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Y en esto, después de cuatro meses azules, quince jam session azules, ciento cincuenta poetas azules y más de mil poemas azules recitados,
Santiago Tena se puso ante el micrófono de Diablos Azules y comenzó a leer
Azul:
...azul, azul. El universo es azul. Yo no creo en nada. Solo sé que eres azul, que el mundo no existe, que el amor no existe: el amor es, y que todo es azul.
“De toda la poesía, tú eras el fuego azul”, escribió Neruda para referirse a Miguel Hernández, y al fuego azul recurro para definir a Santiago Tena, cuya citada prosa, que hizo llorar a
Javier Javier, podéis leer al completo dos entradas debajo de esta crónica. Crónica que trae la novedad de los links: a partir de ahora, si pincháis en los nombres en rojita, accedéis al blog o facebook del citado (el que tenga).
A Tena lo conocí hace casi tres años en la presentación de un libro de
Luis Carlos Cuesta Maestro,
Bajo la piel del alma (SIAL), del que Tena era prologuista. Más tarde lo encontré en la red pilotando un blog,
Amor y libertad, cuyas prosas de fino lirismo le habían hecho acreedor a un público muy amplio. En una entrevista leí que le llamaban “estrella de blog”. Su bitácora, que luego ha destruido y reconstruido un par de veces, contaba por aquel entonces con la asombrosa cifra de seiscientos seguidores, más asombrosa si tenemos en cuenta que casi quinientos de ellos eran mujeres. Y yo, que soy malo y casi pelirrojo, me acercaba a Santi y le decía:
–Quinientas mujeres entre seiscientos seguidores, Santi. No me jodas. Eso no puede ser una casualidad.
–Bueno, es que la mayoría de blogs en que dejo comentarios son blogs de mujeres.
Estamos ante el fenómeno de un escritor vitalista y equivocacionista que quiere y se deja querer por las mujeres, un escritor riguroso y aplicado en la forma que, me atrevo a decir, no escribiría si no existieran las mujeres (nos pasa a muchos) y vive por igual de los disgustos y el cariño que recibe de ellas. En el chat se pide a Tena. En los blogs se pide a Tena. En la jam se escucha a Tena. El fenómeno Tena ha dado pie a que
Olaia Pazos, cada vez que le toca presentarlo, suela decir:
–Chicas que veis la jam desde internet, ¡yo lo he tocado! ¡He tocado a Santi Tena!
El escritor nacido en Montevideo volvió a decir que Diablos Azules es su lugar literario favorito de Madrid y, tras reivindicarse como el único poeta que ha asistido a las quince sesiones malasañeras, nos ofreció un recital cronometrado (“me he tomado el tiempo en casa para no pasarme”, dijo), en el que tiraba los folios a medida que los iba terminando. Su lectura recibió abundante cosecha de aplausos, y sólo faltó que posara con el pie encima de la pieza cobrada, lo mismo un ciervo que un jabalí. Destacó el citado
Azul y el que dedicó a su novia barcelonesa Natalia, pero como
La hoja en blanco ya ha publicado el video completo de su actuación (
AQUÍ), me ahorro la glosa no sin añadir que las actuaciones de Tena siempre suben la calidad de la jam, a tal punto que le suelo comentar:
–¿Y tú qué haces con nosotros, Santi?
–¿Qué quieres decir, Batania?
–Joder, un tío con ese ritmo que tienes tú, que hasta metes de rondón endecasílabos y alejandrinos en tus prosas, ya me entiendes. Mucho nivel.
–Bueno...
La gente del nivel de Tena hace su carrera poética en el Ateneo, el Círculo de Bellas Artes, la Residencia de Estudiantes, la Casa de América, los lugares de techos altos donde realmente se cuece la alta poesía, allí donde van los poetas que se reparten los premios y trabajan una poesía respetuosa con la tradición, poetas entre los que es fácil encontrar el cultivo del correlato, la máscara, la sugerencia, lo impersonal, poetas en cuyos versos es imposible hallar la palabra lechuga o la palabra alcachofa. La poesía de bar es mayoritariamente figurativa y narrativa y la poesía de ateneo es abstracta y metafísica, por hacer una de las simplificaciones maniqueas que tanto me gustan, aunque ocurre últimamente, y no hablo sólo de Santiago Tena, que empiezan a acudir a los bares poetas de otras cuadras con mayor
pedigree, quizá porque ya no seamos tan malos como dicen que éramos o porque somos más divertidos de lo que van contando por ahí las chicas que nos abandonan.
Cuando empecé a acudir a las jam en 2007, los únicos con libros publicados eran
Carlos Salem,
Óscar Aguado,
Francisco J. Sevilla,
Leo Zelada y alguno más que seguro que se me olvida; ahora, en cambio, casi la mitad de los que leen tienen libros publicados. A Tena lo incluyo en ese grupo “elevador” del nivel general, porque su lirismo visceralista y su muñeca ultrarrítmica lo han convertido desde su llegada en una referencia inevitable. Nos hace crecer. Aún así, y por hacerle alguna crítica desde mi sesgo cachicuerno y narrativista, me atrevería a decir que en sus prosas líricas la utilización constante de la anáfora y el polisíndeton, que le permiten ser brillante e intenso en uno o dos folios, crean cierto cansancio a medida que las páginas van pasando. Por otra parte, me gusta más cuando refrena un poco su lirismo, como en el
Manifiesto que escribió para el blog
Poesía sin papeles (
AQUÍ), o cuando se atreve a alguna audacia prosaica, como en ese poema de
La mansedumbre calculada (SIAL) donde dice “Ingeniero de amor sin coca cola”, delicioso, y echo de menos que no insista más en esos sembríos.
LA JAM SESSION Y EL CHAT
La jam me pareció bastante buena. La mayor parte de los poetas no hizo uso de su derecho a leer tres poemas, por lo que nos salió una jam ligera y fitipaldesca. Para que luego digan, digamos, que somos vanidosos. La retransmisión en
La Hoja en blanco y el chat, por otra parte, están percutiendo y alterando las sesiones en directo, pues suscitan interacciones entre los dos lados.
Mery Caos, por ejemplo, como el martes pasado se quedó en casa, escribía en el chat:
–¡Carlos, por favor, si está Gio no tardes mucho en sacarle, para que lo vea mi madre!!
Y Salem, inmediatamente, sacaba a
Giovanni Collazos, sólo para que pudiera verlo la madre de Caos desde su casa. Y cuando Salem recitó su arrasador
País borrado, país robado, comoquiera que en el chat el que firma como
Poetamenor dijo que el poema se pasaba de narrativo y entraba de lleno en la prosa, Salem, que es de los que duerme mal si pones un solo guisante debajo de los siete colchones de su cama, aprovechó la siguiente presentación para contestar:
–A ver, en el chat hay un tío que dice que mi poema no es verso. Pues te voy a decir una cosa, tío: me la suda si es prosa o es verso. Me la sudan las etiquetas de si esto es verso, es prosa, es de la experiencia o es de lo que sea. Que cada uno escriba lo que le salga de los huevos y se deje de gilipolleces.
Así habla nuestro jefe. Escuela Chandler / Bukowski. Estoy orgulloso de él. Vaya esto como aviso a
Isabel García Mellado (felici-) o
Silberia (-dades), para que no se les ocurra venir con el recién nacido a la jam session, porque tenemos un jefe que dice muchos tacos y no es plan que se eduquen desde tan pronto en esa sintaxis. Cuánto mejor que vayan escuchando a Bach y Spandau Ballet.
Escandar Algeet y su sombrero recitaron
Cerdos y moscas (
AQUÍ). Cito su sombrero porque es importante para su imagen, como lo es el pañuelo en Salem, las sudaderas con gorro en
Aldeguer, los pestañeos en
Gaby Maciel, los guantes hasta el codo de
Manuela Paso, el mechón cayendo por la cabeza de
Bill Gorton (que se llama Natalia) o el abrigo de Francisco J. Sevilla. Escandar había acudido a la jam con
Milo, a quien conoció en el foro de Extremoduro, foro en el que también comenzó
Gsús Bonilla, que a su vez recitó de memoria su clásico de Tom Hanks.
Leo Zelada volvió a subirse al estrado después de semanas sin hacerlo y denunció la situación de los indios del Perú.
Alfredo Piquer, del Círculo de Bellas Artes, destacó con una poesía depurada y una recitación tranquila. En el chat,
Leire Olmeda, que también veía la jam por Internet, lanzaba piropos a los chicos que subían a recitar, sobre todo a los tres que lucen pectorales y tableta de chocolate: Gaby Maciel,
El Cable Azul y
Montoya.
José Tomás recitó más tranquilo que la semana pasada y me regaló un poemario suyo,
Gota a gota (Vision Net, 2004), cuya dedicatoria,
También
Dedico este libro a María,
la Virgen más bella, mi luz,
mi apoyo, mi estrella.
me hizo sospechar lo peor, sospechas que he confirmado ampliamente tras la lectura, y que me hacen repetir lo que llevo siglos diciendo, esto es, que el poeta más influyente de la historia no es Rilke ni Eliot ni Baudelaire ni Blake ni Dante ni Virgilio ni Safo ni Homero: el poeta más influyente de la historia, el que continúa generando miles y miles de imitadores jóvenes, sigue siendo Petrarca.
El Cable Azul recitó un poema buenista sobre la igualdad entre sexos que funcionó muy bien por su manera vertical y progresiva de recitarlo y porque estaba muy bien estructurado.
Luis Ricardo Suárez es un poeta divertido y moderno, que antes del poema te da la situación, origen y solución de lo que va a contar, un poco a lo Brecht pero con más humor.
Marta Massé, que siente de tal forma lo que escribe que no pudo reprimir las lágrimas la primera vez que recitó, comienza a hacerlo con normalidad. Por cierto que Marta me ha dicho:
–Batania, prefiero que no me pongas nunca en tus crónicas a que me pongas mal, como hiciste en la última con
El Cable Azul. Como hables mal de mí y se entere todo el mundo, te juro que te mato.
Ya aviso de que, en el caso de que aparezca asesinado, la policía tiene que comenzar la investigación por la lectura de mi última crónica. Y no me refiero a Marta, que sé que lo dice en broma y a la que voy corrompiendo poco a poco (le he regalado una camiseta neorrabiosa). Además, yo hablo siempre muy bien de todos vosotros, porque me parecéis unas personas muy sencillas y muy buenas. Otra cosa, ay, son vuestros poemas.
LA GUERRA DEL SONETO
Sobre las doce de la noche todos competían por gustar a la madre de Caos, que nos seguía por Internet. Bill Gorton leyó un poema más elaborado que de costumbre pero con menos intuiciones que de costumbre.
Javier Javier fue muy solicitado en el chat: pinchando en su nombre accedéis a su Facebook. Por cierto que Javier ha dado un recital en el Bukowski en el que se fue desvistiendo hasta quedarse en calzoncillos, todo muy dadá-surrealista.
Silvia Nieva nos trajo palomitas riquísimas, gracias, y en la recitación se presentó como una mujer “monógama, enamoradiza y heterosexual”. Paco Sevilla leyó cinco poemas en 55 segundos, uno de los cuales decía “Lo mejor del capitalismo es el fin de semana”. La sesión la concluyeron Nacho Aldeguer y
Dani Orviz, que estuvieron en su alto nivel memorioso y ecléctico habitual. Orviz leyó además un soneto sobre cómo hacer un soneto, en la línea del que abrió Lope de Vega (“Un soneto me manda hacer Violante”).
El soneto fue uno de los protagonistas de la velada. Hubo quienes se quedaron defraudados cuando vieron que
José Antonio Pamies y yo no nos pegamos ni nada y hasta nos dirigimos cordialmente la palabra. Comoquiera que algunos vieron nuestro buen rollo con sospechas, y antes de que las malas lenguas lo destapen, voy a decir la verdad: sí, fue un montaje. Lo que ocurrió es que la jam session de la semana anterior me pareció malísima y no tenía nada que contar, por lo que, viendo que Pamies iba a salir de los últimos, le dije:
–José Antonio, por favor, cuando salgas di la primera burrada que se te ocurra, porque no tengo con qué llenar la crónica.
–¿Burrada? ¿Qué tipo de burrada?
–No sé, cualquier barbaridad. Que Cervantes escribió
El Quijote con los pies, como dijo González-Ruano. O que Lorca escribía en fascista, como dice Fortes. O que Gamoneda es un gran poeta.
–Vale. Cuenta conmigo.
Al final salió con lo del soneto, pero lo mismo podía haber salido con que Rosalía de Castro era ninfómana o con que Tirso de Molina trabajó de
Drag queen en Mesón de Paredes. El caso es que, gracias a nuestra pequeña travesura, hemos estado una semana de debate continuo, animando el cotarro, y el manual de métrica de Navarro Tomás, que en la biblioteca Pedro Salinas nadie había pedido en préstamo desde el año 73, ha sido solicitado en la última semana hasta en tres ocasiones.
Pasaban cincuenta minutos de la medianoche cuando concluyó la jam session. “Donde nací, / al acto de irse se le llama borrarse”, decía el poema de Salem, y eso es lo que hicimos. Nos fuimos. Nos borramos.