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1. Once pintadas neorrabiosas en las que figuran poetas o gentes de otros gremios (AQUÍ)
2. Una viñeta de RAMÓN (AQUÍ)
3. Seis errores en el amor de siempre (AQUÍ)
4. Compañeros de mi generación (AQUÍ)
5. Las quince pintadas neorrabiosas más votadas en Facebook (AQUÍ)
6. PALABRAS DE MALA CRIANZA: ¿Debería recurrir el 15-M a la violencia? (AQUÍ)
7. Una mujer (AQUÍ)
8. Catorce meteoros negros (AQUÍ)
9. Para entendernos (AQUÍ)
10. En "Carne Cruda", de RNE, hace unos minutos (AQUÍ)
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viernes 30 de septiembre de 2011
ANECDOTARIO DE ESCRITORES (240): La fecundidad creadora de Victor Hugo
Jean-Marc Hovasse, el más meticuloso de los biógrafos de Hugo hasta la fecha, ha calculado que un apasionado bibliógrafo del bardo romántico, leyendo catorce horas diarias, tardaría unos veinte años en agotar sólo los libros dedicados al autor de Los Miserables que se hallan en la Biblioteca Nacional de París. Porque Victor Hugo es, después de Shakespeare, el autor occidental que ha generado más estudios literarios, análisis filológicos, ediciones críticas, biografías, traducciones y adaptaciones de sus obras en los cinco continentes.
¿Cuánto tardaría aquel titánico lector en leer las obras completas del propio Victor Hugo, incluyendo los millares de cartas, apuntes, papeles y borradores todavía inéditos que pululan por las bibliotecas públicas y privadas y los anticuarios de medio mundo? No menos de diez años, siempre y cuando esa lectura fuera su única y obsesiva dedicación en la vida. La fecundidad del poeta y dramaturgo emblemático del romanticismo en Francia produce vértigo a quien se asoma a ese universo sin fondo. Su precocidad fue tan notable como su capacidad de trabajo y esa terrible facilidad con que las rimas, las imágenes, las antítesis, los hallazgos geniales y las cursilerías más sonoras salían de su pluma. Antes de cumplir quince años había escrito ya millares de versos, una ópera cómica, el melodrama en prosa Inez de Castro, el borrador de una tragedia en cinco actos (en verso) Athélie ou les Scandinavez, el poema épico Le Déluge y bosquejado centenares de dibujos. En una revista que editó de adolescente con sus hermanos Abel y Eugéne y que duró apenas año y medio, publicó 112 artículos y 22 poemas. Mantuvo ese ritmo enloquecido a lo largo de esa larga vida –1802-1885– que abraza casi todo el siglo XIX y dejó a la posteridad una montaña tal de escritos que, sin duda, nadie ha leído ni leerá nunca de principio a fin.
MARIO VARGAS LLOSA, La tentación de lo imposible, Alfaguara, 2004, Madrid, págs. 15 y 16
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Letra y lágrima
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Desgracia de cien enjambres
de poetas cascabeles
y yo sea del nido que escribe
porque no sabe llorar.
No sabe llorar. Tengo un poeta
que escribe porque no sabe llorar.
Escribe poco
cuando no logra llorar por nada
y escribe mucho
cuando no logra llorar por todo.
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Desgracia de cien enjambres
de poetas cascabeles
y yo sea del nido que escribe
porque no sabe llorar.
No sabe llorar. Tengo un poeta
que escribe porque no sabe llorar.
Escribe poco
cuando no logra llorar por nada
y escribe mucho
cuando no logra llorar por todo.
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ANECDOTARIO DE POETAS (366): García Montero sostiene que Miguel Hernández era homófobo, reaccionario y dogmático
Hay pocos poetas tan solitarios y conmovedores como Miguel Hernández en la historia española. Su altura lírica y su significación civil lo han acercado a nuestra educación sentimental, convirtiéndolo en el símbolo de los años dramáticos de la Guerra Civil y la represión de los vencedores. Pero es necesario meditar de manera más profunda el sentido de la soledad que domina sus poemas. No basta con apiadarse del pastor pobre que sufrió las cárceles del franquismo por su militancia comunista. Soportaba una herida anterior.
Miguel Hernández no pudo estudiar. Conviene recordar que no se trató de un problema económico, sino de la decisión de un padre reaccionario. En la España clerical que vio nacer a Miguel, la educación sólo era propia de los sacerdotes y de la clase destinada a dirigir el país. Desde muy joven el poeta vivió la tensión de las dos españas, pero como una herida interior, porque su firme vocación literaria, necesitada de estudio y diálogo con la modernidad, chocó con su propia ideología.
Guiado por el sacerdote Luis Almarcha y por intelectuales de inclinación fascista como Ramón Sijé y Ernesto Giménez Caballero, Miguel Hernández representó el papel devoto del pobre católico. Su figura de sencillo pastor-poeta fue utilizada como un arma contra los intelectuales de la República que habían perdido la inocencia. La imagen del buen cabrero suponía un testimonio para ridiculizar los esfuerzos republicanos en favor de la educación y la cultura. Miguel Hernández se vio así íntimamente enfrentado con los poetas a los que quería parecerse. Si Alberti estrenó en 1931 El hombre deshabitado, escenificando la crisis del hombre moderno, Hernández contestó en 1934 con el auto sacramental Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras para pedir respeto a la divinidad. Publicó también una Profecía sobre el campesino contra la reforma agraria, defendiendo el regreso al orden de los caciques y al seno de la Iglesia.
Todavía en 1935 escribe lo siguiente en el Silbo de afirmación de aldea: “Huele el macho a jazmines, / y menos lo que es todo parece / la hembra oliendo a cuadra y podredumbre”. Es decir, en el Madrid moderno los hombres son maricones y las mujeres putas. Se ha hecho mucha demagogia sobre la prevención que poetas como Alberti o García Lorca sintieron ante el autor pobre. Pero un mínimo conocimiento de la historia justifica la poca simpatía que despertaba un muchacho clerical y homófobo que afirmaba escribir “con más cojones” que todos los poetas de España. Para comprender la soledad de Miguel Hernández hay que darse cuenta del enfrentamiento íntimo que sentía al verse obligado a despreciar aquello mismo que admiraba.
Tampoco lo tuvo fácil con las mujeres. El rayo que no cesa, publicado en 1936, es un libro de altísima calidad poética. Pero el ideal de mujer que propone, y que le hace sufrir una dura angustia sexual, es el de una aldeana castísima que se indigna si su novio se atreve a besarla en la mejilla. Esta ideología estaba ya fuera de lugar en la España representada por María Teresa León, María Zambrano o Victoria Kent. Las nuevas ideas eran incompatibles con la visión de la feminidad expresadas en versos como “tus piernas que implacables al parto van derechas”.
La conversión a la izquierda de Miguel Hernández fue repentina y tajante. La devoción que antes reclamaba como católico se convirtió en pureza dogmática dispuesta a dar lecciones de comunismo, lo que creó nuevas tensiones entre sus compañeros. Sólo al final de la guerra, como se ve en El hombre acecha, abjura de la agresividad y llama por sus nombres a los demás poetas en busca de un abrazo. Apuesta entonces por una palabra sosegada y leal a la vida. Es el tono de su Cancionero y romancero de ausencias, una de las cumbres de la lírica española.
Podremos comprender la dimensión del drama humano del poeta si advertimos que sólo en la derrota empezó a sentirse acompañado. Su mejor lección la escribió cuando no quiso dar lecciones. Sus viejos amigos fascistas le pidieron un gesto de acercamiento al Régimen para sacarlo de la cárcel. Él prefirió morir junto a sus camaradas. Esta es la verdadera significación histórica de la soledad y la compañía de Miguel Hernández. En su interior vivió y superó las contradicciones de lo que, años después, Gil de Biedma llamó “un intratable pueblo de cabreros”.
TROYA LITERARIA (363): Cioran contra las cartas de Rilke
Las cartas de Rilke, que tanto aprecié hace tiempo, qué exangües e insulsas me parecen hoy. No se hace la menor alusión en ellas al lado mezquino de la pobreza. Escritas para la posteridad, su “nobleza” me exaspera. Ángeles y pobres son en ellas vecinos. ¿No hay acaso cierto descaro o una ingenuidad calculada en hablar largamente de ello en las dirigidas a duquesas? Jugar al espíritu puro raya en la indecencia. Yo, que no creo en los ángeles de Rilke, creo menos aún en sus pobres. Demasiado “distinguidos”, carecen de cinismo, la sal de la miseria. Por el contrario, las cartas de un Baudelaire o de un Dostoievski –cartas de pedigüeños– me conmueven por su tono suplicante, desesperado, anhelante. Se siente que si hablan de dinero es porque no pueden ganarlo, porque han nacido pobres y lo serán siempre, suceda lo que suceda. La pobreza les es consustancial. Apenas aspiran al éxito, pues saben que no podrían obtenerlo.
EMILE CIORAN, Ensayo sobre el pensamiento reaccionario y otros textos, Montesinos, Barcelona, 1985, pág. 151, traducción de Rafael Panizo
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jueves 29 de septiembre de 2011
Galería fotográfica de la manifestación de esta noche
Hemos salido a las 20:00 y hemos llegado a Sol sobre las 21:15. La manifestación ha tenido muchas paradas porque los vehículos policiales que marchaban por delante eran los que nos marcaban el arritmo. La media de edad de los participantes ha sido más alta que en otras manifestaciones, porque ha habido mucha presencia sindical, sobre todo de la CGT, CNT o Solidaridad Obrera, aunque también se han hecho notar las gentes llegadas de distintas asambleas populares surgidas tras el 15-M. Habremos sido unas cinco mil personas. La marcha se ha desarrollado con buen ambiente y cánticos constantes contra los recortes, contra Esperanza Aguirre o contra el bipartidismo político o sindical, aunque las consignas que más se han coreado eran las que invitaban a una huelga general. No ha existido ningún incidente, al menos hasta las 21:30, hora en la que debía irme.
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ANECDOTARIO DE ESCRITORES (239): Valle-Inclán consuela a Lorca tras su primer fracaso teatral
El teatro de Valle es una película de muertos con los cuerpos y almas que tuvieron, y todo ello forma una saga galaica y carlista que el público galdosiano de Madrid tardaría en asimilar, porque Valle había tenido su época mala en la que consolaba al joven García Lorca diciéndole que él también, tiempo atrás, estrenó sin público y cenó de su hambre. Valle le pronosticaba al joven poeta andaluz que todo Madrid acabaría yendo a su teatro, y Lorca le replicó:
-Lo que temo es que vengan de uno en uno.
FRANCISCO UMBRAL, Amado siglo XX, Planeta, Barcelona, 2007, págs. 70 y 71
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Una reflexión de MIGUEL DE UNAMUNO
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La literatura no puede ser en parte alguna, y menos que en cualquier otra parte en España, labor de mera contemplación artística. El encerrarse el literato en su torre de marfil a rezar letanías a la Belleza es hoy un crimen. Nuestro primer deber es el de educar al pueblo, y literatura que no sea, de un modo o de otro, con propósito o sin él, educadora, se secará pronto. El mismo pasajero recreo que ciertas obras nos procuran sólo tiene valor en cuanto nos alegra la vida y nos anima el descanso con frescuras de restauración de fuerzas. Eso que llaman algunos arte puro suele parar en una infecunda masturbación, que hasta como placer es de la más baja estofa. Los más grandes genios de la literatura y del arte, los más soberanos creadores de belleza, han sido siempre sumos sacerdotes del ideal y maestros supremos de los pueblos
La literatura no puede ser en parte alguna, y menos que en cualquier otra parte en España, labor de mera contemplación artística. El encerrarse el literato en su torre de marfil a rezar letanías a la Belleza es hoy un crimen. Nuestro primer deber es el de educar al pueblo, y literatura que no sea, de un modo o de otro, con propósito o sin él, educadora, se secará pronto. El mismo pasajero recreo que ciertas obras nos procuran sólo tiene valor en cuanto nos alegra la vida y nos anima el descanso con frescuras de restauración de fuerzas. Eso que llaman algunos arte puro suele parar en una infecunda masturbación, que hasta como placer es de la más baja estofa. Los más grandes genios de la literatura y del arte, los más soberanos creadores de belleza, han sido siempre sumos sacerdotes del ideal y maestros supremos de los pueblos
MIGUEL DE UNAMUNO, introducción al discurso "Por la patria universal" en los Juegos Florales de Bilbao de 1901, Discursos y artículos, Obras Completas IX, Escelicer, Madrid, 1971, pág. 820
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TROYA LITERARIA (362): Lamartine contra "Los Miserables", de Victor Hugo
Según Lamartine, lo más débil de Los Miserables es lo novelesco: “Toda aquella parte novelesca que sale de acontecimientos arbitrariamente inventados por las necesidades del drama, es la parte débil de la novela. Cada vez que el autor necesita un personaje, lo llama del fondo de la nada, como en los cuentos de hadas o como en los cuentos de Voltaire, y el personaje obedece, contra toda verosimilitud, a la llamada del escritor”.
Acusa a Victor Hugo de palabrería, de hacer una “exhibición de ciencia sobre naderías”. Reconoce en Marius, joven, un autorretrato del autor y considera la descripción de los amores de Cosette y Marius “el más delicioso cuadro de amores” que Victor Hugo haya escrito. En cambio, le parece ridículo que se titule “Epopeya de la rue Saint-Denis” a “una fantasía heroica de estudiantes ociosos... que no tienen una idea definida, ni medios practicables, ni un objetivo confeso y confesable”.
Sobre esta “epopeya” añade que los rebeldes se baten por algo que nadie sabe lo que es, un enigma “que no es ni la monarquía legítima, ni la realeza de ocasión de 1830, ni la república propiamente dicha, ninguna forma definida de gobierno, sino yo no sé qué, algo que se llama a veces la democracia, a veces el ideal, en realidad la bandera roja”.
En resumen, para Lamartine Los Miserables es una historia dramática, exagerada, truculenta, llena de “quimeras” sociales y políticas, una novela que no sobreviviría si no fuera por el enorme talento verbal y la fuerza lírica de Hugo, capaces de dar un semblante verosímil a esas “irrealidades”.
De estas premisas, Lamartine concluye que esta novela es “peligrosa” para el pueblo por su “exceso de ideal”: “El libro es peligroso, porque el peligro supremo en lo relativo a la sociabilidad consiste en que si el exceso seduce al ideal, lo pervierte. Apasiona al hombre poco inteligente por lo imposible: la más terrible y la más homicida de las pasiones que se puede infundir a las masas, es la pasión de lo imposible. Porque todo es imposible en las aspiraciones de Los Miserables, y la primera de esas imposibilidades es la desaparición de todas nuestras miserias”. “Si engañáis al hombre lo enloqueceréis; y cuando, desde la locura sagrada de vuestro ideal, lo dejéis caer de nuevo en la aridez y desnudez de sus miserias, lo convertiréis en un loco furioso”.
MARIO VARGAS LLOSA, La tentación de lo imposible, Alfaguara, 2004, Madrid, págs. 213-215
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Hoy, a partir de las 19:30, desde Cibeles hasta Sol, primer paso hacia una huelga general
La orden de los disecadores ha sufrido un accidente de veracidad y tiene rotura de ligamentos; vivimos en las postrimerías del Antiguo Régimen. Los viejos grandes señores, sombrero de ala corta, chaleco con leontina, gemelos relucientes, se reúnen en el Parlamento y diseñan planes para que los topos continúen haciéndole frente al día. Defendamos los latifundios, dicen. Acabemos con el 15-M. Mientras, en la calle, en la plaza, en el foro, las nuevas propuestas se pasean con descaro y sin necesidad de imposiciones: el fenómeno revolucionario no es un catecismo sino una irradiación. Y sí, es cierto: los políticos y los banqueros pertenecen al mismo reino de los insectos que los rebeldes, pero mucho cuidado: ellos son las chinches y los piojos y nosotros somos las luciérnagas.
Se están poniendo parrillas en Sol: en menos de un mes nos vamos a comer el caballo viejo. Esta revolución es bella y voraz y furiosa como todas las revoluciones, pero nosotros vamos a tratar de que sea eterna.
Se están poniendo parrillas en Sol: en menos de un mes nos vamos a comer el caballo viejo. Esta revolución es bella y voraz y furiosa como todas las revoluciones, pero nosotros vamos a tratar de que sea eterna.
Hoy. Jueves. 19:30. Plaza Cibeles. Manifestación hasta Sol para protestar contra los recortes y preparar una huelga general.
El hombre no ha concluido.
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miércoles 28 de septiembre de 2011
Una reflexión de EMILE CIORAN
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Para escribir algo hilado hay que ser un hombre activo. Yo nací en el fragmento. He escrito también textos más hilados, pero no vale la pena citarlos. Ahora ya sólo escribo aforismos: soy víctima de mis propias ideas. Como todo lo que he hecho era atacar la literatura, atacar la vida, atacar a Dios, ¿por qué habría de escribir algo hilado en esas condiciones? ¿Para probar qué? Fue una lógica inflexible la que me condujo a esa actitud y, además, es la más indicada para mi temperamento. Nunca he escrito nada sin partir de los datos vividos. Todo lo que he escrito, lo he escrito por esto y esto y esto, porque, como ya he dicho, he tenido la ventaja de no ser profesor, de no enseñar, de no practicar profesión alguna y, por tanto, no estar sometido a ninguna clase de rigor intelectual. Siempre me he considerado irresponsable. Por tanto, para mí escribir es decir lo que quiero, sin perjuicio de contradecirme, eso no tiene la menor importancia
EMILE CIORAN, Conversaciones, Tusquets, Barcelona, 1996, pág. 61, traducción de Carlos Manzano
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Para escribir algo hilado hay que ser un hombre activo. Yo nací en el fragmento. He escrito también textos más hilados, pero no vale la pena citarlos. Ahora ya sólo escribo aforismos: soy víctima de mis propias ideas. Como todo lo que he hecho era atacar la literatura, atacar la vida, atacar a Dios, ¿por qué habría de escribir algo hilado en esas condiciones? ¿Para probar qué? Fue una lógica inflexible la que me condujo a esa actitud y, además, es la más indicada para mi temperamento. Nunca he escrito nada sin partir de los datos vividos. Todo lo que he escrito, lo he escrito por esto y esto y esto, porque, como ya he dicho, he tenido la ventaja de no ser profesor, de no enseñar, de no practicar profesión alguna y, por tanto, no estar sometido a ninguna clase de rigor intelectual. Siempre me he considerado irresponsable. Por tanto, para mí escribir es decir lo que quiero, sin perjuicio de contradecirme, eso no tiene la menor importancia
EMILE CIORAN, Conversaciones, Tusquets, Barcelona, 1996, pág. 61, traducción de Carlos Manzano
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ANECDOTARIO DE ESCRITORES (238): Ionesco se reivindica como fundador del teatro del absurdo por delante de Beckett
No puedo impedir que mis obsesiones, mi vanidad, me perturben. Es asimismo muy irritante oír decir o leer en un diario que Beckett es el promotor del teatro llamado “del absurdo”. Soy yo después de todo quién, con la puesta en escena de Nicolas Bataille, ha hecho representar en 1950, La cantante calva en los Noctambules, y en 1951, La lección, en el Teatro de Bolsillo. En abril de 1952, Las sillas en el Teatro del Nouveau-Lancry, con la puesta en escena de Sylvain Dhomme. En 1953, Víctimas de deber con Jacques Lauclair; en 1954, Amadeo o cómo salir del paso, con la puesta en escena de Jean-Marie Serreau. Soy yo quien ha “inventado” (en el sentido de “descubrir”) a esos actores maravillosos, Paul Chevallier, Tsilla Chelton. O más bien son mis directores quienes los han descubierto (o inventado). Sí, es Sylvain Dhomme, es Bataille, es Jacques Mauclair, quienes han hecho conocer a estas figuras extraordinarias: Tsilla Chelton, casi olvidada, Paul Chevallier, Cl. Mansart (muerto joven), la maravillosa y tan graciosa Rosette Zucchelli, “la Zucchelli”, como le divertía llamarse a sí misma (muerta joven, ay, ella también, a los treinta y siete años, rodeada de comediantes jóvenes, inteligentes, agudos, llenos de humor, que no han hecho “carrera”), Paulette Frantz, J.-M. Chauffard (que actuó, también, admirablemente, en A puerta cerrada). Estos actores muy talentosos tenían un estilo de interpretación que se perdió cuando las obras fueron representadas años después en los grandes teatros y en el exterior. Hacían una especie de “distanciamiento” no del todo brechtiano, un distanciamiento realizado mediante el humor, la risa, una risa y un humor “serio”, si se puede decir así, tenían un estilo 1945-1950, el de los cafés-teatro de Agnès Capri, del cabaret de las “Cuatro estaciones”, etcétera. Además, los brechtólogos no comprendían a Brecht, a quien hacían aún más pesado.
Beckett, él hizo su aparición en el teatro sólo a fines de 1953, con Esperando a Godot. El teatro llamado “del absurdo” (Esslin) o del “escarnio” (definición de E. Jacquart) y que yo prefiero llamar “el teatro nuevo” o “de vanguardia”, una vanguardia siempre viva, puesto que desde la década de 1950, este teatro, tan característico, no ha tenido un sucesor: el teatro nuevo prosperaba ya en escena conmigo, Adamov y también gente como Jean Tardieu (insuficientemente reconocido) y también los más jóvenes, Weingarten (Akara data ya de 1947, creo), Dubillard y Raymond Queneau, sobre todo, que no ha escrito especialmente para el teatro, pero que ha sido “teatralizado”; se han representado sus Diálogos: Exercises de style, montados por Grenier y Hussenot. Se dice que Beckett ya había escrito su Godot, en 1947. Pero fue bien discreto. Por otra parte, los primeros ensayos de escritura de La cantante calva, que se titulaba entonces El ingles sin profesor, yo los había escrito ya en 1943 en Rumanía, y puedo comprobarlo fácilmente.
Además, Beckett no es lo que se llama un “miembro” de la familia “del absurdo”: su humor proviene de otra parte, pertenece a otra tradición, otro folklore, irlandés.
Al decir que Beckett es el promotor del Teatro del Absurdo, al ocultar que fui yo, los periodistas y los historiadores aficionados de la literatura cometen una desinformación de la cual soy víctima, y que es premeditada. ¡Porque yo no les gusto! Porque yo no era comunista, cuando no serlo era mal visto. No me han perdonado haber sido comunista antes que ellos. Era una impertinencia. Me lo han confirmado Marcabru, Arrabal y otros...
Además, en la primera edición del teatro del absurdo, Martin Esslin me daba, como es justo, el lugar principal e inaugural del movimiento. Después en las ediciones siguientes (¡y me da rabia!) ha hecho una amalgama, y no menciona mi nombre sino en el medio (o hacia el final) de una cantidad de autores de esa vanguardia y que parecen así precederme, no sucederme. Esslin evita dar fechas. El orden es falso.
EUGÈNE IONESCO, La búsqueda intermitente. Diario íntimo, Gedisa Editorial, Barcelona, 1989, págs. 51-53
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Catorce meteoros negros
• • • Tendría que haberme matado cuando murió mi padre. Pero qué me voy a matar, si para eso hace falta algún brío y yo tengo miedo hasta de mi propia respiración. Los hay que son valientes y los demás escribimos poemas.
• • • Que haya venido a Madrid y me haya puesto a escribir sin ninguna vocación, que esté cargando con el fardo de las letras cuando la literatura me importa cero, es que lo pienso un poco y es increíble. Soy un caso modelo de endemoniado, estoy seguro.
• • • De qué color es la muerte. Quiero saber. Los vivos no me interesan nada.
• • • Recuerdo que en Lauros se decía que mi padre se volvió loco a partir de los 45 años. Cuarenta y cinco años. Yo tengo 37. Me quedan ocho para seguir viendo las cosas como son. ¿O quizá como no son?
• • • No voy a tener cojones para acabar El hijo de Puskas. Lo noto. Me dedico a escribir los capítulos folclóricos porque no tengo redaños para dirigirme al centro.
• • • Sobre el esfuerzo físico que necesito para escribir sobre mi padre y sobre Iratxe. Acabo un texto sobre ellos y tengo que ingerir de inmediato dos platos de comida, porque me quedo literalmente vacío.
• • • Qué cansancio este de recoger los cristales de mi padre muerto. Cuántos cristales. Miles de cristales. Y ahora, los cristales de Iratxe. Más cristales. Millones de cristales.
• • • Pero no consigo ser sombrío. No duro apenas. Es una gran ventaja. Siempre he pensado que lo más importante es el primer disparo, que nada más nacer le decimos sí o no a la vida. Yo dije sí.
• • • Iratxe y mi padre. Cuando vivían no eran tan fieros. Pero ahora. Creo que hasta quedan juntos y hablan de mí. Me los imagino. Se ríen a carcajadas.
• • • Tenía un muerto. Ahora tengo dos. Un muerto y una muerta. Les doy de beber todos los días. Es importante la bebida. Para que no se mueran en serio.
• • • Por lo menos, estoy totalmente solo. Gracias a dios que estoy solo. Tener amigos y esas mierdas, vamos, lo único que me faltaba.
• • • En marzo estuve peor. Bebía. No sólo porque me gustara beber: lo que me gustaba era mirarme al espejo mientras bebía; hallaba placer en humillarme, en decirme qué grande eres, Batania, pero qué grandísima basura.
• • • Iratxe arruina los bosques de coníferas. Iratxe incendia los campos de trigo. Iratxe asalta los supermercados y deja en la caja tulipanes amarillos. Iratxe crece dentro de mí, la siento crecer, qué desgracia.
• • • Pero escribo. Sigo adelante. La vocación se puede inventar. El talento es una suma de esfuerzos artificiales. Sigo adelante. Los próximos meteoros serán blancos.
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Una mujer
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Una mujer sin arpa y sin abrazos,
amazona frutal y demasiada,
una mujer como Iratxe sin Iratxe.
A esa mujer le cambiaría cada tarde
los gladiolos y jazmines de su cuarto,
y no la llamaría Celia si se llama Nuria
y tampoco le pondría veneno en su tetera.
Le contaría mis grandes mentiras enormes
con un pomelo prendido en el pecho,
y todas las noches le haría un poema de amor
poniendo a sabiendas algunos errores,
pues sólo los poemas de amor espantosos
demuestran un pulso de amor verdadero.
Con esa mujer bebería vino y cerveza
hasta agotar las fuentes y las barricas
y ponernos rojas las puntas de las narices,
y hasta le enseñaría a asustarse de los cisnes.
La besaría muy fuerte sin acabarme de saliva
y le mostraría la doble torre de mi tristeza
(aquí me duele aita, aquí me duele Iratxe)
a grandes carcajadas, mientras le explico
los rodeos de las moscas sobre las bombillas.
Con esa mujer saldría a la calle pintado de novio
y vestido con hojas de parra transparentes,
y hablaría con ella con la misma seriedad
con la que hablan las monjas con camisones.
Pero que sea sin arpa y sin abrazos,
una mujer frutal y demasiada.
Que sea como Iratxe sin Iratxe.
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Una mujer sin arpa y sin abrazos,
amazona frutal y demasiada,
una mujer como Iratxe sin Iratxe.
A esa mujer le cambiaría cada tarde
los gladiolos y jazmines de su cuarto,
y no la llamaría Celia si se llama Nuria
y tampoco le pondría veneno en su tetera.
Le contaría mis grandes mentiras enormes
con un pomelo prendido en el pecho,
y todas las noches le haría un poema de amor
poniendo a sabiendas algunos errores,
pues sólo los poemas de amor espantosos
demuestran un pulso de amor verdadero.
Con esa mujer bebería vino y cerveza
hasta agotar las fuentes y las barricas
y ponernos rojas las puntas de las narices,
y hasta le enseñaría a asustarse de los cisnes.
La besaría muy fuerte sin acabarme de saliva
y le mostraría la doble torre de mi tristeza
(aquí me duele aita, aquí me duele Iratxe)
a grandes carcajadas, mientras le explico
los rodeos de las moscas sobre las bombillas.
Con esa mujer saldría a la calle pintado de novio
y vestido con hojas de parra transparentes,
y hablaría con ella con la misma seriedad
con la que hablan las monjas con camisones.
Pero que sea sin arpa y sin abrazos,
una mujer frutal y demasiada.
Que sea como Iratxe sin Iratxe.
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Con ellos
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Cuánto darías para que volvieran
los tuyos que marcharon,
Iratxe y el perro, tu padre
y el perro, Iratxe y tu padre,
cuánto darías por vivir con ellos
contra todo el mundo
bajo un cielo que no fuera
de ninguna parte.
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Cuánto darías para que volvieran
los tuyos que marcharon,
Iratxe y el perro, tu padre
y el perro, Iratxe y tu padre,
cuánto darías por vivir con ellos
contra todo el mundo
bajo un cielo que no fuera
de ninguna parte.
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martes 27 de septiembre de 2011
ANECDOTARIO DE ESCRITORES (237): Shakespeare fue acusado de plagio por algunos de sus contemporáneos
Además de ser un lugar común de la literatura la cuestión de si William Shakespeare escribió realmente las obras que se le atribuyen, también se ha hablado mucho de si, dando por cierto que él las publicó, plagió en ellas las de otros autores. A este respecto, las acusaciones de plagio se remontan a épocas contemporáneas al propio Shakespeare. En septiembre de 1592, el dramaturgo inglés Robert Greene (1558-1592) escribió en su lecho de muerte una carta dirigida a sus amigos y colegas Christopher Marlowe (1564-1593) y Thomas Lodge (1558-1625), previniéndoles contra "un advenedizo, un grajo que se adorna con nuestras plumas, con un corazón de tigre envuelto en piel de cómico". Esta dura acusación de plagiario iba dirigida contra William Shakespeare. Según los historiadores de la literatura, algo había de cierto en esta acusación puesto que Shakespeare escribió un drama en tres actos sobre la vida del rey inglés Enrique VI muy similar en su estructura y desarrollo a dos obras escritas años antes por Greene, Marlowe, Lodge y Pool sobre la vida del mismo monarca. El propio Shakespeare se defendió de esta y otras muchas acusaciones similares que pesaron sobre él escribiendo: "He rescatado las ideas interesantes de unas obras bastante mediocres y las he mejorado".
GREGORIO DOVAL, El libro de los hechos insólitos, Alianza Editorial, Madrid, 1994, págs. 226
Sólo extranjero
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En Lauros la casa más alta una iglesia,
aquí las casas más altas los bancos.
En Lauros mandaba y decía un partido,
aquí dos partidos deciden lo mismo.
En Lauros: nosotros los vascos
y vosotros los españoles.
Madrid: nosotros los españoles
y vosotros los inmigrantes.
Así lo veo.
Por más vueltas que dé la peonza,
siempre se imponen los concluidos.
Lo único digno es ser extranjero.
Sólo extranjero.
Como son los libres
o los que quieren serlo.
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En Lauros la casa más alta una iglesia,
aquí las casas más altas los bancos.
En Lauros mandaba y decía un partido,
aquí dos partidos deciden lo mismo.
En Lauros: nosotros los vascos
y vosotros los españoles.
Madrid: nosotros los españoles
y vosotros los inmigrantes.
Así lo veo.
Por más vueltas que dé la peonza,
siempre se imponen los concluidos.
Lo único digno es ser extranjero.
Sólo extranjero.
Como son los libres
o los que quieren serlo.
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ARCADIA LITERARIA (44): Trapiello a favor de Unamuno
BUSCANDO un dato para el libro sobre Cervantes, he abierto hoy un tomo de las obras completas de Unamuno. Son ocho, en cuarto, con una tipografía menuda y apretada, del 9 al 11, quizá, con 1.500 páginas cada uno. Apabullan como una gran ciudad, hoy devorada por la selva. ¿Quién leerá lo que don Miguel escribió de don Quijote, quién sus Andanzas y visiones españolas maravillosas?
Era una raza superior de hombres y escritores. Unamuno tuvo ocho o nueve hijos, dio clases toda su vida, iba al Casino de Salamanca a perder el tiempo y a hablar de política municipal, venía al Ateneo de Madrid, epistolaba con medio mundo. Se le tenía por el hombre más leído y culto de Europa, de vez en cuando le nombraban rector o le destituían, y de vez en cuando le mandaban cinco o seis años al destierro, estaba al tanto de lo que publicaba la prensa italiana, francesa, alemana e inglesa, encontraba tiempo para pasear por la carretera vieja de Zamora y escribir, durante los últimos diez años de su vida, un poema diario, sin desatender naturalmente los compromisos con los periódicos nacionales y americanos. Encuentra uno esta tarde especialmente dulces muchas de esas páginas. Venía para una consulta de unos minutos, y me he quedado tres horas. Como cuando sale uno a comprar una aguja a la mercería de la esquina, baja, y la vida lo leva por ahí, de un lado para otro, como el trozo de corcho de un naufragio a lomos de las olas. Mi amado Unamuno, tan imperfecto, tan discutible e intratable, tan distinto a todos, incluso, naturalmente, de uno mismo, pero siempre tan disponible. Ni siquiera le reprocha uno que no tuviera sentido del humor. De haberlo tenido habría sido como Chesterton. Pero era un hombre triste. Por eso hoy, casi sesenta años después de su muerte, aún puede conmovernos tanto o más que su inteligencia, su talante melancólico y solitario.
ANDRÉS TRAPIELLO, Salón de pasos perdidos, 7. Una caña que piensa, Pre-textos, Valencia, 1998, págs. 314 y 315
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TROYA LITERARIA (361): Evaristo Ribera Chevremont contra el soneto en particular y la poesía métrica en general
Estamos asistiendo a una revolución lírica que destruirá todo lo que hasta aquí se ha hecho. Hay que nacer de nuevo. La consigna es anteponer el verso rítmico al verso métrico. Es sustituir la imagen indirecta por la imagen directa. La verdad está en la esencia y la potencia del poema, no en la metrificación, que puede llegar a ser un ejemplo de mecánica exterior, pero nunca una revelación de los fluidos psíquicos superiores del poeta. Porque debemos darnos cuenta –y es el momento de salir de nuestra ignorancia– de que no es amontonamiento de palabras lo que constituye la poesía, sino una sutil y cuidadosa enunciación de palabras que obedezcan a un estado del alma para dar aquellas imágenes que perfilan con exactitud el espíritu de las cosas, y que, al dejar el mundo de la nada para entrar en el mundo de las formas, resultan en todos los momentos de realización de la belleza, un pálido reflejo de lo visto o imaginado. Yo rompo la métrica y la rima, y agujereo el porvenir con mi grito, con mi más colérico grito, con mi grito de hondero que lanzó la piedra: ¡Abajo el soneto, esa pieza que fue flor de orfebrería y pensamiento en Darío, sol de imágenes y rarezas en Herrera y Reissig, copia de magia de Lugones, y modelo de plasticidad en Guillermo Valencia; pero que, deformado por el pobre Francisco Villaespesa, ha quedado convertido luego en receptáculo de cuanto poetastro pare el Mundo...!
A la poesía no le viene bien el verso métrico.
Me hieden ya los cadáveres de Campoamor y Núñez de Arce. Me aburre el cacareo monótono de las diuturnas taravillas de corral. Me fastidia el perfume soso y frío de la rosa, el vuelo igual y barato de los pajaritos en las enramadas. Fuera la rosa, el clavel y la luna. Rompamos la vara de medir versos. Desmetriquemos y desrimemos. Fuera el sonsonete que nos hizo idiotas desde los días del colegio. Demos un puntapié al pasado, a la tradición y a la muerte. Seamos niños... Empecemos otra vez a ver las cosas con ojos infantiles, para que descubramos nuevos matices y ritmos. Sobre todo, descubramos nuevos ritmos. El ritmo es todo: la armonía, la correspondencia de las palabras y las ideas, la correspondencia del espíritu con el cuerpo menudo e inmenso del Cosmos.
EVARISTO RIBERA CHEVREMONT, El hondero que lanzó la piedra, publicado en Puerto Rico Ilustrado el 12 de abril de 1924 y recogido por Jorge Schwartz en Las vanguardias latinoamericanas, Cátedra, Madrid, 1991, págs. 191-192
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lunes 26 de septiembre de 2011
ANECDOTARIO DE ESCRITORES (236): El oculista comunica a Borges que ya no podrá leer ni escribir
En 1954 el oculista comunicó a Borges que ya no podría leer ni escribir. La enfermedad le concedió pocas treguas. Un año más tarde, casi enteramente ciego, acabaron sus lecturas directas. El hecho lo reconcentró. Dejó más en la soledad a un hombre para el cual los libros -leerlos, escribirlos- eran la esencia y la razón de vivir. "Ellos son lo más importante para mí" había dicho muchas veces. Trataba por momentos de consolarse pensando que pertenecía al linaje de Homero y Milton. Con el tiempo pasó a hablar de esa enfermedad hereditaria con aparente serenidad. Al referirse a ella rehuyó el tono alarmista y quejumbroso, que, a pesar de todo su autocontrol, suele escapársele en algunos poemas.
Cuando el gobierno militar de turno lo nombro Director de la Biblioteca Nacional por una vez él atribuyó la paradoja a Dios. "... De esa ciudad de libros hizo dueños / a unos ojos sin luz, que sólo pueden / leer en las bibliotecas de los sueños / ...". Recalca la "magnífica ironía de Dios" que no se manifiesta tanto por la coincidencia que dos de sus más célebres antecesores en el cargo hubieran sido también ciegos (José Mármol y Paul Groussac) sino por el hecho de que les diera simultáneamente "ochocientos mil libros y la noche".
Aunque se moviera en ocasiones como un vidente por las encrucijadas del gran laberinto de papel, era imposible que el drama no afectara al lector lector innato que tiene al alcance de la mano 800 mil volúmenes y ya no puede leer ninguno. En su poesía se confiesa como muerto. Al fin y al cabo la lectura era su Paraíso y lo había perdido. "... Lento en mi sombra, la penumbra hueca / exploro con el báculo indeciso / yo, que me figuraba el Paraíso / bajo la especie de una biblioteca". Veinte años después diría que "la ceguera es una clausura, pero también es una liberación, una soledad propicia a las invenciones, una llave y un álgebra".
La pérdida de la vista lo convirtió en un inválido parcial. El caso era doblemente cruel. El lector voraz, el escritor que sopesaba cada frase y corregía interminablemente con sus propios ojos y su mano ya no pudo hacerlo. Nunca más le fue posible leer un libro. Ni intentar textos manuscritos o a máquina.
Tenía que seguir viviendo. O sea, debía continuar leyendo y escribiendo. ¿Cómo? Recurriendo al auxilio de los demás. Así fue sumando, una por una, personas que lo asistieran. Desde el primer momento, su madre. Ella atendió al hijo ciego en todos los menesteres de la vida diaria respecto de los cuales requiriera ayuda. Pero también lo secundó en la faena intelectual. Se sentaba en el sillón vecino con cuaderno y lápiz y recibía el dictado. Luego lo dactilografiaba. Enseguida lo leía para que el hijo corrigiera verbalmente una y otra vez hasta que diera a esa página el visto bueno y ella pudiera sacar en limpio los borradores. No se había impuesto todavía la boga de los ordenadores. Un solo error obligaba entonces a copiar de nuevo la hoja entera y la madre volvía a hacerlo. No digamos nada sobre el traslado de párrafos. Todo era entonces más artesanal y si uno se equivocaba o cambiaba algo tenía que pagarlo repitiendo toda la plana. Una sola persona no bastaba para afrontar tamaña tarea. Se sumaron parientes, amigos, sobre todo adorables Evas, que servían de lectoras de los libros solicitados por el ciego.
VOLODIA TEITELBOIM, Los dos Borges, Ediciones Meran, Albacete, 2003, págs. 172 y 173
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Para entendernos
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Lo que quiero decirte, Natalia,
es que rupia racanda sarpanda banda laranda
y que ébolo roco solo paladio diado cumprendio
y tus ojos didín anerame cariba caraba dondono
y además rintinon tarantan pontoplon rataplan
y tu boca un barrrum de jaspios bulumbas y aughs
y creo que sesisss nataplum bolia catasssssssss
y que te amo, joder,
Natalia,
tea–mo.
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Lo que quiero decirte, Natalia,
es que rupia racanda sarpanda banda laranda
y que ébolo roco solo paladio diado cumprendio
y tus ojos didín anerame cariba caraba dondono
y además rintinon tarantan pontoplon rataplan
y tu boca un barrrum de jaspios bulumbas y aughs
y creo que sesisss nataplum bolia catasssssssss
y que te amo, joder,
Natalia,
tea–mo.
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Batania
ANECDOTARIO DE ESCRITORES (235): Truman Capote se enamora de uno de los asesinos de "A sangre fría"
Un día la maldad absoluta vino a su encuentro cuando se hallaba con un martini en la mano. En The New York Times leyó que en Kansas una familia de granjeros, los Cutter, había sido asesinada con un extraño y metódico satanismo. Capote dejó a un lado la copa y recortó con unas tijeras aquella noticia. Algo le sacudió por dentro. Se acabaron las fiestas, el mundo dejaba de ser divertido. Propuso a la revista The New Yorker escribir una historia por entregas con los pormenores de aquel asesinato. Como un corresponsal en el infierno viajó a Kansas con su amiga Harper Lee y usando los recursos literarios de la ficción describió todos los detalles del crimen, el ambiente, los policías, los vecinos, los testigos y cuando los asesinos, Dick Hickock y Perry Smith, fueron detenidos, su interés por escarbarlos hasta el fondo de su alma se convirtió en una obsesión. Aquellas criaturas eran mucho más excitantes que las celebridades de Nueva York y ahora estaban a disposición de su talento. Truman Capote se refugió con su amigo en la Costa Brava, primero en Palamós y después en Platja d'Aro, con intervalos en Suiza, y allí la mariposa se convirtió en oruga para hilar de nuevo este capullo de sangre.
En ese momento ya era un drogadicto sin retorno. Había terminado la parodia de felicidad que se había empeñado en representar con su propio látigo. Ahora trataba de salvarse del inminente abismo mediante aquella historia. La publicación de A sangre fría se inició por capítulos en The New Yorker y en un punto de la trama la compasión por los asesinos y la necesidad del éxito en la novela entraron en colisión. Semejante tortura moral no pudo solventarla sino con más alcohol y más pastillas. Si Cristo en lugar de ser crucificado hubiera sido condenado a doce años y un día el asunto hubiera carecido de interés y no habría existido la Iglesia. Necesitaba que los asesinos fueran llevados al patíbulo para que la novela se pudiera salvar. Durante las visitas se había enamorado de uno de los reos. Te amo, pero deberás morir, para que yo triunfe como escritor, pensó mientras le daba un beso en la boca de despedida. Con este deseo tan estético puso de relieve la maldad que existe a veces en el fondo de la belleza.
Cuando la pareja de asesinos cayó en el foso con la soga al cuello Capote estaba allí entre los invitados sin saber que también él se hallaba ya en el corredor de la muerte. La novela A sangre fría fue un éxito mundial. Para celebrarlo el escritor obligó a todos los famosos de Nueva York a vestirse de blanco y negro para asistir a la fiesta que dio en el hotel Plaza. Allí aquel niño desamparado de Nueva Orleans llegó a la cima. Después quiso vengarse de sí mismo y de sus propias criaturas. Trató de seguir jugando para convertir en alta literatura los chismes con los que las divertía, pero ellas le dieron la espalda y la mariposa comenzó a sumergirse en el alcohol y a sobrevolar toda suerte de pastillas. Al final, en agosto de 1984, a los 60 años, en Los Ángeles, la muerte fue la última de las plegarias que le había sido atendida.
MANUEL VICENT, Póquer de ases, Alfaguara, Madrid, 2009, págs. 168-170
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domingo 25 de septiembre de 2011
Hoy, domingo, a partir de las 11:30, "Toma la fiesta" de la Asamblea Popular de Paseo de Extremadura, y a las 18:00, manifestación provivienda en Cibeles
En "Toma la Fiesta" participaré, a partir de las 13:30, en un recital poético junto con Pepe Ramos, Gsús Bonilla y Ana Pérez Cañamares.
sábado 24 de septiembre de 2011
ANECDOTARIO DE POETAS (365): Subastan todos los bienes de Bretón
Breton, en Nueva York, conoció a su última mujer visible con la lámina de Arcano 17 en la mano, la chilena Elisa. Pero... ¿no es una inglesa? Hasta su muerte, hace dos años, esta viuda del silencio, del talento y de la elegancia luchó por conservar el tesoro y el castillo de estrellas. Durante más de un cuarto de siglo recibió juramentos en falso de gobiernos perjuros. Unos le prometieron crear una Fundación del Surrealismo; algunos, un Museo André Breton, y otros, como Pilatos cosmopolitas, la Mansión Internacional de la Poesía. También hubo proyectos estraperlistas de entrada y otros que salían con ramos de comedión. Algunos ofrecimientos hubieran parecido insultantes si no hubieran sido presididos por la ignorancia de los taladradores con chinchetas. En 1924, André Breton escribió Los pasos perdidos.
La desidia de los mandos ha podido con Aube, la hija de André Breton (y de Jacqueline), y con Oona, la nieta del poeta. Atravesadas por los siete puñales de la Dolorosa, se han resignado a la subasta. Durante 37 años, ellas, solas o en colaboración con Elisa cuando aún estaba en vida, trataron de encontrar una solución con las sucesivas camarillas de pillas y pillos (algunos colaboradores en medios más o menos amarillos). A menudo se toparon con estrategias encontradas de ajedrez, como reinas promocionadas en peones. "El que ha participado en estas discusiones con funcionarios todopoderosos de la macroignorancia conoce lo que es la humillación". Uno de ellos instó: "Tenemos que llegar a un compromiso antes de las próximas elecciones, el anuncio de nuestro acuerdo conducirá a la V de la Victoria; luego sería demasiado tarde".
FERNANDO ARRABAL, La escandalosa subasta y dispersión de las colecciones de André Breton, EL PAÍS, 6 de marzo de 2003 (AQUÍ)
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