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PASADIZO SECRETOOscuridad nieve buitres desespero oscuridad nueve buitres nieve
buitres castillos (murciélagos) os
curidad nueve buitres deses
pero nieve lobos casas
abandonadas ratas desespero o
scuridad nueve buitres des
“buitres”, “caballos”, “el monstruo es verde”, “desespero”
bien planeada oscuridad
Decapitaciones.
REMODELADOflor ajena al movimiento
destruir lejos del estruendo
en la montaña donde ya no hay viento
(rosa de la muñeca, verde de la nada
verdes también los ojos del perro fugaz
que prosigue su no-camino
ante la indiferencia del que vende pañuelos
en una esquina para siempre inmóvil
con una flor terriblemente estúpida en el ojal
como única defensa frente a los tentáculos
de seres parcialmente monstruosos
que devuelve a la nada su éxtasis parcial.
VANITAS VANITATUM
Largo tiempo, Ialdabaoth, he recorrido
tu imperio, tu triste imperio.
Y vi cómo cabezas de niños eran devoradas.
Y vi cerrarse las fauces del mono sobre cuanto de luz había en la tierra
y una mujer enriquecida con la sangre de los mártires.
Largo tiempo, Ialdabaoth, tu imperio he recorrido, tu triste imperio.
Esa temática de sombras, esos miserables
milagros en
hoteles de una noche(y vi al licor sagrado cubierto de estiércol)
miserable milagro en la pantalla
alguien dibuja la imagen de una mujer
enriquecida con la sangre de los mártires,
miserable milagro, entidad perpleja que solicita: largo tiempo
Ialdabaoth, tu imperio he recorrido,
tu imperio, tu triste imperio.
Allá la Amapola guía con su frágil y engañosa luz
que no proviene de ella misma,
allá se extravía
la sangre en interminables laberintos,
ciegas luchas nacidas todas de la Pérdida,
de la escisión, Ialdabaoth, de la que eres el signo.
Largo tiempo, esperando que Ulises vuelva a recuperar la oveja perdida,
el Hen que tikkumice 99.
Y mientras la necedad, la edad oscura, agnosia se extendía
sometido tu imperio a la implacable ley de la entropía psíquica.
Largo tiempo, mientras se cumple el plazo, esperando sólo que se cumpla el plazo,
existiendo sólo para tu final destrucción,
largo tiempo, satán, mientras tejías
tu interminable red de engaños
llamada Razón, llamada Pensamiento,
mientras tejías alguien destejía,
y hoy estás desprovisto y miserable,
lleno de furor, sabiendo
sabiendo que te queda poco tiempo.
Largo tiempo en el foso de las serpientes, contemplé sus juegos
mientras el cuerpo de mi padre era despedazado.
Largo tiempo, como un aspar a ciegas, como una
muerte que no se sabe, reducido al silencio por un sello, recorría,
Ialdabaoth, tu inmenso y diminuto reino, reducido al silencio por un sello.
Y he visto a mi padre, al rey, apaleado, asesinado
toda vez que intentase rememorar su imagen en un Individuo
he visto muerto al rey en medio de tus
interminables avenidas lluviosaslo he visto muerto, sobre la acera, y el mundo pasó junto a su cadáver sin verlo.
Largo tiempo, esperando, esperando sólo
a que el cadáver de la materia renazca, a que se abra
la cárcel de la materia,
y mientras esa serie que se acerca a su fin.
Oh, no ves cómo el viento azota tu triste cabaña,
cómo quiebra tus espejos,
te busca para matarte
(escucha cómo el Viento te busca:
te busca para matarte.
Haschischans invisibles persiguen
tu miserable estructura,
y el cadáver del esposo renace.
Y he aquí que mi único sueño es aquel final
granizo,
esa inmensa Lluvia que ya nos envuelve
por cuanto padeces el nacimiento de un hijo Hermafrodita
que ha de volverlo todo a su origen, esto es a la Nada, o mejor a aquello
que es
menos que nada.
Y vi a un mono devorar excrementos
y a una mujer enriquecida con la sangre de los mártires.
Y he derramado sangre,
agua que permanece en tus tembladerales,
he derramado el líquido
sagrado en ese altar inmundo,
esperando siempre el milagro, no sabiendo dónde se hallaba,
esto es en Ningún Lugar.
Largo tiempo, satán, mientras llovía
mientras llovía interminablemente,
invocando su nombre a ciegas no sabiendo que no tiene.
Y llegará el día en que se quiebre tu locura,
en que se haga cenizas tu locura,
porque de estas cenizas ha de surgir el Ave.
Y mientras, espero, por los interminables corredores, guiado sólo por la sombra,
guiado por la soror para escapar a tu estúpido
pero eficaz laberinto.
Y he aquí que nadie oye el estruendo, pero ya se percibe,
como se ven las grietas en el ídolo de barro, las arrugas
en esa creación equívoca, porque el pájaro
que bebe de su propia sangre, Yaxum está en camino.
Y vi cómo se asesinaba en el
nombre de Dios,
vi cómo se exterminaba a pueblos, a razas enteras por no adorar la imagen de la Bestia,
que lleva el nombre de Dios.
Cátaros, bogomilas, guaraníes, aztecas (y el degollado en Treveris)
exterminados por un asesino que dice ser único,
cíclope de un solo ojo,
exterminados en el nombre de Dios.
Y vi al Sin Nombre sollozar largamente, mientras
la Sinagoga de Satanás organizaba la matanza
en el reino triste de Hybris,
tu vasto y nulo imperio.
Y vi la Luz en los Vertederos, en los burdeles, en las cárceles,
maltratada, apaleada, confusa acerca de sí misma.
Y una mujer enriquecida con la sangre de los mártires.
Una mujer horrible, con barba, y en su frente grabado “misterio”
que vivía de la sangre derramada
por aquellos que no adoraron a la Bestia bajo el nombre de Dios
y que se atrevieron a vestir de lino blanco.
Y vi desde el fondo de la Muerte surgir la cabeza de un niño
autonacido,
y oí el cántico que nadie escuchaba, la música de la final Visión.
Y he aquí que tu Imperio comienza a derrumbarse, que tu sueño se hace cenizas,
de las cuales ha de surgir el Ave.
Y tu llanto, Ialdabaoth, es como una inmensa lluvia,
mientras la Semilla fructifica, lejos de tu imperio.
Tu imperio que también ahora, larga e inútilmente recorro
mirando a las ciudades como ruinas, observando febrilmente los indicios de la Nueva Ciudad
gustándome en esa ruina imaginaria que es el anuncio de la catástrofe de la realidad,
de la que la locura es la representación cabal
–“veía la ciudad deshacerse entre mis manos”–
(quiero decir la locura llamada así por la Locura)
y todas las criaturas en el mar serán destruidas.
Oh, ved aquí la última danza de la Cabra marina
antes que sea aplastada por la Piedra.
LEOPOLDO MARÍA PANERO, Teoría, Poesía Completa (1970-2000), Visor, Madrid, 2001, págs. 75-135.