.

Un minuto antes de que la ministra Sinde cruzara la alfombra roja que separaba la Plaza de Oriente del Teatro Real, como si no bastase la guarnición de policías con cara de zapato que nos vigilaba, algunos miembros de la organización se acercaron hasta nosotros y abrieron sus paraguas negros para dificultar el lanzamiento de los objetos que no traíamos, ya que no pudieron impedir nuestro lanzamiento sostenido de palabras. Era domingo noche, se celebraba la Gala de los Goya, nuestras madres veían la gala por televisión y nosotros estábamos allí, qué fuerte, ahora os cuento, qué fuerte.
Qué fuerte es debatirse un mes entero, ay chica, qué me pongo, es que no me decido entre el azul turquesa o el verde malaquita, entre el Dolce-Cursilindo y el Adolfo Jolíndez, y cuando llega la noche ansiada y vas caminando siliconada con tus taconísimos, toco-toc, toco-toc, te encuentras detrás de las vallas a trescientos chavales de entre 18 y 30 años, algunos de ellos enmascarados, que, en lugar de babear y corear tu nombre, se dirigen a ti enseñándote el dedo corazón y te gritan, todavía puedo oírlo:
–¡Esta gala, la he pagado yo! ¡Ese vestido, lo he pagado yo! ¡Esas tetas, las he pagado yo!
Qué fuerte es creerte el capitán de las Españas, tío con gancho y guapo profesional, cuarenta premios en tu dilatada carrera y grandes problemas para salir a la calle porque, como te decía, Nacho, prefiero vivir en Londres, allí nadie me pide autógrafos, etc, y de pronto, 13 de febrero, en el domingo de tu vida, comienzas a pisar la alfombra al ritmo de aquí-estoy-yo y, en lugar de aplausos y lipotimias, la multitud es una sola boca que te señala, todos a una:
–¡Parásitos! ¡Mediocres! ¡Mierdas de galas, habiendo tanto paro!
Y claro, ahí es donde se ve a un actor de verdad. Actor de verdad es Javier Bardem, que se paró, miró a las dos partes del vallado, notó que le estaban abucheando y, sin embargo, aguantó a pie firme y nos saludó. Eso es un actor: alguien que nunca pierde los nervios en público, sabe que se debe a la gente y se adapta a todas las situaciones. Un actor
actúa. Actor de verdad es también Imanol Arias, que saludó a nuestros silbidos e hizo la señal de la victoria no para provocarnos, como han escrito algunos medios que debieron ver la gala en helicóptero, sino para corresponder a una docena de marujas situadas en el flanco derecho de mi valla que, cuando aflojábamos en las consignas anti-Sinde, consiguió hacerle llegar el grito de “Imanol, tus películas no nos las bajamos”. Pero fuera de Imanol Arias, Javier Bardem y una docena más cuyos nombres no transcribo porque no los conozco (mi ignorancia en cine español es enciclopédica), la mayoría de invitados, al encontrarse con nuestro pifostio, mudaron el semblante y, metiendo el culo hacia dentro y pasando de nosotros, apretaron el paso y desaparecieron en un suspiro, tan rápidos que quizá podamos recuperarlos para el atletismo en el caso de que, como sospechamos, no valgan para el cine. Dicho sea esto sólo como aportación.
IMPUNTUALIDAD HABITUALHabíamos quedado a las 20:00 ante el oso y el madroño de Puerta del Sol, pero eran ya las 20:10 y allí no había nadie. Anele me había llamado media hora antes:
–Batania, ¿al final vais a ir a la Gala de la Goya?
–Claro, ¿por qué lo dices?
–Por nada. Es que como está lloviendo...
Y lo que llovía era la meada del gato, aunque ella sostuvo después que en Alcobendas diluviaba. También me llamó Giovanni Collazos:
–Batania, espérame, llegaré diez minutos tarde.
–Querrás decir veinte, porque son las 20:10.
–Sí, bueno, eso.
Al final apareció a las 20:25, diez minutos más tarde que Sol y Tayler Durden, que también se sumaron a la convocatoria. A nadie se le ocurre llegar veinticinco minutos tarde al trabajo o dejar de ir porque llueve, pero una cosa es el trabajo y otra cosa
sólo una manifestación. Así nos marchan las cosas (y yo el primer culpable). Sol me dijo que había asistido esa misma semana a una manifa contra las nuevas medidas reductoras de derechos laborales y sólo habían acudido treinta personas. Y eso que no llovió. Cuando escucho este tipo de cosas me viene a la cabeza aquella letra del grupo SKAP:
Qué decepción / a la manifestación / sólo han acudido los antidisturbios.
Por el camino se nos unió Silvi Orión e incorporamos a Alberto, un espontáneo que venía desde Málaga. Nos faltaban doscientos metros para llegar al Teatro Real y ya oíamos los gritos. Cuando llegamos, el panorama era el siguiente: los dos flancos con vallas estaban ocupados en sus tres o cuatro primeras posiciones por gentes que llevaban la máscara de Guy Fawkes, el personaje que inspiró la película
V de
Vendetta, signo característico del colectivo Anonymous. A partir de la línea cuatro o cinco, la mayoría también eran manifestantes, pero ya sin máscaras. Sólo en el ala derecha de la valla donde nos situamos había gente que había acudido a aplaudir (las marujas pro-Imanol Arias), pero en un porcentaje de uno a diez frente a nosotros.
Nada más llegar me encontré con Ignacio García, de mis tiempos en los foros de Libertad8. Al de media hora llegó Danilac. Entre las pancartas que pude leer o he encontrado por ahí, se hallaban las siguientes:
No más PP$OE • Knowledge is free • Tú lo llamas piratería, nosotros libertad • Sindergüenza • Generación NI NI: Ni PSOE ni PP • Libertad de expresión • Lo tuyo, Sinde, no es cultura • Os va a ir a ver al cine quien yo me sé • Primero Mubarak, ahora vosotros • La ley Sinde debería daros vergüenza • We are anonymous • Somos anónimos. Somos legión. No perdonamos. No olvidamos.No es por presumir, pero fuimos la sensación con las nuestras, sobre todo con la de Antonio Díez. Ya en el metro, camino de Sol, los usuarios giraban la cabeza intentando leerlas y me sonreían. Durante la manifa, la peña nos decía:
–Oye, ¿os podéis poner juntos un poco más atrás, para haceros una foto?
–Claro, claro.
También hubo generosa cosecha de consignas. En la hora y media que permanecimos ante la alfombra roja, dio tiempo para corear muchas. He aquí algunas, aparte de las que he citado arriba:
Lo llaman democracia y no lo es • Televisión, manipulación • Luego diréis que somos cinco o seis • No a la censura • Libertad en la red • La de rojo también descarga • Títeres • Compartir no es delito • La cultura no se censura • Álex amigo, Sinde te ha vendido • Álex sí, Sinde no • Vosotros, fascistas, sois los terroristas • Contra Sinde, el pueblo no se rinde • Ladrones • Más cultura, no censura • Con esta ley, no nos pararéis • Vosotros, empresarios, vivís de los becariosTambién hubo
infraconsignas, como llamar “puta” y “guarra” a algunas actrices, y “chuloputa” a algún actor, cosa que me abochornó bastante, aunque es el riesgo que uno debe asumir cuando acude a una manifestación. Llamar
puta a una mujer, por favor, qué barato. Vengo diciendo que se necesitan poetas en las manifestaciones, porque nosotros no caemos en zafiedades semejantes, y en todo caso gritaríamos “hetaira”, “meretriz” o “rabiza” con el fin de que las actrices no se enteren de nada e incluso nos sonrían (sobre todo a mí). Pero también asistí a reacciones muy bonitas, como cuando desde la valla de enfrente se comenzaron a tirar algunos huevos aislados a los actores y nuestro bando de protestantes irrumpió al unísono:
–¡Ese tirahuevos no nos representa!
Giovanni Collazos hizo de cuña entre la multitud y conseguimos acercarnos a las primeras filas, por lo que pude ver a la ministra de bastante cerca. Mientras nos manifestábamos la policía comenzó a infiltrarse entre nosotros, pues hubo algún momento en que parecía que la protesta se calentaba. No hubo caso. Anele me repartió unos cuantos folios en DIN A5 del texto titulado “Se me ha ocurrido una idea grande”, del que había hecho trescientas copias y repartido algunas de ellas en el metro de Sol. Nos enteramos de que TVE nos estaba censurando, aunque el escándalo ha sido tan grande que quince horas después rectificaron y en el telediario de las 15:00 de ayer aparecieron imágenes de las protestas. Algunos manifestantes repartieron hojas-trampa (casi todos los links son falsos) como la siguiente, de la que tengo un ejemplar en casa y que se puede encontrar en la página de Anonymous (
AQUÍ).

Y aquí debo detenerme y hacer una digresión opinadora. No estoy de acuerdo con las páginas de descargas y con afán de lucro, por pequeño que sea el enriquecimiento. Alguno dirá: mira quién habla, por lo que voy a explicarme. Entiendo que una cosa es lo que yo practicaba como pirata de poetas, con un pirateo que se movió entre el 30% del libro como máximo en mi época bolchevique y el 10% de límite en mi época menchevique, y otra cosa es lo que hace la gente de estas webs. Sigo pensando que el pirateo en la poesía es totalmente necesario, porque las editoriales son muy débiles, las ediciones constan de una tirada de risa y el desconocimiento que tenemos de grandes poetas de nuestro tiempo es tan oceánico que nos perjudica. Pero una cosa, repito, es ofrecer en versión cutre-blogspot y gratis total el 10% como máximo de la obra de un poeta bueno y desconocido, que más que nada es una invitación al lector para que acceda al producto completo y en papel, y otra cosa muy distinta es que existan páginas con ánimo de lucro que ofrecen el 100% de un producto audiovisual supercélebre con la misma calidad que el original. Me opongo a la Ley Sinde porque es una coartada para reducir ámbitos de libertad, pero quede claro que, a falta de que me lo expliquéis mejor, también estoy en contra de estas descargas tan salvajes, y eso que a mí ni me va ni me viene, porque apenas veo cine, y mucho menos español. Y no me vengáis con lo del canon digital y las subvenciones que recibe nuestro cine y la cobardía inversora de la industria frente a la de otros países: estoy de acuerdo en todo eso pero sigo en contra de estas páginas lucrativas de descargas.
ÁLEX DE LA IGLESIA Y ANONYMOUS
La ceremonia del domingo dejó dos momentos de calado. El primero, el discurso de Álex de la Iglesia (
AQUÍ), el único cineasta al que aplaudimos a su paso por la alfombra, discurso que seguramente pasará a la historia y que ejemplifica, como en el caso del novelista Gómez-Jurado, que no todos los artistas patricios se han situado a favor de los poderosos y han hecho la ecuación diabólica industria de la cultura = cultura. El segundo, en mi opinión más importante todavía, es el crecimiento continuo de Anonymous. Hasta me ha pasmado la presencia informativa que han otorgado algunos medios de derecha a la protesta, cegados por contar que “los que se opusieron a la guerra de Irak reciben su merecido”, cuando los realmente peligrosos para el
statu quo actual son los manifestantes y su forma insólita de organizarse. Por primera vez, la multitud se autogestiona: Anonymous es la muerte de los líderes y la aparición de la primera posibilidad de democracia directa, en unos tiempos en que la tecnología así lo permite. Si ellos triunfan en la defensa de las libertades, aparecerán otros grupos similares en otros ámbitos que nos pueden llevar hacia el fin de las élites, la partitocracia y las oligarquías económico-financieras. Puede aparecer una mayoría inteligente, una democracia
de verdad. Estoy tan impresionado por el crecimiento de este grupo y por sus actividades transnacionales, que opino que pueden ser el mayor movimiento hacia la luz desde mayo del 68. Y Anonymous no promete, ojo, no se queda en mero utopismo, como el de aquellos jóvenes parisinos, o como cada uno en su medida fueron Bakunin, Proudhon o Marx, no: Anonymous
cumple. Túnez, Wikileaks, Zimbawe, ahora Ley Sinde..., es increíble. No están creando un “Nosotros” sino un “Todos”.
Todo el que quiera sumarse, claro. Cuenta Khalil Gibrán en un poema en prosa cómo volvían llorando aquellos que dejaban su ego en el cementerio de egos, pero con Anonymous puede darse el caso contrario: uno abandona su ego y vuelve riendo. Aunque hay que darles tiempo, pues quizá esté siendo demasiado optimista con las posibilidades de este ejército de ciudadanos invisibles. Yo, a pesar de mi simpatía creciente, voy a seguir conservando mi ego. Por si acaso.
Nos fuimos sobre las 22:00 de la noche, mientras coreábamos a uno de los seguratas, un armario de dos metros que llevaba coleta y que, requerido por nuestros gritos, nos saludó. “El de coleta, Ministro de Cultura”, gritábamos, mientras Giovanni Collazos me trasladaba su decepción por la manifa, pues esperaba cargas policiales, cócteles-molotov, brazos y dientes rotos y en ese plan, como le solía pasar en Lima. Pero yo iba feliz de la vida, porque, aunque sólo fuimos trescientos, armamos mucho ruido y rompimos la sacralidad de los trabajadores del cine, esas personas que parecen vivir en el limbo y sólo bajan hasta nosotros para firmarnos autógrafos. Entre la protección de sus dineros, los de ellos, y la protección de nuestros derechos, los de todos, lo han tenido muy claro y han adoptado una postura de tribu. Decía Álex de la Iglesia en una parte de su discurso: “No se nos puede olvidar algo esencial: hacemos cine porque los ciudadanos NOS PERMITEN hacerlo, y les debemos respeto, y agradecimiento”. Ese
algo esencial se les había olvidado, y el domingo fuimos a recordárselo.
.
POSTDATA NEORRABIOSA: La verdadera, reveladora y desternillante historia de la hoja con los links para descargarse las películas nominadas que repartió Anonymous se puede ver AQUÍ ..