miércoles 31 de agosto de 2011

Las diez entradas de NEORRABIOSO más leídas en el mes de agosto

1. ¡Documento revelador!: El comportamiento REAL de los peregrinos en Madrid (AQUÍ)
2. Si me sigues besando se va a caer (AQUÍ)
3. No me pegue tanto, agente (AQUÍ)
4. El prototipo de acampado / indignado, según la mirada cómica de MONTEYS (AQUÍ)
5. Tanto te quiero (AQUÍ)
6. Pequeña guía antidisturbios de #tomalaplaza #infografía (AQUÍ)
7. Segunda tertulia con críticas feroces (AQUÍ)
8. ¿Cumpliendo órdenes? (AQUÍ)
9. En el cine de tu niñez pusieron un Zara (AQUÍ)
10. Nuevo y restallante triunfo de las fuerzas populares (AQUÍ)
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LEMAS DEL 15-M (156): Cuando lo excepcional se vuelve cotidiano...


Empieza lo bueno


Vienen algunos de los mejores días de nuestra vida, estoy seguro, los días o meses o años que darán un vuelco a este esperpento de polvos de talco, porque todas las maneras que usa el poder para seguir presentándose como La Gran Objetividad han sido desveladas y denunciadas, y ahora los señores del partido bicéfalo se parecen a ese mago cuyos trucos hubieran sido publicados en la portada del The Washington Post. Aquí hay dos partidos que son el mismo y su política está solapada y tutelada por los poderes económicos y religiosos. Aquí existe una constitución y un sistema electoral inamovibles y a medida de ese Partido Cipayo que sin embargo pueden cambiarse cuando vienen los jefes reales y tocan a botasilla; aquí se ordena a los cuerpos de seguridad que se salten todas las cartas de derechos humanos; aquí se miente y se delinque y se da asco en nombre de la verdad y la justicia y la democracia. Pero ya han sido denunciados. Sólo queda rematarlos. Sin prisa: por qué íbamos a tener prisa. Sin rencor: por qué íbamos a fruncir el ceño ahora que vamos ganando.
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LEMAS DEL 15-M (155): No tengo ni Ipad...



*Existe un grupo en Facebook con este lema (AQUÍ)

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (222): Los habituales fracasos amorosos de Stendhal


Se sabe desde hace tiempo que Stendhal no era ningún héroe como amante –y el propio escritor jamás niega ese dato melancólico–, no era un conquistador, y mucho menos el don Juan cuyo disfraz gustaba tanto de ponerse. Merimée nos cuenta que jamás vio a Stendhal en otra condición que no fuera la del enamorado, y casi siempre, por desgracia, la del hombre desdichadamente enamorado. “Mon attitude générale était celle d´un amant malheureux” (Mi actitud general era la de un amante desdichado); en algún momento se siente obligado a confesar que casi siempre tuvo mala suerte en el amor e incluso nos revela que “pocos oficiales del ejército de Napoleón poseyeron a tan pocas mujeres como él”. Sin embargo, su padre corpulento y su madre de sangre caliente le legaron una sensualidad apremiante: “un tempérament de feu” (un temperamento de fuego). Pero aunque su temperamento examine impaciente a todas las mujeres a fin de ver si es “ayable” para él, Stendhal seguirá siendo toda su vida, en cuestiones amorosas, un caballero de triste figura, y bastante triste, por cierto. En su casa, frente al escritorio, lejos de los disparos, este hombre que tanto disfrutaba saboreando el placer por anticipado, destaca por sus estrategias eróticas (“loin d´elle il a l´audace et jure de tout oser”; lejos de ella se siente audaz y jura atreverse a todo); escribe en su diario con cálculo exacto, excepto por la hora, el momento en que seducirá a su diosa de ese instante (“In two days, I could have her”) pero apenas se encuentra próximo a ella, el aprendiz de Casanova se transforma de inmediato en el más tímido de los bachilleres. Sus primeros asaltos terminan por lo general –y él mismo lo confiesa– con la puesta en ridículo del hombre delante de la mujer a punto de ceder. Se vuelve “timide et sot” cuando la galantería tendría que activarse; cínico cuando debería ser tierno; y sentimental en el segundo del ataque; en fin, que entre cálculos y temores, pierde y desperdicia las mejores oportunidades, y luego, también por timidez, por miedo a parecer sentimental y “d´être dupe” (ser engañado), este romántico atemporal oculta su ternura “sous le manteau de hussard” (bajo el manto del húsar), bajo la brusca y ruidosa grosería del cosaco. He ahí la razón de sus fracasos con las mujeres, esa secreta desesperación vital tan comentada por sus amigos. No hubo nada que Stendhal añorara tanto en su vida como los triunfos amorosos palpables. “L´amour a toujours été pour moi la plus grande des affaires ou plutôt la seule” (El amor ha sido siempre para mí la mayor de las aventuras, o más bien la única), y tampoco hay nadie, ningún filósofo, ningún poeta –ni siquiera Napoleón–, por quien revele un respeto tan grande como el que siente por su tío Gagnon o por su primo Martial Daru, que poseyeron incontables mujeres sin necesidad de aplicar ningún tipo de artificio espiritual o psicológico. Quizás ese respeto se deba precisamente a esto último, ya que Stendhal va llegando poco a poco a la conclusión de que nada dificulta más su éxito positivo con las mujeres que el compromiso sentimental: “con las mujeres se cosechan más éxitos cuando, para tenerlas, uno no se esfuerza más de lo que lo haría para ganar una partida de billar”, dice para persuadirse a sí mismo. “J´ai trop de sensibilité pour avoir jamais le talent de Lovelace” (Soy demasiado sensible como para tener algún día el talento de Lovelace). No hubo ningún otro problema sobre el que Stendhal reflexionara de un modo tan constante e intenso. Y es precisamente a esa nerviosa y espontánea anatomía propia de lo erótico a lo que Stendhal debe (y nosotros con él) la mirada perfecta y penetrante en la más delicada urdimbre de sus sentimientos. Según él mismo nos cuenta, nada lo educó más en la psicología que sus fracasos amorosos, el número reducido de sus conquistas (que él calcula en seis o siete).


STEFAN SWEIG, Tres poetas de sus vidas, Planeta, Barcelona, 2008, pág. 202-204. Traducción de José Aníbal Campos
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A Dios le gustan...


TROYA LITERARIA (341): Juan Abreu contra Gimferrer


Leo una entrevista (AQUÍ) con Gimferrer. A Gimferrer lo veía a veces cuando vivía en Barcelona en un video club donde yo iba a buscar pelis de Russ Meyer. Gimferrer siempre andaba disfrazado de algo a medio camino entre Nosferatu y Quasimodo. Los poemas de Gimferrer son engolados, floripondiales, culteritos y rimbombantes.

Detrás de esos churros se esconde un hombre feo.

En la entrevista, como quien no quiere la cosa, Gimferrer se compara con Dante y Góngora.

Vamos, poeta, no sea modesto.

Al principio, unos versos de Gimferrer:

“El crepúsculo cae, y nos enseña, / en el desistimiento del vivir, / la insistencia en vivir que tiene el día, / lo indesistido del amor que vive: / cara a cara nos vemos en la noche filmada, / Day for night, aporía del espejo, / porque el amor es un espejear, / la posesión del cuerpo en sus imágenes”.

Santocielo cuántas tonterías.

lo indesistido del amor que vive

Coño.

el desistimiento del vivir

Recoño.


JUAN ABREU, Emanaciones, 681 (AQUÍ)
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martes 30 de agosto de 2011

LEMAS DEL 15-M (154): No votes...


ANECDOTARIO DE ESCRITORES (221): María Kodama comienza a publicar obras que Borges desechó


Estalló una polémica a raíz de la reedición de El tamaño de mi esperanza. Originalmente aparecido en 1926, se sabe que el texto acriollado suscitó en Borges un agudo remordimiento. Dijo que no volvería a publicarse. Pese a tal rescripto El tamaño de mi esperanza tuvo a fines de 1993 dos ediciones de casi veinte mil ejemplares. La viuda no hizo reparos. Luego reaparecieron otros dos libros primerizos, El idioma de los argentinos e Inquisiciones. En convenio con grupos editoriales se acordó la edición de sus obras completas en ocho tomos. María Kodama prosigue imperturbable la tarea de publicar todo Borges, incluso textos que él desechó. Argumenta que el autor permitió la inclusión de páginas de El tamaño de mi esperanza en la edición francesa de La Pléiade, entre otras cosas porque sabía que circulaba en ediciones piratas. El asunto plantea un problema adicional: el derecho de un autor a condenar a muerte parte o la totalidad de su obra. Se recuerda el caso de Franz Kafka y el hecho de que su amigo Max Brod desobedeciera la orden de destruir sus textos inéditos. En general se estima que Max Brod hizo bien. En los anales de la literatura se dan también casos en que se cumple la voluntad del autor. Fernando Savater cita, por ejemplo, a la viuda de Mallarmé, que liquidó escritos estimados por su marido indignos de ser publicados. Algunos aplauden que obedeciera el encargo; otros lo lamentan. No se sabe a ciencia cierta cuánto perdió la literatura o cuánto perdió el prestigio de Mallarmé.


VOLODIA TEITELBOIM, Los dos Borges, Ediciones Merán, Albacete, 2003, págs. 257 y 258
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LEMAS DEL 15-M (153): No tenemos nombre...


Latas de cerveza


No más dinero: la altura
que alcanza el BBVA
me es suficiente
para condenar a mi época.
Seamos como latas de cerveza
bebidas y sucias y abolladas
y hagamos como ellas 
el mismo ruido rebelde y feliz
que suelen hacer las cosas
cuando se hallan vacías.




TROYA LITERARIA (340): Umbral contra Baroja (III)


Yo leí “Las Noches del Buen Retiro”. Lo único que me gusta es el título. Ahí, como en todos los libros de Baroja, están reunidos los materiales para una novela, pero sólo reunidos, amontonados. La novela habría que hacerla, escribirla. Baroja se limitaba a acumular materiales de construcción, pero nunca construía nada. En este libro hay personajes, historias, chismes, caracteres, peripecias, crónica madrileña, muchas cosas. Todo aquello con que se puede hacer una novela. Pero luego Baroja no la hace. Lo amontona todo de cualquier manera y lo deja ahí, en bruto.

Qué diferencia entre el fin de siglo madrileño que nos presenta Baroja y el fin de siglo parisino que nos presenta Proust. El clima de “Las noches del Buen Retiro” es casi proustiano. Qué más da una marquesa madrileña que una marquesa parisina. La diferencia está en el escritor, claro.

Baroja es una portera. Cuenta muchos chismes y los cuenta como una portera. Claro que una novela puede y quizá debe hacerse con chismes. Proust está lleno de chismes. Luego todo consiste en la hilatura que el escritor le dé al chisme. La hilatura de Baroja, ya digo, es de portera. Y la mala escritura de Baroja llega a ser intolerable. Una señorita elegante le dice a su cortejador, en esta novela: “Saldrían ustedes ganando dejando dirigirse por nosotras”. Esos dos gerundios seguidos y toda la estructura de la frase son como anteriores a la creación del castellano. Baroja no había accedido aún a la sintaxis, cuando se murió. Quiere decir la joven (supongo que se entiende a pesar de todo) que los hombres saldrían ganando si se dejasen dirigir por las mujeres. Ni siquiera la coartada del coloquialismo sirve aquí para disculpar a Baroja. En primer lugar, porque cuando habla él y no habla un personaje, redacta con igual brutalidad. Y luego porque ni siquiera en la conversación (y menos una señorita culta, como la que habla) se construyen así las frases, al menos en Madrid. Yo me exasperaba en silencio contra los entusiastas barojianos de la tertulia, o discutía con ellos, tratando de explicarles que escribir bien no es ponerle adornos a la prosa, sino sencillamente escribir. Lo de Baroja no era escribir.

Pero faltaban muchos años para que saliéramos de la autarquía cultural franquista (de la que indirecta e irónicamente se habían beneficiado Baroja y otros) y la gente supiese, por los estructuralistas y por cualquier otra lectura, que un libro consta sólo de palabras y que no hay distinciones entre escribir bien o escribir mal: sencillamente, hay que escribir, o sea crear el mundo mediante la escritura. Baroja no escribía sus novelas. Simplemente las apelotonaba.


FRANCISCO UMBRAL, La noche que llegué al Café Gijón, Destino, 1977, págs. 209 y 210
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LEMAS DEL 15-M (152): No somos mendigos...


lunes 29 de agosto de 2011

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (220): La asombrosa vitalidad de Tolstói en su vejez


Su vitalidad no tiene igual: frente a esa virilidad barbada y bíblica, campesina y bárbara, todos los artistas de la era moderna parecen afeminados o enclenques. Hasta los más cercanos, los que llegaron a una edad patriarcal por la duración de su fase creativa, ven envejecer el cuerpo cansado bajo el espíritu expansivo y cazador. Goethe (hermanado con Tolstói en el horóscopo por el mismo día de nacimiento, el 28 de agosto, y por mantener también su creativa versatilidad hasta los ochenta y tres años), permanece sentado a los sesenta tras la ventanas cerradas, gordo y temeroso del invierno desde hace mucho tiempo; Voltaire, anquilosado y más parecido a un ave siniestra y furibunda que a un hombre, garabatea en su escritorio papel tras papel; Kant recorre a duras penas, tieso y cansado, como una momia mecánica, la Königsberger Allee. Mientras tanto nuestro hombre, Tolstói, el anciano henchido, sumerge su cuerpo enrojecido en el agua helada, siega el jardín y corre con agilidad tras las pelotas cuando juega al tenis. Al hombre de sesenta y siete años aún le atrae la curiosidad de aprender a montar en bicicleta; a los setenta, viaja veloz sobre esquís por la pista de hielo; a los ochenta, tensa a diario los músculos con el esfuerzo de la gimnasia; y a los ochenta y dos años, a un paso ya de la muerte, azuza a su yegua con el látigo cuando ésta, después de veinte verstas de duro galope, se detiene o corcovea. Pero no, es mejor no comparar: el siglo XIX no conoce otro ejemplo de ua vitalidad ancestral semejante.


STEFAN SWEIG, Tres poetas de sus vidas, Planeta, Barcelona, 2008, pág. 230 y 231. Traducción de José Aníbal Campos
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LEMAS DEL 15-M (151): Como sabían que era imposible...


TROYA LITERARIA (339): Enrique Lihn contra la poesía de Borges


Estoy pensando también en la distinción que hace Northrop Frye entre una poesía musical según el uso sentimental de la palabra, que deriva de la armonía en el sentido de una relación estable y métrica, y lo que él llama el sentido técnico de la expresión musical y que reivindica para cierta clase de poetas. Desde luego, Borges no participa de este último tipo de musicalidad. Pero no sólo por esto, sino por su discursividad, es un poeta bastante académico.

[...] Su poesía en verso traiciona en exceso su conservantismo formal paralizante. Mientras que ya quisiera un revolucionario en la literatura alcanzar la coherencia con que Borges maneja los presupuestos de su mundo imaginario. En eso practica una revolución: en la manera de ser conservador. Así, por ejemplo, Borges ha puesto en obra la idea antihistoricista del tiempo circular bajo la especie de un relato que es también circular; es decir, a un nivel estructural: esto lo ha observado muy bien James Irby en esa nota que apareció en la Nueva Revista de Filología Hispánica, en 1962. Su conservantismo en poesía se resuelve en un revival, en el arrastrar materiales literarios usados sin vivificarlos haciéndolos cambiar de función. Ahí tienes esa métrica —ese ritmo externo y mecánico aprendido en las preceptivas: como se trata de un poeta que Frye llamaría poco o nada musical, apela a esos sustitutos del ritmo que son los versos "metronometrados" y rimados. Es una rima de una pobreza poco común, con meros sonidos idénticos, en las antípodas de la rima semántica que encuentra o descubre la homología del sentido en la homofonía en la semejanza o igualdad de los sonidos. Borges rima como lo hacía Núñez de Arce o algunos modernistas tan desasistidos como José Santos Chocano: espejos con reflejos, cielo y vuelo, impenetrable e inhabitable. Rimas obvias; ningún descubrimiento en la relación del sonido entre las palabras. Un diccionario de rimas, por la exigencia de exhaustividad propia del sistema, es más audaz. Y se trata de algo harto importante, el ritmo, que es inseparable de la gesticulación sintáctica: Piensa tú qué habría podido hacer Vallejo con un metrónomo y un diccionario de rimas, o Neruda en las Residencias, donde el ritmo envolvente e hipnótico es sustancial. Borges tampoco tiene un sentido mayor para la polisemia: su discurso es monosémico y gramaticalmente correcto, regular. Y francamente, aunque no cuente historias, la poesía de Borges reprocesa muy a menudo el material narrativo y reflexivo de sus ensayos y ficciones con mucha menos suerte que en esos dos géneros. En suma, me parece un poeta anticuado y desprovisto de ciertos sentidos que son esenciales para hacer el tipo de poesía que nosotros reconocemos como poesía moderna, independientemente de otras vertientes de la poesía que no están en cuestión y con las cuales es obvio que no se pueden filiar los versos de Borges.

[...] Yo me siento incluso inclinado a ser brutal en un cierto sentido. Creo que hay una expresión en inglés —prose meaning: el significado prosístico de un poema, y me parece que los textos poéticos de Borges no perderían demasiado si fueran vertidos en prosa. Es una forma extrema de pronunciarse sobre el caso, pero yo pienso que se ha extremado por otra parte desconsideradamente el valor de Borges como autor de versos. En cambio él es un poeta en el amplio sentido de la palabra, y una de las pocas figuras que si desapareciera del santoral de la literatura latinoamericana la condenaría al limbo de lo increado. Su especialidad es la Poética y no la poesía. Como autor de versos yo lo veo como un fracaso dorado. Y así habría que decirlo cada vez que se lo pone a la misma altura que nuestros poetas de veras fundadores. Si en cambio se habla de él sin esa prosopopeya, no vale la pena detenerse en este tipo de agresiones.

[...] Como gran poeta no funciona; como un poeta menor ya cambia la cosa: habría que tener una serie de contemplaciones, porque también es raro que un escritor tan inteligente escriba versos en Hispanoamérica.


ENRIQUE LIHN, conversando Pedro Lastra para Conversaciones con Enrique Lihn, capítulo recogido por Inti: Revista de Literatura Hispánica, Vol. I, Nº 8 (AQUÍ)
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LEMAS DEL 15-M (150): Todo es mentiraza...


domingo 28 de agosto de 2011

ANECDOTARIO DE POETAS (357): La pobreza de César Vallejo


A mí lo que me parece atroz es que usen a Vallejo como pretexto para irse a París a cuenta de una entidad cien veces litigada por no pagar beneficios sociales a sus despedidos.

Que una universidad se llame Alas Peruanas ya es extravagante. Pero que dos vocales supremos se vayan a París para hablar del poeta a cuenta de la universidad de los cien juicios –y que viajen con sus esposas- es simplemente pícaro.

Pobre Vallejo, qué tendrá que ver con estos sinvergüenzas.

Vallejo fue una de las más típicas víctimas del Perú.

Acusado de provocar un incendio durante unas jornadas de lucha social en Santiago de Chuco, su tierra natal, es encarcelado por lo menos tres meses en una cárcel de Trujillo.

Después de publicar, ante la indiferencia general o la hostilidad manifiesta de la crítica, “Los heraldos negros”, “Trilce”, “Escalas melografiadas” y “Fabla salvaje”, se va a París en 1923. Jamás regresará. Ni muerto.

No es que la pasara muy bien en París. La miseria –ese perro rabioso- lo perseguirá siempre.

En 1924, un año después de llegar a París, Vallejo enferma gravemente y tiene que ser operado. Una hemorragia intestinal ha estado a punto de matarlo.

Le escribe entonces, desde un hospital de la caridad, una carta a su gran amigo Pablo Abril de Vivero:

“Hay Pablo en la vida horas amargas, de una negrura negra y cerrada a todo consuelo. Hay horas mucho más siniestras que la propia tumba. Yo no las he conocido antes. Este hospital me las ha presentado y yo no las olvidaré...”

Negado para toda ambición, para todo sentido práctico de la vida y para todo asomo de autobombo, Vallejo se instalará en la bancarrota permanente igual que otros se acomodan en un chalé.

Alguna vez Gerardo Diego, su amigo, contará que Vallejo no tenía ni para el metro. Y Juan Larrea abundará en conmovedores detalles sobre ese estado de pobre vocacional y romántico sin concesiones.

Suficiente ha tenido Vallejo en el norte del Perú trabajando, como empleado administrativo, en la esclavista hacienda azucarera “Roma”, donde aprendió a compadecerse. Allí se le terminó la breve dosis de pragmatismo con que vino al mundo.

Vive de cachuelos, de traducciones ocasionales, de colaboraciones mal y tardíamente pagadas, de éxitos editoriales –como el de “Rusia en 1931”- que no dan dinero. No hay premios que lo socorran ni negocios que lo llamen. Vive al límite.

Encima, en ese mismo año de 1931, la policía política francesa lo señala como agente comunista y ordena su expulsión.

Se va a España con Georgette Phillippart. Allí asiste al nacimiento de la segunda República española. Se inscribe en el Partido Comunista de España. Ha roto con el Apra para siempre.

En 1932 regresa a París en secreto. Las cosas están tan duras que Georgette vende lo único que tiene –su pequeño piso de la rue Moliere-. A partir de ese momento la pareja vivirá en hoteles cada vez más sombríos.

Escribe y publica en revistas mayores y menores. Pero un intento de publicar su obra poética resulta fallido.

La agresión fascista en contra de la República española lo sacude en 1936. Y en 1937 ya está en Valencia, en el Congreso de Escritores que se pronuncia en contra de esa corriente que ha encumbrado a Hitler en Alemania, a Mussolini en Italia, al militarismo chauvinista en Japón y que está a punto de entregar España a las fauces falangistas.

Ese es el año en que termina “Poemas Humanos” y “España, aparta de mí este cáliz”.

En 1938, el día de viernes santo, Vallejo muere a los 46 años. Todo ha empezado con una fatiga banal. El médico que lo atiende en la clínica Villa Arago, adonde lo han llevado funcionarios de la embajada peruana en París, no sabe qué decir.

Vallejo morirá sin causa aparente. Los tantos años de pobreza han hecho también su trabajo. Sólo después, muchos años después, Georgette hablará de un paludismo rebrotado -diagnóstico que más parece un pretexto para escamotearnos la verdad: Vallejo pasaba hambre y su organismo estaba muy debilitado cuando lo internaron-.

Lo entierran en el cementerio de Montrouge. Sólo en 1970, sus huesos irán a parar adonde él había querido: a Montparnasse.

De modo que esta es, simplificada casi hasta la impertinencia, la dura vida de Vallejo en París.

Por eso es que una ira veteada de desprecio me sube a la cabeza y al corazón cuando pienso que un par de buscones van a París, con toga e impostura, a hablar de quien no saben y a citar a quien no debieran ni rozar.


CÉSAR HILDEBRANDT, Aparta de mí estos vocales, Diario La Primera, 12 de noviembre de 2009 (AQUÍ
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Batania es uno de los tres únicos indignados que aún no han sido agredidos por la policía

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*Se debe pinchar en la imagen para verla con mayor nitidez
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ANECDOTARIO DE POETAS (356): A Lorca le gustaba anticipar su propia muerte


A Louis Pauwels le contó Salvador Dalí que en la Residencia de Estudiantes, de Madrid, gustaba Lorca de anticiparse la propia muerte. Tendíase en la cama, cerraba los ojos y comenzaba a contar las horas de su agonía y la semana siguiente a su fallecimiento. Su gesto volvíase terrible, cuando remedaba la progresiva descomposición de la carne. Al quinto día lo sepultaban y él describía el cierre del ataúd, antes de subirlo al coche fúnebre. Luego imitaba el paso del carruaje por las calles enguijarradas de Granada, camino del cementerio. De pronto, sus rasgos se dulcificaban y el poeta sonreía. Siempre, según Dalí, producíase entonces una suerte de apoteosis. De un brinco poníase en pie Lorca y liberaba a los amigos de la angustia, con una carcajada brutal y el destello de sus dientes blanquísimos. Se iban de la alcoba y él los despedía triunfante, después de transferirles su propio terror ante la muerte. Entonces tendíase a dormir en paz.


CARLOS ROJAS, Grandes firmas. Antología de artículos hispanoamericanos y españoles, Efe editorial, Madrid, 1987, pág. 341
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La ética policial en 16 puntos


Como he leído (AQUÍ) que el director general de la Policía Nacional y la Guardia Civil ha sacado pecho y ha calificado de "brillante" la actuación de los cuerpos de seguridad durante la visita del Papa, adjunto los siguientes puntos sobre la ética policial. La negrita y el cuerpo de letra más grande en algunos puntos son cosa mía:


ÉTICA POLICIAL

La deontología es el conjunto de deberes profesionales que han de inspirar la totalidad de la conducta de un profesional, porque proceden de reglas éticas y de principios morales básicos.

Ciencia que estudia las acciones humanas en cuanto se relacionan con los fines que determinan su rectitud. En general toda ética pretende determinar una conducta ideal del hombre.

1. Corresponde a todos los funcionarios de Policía cumplir los deberes que le impone la Ley, protegiendo a sus conciudadanos y a la colectividad contra las violencias, los actos depredatorios y los otros perjudiciales definidos por la Ley.

2. Todo funcionario de Policía debe actuar con integridad, imparcialidad y dignidad. En particular, debe abstenerse de todo acto de corrupción y oponerse a ésta resueltamente.

3. Las ejecuciones sumarias, la tortura y las otras penas o tratos inhumanos o degradantes quedan prohibidos en todas circunstancias. Todo funcionario de Policía tiene el deber de no ejecutar o de ignorar toda orden o instrucción que implique estos actos.

4. El funcionario de Policía debe ejecutar las órdenes legales reglamentariamente formuladas por sus superiores jerárquicos, se abstendrá siempre de ejecutar cualquier orden que él sepa o deba saber que es ilegal.

5. Es deber de todo funcionario de Policía oponerse a las violaciones de la Ley. Si estas violaciones son de tal naturaleza que impliquen un perjuicio grave inmediato o irreparable, debe actuar sin dilación para prevenirlas lo mejor que pueda.

6. Si no es de temer un perjuicio grave inmediato o irreparable, el policía debe esforzarse por evitar las consecuencias de esas violaciones o su repetición avisando a sus superiores. Si esta acción queda sin resultado, puede acudir a una autoridad superior.

7. No será aplicada medida alguna penal o disciplinaria al funcionario de policía que haya rehusado ejecutar una orden ilegal.

8. Es deber del funcionario de Policía rehusar el participar en la búsqueda, arresto, custodia o traslado de personas buscadas, detenidas o perseguidas sin ser sospechosos de haber cometido un acto ilegal en razón de su raza o de sus convicciones religiosas o políticas.

9. Todo funcionario de Policía es personalmente responsable de los actos u omisiones que haya ordenado y que sean ilegales.

10. La vía jerárquica debe ser claramente establecida. Debe ser siempre posible acudir al superior responsable de los actos u omisiones de un funcionario de Policía.

11. La legislación debe proveer un sistema de garantías y de recursos legales contra los perjuicios que puedan resultar de las actividades de la Policía.

12. En el ejercicio de sus funciones, el funcionario de Policía debe actuar con toda determinación necesaria, sin jamás recurrir a la fuerza más que lo razonable para cumplir la misión exigida o autorizada por la ley.

13. Es necesario dar a los funcionarios de Policía instrucciones claras y precisas sobre la manera y las circunstancias en las cuales deben hacer uso de sus armas.

14. El funcionario de Policía encargado de la custodia de una persona cuyo estado de salud necesita de atención médica debe facilitar tal atención del personal médico y en caso necesario tomar las medidas para proteger la vida y la salud de esta persona. El debe conformarse a las instrucciones de los médicos y de otros representantes cualificados del cuerpo médico, si ellos estiman que un detenido debe ser colocado bajo vigilancia médica.

15. El funcionario de Policía debe guardar el secreto acerca de todas las cuestiones de carácter confidencial de las cuales él tenga conocimiento, a menos que el ejercicio de esas funciones o las disposiciones de la ley le manden actuar de otra manera.

16. Todo funcionario de Policía que se conforme a las disposiciones de la presente declaración tiene derecho al apoyo activo, tanto moral como material, de la colectividad en la cual ejerce sus funciones.


FUENTE: Seguridad Pública (AQUÍ)
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sábado 27 de agosto de 2011

Segunda tertulia con críticas feroces

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Quedamos a las 21:30 en el templo de Debod, pero como sólo aparecieron Mery Caos, Giovanni Collazos, Cristina Tauler, Juan Luis Pérez Montoya, Natalia y Lidia Fernández, decidimos celebrar la tertulia en mi casa. Con la llegada posterior de Leo Zelada, Álvaro Guijarro y Javier Jover acabamos siendo diez, y aunque los tabiques sufrieron y el metro cúbico de aire estuvo más disputado que nunca, recitamos a gusto, nos criticamos a tumba abierta y, lo mejor, al término de la sesión no se contó ningún muerto.
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TROYA LITERARIA (338): Juan Ramón Jiménez contra Benavente


¿Qué hay en Jacinto Benavente, que, a pesar de su injenio evidente, de su manera sencilla, fácil, lijera de escribir, de su superficialidad ondeada y amable, lo pone entre bastidores, siempre aparte, como si su arte fuese una figura más de cartón y guardarropía con voz sólo en la garganta? ¿Qué hay en todo ello de tiesura, de engolamiento, de falsedad, de incomodidad, de... cursilería?

He intentado releer o leer algún pasaje de Benavente en estos últimos años. Sí, veo su viveza, su lijereza, su injenio. Y sin embargo me aprieta el cuello y me pellizca la nuez, me pesan los hombros, se me entran "los bigotes" en la nariz y en los ojos. ¡Qué incomodidad y qué cursilería! Porque el injenio..., ¿hay nada malabaristas de los sesos huecos, que canse, que rebaje, que pase más que el injenio?


JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, Españoles de tres mundos, Alianza Editorial, Madrid, 1987, págs. 150 y 151
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ABEL APARICIO en el Castillo Brant, en Rumanía, con una camiseta que lleva el lema de una pintada neorrabiosa

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Grieta y otras puertas - ÁLVARO GUIJARRO


Debía ser de día y no haber luz adentro.
Debía, del mismo modo, haber cuerpos tendidos frente al muro familiar, y una famélica insistencia sangrando abierta como un haz.

Sólo los amantes guardan el sabor de la noche. Nosotros, los nacidos, debemos hermanarnos con el ruido, aprender de su hilo y así siempre darnos sin redondo silencio, sin vuelo perfecto como traza la muerte. Somos agua tibia hasta ese pronto, débil tormenta arrojada a un puerto quieto. Pero no es ésa la vida: pez que nada en tierra árida, pez que fabula el agua y así nada, fantasiosa maquinaria, pólvora y cañón.

Lo que digo es que tan lejos.
Lo que pregunto es cómo nunca.
Lo que temo es si hasta siempre.


ÁLVARO GUIJARRO, TRÁNSIT0, Chiado Editorial, 2010, pág. 66
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viernes 26 de agosto de 2011

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (219): Amor e infidelidad de Adolfo Bioy Casares con Silvina Ocampo


Un día que íbamos en mi auto, por Figueroa Alcorta, hacia Palermo, Silvina dijo unos versos muy hermosos que serían después una estrofa de Enumeración de la patria; intuí que eran suyos y le dije que era una gran poeta.

En el Rincón Viejo, un día le anuncié a mi querido amigo Oscar Pardo:

–Prepárate. Nos vamos a casar.

Corrió a su cuarto y volvió con una escopeta en mano. Entendió que íbamos a cazar. El casamiento fue en Las Flores y los testigos, además del mencionado Óscar, Drago Mitre y Borges. Ese día, en el estudio fotográfico Vetere, de aquella ciudad, nos fotografiamos. A veces me he preguntado, a lo largo de mi vida, si no he sido muchas veces cruel con Silvina, porque por ella no me privé de otros amores. Un día en que le dije que la quería mucho, exclamó:

–Lo sé. Has tenido una infinidad de mujeres, pero has vuelto siempre a mí. Creo que eso es una prueba de amor.


ADOLFO BIOY CASARES, Memorias, Tusquets, Barcelona, 1994, pág. 87 y 88
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Hoy, viernes, a las 21:30 horas, en el Templo de Debod, primera tertulia al aire libre con críticas feroces


Hemos quedado a las 21:30 en el templo de Debod, enfrente del monumento a los caídos en el cuartel de la montaña. Recuerdo las normas de la tertulia:

–Se ha de acudir con un poema fotocopiado SIETE veces para que el resto de los participantes pueda seguirlo mientras se recita (con siete copias es suficiente porque cada copia la pueden compartir dos o hasta tres personas en el caso de que acuda mucha gente).

–El que lee NO puede contestar a las críticas. NO puede. Lo diré por tercera vez: NO se puede.

–Por tanto, para aclararnos y por decirte que quizá sea mejor que no vengas, la tertulia consiste en que tú lees un poema, que como es tuyo será en tu propia opinión el mejor poema de todos los tiempos, sólo comparable a otros poemas que has escrito tú mismo, para a continuación callarte y escuchar los comentarios del resto de tus compañeros, que como son envidiosos y rencorosos y anoréxicos en materia poética, dejarán tu obra maestra a la altura del barro sin que tú puedas decir ni pío, de forma que regresarás a casa llorando y te plantearás si merece la pena seguir ofreciendo tus “obras maestras” a un senado tan anorante y crué.

–Traed bebida, comida, lo que queráis, lo que tengáis. Hielos. Buen humor. Ganas de durar. Nos sentamos en el suelo, ¿no? Tened en cuenta también que no hace tanto calor a partir de las 0:00 horas (tampoco vengáis con jersey de lana, ojo).

–Si alguno quiere acudir pero no conoce a nadie de la secta, el tío feo de cojones que no para de hablar y lleva una camiseta neorrabiosa de color negro soy yo.

Hoy. Viernes. Templo de Debod. Frente al monumento a los caídos en el cuartel de la montaña. Primera tertulia al aire libre de poesía y críticas salvajes.


La poesía ha vuelto y yo no tengo la culpa.
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jueves 25 de agosto de 2011

TROYA LITERARIA (337): José Donoso contra los críticos del "boom" latinoamericano y Miguel Ángel Asturias


Existen detractores del boom de los más variados plumajes: quizás los que más algarabía forman sean aquellos que se creen injustamente marginados por los dictadores que les niegan la entrada, y en represalia se dedican a hacer lo que se ha llegado a llamar “el trottoir literario”, es decir, a ganar su prestigio por medio de artículos y conferencias hostiles. Existen los pedantes que, inclinados sobre textos y blandiendo nombres en sus fláccidas manos sudorosas, prueban la ausencia de una “total originalidad literaria”, originalidad total que ningún novelista serio querría reclamar para su obra. Existen los peligrosos enemigos personales que hacen extensivo su odio a todo el grupo que sus imaginaciones paranoicas crean. Existen los papanatas que aseguran a la prensa al publicar un primer libro agraciado con un premio sin importancia, que ellos, ahora, también integran el boom, y hacen pronunciamientos en nombre de un grupo que no existe, y que si existiera, sus miembros tendrían las posiciones más dispares. Existen los envidiosos y fracasados, algún profesor que quiso ser novelista y no le resultó, algún burócrata podrido en su empleíto profesional. Existen los ingenuos que lo creen todo, que le hacen coro a todo, que alabaron el boom cuando se empezó a hablar y no supieron predecir su alcance, que luego negaron su valor y su existencia misma, y que ahora creen firmemente en la muerte de aquello cuya existencia negaron. Existen los deslumbrados por un supuesto glamour a gusto de modistillas: “..la tentación no resistida, el boato del jet-set, la dulce papada de los pingües derechos de autor, la intoxicación espléndida de los martinis a la salud de los Fellinis...”. Existe también el fenómeno único de un hombre de la categoría de Miguel Ángel Asturias, que al sentir que el musgo del tiempo comienza a sepultar su retórica de sangre-sudor-y-huesos, intenta defenderse aludiendo a plagios, y dictaminando que los novelistas actuales son “meros productos de la publicidad” durante una conferencia en Salamanca.


JOSÉ DONOSO, Historia personal del "boom", Alfaguara, Madrid, 2007
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El prototipo de acampado / indignado, según la mirada cómica de MONTEYS

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MONTEYS, ¡Peligro, violentos antisistema!, El Jueves, Del 22 al 28 de junio de 2011, pág. 6. Página web de la revista AQUÍ
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Una reflexión de VICENÇ NAVARRO

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La única expresión de desaprobación que los representados tienen a su alcance es dejar de votar o votar por opciones distintas cada cuatro años. Ello es un indicador de lo enormemente limitada que es la democracia española. Hemos estado viendo recientemente cómo partidos gobernantes (tanto a nivel central como autonómico) están aprobando medidas altamente impopulares, que no estaban incluidas en sus propuestas electorales, y que se están llevando a cabo supuestamente por mandato de los mercados financieros, a quienes nadie ha elegido. El 82% de la ciudadanía estaba en contra, por ejemplo, del retraso de la edad de jubilación; el 86% en contra de la congelación de las pensiones; el 68% en contra de los recortes del gasto sanitario, y así un largo etcétera, lo cual no fue un obstáculo para que la mayoría de las Cortes españolas aprobaran tales medidas. Una consecuencia de ello es la enorme distancia que se está creando entre representados y representantes, con la pérdida de legitimidad de los últimos. No es de extrañar que la clase política dominante esté considerada por la población como el tercer gran problema que tiene el país.


VICENÇ NAVARRO, Un referéndum necesario, Público, 25 de agosto de 2011. Todo el artículo AQUÍ
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Tres poemas de "Bestimenta", de ÓSCAR PIROT



....Carrera

El caballo y el jinete
desaparecen de sí mismos
y reaparecen de nuevo
en un único animal:

..................el viento.


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....Hormigas

Es ya sabido que las hormigas son capaces
....de levantar 50 veces su propio peso
por eso es común verlas arrastrar hojas que superan
....la dimensión de sus carnes
signos cargando el llanto verde del sauce

el silencio es una hormiga que no pesa
por eso es capaz de levantar infinitamente
....su propio peso

la carne del poema
en la ingravidez de la palabra.


• • •


....Gato

Los ojos del gato
resplandecen ))))))
en la habitación a oscuras:

nada más certero que
dos partículas desafiando el
principio de in
....certidumbre.


ÓSCAR PIROT (Ciudad de México, 1979), Bestimenta, Papel de Fumar Ediciones, C. S. A. Tabacalera, Madrid, 2011, 103 págs. Pirot escribe en el blog El romance de un sonido con su eco (AQUÍ)
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ANECDOTARIO DE POETAS (355): Dos comediantes escriben una falsificación de una obra perdida de Rimbaud y logran engañar a algunos críticos reputados


Desde hace años viene siendo preocupación constante de los amigos de Rimbaud la suerte que haya podido correr el original de La Chasse Spirituelle. En realidad, pocas referencias ha habido nunca sobre este manuscrito. Pascal Pia las ha recordado recientemente. Entre los textos inéditos y la correspondencia que Verlaine, en el momento de abandonar a su mujer y a su hijo, olvidó en casa de sus suegros, se encontraba un manuscrito de Rimbaud titulado La Chasse Spirituelle. Algunas semanas más tarde, Verlaine se interesaba desde Londres cerca de sus amigos Edmond Lepelletier y Philippe Burty para que recuperasen dichos papeles. En 1908 se publicó un ensayo de Edmond Lepelletier titulado Paul Verlaine, Sa Vie, Son Oeuvre, en el que el autor demuestra, apoyándose en documentos dirigidos por el poeta a su futuro biógrafo, que en el “Inventario de objetos personales poseídos por Paul Verlaine en 1871, llevados por él a rue Nicolet 14, casa de sus suegros”, figura entre otros artículos “un manuscrito en sobre cerrado titulado La Chasse Spirituelle de Arthur Rimbaud”.

La pista, el destino de La Chasse Spirituelle no ha sido posible seguirla de una manera concreta desde entonces y hasta ahora todo cuanto se ha dicho ha sido más bien interpretación de eruditos e historiadores rimbaudianos que pruebas concluyentes. Ningún rastro había de tan anhelado manuscrito del autor de Illuminations. Esto explica la sorpresa producida en los medios literarios de París, cuando un crítico tan autorizado como Maurice Nadeau insertó en la página literaria de Combat del 19 de mayo algunas frases de la supuesta Chasse Spirituelle y Pascal Pia, uno de los mejores especialistas de la literatura rimbaudian, presentaba la obra a los lectores, explicaba las peripecias que habían marcado su descubrimiento y comunicaba que el libro se ponía a la venta editado por el Mercure de France.

A las veinticuatro horas de esto, Combat recibía una carta indignada de André Breton, poniendo en duda que semejante obra fuera de Rimbaud. Cuarenta y ocho horas después se descubría la superchería: Le Figaro publicaba una carta de dos comediantes de vanguardia, que alarmados por las consecuencias inesperadas que podía tener su farsa literaria, descubrían toda la trama de la elaboración de su “pastiche”.

Nicolás Bataille y la señorita Akakia-Viala, pues tales son los nombres de los autores del falso Rimbaud, hicieron hace unos meses la adaptación teatral de Une Saison en Enfer. La crítica se mostró muy severa contra dicha representación, por estimar que el poeta había sido traicionado en su esencia poética. Entonces, a manera de réplica y para demostrar que habían asimilado perfectamente no sólo la letra, sino también el espíritu del poeta, tuvieron la idea de redactar un “pastiche” de La Chasse Spirituelle. Sobre el procedimiento de redacción seguido, Bataillle y Akakia-Viala han manifestado lo siguiente: “Nos distribuimos el trabajo: uno (Nicolas Bataille) inventaba “las imágenes”, el otro (Akakia-Viala) establecía la estructura filosófica del escrito. M. Elie Grekoff era nuestro único auditor competente y nos daba un juicio imparcial de calidad. Proseguimos la prueba, pero los acontecimientos nos sobrepasaron. Ligereza, inconsciencia u otro factor imponderable, el texto fue explotado contra nuestra voluntad. Nos enteramos de esta rocambolesca situación por Combat del 19 de mayo. Habiendo revelado en este artículo, con gran sorpresa nuestra, que el texto iba a aparecer sin demora en el Mercure de France, fuimos a prevenir al señor Hartman (director de dicha editorial) de nuestra superchería.”

Advertiremos que el tomo estaba ya a la venta. En los primeros momentos, tanto Nadeau como Pascal Pia trataron de defender y justificar la autenticidad de la obra publicada. En el artículo de réplica de Nadeau se notaba, no obstante, que este gran crítico se batía en retirada. Los autores del “pastiche” celebraron una conferencia de prensa para restablecer la verdad. Aparecieron las opiniones de los rimbaudianos más autorizados, todas ellas coincidentes en la misma apreciación de que se trataba de una falsificación. Después de unos días de agitación y polémica, el “affaire” ha sido silenciado. Es un reconocimiento del error sufrido por los amparadores literarios del “pastiche” y la condenación de métodos execrables en el dominio de las Letras. La venta de la supuesta Chasse Spirituelle quedará limitada a los simples amantes de curiosidades.


JUAN ANDRADE, Correo literario de París, 16 de junio de 1949, Revista Realidad, Vol. V, Renacimiento, 2007, págs. 355-356
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Botella al mar para el dios de las palabras - GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ


A MIS doce años de edad estuve a punto de ser atropellado por una bicicleta. Un señor cura que pasaba me salvó con un grito: ¡Cuidado! El ciclista cayó a tierra. El señor cura, sin detenerse, me dijo: ¿Ya vio lo que es el poder de la palabra? Ese día lo supe. Ahora sabemos, además, que los mayas lo sabían desde los tiempos de Cristo, y con tanto rigor que tenían un dios especial para las palabras.

Nunca como hoy ha sido tan grande ese poder. La humanidad entrará en el tercer milenio bajo el imperio de las palabras. No es cierto que la imagen esté desplazándolas ni que pueda extinguirlas. Al contrario, está potenciándolas: nunca hubo en el mundo tantas palabras con tanto alcance, autoridad y albedrío como en la inmensa Babel de la vida actual. Palabras inventadas, maltratadas o sacralizadas por la prensa, por los libros desechables, por los carteles de publicidad; habladas y cantadas por la radio, la televisión, el cine, el teléfono, los altavoces públicos; gritadas a brocha gorda en las paredes de la calle o susurradas al oído en las penumbras del amor.

No: el gran derrotado es el silencio. Las cosas tienen ahora tantos nombres en tantas lenguas que ya no es fácil saber cómo se llaman en ninguna. Los idiomas se dispersan sueltos de madrina, se mezclan y confunden, disparados hacia el destino ineluctable de un lenguaje global.

La lengua española tiene que prepararse para un oficio grande en ese porvenir sin fronteras. Es un derecho histórico. No por su prepotencia económica, como otras lenguas hasta hoy, sino por su vitalidad, su dinámica creativa, su vasta experiencia cultural, su rapidez y su fuerza de expansión, en un ámbito propio de diecinueve millones de kilómetros cuadrados y cuatrocientos millones de hablantes al terminar este siglo. Con razón un maestro de letras hispánicas en los Estados Unidos ha dicho que sus horas de clase se van en servir de intérprete entre latinoamericanos de distintos países. Llama la atención que el verbo pasar tenga cincuenta y cuatro significados, mientras en la república del Ecuador tienen ciento cinco nombres para el órgano sexual masculino, y en cambio la palabra condoliente, que se explica por sí sola, y que tanta falta nos hace, aún no se ha inventado. A un joven periodista francés lo deslumbran los hallazgos poéticos que encuentra a cada paso en nuestra vida doméstica. Que un niño desvelado por el balido intermitente y triste de un cordero, dijo: “Parece un faro”. Que una vivandera de la Guajira colombiana rechazó un cocimiento de toronjil porque le supo a Viernes Santo. Que don Sebastián de Covarrubias, en su diccionario memorable, nos dejó escrito de su puño y letra que el amarillo es la color de los enamorados. ¿Cuántas veces no hemos probado nosotros mismos un café que sabe a ventana, un pan que sabe a rincón, una cereza que sabe a beso?

Son pruebas al canto de la inteligencia de una lengua que desde hace tiempos no cabe en su pellejo. Pero nuestra contribución no debería ser la de meterla en cintura, sino al contrario, liberarla de sus fierros normativos para que entre en el siglo venturo como Pedro por su casa. En ese sentido me atrevería a sugerir ante esta sabia audiencia que simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros. Humanicemos sus leyes, aprendamos de las lenguas indígenas —a las que tanto debemos— lo mucho que tienen para enseñarnos y enriquecernos, asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, los qués endémicos, el dequeísmo parasitario, y devuélvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de cantemos, o el armonioso muéramos en vez del siniestro muramos. Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revólver con revolver, ¿y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?

Son preguntas al azar, por supuesto, como botellas arrojadas al mar con la esperanza de que les lleguen al dios de las palabras. A no ser que por estas osadías y desatinos, tanto él como todos nosotros terminemos por lamentar, con razón y derecho, que no me hubiera atropellado a tiempo aquella bicicleta providencial de mis doce años.


GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, El País, 18 de octubre de 2004 (AQUÍ)
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miércoles 24 de agosto de 2011

RECURSOS PARA SOBREVIVIR EN TIEMPOS DE CRISIS (2): Cómo colarse en el metro "sin darse cuenta"





* Los dibujos han sido extraídos de un pasquín del grupo de Política a largo plazo de Acampada Sol (AQUÍ)


*Cuidado, cuando te pillen debes decir que has perdido el billete, en cuyo caso la multa "sólo" es de 20 euros. Este recurso de colarse "sin querer" sólo vale en lugares con pocos seguratas y donde los supervisores sólo pasan muy de vez en cuando, de forma que sólo te pillan en una de cada veinte ocasiones (amortizas la multa de sobra). Sirve sobre todo en horario nocturno, donde casi nunca hay supervisores.
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Primer aviso para supertertulia poética al aire libre con críticas depredadoras


Como sabréis algunos de vosotros, hace un mes organicé una tertulia en mi piso de Príncipe Pío a la que acudieron casi veinte personas, de las que recuerdo a Lidia Fernández, Pedro, Natalia, Belén, Leo Zelada, Marian Megía, Ilkhi Carranza, Mayte Sánchez Sempere, Leire Olmeda, Giovanni Collazos, Nares Montero, Mery Caos, Pablo Cortina, Silvia Nieva, Delia Aguiar y Verónica Gil. La tertulia contaba con las siguientes normas de funcionamiento:

–Cada poeta llevaba un poema (o dos si los poemas son cortos), del que se hacían fotocopias para los demás asistentes, de modo que mientras el poeta iba recitando los demás podíamos seguir su recitado tanto con los ojos como con los oídos.

–Una vez recitado el poema, los demás comenzábamos a comentarlo, bien a favor o en contra o con claroscuros. Durante el comentario-crítica se puso en práctica una norma tomada de la tertulia que organizaba el Grupo 47 alemán (de Heinrich Böll y Günter Grass, entre otros): EL POETA QUE HA TERMINADO DE RECITAR DEBE GUARDAR SILENCIO Y JAMÁS PUEDE RESPONDER A LAS CRÍTICAS RECIBIDAS, POR DURAS QUE SEAN O INJUSTAS QUE LE PAREZCAN. Se pretendía con esto estimular la crítica.

La sesión fue un éxito (creo) y recibimos en un solo día más críticas que las que hemos recibido en los últimos años. Comenzamos a las 22:00 de la noche y concluimos a las 6:30 de la mañana. De algunos poemas se estuvo debatiendo por espacio de más de media hora, y se escucharon buenos trabajos e intervenciones críticas de mucho mérito. Creo que con este sistema de tertulia se hace algo distinto a lo que venimos haciendo en el Bukowski o Diablos Azules, que también están muy bien y a los que no vamos a dejar de ir.

La tertulia no tuvo continuidad porque justo dos días más tarde dejé Príncipe Pío y el piso en que vivo ahora es una cosa tan cuca que sólo hay espacio para una persona y un hamster. Ana Pérez Cañamares ha mostrado su disposición a continuar las tertulias en su casa a partir de septiembre, y también Natalia ofreció la suya a partir de octubre, pero el caso es que esta noche me he preguntado: ¿por qué no organizo alguna al aire libre, aprovechando que hasta octubre todavía se puede soportar la temperatura de la calle?

Quizá convoque una para este fin de semana, si consigo cambiar una fecha con mi compañero de trabajo. Se puede hacer en cualquier plaza de la ciudad, admito sugerencias. Se me ha olvidado decir que la peña acudió a mi casa con bebida, croquetas, palomitas, tortillas, patatas fritas y en ese plan, o sea que podríamos hacer lo mismo. Lo fundamental es la bebida, ojo, porque la bebida te anima a hacer críticas. Puede que tengamos un problema con la policía si nos ve bebiendo en la calle, pero si acudimos con algún rosario o crucifijo quizá hagan la vista gorda, ahora que hemos descubierto que para los peregrinos católicos hacer botellón y mear a la vista de todos es legal de toda la vida :) :)

Recogida de firmas para pedir un referéndum sobre la reforma de la Constitución


Zapatero ha anunciado su intención de reformar la Constitución para incluir un límite al déficit público, propuesta a la que ya se ha adherido el líder de la oposición Mariano Rajoy. Por iniciativa de Vicenc Navarro se ha comenzado una recogida de firmas para pedir que se haga un referéndum sobre esta propuesta. En el caso de que estés de acuerdo, en la barra lateral derecha de mi blog he habilitado un lugar donde se puede firmar.
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TROYA LITERARIA (336): García Márquez contra el escapismo de Mújica Laínez


El escritor colombiano Gabriel García Márquez envió ayer una carta abierta a EL PAÍS, dirigida a su colega argentino Manuel Mújica Laínez, que visita España estos días y que con este motivo ha hecho diversas declaraciones a medios informativos nacionales. La carta del señor García Márquez se refiere a unas manifestaciones que Manuel Mújica Laínez hizo ayer al diario La Vanguardia. Dice Manuel Mújica Lainez en la breve entrevista que publicó el mencionado diario: «Estamos allí muy tranquilos. Estamos todos: Borges, Sábato, Silvina Ocampo, Bioy Casares... Todos los grandes. Nada nos hubiera costado ir a París como los reprimidos de otros países. Nadie nos lo impide. Nos dan el pasaporte en cuanto lo pidamos.»

En su carta abierta, Gabriel García Márquez le dice al señor Mújica Laínez: «Si interpretamos bien sus palabras, hay que entender que sólo ustedes, los escritores grandes, están muy tranquilos en la Argentina. Sin embargo, hay dos que yo considero muy grandes y que, sin embargo, no están tan tranquilos como ustedes. Me refiero a Rodolfo Walsh y Haroldo Conti, que hace ya varios años fueron secuestrados en sus domicilios por patrullas de la represión oficial y que nunca más se ha sabido de ellos. Usted y todos los escritores grandes que cita serían todavía mucho más grandes si sacrificaran un poco de su tranquilidad y su grandeza y le pidieran al Gobierno argentino un par de esos pasaportes tan fáciles, para Rodolfo Walsh y Haroldo Conti.»


GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, Carta abierta de García Márquez a Mújica Laínez, El País, 11 de octubre de 1979 (AQUÍ)
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Vuelve el blog de antes (el de siempre)


Comoquiera que las cosas de la vida cambian que es una exageración y en sólo cinco días ha desaparecido uno de los motivos fundamentales para apostar por un formato nuevo de blog, he decidido rectificar y volver al blog de antes, que es el blog de siempre, al menos hasta que me anime un poco y me vuelvan las ganas de escribir. Sólo me queda pedir disculpas por mis habituales cambios de opinión a aquellos inocentes que se tomaron en serio el anuncio anterior.

martes 23 de agosto de 2011

Doce policías en la performance teatral "Ataque psíquico contra el Papa", según la crónica de ANTONIO DÍEZ


Os recomiendo, lo mismo si habéis sido pro-visita-del-Papa que anti-visita-del-Papa que depende o paz-para-todos o me-la-suda o no sabe / no contesta, que os leáis la crónica que ha escrito en su blog (AQUÍ) Antonio Díez sobre la performance teatral llamada “Ataque psíquico contra el papa” que dirigió el pasado viernes en Fuenlabrada. La recomiendo porque está muy bien escrita, los sucesos que relata son desternillantes y, sobre todo, porque ha conseguido que doce policías asistan al evento, hecho éste que me provoca tal envidia tiña que hasta me planteo volver a dirigirle la palabra :) :)


lunes 22 de agosto de 2011

EL HIJO DE PUSKAS: La medalla de plata


De todos los familiares que acudieron al hospital de Cruces ninguno fue tan feliz como mi padre la tarde en que vine al mundo, allá por las seis y media de un seis de marzo, en medio de un aguacero y una tronada que la fantasía y las habituales lentes de aumento de los basterrecheas aún rememoraban veinte años más tarde:

–¿Recuerdas el día en que nació Alberto?
–Cómo no me voy a acordar. Eso no se olvida nunca.
–¡Aquellos eran truenos! ¡Ra-ta-ta-ta-ta-ta!

La noticia de mi nacimiento se recibió con un alborozo e intensidad muy por encima de la que supuso la venida de mis dos hermanas mayores, pues al fin llegaba el varón deseado que aportaría iniciativa, orden y solidez al linaje. Aquellos aldeanos eran de un machismo elemental, lo mismo los hombres que las mujeres, y de hecho eran mis tías las que siempre acudían a mí con la misma historia:

–Alberto, ven aquí.
–Dime, tía.
–¿Cuál es tu apellido?
–Basterrechea Martínez.
–No, tú eres Basterrechea.
–Bueno.
–¿Sabes lo que es ser Basterrechea?
–No.
–¿Cómo que no sabes?
–No sé.
–Que tus hermanas no lo sepan, vaya, pero que tú no lo sepas...
–¿Por qué tengo que saberlo yo y mis hermanas no?
–¡Hola! Porque los hijos de tus hermanas no van a ser Basterrechea.
–¿Por qué?
–¡Mira qué pregunta! ¡Porque llevarán el apellido de sus maridos!
–Ah.
–¿Quieres que te diga lo que es ser Basterrechea?
–Bueno.
–Ser Basterrechea es lo más grande del mundo.
–¿Por qué?
–Porque es lo más grande del mundo.

A mi padre le daba igual la supuesta grandeza del “Basterrechea”, pero participaba de la superstición de la varonía, y de ahí que mi nacimiento le produjera un júbilo desbordante que se iba a incrementar cuando comencé a parecerme de forma clínica a él. No es que me pareciera sólo físicamente, sino que me parecía en los andares o hasta en la manera de hablar o mover la cabeza. Cada vez que mis familiares de Burgos venían a Lauros o mi padre me llevaba a alguna feria de ganado, en el momento en que los hasta entonces desconocidos se encontraban conmigo siempre se repetía la misma escena:

–¡Hostias! ¿Será posible?
–Eres igual a tu padre.
–El puro retrato.
–Igualito.
–Fotocopia.
–Habráse visto.

El parecido saltaba tanto a la vista que mis tías hicieron fuerza para que me llamara como él, Nicasio, nombre que también habían llevado mi abuelo y mi bisabuelo, pero mi padre se opuso:

–He buscado un nombre por ahí, lo tengo apuntado en una caja de cerillas.

El nombre que había apuntado era Unai; en aquellos años, hablo del 74, las autoridades franquistas estaban abriendo un poco la mano y comenzaban a permitir los nombres vascos, pero cuando acudieron a registrarlo sucedió un imprevisto:

–Vaya, no me acuerdo del nombre –dijo mi padre.
–¿No lo tenías apuntado en una caja de cerillas? –respondió mi madre.
–Sí, pero no encuentro la caja.

Comoquiera que la caja no apareció, mi padre pidió al señor del registro que le dijera algunos nombres, y mientras se los iba desgranando en voz alta y por orden alfabético, Aarón, Abel, Abelardo, Adolfo, Adrián, Agustín, Alberto, Alejandro..., mi padre intervino:

–Ése.
–¿Alejandro?
–No, Alberto.

Por lo que terminé llamándome Alberto a cuenta de que a mi padre se le olvidó la caja de cerillas en Astobieta. Con Alberto comencé a dar mis primeros pasos y a disfrutar del trato de privilegio que me otorgaba ser varón. Mi madre no me permitía hacer los trabajos de casa, lo mismo limpiar que hacerme la cama; mi hermana mayor me vestía; mis tías me mimaban, mis tíos me daban consejos mirando al horizonte; y sólo mi padre se quedaba en un segundo plano, haciendo como que no intervenía, y quizá por eso se convirtió desde el principio en el maestro y en el gran impacto de mi infancia.

En efecto, nadie consiguió nada conmigo por la fuerza. Aquellos que trataron de educarme desde la imposición y la matraca, sistema que empleaban mi madre o las monjas de Larrondo, nunca obtuvieron resultados, pero mi padre, con esa mezcla suya de largos silencios y frases aisladas, conseguía concitar mi atención al instante. Era un hombre que decía una frase como sin darse importancia y mucho más tarde, como seis u ocho horas después, me sorprendía con alguna pregunta:

–¿Qué te he dicho esta mañana?
–Que debo ser el número uno, aita.

Apenas pude mantener con él más que algunas y contadas conversaciones fluidas en toda mi vida, salvo aquellas que mantuve con alcohol de por medio en los últimos diez años antes de su muerte. Su manera de conversar era lanzar preguntas y volver sobre ellas al de horas, a veces al de días:

–¿Y por qué te he dicho que debes ser el número uno?
–Porque así no tendré que pedir nada a nadie, aita. Serán los demás los que acudan a mí.

Él fue quien me enseñó a competir. Todavía no sé si aquello fue algo bueno o malo. Quería que fuera el mejor en todo. Apenas acabábamos un trabajo, bien la siembra de patatas, o la recogida de vainas, o habíamos sacado la basura de la cuadra, señalaba algún objetivo y me decía:

–Hasta ese cerezo. A que te gano.

Y echaba a correr como un poseso, sacándome gran ventaja en los primeros metros, pero dejándose ir en la última parte, o cayéndose, o fingiendo una lesión, de forma que siempre ganaba yo. Luego me decía, aparentando estar muy enfadado:

–Has tenido suerte esta vez. No me ganas más.

Con este tipo de prácticas me fue inoculando tal veneno por la competición que desde muy pequeño nada lograba apasionarme si no había de por medio un desafío. Me acostumbré a retar a mis compañeros del colegio a coger grillos, a cazar moscas, a comer mayor número de naranjas, a lanzar el lapo más largo, a hacer los deberes, a todo. Mi afán competidor era tan exagerado que se convirtió en el reproche habitual de casi todos mis profesores, que me acusaban de rendir tan sólo en los exámenes o en las finales de las competiciones deportivas.

–Alberto –me dijo una vez el profe Goyo, mi profesor de mates en octavo–, en el examen has sacado sobresaliente pero te voy a poner un notable porque en clase no haces nada.
–Vuelvo a advertir que no soy una profesora que pone un examen y ya está –dijo una vez la hermana Irene–. Yo valoro mucho el trabajo día a día. Lo digo por ti, Basterrechea.

Pero era inútil, y hoy puedo decir que soy una de las pocas personas que no guardo mal recuerdo de los exámenes sino al contrario: si no fuera por ellos yo no habría abierto un libro en mi vida. Esa pasión por el examen y la prueba deportiva la sentía con tal intensidad que superaba incluso la que me había enseñado mi padre, porque mi padre consentía la posibilidad de la derrota.

–Se puede perder, claro que se puede perder –me decía–. Pero debes saber por qué has perdido. Buenos estamos si no sabes por qué has perdido.

Pero yo no aceptaba la derrota y daba por supuesto que mi padre tampoco me la aceptaría. Mi falta de tolerancia a ella llegó a su culmen en 7º de EGB, cuando por primera vez se repartían durante el Día de la familia unas medallas que imitaban el oro, la plata y el bronce. Participé en cinco competiciones y gané el oro en redacción, salto de longitud, fútbol y cross, pero sólo pude conseguir la plata en Dibujo, disciplina en la que ganó Ana Elvira García, nombre y apellido que no olvidaré nunca solamente por eso: por ser el de la chica que me derrotó.

Aquella tarde, cuando mi padre estaba a punto de llegar como cada día para llevarme en coche de Larrondo a Lauros, me hallaba en una de esas situaciones embarazosas que son fáciles de resolver si eres adulto pero son imposibles cuando eres niño: la mía era la de llevar en el pecho cinco medallas que en realidad eran nada más que una, porque yo sólo pensaba en la maldita medalla de plata.

Al final, mientras esperaba la llegada de mi padre y lamentaba la mala hora en que había decidido presentarme al concurso de Dibujo, decidí cortar a lo bruto. Era tal el miedo que sentía a decepcionar a mi padre que preferí enseñarle las cuatro medallas de oro y no le dije nada de la medalla de plata que había conseguido en Dibujo, medalla que arrojé por el pequeño barranco de La Peña, el que había entre el colegio Urdaneta y la ikastola de Lauros. Mi padre abrió mucho los ojos ante las cuatro medallas y puso al principio cara de contrariedad, pero luego comenzó a reírse un poco y al final dijo:

–Abusas demasiado.

Pero estaba encantado, como prueba el hecho de que se pasara todo el verano enseñando mis medallas a los familiares o vecinos que nos visitaban, y subrayando que había ganado “cuatro de cuatro”, todo ello ante mi vergüenza poco disimulada, pues yo era entonces un católico acérrimo y sobresaliente obligatorio en religión, cuyo ídolo máximo, muy por encima de Tyson o Maradona, era Jesucristo, y ya me veía condenado al fuego eterno y a cosas peores. Cómo sería mi preocupación y martirio de la conciencia, que después del verano, en la primera ocasión de confesarme con el cura don Julián, el primer pecado que conté fue el de la medalla de plata, pero el cura se rió de forma tan estentórea al terminar mi relato, que me di cuenta enseguida de que la mentira no era tan grave y que por esa vez me salvaba del infierno.

Más tarde, muchos años después, fui perdiendo esa necesidad de ganar, y sólo porque las derrotas comenzaron a ser tan numerosas y dañinas que me fui acostumbrando a ellas. Cómo de hondas y sangrantes habrán sido mis derrotas, que hoy en día me encuentro viviendo en Madrid, yo que fui diseñado para no alejarme dos kilómetros de Lauros, y hago pintadas en las paredes, que en Vizcaya nunca hice, y escribo poemas, que tampoco. Sin embargo, aunque ganar o perder ya no me es tan importante como entonces, sigo manteniendo la pasión por competir, aquella que me fundó mi padre. Cuando un día, dentro de unos treinta años, vuelva como tengo previsto a su tumba en el cementerio de Loiu, volveré a tirar con antelación las medallas de plata que haya ganado. Puedo volver sin nada, qué me importa, pero sigo prefiriendo una sola nada de oro a cualquier todo de plata.
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