miércoles, 20 de noviembre de 2019

202


Dos años después, Bárbara Butragueño ha publicado otro poema en Youtube. Podéis verlo AQUÍ.


martes, 19 de noviembre de 2019

201


¿Y qué hace ese tronco al lado de los contenedores? This is Carabanchel.


sábado, 16 de noviembre de 2019

200


Como decía mi padre, si ves que un pelotari te gana, cámbiale de pelota, pero si ves que también te gana con una pelota distinta, cámbiale de frontón. Viendo varios documentales sobre los gnósticos, me doy cuenta de que la causa de su fracaso era el frontón: si el terreno-obsesión donde se jugaba era Jesucristo, era lógico que perdieran aquellos que solo lo consideraban un hombre o un sabio frente aquellos que lo consideraban un dios.


viernes, 15 de noviembre de 2019

199


Sobre las razones de que los pobres no voten, escribe Ignacio Escolar en Eldiario.es (AQUÍ), el subrayado es mío:
1. Las clases más pobres se sienten abandonadas por la política, también por la izquierda.
2. La derecha está siendo tremendamente eficaz en transmitir a las clases desfavorecidas el "todos son iguales", un argumento que se suma a la incapacidad que tiene la izquierda cuando gobierna en el actual contexto político y económico para realmente cambiar sus vidas.
Sobre todo esto último, señor Escolar. Que los pobres no son tontos y están menos manipulados de lo que se cree. Si los gobiernos de izquierdas trajeran un cambio REAL a sus vidas, harían colas en las urnas.


jueves, 14 de noviembre de 2019

198


En su Curso de literatura europea, dice Nabokov que la literatura no nació el día en que un chico llegó corriendo y gritando el lobo, el lobo, con un enorme lobo gris pisándole los talones; sino que nació el día en que un chico llegó gritando que viene el lobo, que viene el lobo, sin que le persiguiera ninguno.

Esperemos que con VOX ocurra lo mismo y no pase de literatura.


miércoles, 13 de noviembre de 2019

197


Recuerda Margaret Atwood en La maldición de Eva esta cita de Agnes Macphail:
Cuando oigo a los hombres hablar de las mujeres como los ángeles del hogar, siempre me encojo de hombros y al menos mentalmente dudo. No quiero ser el ángel del hogar. Quiero para mí lo mismo que quiero para las demás mujeres: la igualdad absoluta. Y cuando esté asegurada, entonces los hombres y las mujeres podrán ser ángeles por turno.

196


Nadie pensaría que todo tiempo pasado fue mejor si no fuera por la cofradía de historiadores y poetas que han inflado y fantaseado con los sucesos acaecidos hace siglos, convirtiendo a sus protagonistas en héroes imperecederos al lado de los cuales las personas de carne y hueso de ahora no resisten la comparación. Pero esa elevación de la historia no se practica con propósitos inocentes: inventarse un pasado es lo primero que hace todo rebaño que aspira a crecer y dominar y pisotear.


lunes, 11 de noviembre de 2019

194


Que las personas de tu pasado sigan viviendo en este planeta y no se vayan al planeta Epsilon es algo que me desespera. Quiénes son esas personas que aparecen desde el túnel de los tiempos y se atreven a decirme “Batania” cuando yo ya no soy Batania, no al menos ese Batania que ellos conocieron, sino otro que siempre está avanzando hacia uno nuevo que niega los anteriores.


domingo, 10 de noviembre de 2019

193


Un apunte sobre las últimas elecciones en España. Lo que caracteriza a ese país es el odio al individuo. En España nunca se ha asentado una derecha liberal y en la izquierda hasta el anarquismo ha sido colectivista. La esencia de los españoles, el PNV intrínseco que vive en cada uno de ellos, se refleja cada noche del 31 de diciembre, cuando los ciudadanos cambian masivamente de cadena para ver las campanadas en TVE1. Incluso cuando parece que las cosas están a punto de avanzar hacia la modernidad, se vuelve a la ranciedad y el horror al cambio: debajo de la piel de toro resiste inmarcesible el espíritu de Lampedusa.


sábado, 9 de noviembre de 2019

192


Ya no puedo leer novelas ni ver películas: me aburren. Y cada vez aguanto menos la música cantada. Leo diarios y biografías, veo documentales y comienzo a escuchar música clásica de forma natural. A veces me hago ilusiones de alcanzar al fin algún tipo de serenidad, pero ya sé que no: siempre que algo nuevo se construye dentro mí, también se despiertan las fuerzas de su destrucción.


viernes, 8 de noviembre de 2019

191


Escribe Américo Vespucio a Pierfranceso de Medici en una carta que le envió el 18 de julio de 1500, el subrayado es mío:
Y navegando por la costa, cada día descubríamos infinidad de gente y distintas lenguas, hasta que, después de haber navegado unas cuatrocientas leguas por la costa, empezamos a encontrar gente que no quería nuestra amistad, sino que nos estaban esperando con armas, que son arcos y flechas, y con otras armas que tienen: y cuando íbamos a tierra con los botes nos impedían bajar a tierra, de modo que nos veíamos forzados a luchar contra ellos, ya al fin de la batalla quedaban mal librados frente a nosotros, pues como están desnudos siempre hacíamos en ellos grandísima matanza, sucediéndonos muchas veces luchar dieciséis de nosotros con dos mil de ellos y al final desbaratarlos, y matar muchos de ellos y robar sus casas.
16 europeos podían con 2000 indígenas. Las flechas de los indígenas ni siquiera tenían la punta de metal. De esta bajunería eran las “hazañas” de los europeos en un continente que lleva el nombre de un genocida.


jueves, 7 de noviembre de 2019

190


Me he reído con este meme con una pintada neorrabiosa que @robercoronil (AQUÍ) ha publicado en sus historias de Instagram:



miércoles, 6 de noviembre de 2019

189


Escribe Murakami al comienzo de De qué hablo cuando hablo de escribir:
Desde una perspectiva puramente personal, y con total franqueza, me parece que la mayoría de los escritores —no todos, obviamente— no destacan por ser personas con un punto de vista imparcial sobre las cosas y por tener un carácter apacible. Quizá no convenga decirlo en voz muy alta, pero pocos poseen algo realmente digno de admiración, y, de hecho, muchos tienen hábitos o comportamientos ciertamente extraños. La mayoría de los escritores (calculo que alrededor del noventa y dos por ciento), y me incluyo a mí mismo, pensamos: «Lo que yo hago o escribo es lo correcto. Salvo unas pocas excepciones, los demás se equivocan, ya sea en mayor o menor medida». Vivimos condicionados por ese pensamiento por mucho que no nos atrevamos a decirlo en voz alta. Aunque nos expresemos con cierta modestia, dudo que a mucha gente le gustara tener como amigo o como vecino a alguien así.

De vez en cuando llegan a mis oídos historias de amistad entre escritores. Entonces no puedo evitar pensar que solo se trata de cuentos chinos. Tal vez ocurra durante un tiempo, pero no creo que una amistad verdadera entre personas así pueda durar mucho tiempo. En esencia, los escritores somos seres egoístas, generalmente orgullosos y competitivos. Una fuerte rivalidad nos espolea día y noche. Si se reúne un grupo de escritores, seguro que se dan más casos de antipatía que de lo contrario. He vivido varias experiencias en ese sentido.

martes, 5 de noviembre de 2019

188


Quité tantas capas a la cebolla confesional que al final me quedé sin cebolla. Luego pasé a otra, pero ya no era una cebolla mía sino una distinta creada a medias por la inercia y la literatura, con capas de repuesto que nunca terminaban y me llevaron al hartazgo, pues nunca sale barato andar metiendo los dedos entre los peligrosos cables de uno mismo. El yo es menos profundo de lo que se dice; la introspección es la rueda del hámster: el egoescritor vive siempre con el terror a que la cebolla se termine.


lunes, 4 de noviembre de 2019

187


Hubiera yo nacido en una tierra
con una sola calle
y una sola tasca
y una sola fuente,
con un idioma tan lindo
que no pudiera ser llamado Idioma,
con una historia tan corta
que no pudiera ser llamada Historia,
con mujeres feas y valientes
que se entregaran a cualquiera
sin promesas ni para siempres,
hubiera yo nacido en una tierra
sin nada que celebrar
y nada que defender,
sin ningún caballo de mármol
que deba soportar a un héroe
con más pedestal que estatua,
¡hubiera yo nacido
en un lugar tan pequeño
que no supiera de himnos
ni de escudos
ni de banderas!


domingo, 3 de noviembre de 2019

186




185


Cerraron por orden judicial mi página favorita de descarga pirata de libros, Lectulandia, y en los minutos siguientes comprobé con alivio que no habían cerrado las otras que suelo utilizar. Lo bueno de la piratería es que, cazada una página por allí, siempre se salva alguna o surge otra por allá. Hace unos años me descargué 60.000 libros piratas de bibliotecas digitales que habían sido cerradas por orden judicial; la página de la que me descargué esa multibiblioteca, Cuelgame.net, también fue cerrada. ¿Son taaaan nocivas y canallas estas bibliotecas pirata como se dice? No estoy muy seguro. En mi caso me sirven como acicate para comprar más libros en papel, pues cada libro que leo en pirata que me gusta, quiero tenerlo en papel en mi biblioteca. ¿Que soy un campeón de los libros pirata? Desde luego, pero también tengo una biblioteca en papel de 10.000 libros y me gasto sobre 4000 euros cada año en libros nuevos o de segunda mano.

A Lectulandia, muchas gracias. Por todos los libros que me acercasteis. Por todos los autores que me descubristeis. Por todas las puertas que me abristeis.


sábado, 2 de noviembre de 2019

184


Dormí diecisiete horas seguidas y me levanté baldado, con los huesos y músculos entumecidos, sin apetito por moverse. Todavía a esta hora sigo sin recuperarme de la "paliza" de tanta almohada, y pienso en lo mala que es la vejez. Si a los 45 años mi cuerpo me envía estos avisos... qué no me enviará a los 70.


viernes, 1 de noviembre de 2019

183


Me han pedido que dé una charla sobre El Quijote en un instituto de Madrid. Se me dice que han pensado en mí porque el propio nombre de Batania está fundado en el episodio de los batanes del Quijote, lo cual es cierto (me lo puse con la intención de transparentar que soy un aparatoso inofensivo, un escritor que ladra pero no muerde), y porque “usted tiene mucho de quijote de nuestros días”, jajaja. Es cierto que en mi juventud tuve sueños quijotescos, pero el paso de los años ha provocado que ceda el idealista ante otra denominación mucho más adecuada para mí, la que es mi retrato perfecto: la de colgado.


jueves, 31 de octubre de 2019

182


Cómo evitar la palabrería en la escritura. Seguramente lo mejor sería escribir solo de lo que sabes, pero ese ejercicio cobarde te mete en la rueda del hamster: no puede mejorar el piloto que hace siempre la misma travesía. El mismo lenguaje lo aprendemos porque nos atrevemos a equivocarnos: el niño casi siempre pronuncia mal las primeras veces y gracias a esos errores se abre a futuras conquistas. La primera vez que escribimos dalia u hortensia quizá no sabemos con propiedad la diferencia que guardan con petunia o  azalea, pero el escritor incipiente debe usar constantemente palabras nuevas para ganarlas al futuro, pues ya aprenderá mientras tanto sus matices. ¿Podría ser una solución no publicar hasta que uno esté seguro de la calidad? Aquí también nos encontramos con problemas, porque se escribe a temperatura y ese calor nos quita perspectiva: a menudo creemos que lo malo es bueno y lo bueno maravilloso. Pero, en el caso de que seamos prudentes, tampoco sabemos cuál es el tiempo adecuado para guardar el manuscrito en el cajón: ¿esperamos tres semanas como aconsejan los anglosajones o esperamos trece años como aconsejaba Horacio? ¿O hacemos como los godos, que solo tomaban una decisión importante cuando pensaban lo mismo serenos que borrachos? Por otra parte, ¿cuál es el tiempo adecuado que debemos tardar en escribir una obra? ¿Los treinta días que tardó Dostoyevski en escribir El jugador, los dos meses que tardó Nietzsche en escribir su Zaratustra, los diez años que tardó Neruda en escribir Residencia en la tierra o los doce que invirtió Rilke en sus Elegías de Duino? Otro camino es el de Carpentier, que sostenía que el trabajo más grande lo dedicaba a la reflexión y recopilación de materiales y el resto, la redacción definitiva, le salía siempre con una celeridad sin conflicto. Tendríamos por tanto que dar vueltas por la plaza 2 de mayo, como los peripatéticos, muy atareados en disciplinar la mente y los sentidos hacia el objetivo adecuado, y no sentarnos ante el portátil hasta no tener muy masticado y rumiado lo que vamos a escribir. Sin embargo, este sistema a mí no me da resultado porque me sucede que no tengo temperamento carpenteriano y cada vez que me pongo a escribir se me acumulan nuevas ideas y sentimientos. Me sucede que lo último que se me ocurre trollea mis planes anteriores. Que nunca consigo que la escritura se me esté quieta  siempre me está escrisintiendo siempre me está escripensando.


miércoles, 30 de octubre de 2019

181


Pero qué locura el sistema de competición de la aplicación de idiomas Duolingo. Me lo paso como un enano, sacando horas de cualquier esquina del día. Lo importante con este sistema ya no es aprender un idioma, sino superar categoría, ganar la liga, pasar de la división bronce a la de plata y después a la de oro, zafiro, rubí, esmeralda, amatista, perla, obsidiana y diamante. Vae victis!



martes, 29 de octubre de 2019

180


En este documental (AQUÍ) se dice que los Ptolomeos, en su obsesión por conseguir libros nuevos que hicieran a la de Alejandría la mayor biblioteca del mundo, ordenaron que se registrara a todo aquel que llegara a puerto y, en el caso de que se le encontrara algún libro que no estuviera en sus catálogos, se le confiscase de inmediato, si bien se le daba una recompensa monetaria por la sustracción.


179


He ordenado en mi blog Batania los 28 capítulos de mis recuerdos de Lauros titulados El hijo de Puskas, de forma que se pueden leer con un poco de continuidad. En este libro sigo trabajando a velocidad muy caracolenta, pero trabajo: he descartado doce capítulos por baja calidad (peor aún que la de los 28 aceptados) y tengo que escribir cinco nuevos, dos de ellos esenciales para la compresión del libro. Los capítulos ordenados, quince de los cuales no figuran en la antología en papel, se pueden leer AQUÍ.


178


El Club de Traductores Literarios de Buenos Aires lleva 21 semanas publicando una entrada en la que desaconseja el uso del Diccionario de la Real Academia Española por prejuicioso, racista y mal redactado. Las 21 entradas se pueden leer AQUÍ.


lunes, 28 de octubre de 2019

177


Publicada por @alicegalvez



Publicada por @carcon1966 (AQUÍ)



Publicada por @madriddiferente (AQUÍ)


176


Filosofía para bufones es un catálogo de anécdotas de filósofos recopiladas por Pedro González Calero. Estas son las dieciséis que más me han gustado:



TARDE DE PIEDRAS, DÍA DEL PADRE
    
Viendo que el hi­jo de una me­ret­riz ti­raba pi­ed­ras a la gen­te, Di­óge­nes le gri­tó:

—Muchacho, no ti­res pi­ed­ras a los des­co­no­ci­dos, no le va­yas a dar a tu pad­re.


LA VENTA DE DIÓGENES

Diógenes fue hec­ho pri­si­one­ro y pu­es­to a la ven­ta co­mo esc­la­vo. Cu­an­do el pre­go­ne­ro le pre­gun­tó qué sa­bía ha­cer, él res­pon­dió:

—Sé man­dar. Mi­ra a ver si al­gu­i­en qu­i­ere comp­rar un amo.


FILOSOFÍA PARA ADELGAZAR
    
Entre las co­sas que Ze­nón de Ci­tio pre­di­ca­ba es­ta­ban el autodomi­nio de las pa­si­ones y el de­sa­pe­go de los bi­enes materiales. Pu­es bi­en, co­mo los dis­cí­pu­los de Ze­nón eran muchos, Filemón, un co­me­di­óg­ra­fo, pa­ro­dió su enseñanza con es­tas pa­lab­ras: «¡Qué ext­ra­ña fi­lo­so­fía es és­ta, en la que hay un ma­est­ro que en­se­ña a te­ner hamb­re y tan­tos dis­cí­pu­los lo escuchan ex­ta­si­ados! ¡Yo, co­mo mu­er­to de hamb­re si­emp­re he sido auto­di­dac­ta!».


EL FAROL DEL MAESTRO
       
Un ma­est­ro zen ca­mi­na­ba en la os­cu­ri­dad de la noc­he acompañado de su dis­cí­pu­lo. Co­mo el ma­est­ro lle­va­ba un fa­rol en­cen­di­do, el dis­cí­pu­lo le di­jo:

—Maestro, yo te­nía en­ten­di­do que po­dí­as ver en la os­cu­ri­dad.
—Y pu­edo —ra­ti­fi­có el ma­est­ro.
—Entonces, ¿pa­ra qué ne­ce­si­tas la luz del fa­rol?
—Para que aqu­el­los que no pu­eden ver en la os­cu­ri­dad no tropiecen con­mi­go.


CASTIDAD PARA DESPUÉS

San Agus­tín pro­pug­na­ba en sus ob­ras de ma­du­rez la cas­ti­dad y el re­co­gi­mi­en­to, pe­ro él mis­mo lle­vó du­ran­te sus años de juven­tud una vi­da bas­tan­te di­so­lu­ta. En sus Con­fe­si­ones re­co­no­ce que de joven re­ci­ta­ba es­ta ple­ga­ria: «Se­ñor, con­cé­de­me cas­ti­dad y con­ti­nen­cia, pe­ro to­da­vía no».


¿CON QUIÉN PASAR LA ETERNIDAD?
    
Se di­ce que, ya en­fer­mo y po­co an­tes de mo­rir, Ma­qu­i­ave­lo so­ñó que es­ta­ba mu­er­to. En su su­eño, tu­vo ac­ce­so a la vi­si­ón del pa­ra­íso y del in­fi­er­no. En el pa­ra­íso mo­ra­ban los hamb­ri­en­tos, los man­sos y los pob­res de es­pí­ri­tu, mi­ent­ras que el in­fi­er­no es­ta­ba rep­le­to de fi­ló­so­fos, li­ber­ti­nos y homb­res de Es­ta­do. Cu­an­do Ma­qu­i­ave­lo con­tó su ext­ra­ña vi­si­ón, al­gu­i­en le pre­gun­tó que dón­de pre­fe­ri­ría pa­sar él la eter­ni­dad. Y Ma­qu­i­ave­lo res­pon­dió:

—Sin lu­gar a du­das, pre­fi­ero la com­pa­ñía de pa­pas, prín­ci­pes y re­yes a la de fra­iles, men­di­gos y após­to­les.


UN ESTÓMAGO LUTERANO
    
Erasmo de Rotterdam in­ten­tó re­cu­pe­rar el pri­mi­ti­vo es­pí­ri­tu cris­ti­ano que ha­bía si­do prác­ti­ca­men­te se­pul­ta­do en la prác­ti­ca por la Ig­le­sia ofi­ci­al. Es­ta ac­ti­tud su­ya dis­tan­te an­te muc­hos de los ri­tos y dog­mas ca­tó­li­cos qu­eda ma­ni­fi­es­ta en ci­er­tos epi­so­di­os de su vi­da, co­mo cu­an­do, ha­bi­en­do si­do rep­ren­di­do por al­gu­i­en que lo sorp­ren­dió co­mi­en­do car­ne un vi­er­nes de Cu­ares­ma, Eras­mo rep­li­có con hu­mor:

—Es que mi al­ma es ca­tó­li­ca, pe­ro mi es­tó­ma­go es lu­te­ra­no.


EL EMPIRISTA Y LAS OVEJAS
    
Un em­pi­ris­ta vi­si­ta­ba una gra­nja en com­pa­ñía de unos ami­gos, cu­an­do uno de el­los, al ver un re­ba­ño de ove­j­as sin la­na, co­men­tó:

—Se ve que las ove­j­as es­tán re­ci­én es­qu­ila­das.

Y el em­pi­ris­ta, fi­el a sus prin­ci­pi­os me­to­do­ló­gi­cos, pun­tu­ali­zó:

—De es­te la­do pa­re­ce que sí.



UN SUICIDA ESCRUPULOSO
   
Rousseau suf­ría dep­re­si­ones que lo lle­va­ban a pen­sar a me­nu­do en el su­ici­dio. A es­te res­pec­to, cu­en­ta Di­de­rot que un día fue a vi­si­tar­lo a su ca­sa de Mont­mo­rency y Rous­se­au le con­fe­só, fren­te al es­tan­que, que ha­bía estado ten­ta­do de ar­ro­j­ar­se a él pa­ra aca­bar con su vi­da.

—¿Y por qué no lo hi­cis­te? —le pre­gun­tó Di­de­rot a bocajar­ro.

Rousseau, sorp­ren­di­do por la fal­ta de tac­to de su ami­go, le res­pon­dió:

—Porque me­tí la ma­no en el agua y me pa­re­ció de­ma­si­ado fría.


UNA ENCUADERNACIÓN EN PIEL
    
La ob­ra de Ro­us­se­au ej­er­ció una de­ci­si­va inf­lu­en­cia en al­gu­nos de los pro­ta­go­nis­tas de la Re­vo­lu­ci­ón fran­ce­sa. Tan­to es así, que, se­gún Alas­da­ir Maclnty­re, «cir­cu­la el re­la­to -po­sib­le­men­te apóc­ri­fo- de que Tho­mas Carly­le ce­na­ba en una oca­si­ón con un homb­re de ne­go­ci­os, que se can­só de la lo­cu­aci­dad de Carly­le y se di­ri­gió a él pa­ra rep­roc­har­le: "¡Ide­as, se­ñor Carly­le, na­da más que ide­as!". A lo que Carly­le rep­li­có: "Hu­bo una vez un homb­re lla­ma­do Ro­us­se­au que esc­ri­bió un lib­ro que no con­te­nía na­da más que ide­as. La se­gun­da edi­ci­ón fue en­cu­ader­na­da con la pi­el de los que se ri­eron de la pri­me­ra"».


EL PASEO DEL DECAPITADO
    
La mar­qu­esa du Def­fand, ami­ga de Vol­ta­ire y afi­ci­ona­da a la fi­lo­so­fía, cu­yo sa­lón de re­uni­ones fue el más fa­mo­so de to­dos los que af­lo­ra­ron en el sig­lo XVI­II, es­cuc­ha­ba un día al ar­zo­bis­po de Pa­rís, se­ñor Po­lig­nac, hab­lar del mi­lag­ro de san Di­oni­sio. El ar­zo­bis­po con­ta­ba que, cu­an­do san Di­oni­sio fue de­ca­pi­ta­do, el pro­pio san­to re­co­gió su ca­be­za del su­elo y ec­hó a an­dar has­ta el lu­gar don­de hoy se le­van­ta su ig­le­sia.

—Y lle­gó has­ta el fi­nal con la ca­be­za ba­jo el bra­zo —senten­ció el ar­zo­bis­po, en­fa­ti­zan­do el hec­ho de que el san­to agu­an­ta­ra to­do el tra­yec­to con la mis­ma com­pos­tu­ra.

La mar­qu­esa, una mu­j­er ilust­ra­da y po­co ami­ga de las su­pers­ti­ci­ones, sa­có su ve­na mor­daz y di­jo:

—No, si en es­tos ca­sos lo más di­fí­cil es dar el pri­mer pa­so.


EL SEXO DE LAS OPINIONES POLÍTICAS
    
La ba­ro­ne­sa Ma­da­me de Staël fue una de las mu­j­eres que más des­ta­có ent­re los in­te­lec­tu­ales fran­ce­ses de fi­na­les del sig­lo XVI­II y prin­ci­pi­os del XIX. Inf­lu­en­ci­ada intelectu­al­men­te por Ro­us­se­au, pe­ro tam­bi­én por Voltaire, no de­jó nun­ca de ex­po­ner sus ide­as a pe­sar de los ti­em­pos aci­agos en que le to­có vi­vir.

Enemiga acér­ri­ma de Na­po­le­ón, fue odi­ada y hos­ti­ga­da por és­te. Los de­sen­cu­ent­ros em­pe­za­ron an­tes de que él se con­vir­ti­era en em­pe­ra­dor. Cu­an­do to­da­vía era só­lo general, Ma­da­me de Staël, des­lumb­ra­da por el pres­ti­gio del mi­li­tar, lo in­vi­tó a uno de los co­lo­qu­i­os que or­ga­ni­za­ba en su sa­lón. Al­lí, la ba­ro­ne­sa ex­pu­so sus opi­ni­ones po­lí­ti­cas y des­pu­és pre­gun­tó a Na­po­le­ón si es­ta­ba de acu­er­do con el­la. Pe­ro és­te se li­mi­tó a de­cir:

—La ver­dad es que no he es­cuc­ha­do na­da de lo que decíais. Sin­ce­ra­men­te, no me pa­re­ce bi­en que las mu­j­eres opi­nen sob­re po­lí­ti­ca.

A lo que la ba­ro­ne­sa re­pu­so:

—Señor Bo­na­par­te, vi­vi­mos en un pa­ís don­de se nos guillo­ti­na por ide­as po­lí­ti­cas. ¿Y a vos os pa­re­ce mal que las mu­j­eres qu­era­mos sa­ber por qué nos cor­tan la ca­be­za?


SCHOPENHAUER Y EL JARDINERO
    
Al fi­nal de un pa­seo por el in­ver­na­de­ro de Dres­de en el que Scho­pen­ha­u­er ha­bía per­ma­ne­ci­do ab­sor­to du­ran­te un bu­en ra­to en la con­temp­la­ci­ón de las plan­tas, co­mo si és­tas, con sus di­ver­sas for­mas y co­lo­res qu­isi­eran co­mu­ni­car­le su pro­fun­do men­sa­je, se le acer­có, ext­ra­ña­do, el jar­di­ne­ro del lu­gar y le pre­gun­tó qu­i­én era. Y Scho­pen­ha­u­er le res­pon­dió:

—¿Quién soy yo? Ah, si us­ted pu­di­era de­cír­me­lo le quedaría muy ag­ra­de­ci­do.


EL PERRO DE SCHOPENHAUER

Schopenhauer fue un mi­sánt­ro­po in­cor­re­gib­le du­ran­te to­da su vi­da. Con la edad, se con­vir­tió en un vi­e­jo gru­ñón y cas­car­ra­bi­as que se en­ten­día me­j­or con su per­ro, Butz, que con los mi­emb­ros de su pro­pia es­pe­cie. Lo tra­ta­ba con más de­fe­ren­cia que a muc­has per­so­nas y no era ra­ro en­cont­rar­lo hab­lán­do­le al per­ro co­mo si és­te pu­di­era en­ten­der­le. Cla­ro que a ve­ces tam­bi­én se en­fa­da­ba con él. En­ton­ces lo inc­re­pa­ba con uno de los in­sul­tos que Scho­pen­ha­u­er ima­gi­na­ba más hu­mil­lan­tes: «¡Hu­ma­no!».


EL CAPITAL DE MARX
    
Karl Marx pa­só bu­ena par­te de su vi­da in­ves­ti­gan­do en la Bib­li­ote­ca del Mu­seo Bri­tá­ni­co. El obj­eto fun­da­men­tal de su es­tu­dio no era ot­ro que de­sent­ra­ñar las ca­rac­te­rís­ti­cas de la so­ci­edad ca­pi­ta­lis­ta. Fi­nal­men­te, sus in­ves­ti­ga­ci­ones cul­mi­na­ron en la pub­li­ca­ci­ón de la que se con­si­de­ra su prin­ci­pal ob­ra: El Ca­pi­tal.

Pero con tan­to in­ves­ti­gar Marx de­sa­ten­dió el cu­ida­do de ot­ros as­pec­tos más co­ti­di­anos de su vi­da. Él y su fa­mi­lia vi­vi­eron si­emp­re en unas con­di­ci­ones bas­tan­te hu­mil­des (su prin­ci­pal fu­en­te de ing­re­sos eran los ar­tí­cu­los que esc­ri­bía pa­ra al­gu­nos pe­ri­ódi­cos y la ayu­da que re­ci­bía de su ami­go y co­la­bo­ra­dor F. En­gels). De ahí que, al­gún ti­em­po des­pu­és de su mu­er­te, su hi­ja, Jen­ny Marx, co­men­ta­ra:

—Ojalá mi qu­eri­do pad­re hu­bi­era pa­sa­do al­gún ti­em­po ad­qu­iri­en­do ca­pi­tal en lu­gar de li­mi­tar­se a esc­ri­bir sob­re él.


LA SOCIEDAD ABIERTA Y SUS ENEMIGOS
    
Karl Pop­per esc­ri­bió un fa­mo­so lib­ro ti­tu­la­do La so­ci­edad abi­er­ta y sus ene­mi­gos, en el que en­sal­za­ba la po­lí­ti­ca li­be­ral y democrá­ti­ca, y ar­re­me­tía cont­ra los re­gí­me­nes to­ta­li­ta­ri­os (ene­mi­gos de las so­ci­eda­des abi­er­tas). Tam­bi­én de­nos­ta­ba a ci­er­tos fi­ló­so­fos co­mo Pla­tón, He­gel y los epí­go­nos de Marx, que, se­gún él, ha­bí­an si­do los ins­ti­ga­do­res in­te­lec­tu­ales del to­ta­li­ta­ris­mo.

Pero el pro­pio Pop­per te­nía fa­ma de int­ran­si­gen­te y de ser po­co da­do a es­cuc­har las crí­ti­cas de qu­i­enes le atacaban in­te­lec­tu­al­men­te. De ahí que se di­j­era que el lib­ro de Pop­per de­be­ría ha­ber­se ti­tu­la­do me­j­or: La so­ci­edad abier­ta, por uno de sus ene­mi­gos.


PEDRO GONZÁLEZ CALERO, Filosofía para bufones, Ariel, Barcelona, Barcelona, 2007, 185 págs.


domingo, 27 de octubre de 2019

175


Siempre que duermo catorce o quince horas seguidas como hoy, me levanto como una Mafalda negativa y pienso sin duda que el mundo ha mejorado: el mundo tiene que haber mejorado en las quince horas que ha pasado sin mí.

Y lo que podría mejorar si los otros 7000 millones que se parecen a mí hicieran lo mismo, si la humanidad se convirtiera en una inmensa cama, pues ya han repetido muchos sabios que todos los problemas proceden de salir de ella.


sábado, 26 de octubre de 2019

174


Compré dos kilos de avellanas en el mercado de Coimbra y mientras me las iba comiendo no he dejado admirarme de la perfección con que están hechas. ¡Qué pedazo de obra maestra es una avellana! ¿Y cómo es que Neruda, que escribió odas a la manzana o a la sandía, a la cebolla o al tomate, a la papa o la alcachofa, no le escribió una oda a ella?


173


Escribe Chaimae Essousi en El Salto (AQUÍ) sobre el sesgo que emplean los medios occidentales al hablar del velo islámico:
Resulta que la utópica sociedad liberal occidental de Rousseau brilla por su ausencia. Un debate supuestamente objetivo no es más que la perpetuación y reproducción de un imaginario orientalista y de supremacismo político, social y epistemológico del mundo occidental, donde el laicismo ilustrado se ha convertido en nada más que una herramienta de imposición de una hegemonía racista, política y social con poco margen a la reforma. ¿A qué recordará eso?