miércoles 30 de junio de 2010

TROYA LITERARIA (161): Vargas Llosa contra Carpentier

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El caso de Alejo Carpentier no es el de Neruda. Sus elegantes ficciones encierran una concepción profundamente escéptica y pesimista de la historia, son bellas parábolas, de refinada erudición y artificiosa palabra, sobre la futilidad de las empresas humanas. Cuando, en los años finales, este esteta intentó escribir novelas optimistas, más en consonancia con su posición política, debió violentar algún centro vital de su fuerza creadora, herir su visión inconsciente, porque su obra se empobreció artísticamente. Pero ¿qué lección de moral política dio a sus lectores latinoamericanos este gran escritor? La de un respetuoso funcionario de la revolución que, en su cargo diplomático de París, abdicó enteramente de la facultad, no digamos de criticar, sino de pensar políticamente. Pues todo cuanto dijo, hizo o escribió en este campo, desde 1959, no fue opinar -lo que significa arriesgarse, inventar, correr el albur del acierto o el error-, sino repetir beatamente los dictados del Gobierno al que servía.
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MARIO VARGAS LLOSA, Sables y utopías, Aguilar, Madrid, 2009, pág. 279
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martes 29 de junio de 2010

ANECDOTARIO DE POETAS (201): Patti Smith habla sobre la desaforada vida de Jim Carroll

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PATTI SMITH: Los poetas de Saint Mark son unos ñoños, son un fraude, escriben cosas como, "Esta mañana, a las 9:15, me he inyectado speed con Brigid...". Les encanta ponerlo en los poemas, pero si Jim Carroll aparece colocado y se pone a vomitar, eso ya no es un poema, y no les mola nada. Si lo interpretas en un poema está muy bien, pero si realmente lo vives, eso es otra cosa, no lo quieren ver. Jim Carroll fue la única oportunidad que hubo en el Poetry Project de tener delante algo real. Jim es uno de los verdaderos poetas americanos. Es un verdadero poeta. Es un yonqui. Es bisexual. Se lo han tirado todos los genios, hombres y mujeres, de América. Toda esa gente se lo ha tirado. Vive una vida jodida. A veces tienes que sacarle del arroyo. Ha estado en la cárcel. Es un perdido. Pero, ¿qué gran poeta no lo fue? Me mata que Jim Carroll escribiera sus mejores poemas a los 23 años. Igual que Rimbaud. Tiene una inteligencia muy parecida a Rimbaud.
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LEGS MCNEIL/GILLIAM MCCAIN, Por Favor, Mátame. La Historia Oral del Punk, Discos Crudos, 2006, págs. 180-182
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Argüelles, martes, 4:30

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O sea, que no saben el nivel que tienen. Y te asaltan piratas y nocturnos para preguntarte sobre la calidad de su último libro, la última entrada del blog, su poesía. Vamos a ver. Yo jamás pregunto a nadie sobre mi calidad literaria. La nota me la pongo yo mismo. Tampoco yo conozco con precisión relojera mi valor poético, pero cuando quiero calibrarme utilizo el sistema que sigue: abro mis libros de Quevedo en la edición de Blecua y leo por cualquier página. No mucho: tres o cuatro minutos, nunca llego a cinco. La vergüenza que suelo pasar durante ese tiempo me es suficiente para hacerme una idea de mi nivel y para que se me vayan todos los pájaros de la cabeza. Es un sistema que no falla, made in neorrabioso, y me ahorra tener que ir cual abejorro de doble plomo mareando al personal y poniendo ojitos. Porque lo peor son los ojitos de cordero que ponéis, cabrones, a ver quién os dice la verdad con esos ojitos.
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TRADUCCIONES (26): Tres poemas de "Tú, a quien llamo amor", de NUNO JÚDICE, traducidos por JESÚS MUNÁRRIZ

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CAMONIANA

¿Quién eres tú, bárbara, que habitas
en un poema que se estudia en los colegios
y se lee en recitales,
tú que te limitaste a ser amada
por un poeta que, si calló, más
no te dio a cambio del amor
que ese poema que tú, si calló
nunca llegaste a oír? ¿Quién eres,
oh mujer más real que ese
poeta que te cantó, y de cuya vida
nadie sabe nada, a no ser
que te amó y te colocó en ese
poema en que aún vives, y respiras,
como el día en que él lo escribió
recordando tu cuerpo, tus
labios, y los días, o noches,
que contigo pasaron? ¿Quién eres,
mujer real y soñada que habitas
todos los poemas que ese poema
ha inspirado, y todos los sueños que
en esa bárbara encontraron una imagen
concreta y definitiva? Vuélvete
en esos versos, para que te veamos
el rostro, y dinos tu nombre, el nombre
auténtico, y no ese que el poeta
inventó para llamarte en un poema
que de ti solo guarda el secreto;
y duérmete, después, olvidando
lo que han dicho de ti, y los comentarios
de que has sido pretexto, y las imágenes
en que, cada vez más, fuiste perdiendo
tu imagen, tuya y única.



CÓMO SE HACE EL POEMA

Para hablarnos del medio de obtener el poema,
la retórica no sirve. Se trata de una cosa sencilla, que no
necesita primores ni fórmulas. Se coge
una flor, por ejemplo, pero que no sea de esas flores que crecen
en medio del campo, ni de las que se venden en las tiendas
o en los mercados. Es una flor de sílabas, en que los
pétalos son las vocales, y el tallo una consonante. Se coloca
en el jarrón de la estrofa, y se deja tranquila. Para que no muera,
basta un pedazo de primavera en el agua, que se va
a buscar a la imaginación, en un día de lluvia,
o se hace entrar por la ventana, cuando el aire fresco
de la mañana llena el cuarto de azul. Entonces,
la flor se confunde con el poema, pero aún no es
el poema. Para que éste nazca, la flor necesita
encontrar colores más naturales que aquellos
que la naturaleza le dio. Pueden ser los colores de tu
rostro –su blancura cuando el sol da en ti,
o el fondo de tus ojos en que todos los colores
se confunden, con el brillo de la vida. Después,
vierto esos colores sobre la corola, y los veo bajar
hacia las hojas, como la savia que corre por los
velos invisibles del alma. Puedo, entonces, coger la flor
y lo que tengo en la mano es este poema que
me has dado.



LOS HIGOS DE D. H. LAWRENCE

Lawrence aconsejó que se partiese un higo
en cuatro pedazos, para comerlo, después de quitarle
la piel. De este modo, pensaba, la sociedad no vería
con malos ojos el gesto de cortar el higo, y de
saborearlo lentamente, como quien lee un poema. Pero
no todos los higos se pueden comer de esta manera; y,
en el caso de los higos verdes, lo mejor es quitarles la piel a
partir de arriba, sin que se desprenda completamente
del fruto; y sólo después de comer la parte de arriba, llegará
el momento en que sólo va a quedar un poco de higo
sujetando la piel. A esa altura, se puede arrancarla, y acabar
de comer lo que sobra, para que la ingestión sea completa.

De hecho, Lawrence también admite esta solución (y
acepta que se coma también la piel); pero tendremos
que ir más lejos que él, lo que significa
que se debe pensar también en la higuera. Y si, al comernos
el higo, el árbol nos agarra el alma con sus ramas
ásperas, obligándonos a apartar las hojas para ver cómo
podemos escondernos debajo de ella, el sabor que queda en la boca
recuerda la imagen de la mujer primitiva, con su vientre redondo
como el de los higos de San Juan, los primeros, que se cogen
con sólo un gesto, y quedan enteros en la mano. Entonces, la mano
se vuelve una prolongación de la higuera, y empiezo a pensar
que tal vez puedan nacer hojas de higuera en los brazos,
como si estos fuesen ramas; y que esas hojas servirán para
tapar los higos que iré a coger, manteniendo su frescura.

Como alternativa, podré transformar el tronco de la higuera
en un cuerpo de mujer desnuda; y esas hojas irán a vestirla. Pero el higo
que tengo en la mano me hará sentir sus senos suaves, haciendo
que, al quitar la piel del higo, la mujer salga de su interior,
y yo pueda llegar a la misma conclusión que Lawrence sobre
las múltiples formas de comer un higo.


NUNO JÚDICE (Mexilhoeira Grande, 1949), Tú, a quien llamo amor, Hiperión, Madrid, 2008, 169 págs. Traducción de JESÚS MUNÁRRIZ
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lunes 28 de junio de 2010

TROYA LITERARIA (160): Javier Ortiz contra Zoé Valdés

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Debió de ser, en concreto, allá por el año 1985, año arriba año abajo, cuando me enteré de la existencia de Zoé Valdés. Formaba yo por entonces parte, junto con Claudio Rodríguez, Ana María Moix, José Batlló y Jesús Munárriz, del jurado de un premio de poesía. (Me apresuraré a aclarar que mi presencia junto a tan notables personalidades del mundo literario se debía, pura y exclusivamente, a que actuaba como representante de la Fundación que financiaba el premio.)

A las reuniones del jurado acudíamos todos tras habernos leído los libros que habían sido retenidos en una primera selección. Entre 30 y 40, más o menos.

Uno de los libros de poemas que seleccionamos inicialmente aquel año era un trabajo vital y descarado que, por más que no supiéramos de quién era obra –las identidades se mantenían en secreto, como es teórica costumbre–, todos coincidimos en que tenía que haber salido por fuerza de la pluma de una joven latinoamericana, probablemente cubana y previsiblemente castrista.

El libro pasó las primeras eliminatorias sin mayores problemas pero, cuando ya empezamos a hablar de premios, Claudio Rodríguez se cerró en banda: que la obra fuera graciosa y provocadora –recalcó– no quería decir que fuera buena. Él la consideraba mediocre. Los otros miembros del jurado no se mostraron tan tajantes, pero todos habían encontrado candidatos que les parecían más dignos del galardón. Sólo yo insistí en que estaría bien apoyar de algún modo a aquella incipiente autora.

No se llevó el premio pero, quizá para que dejara de darles la vara, se avinieron a que le concediéramos un accésit, con derecho a publicación.

Creo que fue lo primero que Zoé Valdés vio con su firma en las librerías.

Al cabo de unos meses la conocí. Nos encontramos una mañana de primavera en París, vimos una exposición y charlamos bastante. Era graciosa, efectivamente, pero su castrismo resultaba verdaderamente empalagoso. A mis críticas al régimen cubano me respondió de un modo casi caricaturesco: esas cosas que yo denunciaba ocurrían realmente, sí, pero la culpa no era de Fidel, sino de algunos de los que le rodeaban, que no estaban a la altura. Recuerdo que le dije que era lo mismo que muchos franquistas decían del glorioso Caudillo de España, y no le gustó nada.

Quedamos en volver a vernos, pero no hubo ocasión. Esa misma tarde se vio arrastrada a una cadena de conflictos privados muy graves. No los detallaré, por respeto a su intimidad, pero sí diré –me parece necesario tenerlo en cuenta para una más completa consideración de su evolución subsiguiente– que corrieron a cargo de su marido, alto cargo de la Embajada de La Habana en París y dirigente del Partido Comunista de Cuba (miembro del Comité Central, creo que me dijo).

Perdí su rastro y he aquí que, al cabo de diez años, me la topo convertida en musa de esa gente de Miami que una década antes ella misma llamaba «gusanos».

No intento insinuar que Zoé Valdés transitara del castrismo irracional al anticastrismo irracional por motivos exclusivamente privados. A decir verdad, no pretendo ni eso ni lo contrario: no tengo ni idea. Lo que trato de decir es que, cargando sobre sus espaldas con ese pasado de castrismo fervoroso, tal vez no estaría de más que mostrara cierta indulgencia hacia quienes no condenan hoy lo que ella defendió con uñas y dientes hace apenas tres lustros. Porque, si se empeña en pintar como perfectos depravados a quienes no asumen su actual militancia mascanosiana, ella misma nos estará ofreciendo la calificación de su pasado. O de su trayectoria toda.
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JAVIER ORTIZ, Zoé Valdés, Diario de un resentido social, 30 de abril de 2003. Todo el artículo AQUÍ
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ANECDOTARIO DE POETAS (200): A Vallejo se le traba la lengua con el número tres y le sale la palabra "Trilce"

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Vallejo inicialmente llamó al libro Cráneos de bronce y pensó usar el seudónimo César Perú, a la manera de "Anatole France". Sus amigos, con buen humor, lo disuadieron. Francisco Xandóval fue encargado por el poeta como corrector de pruebas, lo que complica el asunto ambiguo de la ortografía peculiar del libro (donde hay erratas de imprenta, errores del autor o del corrector, y deliberada libertad ortográfica). El título del libro se origina, según testimonio directo de Espejo Asturrizaga, en la decisión de abandonar el seudónimo poco feliz, ya que las primeras páginas del libro estaban impresas y el costo de tirar nuevas fue de tres libras extras. "César se sintió mortificado. Por varias veces repitió tres, tres, tres, con esa insistencia que tenía en repetir palabras y deformarlas, tressss, trissss, trieess, tril, trilsss. Se le trabó la lengua y en el ceceo salió trilsssce... ¡trilce? ¿trilce? Se quedó unos instantes en suspenso para luego exclamar: Bueno, llevará mi nombre, pero el libro se llamará Trilce. Trilce proviene, así, no sólo de una anécdota, sino del balbuceo, al que nombra. Otras interpretaciones, menos casuales y menos verosímiles, prefieren derivarlo de "triste" y "dulce" o de la importancia emblemática del número tres en el libro. Según Espejo, el propio Vallejo contribuía a la confusión. Según su viuda, había respondido una vez que eligió el título "por su sonoridad". Hay un poema titulado "Trilce" que Vallejo publicó en la revista Alfar; Larrea cree que es anterior a Trilce y que el título del libro se deriva del poema, pero esa conclusión es sólo especulativa. Es posible que Vallejo no incluyera en el libro todos los poemas que había escrito hasta entonces, pero si lo había descartado del libro es dudoso que lo iba a elegir para su primera publicación en Europa.
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JULIO ORTEGA, en el prólogo a CÉSAR VALLEJO, Trilce, Cátedra, 1991, Madrid, págs. 25 y 26
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Portadas que ocuparon la cabecera neorrabiosa durante la última semana

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domingo 27 de junio de 2010

ANECDOTARIO DE POETAS (199): Elogio de lo raro, escrito por el padre de Pedro Casariego Córdoba

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Lo raro es aquello que se distingue de lo demás, y cuando se ve acompañado de virtudes poderosas provoca una tensión creadora que pone en marcha el Universo.

Lo raro produce desasosiego, porque exige la comprensión de algo inusual y nos hace sentir vulgares. Nos saca de nuestras casillas.

La cima de lo raro se pierde entre las nubes.

Lo raro siempre está en el envés de las cosas.

Lo raro es la metáfora que disloca el razonamiento y llega siempre antes.

Para lo raro se reservan espacios cerrados, muy difíciles de invadir.

Es raro aquel que se mueve con fatalidad en el ámbito de lo raro.


Yo tuve un hijo raro.

Sus virtudes poderosas, honestidad, estoicismo, austeridad, clarividencia, nos sirvieron de ejemplo y marcaron a fuego a la familia, que se hizo mejor.

También nos produjo desasosiego.

Fue poeta, pintor y hombre entero.

Estaba entre las nubes y veía las cosas desde lo virtual.

Sus metáforas llevaban directamente al punto de destino.

Su espacio no coincidió con el de los demás, lo que le hizo sufrir extraordinariamente, y decidió cambiarlo por otro más sereno.

Su ausencia es inabordable.

Verano de 2002
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PEDRO CASARIEGO H.-VAQUERO, en PEDRO CASARIEGO CÓRDOBA, Poemas encadenados (1977-1987), Seix Barral, Barcelona, 2003, pág. 533
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ANECDOTARIO DE POETAS (198): Valéry abandona temporalmente la poesía porque se considera inferior a Rimbaud y Mallarmé

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J.Elliot decía que Valéry era la personalidad de su tiempo que más le interesaba y el nobel Ilia Prigogine que las actuales teorías de la física sobre el tiempo están anunciadas con toda claridad en estos famosos 'Cahiers'.

Todo empezó el año 1892 cuando Valéry sufrió una crisis psicológica creyendo volverse loco. Admirador de Rimbaud y Mallarmé, se dio cuenta de que no estaba a su altura y dejó la poesía. Pero aquella desesperación le impulsó a estudiar los mecanismos de su mente y así empezaron sus anotaciones.

Cuando Valery murió en 1945, los amigos y herederos se encontraron con 261 cuadernos de notas y se hizo una edición facsímil que ocupó 29 tomos. El año 81 Gallimard sacó otra de 3.000 páginas con material que el mismo Valéry había mandado ordenar por temas.

El ego del escritor, el lenguaje, la filosofía, la idea de sistema, la psicología, la relación espíritu/cuerpo/mundo, la sensibilidad, el tiempo, el sueño, la conciencia, la atención, el yo y su relación con la personalidad, el eros o la idea de Dios, la ideología, las matemáticas, la ciencia o el arte son temas que repasa.
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EL CULTURAL de El Mundo, Los cuadernos de Valéry, ahora en español, 31 de septiembre de 2007
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sábado 26 de junio de 2010

TROYA LITERARIA (159): Voltaire y Moratín contra Shakespeare

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Cuando en el último cuarto del siglo XVIII comenzaron a popularizarse en Francia las traducciones de las obras de Shakespeare, un indignado Voltaire arremetió airadamente contra su artífice por haber tildado al autor de Hamlet como "Dios del teatro". Por paradójico que pueda parecer, Voltaire había sido el primero en traducir al francés los textos del dramaturgo inglés –"Yo fui el primero que mostró a los franceses algunas perlas que había en su enorme estercolero", afirmaba el escritor galo con contundencia-.

Curiosamente, en aquellos mismos años, también el primer español que traducía a Shakespeare utilizando directamente los textos originales ingleses, abominaba del dramaturgo y se preguntaba cómo una nación tan culta como Inglaterra podía admirar a un autor de tan mal gusto, cuyas obras conforman "un todo extraordinario y monstruoso". Se trataba de Leandro Fernández de Moratín, el creador de El sí de las niñas.

La doble anécdota es recogida por Ángel-Luis Pujante en la introducción al libro Shakespeare en España. Textos 1764- 1916, editado por él y por Laura Campillo, y que acaba de aparecer en un volumen publicado por EDITUM de la Universidad de Murcia y el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Granada.
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PASCUAL VERA, Calidoscópico retrato de Shakespeare, en Campus Digital, Universidad de Murcia, 15 de octubre de 2007
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89. Tres poemas de "La noche no tiene paredes", de JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD

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ULTRAQUERENCIAS

Temor de estar perdido y de tener
que convivir con esos mentecatos
que beben a buchitos
su triste taza de preservación, detestan
las amenas erratas de la vida,
practican tenebrosas
religiones, deportes deplorables
y hablan,
hablan,
hablan a todas horas
de esa historia que desde siempre ocurre
intramuros de la banalidad.

¿Es que ya nadie se da cuenta
de los defectuosos, los bruscos, los horrendos
trances de ultraquerencias que aún tienen que venir?



VIAJE A LA SEMILLA

La temeraria nave, gobernada
por aquel último y desmemoriado inquilino de la noche,
zarpó desde el ya nunca a ningún puerto.

Obstinada y magnífica, deriva
por esos derroteros que los cartógrafos ignoran
y apremiada tal vez por el decoro
que subyace en las zanjas del peligro,
aproa hacia un destino de siempre codiciado:
ser devorada propiamente
por ese mismo mar que le dio vida.



NADA QUE DECIR

Sal en la herida de los alfabetos,
palabra malquerida, impura cerrazón
de la sintaxis,
sal en la herida
de tu propia voz,
ya nada queda
para diagnosticar la pertinacia
de la demolición de lo ya escrito,
los condimentos con que se malogran
las volutas baldías de la imaginación.

Quien lo descubre también sabe
que a ese estupor lo llaman impotencia.

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JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD (Jerez de la Frontera, Cádiz, España, 1926), La noche no tiene paredes, Seix Barral, Barcelona, 2009, 151 págs.
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ANECDOTARIO DE ESCRITORES (114): Lope de Vega leía en latín con solo cinco años

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Poco faltó para que la vida de Lope pudiera rivalizar con su obra. Nació en Madrid a fines de 1562, de padres humildes; su padre era bordador. Incluso en su nacimiento hay detalles que se juzgarían inverosímiles en literatura: su padre, Félix, natural de Carriedo, en la Montaña, abandonó a su mujer, instalándose luego en Madrid; y ella, con la energía y ánimos de una dama de comedia, le siguió hasta la corte, donde se reconciliaron. Como consecuencia de estas paces, nació el gran Lope.

La reforma moral de Félix le llevó a practicar obras de caridad tan ejemplares que asimismo parecen ficción de otro género. Dio en asistir asiduamente a un hospital y en atender a los enfermos, lavándoles y ayudándoles a bien morir o a convalecer; llevaba consigo a sus hijos, que hacían las camas, limpiaban, barrían, etc. Otro buen ejemplo dio a su prole: era poeta de afición.

Siendo muy joven, vivió Lope con un tío suyo en Sevilla. Según Montalban, el Fénix era un prodigio, leyendo castellano y latín a los cinco años de edad. Estudió con los Jesuitas en el madrileño colegio de los Teatinos; y, de acuerdo también con Montalbán, a los doce ya sabía gramática, retórica y otras artes como el "danzar, cantar y traer bien la espada".


A. DAVID KOSSOFF, en la introducción a FÉLIX LOPE DE VEGA, El perro del hortelano / El castigo sin venganza, Castalia, Madrid, 2001, págs. 9 y 10
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viernes 25 de junio de 2010

POEMAS RAROS (28): Trucos, de SHARON OLDS

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MI madre
la ilusionista
consigue que aparezcan
huevos en la mano.
Mis ovarios
aparecen en su mano, negros como higos,
y arrugados como dedos tras un día de colada.

Cierra su mano,
y al abrirla
no hay nada.

Saca pañuelos de seda de sus orejas
de todos los colores, joyas de su boca,
leche de sus pezones. Mi madre la desnuda
ilusionista sube al escenario
y despliega sus trucos.

Se saca los ojos.
Sus vacías cuencas
se llenan de aceite que rezuma,
de whisky y heces.
De sus narices
extrae rollos de pergamino
que se incendian.

En la escena final
lentamente se saca a mi padre
del coño y lo coloca
sobre un sombrero de copa
donde desaparece.

Creo que puede convertir cualquier cosa
en nada, ella es un hueco en el espacio,
es la mejor, la perfecta
ilusionista. Todo esto

lo acabo de sacar de mi boca aquí mismo
ante tus ojos.


SHARON OLDS (San Francisco, USA, 1962), Satán dice, Igitur, 2001, Tarragona, 139 págs. Traducción de Rosa Lentini y Ricardo Cano Gaviria
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ANECDOTARIO DE POETAS (197): Catulo llama maricón a Julio César

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Aunque ataca a Cicerón y a César, lo hace (diríamos hoy) por considerarlos "antiguos", pero no por razones políticas. Vividor y juerguista pero seguramente conservador, a Catulo no le interesó para nada la política. Según una tesis del latinista Marmorale -falta de pruebas contundentes-, Catulo se convirtió en algún momento de su vida al orfismo dionisíaco, y desde luego es más fácil imaginar al poeta en una religión mistérica de origen helenístico que en las turbulencias de la política romana. Por eso César pudo no tener en cuenta que le llamase maricón; al fin, aludía a que los amores masculinos del general eran con cualquiera, en lugar de seguir el más refinado modo del eros paídico, pero puesto que Catulo (hijo de un amigo) no se metía en política, al magno Julio le daba igual...
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LUIS ANTONIO DE VILLENA, Diccionario de clásicos para uso de modernos, Gredos, Madrid, 2008, pág. 78
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TROYA LITERARIA (158): Baroja contra Pardo Bazán

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La Pardo Bazán no me interesó nunca ni como mujer ni como escritora. Como mujer, era de una obesidad desagradable, y como escritora, todo eso del casticismo y del lenguaje no he tenido muchas condiciones para sentirlo.

Al menos para mí, todo ello no tenía gran atractivo. En su conversación, doña Emilia era un poco ansiosa y trepadora.

La cuestión era demostrar que era amiga de la condesa y de la duquesa, del príncipe, del gran escritor y del gran político. Si la representación de la aristocracia y del ingenio español eran la infanta Isabel, la marquesa de La Laguna y la Pardo Bazán, había que echar al galope al yermo.

“Emilia la Rabicorta”, parece que la llamaba la Laguna a la Pardo. No sé por qué; las dos eran igualmente rabicortonas y pesadas.
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PÍO BAROJA, Desde la última vuelta del camino, Tusquets, Barcelona, 2006, pág. 748
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jueves 24 de junio de 2010

ANECDOTARIO DE POETAS (196): Lorca tuvo una novia

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Federico García Lorca (1898-1936), poeta y homosexual vox populi, tuvo una novia. El noviazgo secreto lo desempolvó el hispanista Ian Gibson en su nuevo libro, Lorca y el mundo gay (Planeta), y el nombre de la amante femenina ha salido a la luz. La única novia de García Lorca se llamaba María Luisa Natera Ladrón de Guevara.

Se conocieron en un balneario cerca de Granada, y tuvieron un romance adolescente que resultó más poético que físico. Ella tenía quince años, el poeta tenía dieciocho. Las familias de ambos frecuentaban ese sitio, ella se paseaba vigilada por su abuela y él se inspiraba a distancia. A estos jóvenes pronto los unió el piano de los Natera. La novia tocaba muy bien los clásicos en el piano y, al tiempo, Lorca se sumó a la música y la pareja tocó piezas a cuatro manos. Ya en esos poemas primerizos ha quedado el registro de esas aventuras: “El piano de cola de sonido sangraba/ con un vago Nocturno que un muchacho tocaba./ Ella vino a mi lado con su oro y su gasa/ ¿Es Chopin?... Sí, Chopin.../ Y no dije nada./ Después de separarnos/ la tristeza me ahogaba”.

García Lorca venía de terminar una etapa traumática en el Instituto de Granada. Sentado en el último asiento de la sala, Federico, el poeta suave, recibió el apodo de Federica. Remitido al ostracismo, García Lorca se empeñó en los libros e inició una obsesión en su conducta: por años intentó esconder sus modales femeninos. Fue entonces que vino ese balneario, el piano, la inspiración romántica y el primer enamoramiento de una mujer.

Por supuesto, como corresponde a la vida sangrienta de este notable español, hablamos de un amor de telenovela. Ella, María Luisa, provenía de una familia rica, los Natera, de un fuerte poder económico de la zona de Córdoba (corría el refrán: “Si quieres hacer carrera, cásate con un Natera”). Y él, un simple vago documentado, ya tenía decidido ser un poeta. Una rica y un poeta, ya en aquella época, resultaba imposible. Separados por la oposición de la familia, García Lorca empezó la escritura de cartas intensas que ella guardó con emoción hasta el momento de su matrimonio con otro hombre. Unos años después de que compartieran un piano, María Luisa Natera, la única novia acreditada de Federico García Lorca, se casó con Enrique Hitos Rodríguez, un artista de fin de semana, que en verdad vivía de farmacéutico. Tiempo después, según han dicho los hijos de ese matrimonio, Enrique Hitos Rodríguez quemaría todas las cartas del poeta. No por celos, sino por temor. No era conveniente tener en un cajón las cartas de un antifalangista.
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La novia fugitiva de García Lorca, Crítica de la Argentina, 10 de marzo de 2009. Todo el artículo AQUÍ
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Argüelles, jueves, 4:45

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De niño solía acudir con mi madre al bilbaíno Mercado de la Ribera y siempre miraba con desprecio los atunes, sardinas o bacalaos que se desplegaban a la venta en los múltiples puestos de la planta baja; por más que le daba vueltas, no podía comprender que aquellos peces se hubieran dejado atrapar en un lugar tan grande y fácil para la huida como el océano. Lo recuerdo ahora y me lo repito con alegría para demostrarme que soy un intransigente genético, un maximalista a mucha honra que ha decidido perseverar en sus raigones. Necesito defender a mi tigre, lo necesito, y más en estos tiempos donde el consenso y la doctrina patatera del punto medio ponen en peligro cualquier intento de originalidad.

Qué tiempos, tron. Los integristas son ahora integralistas, las derechas parecen izquierdas y las izquierdas derechas, los orientales se occidentalizan, los occidentales se hacen budistas y hasta los poetas proclaman su sangre mulata, polimorfa y blablablá. Esa estética (la llamo así porque no me parece que responda a una verdadera necesidad vital) la he dado en llamar estética de la gasolinera, porque, igual que en las gasolineras de hoy, te ofrece productos tan diversos como pilas, huevos, periódicos, donuts, aceite, pan o libros a precios muy por encima de su baja calidad.

Vengo diciendo que el mestizaje debe ser optativo, y lo mismo opino sobre el “consenso”, ahora tan de moda: ¿Por qué tenemos que llegar al consenso? ¿Por qué no podemos seguir en desacuerdo respetuosamente? Yo quiero conservar mi olor, mi sabor, mis tonterías, mis errores, no quiero oler ni saber al pepino con uniforme que proponéis vosotros. Estoy encantado con mis particularidades, creo que se me nota, y lo estaría mucho más si no tuviera que defenderlas a cada minuto. Lo único obligatorio me parece el respeto y la tolerancia con las opiniones y las culturas del otro, siempre que se subraye que la noción de tolerancia no excluye la de crítica y desacuerdo. Entiendo que no es lo mismo respetar que asumir, tolerar que consensuar, escuchar que aprobar. A mí sólo me interesa una sociedad que debata y una poesía que arda. Qué cojones me van a interesar a mí las sardinas que se dejan coger.
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TRADUCCIONES (25): Tres poemas de "La aldea de sal", de LÊDO IVO, traducidos por GUADALUPE GRANDE y JUAN CARLOS MESTRE

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CAVALO MORTO

En Cavalo Morto las muchachas acostumbran a salir de paseo con los soldados. Y luego a quererse. Sucede entonces algo inverosímil: después de hacer el amor, bordan en las nubes, con un alfabeto azul y blanco, el nombre de los enamorados: José, Antônio, Manuel, Joâo.

Las muchachas vuelven más jóvenes de esos amores entre la maleza. Regresan intrépidas, excitadas por el filtro de la luna. Y para ellas no hay ya exigencias, cobardías, acontecimientos. Sólo existen los soldados del batallón.

En agosto, enero, igual en septiembre, las muchachas aman en Cavalo Morto. Pasan abrazadas a sus enamorados y dejan en la arena del camino algo como un rastro de espuma o velo. Los soldados no saben hacer sonetos, ¡pero cómo aman!

De noche, Cavalo Morto nunca está despoblado. Y si pasas un día por allí y oyes voces, risas y gemidos de amor, no te asustes por miedo a los fantasmas. Son las muchachas amándose con los soldados en Cavalo Morto.



LAS NECESIDADES

Una puerta cerrada no es suficiente para que un hombre
esconda su amor. También necesita una puerta abierta
para poder partir y perderse entre la multitud cuando ese amor estalle
como un barril de pólvora en el arsenal alcanzado por el rayo.
No basta un techo para que un hombre se proteja
del calor y de la tempestad. Para huir del relámpago,
cuando la lluvia cae en el silencio del mundo
abierto como una fruta entre dos estruendos,
él necesita un cuerpo tendido sobre la cama,
un cuerpo al alcance de su mano
todavía temerosa de avanzar en la oscuridad.
En la noche que declina, en el día que nace,
el hombre necesita de todo: del amor y del rayo.



MI PATRIA

Mi patria no es la lengua portuguesa.
Ninguna lengua es una patria.
Mi patria es la tierra tierna y untuosa donde nací
y el viento que sopla en Maceió.
Son los cangrejos que corren en el lodo de los manglares
y el océano cuyas olas continúan mojando mis pies cuando sueño.
Mi patria son los murciélagos colgados de la techumbre de las iglesias carcomidas,
los locos que danzan al atardecer en el hospicio junto al mar,
y el cielo encorvado por las constelaciones.
Mi patria son las bocinas de los navíos
y el faro en lo alto de la colina.
Mi patria es la mano del mendigo en la mañana radiante.
Son los astilleros podridos
y los cementerios marinos donde mis ancestros tuberculosos y palúdicos no paran de toser y temblar en las noches frías
y la fragancia del azúcar en los almacenes portuarios
y las tencas que se debaten en las redes de los pescadores
y las ristras de cebolla enroscadas en la tiniebla
y la lluvia que cae sobre los corrales de peces.
La lengua de que me valgo no es ni nunca ha sido mi patria.
Ninguna lengua engañosa es una patria.
Tan sólo sirve para que celebre mi gran y pobre patria muda,
mi patria disentérica y desdentada, sin gramática y sin diccionario,
mi patria sin lengua y sin palabras.


LÊDO IVO (Brasil, 1924), La aldea de sal, Calambur, Madrid, 2009, 179 páginas. Traducción de GUADALUPE GRANDE y JUAN CARLOS MESTRE
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miércoles 23 de junio de 2010

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (113): Bolaño recomienda a los jóvenes que roben libros

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El Bolaño real, nieto de gallego, era, en cambio, una persona tímida, que creía en la bondad del buen escritor. Apasionado lector, devorador de cine y de programas de televisión "siempre mejor la tele que un best seller, solía decir", cultivador de un cierto talante rebelde. En más de una entrevista, Bolaño recomendaba a sus lectores jóvenes que robaran los libros, sin más.

Sobre sus años en México, adonde la familia se trasladó desde Chile, cuando él apenas tenía 15 años, creó casi una leyenda. Los elementos más vívidos de aquella etapa, han quedado atrapados en Los detectives salvajes, una novela por la que deambula el autor, convertido en Arturo Belano, y su amigo Mario Santiago, transmutado en Ulises Lima. Bolaño reconoció siempre una deuda profunda con México, donde sintió la llamada de la escritura, y se hizo poeta.

Bruno Montané Krebs lo conoció en ese país, en 1974, y se hicieron amigos. Montané aparece en Detectives, convertido en Felipe Müller. "En la obra de Roberto no habrá más de un 30% de material real, el resto es pura invención. Conviene tenerlo en cuenta", dice el poeta chileno, afincado en Barcelona. "A Roberto lo frecuenté en Barcelona. Cuando se trasladó a Blanes [a comienzos de los años ochenta], ya nos veíamos menos. Pero hablábamos mucho por teléfono. Roberto era excelente conversador por teléfono, sobre todo cuando llamaba él".

Herralde y Echevarría le recuerdan como un tipo con gran sentido del humor, muy divertido. Trabajaba en un estudio bastante modesto, en Blanes, en la Costa Brava. En horario nocturno. Con un paquete de cigarrillos a mano e ingiriendo litros de infusiones con miel, "porque no podía beber otra cosa". A Bolaño le inspiraba la música, pero nada de autores clásicos. Solía escuchar rock duro a través de los auriculares.
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LOLA GALÁN, El enigma universal de Roberto Bolaño, El PAÍS, 22 de marzo de 2009
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TROYA LITERARIA (157): Ungaretti contra Quasimodo y viceversa

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Quasimodo no podía ver a Montale ni a Ungaretti, sobre todo después de que le dieron el premio Nobel. Yo creo que el culpable era Quasimodo. Parece ser que ahora, después de su muerte, le han dedicado poemas todos ellos, pero a mí me pasó una cosa divertida uno de los años que fui a Taormina, de cuyo premio era jurado. Hace unos cuatro años, creo, fui a Taormina. Para ir allí hay que tomar el avión hasta Catania y de ahí, en coche, hasta Taormina. Pues bien, a mí me tocó ir en un automóvil en medio de Ungaretti y de Quasimodo, que casi no se hablaban. Entonces me decía Ungaretti al oído: Quest'uommo é insoportabile!, y Quasimodo al otro lado me decía: Questo vecchio stupido!; y cosas así, y yo en medio, recibiendo en cada oído un elogio de esta clase del uno al otro.
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RAFAEL ALBERTI, Conversaciones con José Miguel Velloso, Ediciones Sedmay, Madrid, 1977, págs. 221-222
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Lo mejor de CRÍTICA POÉTICA Y CONTRACRÍTICA (45): 31 de mayo de 2009

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Addison de Witt: "Inane", de Isabel Navarro, es un poemario original, bien escrito y estructurado, con voz propia y personal desde ya, atrevido en su forma, escrito por una persona con talento para el verso y con una imaginación potente. Un primer poemario bueno de una poeta a seguir.

Alberi: Se ha fallado el Premio Manuel Alcántara. El poema ganador "Paseo vespertino", de Luis Alberto de Cuenca, está publicado en internet desde julio del año pasado. Nadie ha dicho nada al respecto todavía, ni los organizadores, ni los informadores, a pesar de haberles enviado un correo con el enlace correspondiente (un correo con seudónimo, como éste, por supuesto). Ni lo dirán, con la prisa y el primor que se han dado con los bombos y platillos.

Jirón: A mí la verdad es que me parece algo totalmente obsoleto la cláusula de que los poemas no puedan estar publicados. Antes el único método de publicación era el papel y la venta en librerías, pero con Internet el escenario ha cambiado. Flaco favor se le hace a la poesía si pedimos que todo el que presente sus poemas a una revista, a un concurso o a una editorial los tenga que tener encerrados en un cajón. A la poesía hay que darle toda la visibilidad que se pueda... Y además, eso de que las plicas se respetan no se lo cree nadie. Es mejor ir de cara. Mientras el libro no esté vendiéndose en una librería, qué más dará que esté en una web...

Anónimo: El único problema, Jirón, es que las bases indican que el poema tiene que ser inédito. Y digo el poema porque es un premio de 6000 euros por un único poema. Qué menos que sea inédito si te pagan esa pasta por unos versos. Se puede discutir si el poema es bueno o no, pero lo que es indiscutible es que incumple las bases y por tanto no debería ser premiado.

Jirón: Es que no estoy de acuerdo con que incumpla las bases, Anónimo. No se considera legalmente una edición si no tiene ISBN (¿si hago fotocopias y las reparto a todos mis amigos, también es una publicación?). Además Internet cambia por completo los conceptos de publicación y distribución de la obra. No es un libro que esté a la venta en ningún sitio; ni siquiera puedes saber si el poema lo ha subido el autor o ha sido otra persona. Creo que es un punto de las bases que quedó obsoleto en el momento de la aparición de Internet, solo que el mundillo de la poesía está muy atrasado tecnológicamente, amén del proverbial gusto de poetas y lectores por el sectarismo y el apuñalamiento mutuo. De lo que habría que quejarse es de que se den 6000 euros por un único poema, y encima que ese único poema sea, como en este caso, una m... como el sombrero de un picador. Pero quejarse de que "el poema está editado" porque aparece en un blog que, por otro lado, ni siquiera es del autor, me parece un pataleo mezquino y cutre que no va a la raíz del problema: que ese poema no se merece ese premio. Es atacar un defecto de forma y aceptar el fondo de la cuestión.

Anónimo: En primer lugar, el poema premiado de Luis Alberto de Cuenca, Paseo Vespertino, está en la página de las Afinidades Electivas (AQUÍ), nadie sino tú mete poemas en tu propia página. Sólo tú puedes hacerlo. Ese tú, en este caso, es Luis Alberto. En segundo lugar, la mayoría de premios actuales, cuando definen inédito, prohíben de manera expresa Internet como canal de distribución. Por las mismas razones que comentas, equiparan Internet a la publicación. De hecho Internet puede hasta tener más lectores.
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H. S.: A ver, la cuestión con el poema de Cuenca es la siguiente: lo que nos indigna a todos no es que esté publicado en internet, sino que a todas luces es un premio arreglado. Pero como de eso no tenemos constancia legal, vale la pena atacar con el argumento de que sí hay una falta a las bases del concurso por estar el poema ya publicado.

Joan: Sobre el premio en cuestión, les está a ustedes bien empleado por presentarse a semejante premio. Cualquier evento que premie con 6000 euros un solo poema se convierte, a mi ética, en un premio caprichoso, loewado, con aires de grandeza provinciana y con el dispendio habitual de las administraciones locales. No sé cómo les extraña que pasen estas cosas. El día que todos ustedes dejen de presentarse a este tipo de premios se les acabará el chollo a los que viven de sus participaciones fantasma. Siento la crudeza pero son demasiado inocentes. Espabilen de una vez por Dios.
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Jirón: Internet elimina el intermediario y, aunque con un prestigio mucho menor y un lucro inexistente, te permite regalar tu obra a todo el mundo, mientras que cada vez menos gente se acerca a la poesía a través del tradicional formato libro / revista. Así que lo que tú pretendes, Anónimo, es obligar a que un autor silencie su propia obra, la encierre en un cajón e impida su lectura. Yo creo que habría que cambiar el modelo, y dejar fuera sólo las publicaciones con ánimo de lucro. Es decir: si ya estás ganando dinero con determinada obra, si ya está publicada en formato libro, queda fuera. Si no, el premio o la publicación prestigia y da visibilidad (ante la prensa, ante los críticos) a una obra que ya ha podido ser recibida por los lectores. Me parece que bastante fastidiado está el panorama, y demasiada falta de lectores de poesía hay, como para tirar piedras contra nuestro propio tejado. Me parece que mi postura no es tan difícil de entender.

Anónimo: A mayor abundamiento, y en términos estrictos de justicia, recuerdo que hace unos años desposeyeron de otro premio a un joven poeta (Carlos Contreras) porque su poema estaba colgado en internet. Por cierto, no le tembló el pulso al presidente del jurado, Jon Juaristi, muy colega del que ahora hablamos. ¿Le contaría la anécdota? No igual, pero parecido, fue como premiaron a Villena en el visoriano Parnaso extinto de Valdepeñas; sin entrar en lo peor, "libro parcialmente publicado en otra parte". Por contra, a J. Gázquez, por lo mismo, le retiraron el premio Antonio Machado en Baeza (bajo el signo de Hiperión).
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Blog Crítica poética y contracrítica (AQUÍ)
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martes 22 de junio de 2010

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (112): El cuento del dinosaurio, de Augusto Monterroso, no es el más corto de la literatura hispana

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Augusto Monterroso es tenido como autor del más breve cuento de la literatura hispana, una falsedad evidente y que a él le significó una fama que le desagradaba. El español Luis Ignacio Parada lamenta que a Augusto Monterroso no se le recuerde por sus obras principales, sino por sus relatos breves, entre los cuales está el del dinosaurio: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.

A Monterroso no le gustaba ser considerado nada más que autor de mínimos relatos. Tampoco le desagradaba en extremo, puesto que había servido para darle un prestigio que le facilitó muchos caminos en su vida. Además, en su libro La vaca cita como frase inspiratoria una de Mallarmé: “Toda abundancia es estéril”, dicha en alguna conversación.

Vuelvo al cuento del dinosaurio al que, equivocadamente, se llama el más breve del mundo. Hay al menos tres microrrelatos más breves que ese de siete palabras del guatemalteco. Parada muestra su especial predilección por uno, de únicamente seis, de José Antonio Martín: “Había una vez un colorín colorado”. También en seis, Max Aub resume: “Lo maté porque era de Vinaroz”.

Con algunas palabras más hay algunos muy sugerentes. Con nueve, Juan José Arreola resume toda una novela: “La mujer que amé se ha convertido en fantasma”. García Márquez crea, con sólo diez, una atmósfera fantástica: “Aquel hombre era invisible, pero nadie se percató de ello”. En doce, Antonio Canedo sugirió: “Mientras Adán dormía alguien se acercó sigilosamente y le arrebató una costilla”. También en doce David Acebey resumió: “Nunca pude alcanzar al amor de mi vida. ¡Cómo corría la condenada!”. En dieciséis, Antón Chejov describe: “Un hombre, en Montecarlo, va al casino, gana un millón, vuelve a su casa, se suicida”. En veintitrés, el propio Arreola contó: “En un lugar solitario cuyo nombre no viene al caso hubo un hombre que se pasó la vida eludiendo a la mujer concreta”. En veintisiete, Thomas Bailey sintetizó: “Una mujer está sentada sola en su casa. Sabe que no hay nadie más en el mundo: todos los otros seres han muerto. Golpean a la puerta”.

Maravillosos cuentos cortos son las greguerías de Ramón Gómez de la Serna. Tiene una insuperable: “Aquella niebla fue tan fuerte que cuando pasó había borrado los rótulos de las tiendas”. Y otra de sólo seis palabras, genial: “El beso es hambre de inmortalidad”. Contra Monterroso, Hipólito Navarro escribió otro con las mismas palabras que dice: “El dinosaurio estaba ya hasta las narices...”.
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ALFONSO CASTAGNETO, Monterroso, reinventor de la fábula, El Mercurio de Valparaíso, 23 de febrero de 2003. Todo el artículo AQUÍ
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NOTA NEORRABIOSA: ¡Ojo! Leed los comentarios a esta entrada de Elena y Carlos de la Fe, que afirman, la primera, que el cuento de Arreola es sólo una parte de un cuento más largo, y el segundo, que el cuento de García Márquez es en realidad de Gabriel Jiménez Emán
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ANECDOTARIO DE POETAS (195): Hermann Hesse decide ser poeta a los trece años

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En general, durante los siete u ocho primeros años de colegio fui un buen alumno, al menos siempre estaba sentado entre los primeros de mi clase. Pero al comenzar aquellas luchas de las que no escapa nadie que quiera ser una personalidad, entré cada vez más en conflicto con la escuela. Esas luchas sólo las comprendí dos décadas después, pero entonces estaban allí y me rodeaban, en contra de mi voluntad, como una terrible desgracia. La cuestión era la siguiente: desde que cumplí los trece años estaba claro para mí que quería ser poeta o nada. Pero con la claridad de esta idea llegó paulatinamente otra certeza, penosa. Uno podía llegar a ser maestro, cura, médico, artesano, comerciante o empleado de correos, también músico, incluso pintor o arquitecto, y para todas las profesiones del mundo había un camino, había condiciones previas, había una escuela, una enseñanza para el principiante. ¡Pero no existía para el poeta! Estaba permitido serlo e incluso se consideraba un honor ser poeta: es decir, tener éxito y fama como poeta, pero lamentablemente esto solía suceder cuando uno ya estaba muerto. Sin embargo, convertirse en poeta era imposible, querer serlo era una ridiculez y una vergüenza, como pude averiguar muy pronto.

Rápidamente había aprendido lo que se podía aprender de la situación: poeta sólo se podía ser, pero no estaba permitido llegar a serlo. Además, interesarse por la poesía y por un talento poético propio le hacía a uno sospechoso ante los maestros, y por ello desconfiaban de uno o le despreciaban, con frecuencia incluso le ofendían a uno mortalmente.

Con los poetas pasaba exactamente lo mismo que con los héroes y con todas las figuras y los afanes intensos o hermosos, orgullosos y no cotidianos: en el pasado fueron maravillosos, todos los libros de texto estaban llenos de alabanzas hacia ellos, pero en el presente y en la realidad se los odiaba y, probablemente, los maestros habían sido contratados y formados para impedir en lo posible el surgimiento de personas famosas y libres y la realización de gestas grandes y magníficas.
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HERMANN HESSE, Biografía Resumida, en Gesammelte Werke, tomo 6º, págs. 392
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88. Dos poemas de "Las últimas palabras de Harpo", de ÓSCAR AGUADO

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Estimado Bolo
ya no busco en el supermercado
la cola de la cajera bonita
hace mucho que dejé de decir a mi madre que la quería
parece que alguien está quitando piedras bajo mis pies
buscando alguna ruina romana.

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Estimado Bolo
aquí hay mujeres
que si las rozas desaparecen
son como pompas de jabón
no pueden hablar
porque se les corre la pintura
y si les mencionas el sexo
se marchan enfadadas
restregando su culo en mi paquete
sin embargo hay otras
que dan pedales
comen manzanas
y se follan a todos.


ÓSCAR AGUADO, Las últimas palabras de Harpo, Amargord, Madrid, 2010, 66 págs.
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lunes 21 de junio de 2010

TROYA LITERARIA (156): Un grupo feminista contra Bukowski

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PIVANO: ¿Has tenido alguna discusión con las feministas?
BUKOWSKI: Bueno, en algún lugar de Alemania nos formaron un piquete, ¿no? Yo siempre estoy borracho, ¿entiendes? Dicen que era una chica. Yo estaba muy excitado. Había salido borracho, creía que eran cinco o seis con pancartas: "Bukowski es un cerdo macho".

PIVANO: ¿De veras?
BUKOWSKI: No consigo entender qué les pone tan furiosas. No consigo entenderlo. Sólo me hace sonreír. No llego a entenderlo. He escrito una gran cantidad de historias de amor que sólo son historias totalmente de amor, nada más. Creo que éstas no las leen. Luego, de vez en cuando, me atacan. Veo solamente la boca que se mueve y el odio. No sé por qué... De vez en cuando aparecen y tienen el aire de detestarme.
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CHARLES BUKOWSKI, Lo que más me gusta es rascarme los sobacos, entrevista de FERNANDA PIVANO, Anagrama, Barcelona, 1983, pág. 54
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ANECDOTARIO DE POETAS (194): Los nenúfares de Villaespesa

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Escuché contar esta anécdota en una de las tertulias nocturnas que se organizaban espontáneamente en el palacio de la Magdalena, con profesores y alumnos, en la Universaidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander. Aquel año se celebraba un Congreso de Escritores Jóvenes, al que asistían los poetas, autores, escritores y periodistas de mi generación y aledaños. Con esto quiero decir que la anécdota circulaba ya por ahí hace cuarenta años y más.

Paseaban don Miguel de Unamuno y don Francisco Villaespesa. Pasaron junto a un estanque en el que flotaban algunos nenúfares.

–Don Miguel, ¿cómo se llamarán estas flores acuáticas que crecen en los estanques y en las aguas remansadas? –preguntó, intrigado, Villaespesa.

–Mire, Villaespesa, se llaman con esa palabra que tanto usa usted en sus versos. Nenúfares, nenúfares.
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JAIME CAMPMANY, El jardín de las víboras, Espasa, Madrid, 1996, págs. 169-170
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Portadas que ocuparon la cabecera neorrabiosa durante la última semana

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XXVII. Tres poemas de "Una broma colosal", de VIRGILIO PIÑERA

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EL CUCHILLO

La suerte me ha deparado
este cuchillo.
Es tan mío
que le niego
el pasatiempo inocente
de relumbrar.
Atado a una correa
puedo llevarlo de paseo.
Un juez condenaría
al osado que me lo robase.
Podéis protestar,
suplicar, apelar, amigos míos.
Intentaréis desarmarme:
veo en vuestras caras
convulsas el terror.
Pero, desechad temores vanos:
es sólo un esclavo
presto a hundirse en mi pecho.

1969


BUENO, DIGAMOS

Bueno, digamos que hemos vivido,
no ciertamente –aunque sería elegante–
como los griegos de la polis radiante,
sino parecidos a estatuas kriselefantinas,
y con un asomo de esteatopigia.
Hemos vivido en una isla,
quizá no como quisimos,
pero como pudimos.
Aun así derribamos algunos templos,
y levantamos otros
que tal vez perduren
o sean a su tiempo derribados.
Hemos escrito infatigablemente,
soñado lo suficiente
para penetrar la realidad.
Alzamos diques
contra la idolatría y lo crepuscular.
Hemos rendido culto al sol
y, algo aún más esplendoroso,
luchamos para ser esplendentes.
Ahora, callados por un rato,
oímos ciudades deshechas en polvo,
arder en pavesas insignes manuscritos,
y el lento, cotidiano gotear del odio.
Mas, es sólo una pausa en nuestro devenir.
Pronto nos pondremos a conservar.
No encima de las ruinas, sino del recuerdo,
porque fíjate: son ingrávidos
y nosotros ahora empezamos.

1972



ALOCUCIÓN CONTRA LOS NECRÓFILOS

De una vez y por todas: ¡a la mierda la muerte!
Mientras más me acerco a ella o ella a mí,
ni yo sé quién soy ni qué soy, le digo,
pero tú tampoco sabes quién ni qué eres.
El hombre te inventó o te dio nombre al menos,
tan sólo eso, que apenas si es algo,
una manera como tantas de infundir terror.
Pero conmigo eso no va, mi hermana.
Y menos, hacerle el juego a tus ritos.
Con los miles de millones de muertos
que conocemos, nuestra visión de ti
tendría que ser más bien risueña
o tan mecánica como la que ponemos
por ejemplo en el papel higiénico.
Si alguien osara en una noche
poblada de relámpagos, ululante el viento,
y todo el decorado de muerte chopiniana,
si alguien osara, digo, en medio de los suspiros,
coger al muerto por los cabellos
igual que a una peluca inservible,
y decir, con voz muy natural:
ya no es como nosotros, y aquí, señores,
no ha pasado nada, ¡y siga la fiesta!
De modo que en vista de la muerte,
de la muerte natural por supuesto,
mucha naturalidad, tanta
que hasta el muerto se vuelva natural,
tan natural que se entierre o se queme
sin derramar una lágrima.
Tenemos que reservarlas
para cuando nos duelan las muelas.
Y si digo la muerte natural
es porque las provocadas
por la mano del hombre contra otro,
no han de ser lloradas por muerte
sino por vida que la vida
no segó a su hora.
No practiquemos el culto de los muertos,
¿acaso podemos pedirles
que practiquen el culto de los vivos?
La comunicación se ha cortado:
ni nos hablan ni nos oyen.
Hablemos pues con los vivos,
hasta que podamos.

1974



VIRGILIO PIÑERA (Cuba 1912-1979), Una broma colosal. La isla en peso, Tusquets Ediciones, Barcelona, 2000, págs. 145-253
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domingo 20 de junio de 2010

TROYA LITERARIA (155): Papini contra Manzoni

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Cuando me llegó el turno, presenté una diatriba de más de cien páginas en que arremetía violentamente contra Los novios, de Manzoni, mediante ingeniosos sofismas. Odiaba esta obra desde que en clase me había tocado durante un año entero analizar literaria y gramaticalmente las mediocres desgracias de Renzo Tramaglino y de Lucía Mondella. Aquella lugareña sin pasión; aquel cura adocenado y ruin; aquel fraile siempre dispuesto a sacarse de la bocamanga del hábito la prédica y la bendición; aquel Anónimo que se las da de terrible y luego se deja conmover por los sollozos de una vulgar retrógrada y humillar por la astuta oratoria de un santo, me fastidiaban y me hacían montar en cólera. No apreciaba cuanto hay de arte puro y grande en muchas páginas de esta obra tan famosa; al contrario: el aura de piedad cristiana que emana de su contenido, la conformidad servil a los designios del Señor, el castigo ejemplar de los pecadores, acompañado del triunfo discreto de los humildes y de los desgraciados, me hacían reaccionar con toda la fogosidad de mi espíritu satánico y carducciano.
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GIOVANNI PAPINI, Un hombre acabado, Argos Vergara, Barcelona, 1980, págs. 55 y 56
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ANECDOTARIO DE POETAS (193): Un artículo donde Juan Ramón Jiménez ataca a la Generación del 27 supone la desaparición de la revista Orígenes

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Desde 1937 a 1957 Juan Ramón Jiménez fue el único autor no cubano que participó en todas las iniciativas editoriales de Lezama Lima, y además en los momentos más señalados, como cuando le pidió al onubense algunos poemas para abrir el primer número de la revista "Verbum".

También cuando en 1953, en "Orígenes", Lezama se decidió a publicar "un incómodo texto de Juan Ramón en el que arremetía contra la mayoría de los poetas del 27 y que provocó, finalmente, la desaparición de la revista", según Fornieles.

En ese texto, Juan Ramón Jiménez decía: "La poesía pura puede ser, decía yo, todo lo demás, si es pura; puede ser casta o lasciva, puede venir del estiércol o del diamante. Lo puro en la poesía no tiene nada que ver con la moralidad. Y además puede ser oscura o demoníaca", para a continuación decirle a Jorge Guillén que se equivoca en unos juicios críticos y afirmar que la de Gerardo Diego no es poesía pura.
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AGENCIA EFE, Un epistolario revela la ´pleitesía poética´ que Lezama rindió a Juan Ramón Jiménez, 8 de febrero de 2009. Todo el artículo AQUÍ
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XXVI. Tres poemas de "Poemas desaparecidos", de VIRGILIO PIÑERA

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PASEO DEL CABALLO

Encanta el caballo viniendo de flanco,
el caballo con sus cuatro cascos provocando la tierra;
encanta en las mañanas con descargas de fusilería.
Pero advertid que el caballo no comparte nuestra admiración.

El caballo es llevado por su carne
y lo que de él se mueve en un espacio es su forma:
su forma que podría ser o una flor o un guante.
El caballo ocupa un espacio más su relincho.

Encanta el caballo cuando caracolea.
Estas suertes gentiles son la desesperación de sí mismas;
si el caballo quisiera caracolear nada más que para sí
tendría que no caracolear y permanecer cosido al suelo.

Pero el pueblo es cruel y le encanta el caballo
en las mañanas con el asfalto mojado por el rocío.
Un latigazo, y el caballo avanza piafando.
Pero el pueblo ignorará siempre que el caballo
no sabe que él es un espectáculo matinal.

¡Mirad cómo avanza un caballo llevado por su forma!

1945



PIN, PAN, PUN

El niño me mató con su fusil de palo. Muerto empecé a verlo
en su lento crecimiento hacia la crueldad.
En estos días me gusta escuchar los disparos. Se tiñe
de sangre el horizonte. Todos afirmamos que la felicidad
es una bala.

1969



¿SE DIJO?

¿Se dijo o no se ha dicho?
Oíamos entretanto la música, acompañada del piafar de los
caballos. Un modo de eludir las enojosas preguntas.
Con todo, si se ha dicho o no, me preocupa.
¿Te acuerdas del sentido?
Si carece de sentido, callaremos.
¿Callar, se puede?
De cada lengua salen pistas de aterrizaje, hacia las pistas
practicadas en los oídos. Callar sería catastrófico: secaría la
emoción. Las palabras no podrían despegar.
–Dime si ya se dijo. Quizá recuerdes una palabra. Lánzala de tu
rampa de despegue. Lánzala hacia este oído, que se está
muriendo por oír.
Tu silencio llena mi pecho con vacíos pintados de cal.
Blanco, esparcido blanco.
Si te obstinas en callar, sin una mancha estará mi alma.
Enviléceme: habla.
Dime cuatro verdades.
Necesito tu voz y tu verbo.
Deberé luego hundir un puñal en tu pecho.

1976


VIRGILIO PIÑERA (Cuba 1912-1979), Poemas desaparecidos. La isla en peso, Tusquets Ediciones, Barcelona, 2000, págs. 255-322
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sábado 19 de junio de 2010

TROYA LITERARIA (154): Efrainistas contra octavianos

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Los poetas de mi generación se habían alineado en bandos antagónicos preexistentes. Uno admiraba al poeta popular, Efraín Huerta -famoso por sus "poemínimos", cargados de humor, desparpajo y frescura-, y el segundo a los de la revista Plural que dirigía Octavio Paz -el futuro Premio Nobel, intelectual y cosmopolita- y que editaba un grupo formidable de escritores -García Ponce, Elizondo, De la Colina y el también poeta Tomás Segovia.

Los exquisitos frente a los callejeros, aunque ninguno de los dos bandos era rigurosamente lo dicho. Octavio Paz y Efraín Huerta descienden de la misma tradición literaria mexicana. Los dos nacieron en 1914, son de la misma generación que Rulfo. De jóvenes, Paz y Huerta editaron juntos a fines de los treinta una revista, Taller. Con los años se distanciaron. Habían nacido en ellos diferencias estéticas, pero sobre todo políticas. Octavio Paz había pintado su raya con el estalinismo y más tarde con la Revolución cubana. Efraín, no. Los del bando de Paz llamaban a los efrainitas estalinistas. Los efrainitas llamaban a los octavianos reaccionarios. Ninguno de los apelativos era del todo preciso. Había más en sus desafectos y afinidades, y también había menos.

Los jóvenes poetas efrainitas recorrían las calles a pie o en bus, eran iconoclastas, asistían a talleres, leían, escudriñaban y robaban libros de las librerías, usaban morral, cabello largo, huaraches de suela de llanta, publicaban aquí o allá y pasaban horas en los cafés de mala muerte. Los jóvenes poetas octavianos se criticaban ferozmente los poemas los unos a los otros en mesas de café vecinas a las de los efrainitas, recorrían las calles de la ciudad a pie o en bus o en sus coches, publicaban en los suplementos y revistas octavianos.
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CARMEN BOULLOSA, El agitador y las fiestas, en BOLAÑO SALVAJE, edición de Edmundo Paz Soldán y Gustavo Faverón Patriau, Candaya, Badalona, 2008, págs. 418 y 419
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ANECDOTARIO DE POETAS (192): Bernhard deja de escribir poesía

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Por qué deja de escribir Bernhard poesía es una cuestión que se ha planteado muchas veces, y hay respuestas para todos los gustos. Él mismo dice: "Lo más terrible para mí es escribir prosa. [...] Nada más difícil [...] Y desde el instante en que me di cuenta y lo supe, me juré no escribir más que prosa". Una explicación bonita pero poco convincente. En su segunda entrevista con André Müller, Bernhard da una razón más plausible: "Después de tres libros de poemas, pensé: ¿qué sentido tiene? Diez, veinte libros de poemas, ¿cómo terminará todo eso? Cada vez se vuelve más idiota. Y, durante algún tiempo, dejé de escribir por completo".

Aún así, la verdadera razón parece ser otra. Descontando esa evolución vital tan frecuente en los escritores, que pasan de la poesía a la novela por un proceso natural, la realidad es que Bernhard, en aquellos años difíciles, estaba tratando desesperadamente de abrirse camino. El rechazo de Frost, el libro de poemas en el que tantas esperanzas había puesto, debió de ser decisivo. Bernhard quería ser famoso y comprendió que, como poeta, no lo sería jamás.
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MIGUEL SÁENZ, Thomas Bernhard: una biografía, Ediciones Siruela, Madrid, 1996, pág. 77
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viernes 18 de junio de 2010

TROYA LITERARIA (153): Cabrera Infante contra Carpentier y Nicolás Guillén

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Algún día se verá que a Nicolás Guillén le hizo un daño irreparable hacerse comunista. Hasta entonces había sido un poeta de "vuelo popular". A partir de entonces fue un escritor al servicio del Partido Socialista Popular. Carpentier en sus últimos años, no sólo era un funcionario acomodaticio (vicepresidente de la Unión de Escritores, director de la Imprenta Nacional, consejero cultural en París) del gobierno castrista, sino que en sus últimas novelas se hizo un oportunista literario.
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GUILLERMO CABRERA INFANTE, "Lo peor del dragón está en la cola", entrevista de Jesús Hernández Cuéllar para la revista CONTACTO MAGAZINE, 27 de octubre de 2001. Toda la entrevista AQUÍ
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ANECDOTARIO DE ESCRITORES (111): Truman Capote aprovecha las fiestas para disparar borracho a las latas que le tiraban al aire

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¡El mejor publicista de sí mismo!, decían de él, escándalo y provocación... El protagonista de todos los excesos: iba a fiestas, o las organizaba, bailaba con famosas, aparecía borracho en la televisión, o en una conferencia. Conducía ebrio, siempre en el filo mismo de la navaja: las copas de champán burbujeante, el sombrero panamá, los ojos rojos, las drogas, el alcohol, jamás el menor signo de haberse arrepentido de ser él.

Tenía, sí, un problema con las supersticiones. Se descomponía con la facilidad del condenado si veía tres colillas en un cenicero, dos monjas o flores amarillas... Tampoco fue capaz de aprender nunca el abecedario. Se lió desde pequeño con las letras eme y cu, y ya no había manera.

El resto fue una canción que escribió para Barbra Streisand, A Sleeping Bee, su colección de pisapapeles de cristal, que sacaba de casa cuando se iba de viaje, y la literatura. Una de las mejores de su tiempo. Escribió A sangre fría, la historia del asesinato de una familia en Kansas, y durante seis años anduvo hablando con los testigos, la familia, indagando, los asesinos... Ya condenados, le pidieron que acudiera a la ejecución. Y cuando Perry Smith se acercó a él, de camino al patíbulo, le susurró al oído: "Le quiero, siempre le he querido". Lo ahorcaron minutos más tarde. No ocurría siempre con quienes se le declaraban.

Presumía de buena puntería. Y un revólver del 38. No sé si plateado, con cachas nacaradas, como el de Karen Blixen. En las fiestas, a veces borracho, hacía que tiraran latas al aire, o botellas, a las que solía acertar casi siempre, mientras movía el revólver humeante, errático, entre sus invitados que, borrachos también, se morían de risa.


JESÚS MARCHAMALO / DAMIÁN FLORES, 44 escritores de la literatura universal, Siruela, Madrid, 2009, pág. 44
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Me tomo un descansito blogger

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Arrastro un cansancio de fresas de nivel nueve, por lo que voy a parar un poquito para leer algunas cosas inservibles, aprender a hacer pintadas de trazo más grueso y ordenar y cambiar aspectos de mis poemas y memorias. Continuaré agregando anecdotario, troyas y poesía mundial. No hay plazos para la vuelta aunque, conociéndome, supongo que volveré a) mañana por la tarde; b) en 2025.
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jueves 17 de junio de 2010

TROYA LITERARIA (152): Alberti y Neruda contra Huidobro

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Elvira fue quien me presentó a Vicente Huidobro, gran poeta, sí, pero de una inmensa vanidad, rayana casi en lo grotesco. Cuando en el año 1937 vino a España para el Congreso de Escritores por la Paz, quiso en Madrid visitar algún frente, Pablo Neruda y yo inventamos esta copla, que se le hizo llegar, diciéndole que los soldados la cantaban con alborozo en las trincheras:

Ya llegó nuestro Vicente,
ganaremos la batalla,
que es el hombre más valiente
por donde quiera que vaya.

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RAFAEL ALBERTI, La arboleda perdida (Segunda parte), Seix Barral, 1987, págs. 15 y 16
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ANECDOTARIO DE ESCRITORES (110): Victor Hugo paga a sus sirvientas por favores sexuales

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El profesor Henri Guillemin ha descifrado, en un libro muy divertido, Hugo et la sexualité, aquellos cuadernos secretos que llevó Victor Hugo en Jersey y Guernesey, en los años de su exilio. Unos años que, por razones obvias, algunos comentaristas han bautizado "los años de las sirvientas". El gran vate, pese a haberse llevado consigo a las islas del Canal a su esposa Adéle y a su amante Juliette, y a entablar esporádicas relaciones íntimas con damas locales o de paso, mantuvo un constante comercio carnal con las muchachas del servicio. Era un comercio en todos los sentidos de la palabra, empezando por el mercantil. Él pagaba las prestaciones de acuerdo a un esquema estricto. Si la muchacha se dejaba sólo mirar los pechos recibía unos pocos centavos. Si se desnudaba del todo, pero el poeta no podía tocarla, cincuenta centavos. Si podía acariciarla sin llegar a mayores, un franco. Cuando llegaba a aquellos excesos, en cambio, la retribución podía llegar a franco y medio y alguna tarde pródiga ¡a dos francos! Casi todas estas indicaciones de los carnets secretos están escritas en español, para borrar las pistas. El español, el idioma de la transgresión, de lo prohibido y el pecado, del gran romántico, quién lo hubiera dicho. Algunos ejemplos: "E. G. Esta mañana. Todo, todo". "Mlle. Rosiers. Piernas", "Marianne. La primera vez", "Ferman Bay. Toda tomada. 1fr.25", "Visto mucho. Cogido todo. Osculum", etcétera.
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MARIO VARGAS LLOSA, La tentación de lo imposible, Alfaguara, Madrid, 2004, págs. 22 y 23
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UTILLAJE (17): Los nombres del nombre (y III), de José Antonio Millán

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Los botánicos dieron nombre a numerosas especies: gardenia no proviene del inglés garden, ‘jardín’, sino del médico Garden, a quien se dedicó la planta. La buganvilla debe su nombre al navegante francés Louis Antoine, conde de Bougainville, quien la trajo a Europa (quizás por esa razón en muchos sitios de América no se llama así, sino santarrita).

Los inventores están también recordados en los nombres de sus hallazgos. Sandwich es una palabra que viene del inglés, y su adaptación castellana es una de las palabras que se ven escritas de más maneras diferentes (pero a todas gana en simplificación el portugués: sandes). Debe su nombre al conde de Sandwich, que en una ocasión pasó veinticuatro horas en la mesa de juego, sin comer más que unas lonchas de carne fría con pan.

Otros creadores de muy diverso pelaje han cedido sus nombres al idioma. El político francés del siglo XIX Étienne de Silhouette dio nombre a la silueta, ‘dibujo de los contornos de un objeto’, pero no hay un acuerdo absoluto sobre por qué. Voy a relatar las distintas conjeturas porque expresan bien a las claras los sufrimientos que muchas veces deben afrontar los historiadores de las palabras. Hay quien opina (y es la solución fácil) que Silhouette era muy aficionado a estos dibujos. Otros piensan que las tajantes medidas impositivas que, como responsable de finanzas, se vio obligado a tomar tras la Guerra de los Siete Años, provocaron que las cosas hechas de forma rácana se denominaran “a la Silhouette”. Por último, hay quien opina que la brevedad de su paso por ese cargo hizo dar su nombre a un tipo de retrato tan rápido e incompleto...

Los socios Strauss y Perlowitz inventaron una ruleta eléctrica, a la que llamaron Straperlo (uniendo los principios de sus nombres), que quisieron introducir en España en 1933, y cuyas maniobras para conseguir la licencia dieron origen a una crisis de gobierno. A partir de entonces estraperlo pasó a significar ‘chanchullo, maniobra ilegal’ y en la postguerra española se extendió su uso a ‘mercado negro’ (de los productos sometidos a racionamiento).

El bandoneón, esa especie de acordeón inseparable del tango, fue bautizado así por su inventor, el músico del XIX H. Band, uniendo su nombre con sílabas de las palabras alemanas Harmonika, ‘armónica’, y Akkordeon, ‘acordeón’). Un caso similar está detrás del nombre del bolígrafo en Argentina, Uruguay y Paraguay: birome, por los socios que lo comercializaron en 1940: L. Biró, inventor húngaro-argentino, y J. J. Meyne.

Como en el caso de birome, desde el siglo XX las marcas registradas –que son nombres propios– se han convertido en uno de los grandes generadores de nuevos nombres comunes o adjetivos. Pero a su vez las marcas raramente son una combinación de letras sin significación: suelen recoger palabras anteriores.

Veamos algunos casos: el kleenex es una marca registrada en Norteamérica en 1925. El nombre (que se pronuncia /klínex/) se formó por resonancia con clean,/klin/, ‘limpio’ en inglés. En España entró hacia 1960, y hoy en día no sólo significa ‘pañuelo de papel’ (de cualquier marca), sino también ‘producto desechable’. Como rezaba el titular de un periódico en 1992: “Boom de la literatura kleenex”. Gramófono, fonógrafo y termo empezaron también como marcas registradas, a pesar de sus irreprochables raíces griegas (phono, ‘sonido’, graphéin, ‘escribir’, thermos, ‘calor’). El jeep, el claxon, la formica (al que el pueblo se empeña en llamar fornica), la plastilina, el rímel, el celofán, la aspirina, las bambas y hasta el futbolín comenzaron también como marcas registradas, aunque ahora sean tan sólo nombres de tipos de producto. En muchas ocasiones detrás de la utilización de un nombre como genérico hay patentes vencidas, décadas de pleitos y decisiones de los jueces, como ocurrió con la aspirina.

En ciertos casos, las marcas han derivado en nombres de cosas que sólo tienen una relación lejana con los productos que representan, y a veces tienen connotaciones que probablemente no gustarán a sus propietarios. Un ejemplo típico es michelín, ‘pliegue de grasa en el cuerpo’, a partir de una marca de neumáticos, cuyo emblema es una figura humana hecha de ellos. (En inglés llaman a los michelines sencillamente spare tyres, ‘neumáticos de repuesto’).

Un caso curioso es el de las denominaciones de la gente joven por el tipo de productos que consumen habitualmente, como yogurines (de yogur, por cierto: palabra turca traída por el francés).

Petit suisse es la marca de un postre lácteo. A los jovencitos en este momento histórico no sólo se les llama así, sino también bollicaos, nombre comercial de un dulce. Y de esta forma las denominaciones artificiales, creadas para diferenciar los productos en el mercado, se hacen también palabras comunes...
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JOSÉ ANTONIO MILLÁN (Madrid, 1954), El candidato melancólico, RBA Editores, Barcelona, 2006, págs. 108-112
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