sábado, 6 de diciembre de 2014

EGOLATRIAS (7): Hugo


En este siglo, sólo hay un clásico, uno solo, ¿me entiende? Soy yo. Yo soy el hombre de nuestros días que mejor conoce la lengua francesa. Después de mí siguen Sainte-Beuve y Merimée… Pero éste es un escritor de poco aliento. Sobrio, como les llaman. ¡Vaya elogio para un autor…! Thiers es un portero escritor que ha encontrado porteros lectores… Courier es un pobre miserable… Chateaubriand tenía cosas magníficas, pero era un hombre que carecía de amor por la Humanidad; un carácter odioso… Me acusan de ser orgulloso; es cierto; en mi orgullo esta mi fuerza.


VICTOR HUGO, recogido por André Maurois en Olimpio, o la vida de Victor Hugo, Obras Completas VI, Plaza&Janés, Barcelona, 1963, pág. 551, traducción de Ramón Hernández

lunes, 24 de noviembre de 2014

154


Estaba dispuesto a arrodillarme mucho más

¿Os acordáis de aquella chica peligrosa y peligruesa que aparecía besándome ante una pintada de esas que hizo el gilibufono neorrabioso, hace tres meses, en la noche de Palma de Mallorca? Pues bien: esa chica me dejó hace un mes sin ningún motivo, pues salvo mi crueldad desaforada, misantropía en grados celsius, resentimiento con ali-oli, complejo de superioridad, recaídas continuas en Iratxe, travestismo ocasional, miedo infantil al sexo y síndrome de Diógenes, por no hablar de los versos malos que escribo y que pronto serán peores, por lo demás soy el hombre con anillo de Saturno por el que suspiran las mujeres de ojos limpios y el predilecto que sueñan todas las madres para sus hijas. Pero el caso es que su abandono me dejó desesperado y desde entonces he tenido que hacer unas cosas tan insólitas que parece de broma lo que hizo Ulises para regresar a Ítaca, aprovechando que ella me dijo que su decisión podía ser revocada “en el caso de que me portara bien”. Decidí portarme bien, por tanto.

Lo primero que hice, pido disculpas por adelantado, fue doblar la rodilla y acudir por primera vez a su casa, cuando había prometido que jamás, j-a-m-á-s iba a pisar la casa de una pija relamida como ella, pues en el ideario neorrabioso todo el que luzca un hogar de dos plantas y doscientos metros cuadrados debe pedir perdón y donarlo al Estado. La segunda cesión: le compré por su cumpleaños un ramo miraquelindo de veintitrés rosas, una por cada año cumplido, la primera vez en mi vida que regalo flores a alguien, unas rosas tan rojigordas y cursiflores que la dependienta me debió adivinar mi bolsillo carpantero y me dijo:

–Las rosas blancas son mucho más baratas, te salen a tres euros cada una.
–Ya, pero tienen que ser rojas.

Con las rosas recuperé un poco del terreno perdido pero no tanto, y eso que eran rojas y tan rojas que por culpa de su rojo llevo una semana a dieta de pasta y patatas, por lo que tuve que volver a la carga: le ofrecí un gato pequeño para nuestro pisito Creta, yo que odio los gatos y mi casera me los tiene prohibidos. Lo del gato no cuesta dinero porque ya lo robaré o conseguiré de regalo en algún sitio, pero llevaba tiempo pidiéndomelo y siempre se lo había negado. Hasta la semana pasada.

También he aceptado acudir en Nochevieja a su cena navideña, con sus padres, sus tíos, sus hermanos y la órdiga, a los que conoceré por primera vez. Contra la familia como institución no tengo más que todo; opino como Gide y Breton que el escritor que se precie debe librarse de ella, pero he aquí que también en esto ha llegado el momento de retractarse (con mi familia no tengo ningún contacto, ni siquiera sé si están vivos, y a los padres de Iratxe no los quise conocer jamás, y eso que con ella duré diecisiete años). Por si fuera poco, a esa cena tengo que ir con zapatos y camisa, como me ha subrayado Natalia, yo que jamás me he puesto una camisa en los últimos veinticinco años (tengo que comprármela en cuanto cobre la paga extra, también los zapatos). Y tengo a Natalia de un subidísimo y crecidísimo que no veas:

–Ahora que he tomado el poder –me dice–, quiero que barras Creta todos los días y tires las sábanas a lavar una vez cada quincena. Y tienes que dejar de comer como un guarro, ¿eh?, porque vas a hacer el ridículo con mis padres si no aprendes a comer.

En fin. Qué decadencia. Montar el tinglado neorrabioso para esto. Menos mal que anteayer dejó los segunes y dependes de otros días y, ya con ojitos de corza, me dijo:

–Vale. Volvemos a salir al ciento por ciento.

Con lo que he respirado como un pomelo o como un aguacate, feliz de la vida, pues cuánto frío si pierdo a esta chica y me quedo a solas con la literatura, lo ancha que se me va a hacer la noche, para quién voy a escribir si no está ella. Lo de mis renuncias y autotraiciones, además, qué más me da. Ella no lo sabe, pero estaba mucho más desesperado de lo que suponía. No estaba luchando solo por mi novia sino por mi vida.

Que lo sepas, Natalia. Te rendiste demasiado pronto.

Estaba dispuesto a arrodillarme mucho más.


BATANIA / NEORRABIOSO, La poesía ha vuelto y yo no tengo la culpa, Madrid, 2014, págs. 169-171

viernes, 21 de noviembre de 2014

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (727): El odio a la pintura de Byron


Recuerde, sin embargo, que yo de pintura no sé nada –y que la detesto, a menos que me recuerde algo que he visto o que creo posible ver– por lo cual aborrezco y escupo encima de todos los santos y temas de la mitad de las imposturas que veo en las iglesias y palacios. Cuando estuve en Flandes, nunca sentí más asco que con Rubens y sus eternas esposas y el infernal relumbrón de los colores, tal como yo los vi. Y en España no me parecieron gran cosa Murillo y Velázquez. Tenga por seguro de que de todas las artes, ésta es la más artificial y antinatural, y aquella en la que más se ha impuesto la estupidez de la humanidad. Jamás vi una pintura o una estatua que llegara a una legua de mi idea o de mi expectativa. En cambio he visto muchas montañas y mares y ríos y paisajes –y dos o tres mujeres– que las sobrepasaban en mucho– así como algunos caballos; y un león (en casa de Veli Pachá) en la Morea y un tigre en una cena en el Exeter ‘change.


LORD BYRON, fragmento de una carta a John Murray, Venecia, 14 de abril de 1817, incluida en Débil es la carne: correspondencia veneciana (1816-1819), selección de Jaime Gil de Biedma, Tusquets, Barcelona, 1999, traducción de Eduardo Mendoza, pág. 106

jueves, 20 de noviembre de 2014

153


Cada vez tardamos más en llegar a la cama

Qué se puede hacer con una chica entre blanca y amarillo
que cursa en primero de rebeldes y en quinto de filología,
una mujer como un ramo de apio o como un cóleo sin maceta,
más bella que un triciclo silvestre o un orfeón de romeros,
que piensa a puño que Shakespeare no alcanza a Hemingway
y Cortázar aventaja a Stendhal por más de tres submarinos,

qué se puede hacer con esa chica si luce quince años menos
y te saca cinco centímetros de risa y altura, y desde tan arriba
te ataca y dice fuego a Tolstoi, abajo Hugo, cieno a Balzac,
fuera Propercio, vinagre a Dickens y cinabrio para Catulo,

qué se puede hacer salvo amarla, salvo apretar tu corazón prieto
sobre su corazón prieto, salvo besarla sin camisa ni pantalones
y olvidar sus calaveras de furia, gloriosa niña que te amo tanto
pero te crees la petunia de la muerte, vamos a ver, sarampiona,
en qué planeta es mejor tu Salinger que mi Lope de Vega,
dios mío, qué tontería, es que no puedo dejar de contestarte,
por tu puta culpa cada vez tardamos más en llegar a la cama.


BATANIA / NEORRABIOSO, La poesía ha vuelto y yo no tengo la culpa, Madrid, 2014, pág. 168

TROYA LITERARIA (667): Baroja contra la novela y teatro alemanes


–¿Qué le parecen a usted los alemanes?  –me preguntó el joven francés.
–Yo creo firmemente, sin muchos datos quizás, que en filosofía y en música los alemanes son los primeros. En ciencia han estado a gran altura. Ahora, en literatura abunda en ellos la cursilería y el mal gusto. Yo creo que en Alemania no ha habido un novelista ni un dramaturgo soportable.

Las novelas de Goethe son de una pesadez completamente germánica; a los dramas creo que les pasa lo mismo, empezando por los de Schiller y acabando por los de Hauptmann y Sudermann. Todo ello me parece suficiencia y pedantería.

–Ahora hay que reconocer que han tenido poetas exquisitos.
–Sí, yo creo que sí; pero Enrique Heine, que era ligero, ameno, alado, era judío.


PÍO BAROJA, Desde la última vuelta del camino III, Tusquets, Barcelona, 2006, págs. 403 y 404

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (726): La inteligencia de los "gallegos", según Macedonio Fernández


JORGE LUIS BORGES: Es verdad que Macedonio tenía muchos prejuicios tradicionalistas. Una vez salió un artículo de Unamuno en Caras y Caretas. Estábamos comentándolo cuando llegó Macedonio y dijo: "Has visto, che, hasta los gallegos se han puesto inteligentes, ahora que saben que los leen en Buenos Aires". Aunque solía inventar metáforas muy pintorescas, como una que le oí cierta vez: "En un mundo en que los placeres son de juguetería, los dolores no pueden ser de herrería".


ORLANDO BARONE, Diálogos de Borges y Sábato, Emecé Editores, Barcelona, 2002, pág. 103

domingo, 16 de noviembre de 2014

152


Si me sigues besando se va a caer

Ningún sin papeles será detenido esta noche en Madrid;
cuando la mujer que amo se acerque y me bese en los centros,
las patrullas huirán acosadas por troyas de niños salvajes.

Me besa y siento que cae El Corte Inglés. Me besa
y se apagan las luces de La Caixa. Me besa tan alto
que quiebran las bolsas, y muere el dinero,
y sufre el anciano incoloro de los metales.

Se va a caer el sistema si me sigue besando.
Con besos pedrada contra los lunes.
Con besos de lapa bajo los coches.
Con besos saliva contra las balas.
Con besos tornillo contra la usura.

Se va a caer, en serio, se va a caer.
Se están despertando los osos del viento.
Estamos a punto de vivirnos. Si
me sigues besando tan alto se va a caer,
Natalia, se va a venir al suelo
El Corte Inglés.


BATANIA / NEORRABIOSO, La poesía ha vuelto y yo no tengo la culpa, Madrid, 2014, pág. 167

ARCADIA LITERARIA (89): Flaubert a favor del Quijote


Estoy releyendo Don Quijote en la nueva traducción de Damas-Hinard. Estoy deslumbrado, estoy enfermo de España. ¡Qué libro! ¡Qué libro! ¡Qué alegre melancolía posee esta literatura!

[…]

A propósito de lecturas, no paro de leer a Rabelais y Don Quijote, los domingos, con Bouilhet. ¡Qué libros aplastantes! Crecen a medida que uno los contempla, como las pirámides, y uno casi termina por tener miedo. Lo que hay de prodigioso en Don Quijote es la ausencia de arte y esa constante fusión de ilusión y realidad que lo convierte a la vez en un libro tan cómico y tan poético. A su lado, ¡qué enanos parecen todos los demás!


GUSTAVE FLAUBERT, Razones y osadías, Edhasa, Barcelona, 1997, selección y traducción de Jordi Llovet, págs. 39 y 46

jueves, 13 de noviembre de 2014


151


El vuelo del pequepájaro sobre la jirafaronte

Creo que mide 1`80. No conozco su altura exacta, nunca se lo he preguntado, pero la mujer que amo es larga como una línea de Renfe o como una trenza de cebollas amarillas. Ella me jura que ya ha dejado de crecer, pero no me fío del todo. Me acerco a su cuerpo con la piel como navaja, queriendo besarla entera y en todos sus azules, pero pronto me voy aburriendo y al de una hora me siento cartón piedra, carne de lunes, derrotado. Quiero besarla al completo pero solo alcanzo a besarla a trozos.

Al principio quise ocuparla sin mayor cuidado, empezando por cualquier parte, como si aquello fuera un centímetro o una losa menchevique, pero fue a la segunda semana, después de pasarme cinco horas besando su brazo izquierdo y darme cuenta de que aún no había pasado de la muñeca, cuando comprendí que mi novia no es una novia normal. Qué va a ser normal: mi novia es el transiberiano.

No por ello me rendí sino al contrario: comencé a trazarle mapas a bolígrafo, acordoné zonas de su cuerpo, hice cuadrantes, contraté perros y hasta helicópteros, no escatimé en medios, nada me parecía bastante. Hasta me acostumbré a clavar, cada vez que terminaba mi jornada de besos, un letrero en su piel donde decía “Precaución: zona de Natalia YA besada”. Gracias a estos detalles y a los turnos intensivos de quince horas diarias, logré cubrir de besos el 3% de su cuerpo en tan solo una semana, pero también sufrí la lógica fatiga y hasta algunos desfallecimientos, todos producidos por la magnitud de su territorio. Dos labios dan para mucho, pero solo son dos labios. Y lo peor es que ella lo notaba, se da cuenta:

–¿Qué te pasa?
–Nada.
–¿Es por mi altura, verdad?
–No, claro, qué tontería.

Nunca le he dicho nada por este motivo, y ello por cuatro razones, que son las siguientes: una, dos, tres y cuatro. Además, su largura también tiene sus ventajas: ¿Sabéis lo maravillosos que son los abrazos de las mujeres largas? ¿Los habéis probado? Cuando una mujer así te rodea con sus brazos hasta dar cinco o seis vueltas sobre tu cuerpo, la sensación es indescriptible, uno se siente más abrazado que nunca. También cuenta con otras ventajas:

–Natalia, ¿Me alcanzas la sal?
–¿Qué sal?
–Aquella. La que está seis mesas a la izquierda.

Y la alcanza, no miento, nunca falla. Sus gadcheto-manos son tan portentosas que llegan a todo objeto situado diez metros a la redonda, aunque también conllevan sus problemas, sobre todo en el metro, donde tengo que controlar sus efusividades. El martes pasado, por ejemplo, dio un manotazo sin querer a un viajero que iba en el vagón siguiente, y eso que le tengo dicho que, al menos en los lugares públicos, debe ir con los pies juntos y los brazos cruzados, pero no siempre me hace caso.

Así es mi vida y mi amor con la mujer longilínea. Parece complicado pero poco a poco nos vamos acostumbrando. Tú eres el pequepájaro y yo la jirafaronte, me dice, siempre traviesa y habilidosa acuñando palabrujerías. Alguna vez le he comentado que quiero escribir algo sobre su largura y ella me ha respondido que bueno, que le parece bien, que escriba lo que quiera a condición de que no exagere. Y yo pienso que eso de que no exagere sobra, ¿no? Porque yo soy un escritor realista y minucioso, casi fotográfico: no se me ocurriría nunca contar un detalle que se desviara un solo centímetro de la realidad. Como todo el mundo sabe.


BATANIA / NEORRABIOSO, La poesía ha vuelto y yo no tengo la culpa, Madrid, 2014, págs. 164-166

TROYA LITERARIA (666): Borges contra "El cuervo", de Poe


ORLANDO BARONE: Disculpen, me perdí esa parte cuando hablaban de Baudelaire y de Poe.

JORGE LUIS BORGES: Decía que si Baudelaire no traduce a Poe, quizá mucha gente en América no habría leído sus poemas.

ERNESTO SABATO: Hay que reconocer que lo mejoró.

JORGE LUIS BORGES: Sí, es cierto, El cuervo es sencillamente espantoso.

ORLANDO BARONE: Parece extraño, Borges, pero ¿por qué, entonces, ese poema pasó a ser tan conocido?

JORGE LUIS BORGES: Poe dice que quiso hacer un poema que fuera popular. Explica que se propuso cierto número de líneas... también debe de haber influido el hecho de que el cuervo es un animal prestigioso... Con un loro no habría podido, ¿no? De todas formas sé que en Estados Unidos lo consideran un mal poeta. Los cuentos en cambio son muy buenos. Tampoco Omar Kahyyam es considerado buen poeta en Persia, pero su traductor inglés lo hizo famoso.


ORLANDO BARONE, Diálogos de Borges y Sábato, Emecé Editores, Barcelona, 2002, pág. 41

TROYA LITERARIA (665): Unamuno contra Maurras


He leído L’avenir de l’intelligence de Maurras. Qué terrible egocentrista! Predica su rey porque es el suyo, el que él se ha forjado; se predica a sí mismo. No hay más rey que el rey y Maurras es su profeta. Se pone en creador de reyes. Su aparente sumisión al orden –al ideado por él– es hipocresía. Al estudiar a Chateaubriand ha debido verse a sí mismo. Ese sordo toma por pitagórica música de las esferas lo que no es sino el zumbido de la sangre en sus oídos cerrados al mundo de fuera. Farceur!


MIGUEL DE UNAMUNO, fragmento de una carta a Jean Cassou enviada el 21 de octubre de 1925, incluida en Epistolario inédito II (1915-1936), Colección Austral, Espasa-Calpe, Madrid, 1991, pág. 176

miércoles, 12 de noviembre de 2014

147-150





146


Un pero (me vais a permitir)

Sí, ya lo sé.

Que no tengo palada
para tanto trirreme
ni gato azul para
tanto maullido.
Que no llego a
ruina de caballo
ni a mala cuneta
de autopista.
Que soy el cero
y la luna oculta
y la quinta rueda
y la cucaracha.
Que vivo y rumio
el nunca en rostro
la nada en ristre
el nadie a rastras.
Que soy un riesgo
para mí mismo.
Que nunca seré poeta.

Pero Natalia.


BATANIA / NEORRABIOSO, La poesía ha vuelto y yo no tengo la culpa, Madrid, 2014, pág. 163

TROYA LITERARIA (664): Pablo Ramos contra algunos consejos de César Aira


MARCELO PASETTI: Leí algunas críticas tuyas contra César Aira.
PABLO RAMOS: No, no me llevo mal. Él tiene un talento enorme. Ni lo conozco, pero ideológicamente creo que da consejos peligrosos. Es como estos tipos que graban un disco y te dicen "yo usé un micrófono 58 nada más", que es un micrófono para cantar en vivo. ¡Y es mentira! Dicen eso para que los otros suenen mal en el disco. Cuando César Aira te dice que hay que publicar sin corregir, es para que los otros publiquen mal los libros. No es un consejo sano. A él le sale. Él tiene un talento increíble. Igual publica uno bueno y tres malos, ojo. Yo no publico todo. Yo escribo tanto como él, pero no lo publico. Lo que critico es ese consejo impune. ¡No, loco, un escritor corrige! ¿Qué querés inventar? Todos los genios, y él no es un genio, lo dicen. Raymond Carver, Hemingway... Todos dicen que el talento es un poquito nada más. Ahí tenés, ahí está la Joven Guardia, de la que se salvan tres o cuatro. Publico, luego escribo. El primer borrador de una historia lo escribe cualquier hijo de vecino. Un escritor trabaja sus textos profundamente. Es un trabajo espiritual, un trabajo de ir para adentro, de ir buscando. Porque el inconsciente también escribe. Y hay que leerlo al inconsciente. Yo propongo lo contrario. Le digo flaco, no te calentés por si vas a publicar o no. Hay escritores geniales hoy, infinitamente superiores a César Aira, mejores cuentistas que yo, como Sergio Gaiteri, por ejemplo, que vive en Córdoba y paga sus ediciones. Entonces, si vos te preocupás por el mercado y por la editorial, no sos un artista, sos un gil más que se suma a esta lista de infinitos giles. Yo quiero ser un grano en El, como dice mi hijo, así, con mayúsculas. Un artista viene acá a sacudir, a molestar. Si no que se dedique a otra cosa. Guillermo Martínez fue compañero mío de taller. Tiene un talento tremendo, y termina escribiendo estas novelas pedorras. ¿Para qué escribe? Y ni hablar de Alan Pauls, a quien detesto profundamente. Tiene un talento enorme. ¿Para qué? Con el último libro dan ganas de matarlo. Es de una burguesía recalcitrante. Parece que hubiese nacido en Suiza. No sé. Ahí están ellos, acá estoy yo, y hay lectores para todo el mundo. En mi blog he escrito: "Si no te gusta mi libro, traelo que te devuelvo la plata". El otro día me preguntaba una piba qué libro mío podía comprar con cien pesos. Andá a una librería de usados y comprate uno de Carver, uno de Chejov y Mobby Dick. No compres mi libro. Después en la editorial me quieren matar...


PABLO RAMOS: "Que alguien me lea le da sentido a mi vida", entrevista de Marcelo Pasetti, septiembre de 2102, página web de Marcelo Pasetti. Toda la entrevista AQUÍ

martes, 11 de noviembre de 2014

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (725): Dos médicos examinan el cuerpo de Verlaine para buscar indicios de homosexualidad, antes del juicio en que se le juzgaba por intento de asesinato a Rimbaud


Pese a que Verlaine era juzgado por intento de asesinato, el juez y los investigadores sintieron curiosidad por las relaciones inmorales entre los dos hombres. Entre las pertenencias de Rimbaud descubrieron un poema de Verlaine dirigido a Rimbaud. Preguntaba:

¿Qué ángel duro así me golpea  
Entre los hombros, mientras viso
El vuelo hacia los Paraísos?...

Tú, el Celoso, me diste un signo,
¡Heme aquí, he aquí todo yo!
¡Me arrastro hacia ti aún indigno!
¡Súbete a mis renes, patea!

De la manera más humillante, Verlaine recibió la visita de dos médicos que examinaron su cuerpo para “ver si era homosexual”.

Los médicos hicieron observaciones sobre su pequeño pene y su glande particularmente pequeño. Más significativo para ellos era el ano. Insertaron en él un instrumento y encontraron que su “contractibilidad” era casi normal y que no había heridas. “La conclusión que se deduce de este examen es que P. Verlaine lleva en su persona huellas de pederastia habitual, tanto activa como pasiva. Ningún tipo de huella es suficientemente marcada para alegar hábitos inveterados y de larga duración; más bien indicarían prácticas relativamente recientes.” La contradicción esencial de este diagnóstico –una homosexualidad que a la vez es “habitual” y “reciente”– solo demuestra su absurdidad.

Resulta irónico que Verlaine pidiera aquel preciso examen en el pasado para demostrar que no era homosexual; quizá pensara que el examen era fraudulento y que no podía demostrar nada. O quizá sus “prácticas” con Rimbaud no implicaban la penetración anal. Aquí los médicos belgas parecen haber encontrado lo que buscaban. Sabían que Verlaine se había divorciado hacía poco y que Mathilde había acusado a su marido y a Rimbaud de tener relaciones inmorales. Quizá el pene pequeño sugiera un bajo nivel de virilidad y que se angostara en la punta indicaba supuestamente una inserción constante en un joven ano apretado; y la ligera dilatación de su propio ano era prueba de su sumisión a las atenciones de Rimbaud, aunque todas ellas fueran recientes.

Si el lector o la lectora imagina que estos exámenes pertenecen a la era de la pseudociencia del siglo XIX, habría que recordarle que en la ciudad inglesa de Cleveland, entre enero y junio de 1987, unos asistentes sociales arrebataron de sus casas a más de quinientos niños (a veces durante redadas de medianoche) porque dos médicos habían determinado que todos ellos habían sido sodomizados por sus padres. Los médicos usaban el muy cuestionable “examen de dilatación anal”, una suerte de globo insertado. Si los niños no podían agarrar el globo con suficiente fuerza los médicos determinaban que habían sido violados analmente. Pronto no quedaban familias de acogida ni cuartos de hospital en toda la región para las “víctimas”. Al final, la opinión general se volvió contra los médicos y la mayoría de casos fueron descartados. Todo aquel desagradable episodio fue considerado como un ejemplo moderno de la caza de brujas. Que Verlaine fuera examinado por “expertos” no tenía mayor validez y revelaba el mismo tipo de asquerosa lascivia. Curiosamente, por el examen sabemos más acerca de la condición de su pene y de su ano que de la anatomía íntima de ningún otro gran poeta del pasado. El ahijado de madame Verlaine, que vivía en Bruselas pero que nunca conoció a Rimbaud y que apenas conocía a Verlaine, confirmó las relaciones inmorales entre los dos poetas. El poeta más importante del momento, Victor Hugo, escribió una nota de apoyo a Verlaine; si las autoridades estaban al corriente, la nota no pareció impresionarles.


EDMUND WHITE, Rimbaud, Lumen, Barcelona, 2010, traducción de Nicole d’Amonville Alegría, págs. 140-142

145


Tanto te quiero...

Tanto 
te quiero,
Natalia,
que me tir
...............ar
...............ía
...............contigo por las
....................................es
....................................ca
....................................leras y te be
......................................................sa
......................................................
......................................................a uno a uno
......................................................................en
.........................................................................to
.......................................................................dos los escalones.
.

BATANIA / NEORRABIOSO, La poesía ha vuelto y yo no tengo la culpa, Madrid, 2014, pág. 162

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (724): La práctica de sustituir los nombres de las amadas reales por otros con idéntico valor métrico en la poesía latina


Ya conoces el delito de que se me acusa, oh Máximo; se trata de un poema que habla de guirnaldas y de canciones, como si fuera obra de un juerguista empedernido. También has advertido que se me reprocha el haber llamado Carino y Critias a estos muchachos, a pesar de que tienen nombres distintos. Así, pues, por la misma razón, deben acusar a C. Catulo por haber llamado Lesbia a Clodia; y lo mismo a Ticidas, que en sus escritos llamó Perila a Metela; y a Propercio, que utiliza el nombre de Cintia, para ocultar el de Hostia; y a Tibulo, porque en su ánimo está Plania y en sus versos Delia. Y en realidad, aunque se trata de un autor de sátiras, yo censuraba a G. Lucilion, por haber puesto en la picota, en un poema suyo, designándolos con sus verdaderos nombres a dos jóvenes, Gencio y Macedón. Con cuánta mayor discreción procedió, en cambio, el poeta de Mantua, que al cantar, lo mismo que yo lo he hecho, al esclavillo de su amigo Polión en una escena bucólico festiva, disimulando sus respectivos nombres, se llama a sí mismo Coridón y al muchacho le da el nombre de Alexis.


APULEYO, Apología. Flórida, Gredos, Madrid, 1980, traducción de Santiago Segura, págs. 68 y 69