viernes, 29 de mayo de 2020

70


Siendo el escritor un manipulador de rabo a cabeza, muchas veces sin queriendo, y siendo la memoria una fabuladora fantástica, escribir un diario sirve al menos para poner un límite a esas manipulaciones. Si en 2043, por ejemplo, decido hacer la 25ª revisión de mi pasado, tendré a la vista los registros de 2020, que me dirán: “¡No mientas, Batania, no empieces!”.


69


Qué guapa está mi gata Lorca. Los gatos pasan por épocas donde parecen más gatos que nunca. Es la época de Lorca. Le noto la sobre-gatedad en que ha aparcado su rencor habitual y se muestra en las últimas semanas más generosa y expansiva que nunca. Parece que también los gatos se comportan mejor con los demás cuando van ganando


jueves, 28 de mayo de 2020

68


Los pajeros. Lo mal vistos que estamos los pajeros, incluso entre las personas más abiertas (todo el mundo cultural madrileño es abierto hasta que hablas de los inmigrantes y los pajeros). Anarquistas de los más acérrimos he conocido yo que, para descalificar a alguien de forma definitiva, te dicen:

–¿Ese? Bah, ese es un pajero.

El pajero tiene la misma fama que la mayor gentuza sin haber hecho ni la mitad de cosas malas. En puridad: sin haber hecho ninguna cosa mala. El pajero está visto como una persona turbia, marrana, acomplejada, colgada, psicológicamente descompuesta. A nosotros se nos dirige la misma acusación que a las feministas radicales: como se dice que no follamos, que somos feos, gordos y no triunfamos en el amor, se deduce que nos hemos vuelto pajeros (nosotros) y feministas (ellas).

Yo me pregunto: ¿de dónde procede tanto rechazo, para el poco daño que hacemos?

En el rechazo al pajero hay dos mil años de cristianismo.

En el rechazo al pajero hay dos mil años de penetradores, de activo vs pasivo, de sexo entendido como dominación y humillación del otro. Hay 150.000 años de odio al individuo, de rechazo a la singularidad, de calumnias al que no sirve para formar rebaño.

El pajero es pura fantasía y transgresión que supera fácilmente a cualquier relación sexual. ¿Quieres follarte a tres mujeres a la vez con tres pollas tuyas, quieres que tus mujeres tengan pollas, que tú tengas clítoris? ¿Quieres que cada mujer tenga dos o tres agujeros más, quieres tenerlos tú mismo? Eso es muy fácil de hacer para un pajero.

¿Crees que Rihanna o Beyonce son mujeres inalcanzables? No es cierto, están al alcance de una paja.

¿Crees que es imposible superar el cordón de seguridad de la reina Rania de Jordania? No es cierto, si eres un pajero.

¿Crees que no es posible entrar en el vestuario de Serena Williams y ser maravillosamente sodomizado por ella? No te preocupes, nada es imposible para el Sr. Paja.

En las pajas he sido homosexual, travesti, tranny, camarera; en la pajas he follado encima de una bicicleta (y nunca dejamos de pedalear); en las pajas me he enamorado de un buzón de correos y de un maniquí de escaparate; en las pajas he ido más allá de mí, he ido a veces contra mí: he sido mejor de lo que soy, me he superado.

En las pajas he hecho cosas que vosotros los pobres penetradores no haréis ni en sueños; que vosotros los merodeadores de simples cuerpos reales no conoceréis jamás. Casi me dais lástima, pobres seres cuadrados de mentes cuadradas y pollas cuadradas, lástima vuestra falta de imaginación, vuestro porno barato, vuestros límites. ¡Lástima vuestra limitada masculinidad orgullo de vuestras limitadas madres!


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La pajas son además la unidad de medida sexual del escritor, ese solitario: en cada una de ellas ponemos en juego algo más que la libido: ponemos nuestra imaginación, nuestro talento, la capacidad que tenemos de convertir la realidad mostrenca en otra cosa: ¿para cuándo, en las obras completas de cada escritor, un libro dedicado a “Mis pajas”, verdadera raíz de la que muchas veces surgieron los otros libros, los otros árboles?


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Leyendo Biblioteca de Apolodoro, descubro un detalle que no conocía del mito de Ícaro: Dédalo no solo le advirtió a Ícaro para que no volara demasiado cerca del sol, sino también para que no lo hiciera demasiado cerca del mar. El detalle es importante, porque convierte una mera alegoría contra la ambición en una alegoría que también condena la poquedad, el conformismo: es este mito un ejemplo más del in medio virtus grecolatino.


65


Me encuentro por la calle de Oca con dos mujeres mayores que pretenden proselitizarme para los Testigos de Jehová:

–Ya, pero es que yo creo en la ciencia.
–¿Ciencia? –me replica una de ellas–. ¿Qué ciencia?
–Pues la de Darwin, por ejemplo, que demostró que el mito de la Creación es eso, un mito, o la de Hawking, que murió hace poco, que decía que Dios no era necesario para explicar el universo.
–Bah –dicen las dos, bastante indignadas pero conteniéndose–. ¡Ciencia! ¡Tonterías!

Y se van calle abajo, renunciando a proselitizarme, mientras hablan entre ellas en voz baja, como diciendo “la ciencia, esa sí que es una secta”.


64


Pertenezco a la última generación de escritores que escribe sin mejorarse el ADN para aumentarse artificialmente la memoria. Pronto nos convertiremos en un modelo desfasado, a merced de lectores malignos con todas las mejoras a su alcance.


miércoles, 27 de mayo de 2020

63


Ningún statu quo reconoce que se apoya en la fuerza: todos tratan de legitimarse con palabras grandes, derechos, valores, unidad, justicia, libertad, igualdad, democracia. Pero hay quienes se atreven a rechazarlas cuando la diferencia entre lo que esas palabras significan y la vida real es muy grande. Josephine Baker, al visitar por primera vez París: "¿De qué sirve la estatua de la libertad sin la libertad? ¿De qué sirve esa estatua si no puedo ir adonde quiero a causa del color de mi piel? No, prefiero la torre Eiffel, que no me hizo ninguna promesa".


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Por fortuna, en mi adolescencia y juventud acumulé tantas convicciones que no voy a poder, ahora que se ha invertido el proceso, desconviccionarme de todas ellas, porque a) aún conservo los silos llenos b) no hay tiempo material para lograrlo, y c) nunca pierdo del todo el cariño por los errores a los que un día me sentí ligado.


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Cómo me gustan los rollos de papel higiénico, impresos con la bandera estadounidense o británica, que se pueden comprar en algunas tiendas de esos países. Tengo dicho, y no porque se lo haya leído a Kundera, que el índice de fortaleza de un país reside en la tolerancia que mantiene con sus antipatriotas. De Gran Bretaña procede el Brexit y la famosa insularidad, sí, pero también es cuna de personalidades tan poco patriotas como Virginia Woolf, Bertrand Russell, Charles Chaplin o John Lennon; Alemania conoció a Hitler, sí, pero también a célebres no germanistas como Goethe, Schopenhauer, Nietzsche o Hesse; en Francia nació el chauvinismo, pero de Francia son antichauvinistas tan exagerados como Stendhal, Flaubert, Genet, Breton, Bataille, Brassens o Cantona. Otro exclusivismo es el judío, pero judíos eran Jesucristo, Karl Marx, Rosa Luxemburg, Emma Goldman, Einstein, Feynmann o Hannah Arendt. Y qué decir del país más patriota del mundo actualmente, Estados Unidos: de allí eran Mark Twain, Ezra Pound, Henry Miller, Muhammad Ali, Bill Hicks, George Carlin, Susan Sontag o Ursula K. Le Guin, y todavía hoy mantiene una nómina de celebridades que todos los días son tachadas de antiamericanas: pienso en Chomsky, Oliver Stone, Michael Moore, Barbara Kingsolver o Martha Nussbaum.


60


La continuidad de la conciencia es pura ilusión. Yo no tendría derecho a tutear al Batania que salió con Iratxe o al Batania de Lauros, por ejemplo, porque se han vuelto dos seres que no tienen nada que ver conmigo, son con respecto al Batania de ahora como dos personas de una tribu de la Amazonia. Ni siquiera me solidarizo con mi cuerpo, ¿qué tiene que ver este cuerpo mío de los 45 años, que ya no ve la letra pequeña y tiene que controlar las comidas, con el cuerpo-flecha de los doce años, cuando siempre tenía las manos y las rodillas sucias? Mi vida está dividida en zanjas y no existe en ella ni una sola persona que me haya acompañado o a la que haya querido durante más de veinte años: hasta en la escuela los alumnos que conocí en EGB eran distintos a los que conocí en el Instituto, y estos distintos a los de la universidad. Mi historia se parece a un tren del que van saliendo y entrando personas distintas, y hasta el maquinista cambia cada hora. No tengo biografía, solo una ristra de recuerdos inconexos que luego mi cerebro, ese malvado, los reúne y convierte en una historia. Solo existe un conector que impide que mi conciencia se evapore y estalle, que hace que todavía me reconozca: la soledad. La soledad y la irritación con el entorno. Todos los Batanias de mi vida han estado solos y todos se han sentido ahogados con el entorno, al que han rechazado. Esa es mi marca en el lomo, lo que mantiene mi espejo aún firme, la antorcha que me voy pasando año tras año. Si no fuera por la soledad, ni siquiera sabría cómo encontrar el camino de regreso a mí mismo.


59


¿Por qué demoro la publicación en papel? Porque opino que se edifica a tientas, empezando por el tejado y continuando hacia arriba, siempre en la coyuntura, con ideas-culebra a menudo susceptibles de ser cambiadas a la hora siguiente, y en cambio la publicación es de por sí conclusiva, fijadora, algo que interrumpe las conversaciones intestinas que mantengo en este blog y las mata. Este blog no lo considero publicación estricta porque puedo borrar, cambiar o hasta destruir textos (a veces el blog entero), es el ensayo y saliva de un escritor en marcha con todos sus momentos malos y sus momentos-algo-mejores. No publicar en sólido significa que mi debate y exigencia no han terminado ni pueden terminarse, que crear es vida y en cambio la edición en papel se parece a la muerte ⇒publicar es disecar ⇒publicar es concluir ⇒publicar es desembocadura.


58


Existe un rasgo que se atribuye a los solitarios que no es cierto al ciento por ciento. Si lees a Horacio o a Fray Luis, o a Lope, Góngora y Quevedo cuando se ponen horacianos, se diría que la persona que se retira del mundo es una persona que abandona toda vanidad y le da igual la opinión de los demás. Se supone que el solitario deja de actuar, que está por encima de toda la mezquinería del aquí y del ahora, pero eso es falso, al menos en mi caso. Yo actúo todo el día. No queda ya espejo al que no me haya mirado, ni retrovisor nuevo que no haya ojeado, ni máscara que me haya quedado sin probar. Siempre estoy haciendo cosas para gustarme y caerme bien, soy una gigantesca operación de marketing dirigida a mí mismo.

Realmente qué astracanada es esta existencia.


martes, 26 de mayo de 2020

57


Iba en el metro leyendo Incitación al Nixonicidio, de Pablo Neruda, tan malo que hasta puede que sea el peor de todos los poemarios que escribió el chileno, lo que ya es decir, pues Neruda es el poeta célebre más desigual que conozco, con obras maestras como los Veinte poemas o Residencia en la tierra y obras siniestras como Canción de gesta o Las uvas y el viento, cuando el pasajero que iba a mi lado me dice:

–¿Neruda? Me encanta ese escritor, me leí sus memorias…, en fin, no sé cómo se llamaban.
Confieso que he vivido –le digo yo.
–Sí, eso, muy buenas.

A mí también me gustan sus memorias, aunque sean del sospechoso género “Hazañas de Pablo Neruda contadas por sí mismo”, pero me he ahorrado decirle a mi interlocutor lo malo-malísimo que es Incitación al Nixonicidio, malo como para causar daños irreversibles en el cerebro. Neruda es con Lope y Quevedo mi poeta en español favorito, pero cuánta razón contenía aquello que dijo Borges: “Neruda es genial o no es nada”.


56


Dice Lichtenberg que los versos, como los cangrejos, solo se dan en los meses que no llevan erre. En alemán no llevan erre los mismos meses que en español: MaiJuniJuli August. Ignoro de dónde procede esta ocurrencia que castiga a la poesía de otoño e invierno.


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Publicas porque deseas, abres blogs porque aspiras, lees libros y aprendes tu oficio porque buscas el impacto y la fama: el escritor debe asumir sus demonios para resistir los embates de quienes le van a acusar de fatuo, soberbio o ambicioso. Goethe a Eckermann: "Quien no espere tener un millón de lectores, que no escriba una línea". Victor Hugo a los diez años: "Quiero ser Chateaubriand o nada". Carson McCulllers: "Yo solo anhelaba una cosa: irme de Columbus y dejar huella en el mundo". Es mejor confesarse “Sí, tengo el corazón negro Y QUIERO SER”, que dejar que te penetren las dudas y vivir como esos pobres escritores que en las entrevistas gastan toda su energía en fingir que son humildes. ¿Humilde un escritor? ¿Con humildad pensáis que Virgilio escribió La Eneida y Balzac La comedia humana? ¡Cómo va a ser humilde alguien que quiere jubilar a Dios!


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No siempre los escritores se sienten fascinados por los asesinos de masas. Madame de Staël, que lo trató, clava en este retrato a Napoleón Bonaparte:
Lejos de tranquilizarme con el trato de Napoleón, cada día me intimidaba más. Comprendía confusamente que ninguna emoción del corazón podía obrar sobre él. Para él, una criatura humana es un hecho o una cosa, pero nunca un semejante. No odia ni ama; solamente su yo existe para él; el resto de las criaturas no son sino cifras. La fuerza de su voluntad consiste en el imperturbable cálculo de su egoísmo; es un hábil jugador de ajedrez, cuyo adversario es el género humano, al que se propone dar jaque mate.


53


Qué maravilla que el 90% de los habitantes de Myanmar no tengan apellido, lo que hace además que les sea muy difícil rastrear sus árboles genealógicos. ¡No me nombres, no me apellides, no me enraíces, no me identifiques, no me captures!


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Zweig: “Ni siquiera vivir en el exilio es tan malo como vivir solo en la patria”. Esta frase se me ha clavado: con ella Zweig está definiendo la historia de mi vida. Aunque yo le contra-preguntaría: ¿Cómo va a ser patria, amigo Zweig, un lugar donde te sientes solo? ¿No será que esa patria no es patria y tampoco lugar sino antilugar?


51


No debo creerme nunca superior al blog. Pensar que lo domino, que ya lo he domesticado, ese es el gran error. Tarde o temprano, el proceso se repetirá: leeré algunas entradas pasadas, sentiré vergüenza de haberlas escrito, lamentaré la sobreexposición a la que me lleva la literatura que hago, sentiré asco y odio por mí mismo, y lo destruiré. El blog siempre acaba destruido. Porque no encuentro otra manera de vengarme de alguien que es mucho más fuerte y más duro que yo.


50


Pero al menos me libré de mi madre. Cada vez que me noto disminuido en Madrid me consuelo con eso. Ya sé que no puede ser humana una persona que se alegra de haberse librado de su madre, pero también los subhumanos y los monstruos tenemos nuestros derechos. Era mi derecho de monstruo librarme de mi madre. Era mi derecho despegar hacia todos mis errores.


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¿Se me ocurren las mejores ideas en el metro, cuando no las puedo escribir, o es que me parecen las mejores precisamente por eso? La solución sería la del maestro André Gide, que recomendaba llevar un cuaderno de notas a todas partes. En el metro, además, no correría el riesgo que corrió Roland Barthes, discípulo de Gide, que puso en práctica el consejo de su maestro y… murió atropellado mientras cruzaba la carretera sin mirar a los lados, concentrado como estaba en apuntar ideas en su cuaderno.


lunes, 25 de mayo de 2020

48


Dice Bioy Casares en Descanso de caminantes que tardó quince años en aprender a escribir, de los 28 a los 43, y de inmediato he recordado una sentencia que repetía mi padre, que no era suya sino que debía de ser una sentencia común entre los de su gremio, según la cual para dominar el oficio de albañil se necesitan veinte años: los diez primeros para aprender y los diez siguientes para demostrar lo aprendido. Mi padre extendía esta regla a todos los oficios.

—No —le decía yo—, hay oficios que se pueden aprender en menos tiempo.
—Si se puede —me contestaba—, ni son oficios ni son nada.


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7500 millones de personas tiene el planeta, lo que quiere decir 7500 millones de naciones y 7500 millones de sexualidades. Si ahora se cree que solo existen doscientas naciones y tres sexualidades…, ¡imagínate el trabajo que tienes por delante tú, escritor político, lo fabulosa que es la piedra que debes hacer pedazos con tu pobre palillo!


46


Resulta estremecedor hacer un catálogo de los escritores y filósofos que han admirado, defendido o colaborado con los dictadores más sangrientos de la historia moderna, como los ilustrados franceses con Federico el Grande, Goethe con Napoleón, Pound con Mussolini, Heiddeger con Hitler, Neruda con Stalin, Borges con Pinochet, Foucault con Jomeini, Handke con Milosevic o García Márquez con Castro, por decir algunos de los casos más famosos (no es lo mismo un poeta que un filósofo, desde luego, y cada relación fue de diferente intensidad, por lo que el asunto da para un libro). Ya Octavio Paz alertó de que las relaciones entre los poetas y los políticos están destinadas a fracasar porque el poeta se mueve en un tiempo distinto al de la historia, donde domina la razón práctica, y aunque no comparto por elitista la concepción general que Paz tiene del escritor, con esa reflexión sí estoy de acuerdo y de ella pude darme cuenta cuando estalló el 15M.

En aquel mayo memorable, viendo que en las asambleas o en los grupos de debate se planteaban algunas propuestas que muchos consideraban irrealizables, tales como quitar por contaminante la iluminación nocturna de Madrid, o no comprar en supermercados, o no pagar impuestos, o colarse en el metro, o abolir el ejército, o no presentarse a los exámenes de la universidad, y que este tipo de propuestas hacía difícil llegar a consensos, se decidió crear dos grupos de debate político: el Grupo a Corto Plazo, que elaboraba propuestas posibles y para el año que viene, y el Grupo a Largo Plazo, que elaboraba las improbables y para el próximo siglo. Y sin embargo, a pesar de mis claras simpatías por los largoplacistas, en ninguno de los dos grupos vi espacio para un artista (salvo que se arranque la piel de artista y se vista la de ciudadano), seguramente porque tengo una concepción del artista como una persona que simpatiza con la ocurrencia y el desvarío frente a la idea y el pensamiento, o que apuesta por la línea borracha frente a la línea recta. En los dos grupos advertí seriedad, coherencia, organización y objetivos ⇒vi que ellos trazaban líneas y el artista trata de romperlas ⇒vi que ellos trabajaban el futuro y el artista juega con el infinito.


45


En Los hijos de Katie Elder, de Henry Hathaway, ninguno de los cuatro hermanos parece muy interesado en recuperar el rancho perdido, sino que dirigen sus esfuerzos a vengar la muerte de su padre, asesinado por la espalda justo por el tipo que le ganó el rancho en una partida de juego. Me ha gustado mucho ese detalle y me ha venido de inmediato a la cabeza el poeta en euskera más famoso, Gabriel Aresti, que tiene un poema igualmente famoso que a mí no me gusta, Defenderé la casa de mi padre, y no me gusta porque en ese poema, aparte de su defensa simbólica de lo raigal esencialista, se produce tal deslizamiento del padre a la casa del padre que al final se vuelve más importante la propia casa. Y eso sí que no: siempre las personas serán más importantes que las casas, por muy sagradas y ancestrales que sean, y mi padre siempre será más alto que la casa de mi padre. Porque a mi padre no lo puedo sustituir y en cambio puedo levantar otras casas allá donde vaya.


domingo, 24 de mayo de 2020

44


Magnífico este artículo en español de la BBC (AQUÍ) sobre niños que se visten de princesas. La terapeuta María Ester Revelo dice sobre un caso:
Descubrimos que el niño tenía una inclinación por la estimulación sensorial que ese vestuario producía en él, tanto desde la perspectiva táctil por las texturas sedosas y suaves de los disfraces, como desde la perspectiva visual, pues le gustaban los colores brillantes y fuertes.
Claro. Nos visten desde muy pequeños de color cadáver y luego no hay quien se recupere de esa rémora. Sin inducción cultural, es imposible que un niño prefiera vestirse de James Bond antes que de Blancanieves, porque tanto el vestido como los movimientos de ella son espectaculares y en cambio el traje masculino es un muermazo y una avanzada de la muerte. 


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No tengo miedo de volverme loco sino de volverme raro, esa otra locura. También de mi padre se empezó a decir en Lauros que se había vuelto loco, justo por la edad que tengo yo ahora, pero mi padre no perdió la razón nunca: lo que le ocurrió es que se creó una razón propia que le fue alejando cada vez más del resto, a los que despreciaba sin ningún disimulo. Sucede que los seres sociales se turban tanto ante los solitarios que enseguida les lanzan la acusación de locura, pero no es así: para nosotros los solitarios, los chiflados sois vosotros.


42


El problema es que no existe la vida, solo los sucesos, y tampoco existe la memoria, solo los recuerdos, ¡pero qué tentación para los escritores la de convertir esos sucesos aislados y esos recuerdos inconexos en una autobiografía compacta y redonda, con el tiempo y el espacio bailando al compás con un lazo en el pelo!


41


Eso tan bello que dice Borges, lo de que “los buenos lectores son cisnes negros aún más raros y preciosos que los buenos escritores”, me recuerda al verso de Hugo, “negra es la sombra, aunque sea del cisne”. Los dos, sin embargo, incurren en antiquismo y en eurocentrismo, porque los cisnes eran blancos hasta que colonos ingleses, a principios del siglo XVII, y más tarde el capitán James Cook, llegaron a Australia y descubrieron que allí... ¡la mayoría de los cisnes eran negros! Cook regresó a Inglaterra con dos ejemplares y la expresión anglosajona "cisne negro", que hasta entonces se utilizaba para referirse a cualquier cosa inexistente, pasó a referirse a cualquier cosa que fuera muy rara.


sábado, 23 de mayo de 2020

40


Dice Tales de Mileto:
Da gracias a Dios por tres cosas: la primera, por haberte hecho humano y no bestia; la segunda, por haberte hecho hombre y no mujer; y la tercera, por haberte hecho griego y no extranjero.
Así empieza la filosofía occidental: con el desprecio a los animales, el desprecio a las mujeres y el desprecio a los extranjeros. No penséis que desde entonces hemos mejorado mucho.


39


La envidia ha sido calumniada. Empezando por que existe en menos cantidad de la que se cree, pues la triste realidad de la condición humana es que pensamos muy poco en los demás, tampoco para mal. Pero la envidia, contra lo que se dice, no solo surge ante la superioridad o excelencia del otro, sino ante su falta de mérito o sobrevaloración de sus cualidades. Pienso en los escritores: Góngora envidiaba a Lope de Vega, Baudelaire a Victor Hugo y Borges a Pablo Neruda, ¡pero tenían razón, porque eran escritores del mismo tamaño y no podían soportar el éxito de los segundos mientras ellos se consumían en el anonimato! Si la envidia surgiera siempre de Salieri hacia Mozart, poco habría que decir en favor de ella. Pero sucede muchas veces lo contrario: es Salieri el que da conciertos, el que gana fama y se codea con la alta sociedad mientras el pobre Mozart sigue en su buhardilla, solo y rencoroso, rumiando su fracaso, bien porque su música se ha adelantado a su tiempo o porque no tiene talento social, que es el talento de los que no tienen talento.


38


Eso que dijo Noel Coward, "es extraordinario lo potente que es la mala música", es una gran verdad y es la causa de que me suela sorprender de continuo tarareando canciones de autores que detesto. Cuántas veces he pensado que el mero hecho de que alguien tararee bazofias de Mecano, Bisbal o La Oreja de Van Gogh debería bastar para retirarle el saludo para siempre, excelente idea que se me viene abajo cuando me doy cuenta de que debería empezar por retirarme el saludo a mí.


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A esta frase de Confucio, “si se observa a alguien que ya ha cumplido 40 años y se le encuentra odioso, odioso será ya hasta el fin de sus días”, solo necesito cambiarle el "odioso" por el "colgado" mientras me miro al espejo, de forma que quede así: el que se descuelga de la sociedad antes de los 40 años, vivirá descolgado hasta el fin de sus días.


36


Mis pintadas se empiezan a borrar al de tres semanas. No es que acaben sin brazos como la Venus de Milo: a veces les quedan solo los brazos y les falta la Venus de Milo. Suelo repasar las que me encuentro por la calle que se van borrando, pero no siempre encuentro todas. Es inevitable: Madrid acabará convirtiéndose en una acrópolis neorrabiosa con pintadas tan borrosas que la gente podrá leer lo que le dé la gana.


Fotografía: @madridarteurbano (AQUÍ)


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Algunos malos de dibujos animados, como El Coyote de El Correcaminos o el Pierre Nodoyuna de Los Autos Locos, son malos que estimulan tu ternura. Al malo te puedes acercar por rebeldía, por satanismo, por iconoclastia, por gusto por la terribilidad o por voluntad de poder, pero la manera más limpia y no culpable es acercarse por la vía de la ternura. El caso de Pierre Nodoyuna es el más tierno de todos, porque es un malo altruista: ¡tiene el mejor coche y casi siempre va primero, pero necesita hacer trampas! Y pierde todas las carreras justo por ese placer de romper las reglas, como si predicara una ética inversa y nos estuviera diciendo: ¡Ah, me estimo tanto que nunca me rebajaré a ganar con merecimiento!


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He vuelto a leer en Umbral la conocida anécdota de Felipe González tras el fallecimiento de Franco, cuando el que llegaría a ser presidente de España, requerido por sus compañeros socialistas para brindar con cava por la muerte del dictador, se negó a hacerlo:

–Yo no brindo por la muerte de ningún español.

Este comportamiento le parece a Umbral maravilloso, tanto que dice que “aquel día Felipe González se convirtió en presidente moral de todos los españoles”. A mí el gesto también me parece bello, desde luego, porque es precisamente delante de personajes dictadores y asesinos donde un gesto de humanidad brilla con más fuerza, pero lo encuentro mejorable: ¿por qué González no se atrevió a decir que no brindaba por la muerte de nadie, fuera español, turco, alsaciano o congolés?


33


¿Y qué es entonces lo que les reprocho a La Rochefoucauld, a Schopenhauer, a Céline, a Cioran, a Bernhard, a todos los cuales sin embargo admiro? Les reprocho que se hayan entregado al fácil populismo del rechazo, a la vía más barata de presentarse como inteligente, al ¡mira qué profundo es ese escritor, que dice que NO a todo!


32


Me pasó algo triste cuando fui con mi gato Kobe al veterinario. Justo cuando llegué, antes de mi turno, una chica le estaba contando a la veterinaria que había regalado un gato a su abuela pero que, nueve días después de la compra, el gato seguía sin dejarse tocar. Lo que le respondió la veterinaria me dejó espeluznado:

—Espera dos semanas y, si entonces sigue sin dejarse tocar, vete a la tienda donde lo has comprado y pide que te lo cambien, porque si un gato no se deja tocar después de ese tiempo lo más seguro es que sea así de arisco toda la vida.

Pensé de inmediato en mi gata Lorca, que seguía sin dejarse tocar un mes después de que me la regalaran, y todavía un año más tarde su primer impulso al verme era meterse debajo de la cama. Esta gata sigue tratando con mucha distancia a mis dos gatos sociables Kobe y Broma, y, si alguna vez la medio piso sin querer, se pasa diez días sin querer subirse a mi regazo, rumiando su rencor, como si la hubiera pisado queriendo. Pero nunca se me ha ocurrido “devolverla”, ¡y cómo lo iba a hacer, si es una gata igualita a mí, que también soy raro y rencoroso y no me doy a los demás! Pues ya veis cómo trata la sociedad a los gatos que no se dejan tocar (a los humanos que no nos dejamos tocar tampoco se nos trata mucho mejor). Ese mismo día, cuando Lorca se me subió a las rodillas, se lo dije muy claro:

—Nos quieren devolver, Lorca. No les bailamos el agua y eso les jode mogollón.


31


Los de Repsol me estafan 31 euros por dos bombonas de butano y los de Iberdrola me timan casi cien euros al mes por la factura de la luz. Que si la mayoría son impuestos que si blablabla. Vuelvo a reafirmarme en que la relación de un ciudadano con su estado debe ser tan fría y aséptica como la que mantenemos con cualquier entidad comercial, susceptible de que nos devuelva el dinero en el caso de que el producto que le hemos comprado no nos satisfaga. ¿Por qué tengo que pagar más de doscientos euros mensuales en impuestos indirectos si soy ochocientoseurista y el estado no me devuelve servicios de ese valor? Eso no tiene ningún sentido. ¡Un estado que ha implantado el comunismo para ricos, que salva a los ricos cuando se hunden, y en cambio sangra a impuestos a las clases bajas! Se entiende que les interese tanto que los ciudadanos mantengan una vinculación emocional con el estado, porque saben lo poco que podrán robar cuando ya no les funcione la majadería de las banderolas, los himnos y el qué-orgullosos-estamos-de-haber-nacido-aquí.


30


Los errores no son el pus que segrega la creación sino que son su humus; el escritor incipiente tiene que lanzarse a cometer errores cuanto antes porque en ese arrojo va a radicar su calidad futura. No se puede llegar a poeta sin pasar antes por poetastro ni a intelectual sin pasar por intelectualoide: en este abejerío quien no tiene sentido del ridículo cuenta con el futuro de su parte.


29


En La lucha por la dignidad, de José Antonio Marina y María de la Válgoma, se dice que todavía hoy, en las zonas rurales de la Grecia actual, las mujeres que quieren pasar por decentes deben preparar comidas trabajosas para estar ocupadas y apartarse así de la liviandad. Una comida preparada con rapidez se llama “comida de prostituta”: tis poutanas to fai.


viernes, 22 de mayo de 2020

28


Séneca se reía de los que contaban con una biblioteca de cien libros, porque mantenía que la vida no era tan larga como para leer tantos con el rigor suficiente; Flaubert escribe a Louise Colet: “Qué sabios seríamos si solo conociéramos bien cinco o seis libros”; y Nietzsche alertaba contra la lectura en serie de libros distintos, porque creaba eruditos y no pensadores. Einstein, por su parte, aconseja bajar el ritmo de lectura a partir de los cuarenta años para que la lectura no obture la imaginación.


27


Viendo todas las veces que se equivocaron los filósofos y todas las veces que me equivoqué yo, empiezo a creer que el escepticismo debería ser mi filosofía, pero ¿quién que tenga en el estómago un estanque de pirañas puede ser escéptico?


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Larra no dijo jamás la frase ilustre que se le atribuye, “escribir en España es llorar”, sino la muy parecida pero distinta “escribir en Madrid es llorar”. El artículo donde la incluyó se titula “Hojas de invierno” y el fragmento famoso dice así:
Escribir como escribimos en Madrid es tomar una apuntación, es escribir en un libro de memorias, es realizar un monólogo desesperante y triste para uno solo. Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla, como en una pesadilla abrumadora y violenta. Porque no escribe uno siquiera para los suyos. ¿Quiénes son los suyos? ¿Quién oye aquí? ¿Son las academias, son los círculos literarios, son los corrillos noticieros de la Puerta del Sol, son las mesas de los cafés, son las divisiones expedicionarias, son las pandillas de Gómez, son los que despojan, o son los despojados?


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En ese mismo artículo, Larra atribuye la fuerza literaria de Francia a su fuerza política, militar y científica:
Y después de estas reflexiones, ¿querremos violentar las leyes de la naturaleza y pedir escritores a la España? Hay una armonía en las cosas del mundo que no consiente el desnivel; cuando en política tenga Talleyranes o Periers, cuando en armas tenga Soults, cuando en su Cámara tenga Thiers, cuando en ciencias tenga Aragos, entonces tendrá en literatura Chateaubrianes y Balzacs.
Esto no lo veo yo tan claro. La antigua Esparta fue una potencia política y militar del nivel de Atenas que apenas dio escritores; la misma URSS fue una potencia política, militar y científica que supuso una regresión en la literatura; y tampoco la Francia napoleónica dio escritores de gran tamaño, salvo Chateaubriand, que además era un anti. Perú o Chile, en cambio, dos países que a lo largo del siglo XX sufrieron penurias políticas, dieron a su vez dos de las mejores poesías en español del siglo; igual que una de las zonas más pobres de España, Andalucía, viene dando una cantidad insólita de buenos poetas. Los escritores no surgen de acuerdo a una fórmula matemática, porque el elemento individual es en ellos el decisivo, el que hace que muchas veces puedan desarrollarse incluso en las peores condiciones (el caso de Larra), pero lo que favorece ese desarrollo es que la literatura disfrute en el lugar donde viven de la consideración máxima; lo crucial es que nazcan en un lugar donde no sean perseguidos los seres extravagantes y la figura del escritor sea prestigiosa, de forma que muchos niños, en lugar de soñar con ser de mayores Messi o Beyoncé, sueñen con ser Quevedo o Pizarnik.


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Lo que me quieren mis gatos. Ya lo he dicho otras veces, pero lo que me han querido esta mañana cuando he llegado a Maracaná ha sido algo superior, tan exagerado que hasta he pensado que había trampa, que me hacían tantas fiestas y se frotaban contra mis piernas porque quizá se me había olvidado dejarles comida y agua. Enseguida he comprobado que no había trampa y me estaban queriendo de forma altruista, aunque yo seguía sin fiarme y les iba diciendo en voz alta:

—Si estáis fingiendo que me queréis tanto para que os compre un Ferrari, no tengo dinero para Ferraris.

—Si estáis fingiendo que me queréis tanto para que os traiga una chica, ya no tengo ganas de chicas. 

—Si estáis fingiendo que me queréis tanto para que os consiga ratones amarillos, soy defensor de los ratones amarillos.


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En La literatura como bluff, de 1950, Julien Graq señala que mientras los ingleses leen para su coleto, los franceses necesitan comentarse entre ellos los libros leídos, porque consideran socialmente obligatorio tener una opinión formada sobre cada uno de los escritores que puedan surgir en una conversación. Graq no comenta esto con ánimo chauvinista sino condenatorio, pues opinaba que en Francia se había llegado a la corrupción posturera de darle más importancia a esas opiniones enlatadas, a la manera del Diccionario de prejuicios de Flaubert, que a la lectura directa de los propios libros. Aunque ya disponía de algo más que barruntos sobre la importancia que los franceses conceden a los escritores (Borges consideraba a Francia y Japón como las dos únicas naciones donde el escritor tiene el ambiente a favor), me ha sorprendido gratamente la existencia entre ellos de tantos enterados de la literatura, sean verdaderos lectores o eruditos a la violeta, sobre todo porque en su diatriba Gracq se refiere a ellos como “multitud” o “muchedumbre”. ¿Multitud? ¿Muchedumbre? ¿Cuántas personas se pueden encontrar aquí en Madrid, fuera de escritores o profesores de literatura, que puedan darme una opinión de Lope o Quevedo o Valle-Inclán, sea de oídas o de leídas?


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Mientras los grafiteros bien peinados de Vodafone sigan pegando sus anuncios para insuficientes en el metro de Madrid, y publicientos carteles con mensajes vacíos y con ánimo de lucro ensucien los paneles y marquesinas de la ciudad; mientras a la salida de las autopistas, con grave peligro para los conductores, se sigan instalando anuncios inacabables de multinacionales, y no se autoricen calles para que cualquier persona pueda pintar o escribir lo que le plazca, sea mensaje, tag o modigliani, como sucede en Londres, Múnich o Amsterdam; dicho de otra manera, mientras en Madrid se continúen concediendo soportes públicos a empresas privadas para que los manchen con lemas usureros y borreguiles, pintar con spray o rotulador en los espacios públicos no solo no es delito sino que es un ejemplo de desobediencia y dignidad ciudadana al que habría que acudir con los niños de la mano. No hay que olvidar en esta guerra blanda que ellos son los que hacen de nuestra ciudad un vertedero consumista y nosotros solo queremos que vuelva a ser un patio de recreo ⇒que ellos son el photoshop y nosotros la carne y hueso ⇒ellos los mensajes majaderos y nosotros la denuncia insolente ⇒ellos los solo legales y nosotros los legítimos.


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Dice Camus en La sangre de la libertad que el jerarca nazi Heinrich Himmler, que había convertido el asesinato de masas en su ciencia y oficio, acostumbraba a entrar por la puerta trasera de su casa, cada vez que volvía nocturno o de madrugada, para no despertar a su canario favorito. Lo curioso de esta anécdota camusiana es que, cada vez que la he referido, no me he encontrado con nadie que me haya defendido a Himmler o al menos haya tomado lo de su canario como una circunstancia atenuante. Nadie me ha dicho: “Bueno, esto demuestra que hay esperanza para el género humano y que no existe el mal puro y permanente: hasta el más miserable tiene un canario de sensibilidad”. Muy al contrario, cuando refiero la anécdota la gente se enerva, enarca las cejas y multiplica su indignación. Y es que nos repugna la sensibilidad en el genocida o la bondad en el criminal: no soportamos ni siquiera un átomo de ternura en los canallas. No consentimos que en lo moral se acierte en un detalle y se yerre en lo básico, porque entonces hasta el propio detalle se nos vuelve sospechoso, y al final nos parece que el sueño apacible del canario favorito de Himmler, tan bello a priori, estuviera ayudando a que los perseguidos por los nazis no pudieran dormir.