martes 31 de agosto de 2010

ANECDOTARIO DE POETAS (248): Baudelaire termina un recital en Bélgica con un solo espectador

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Baudelaire fue un poeta sólo comprendido por algunos pocos de sus contemporáneos. Sólo Víctor Hugo le expresó en una carta un lacónico: “Ha creado Ud. un estremecimiento nuevo”. Hay una anécdota curiosa al respecto. Baudelaire viajó a Bélgica para leer sus poemas. El lugar era un teatro de Bruselas. Camilo Lemmonier, el vate belga, fue a escucharlo y da su testimonio de que en la sala había solo veinte personas que comenzaron a retirarse así avanzaba la lectura hasta quedar solo él en la platea.

Al final del recitado Baudelaire se puso de pie impasible, fue hasta el borde del escenario y saludó ceremoniosamente con una inclinación de cabeza al frente y luego hacia un lado y hacia el otro. Después se retiró.
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NORBERTO PAGANO, El 12 de agosto renovó su muestra el espacio de arte "Boedoarte Sur", Nuevo Ciclo
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Una reflexión de KAFKA sobre la naturaleza del poeta

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Describe usted al poeta como a un hombre increíblemente grande que tiene los pies en la tierra mientras la cabeza le desaparece en las nubes. Claro que se trata de una imagen perfectamente corriente en el marco imaginativo de la convencionalidad pequeñoburguesa. Es una ilusión surgida de deseos ocultos y que no tiene nada que ver con la realidad. En la realidad el poeta siempre es mucho más pequeño y débil que el promedio social. Por eso siente el peso de la existencia terrenal con mucha mayor intensidad y fuerza que los demás. Para él sus cantos no son más que gritos. Para el artista el arte consiste en un sufrimiento que lo deja libre para otro sufrimiento nuevo. No es un gigante, sino sólo un pájaro de colores más o menos brillantes encerrado en la jaula de su propia existencia
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GUSTAV JANOUCH, Conversaciones con Kafka, Destino, Barcelona, 1997, pág. 51
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Argüelles, martes, 6:00

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Llevo tres semanas beneficiándome de las propiedades terapéuticas de la escritura, propiedades que había cuestionado hasta ahora. Durante todo este tiempo había atacado a la literatura confesional que yo mismo practico por entender que el poeta se dedica a manosear el sufrimiento, se gusta sufriendo, y no sólo no se cura sino que de tanto hurgarse en la herida consigue sangrar o encuentra nuevas perspectivas masoquistas que le acrecen el dolor. Se parte de un sufrimiento de nivel tres, sostenía, y mediante ese encarnizamiento literario se alcanza un nivel nueve. Esta oposición (oposición sólo teórica, pues la carne me puede y no paro de trabajar lo confesional) también venía motivada por una rara inquietud que he experimentado desde que empecé a escribir hace casi tres años, pues algunas veces he notado que se va ampliando una zona de no control en mi cerebro, como si estuviera acercándome al extravío psicológico. Pero eso era antes. En estas tres semanas, por el contrario, he comprobado y disfrutado con creces las bondades del desahogo confesional, del “soltar lastre”, y últimamente estoy tan contento con esta medicina que ya no tengo ganas de salir a la calle o quedar con nadie porque, ¿para qué quedar si me lo paso mejor escribiendo, soy menos desgraciado, me entretengo en el portátil y, en definitiva, me curo antes? Reconozco que estos desahogos no tienen ningún valor literario y se quedan en meras eyaculaciones emocionales, pero me sirven de mucho para seguir en tierra firme. El único problema grande que les encuentro es que los escribo con tal desequilibrio que no puedo publicar muchos de ellos, pues tecleo cada salvajada que al de pocos minutos empiezo a sentir vergüenza de mí mismo. Hasta he pedido a Verónica y Esther, que me suelen leer diariamente, que me envíen un mensaje cuando vean en este blog alguna entrada escrita con demasiado despecho, para borrarla de inmediato, pues no quiero empañar ni sustituir el recuerdo de diecisiete años maravillosos por el del último día nefasto. Fuera de este peligro, que va remitiendo con el paso de los días, creo que nunca he experimentado semejante pasión por escribir, y, de hecho, estoy empezando a manejar por primera vez la idea de que la escritura puede ayudarme a mejorar como persona. Hasta me sucede, últimamente, cuando camino por el Paseo de la Florida y observo a los transeúntes, que siento mucha conmiseración por ellos. En efecto, ¿cómo se las arreglarán los no apasionados por la escritura para superar los tragos amargos? ¿Cómo conseguirán saltar una ola tan alta como la que estoy tratando de saltar yo?
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Lo mejor de AMANDO DE MIGUEL (37): Hasta el 5 de septiembre de 2006

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• • • Alberto Rodríguez alude a lo divertido que es el apodo de Melenas para una persona llamada César, puesto que "César" era ya un apodo romano que significaba "melenudo". En efecto, la voz latina caesaries significa "cabellera", pero es dudoso que ese sea el apelativo de "César". Tampoco es muy cierta la versión de que César venía de caesura, corte, de donde proviene la operación de cesárea. Me inclino por la coincidencia de que un mismo sonido u otros parecidos se repite en distintos idiomas para indicar al que manda: césar, zar, ciro, sha, kan, king, káiser, cide, comes, conde, cámelot, caudillo, sir, senior, señor, etc. Así, César era simplemente un apodo de un clan familiar poderoso (17-8-06)
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• • • José Mª Navia-Osorio mantiene una discusión generacional en su familia. Él dice "las playeras" para referirse a las que inicialmente eran zapatillas o alpargatas para ir a la playa. Los hijos y la madre ("que traiciona los votos matrimoniales en beneficio de la prole") sostiene que son "los playeros", se entiende "los zapatos playeros". Concluye nostálgico don José María: "Mis delgaditas alpargatas playeras de mi infancia, de tela, no tienen nada que ver con el robusto calzado deportivo actual". Estoy con don José María (en esto como en casi todo), aunque solo sea por solidaridad etánea. Que conste que prefiero "etáneo" a "etario" para decir "de parecida edad". Cierto es que "el calzado" masculino es. Lo mismo se puede decir de "zapato". Pero determinados tipos de calzado más liviano adoptan el género femenino: zapatillas, alpargatas, chinelas, pantuflas, chanclas, chancletas, sandalias, abarcas, almadreñas. Las playeras son el último ejemplar de ese conjunto femenino (22-8-06)

• • • Juan Ponce precisa el significado de algunas acciones que parecen semejantes. Sintetizo sus ideas: Explotar: impulsar violentamente los materiales que componen un artefacto por un fallo de los mecanismos. Por ejemplo una caldera explota. Voladura: destrucción premeditada de una estructura por medio de una o varias explosiones controladas. Deflagración: la forma en la que actúan las pólvoras cuando no están encerradas en un continente. Explosionar: destruir intencionadamente un artefacto explosivo para eliminar el riesgo que representa (22-8-06)

• • • N. Medellín me plantea la duda entre decir "estoy hinchado de felicidad" o "estoy henchido". El verbo henchir es tanto como llenar hasta rebosar. Creo que le va mejor a la asociación con "felicidad". El verbo hinchar equivale a aumentar de volumen, como cuando se introduce aire en un neumático o se harta uno de comer y beber. En el caso de que se hinche el estómago u otra parte del cuerpo, esa acción suele indicar algo excesivo, anormal o patológico. Así pues lo de hinchar no va mucho con "felicidad". En cambio, no se puede hinchar de orgullo, de vanidad (22-8-06)

• • • José María Navia-Osorio, a propósito de la confusión entre umbral y dintel, me recuerda la famosa canción "El abuelo" de Víctor Manuel. La canción comienza con lo de "sentado en el quicio de la puerta". Naturalmente, es imposible sentarse en el quicio, esto es, la parte vertical de la puerta (o ventana) sobre la que gira para abrirse o cerrarse. En todo caso, se puede uno apoyar sobre el quicio, aunque más bien sería sobre la parte opuesta al quicio. Lo de sentarse está mejor sobre el umbral o sobre el alféizar, que son planos horizontales e inferiores (28-8-06)

• • • José Miguel Palacios (Alfaro, La Rioja) certifica que, no solo en Aragón, sino "en toda el canal del Ebro" se dice pescatero o pescatera, como los que venden pesca. Cierto es. Lo de pesca en lugar de "pescado" también se dice en Zamora y supongo que en otros muchos lugares de España. Así habría que distinguir esta fina gradación: Pez: animal vertebrado acuático. En un sentido amplio comprende el marisco y otras especies acuáticas que resultan comestibles. Pescado: pez dispuesto para su venta. Pesca: pescado dispuesto para cocinarlo. En inglés solo hay una palabra para las tres: fish. (31-8-06)

• • • Manuel Herrera Jerez opina que "serendipitoso es quizá una traducción innecesariamente servil y una palabra bastante fea. ¿Por qué no nos conformamos con azar para traducir o expresar serendipity?" Mi parecer es que serendipidad es un buen término. Podemos distinguir los siguientes conceptos encadenados: Azar: causa desconocida o indeterminada de los sucesos que se consideran imprevisibles. Casualidad: suceso producido sin intención o por sorpresa. Sincronicidad: repetición de sucesivas casualidades. Serendipidad: hallazgo o descubrimiento producido de manera accidental. La serendipidad la dejamos para los procesos creativos (artísticos, científicos, intelectuales) (5-9-06)

• • • Rafael Agüera Lizaso me envía una lista de palabras cuyo origen está en marcas comerciales. Por ejemplo, tergal, baquelita o casera [gaseosa]. La lista se podría ampliar muchísimo: frigidaire (= frigorífico, ya no se emplea), clínex, támpax, diésel (5-9-06)

• • • Miguel Fraile se alegra de ver escrita la palabra contumelia (= insulto a la cara) a propósito de los monólogos sobre la lengua que he vertido en este rinconcillo de las palabras. Observa don Miguel en la eufonía de contumelia por contener las cinco vocales, así como eutrapelia (= broma amable), euforia o ecuación. Don Miguel propone el adjetivo eteórico para designar esa cualidad de los términos con las cinco vocales. Podría ser también pentavocálico (5-9-06)


FUENTE: Libertad Digital (AQUÍ)
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106. Tres poemas de "Poemas diversos (1978-2002)", de FELIPE BENÍTEZ REYES

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EL IGNORADO

He cometido crímenes pasionales en Rusia,
en los días de la Revolución, confundido con la canalla.

He ofrecido mi copa con veneno
a reyes destronados y a piratas mordidos por la gangrena.

He tenido en mis manos el talle de Eurídice
y en Estambul la rosa que nunca se corrompe.

He escuchado el dolor de la música en teatros vacíos
y arrojado al Mar Muerto candelabros en llamas.

Nunca ciñó mi corazón ese anillo quemante
–amor lo llaman unos, poder otros–
que hace tremar y ciega y funde en una
el alma de los seres.

Luché con marineros que antes de morir
cantaban como niños y hablaban de mujeres
de piel hecha de noche, silenciosas como el desierto.

Un día de primavera
vi morir un caballo blanco que huía de los lobos,
y acogí un lobo en mi alma a modo de amuleto.

Me confundieron por igual el placer y el dolor
y el tiempo ya ha extendido su capa
de emperador altivo sobre mí.

Inscribid en mi tumba este alejandrino:
Son páginas los días de un libro misterioso.
Lo escribí en mi juventud y ahora lo entiendo.

(1983)



LA PESADILLA DE UNA NOCHE DE VERANO

Los platos que entrechoca la sirvienta
–como en aquel poema juvenil de T.S. Eliot.

Las escobas que suenan a pasos de fantasma
–y se abre una puerta en un libro de Matthew
G. Lewis, y aparece
la Monja Ensangrentada en el pasillo.

El grifo que gotea
con la precisión metódica de un instrumento de tortura
–y esa gota de sangre en un libro de Hammett.

El insomne runrún del frigorífico
en la noche cuajada, expandiéndose
como una bacteria –y un apestado corre
por las calles de Orán si abres un libro.

El teléfono suena.
(Un personaje de Greene.) El teléfono suena.
(Te citan a medianoche en algún consulado,

te hablan de tu pasado como de un informe público.)

Y hace calor. Y suenan
todos los teléfonos de la ciudad
igual que el corazón
de un inmenso animal descuartizado.

(1988)



PLANETA JUAN VIDA

Los bañistas linfáticos en playas espectrales,
flotando en un mar que gira como el tiempo.
El hombre que camina por la nieve,
perseguido de sí,
oscuro de pasado y de quimeras.
El perrillo altanero que custodia la Nada
de una zona industrial.
La muchacha que duerme con el dedo en la boca,
soñando con leopardos
que surgen de una jungla subconsciente.
La piel de un tigre elástico y sintético.
La casa de la luz siempre encendida,
como un templo de insomnio refulgente.
La casa de la luz siempre apagada,
compacta en su misterio indefinido.
Los ciervos de pezuña fugitiva.
Los pájaros que mueren
en los cielos herméticos.
El toro que se sueña minotauro.
La fruta que es color y es gravidez
y es amarga y se pudre.
Los alcázares árabes y el Paseo de los Tristes,
ondulante en su sierpe
de verso alejandrino y modernista.
Y allí al fondo Granada,
igual que un corazón herido que supura
el ámbar de un crepúsculo narcótico y sin tiempo.

Y se mueven las aguas. Y en las aguas se leen
las leyendas eternas de todo cuanto fluye.

(1997)


FELIPE BENÍTEZ REYES (Rota, Cádiz, 1960), Poemas diversos (1978-2002), Trama de niebla (Poesía reunida, 1978-2002), Tusquets, Barcelona, 2002, págs. 355-398
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lunes 30 de agosto de 2010

Una reflexión de NORMAN MAILER

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No hay nada peor que tener demasiado de estilo. Pienso que el único que se salió con la suya en cuanto a esto fue Proust. Realmente logró el perfecto ayuntamiento entre su material y su estilo. Por lo regular, quien tiene un gran estilo constriñe el empleo de su material de trabajo. Eso se puede aplicar a Henry James como a Hemingway. El reverso de esta tendencia podría ser Zola, cuyo estilo es razonablemente decente, nada para morirse, pero su material novelístico es maravilloso
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NORMAN MAILER, entrevista de Andrew O'Hagan, 2007, traducción de Max Vergara Poeti. Toda la entrevista AQUÍ
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TROYA LITERARIA (194): Vargas Llosa contra García Márquez

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Con este telón de fondo quiero situar aquella respuesta mía en Nueva York, a la pregunta de un escritor sudafricano, en la que dije lamentar que García Márquez hubiera aceptado ser un “cortesano” de Fidel Castro. Hasta en tres ocasiones me conminó usted [Günter Grass] en Hamburgo a pedir disculpas por aquella frase, so pena -según los cables- de dejar de ser para usted “un interlocutor válido”. (Estas son las bravatas suyas a las que me referí al principio.)

No voy a retirar esa frase. Sé que ella es dura pero estoy convencido que expresa una verdad. Dije también algo igualmente severo, hace algunos años, cuando supe que Borges -un escritor al que tengo como uno de los más originales e inteligentes que haya producido nuestra lengua- había aceptado una condecoración del general Pinochet. Tener un gran talento literario no me parece un atenuante sino un agravante en estos casos. Simplemente no entiendo qué puede llevar a un escritor como García Márquez a conducirse como lo hace con el regimen cubano. Porque su adhesion va más allá de la solidaridad ideológica y asume a menudo las formas de la beatería religiosa o de la adulación. Que un escritor inciense como él lo hace al caudillo de un régimen que mantiene muchos presos políticos -entre ellos varios escritores-, que practica una estrictísima censura intelectual, no tolera la menor crítica y ha obligado a exiliarse a decenas de intelectuales, es algo que, como decimos en español, me hace sentir vergüenza ajena. Y también me alarma, pues poniendo su prestigio al servicio incondicional de Fidel Castro, García Marquez confunde a mucha gente en América Latina sobre la verdadera naturaleza de su régimen.

Probablemente admiro la obra literaria de García Marquez tanto como usted. Y, acaso, la conozco mejor, pues dediqué dos años a estudiarla y escribí sobre ella. Él y yo fuimos muy amigos; luego, nos distanciamos y las diferencias políticas han ido abriendo un abismo entre nosotros en todos estos años. Pero nada de eso me impide gozar con la buena prosa que escribe y con la imaginación fosforecente que despliega en sus historias. Porque reconozco en él un talento literario poco común, no puedo comprender que, tratándose de Cuba, haya renunciado a toda forma de discriminación moral y de independencia crítica asumiendo resueltamente un papel que me parece indigno de él: el de propagandista.
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MARIO VARGAS LLOSA, Carta a Günter Grass, Letras Libres, Vuelta 117, Agosto 1986. Toda la carta AQUÍ
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Portadas que ocuparon la cabecera neorrabiosa durante la última semana

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Lo mejor de CRÍTICA POÉTICA Y CONTRACRÍTICA (47): 1 de julio de 2009

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Nadie: No entiendo lo que dice Joan de que “La marcha de 150.000.000”, de Enrique Falcon, es "demasiado política", pensé que lo que importaba era que la temperatura poética no se perdiera... ¡aunque se intente ser cívicamente útil! España, aparta de mí este cáliz, de César Vallejo, es demasiado político, está marcado por las circunstancias, y no por eso deja de ser poesía arrebatadora.

Joan: Intentaré aclarar lo que quise decir. Cuando dije "demasiado política" me refería a que en no pocas ocasiones a lo largo de “La marcha de 150.000.000” prima el mensaje político sobre el mensaje poético. Con esto quiero decir que parece que el inicio del proceso por el cual se vierte al lenguaje el verso está condicionado a una intencionalidad política a la que, en una segunda vuelta, se le trata de dar una apariencia poética. El resultado es un verso muy político pero escasamente poético. Hay momentos en los que se cae directamente en la propaganda seudomarxista e incluso vienen recuerdos anteriores a la caída del telón de acero. Hay un cierto sovietismo en algunos pasajes que me inquietan. Su ubicación natural sería en un libro de ensayo salvo que el poeta tuviera una capacidad genial, algo que no ocurre. Creo que hay buenos poemas políticos pero los poetas que han escrito poesía política han errado en un porcentaje mucho mayor que acertado. La tentación al panfleto y al cartel es demasiado cercana.

Willyimagine: Hay, para empezar, en críticos como Joan -tan acertado otras veces-, una separación artificial entre lo político y lo poético. Toda poesía es política, incluso "demasiado política". Otra cosa es que los temas explícitamente políticos suelan llevar consigo -como bien dice Joan- "la tentación al panfleto". Sin embargo, en mi opinión, la poesía de Falcón sí logra una gran calidad poética y no se puede decir -salvo fragmentos aislados- que sea lineal, discursiva o panfletaria. Su potencia épica es algo que se agradece en la inanidad de hoy en día, sobre todo porque ese tono épico no es directo y superficial, sino que se suele expresar con versos de gran belleza y apertura de sentidos ("hurgar en la tormenta con tus dedos de niño", "y yo he sido esta selva palpitante de lagartos", "ha llegado esta risa a mis ventanas como un dios que pasa frío", citando un poco al azar).

Robespierre: La tendencia a la narratividad aumenta según disminuye la edad de los pretendidos poetas; a más juventud, menos poesía. Una amiga me prestó el término "poetas vagos" para referirme a estos narradores en columna. Impera en sus historias la anécdota vacía, el pastiche, el desahogo, la violencia verbal, la autocompasión, el odio macarra, la gracieta sexual... Y ego, mucho ego. Todos están obsesionados con Carver, Fante y ¡cómo no!, el manido Bukowski... ¡qué modernos! No les saquen de ahí, porque no han leído más. Son los bukowskianos, los poetas de "no ficción" (tremendo subtítulo), los perfopoéticos, las niñas que enseñan pezones y carmín en las fotos de las antologías, los de la barba trasnochada y el sombrero, los de la cerveza en mano, como si el símbolo les fuera a dar el halo poético del que no disponen. Es una pena, su estética es tan pobre y tan ramplona que durará muy poco. Por blogs y pubs pueden ustedes descubrirlos. Son legión.

Willyimagine: Siguiendo el tema de la narratividad en poesía, coincido con Robespierre en el cansancio que producen los jóvenes de pose bukowskiana y poemas superficiales y vacíos. Pero me parece que este hecho no debería desacreditar a todos los poetas de la "tendencia narrativa". Pondré un ejemplo: no conozco poeta tan radicalmente narrativo como Manuel Vilas y, sin embargo, creo que su poesía es de un gran nivel. Es verdad que la narratividad puede considerarse como un rasgo antipoético, pero es que una gran parte de la poesía moderna, desde Baudelaire por lo menos, se construye explotando los recursos de lo no-poético. La opción contraria es extremar lo poético, con Mallarmé por santo patrono, una opción igualmente válida pero que a mí personalmente me interesa menos. También hay opciones intermedias, sin duda. En definitiva, que en la modernidad un poeta por narrativo no es peor poeta (ni mejor tampoco).

Anónimo: Venía a decir José Ángel Valente en "Ideología y lenguaje", Las palabras de la tribu, Tusquest, que caer en cualquier tipo de formalismo, ya sea estético, ideológico, o por "moda", origina una institucionalización del lenguaje y, por ende, de la palabra poética. Se produce así el "secuestro" de la palabra, y es "maniatada" por "el bien público". La naturaleza de la palabra poética verdadera residiría para el poeta gallego en su "carácter clandestino", su capacidad para surgir del subsuelo de la realidad sobreponiéndose a la "tiranía" impuesta por la "ciudad". Como el símbolo del "limo", tan presente en sus versos, la palabra poética verdadera es un organismo de origen desconocido que "aparece" -porque es una aparición, una revelación- y sobrevive en lugares inhóspitos. Como las flores de invierno.

Joan: Nunca, amigo Victor, en la historia de la poesía española, ésta ha girado tanto en torno a un sólo poeta, García Montero, y nunca ha sido este poeta tan malo. Y nunca ha habido unos poetas jóvenes tan serviles al poder. Tenía mucha razón At War cuando hablaba del franquismo y de lo bien que se llevó la generación del 50 con el régimen. Es verdad que la mayoría pasó por el opusino premio Adonáis y que ninguno lo habría ganado, o se habría llevado un accésit, si hubiera pasado por la cárcel o hubiera sido realmente crítico con la dictadura.

Anonimito: En la línea de los señores Joan y Nadie, el libro de Agustín Fernández Mallo, Postpoesía, es un fabuloso ovni ortopédico-intelectual que siembra de confettis el desierto. El análisis que hace de la poesía española contemporánea es tan paupérrimo que sólo demuestra una cosa: el desconocimiento absoluto que el autor demuestra en la materia. Pero a la ignorancia se une la supuesta heterodoxia redentora, la reivindicación de un ente nouménico salvífico: post-poesía, ni más ni menos. Ya han "inventado" el post-rock, el post-cine; ahora, la post-poesía. El hecho de que esta entelequia sea, en el fondo, algo muy antiguo (ensayado, como poco, por las vanguardias), no parece importar al autor: el caso es apuntarse a la moda oportunista de acuñar rótulos que apenas disimulan un discurso vacío, arbitrario, con un nulo rigor intelectual. Agustín Fernández Mallo debería dedicarse a otra cosa o al menos leer a José Luis Pardo, Miguel Morey, etc., para aprender a argumentar y desarrollar unas premisas. Pura pirotecnia sin gracia, porque ni siquiera admite ser leído como broma.


Blog Crítica poética y contracrítica (AQUÍ)
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105. Dos poemas de "Nuevos poemas", de FELIPE BENÍTEZ REYES

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LA CUESTIÓN PRELIMINAR

Savia mutada en ámbar,
Tiempo, ¿qué es lo que fuiste?
¿Qué confabulación de azar y orden
te otorgó esa apariencia de fluido,
de armónica secuencia prodigiosa,
de abstracta encarnación de lo ilusorio?

Tiempo, ¿qué es lo que eras?
¿En qué leve esplendor te camuflabas,
transformado en qué símbolos:
el crepúsculo hecho
de color y de caos,
el mar tintado en verde por el viento,
la perfección precaria de una rosa?

¿Dónde estaba tu casa?

Duende aun de los relojes detenidos,
el que está huyendo siempre
y el que no se va nunca,
Tiempo, tú, el invisible,
criatura en el aire, en él mecida,
ingrávida ficción del pensamiento.

Tiempo, ¿qué fuiste tú?
¿Qué leyenda de ti nos pertenece?

¿Qué podemos contar si nos preguntan?



INFANCIA

Igual que el leve espectro de vapor
que cruza en espiral un alambique,

como el agua filtrada por la piedra,
exacta y cristalina;

como el viento
de gótico aullido helado tras la lluvia,

como el pájaro blanco que se eleva
sobre un pájaro muerto,

tu pensamiento se alza cada día,
indeciso en la luz, puro en la bruma,
para tomar posesión de un nuevo espacio
en la nieve sin huellas de tu tiempo.


FELIPE BENÍTEZ REYES (Rota, Cádiz, 1960), Nuevos poemas, Trama de niebla (Poesía reunida, 1978-2002), Tusquets, Barcelona, 2002, págs. 341-354
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domingo 29 de agosto de 2010

TROYA LITERARIA (193): Heriberto Yépez contra Carlos Fuentes y Octavio Paz

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Primero que todo, obviedad, usted [Carlos Fuentes] construyó parte de la mejor literatura mexicana. Y sospecho que —y he aquí parte central de la presente carta tránsfuga— la novela mexicana contemporánea se trata de la fragmentación de las distintas novelísticas implícitas en su obra. Unos se quedaron con su afán polifónico-totalizador; otros con su afán minimal-estilístico. Y en el futuro otros se quedarán con su novela para lector común.

La literatura no es angelical; es consanguínea de las condiciones psicohistóricas de su época. Por ende, su forma literaria refluja la estructura del Partido Revolucionario Institucional. Y no sólo hablo del partido de Estado, sino también del modo de pensar que el PRI representa, en México y en cualquier región de la mente. No es casual que más de una vez usted haya apoyado al gobierno, como en ese bochornoso asunto de Echeverría. Menos penoso, sin embargo, que el TLC entre Octavio Paz y Carlos Salinas.

Muchas veces he pensado que cierto lenguaje suyo —sobre todo, en sus primeros libros— y el de Paz son increíblemente similares. Usted escribió las novelas que Paz nunca logró. (De un borrador de mala novela de tesis salió el Laberinto.) Su primera etapa narrativa, en definitiva, en el futuro se leerá a la par que la poesía de Paz. Y no me interesa quién copió a quién. Ese lenguaje estaba en el aire post-revolucionario. Por una parte, es reencauce del lenguaje popular elevado a rango estético, aprovechando su fuerza demosténica. Y, otra, y esto es más espinoso, ese lenguaje deriva de la demagogia del PRI. De su romanticismo machista del Pueblo y la Historia.

Usted y Paz, y sus “sucesores”, aplicaron el presidencialismo, el “Partido” único, en la literatura. Y eso sigue haciendo mucho daño. Mermó severamente el verdadero espíritu de la escritura: la disidencia desestructurante. Por desgracia, incluso, se puede prescindir de ustedes, y el PRI cultural continúa. Usted y Paz fungieron como caciques. Fueron protagonistas del modelo que aún hoy domina: la “República de las Letras”, la “Tradición Mexicana”, el escritor como caudillo que, en realidad, es terrateniente. Porfiriato y priato. Dictacalladita mexicana. El Partido de la Literatura Revolucionaria Integrada.

Una parte de su escritura, pues, depende del discurso nacionalista y los ideales del régimen. Hicieron del PRI, nuestra literatura más elegante. Fueron demasiado estetas. Demasiado literatos. Demasiado oficiales.

Afortunadamente, ese latifundio se está desmoronando. Y es que (qué risa) los herederos ni siquiera han tenido los huevos para mantener la hacienda bajo su mando.

Indudablemente sus novelas son una lección tremenda, bellísima, de estilos monumentales, técnicas de derroche, ambientes vocales. Enseñan a escribir. Creo que los narradores posteriores a usted, aprendieron justamente eso. Y sólo eso.


HERIBERTO YÉPEZ, Carta a un viejo novelista, Palabras Malditas, agosto de 2009. Toda la carta AQUÍ
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ANECDOTARIO DE POETAS (247): La hermana de Rimbaud manipula la biografía del poeta

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Si conocemos los dramáticos meses finales de Rimbaud es ante todo por su hermana Isabelle, quien estuvo devotamente próxima a él día tras día: desde su llegada en agosto a la granja familiar de Roche, cerca de Charleville, hasta su muerte en el hospital de la Concepción, el 10 de noviembre de 1891. Isabelle, la llamada “hermana de devoción”, relató sus recuerdos en dos textos: éste, Mi hermano Arthur, de 1892, escrito en la granja familiar, y el otro, Reliquias, de 1897, donde quiso, hasta la invención y la fantasía, preservar una imagen intelectual, moral y física grandiosas del hermano. Desde el año de su muerte, y sobre todo a partir de 1895, con la publicación de las Poesías completas, preparadas y prologadas por Paul Verlaine, empezó a crecer el mito Rimbaud, e Isabelle buscó dar del hermano menos el retrato de una persona que el de un personaje: alguien entre el ángel y el superhombre. Mi hermano Arthur es un texto que uno lee divertido por las mentiras y fantasías, pero al mismo tiempo, comprendiendo la ingenuidad provinciana de la hermana, con una sonrisa de piedad. Para Isabelle, su hermano Arthur es el gran explorador, el sabio enciclopédico, la inteligencia más dotada, el políglota que habla todos los idiomas europeos y muchos del África, el conversador que hechiza dondequiera a los interlocutores, el franciscano que se despoja de sus ropas y de su dinero para dárselos a los pobres, el asceta que no se permite ningún lujo inútil, el hombre de una fuerza inusitada al que es imposible que ninguna gavilla le robe una sola mercancía, aquel ser fuera de lo humano a quien en el África los moradores llamaban El Justo y El Santo. En suma, alguien que fue para ella simple y sencillamente: “mi ángel, mi santo, mi amado, mi alma”.

Hasta 1981, cuando fui a Charleville, los restos de Isabelle yacían en la cripta familiar, pero su nombre no estaba escrito en la lápida, porque, según el parecer de los habitantes de la ciudad, contó “muchas mentiras sobre su hermano”. Es una estupidez y una mezquindad ilimitadas. Como decía Pierre Petitfils en su notable biografía sobre Rimbaud, reprobando a los censores de Isabelle: “Antes de burlarse se necesitan comprender”.
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MARCO ANTONIO CAMPOS, Mi hermano Arthur, en Confabulario, El Universal, 9 de octubre de 2004

*Anécdota enviada por ERRE
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104. Tres poemas de "Escaparate de venenos", de FELIPE BENÍTEZ REYES

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GENTE QUE COMPRA CORAZONES DE CHOCOLATE
EN EL DÍA DE SAN VALENTÍN
O AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DEL AMOR


La esencia del amor es delincuente:
esa nave pirata
que busca por los mares de la noche
el tesoro incesante de la vida.
Pero nunca
rompamos esa copa
en que tú y yo bebemos
día a día y sin sed
el agua de este lago detenido.



LA LUNA

Los pocos que la han pisado
no pueden describirla con metáforas.

Yo la miro
con el mismo estupor que el primer hombre.



PROPÓSITO DE ENMIENDA

A favor del vivir –sea eso lo que sea–,
retando la locura del tiempo fugitivo,

marcando las distancias con su vértigo
de muerte y destrucciones arbitrarias,

mirándole a los ojos

al tiempo
–aun siendo él

veloz como un reptil que deja atrás su sombra.

Qué meticulosidad –ese asesino en serie–
para darnos las dosis de veneno y de antídoto
con una exactitud de paciente alquimista,
arrojados nosotros a sus pies
como los perros...

Y, no obstante,
a favor del vivir, sea eso lo que sea
–y aun temiendo que sea
este raro correr hacia la nada.


FELIPE BENÍTEZ REYES (Rota, Cádiz, 1960), Escaparate de venenos, Trama de niebla (Poesía reunida, 1978-2002), Tusquets, Barcelona, 2002, págs. 237-340
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sábado 28 de agosto de 2010

MANIFIESTOS (13): Manifiesto de los pintores futuristas italianos (1910)

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¡A los artistas jóvenes de Italia!

El grito de rebelión que lanzamos, asociando nuestros ideales a los de los poetas futuristas, no parte de una capillita estética, sino que expresa el violento deseo que hierve hoy en las venas de todo artista creador.

Nosotros queremos combatir encarnizadamente la religión fanática, inconsciente y snob del pasado, alimentada por la existencia nefasta de los museos. Nos rebelamos contra la supina admiración de las viejas telas, de las viejas estatuas, de los objetos viejos -y contra el entusiasmo por todo lo que está carcomido, sucio, corroído por el tiempo, y juzgamos injusto y delictivo el habitual desdén por todo lo que es joven, nuevo y palpitante de vida.

¡Compañeros! Nosotros os decimos que el triunfante progreso de las ciencias ha determinado en la humanidad cambios tan profundos que ha abierto un abismo entre los dóciles esclavos del pasado y nosotros, libres y seguros de la radiante magnificencia del futuro.

Nosotros estamos asqueados de la pereza vil que, desde el siglo XVI, hace vivir a nuestros artistas de una incesante explotación de las glorias antiguas.

Para los demás pueblos Italia sigue siendo una tierra de muertos, una inmensa Pompeya blanqueada de sepulcros. Pero Italia renace, y a su resurgimiento político sigue el resurgimiento intelectual. En el país de los analfabetos se multiplican las escuelas: en el país del dolce far niente rugen ya innumerables fábricas: en el país de la estética tradicional alzan el vuelo inspiraciones fulgurantes de novedad.

Sólo es vital el arte que encuentra sus propios elementos en el ambiente que lo circunda. Así como nuestros antepasados hallaron materia de arte en la atmósfera religiosa que dominaba sus almas, nosotros debemos inspirarnos en los milagros tangibles de la vida contemporánea, en la férrea red de velocidad que abraza la Tierra, en los transatlánticos, en los acorazados, en los vuelos maravillosos que surcan los cielos, en las audacias tenebrosas de los navegantes submarinos, en la lucha espasmódica por la conquista de lo desconocido. ¿Y podemos permanecer insensibles a la frenética actividad de las grandes capitales, a la psicología novísima del noctambulismo, a las figuras febriles del vividor, de la cocotte, del apache y del alcoholizado?

Como queremos contribuir a la necesaria renovación de todas las expresiones de arte, declaramos la guerra, resueltamente, a todos los artistas y a todas las instituciones que, aun camuflándose so capa de una falsa modernidad, siguen atascados en la tradición, en el academicismo y, sobre todo, en una repugnante pereza cerebral.

¡Denunciamos el desprecio a los jóvenes de toda esa canalla inconsciente que en Roma aplaude un nauseabundo reflorecimiento de clasicismo reblandecido; que en Florencia exalta a neuróticos cultivadores de un arcaísmo hermafrodita; que en Milán remunera una pedestre y ciega manualidad cuarentayochesca; que en Turin alaba una pintura de funcionarios gubernativos jubilados, y que en Venecia glorifica a una farragosa pátina de alquimistas fosilizados! En suma, nos alzamos contra la superficialidad, la trivialidad y la facilonería hortera y perdularia que hacen profundamente despreciable a la mayor parte de los artistas respetados de cada región de Italia.

¡Fuera, pues, restauradores vendidos de viejas costras! ¡Fuera, arqueólogos atacados de necrología crónica! ¡Fuera, críticos complacientes y proxenetas! ¡Fuera, academias gotosas, profesores borrachos e ignorantes! ¡Fuera!

Preguntad a estos sacerdotes del culto verdadero, a estos depositarios de las leyes estéticas, dónde están hoy las obras de Giovanni Segantini: preguntadles por qué las comisiones oficiales no se dan cuenta de la existencia de Gaetano Previati; preguntadles dónde se aprecia la escultura de Medardo Rosso... ¿Y quién se preocupa de pensar en los artistas que no llevan veinte años de luchas y de sufrimientos, pero que, a pesar de ello, van preparando obras destinadas a honrar a la patria?

¡Tienen muy otros intereses que defender los críticos pagados! ¡Las exposiciones, los concursos, la crítica superficial y nunca desinteresada condenan el arte italiano a la ignominia de una auténtica prostitución!

¿Y qué decir de los especialistas? ¡Vamos! ¡Acabemos con los Retratistas, con los Pintores de interiores, con los Laguistas, con los Montañistas!... ¡Ya hemos soportado bastante a todos estos impotentes pintores domingueros!

¡Acabemos con los desfiguradores de mármoles que atestan las plazas y profanan los cementerios! ¡Acabemos con la arquitectura comercial de los contratistas de cemento armado! ¡Acabemos con los decoradores de perra gorda, con los falsificadores de cerámicas, con los cartelistas vendidos y con los ilustradores torpes y chapuceros!


He aquí nuestras CONCLUSIONES claras:

Con esta entusiasta adhesión al futurismo, nosotros queremos:

1. Destruir el culto del pasado, la obsesión de lo antiguo, la pedantería y el formalismo académico.
2. Despreciar profundamente toda forma de imitación.
3. Exaltar toda forma de originalidad aunque sea temeraria, aunque sea violentísima.
4. Sacar valor y orgullo de la fácil tacha de locura con que se azota y amordaza a los innovadores.
5. Considerar a los críticos de arte como inútiles y dañinos.
6. Rebelarnos contra la tiranía de las palabras ARMONÍA Y BUEN GUSTO, expresiones demasiado elásticas, con las que fácilmente se podría demoler la obra de Rembrandt, de Goya y de Rodin.
7. Barrer del campo ideal del arte todos los motivos y todos los temas ya explotados.
8. Representar y magnificar la vida actual, incesante y tumultuosamente transformada por la ciencia victoriosa.

¡Entiérrese a los muertos en las más profundas entrañas de la tierra! ¡Quede libre de momias el umbral del futuro! ¡Paso a los jóvenes, a los violentos, a los temerarios!


Pintor Umberto Boccioni (Milán).
Pintor Carlo Dalmazzo Carrá (Milán).
Pintor Luigi Russolo (Milán).
Pintor Giacomo Balla (Roma).
Pintor Gino Severini (París).


MANIFIESTO DE LOS PINTORES FUTURISTAS, Revista Poesía, Milán, 8 de marzo de 2010 (AQUÍ)
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Una reflexión de HAROLD BLOOM

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Toda distinción entre literatura sacra y secular no es más que una acción política. Cierta literatura es mejor o peor que otra, puede tener mayor o menor valor estético, y transmite más o menos sabiduría, pero cualquier distinción entre literatura sagrada y secular me parece un fiasco político. Es decir que, como sostuvo Unamuno, las sagradas escrituras españolas son el Quijote, y yo diría que las auténticas sagradas escrituras en lengua inglesa, tan verdaderas como la versión King James de la Biblia, son las obras completas de Shakespeare, del mismo modo que las escrituras estadounidenses son Walt Whitman y que las alemanas no son Lutero, sino Goethe


HAROLD BLOOM, entrevistado por Fernando Castanedo, "El único genio de la tradición americana es Walt Whitman", El País, 17 de septiembre de 2005. Toda la entrevista AQUÍ
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103. Tres poemas de "El equipaje abierto", de FELIPE BENÍTEZ REYES

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EL EQUIPAJE ABIERTO

De todo comienza a hacer bastante tiempo.

Y en una habitación cerrada
hay un niño que aún juega con cristales y agujas
bajo la mortandad hipnótica de la tarde.

Comienza a hacer de todo muchos años.

Y la noche, sobrecogida de sí misma,
abre ya su navaja de alta estrella
ante la densa rosa carnal de la memoria.

Comienza a ser el tiempo un lugar arrasado
del que vamos cerrando las fronteras
para cumplir las leyes
de esa cosa inexacta que llamamos olvido.

Y llega la propia vida hasta su orilla
como lleva el azar la maleta de un náufrago
a la playa en que alguien la abre con extrañeza
–y esa ridiculez de disfraz desamparado
que adquieren los vestidos de la gente al morir.

Lejano y codiciable,
el tiempo es territorio del que sólo
regresa, sin sentido y demente,
el viento sepulcral de la memoria,
devuelto como un eco.

Como devuelve el mar su podredumbre.

Todas nuestras maletas
reflejan la ordenación desvanecida
de un viaje
que siempre ha sucedido en el pasado.
Y las abrimos
con la perplejidad de quien se encuentra
una maleta absurda
en esa soledad de centinela
que parecen tener las playas en invierno.



LA CONDENA

El que posee el oro añora el barro.
El dueño de la luz forja tinieblas.
El que adora a su dios teme a su dios.
El que no tiene dios tiembla en la noche.

Quien encontró el amor no lo buscaba.
Quien lo busca se encuentra con su sombra.
Quien trazó laberintos pide una rosa blanca.
El dueño de la rosa sueña con laberintos.

Aquel que halló el lugar piensa en marcharse.
El que no lo halló nunca
es desdichado.
Aquel que cifró el mundo con palabras
desprecia las palabras.
Quien busca las palabras que lo cifren
halla sólo palabras.

Nunca la posesión está cumplida.
Errático el deseo, el pensamiento.
Todo lo que se tiene es una niebla
y las vidas ajenas son la vida.

Nuestros tesoros son tesoros falsos.

Y somos los ladrones de tesoros.



EL ESPEJISMO

Cruzar –turbia la noche– un puente y comprobar
al instante que no lo habías cruzado, que en el agua
se hundían galeones y plásticos y envases
de los helados del kiosco, que no había
ningún río, ni un puente,
que el kiosco de helados
se desmontó en el año 81 y desde entonces
nadie va por allí, nadie se atreve
a cruzar ese puente que no existe
ni a mirar ese río imaginario
por miedo a que sus ojos se acostumbren
a inventar de la nada
un río caudaloso,
a levantar con humo
un puente desde el cual los transeúntes
pudieran saludar su propia imagen
reflejada en el río
que fluye adormecido hacia el pasado.


FELIPE BENÍTEZ REYES (Rota, Cádiz, 1960), El equipaje abierto, Trama de niebla (Poesía reunida, 1978-2002), Tusquets, Barcelona, 2002, págs. 163-235
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viernes 27 de agosto de 2010

ARCADIA LITERARIA (10): Patti Smith a favor de Roberto Bolaño

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2666 es la primera obra maestra del siglo XXI. Es la nueva Finnegans Wake, la novela del nuevo milenio. Sencillamente, me obsesiona y creo que su influencia sobre el resto de escritores será imparable. Leer a Bolaño ha sido una revelación para mí, por su ternura, su poesía y su filosofía. Creo que saber que iba a morir es fundamental para entender las reflexiones de sus libros. Su enorme sentido de la humanidad y, por tanto, de la inhumanidad tienen que ver con esa inminencia de la muerte. Sencillamente, cada día aprendo de él.


PATTI SMITH, en el reportaje de Elsa Fernández-Santos, "Todos los días aprendo de Roberto Bolaño", El País, 25 de marzo de 2010. Toda la entrevista AQUÍ
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ANECDOTARIO DE POETAS (246): Byron célebre y "satánico"

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Llegó a atravesar a nado el Helesponto de Sesto a Abido, como el legendario Leandro. Cuando regresó a Inglaterra, llevaba consigo un manojo de versos; las memorias del viaje se habían transformado en las poesías que le hicieron famoso. Fue como una explosión imprevista. "Una mañana -escribe Byron- me desperté y me encontré con que era un hombre célebre." Hábilmente lanzado por un editor de moda, Murray, su primer libro (los dos primeros cantos de Las peregrinaciones de Childe Harold) gozó de extraordinario éxito. Su autor, hombre joven, libre de ataduras familiares (su madre había muerto poco después de su regreso), envuelto en el seductor reverbero de su personaje, llega a ser el ídolo de los salones londinenses. Las mujeres de la alta sociedad se lo disputaban. Unas borrascosas relaciones con Caroline Lamb, la bella y extravagante mujer de lord Melbourne, futuro ministro de la reina Victoria, alimentaron las maliciosas murmuraciones de la sociedad durante meses. Cuando Caroline huyó de casa y, un poco más tarde, desdeñada por su amante, intentó suicidarse en un baile, la fama del Byron "satánico", destructor de hogares y corazones, comenzó a tomar cuerpo. A decir verdad, lady Caroline, con sus crisis de histeria, sus escenas de celos y sus continuas venganzas sentimentales, a las que sometía al propio Byron, revelaba un estado de acentuado desequilibrio mental. Pero la gente prefería el mito del perverso seductor a la prosaica realidad. El mismo príncipe regente acusó abiertamente a Lord Byron de haber "hechizado" no sólo a Caroline Lamb, sino a toda su familia.
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FERNANDO VARELA IGLESIAS, Byron, Prensa Española, Madrid, 1972, págs. 14 y 15
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TROYA LITERARIA (192): Neruda contra Juan Larrea

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Oda a Juan Tarrea


Sí, conoce la América,
Tarrea.
La conoce.
En el desamparado
Perú, saqueó las tumbas.
Al pequeño serrano,
al indio andino,
el protector Tarrea
dio la mano,
pero la retiró con sus anillos.
Arrasó las turquesas.
A Bilbao se fue con las vasijas.
Después
se colgó de Vallejo,
le ayudó a bien morir
y luego puso
un pequeño almacén
de prólogos y epílogos.

Ahora
ha hablado con Pineda.
Es importante.
Algo andará vendiendo.
Ha “descubierto”
el Nuevo Mundo.
Descubramos nosotros
a estos descubridores!
A Pineda, muchacho
de quien leí
en su libro
verdades
y velorios,
ríos ferruginosos,
gente clara,
panes y panaderos,
caminos con caballos,
a nuestro americano
Pineda,
o a otro
desde España con boina
de sotacura y uñas
de prestamista,
Tarrea
llega
a enseñar
lo que es él, lo que soy
y lo que somos.

No sabe nada
pero
enseña.
“Así es América.
Éste es Rubén Darío”,
dice
poniendo sobre el mapa
la larga uña de Euzkadi.
Y escribe el pobrecillo
largamente.
Nadie puede leer
lo que repite,
pero incansable
sube
a las revistas,
se descuelga
entre los capitolios,
resbala
desde las academias,
en todas partes
sale con su discurso,
con su berenjenal
de vaguedades,
con su oscilante
nube
de tontas teorías,
su baratillo viejo
de saldos metafísicos,
de seudo magia
negra
y de mesiánica
quincallería.

Es lo que ahora llevan
por nuestras inocentes
poblaciones,
suplementos,
revistas,
los últimos
o penúltimos
filibusteros,
y al pobre americano
le muestran
una inservible y necia
baratija
con
sueños
de gusano
o mentiras
de falso Apocalipsis,
y se llevan
el oro
de Pineda,
el vapor
verde
de nuestros ríos,
la piel
pura,
la sal
de nuestras soledades espaciosas.
Tarrea,
ándate pronto.
No me toques. No toques
a Darío, no vendas
a Vallejo, no rasques
la rodilla
de Neruda.
Al español, a la española amamos,
a la sencilla gente
que trabaja y discurre,
al hijo luminoso
de la guerra
terrible,
al capitán valiente
y al labrador
sincero
deseamos. Si quieren
roturar tierra o presidir los ríos,
vengan,
sí, vengan ellos,
pero
tú,
Tarrea, vuelve
a tu cambalache
de Bilbao,
a la huesa
del monasterio pútrido,
golpea
la puerta del Caudillo,
eres su emanación,
su nimbo negro,
su viudedad vacía.
Vuelve
a tus enterrados, al osario
con ociosos lagartos,
nosotros,
simples
picapedreros, pobres
comedores de manzanas,
constructores
de una casa sencilla,
no queremos
ser descubiertos,
no,
no deseamos
la cháchara perdida
del tonto de ultramar.
Vuélvete ahora
a tu epitafio
atlántico, a la ría
mercantil, marinera,
allí sal con tu cesta
de monólogos
y grita por las calles
a ver si alguien se apiada
y consume
tu melancólica mercadería.

Yo no puedo.

No acepto baratijas.

No puedo
preocuparme de ti, pobre Tarrea.

Tengo deberes de hombre.

Y tengo canto
para tanto tiempo
que te aconsejo
ahorres
uña y lengua.

Dura
fue mi madre,
la cordillera andina,
caudaloso
fue el trueno del océano
sobre mi nacimiento,
vivo en mi territorio,
me desangro
en la luz de mi batalla,
hago los muros
de mi propia casa,
contribuyo
a la piedra con mi canto,
y no te necesito,
vendedor
de muertos, capellán
de fantasmas,
pálido sacristán
espiritista,
chalán de mulas muertas,
yo no te doy
vasija
contra baratijo:
yo, para tu desgracia,
he andado, he visto,
canto.


PABLO NERUDA, Nuevas odas elementales, Obras completas II, RBA, Barcelona, 2005, págs. 375-381
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Primera convocatoria para elegir a la nueva musa neorrabiosa

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Batania, pirata neorrabioso, herido y abandonado por la mujer que fue musgo, corteza y montaña de su vida, y preocupado no tanto por su situación personal como por las consecuencias que ese abandono puedan causar en su obra, que es lo primero y lo segundo y lo único, ha decidido convocar un concurso para elegir a la nueva Iratxe que le torture e inspire en los próximos diecisiete años. Por tanto, cambiando a Sófocles por Aristófanes, dejando la lágrima y empuñando la risa, y confiado en hallar una musa que no se aparte en un solo centímetro de la Iratxe original, establece los siguientes e imprescindibles requisitos:
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1. Que se crea la ninfa de las ninfas y la diadema de las diademas, Afrodita y Atenea juntas, tan dotada como Rachel Welch y tan superdotada como Madame Curie. Que considere que hasta sus pedos huelen a tomillo, sus legañas a albahaca y sus estornudos a madreselva. Que no dude en celebrarse como el ejemplar más extraordinario que pisa la tierra. Que para llegar a estas conclusiones le haya bastado con su propia opinión.

2. Que sea bella y sepa utilizarlo, que allá donde acuda funde Fascinaciones SA, que vaya por las calles cometiendo belleza. Que hasta cuando camine por el suelo se note que sólo se está posando (se le notan demasiado las alas).

3. Que tenga una parte de mariposa y dos de escorpión, tres gotas de monja y siete de puta, algo de primera de la clase y otro poco de niña que se levanta la falda a cambio de una piruleta.

4. Que no se preocupe por darme amor sino por crearme adicción, por darme cariño sino dependencia, por darme sosiego sino necesidad. Que adivine que sólo me enamoro de lo que me destruye, sólo escribo de lo que me daña, sólo poemo de lo que no soy capaz de resolver.

5. Que comprenda de inmediato que necesito ser dominado. Que me ordene: “Aléjate de Mengano, es un trepa; confía en Fulano, es buena persona; huye de Zutano, te dará problemas”. Que organice mi vida. Que vaya ocupando mis territorios. Que nunca me pida permiso. Que no permita que los demás hagan lo mismo que ella hace conmigo.

6. Que me proporcione dolor y alegría en dosis suficientes como para inspirarme al menos los trescientos folios que me ha dado la Iratxe original, tamaño DIN A4, Times New Roman, cuerpo 12.

7. Que considere al 95% de los poetas de Madrid unos farsantes y unos escritores de palo y zanahoria. Que amenace con ponerse a escribir en cualquier momento para demostrar que es mejor que la mayoría de ellos. Que esto no lo diga en privado y en broma sino en público y muy en serio.

8. Que le guste todo lo que sea macho: lechugas macho, flautas macho, piedras macho, hombres macho. Que me diga con detalle y puntillismo qué les haría a los hombres que le gustan, con qué artes, en qué posturas.

9. Que se enfade mucho con mis jaleadores. Que entienda que la única con derecho a elogiarme es ella. Que nunca me elogie. Que, sin embargo, cada vez que me vea atacado o triste o rodeado de tigres, aparezca de repente como una amazona rubia y responda a mis atacadores, mate a los tigres, me quite la tristeza y me diga: “No olvides nunca que tú eres Batania y los demás no son Batania. Jamás estaría contigo si no fueras lo que yo sé que eres”.

10. Que le gusten el té y el vino, que su actor favorito sea Robert Redford o Robert Downing junior, que su película preferida sea Fiebre del Sábado Noche. Que tenga miedo a la muerte y a los perros grandes. Que no sea capaz de reconocer un error. Que los cometa a todas horas y con talla XXL, pero jamás los reconozca.

11. Que se mofe y sienta vergüenza de las poetas madrileñas que escriben versos de desamor cada vez que son abandonadas. Que para predicar con el ejemplo y no hallarse nunca en la misma tesitura sea ella la que deje a los hombres, la que los castigue, la que los humille, la que nos obligue a escribir esos poemas desesperados.

12. Que sólo utilice Google para teclear “Neorrabioso Iratxe”. Que le importe menos que la punta de un alfiler todo lo que escriba que no se refiera a ella. Que no le guste leerme sino leerse. Que se jacte: “Jamás podrás escribir sobre otra mujer como escribes sobre mí”.

13. Que tenga una manera incomparable de echarse el pelo hacia atrás o de hacerse una coleta mientras sostiene la goma con la boca. Que le gusten Camela, Queen, La Polla Records o Pablo Milanés. Que una de sus canciones favoritas sea “Tú eres único”, de Rocío Jurado. Que esa canción le recuerde siempre al hombre de su vida, quienquiera que sea durante esa semana.

14. Que no sea partidaria de las ideas moderadas y los puntos medios. Que considere a todos los cristianos malas personas, a todos los policías sinvergüenzas, a todos los patriotas ignorantes. Que opine que los contrarios al matrimonio homosexual deberían ser exterminados, ex-ter-mi-na-dos.

15. Que se vaya con otros hombres con mi autorización. Que vuelva a casa satisfecha y con olor a goma quemada. Que me cuente con pelos y señales las averías que ha causado esa noche (Este punto es difícil de creer, pero es que yo soy muy difícil de creer).

16. Que sea arrogante y vaya de única. Que proclame que jamás permitirá que la conozcan solamente por ser la mujer de Batania. Que ponga tanto empeño en dar la vuelta a la pirámide que al final logre convertirme en el pobre hombre que sale con Iratxe.

17. Que ante la belleza de otras mujeres, la inteligencia de otras mujeres, los estupendos poemas de otras mujeres, la también bondad y honradez y valía de otras mujeres, se limite a exclamar: “¡Bah!”

18. Que sea partidaria de practicar sexo sólo en lugares discretos y apropiados. Ejemplos: baños de zonas públicas, parques frecuentados, salidas de los bares... Que también le guste practicarlo en las autopistas, siempre que se circule a ciento sesenta por hora, o en las calles principales de cualquier ciudad española, siempre que sean las doce del mediodía, o en las plazas mayores, siempre que estén presentes cientos de ciudadanos con la revisión del oculista recién superada. Que llore después de hacer el amor (porque ha disfrutado o por la alegría de comprobar que no nos hemos matado ni nos han detenido).

19. Que se extasíe con el mito de Filemón y Baucis. Que me jure que moriremos juntos arrojándonos al vacío desde la cima del Teide, o tomando a la vez una de las dos mitades exactas de una pastilla de veneno, o poniendo nuestras cabezas unidas bajo una apisonadora del ayuntamiento. Que me haga creer eso durante diecisiete años y luego, cuando me abandone y le pregunte qué hay de aquello, me diga vamos, Alberto, sólo era una forma de hablar, no pensaba que fueras tan inocente.

20. Que se haga por su cuenta y riesgo y por cien euros un tatuaje en la espalda. Que en ese tatuaje ponga “Batania”. Que jure que no se lo va a borrar jamás, ni siquiera ahora que se ha librado de mí. Que ese tatuaje signifique “Déjame ser como soy”.

21. Que anime a Valentino Rossi, a Roger Federer o a Lewis Hamilton cada vez que se enfrentan a Jorge Lorenzo, Rafa Nadal o Fernando Alonso. Que prefiera lo nuestro universal a lo nuestro nacional. Que su novelista favorito sea Balzac y su novela favorita “Los miserables”. Que intente hacerme leer “Océano mar”. Que admire mi inteligencia. Que admire mi escritura. Que me admire.

22. Que finja indiferencia ante mis amigas, pero que aproveche cualquier ocasión para minusvalorarlas. Que me haga imitaciones de sus voces y tergiverse sus frases para demostrarme todo lo pijas e infantiles que a ella le gustaría que fueran.

23. Que se enfade mucho con “los demás”. Que llame “los demás” a todo el que le lleve la contraria. Que cada vez que esté triste y se sienta atacada quiera irse en solitario a una isla lejana (pero da igual, porque el tatuaje con mi nombre le persigue).

24. Que necesite hacerles saber a los tontos todo lo tontos que son. Que se obligue a llamar idiotas a los idiotas. Que no les permita vivir felices en la ignorancia, que se sienta llamada a sacarles del error.

25. Que sea buena persona. Que sea vanidosa, que le salgan pedacitos de Satán por la boca, pero que sea tan honrada, generosa y buena persona como la original (aunque es imposible).

26. Que decida abandonarme al de diecisiete años. Que no lo haga con avisos previos y elegancia, sino a quemarropa, sin vuelta atrás y a las 19:12 de una tarde cualquiera. Que al mostrarme desesperado durante los tres primeros días, me salte: “¡Alberto, supéralo de una vez, que ya han pasado 72 horas!”.


Se ruega a las candidatas acudan a la calle Despecho, rincón del Abandono, Nº 47, a la hora en que me vuelve la tristeza, para una comprobación detallada de los 26 puntos. Si alguna candidata duda de sus posibilidades es mejor que no acuda, lo digo de verdad, la original nunca tuvo dudas.
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Una reflexión de OCTAVIO PAZ

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La literatura es el reino de las excepciones y singularidades. En ese reino no son las familias y las especies las que cuentan sino los individuos y los ejemplares únicos: no el estilo barroco sino Góngora y Quevedo, no el modernismo sino Martí y Darío. Santayana quería escribir, en el mejor inglés posible, sus ideas y experiencias de español mediterráneo -lo menos inglés posible. Su ideal es el de todos los escritores. En la literatura la sociedad se refleja pero, con más frecuencia, se contradice


OCTAVIO PAZ, Fundación y disidencia, Obras completas II, Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, 2000, Barcelona, pág. 689
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jueves 26 de agosto de 2010

POEMAS RAROS (31): Talgia, de EDGARDO B. DÍAZ

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...........................................................a Osvaldo Lamborghini


exilio
reino
memoria en la que ardo

memoria
ardor
exilios en que reino

y crepito y cremo y cromo...

minu ocioso
henchido
harto
no Antonin sino
harto
de arqui/ des/ truc/ ciones
de nostalgia

nuestra Talgia
durante cuántos
segundos
fulgurará
este palacio

absurdo burdel inmóvil
cuántos
durante gundos
SigNo
Devorará
mar abúntico
triturante
al siglo


giloso acturá
sobre toda dermis

enervantes sobre
semiópticas eco-
dianas
sordas sobre carna-
duras del
diamante

A-
mante de lo que
dí?

cuántos durante gundos?

ahora dí!

hay gundos
en la vida tan breves
yo no sé


EDGARDO B. DÍAZ (Santa Fe, Argentina, 1966), Los poetas interiores (Una muestra de la nueva poesía argentina), Amargord, Madrid, 2005, págs. 127 y 128
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Príncipe Pío, jueves, 17:00

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Las malas noticias me llegan en racimos; de cada uva que toco salen escarabajos. Ahora se marcha la chica que yo prefiero, la única con la me voy a hacer pintadas, la única con la que bebo calimocho, la única que se enfada mucho conmigo cada vez que aparece en este blog. Verónica.

Escribí una vez: creo en nadie y en Verónica. Desde que me ha dejado Iratxe, la mayoría de los hombres y mujeres que me rodean me sacan la madre que tienen dentro (también los hombres pueden ser maternales), y se turnan entre ellos para cambiarme la botella de suero, y me dan muchos consejos:

–No se te ocurra empezar a beber, Batania, ¿me oyes? Tienes que ser fuerte.
–Sobre todo, no cierres el blog, Batania: no lo cierres porque el blog te entretiene.
–Debes rodearte de gente, Batania. No quieras salir solo de esto porque te vas a caer.
–Tienes que estar continuamente haciendo cosas, Batania. Lo peor es pensar.
–A mí también me pasó, Batania, se pasa mal, te llevas un palo gordo pero se supera.
–Hay más mujeres en el mundo, Batania. No te imaginas la de mujeres que hay.

Yo les escucho y les agradezco y les doy la razón sin excepciones, e intento estar todo lo triste que la situación lo requiere, más que nada para no defraudar las expectativas, pero entonces llega a Verónica a mi garaje y me suelta:

–Estaba claro lo que te iba a pasar.
–¿Cómo?
–Que estaba claro. Qué esperabas de una relación que no es de igual a igual.
–No, Vero, en serio, estás equivocada, yo también la machacaba, yo...,
–Calla, calla, no me cuentes nada, que me haces reír.

Qué mujer. Tiene el lado maternal bajo cero. Parece mentira que tenga sólo veinte años. Con ella comprendo enseguida que a su lado no me va a valer de nada componer poses de hombre abandonado, por lo que al de cinco minutos decido alegrarme y hablar de otras cosas. Pero ahora se marcha a Tenerife, asuntos de estudios y por ahí, un año entero, noooooooooooo.

Justo ahora que la necesito tanto. Justo ahora que la iba a convencer para que volviera con más fuerza a la poesía (aunque nunca se ha ido), porque los únicos que pueden escribir buenos poemas son los que llevan una persona detrás, y Verónica la lleva. Snif. Snif.

Abrazos grandes y suerte, neorrabiónica. Se me va a hacer largo el año pero si fueran diez también te esperaría. Se me olvidó decirte que mis camisetas neorrabiosas te sientan mucho mejor cuando te las pones tal como apareces en la imagen. Y me da igual que te enfades porque haya vuelto a escribir sobre ti. ¿Cobarde yo? Ja. La cobardía es un color (y el mío es el rojo).
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ANECDOTARIO DE POETAS (245): Gerardo Diego se presenta a un concurso de poesía con una plica transparente que dejaba ver su nombre

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Gerardo Diego, por lo oído a lo largo de los años, debió ser un profesor bastante autoritario. Se contaba de él que en una ocasión obligó a una de sus alumnas a recoger un papel del suelo; la niña se negó y salió del aula; él la persiguió hasta la calle, donde la niña se metió en el metro, y Diego la siguió también allí. Era el hombre -así me explico mejor su reacción- de natural enamoradizo. Algo de violento, contenido amor alentó en aquella persecución. Enternece ver al viejo jadeando detrás de la canéfora. En su juventud compuso Diego la Fábula de Equis y Zeda, que dista de ser mera invención verbal y, según he oído decir, narra sus amores con la mujer del encargado de negocios de Chile, la encantadora Bebé Morla, muy amiga, como su marido, de Federico García Lorca; un día, hace poco tiempo, la bibliotecaria del Instituto me comentó que, revolviendo papeles, había encontrado una carta de amor dirigida a Diego por una mujer, seguramente una profesora del centro. También se contaba de sus largas ausencias por razón de sus conciertos de piano y sus conferencias. Los exiguos sueldos exigían tales excursiones. Diego llegó a presentarse a un premio de poesía con una plica transparente que dejaba ver su nombre; quienes me lo comentaron lo hacían indignados.
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MIGUEL GARCÍA-POSADA, Cuando el aire no es nuestro, Península, Barcelona, 2001, págs. 109 y 110
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102. Tres poemas de "Sombras particulares", de FELIPE BENÍTEZ REYES

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EL SECRETO PROFESIONAL

Comenzarás pesando y valorando
las palabras según fulgor y brillo,
según el oro oculto de sus sílabas,
por su solemne música hechizado.

Será cada palabra un don oscuro,
como un cristal tallado con trabajo
del ingenio.

Y cuidarás tus versos
igual que copas limpias en que un vino
amargo no ha de beberse.

Con instrumentos impecables comenzarás tu oficio.

Pero este no es un arte
que se avenga a los brillos del orfebre
ni a la hermosura exacta de un cristal.
No se trata de gemas ni de cálices,
de deslumbrantes gangas engarzadas
en el alto metal de una metáfora.

Más bien de extrañas cosas sin valor
acabarán tus versos siendo objeto.
Y allí estarás tú mismo.
Y estará tu mirada
ante un espejo ingrato:
ante ese otro cristal
que ni el arte ha podido
transformar o pulir, darle apariencia
de materia acabada, pues tan sólo
el tiempo opera en él que nos destruye.



VALOR DEL PASADO

Hay algo de inexacto en los recuerdos:
una línea difusa que es de sombra,
de error favorecido.
Y si la vida
en algo está cifrada
es en esos recuerdos
precisamente desvaídos,
quizá remodelados por el tiempo
con un arte que implica ficción, pues verdadera
no puede ser la vida recordada.
Y sin embargo
a ese engaño debemos lo que al fin
será la vida cierta, y a ese engaño
debemos ya lo mismo que a la vida.



LA DIFERENCIA

Tú dando a una metáfora
su sigiloso espectro de sentido.
Tú cuidando ese ritmo, la cadencia
de sombra de tu verso, y a su música
dejando confiada la memoria.

Tú afanado en un verso que te exprese,
tú entre la oscura luz.

Mientras afuera
la vida se destroza en su esplendor,
inocente y rotunda, y en nada parecida
a ningún ejercicio de elegía.


FELIPE BENÍTEZ REYES (Rota, Cádiz, 1960), Sombras particulares, Trama de niebla (Poesía reunida, 1978-2002), Tusquets, Barcelona, 2002, págs. 125-161
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miércoles 25 de agosto de 2010

TROYA LITERARIA (191): Víctor Moreno contra Pérez-Reverte

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No tengo nada contra Pérez-Reverte y sus espadachines y sus batallas y sus cojones por banda y garañones urbi et orbi. Sencillamente, no es escritor de mi devoción por unas cuantas razones que no desarrollaré, porque éste no es el objetivo de mi artículo. Para mí, Pérez-Reverte representa esa literatura mediocre, tan exitosa y tan abundante por estos pagos, y que tanto bien hace, no sólo a los lectores que la leen, sino a las mismas estadísticas. Sin escritores como Pérez-Reverte, Corín Tellado y Marcial Lafuente, también Muñoz Molina y Marías, por supuesto, el número de lectores oficiales de este país se reduciría a un 25%. Así que, bendita sea la cofradía de esta literatura mediocre e insignificante que consigue poner a los ministros del ramo en estado catatónico cada vez que hablan de las estadísticas lectoras.

Lo curioso es que, hace unos años, ningún crítico, de esos que algunos llaman «solventes críticos», daba un euro por Pérez-Reverte, y, menos aún, Umbral. Ahora, en cambio, desde que al ilustre reportero lo apelmazaron con la vitola de académico, sus adjetivos y sus sustantivos cotizan en la bolsa de la literatura mucho más que, pongo por caso, los verbos y metáforas incluidas de Sánchez Ostiz, Manuel Lope o Juan Eduardo Zúñiga, escritores que, según mi punto de vista, dan sopas con sapos al comentado.

Así que, mira tú por dónde, resulta que la última novela de Pérez-Reverte, “El pintor de batallas”, es calificada por los mentados, casi habría que decir más adecuadamente mentirosos, críticos, como si se tratara de un nuevo Balzac, Stendhal o, qué narices, Galdós.

Desde luego, las perdigonadas de mostaza que estos sesudos depurasílabas largan a propósito de dicha novela no son originales. Las vienen disparando desde hace tiempo, y les da igual que la diana de las mismas sea Nabokov, Auster, Dexter o Mortadelo y Filemón.
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VÍCTOR MORENO, Esa crítica literaria que nunca aprende, Rebelión, 23 de abril de 2006. Todo el artículo AQUÍ
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Una reflexión de CAMILO JOSÉ CELA sobre el poeta

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Se nace poeta como se nace chino, como se nace ciego o como se nace príncipe, esto es, al margen de nuestra propia voluntad y sin comerlo ni beberlo. La poesía es una dolencia del alma y del cuerpo -ni contagiosa ni hereditaria: congénita- que se reparte por una nube de diosecillos antojadizos y caprichosos, tímidos y también descarados, arbitrarios y zascandiles, con la cabeza a pájaros de trino (pintacilgos, mirlos, ruiseñores) y en bandolera un carcaj de flechas talladas en palo noble -y a punta de navaja- por las musas. Al que le dan, le dieron, y aquí no se admiten reclamaciones: que San Juan, y fray Luis, y don Antonio, lloraron su dignidad en delicado verso y, sobre saberse con un ángel en la garganta y una amapola brotándoles del corazón, pasaron por este valle de lágrimas como silbidos. Horacio no tenía razón al llamar a los poetas genus irritabile, no; Horacio estaba, quizás, demasiado pagado de sí mismo. Los poetas no son como los pinta Horacio sino más bien como los Goncourt los vieron: vestidos de figura de Marc Chagall y subiendo hasta las estrellas por una escala de cuerda y tocando un violín
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CAMILO JOSÉ CELA, Al servicio de algo, Obras completas, Tomo 16, Destino, Barcelona, 1990, pág. 284
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101. Dos poemas de "La mala compañía", de FELIPE BENÍTEZ REYES

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LAMENTACIONES Y PROPÓSITOS DE SILVIA

Me dice que le gustan mis perfumes
porque huelen a humo de sirenas
quemadas, o locuras de ese tipo.
Esas cosas me dice.

Y me dice también que nada hay
más hermoso en el mundo que unas medias
destrozadas o un labio golpeado.
Y yo le dejo hacer.

O me pide que pose de corista,
que me acerque a su coche dando precio
a un catálogo absurdo de pecados.
Esas cosas me pide.

Lo que ese maldito aún no comprende
es que el juego va en serio y tiene fin,
porque el premio es su muerte o mi locura.
Y eso aún no lo entiende.

Algún día de estos, cuando elogie
el matiz de un perfume o me destroce
mi mejor par de medias, caerá.
Me he comprado una Luger.

O bien cuando me obligue a darle en público
mi dinero y mis joyas para irse
a beber con amigos y tanguistas.
(Porque tiene esos gestos.)

Pero ese tipo tiene que caer.
Y ha de verme encender un cigarrillo
mientras que se desangra horrorizado.
Y yo como si nada.

Ya estoy harta de ser actriz sin público,
distracción de un perverso de opereta.
Pienso ir por el mundo haciendo daño.
Y el que quiera, que pague.

“Una mujer no tiene más tesoro
que su corazón, que es fruta corrompida
desde que el mundo es mundo”, le he avisado.
No entiende a las mujeres.

Ese tipo no sabe que el amor
no es más que una partida entre canallas
y que a todas nos gusta que nos traten
de zorra para abajo.

Que nos hundan en fango. Pero en serio.



EL DÍA AMARILLO

Este día de lluvia y este sol enfermizo
mírelos: con su luz amarilla,
¿qué pretenden decirnos
ahora en pleno verano, y por qué nos conmueven
como un presentimiento de tragedia?

Este sol arruinado y esta lluvia caliente, ¿de qué
podrían, verdad, ser símbolos
en la norma sombría
que rige el pensamiento de los tipos que escriben?

Imagínese usted, en este día raro,
a un personaje de Meyrink atravesando un bosque
que no termina nunca y que es de niebla,
o a un hada de Mujica temblando en una estrella
mientras cae la lluvia sobre un patio de Córdoba,
donde un árabe escribe un poema festivo.
Imagínese a Ovidio discutiendo con Kafka
sobre la verdadera identidad de Álvaro de Campos.

Pero mire: ahora sale de casa Pío Baroja
maldiciendo esta lluvia y este sol amarillo,
y Chesterton conduce un carro de caballos
mitológicos, propiedad
de una secreta cofradía de anarquistas,
por las calles mojadas de un Londres de papel.

Si en la extensa soledad de los sueños
luché con marineros de Melville y de Stevenson,
¿de quién es ese barco de bandera siniestra?
Un griego antiguo ha escrito ya nuestro epitafio
y las novias que tenemos
lo fueron de Luis Mejía.

Este día amarillo ilumina los libros,
los dora y atormenta con un aire de vida.
Por eso hoy ha subido, sin pensarlo, en su coche
a Marlowe y a Sigfrido,
al sombrío Bartleby y a Odette la casquivana;
por eso le saluda Pat Hobby desde lejos,
borracho en una gasolinera de Los Ángeles.

Algo flota en el aire de este día
amarillo, con lluvia, de verano.
Este día, de sol extravagante, tan poblado
de fantasmas que huyen
por las callejuelas melancólicas
de la literatura.


FELIPE BENÍTEZ REYES (Rota, Cádiz, 1960), La mala compañía, Trama de niebla (Poesía reunida, 1978-2002), Tusquets, Barcelona, 2002, págs. 89-123
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martes 24 de agosto de 2010

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (126): Bergamín ataca al Rey y acaba sus días con los separatistas en el País Vasco

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Impresionaba su mirada aguda, inteligente, y su expresión lacónica y justa. Nada en él traslucía la imagen del sectario violento que llevaban años propagando las derechas. Exiliados republicanos me contaron después que en México Bergamín representó siempre la voz de la unidad y de la concordia, por encima de cualquier partidismo, que le horrorizaba dada la situación que se vivía. A mí me pareció un hombre muy sereno y con las ideas muy claras. Después, por influencias familiares, derivó hacia un final más bien ofuscado, conllevándose en el País Vasco, adonde se trasladó a vivir con su hija, con el separatismo terrorista, y escribiendo en sus publicaciones, porque él nada tenía que ver con Herri Batasuna, por muy antifascista que fuese. Su entierro fue un acto equívoco y confuso.

Este país se portó mal con Bergamín. Hubiera merecido otras atenciones, otros concursos, pero no los tuvo. Aunque atacara al Rey y lo atacó, ¿qué democracia pacata es la que no sabe soportar con buena cara las disidencias? Hizo al final de su vida un poco el papel del Sartre anciano vendiendo un periódico maoísta por las calles de París, donde nadie arremetió contra él. Pero a Sartre lo protegían la policía y su dinero, e incluso De Gaulle, para quien el escritor era también "La France"; a Bergamín no lo protegía nadie y nadie consideraba que fuera "también" España.
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MIGUEL GARCÍA-POSADA, Cuando el aire no es nuestro, Memorias II, Península, Barcelona, 2001, pág. 128
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Príncipe Pío, martes, 12:00

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Con qué meticulosidad he creado un monstruo que me está destruyendo, con qué pasión estoy desarrollando un modelo de escritor que sólo me va a traer amarguras. Iratxe sólo debería ser una chica conocida en la parte concreta de la sociedad donde se mueve, pero he sido yo el que me he encargado de pintar su nombre en las paredes, el que le ha escrito poemas y prosas, el que la ha llevado en la boca y la he recitado en los bares, he sido yo el que la ha elevado a una notoriedad que, por pequeña que sea, es tal que hasta ella misma me ha dicho que ya no puede ir por la noche de Lavapiés sin que de vez en cuando la salude alguien. Lo peor de todo es que he hecho todo esto sabiendo que nuestra relación era de papel, pues lo verdaderamente increíble es que hayamos durado diecisiete años. Esta es la principal acusación que me hago: no he podido sustraerme a las enormes posibilidades literarias de esta chica. Si amo y he amado tanto a esta mujer es porque también la odio y la he odiado mucho, pues nuestra relación siempre ha sido destructiva y ella es una mujer tan maravillosa como insufrible. Probablemente la literatura venga de ahí: del conflicto, de la duda, del no estoy seguro. Por eso en los bares me piden poemas sobre Iratxe y yo mismo disfruto escribiendo sobre ella: porque consigue que mi escritor mejore, porque aumento mi cuestionable calidad en cuanto escribo sobre ella, porque violenta mi fibra más animal. Al final me he estrellado y me he metido en un agujero del que voy a tardar en recuperarme mucho más tiempo del necesario, porque una cosa es cicatrizar privadamente una ruptura privada y otra muy distinta cicatrizar públicamente una ruptura pública. Ahora estoy escribiendo unos cuantos desahogos porque los necesito, pero me doy un mes para replantearme mi concepto espontaneísta de escritor confesional en directo, porque se basa en arenas movedizas, va a acabar conmigo, es un desastre, no funciona.
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100. Dos poemas de "Pruebas de autor", de FELIPE BENÍTEZ REYES

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EN VOZ BAJA

Cuando alguien te obligue a leer sus poemas
si son malos elógialos, pues tú sabes de sobra
que nadie hace el ridículo por propia voluntad
y que ser mal poeta no implica una gran tara.
Ten algo de piedad con el idiota
y procura olvidar sus versos más infames
–esos tan celebrados en tertulias–,
ya que pierdes muy poco si le halagas.
En esta profesión nadie está exento
de ser –y tú lo sabes– un cualquiera:
a fin de cuentas somos
engolados bufones de las musas
y a una mayor pericia, mayor monstruosidad.



LA ESENCIA DEL TIEMPO

Quien pone su mano sobre el agua
cautiva de una fuente
toca el mar antiguo de los griegos.
Quien alza una copa blanca
en la noche de Córdoba
eleva el Grial santo
y el cuerpo de los dioses.
Quien se entrega al amor
revive las manos de cristal de Galatea.
Aquel que oye a Mozart
oye a Juan del Encina,
oye la flauta de cera
que refiere Teócrito,
oye el ancho murmullo del desierto
bajo la noche extensa,
y un trémulo laúd que tiene alma.
El solitario que contempla la luna
es Endymión.
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FELIPE BENÍTEZ REYES (Rota, Cádiz, 1960), Pruebas de autor, Trama de niebla (Poesía reunida, 1978-2002), Tusquets, Barcelona, 2002, págs. 65-87
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