miércoles, 26 de septiembre de 2018

1825


La soledad nos pesa hasta a los especialistas...


1824


Estuve una semana de ligón de Instagram y hasta me las prometía felices, pero pronto comprendí que a las chicas solamente las divierto: enseguida huelen que soy un colgado. No un loco, ojo, tampoco un raro, sino un colgado: una persona que hace tiempo que perdió el sentido de la realidad y de la distancia para entregarse a su monólogo de pan seco. Ya no recuerdo si fui yo quien abandonó a los demás o fueron los demás los que me abandonaron a mí, pero desde hace tres años me siento como un náufrago que, por más que agite los brazos, ni siquiera despierta interés en los tiburones.


1823


Pensando en la falta de gusto de Cioran al pasarnos por la cara sus deseos de suicidarse durante toda su obra, y en las arcadas que me provoca ese comportamiento, me he preguntado si el problema no será mío, que soy intolerante ante los suicidas-que-van-avisando. Tirando del hilo he recordado que, lo primero que hice con las siete personas de Madrid que me han dicho en la intimidad que querían suicidarse, fue tratar de librarme de ellas cuanto antes, no solo por lo nervioso que me ponen los pseudo-suicidas, sino porque suelo entender, cada vez que alguien me comunica algo tan personal, que su propósito es muy distinto, que la ecuación real es esta:
Batania, quiero suicidarme = Batania, quiero ser tu amigo
Y ahí sí que no. Prefiero ser escupido, insultado y pisoteado antes que incurrir en amigos, al menos aquí en Madrid, donde la palabra “amigo” está suplantada por el sucedáneo “amiguete”, una suerte de gansterismo de vuelo gallináceo. Ya podéis suicidaros en libertad, lo cual adivino por mil indicios que no tenéis ninguna gana de hacer, que el truco ese de despertar la compasión recurriendo a semejante bajeza conmigo no funciona.


1822


Ahora, todo el respeto del mundo para los suicidas de verdad, que en Madrid no son muchos porque para suicidarse hace falta personalidad, virtud que aquí se desconoce (y cómo van a tener personalidad los madrileños, si son incapaces de soportar una hora en soledad, y además tienen cincuenta o cien amigos cada uno, si bien de la calidad a la que me he referido arriba). Loor a los suicidas verdaderos, honrados, pizarniquianos, y desprecio eterno por los cioranes que se pasan todo el día dando la barrila sin tener siquiera el talento de Cioran.


martes, 25 de septiembre de 2018

1821



Encontrada y fotografiada por @Daniel Garrán


1820


Multitudinaria soledad: yo nunca he conseguido permanecer más de dos minutos en mi vida sin hacer nada, mascando el aburrimiento, sin que mi ansiedad intervenga. Nada más levantarme me pongo a buscar libros o masturbamusas, y hasta en la taza del wáter dejo siempre cuatro o cinco libros por terror a que me ocurra la nada, ese lugar para mí desconocido. Soledad sí pero una soledad muy ocupada, abundante de urgencias, de la que mi ansiedad se hace su capitana. ¿Qué pasará el día en que por un minuto mi cerebro se quede en silencio, qué armagedón me sucederá ese día?


1819


Se me ha ocurrido que tengo que escribir de pie, pues la mayoría de mis pensamientos caminados son líricos y en cambio cuando me siento se vuelven prosa. Hace tres años ya intenté escribir de pie, pero no me dio tiempo a cotejar los resultados porque la consecuencia más inmediata fue que agarré un dolor de espalda tremendo, que no se me quitó en dos semanas, y se me fueron las ganas de seguir con el experimento.


1818


Cuando eres joven crees que escribir consiste en ser brillante y complejo; hay que cumplir cuarenta años para retroceder a la humildad de que la escritura clara y precisa no es tan sencilla como parece.


1817


Escribe Iván Tubau en Matar a Victor Hugo:
Los artistas que en mayor o menor medida han “triunfado” son vanidosos, casi siempre egocéntricos, con frecuencia encantadores y en muchas ocasiones todo a la vez. Los fracasados son siempre –siempre– inaguantables y penosos.
Muy de acuerdo con Tubau. La victoria crea personas sanas, expansivas, de esas que piensan que "el mundo está bien hecho" (Jorge Guillén), por lo que se dirigen cada vez más hacia arriba; los fracasados en cambio somos una tribu rencorosa, llorona y conspiranoica, además de solitaria y ultracrítica, por lo que nos dirigimos cada vez más hacia abajo.


1816


En la biografía de Heimo Rau sobre Gandhi, se habla de la influencia que recibió de los jainistas, monjes que llevaban la no violencia a un grado de belleza difícil de superar:
Los monjes jainistas jamás emplean ningún medio de transporte; siempre van andando a todas partes, pero únicamente lo hacen de día, para no pisar inadvertidamente animales en la oscuridad; con un cepillo que siempre llevan consigo apartan a los insectos de su camino, y una tela de gasa cubre su boca para no poner en peligro al respirar a ningún ser viviente. Estas figuras, vestidas enteramente de blanco, son los apóstoles de la no violencia a ultranza.

1815


Isaiah Berlin: “Las artes florecen cuando los artistas compiten entre sí. Es decir, cuando un creador recela de lo que hace otro. Verdi, me temo, recelaba de Gounod; tenía miedo de que Gounod compusiese algo mejor que lo suyo. De Wagner supo poco, pero, de haberlo conocido más, sus aprensiones habrían crecido. Me atrevo a afirmar que Beethoven llegó a preocuparse por la obra de Weber o Cherubini. Ahora parece absurdo, pero así fue. Stravinski y Schönberg, no hay duda, fueron rivales”.


1814


Todo lo que sea no dar el Balón de Oro o el The Best a Leo Messi, año tras año, es una afrenta al fútbol. De esos premios ya solo se puede decir lo que decía Cela del premio Cervantes: “Está lleno de mierda”.


1813



Encontrada y fotografiada por @alexandraporem (AQUÍ)


1812


Si Cioran se hubiera suicidado a los 26 años, después de publicar En las cimas de la desesperación o De lágrimas y santos, hoy sería una especie de Rimbaud de la filosofía o la mística, un mito que vendería más camisetas que el Che Guevara. Pero decidió seguir viviendo y publicar cada pocos años una nueva entrega de sus autoflagelaciones, con nuevos episodios archisabidos de sus ganas de suicidarse y acabar con el mundo, con lo que de maldito pasó a malditillo y de malditillo a bufón. Escribí una vez que sospecho mucho de los tigres empeñados en demostrar que son tigres, porque quizá no sean tigres: Cioran no lo es, su terribilidad es de fogueo…, por mucho que su fogueo sea mejor que muchas balas de verdad.


1811


Y es que la conducta del egoautor es esencial para que la obra funcione. Una escritoraza como Pizarnik, por ejemplo, debe parte de la belleza negra de su obra al suicidio: ¡quitad su suicidio y veréis que muchos de sus poemas y muchos fragmentos de su diario, que leemos con un recogimiento del corazón, se convierten sin las 50 pastillas de Seconal en la obra de una llorona y una pelmaza! ¡Es el suicidio el que nos garantiza la VERDAD de su obra, el que hace que la leamos con el silencio sagrado que se muestra ante una biblia laica!


1810


Si reduces la obra de Cioran a sus mil mejores aforismos/fragmentos, sucede que es superior a la de cualquier moralista francés salvo Pascal (no se puede ser mejor que Pascal). El problema es que escribió más de 15.000 aforismos, el 90% prescindibles. Lo de repetirse les ocurre a todos los escritores, pero mucho más a él.


1809


Cuántas veces yo, releyendo a Cioran (pues casi todos sus libros me los he leído dos o tres veces, algunos cinco o seis), y asqueado no con él sino conmigo, porque me da asco la drogodependencia que tengo con un escritor al que encuentro tantos defectos y tantas repeticiones (caso parecido al de Nietzsche), y que vive como Bernhard, como Céline, como La Rochefoucauld, como Houellebecq, de hacer populismo negativo de la vida, de calumniar de forma barata a la existencia, me ha dado por decir: ¿por qué no te suicidas ya, Cioran? No por hacernos un favor a nosotros, no: POR HACER UN FAVOR A TU OBRA. Una obra que sin suicidio o asesinato múltiple en plan Charles Manson se convierte a veces en una tomadura de pelo.


1808


Para que se me entienda: lo último que puede hacer un egoescritor, lo más bajo de todo, es tratar de ganarse a los lectores con el azúcar negro del suicidio. Para esta prohibición neorrabiosa solo encuentro una excepción: que el suicidio sea un tema tan obsesionante para el autor que no tenga forma de evadirlo. Pizarnik se pasó toda su obra alertando de que viene el lobo que-viene-el-lobo, ¡pero el lobo vino y salvó la sinceridad de su obra, sinceridad que en la escritura confesional es la clave para que te respeten los lectores! Cioran, en cambio, tras escribirnos dieciocho libros anunciando al lobo, ¡se fue de la vida sin ningún lobo y ninguna credibilidad! Un tipo que se pasó la existencia jugando a maldito y marginado, haciendo suyas las tesis de Teognis de Megara (“La mejor cosa sería no haber nacido”), que nos hizo creer a los lectores que caminaba cada día por la cuerda en su caso nada floja del suicidio, murió colmado de honores, reseñas y traducciones en un hospital de París a los 84 años de edad. Ese fue Cioran: todavía seguimos esperando a su lobo.


1806


Ahora, ¿es grande Cioran en algo? Claro que lo es: Cioran es grande porque le sacó brillo a la carrocería del aforismo y porque con él se acaba el pensamiento rigorista de toda la tradición desde Pitágoras a Nietzsche, más adecuada para tarzanes de la voluntad que para personas normales. Cioran parece decirnos:

Me gustaría ser estoico, pero no puedo sufrir las derrotas sin quejarme.
Me gustaría ser epicúreo, pero no le encuentro placer a esta existencia.
Me gustaría ser budista, pero no soy capaz de prescindir de mi ego.
Me gustaría ser confuciano, pero vivo en los extremos.
Me gustaría ser kantiano, pero me da igual el imperativo categórico.
Me gustaría ser nietzscheano, pero forjarme un destino me hace reír.

Cioran denuncia a las religiones y filosofías como camisas de fuerza imposibles de vestir, y nos da su día a día que es a menudo trágico, negativo, pesimista, pero que es un día a día suyo, con toda la complejidad y contradicción de lo propio. Él no propone, no recomienda: simplemente se nos presenta como un desastre de persona y nos señala que toda vida y pensamiento se opone por principio a cualquier modelo ideal o premeditado. Su obra es una refutación de la máxima de Aristóteles, la de que el hombre es un animal social: para Cioran el hombre es un animal antisocial y todos los intentos de socializarlo van justo contra lo más puro y natural que hay en él.


1805


También es grande por la barbaridad. La barbaridad, en literatura, es todo un género en el que Cioran ha descollado. A las barbaridades de este autor franco-rumano no hay que tomarlas en serio sino leerlas con una bolsa de palomitas y mucha socarronería; no son las de un profeta sino las de un bufón que no deja de tener encanto. Como ejemplos de barbaridades cioranescas anoto estas cinco, encontradas en su libro Ese maldito yo, escrito cuando tenía 75 años:
En la laguna de Soustons, a las dos de la tarde, remando. De repente, fui fulminado por un giro trivial del vocabulario: Al lis of no avail (nada sirve para nada). Si hubiera estado solo, me hubiera arrojado instantáneamente al agua. Nunca he sentido con semejante violencia la necesidad de acabar con todo.
Me encuentro con X. Hubiera dado cualquier cosa por no volver a verle. ¡Tener que soportar a semejantes especímenes! Mientras hablaba, cuánto echaba de menos un poder sobrenatural que nos aniquilase a los dos inmediatamente…
Hace años, decidí no volver a dar la mano a ninguna persona que gozase de buena salud. Tuve sin embargo que transigir, pues pronto descubrí que muchos de aquellos a los que creía sanos lo estaban bastante menos de lo que yo pensaba. ¿Para qué hacerme enemigos basándome en simples sospechas?
¡Perecer! –esta palabra que amo entre todas y que, curiosamente, no me sugiere nada irreparable.
Ganas de rugir, de escupir a la gente a la cara, de golpearla, de pisotearla… Me he ejercitado en la decencia para humillar a mi rabia, y mi rabia se venga de mí tan frecuentemente como puede.

lunes, 24 de septiembre de 2018

1804



Encontrada y fotografiada por @asimovengranvia (AQUÍ)


1803


Cada vez que he tratado de superar la muerte de mi padre, la primera consecuencia es que dejo de escribir. Y cada vez que me pongo ante el portátil, delante de la pantalla en blanco, lo primero que se me ocurre es alguna venganza contra el nosotros. Puedo escribir de cualquier cosa si estoy fuerte y me siento creativo, pero cuando mi depósito está agotado solo puedo escribir contra el nosotros: faro y almendra de todas mis ideas.


1802


Yo no soy un escritor, solo soy un pinchador de globos. Que ellos se dediquen a hinchar globos, el globo de nuestra historia, el globo de nuestra cultura, el globo del “patriotismo constitucional”, que yo los pincho. Que ellos se dediquen a hinchar el globo de nuestros grandes deportistas, nuestros grandes escritores, nuestros grandes artistas, que yo los pincho. Solo el día en que se dejen de hinchar globos limitados a un territorio, el día en que aparezcan nuevos hinchadores de globos transversales y no antagonistas, yo diré: esta no es mi guerra, estos globos no los pincho.


1801


En mi garaje se dice también “ese es un Fittipaldi”, igual que en Vizcaya, para referirse a un conductor loco o que conduce rapidísimo. Me parece un caso claro de fetichismo del lenguaje, porque pilotos más rápidos que Emerson Fitfipaldi fueron Fangio, Senna o Schumacher, pero ha prevalecido Fittipaldi por la fonética, por la palabrujería del término.


1800


Escribe Cioran:
La prueba de que un acto generoso es un acto contra natura, es que suscita unas veces inmediatamente, otras meses o años después, un malestar que no nos atrevemos a confesar a nadie, ni siquiera a nosotros mismos.
Aparte de que yo nunca he sentido malestar cuando he sido generoso, y de que no sé cómo puedo saber algo sin confesármelo a mí mismo, este fragmento revela uno de los defectos de la escritura de Cioran, y es que enseguida se pasa al “nosotros” para enunciar unas generalidades que no tienen nada de generales. Cuánto mejor es Cioran cuando habla desde el “yo” y no nos involucra a los demás en algunas de sus barbaridades.


1799


Jajaja, Sartre dijo de sí mismo que era más un masturbador que un "coitor", bienvenido al club.


1798


Se aprende más contraleyendo. Con ningún autor he aprendido más que contra Nietzsche…


1797


Sobre la retirada de Fernando Alonso de la F1 extraigo una consecuencia buena y otra mala. La buena: los locutores nacionales ya no se verán tan obligados a menospreciar a Hamilton y Vettel, los dos pilotos que han acabado con su carrera, ni a encontrar complots por todas partes (es que a los españoles nos odian, ya sabes, la leyenda negra y tal), y tampoco nos tendremos que tragar, como titulares de las carreras, “Un Alonso milagroso queda décimo”, con crónicas donde se dedica el 90% del texto a justificar e incluso glorificar cada ridículo del asturiano, que se ha arrastrado por las pistas durante los últimos cinco años, en tanto que los triunfadores y verdaderos protagonistas de cada gran premio reciben unas pocas líneas. ¿Y cuál es la mala consecuencia de su retirada? Pues que el aficionado a la F1 que ha tenido la desgracia de nacer en España, donde no hay cultura de F1 (no hay cultura deportiva, simplemente, solo nacionalismo y futbolería) corre el riesgo de que, retirado Alonso, suceda lo mismo que sucedió con el esquí desde que se retiraron los Fernández-Ochoa, con el golf desde que se retiraron Ballesteros y Olazabal, con el medio fondo desde que se retiró Fermín Cacho o con los rallies desde que se fue Carlos Sainz: cada vez que deja de haber españoles con posibilidades de victoria, encontrar una noticia sobre esos deportes en los diarios nacionales es como andar buscando a Wally… ¿Te gusta la F1 y además eres español? ¡Pues aprende inglés y suscríbete a The Guardian!


1796



Encontrada y fotografiada por @unatalmaryc (AQUÍ)


1795


Dice el educador Sahlberg en este artículo de la BBC (AQUÍ) sobre la educación finlandesa, la mejor del mundo:
Las sociedades igualitarias tienen ciudadanos con el grado de educación más elevado, raros casos de evasión escolar, menores tasas de obesidad, mejores indicadores de salud mental e índices más reducidos de embarazos adolescentes, en relación con los países en los que la brecha entre ricos y pobres es mayor.