diciéndome cosas notables, ¡ya las leeréis!

En el barco, entre Montevideo y Buenos Aires, me mataron a interviús, y a la llegada de Buenos Aires había una nube de gente en el muelle, entre ellos el embajador, el ministro de Colombia, poetas y fotógrafos. Yo estaba asustado. Al bajar la escala todos me aplaudieron y de pronto yo siento una voz que dice: ¡Federico! ¡Federico! ¡ay! ¡ay!, y era la mujer de [Francisco] Coca y su niña, y Matilde [Cobos], la del compadre Pastor, y un grupo de gentes de Fuente Vaqueros. Ya lo leerás en la prensa: Cuando los fotógrafos retrataban el grupo, ellos lloraban y decían: «De mi pueblo, ¡es de mi pueblo!, ¡de la Fuente!». Os aseguro que me saltaron las lágrimas. Se habían gastado cinco pesos en entrar al muelle y habían seguido y recortado todos los retratos y los artículos que se habían publicado antes de la llegada. Naturalmente esto es explicable en ellos, pues yo llegaba allí de personaje y ellos vieron cómo los abracé y con qué alegría los recibí. Desde luego a todo el mundo le pareció esto simpatiquísimo. ¿Qué te ha dicho tu mamá para mí?, me preguntó la mujer de Coca, y yo le dije que tú te acordabas mucho de ella.

Luego han venido a verme al hotel (estoy en el Hotel Castelar, en la avenida de Mayo, uno de los grandes hoteles de Buenos Aires), a mí me conmueven mucho porque hablan de papá con un respeto y un cariño enorme; y lejos es cómo se da uno cuenta del amor tremendo que tienen por su casa. Se acuerdan mucho de Conchita, y han movido un griterío estilo de la Fuente con los retratos de la Tica que yo tengo puestos encima de mi cama.

El día 24 es el reestreno de Bodas de sangre, en el Teatro Avenida, y ya está el teatro vendido por tres días, y es inmenso. Ese día será una cosa grande el jaleo que moverán los españoles. Desde luego yo no he visto un recibimiento igual, y era preciso que lo vierais para que os dierais cuenta. Lola Membrives, por todo lo que la gente dice, hace una gran creación del papel. El embajador, que ha visto la obra cinco o seis veces, me dice que se trata de algo grande. Lola debutará con ella en Madrid y está segura de llenar el teatro todas las noches que quiera.

Yo estoy buenísimo y deseo que vosotros lo estéis también.

Me siento bien, y espero ganar un dinerito limpio para después tener en Madrid todo lo que yo quiera.

Que me escribáis y me contéis muchas cosas, y que me escriba Paquito. De España leo noticias desagradables. Estas elecciones van a ser terribles. ¡Veremos a ver qué pasa! Yo tengo verdadera ansiedad por todos esos movimientos políticos.

Saludos a toda la familia. Besos a Conchita y Manolo y mis niños. Y a vosotros, besos de vuestro

Federico



FEDERICO GARCÍA LORCA, Epistolario completo, Cátedra, Madrid, 1997, págs. 772-774

TROYA LITERARIA (738): Camus sobre Mauriac


Mauriac. Prueba admirable del poder de su religión: llega a la caridad sin pasar por la generosidad. Hace mal remitiéndome sin cesar a la angustia de Cristo. Me parece que lo respeto yo más que él, puesto que jamás me creí autorizado a exponer el suplicio de mi salvador, dos veces por semana, en la primera página de un periódico para banqueros. Él se dice "escritor temperamental". En efecto. Pero en su temperamento hay una disposición invencible a utilizar la cruz como un arma de tiro. Lo cual lo convierte en un periodista de primer orden y en un escritor de segunda. El Dostoyevski de la Gironda.

[...]

La idea que yo me hago de la vulgaridad, se la debo a unos cuantos grandes burgueses, orgullosos de su cultura y de sus privilegios, como Mauriac, desde el instante en que dan el espectáculo de su vanidad herida. Tratan entonces de herir al mismo nivel en que ellos lo fueron y descubren, al mismo tiempo, la altura exacta en que viven, en realidad. La virtud de la humildad, por primera vez, triunfa entonces en ellos. Son pobretones, en efecto, pero en maldad.


ALBERT CAMUS, Carnets, 3 (Marzo de 1951 - Diciembre de 1959), Obras 5, Alianza Tres, Madrid, 1996, edición de José María Guelbenzu, págs. 212-213 y 214

jueves, 28 de mayo de 2015

Centellas LXXXVI


Una reflexión de Mircea Eliade


Ribbeck leyó El origen de la tragedia, pero en una carta a Rohde rehusó tomarlo en consideración so pretexto de que ese libro no estaba fundamentado en "testimonios ni en pruebas". Lo más divertido del caso es que Ribbeck tal vez tuviese razón, pero en la cultura fue Nietzsche el que triunfó. No fue el espíritu filológico el creador de cultura sino la adivinación, el énfasis o la imaginación; en una palabra, el ERROR (con mayúsculas y subrayado).


MIRCEA ELIADE, anotación de 17 de diciembre de 1962, Diario (1945-1969), Kairós, Barcelona, 2001, pág. 271

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (788): Hemingway camina llorando con el ataúd de Baroja al hombro


A Baroja lo seguí viendo con bastante regularidad, hasta que murió. Estuve en su entierro con Fernando Chueca, Paulino Garagorri y con Julián Marías, los dos discípulos más aventajados de Ortega y Gasset. El ataúd del gran escritor, entre otros, lo cargaban Camilo José Cela y Ernest Hemingway. Hemingway, que nunca me dejaba llamarlo de usted, lloraba como un niño. Yo le dije: "¿Pero tanto te ha impresionado la muerte de Baroja?" Él me contestó: "Si no fuese por Baroja, yo nunca habría escrito." Era un forofo de Baroja.


PEPÍN BELLO, entrevistado por DAVID CASTILLO/MARC SARDÁ y recogido en Conversaciones con José "Pepín" Bello, Anagrama, Barcelona, 2007, pág. 109

TROYA LITERARIA (737): Elena Garro sobre Octavio Paz (II)


¿El Premio Nobel a mí? ¡Uy, no, hombre! Fui una muchachita majadera, muy majadera. Él [Octavio Paz] cuidaba su carrera, caravanas aquí, caravanas allá. Buscó siempre el ascenso. Yo no he hecho más que meter la pata.


ELENA GARRO, recogido por Elena Poniatowska en Elena Garro: la partícula revoltosa, incluido en Las siete cabritas, Txalaparta, Tafalla, 2001, pág. 99

Centellas LXXXV


ANECDOTARIO DE ESCRITORES (787): La relación de Jünger con Hitler


Hitler conocía y estimaba, igual que muchos otros soldados del frente, y no sólo alemanes, mis obras sobre la primera guerra mundial; me lo hizo saber y le envié las nuevas ediciones. Me daba las gracias directamente o encargaba de ello a Hess. También recibí su libro, que acababa de publicarse. En una ocasión, yo vivía todavía en Leizpig, me anunció su visita, que luego no se celebró porque hubo un cambio en su itinerario. Cabe presumir que, lo mismo que mi encuentro con Ludendorff, aquella visita no habría tenido resultados especiales. Lo que es seguro es que me habría acarreado desgracias. 

Para mis escritos posteriores, que, como El trabajador o La movilización total, habrían podido serle útiles para abandonar el pensamiento orientado en el sentido del Estado nacional y el Partido, Hitler carecía de capacidad de comprensión, aunque tomó, seguramente a través de terceros, algunas formulaciones de esos libros míos y las integró en el arsenal de sus consignas. El trabajador apareció en 1932; el libro describe, entre otras cosas, la tarea simultáneamente recuperadora del pasado y preparadora del futuro, pero que sólo presta una ayuda en el parto, de los dos grandes principios del nacionalismo y el socialismo para la estructura definitiva de los nuevos Estados, en especial del Imperio mundial, a cuya formación están cooperando fuerzas contrarias y al que la segunda guerra mundial nos ha acercado entretanto de manera bien visible. En el Völkischer Beobachter se publicó una reseña desfavorable de El trabajador; su autor hacía constar que yo estaba acercándome "a la zona donde se reciben tiros en la cabeza".

Esta relación de conocidos no dejó de tener, desde luego, consecuencias, pues Hitler poseía, como muchos dirigentes políticos, una memoria con casillas fijas; no le gustaba modificar la opinión que se había formado de las personas. Al estallar la guerra apareció Sobre los acantilados de mármol, libro que tiene en común con El trabajador lo siguiente: los acontecimientos que estaban produciéndose en Alemania encajaban ciertamente en su marco, pero la obra no estaba cortada especialmente a su medida. De ahí que aún hoy me desagrade que se entienda Sobre los acantilados de mármol como un escrito tendencioso. No eran pocos los que podían y pueden aplicarse el cuento y darse por aludidos. Era más que probable que eso ocurriera entre nosotros los alemanes, y tampoco cabía discutir que yo había experimentado aquí en Alemania, como testigo de vista que era, incitaciones para mi libro. Lo que a mí me interesaba sobre todo era el desenlace de la partida. ¿Cómo acabaría? Pues, en efecto, el conjuro más fuerte continúa siendo el conjuro hecho con sangre derramada. Más tarde, en plena catástrofe, parecíame a veces que aquel sueño mío, aquel presentimiento mío había captado las cosas futuras, incluso en sus detalles, con más precisión que la que tenían esas mismas cosas cuando se hicieron realidad en la vivencia directa.

El libro provocó enseguida controversias, que ocasionaron noches de insomnio a mi editor, Benno Ziegler, mientras yo me encontraba lejos de los tiros, es decir, en el Muro Occidental. Allí me enteré también de que la discusión había llegado hasta las más altas esferas. En una reunión de los jefes políticos formuló quejas contra mí un Reichsleiter llamado Bouhler. Dijo que aquello no podía seguir así. Hitler, según me contaron, reflexionó un instante y luego decidió que no se me molestase.


ERNST JÜNGER, Radiaciones II, Tusquets, Barcelona, 2005, traducción de Andrés Sánchez Pascual, págs. 562-564

TROYA LITERARIA (736): Aleixandre sobre Valéry y Góngora


Todo lo que es rebeldía, no conformidad, sea virtud o vicio, tiene mi simpatía. La revolución y el crimen tienen a ratos mi mirada atenta, interesada [...] Por eso la poesía superrealista me atrae y es casi ya la única que entiendo [...] Por eso es comprensible que amores literarios de antes sean hoy indiferencias. Yo por ejemplo estoy harto, harto de Valéry. Y nuestro Góngora me parece muerto y sepultado y a tres mil quinientas leguas de lo que hoy siento por poesía.


VICENTE ALEIXANDRE, carta a Dámaso Alonso enviada el 1 de agosto de 1930 desde Francia, recogida por Julio Neira en La quimera de los sueños: Claves de la poesía del 27, Editorial Veramar, Málaga, 2009, pág. 157

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (786): Fidel Castro decide autorizar Paradiso, de Lezama Lima, "aunque no entiende gran cosa de él"


ALUMNO: Podría hablar, porque no sé si sería cierto, pero aparentemente el gobierno de Fidel había prohibido Paradiso en Cuba. ¿A qué se debió esto y por qué?
JULIO CORTÁZAR: Muy buenas preguntas..., muy buenas preguntas provocativas. Vamos a ponernos de acuerdo sobre eso que usted llama “el gobierno de Fidel” porque los gobiernos —el de Fidel o el de cualquiera— se componen de todo un equipo formado por mucha gente, de los cuales hay los que tienen lucidez y ven claramente el camino y luego están los burócratas, los sectarios y evidentemente los tontos que abundan en todo gobierno de este mundo. Cuando Paradiso fue publicado en Cuba por la Sociedad de Escritores de Cuba, algún funcionario (nunca se ha sabido quién fue y si todavía está vivo tendrá especial interés en que no se sepa porque debe estar muerto de vergüenza) lo acusó de libro pornográfico. Eso coincidía con una situación que duró varios años en Cuba y en que hubo una enorme intolerancia y un gran sectarismo en materia sexual, una situación muy penosa que dejó muchas huellas. Hubo entonces una enorme persecución contra los homosexuales en Cuba que consistió en muchos casos en creer que el trabajo, multiplicar sus tareas, los iba a curar de lo que esos señores llamaban “una enfermedad”. (Como ustedes saben muy bien éste es un problema que no se puede discutir así, yo estoy simplemente dando las líneas generales de la cosa.) En ese momento apareció Paradiso y el funcionario en cuestión dijo que era un libro inmoral, pornográfico, mucha gente se asustó, inclusive los libreros, y empezaron a retirarlo de la circulación. Lezama nunca dijo una palabra, se quedó tranquilamente en su casa, nunca dijo nada sobre eso. Entonces —por eso mi referencia al gobierno de Fidel— pasó esto que sé directamente y de primera mano: Una noche Fidel Castro fue a la universidad a hablar con los estudiantes; de vez en cuando hace una visita por sorpresa, llega a las escalinatas de la universidad, los estudiantes lo rodean durante una o dos horas, discuten muy violentamente entre ellos, exponen sus problemas y él escucha y contesta. Esa noche, en plena conversación un estudiante le dijo: “Oye, Fidel, y por qué es que no podemos comprar Paradiso? Nos han dicho que lo han suspendido de las librerías y no lo podemos comprar”. La respuesta de Fidel fue ésta, me hago responsable de esa respuesta porque sé que fue así. Fidel dijo esto que me parece muy lindo: “Chico, mira, este libro realmente yo no entiendo gran cosa de lo que hay ahí adentro pero estoy seguro de que contrarrevolucionario no tiene nada, de manera que no veo por qué no lo van a vender”. Y los que estaban con él escuchaban muy bien y al otro día el libro volvió a salir.


JULIO CORTÁZAR, Clases de literatura, Berkeley, 1980, Alfaguara, Madrid, 2014, págs. 208 y 203

miércoles, 27 de mayo de 2015

Centellas LXXXIV


TROYA LITERARIA (735): Los surrealistas sobre Claudel


CARTA ABIERTA AL SR. PAUL CLAUDEL, EMBAJADOR DE FRANCIA EN JAPÓN


Señor:

Lo único pederástico que tiene nuestra actividad es la confusión que siembra en la mente de los que no participan en ella.

La creación nos importa muy poco. Lo que deseamos con todas nuestras fuerzas es que las revoluciones, guerras y las insurrecciones coloniales logren aniquilar a esta civilización occidental cuyas miserias ustedes defienden hasta en el Oriente, e invocamos esa destrucción como el estado de cosas menos inaceptable para el espíritu.

Ni el gran arte ni el equilibrio existen para nosotros. Hace ya mucho tiempo que la idea de belleza se arrancó.

Sólo queda en pie una idea moral, a saber, por ejemplo, que no se puede ser a la vez embajador de Francia y poeta.

Aprovechamos esta ocasión para desolidarizarnos públicamente de todo lo francés en palabras y en actos.

Declaramos que la traición y todo lo que de una manera u otra puede dañar la seguridad del Estado nos parece mucho más conciliable con la Poesía que la venta de grandes cantidades de tocino por cuenta de una nación de puercos y perros.

Un singular desconocimiento de las facultades propias y de las posibilidades del espíritu es el que lleva periódicamente a buscar la salvación a los patanes de la especie de usted en una tradición católica o grecorromana. La salvación, para nosotros, no está en ninguna parte. Consideramos a Rimbaud como un hombre que perdió la esperanza en su salvación y cuya obra y vida son testimonios cabales de perdición.

Catolicismo, clasicismo grecorromano: quédense con sus santurronerías infames. Que les aprovechen como sea; engorden más, revienten bajo la admiración y el respeto de sus conciudadanos. Escriban, recen y babeen mientras nosotros reclamamos el deshonor de haberlos llamado de una vez por todas petimetres y canallas.



París, 1 de julio de 1925
Máxime Alexandre, Louis Aragón, Antonin Artaud, J.-A. Boiffard, Joé Bousquet, André Bretón, Je Carrive, René Crevel, Robert Desnos, Paul Eluard, Max Ernst, T. Fraenkel, Francis Gérard, Eric Haulleville, Michel Leiris, Georges Limbour, Mathias Lübeck, Georges Malkine. André Masson, M Morise, Marcel Noli, Benjamín Péret, Georges Ribemont-Dessaignes. Philippe Soupault, Dé Sunbeam, Roland Tual, Jacques Viot, Roger Vitrac.


CARTA ABIERTA AL SR. PAUL CLAUDEL, EMBAJADOR DE FRANCIA EN JAPÓN, extraído del blog Gatopistola Tax (AQUÍ)

TROYA LITERARIA (734): Claudel sobre los dadaístas y surrealistas


En cuanto a los movimientos actuales, ninguno puede conducir a una verdadera renovación o creación. Ni el dadaísmo ni el surrealismo que tienen un solo sentido: el pederástico.

Más de una persona se asombra no de que yo sea buen católico, sino escritor, diplomático, embajador de Francia y poeta. Pero a mí no me parece que haya nada extraño en esto. Durante la guerra estuve en Sudamérica para comprar trigo, carne en conserva, tocino para los ejércitos, y le di a ganar a mi país doscientos millones.


PAUL CLAUDEL, entrevista en Il Secolo reproducida por Comoedia el 17 de junio de 1925, extraído vía blog Gatopixtola Tax (AQUÍ)

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (785): El "torpe aliño indumentario" de Antonio Machado, según Unamuno


Cuando Unamuno viene a Madrid pasa siempre por la tertulia de los Machado en el Café Varela. Una tarde encuentra a la puerta del café a un joven escritor, y le pregunta:

–¿Adónde va usted?
–Me parece que a ver a los mismos que usted, don Miguel.
–Yo –agrega Unamuno– vengo a saludar al hombre más descuidado de cuerpo y más limpio de alma de cuantos conozco: don Antonio Machado.


JOSE LUIS CANO, Machado, Salvat, Barcelona, 1985, pág. 176

Centellas LXXXIII


TROYA LITERARIA (733): Julián Marías sobre la "calidad de página" de Galdós


En cierto sentido, Galdós no escribía bien. Es sabido que la generación del 98 miró con cierta aversión a Galdós: no acababa de gustarles. Esto nos parece hoy injusto, pero hay que entenderlo. ¿Por qué pasaba así? La generación del 98 representó en la literatura española el restablecimiento de lo que llamo “calidad de página”. Es la calidad intrínseca de una página suelta, su eficacia como tal; el fulgor que tiene una página aislada, independientemente del valor de la obra en su conjunto. Hay obras con calidad de página, que en conjunto no pasan de mediocres o están frustradas; hay en cambio obras muy valiosas cada una de cuyas páginas carece de intensidad y fulgor. Este es el caso de Galdós. Su obra tiene valor altísimo, pero una página suya suelta rara vez nos conmueve, casi siempre es un poco trivial. Es como un gran arquitecto que construye con ladrillo, mientras otros construyen con acero y cristal, con granito o mármol. Yo creo que la aversión de los hombres del 98 por Galdós venía de que en él no encontraban un semejante; les parecía infiel a esa calidad de página, en que coinciden todos, incluso el desaliñado Baroja.

Pero ¿será meramente una limitación de Galdós? ¿Será simplemente que Galdós no escribía demasiado bien? Yo estimo enormemente la calidad de página –que no tienen nada que ver con eso que se llama “estilismo” –, y por razones graves: es aquella condición de los escritos que están escritos verdaderamente por su autor; quiero decir, aquellos en los cuales el autor –el autor mismo– ha escrito todas y cada una de sus frases. Todos hablamos con palabras, con palabras de la lengua, que son de todos y de nadie, que están inertes en el diccionario. Todos hablamos de acuerdo con la gramática de nuestra lengua. Pero cada uno dice ciertas palabras elegidas, las dispone en un orden determinado y las hace sonar con cierta cadencia. Pues bien, cuando esta selección de las palabras, la sintaxis, y la cadencia es mía, personal, entonces aquello que escribo tiene calidad de página, y en ella sentimos bajo nuestra mano o al deslizar por ella la caricia sin contacto de nuestros ojos el palpitar de una vida.

Pero hay otra manera de escribir, que es escribir con frases, con lo que podríamos llamar, dando a la expresión un sentido más lato que el usual, frases hechas, tomadas del repertorio de las que ruedan de boca en boca; frases tomadas de la gente, de lo que se dice. Lo mismo da que se trate del preciosismo de los culteranos que de las formas estereotipadas de una crónica de sociedad. En un caso y en otro, no hay calidad de página, porque está construida con elementos ajenos, mostrencos, sociales, colectivos, no míos, no personales.


JULIÁN MARÍAS, Literatura y generaciones, Espasa-Calpe, Colección Austral, Madrid, 1975, págs. 88 y 89

Una reflexión de Julio Neira


El presidente Aznar se declaró gran lector de poesía y seguidor en especial de la obra de Luis Cernuda. Lo cual no dejó de ser sorprendente, porque si un poeta del 27 estuvo alejado en su vida y en su obra del ideario que defendía entonces el presidente del Gobierno, éste había sido Luis Cernuda. Podían plantearse, sin duda, algunos interrogantes: ¿Qué Cernuda era el que leía y gustaba al Sr. Aznar? ¿El Cernuda que denuesta a la familia como institución y como realidad social? Su labor de gobierno decía estar dirigida a defender la familia. ¿El Cernuda que defiende sin ambages el amor homosexual? El Partido del Sr. Aznar votó en contra del reconocimiento de las parejas homosexuales. ¿El Cernuda que reivindica la lucha por la República de los Brigadistas Internacionales? Su partido votó en contra de su reconocimiento oficial. ¿El Cernuda que reniega de la España que habían creado el totalitarismo, la intransigencia religiosa e ideológica, en la que el abuelo del Sr. Aznar había sido relevante intelectual? ¿El Cernuda que ataca, en suma, los valores de los que el propio presidente Aznar declaraba ser máximo defensor? Parece una posición bastante incoherente. La poesía no es solo belleza fónica o riqueza estilística. El contenido del poema tiene una capital importancia para el autor y para el lector. Sin embargo, en esos años que el presidente del Gobierno de derechas se declarase admirador de Cernuda era una forma de adoptar una imagen pública moderada y reconciliadora, que camuflase su ideario de derecha extremada, aunque las votaciones en el Parlamento las desmintieran. El 27 se había convertido en una seña de indudable prestigio social identificable con una opción política al menos centrista.


JULIO NEIRA, La quimera de los sueños: Claves de la poesía del 27, Editorial Veramar, Málaga, 2009, págs. 32 y 33

TROYA LITERARIA (732): Juan Abreu sobre Galeano


Tengo que haber leído el libro de las venas ese de Eduardo Galeano cuando era joven y mi cerebro, que ya desde joven era un cerebro extraordinario, lo borró completamente de inmediato. Como diciéndome: toda esa porquería no te hace ninguna falta. Gracias cerebro mío. He recordado esto porque ha muerto Galeano, gran lameculos de los Castro (y de Chávez) y gran colaborador y cómplice de toda esa chusma comunista asesina cubana y latinoamericana.

Yo a Galeano y a los de su ralea los he visto y los veo como esbirros siempre dispuestos a dar una patada en la cabeza al balsero cubano que huye para que se acabe de ahogar ¡pero qué aguafiestas! y no enturbie su luminoso sueño de escritor revolucionario.

Es una pena que no exista nada después de la muerte porque me gustaría verte frente a esa legión de ahogados cubanos y que alguno de ellos te diera una merecida patada en el culo, Galeano.


JUAN ABREU, Emanaciones 2050 (AQUÍ)

Centellas LXXXII


TROYA LITERARIA (731): Carpentier sobre Gómez de la Serna


Divinas palabras es obra mucho más avanzada (¡por algo ha tenido tal éxito teatral, recientemente, en Francia e Italia!) que los ingenuos vanguardismos de un Antonio Espina o de un Jarnés por no hablar de las vanas y aburridas greguerías de un Gómez de la Serna, de las que nada queda, pese a los entusiasmos retrospectivos de algunos. Gómez de la Serna no pasa de ser un episodio histórico minimomento histórico en el panorama de los años veinte...


ALEJO CARPENTIER, entrevista de Excilia Saldaña, incluida en Entrevistas: Alejo Carpentier, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1985, pág. 347