domingo 28 de febrero de 2010

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (32): Bábel se acusa falsamente de ser trostkista en los interrogatorios del KGB

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El 29 de mayo de 1939 conducen a Bábel ante los oficiales encargados de la intrucción del caso, Shwartzmann y Kuleshov. Esos expertos en interrogatorios le presionaron durante tres días y tres noches hasta hacer que confesara. El trabajo era duro, pero se relevaban para descansar.

Fueron sin duda los días más terribles de la vida de Bábel.


Acta del interrogatorio del preso preventivo Bábel, los días 29, 30 y 31 de mayo.

Pregunta: Ha sido usted detenido por sus actividades antisoviéticas de traición. ¿Se reconoce culpable?
Respuesta: No, no soy culpable.
P.: ¿Cómo se puede compaginar esta declaración de inocencia con su detención?
R.: Considero que mi detención es el resultado de un fatal cúmulo de coincidencias, y de mi impotencia creadora, que me ha impedido publicar ninguna obra importante durante los últimos años, lo que en las condiciones soviéticas puede ser tomado como un sabotaje y una negativa a escribir.
P.: ¿Quiere decir que ha sido detenido por ser escritor? ¿No cree que tal explicación es demasiado ingenua?
R.: Desde luego, tiene razón. No se detiene a un escritor por su inactividad y su esterilidad.
P.: Entonces, ¿cuál es la verdadera causa de su detención?
R.: He viajado con frecuencia al extranjero y he mantenido estrechas relaciones con destacados trotskistas...
P.: ¿Quiere explicar por qué un escritor soviético como usted ha sido captado, en el extranjero, por los círculos de enemigos del país que representa? Debe confesar su criminal actividad de traidor...



VITALI CHENTALINSKI, De los archivos literarios del KGB, Anaya & Mario Muchnik, Madrid, 1994, págs. 41 y 42
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TROYA LITERARIA (46): Baroja contra Flaubert

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Flaubert es un animal de pata pesada. Se ve que es normando. Toda su obra tiene mucho peso específico; a mí me fastidia. Uno de los hallazgos de Flaubert es el haber ideado el tipo de Homais, el boticario, de Madame Bovary. Yo no veo que Homais sea más estúpido que Flaubert; tal vez sea menos.
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PÍO BAROJA, Juventud, egolatría, Taifa literaria, Barcelona, 1987, págs. 82 y 83
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POEMAS RAROS (14): Letanía del Opus pus, de CELSO EMILIO FERREIRO

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Opus, pus, pústula postulada,
pócima parásita pestilenta,
pecunia purulenta, plutocracia,
pacto secreto, pocilga programada.

Opus, pus.

Peleopolítica, peaje putrefacto,
protervo plan, pulpo, plusvalía,
punción punible, pábulo, parodia,
pedorro palote, pipí planificado.

Opus, pus.

Pálido pupilo, patria palafita,
pene pazguato, papirote pedáneo,
pirata, patulea, pantomima,
pazpalurda, pamema, paparrucha.

Opus, pus.

Patada parroquial, pezuña pontificia,
pícaro puto, pérfido, piara, purga,
pro domo sua, también.

Opus, pus.
Amén.


CELSO EMILIO FERREIRO, Antología, Ediciones Júcar, Madrid, 1982, pág. 290, edición de Xesús Alonso Montero
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Ciento setenta y dos

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DECÁLOGOS (4): Antidecálogo del escritor, de JORGE LUIS BORGES

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En literatura es preciso evitar:

1. Las interpretaciones demasiado inconformistas de obras o de personajes famosos. Por ejemplo, describir la misoginia de Don Juan, etc.

2. Las parejas de personajes groseramente disímiles o contradictorios, como por ejemplo Don Quijote y Sancho Panza, Sherlock Holmes y Watson.

3. La costumbre de caracterizar a los personajes por sus manías, como hace, por ejemplo, Dickens.

4. En el desarrollo de la trama, el recurso a juegos extravagantes con el tiempo o con el espacio, como hacen Faulkner, Borges y Bioy Casares.

5. En las poesías, situaciones o personajes con los que pueda identificarse el lector.

6. Los personajes susceptibles de convertirse en mitos.

7. Las frases, las escenas intencionadamente ligadas a determinado lugar o a determinada época; o sea, el ambiente local.

8. La enumeración caótica.

9. Las metáforas en general, y en particular las metáforas visuales. Más concretamente aún, las metáforas agrícolas, navales o bancarias. Ejemplo absolutamente desaconsejable: Proust.

10. El antropomorfismo.

11. La confección de novelas cuya trama argumental recuerde la de otro libro. Por ejemplo, el Ulysses de Joyce y la Odisea de Homero.

12. Escribir libros que parezcan menús, álbumes, itinerarios o conciertos.

13. Todo aquello que pueda ser ilustrado. Todo lo que pueda sugerir la idea de ser convertido en una película.

14. En los ensayos críticos, toda referencia histórica o biográfica. Evitar siempre las alusiones a la personalidad o a la vida privada de los autores estudiados. Sobre todo, evitar el psicoanálisis.

15. Las escenas domésticas en las novelas policíacas; las escenas dramáticas en los diálogos filosóficos. Y, en fin:

16. Evitar la vanidad, la modestia, la pederastia, la ausencia de pederastia, el suicidio.


FUENTE: Ciudad Seva (AQUÍ)
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Logo por los discapacitados

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He leído en el blog coral Jartit@detó (AQUÍ) una entrada de Bacovicius en la que invita a adjuntar en nuestras bitácoras este logo que denuncia las barreras sociales y arquitectónicas que padecen los discapacitados, logo que voy a colocar en mi barrera lateral durante todo el mes de marzo.
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sábado 27 de febrero de 2010

TROYA LITERARIA (45): Pérez de Ayala contra Benavente

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¿Benavente? Sigo sin estar conforme con su teatro. Lo considero falso, frívolo y pernicioso. Enteramente banal. Un teatro para muñecos que no necesita la creación de los grandes actores. Es un teatro antiartístico y antinacional. Veinte años de éxito de este teatro fueron suficientes para acabar con todos los buenos actores. Benavente es el primer responsable de que no aparezcan actores buenos en España durante estos últimos tiempos.
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RAMÓN PÉREZ DE AYALA, entrevistado por Alfonso Camín en 1927 y recogido en Entrevistas literarias, Llibros del Pexe, Gijón, 1998, pág. 210.
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ANECDOTARIO DE ESCRITORES (31): Cortázar desprecia a José María Arguedas

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Le escuché una vez a Juan Carlos Onetti decir que Cortázar había sido el causante de una gran decepción de José María Arguedas, el melancólico y atrabiliario, poderoso y triste novelista peruano; en medio de la polémica que les enfrentó acerca del papel del intelectual o del escritor latinoamericano, Cortázar le dijo a Arguedas, y Onetti no lo olvidaba:

-Usted toca una quena en Perú y yo dirijo una orquesta en París.

A Onetti le duraba la indignación, y echado en aquella cama, vuelto del revés, sentimental pero vitriólico, lo recordaba con todo lujo de detalles, como si Cortázar hubiera escrito esa carta el día anterior; él me lo confesó en una mañana de frío intenso en Madrid, años más tarde, en enero de 1993; veníamos de Dulce Chacón y yo del entierro de Juan Benet, desolación y frío, la despedida de un tiempo, y allí estaba Onetti, triste e intacto, como un niño al borde de su cuna de la que no quiere irse:

-Y eso es imperdonable, jamás se lo perdonaré a Cortázar.
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JUAN CRUZ RUIZ, Egos revueltos, Tusquets, Barcelona, 2010, págs. 111 y 112
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Recital del Cosmoverso, ayer, en Los Diablos Azules

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Empezando por arriba, Valentina Trio, Nares Montero, Leire Olmeda, Giovanni Collazos y Ada Menéndez
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MANIFIESTOS (3): Canto de la fórmula estética, de PABLO DE ROKHA

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1

Al poema, como al candado, es menester echarle llave; al poema, como a la flor, o a la mujer, o a la actitud, que es la entrada del hombre; al poema, como al sexo, o al cielo.

2

Que nunca el canto se parezca a nada; ni a un hombre, ni a un alma, ni a un canto.

3

No es posible hacer el himno vivo con colores muertos, con verdades muertas, con deberes muertos, con amargo llanto humano; acciones de hombres, no, transmutaciones; que el poema devenga ser, acción, voluntad, organismo, virtudes y vicios, que constituya, que determine, que establezca su atmósfera, su atmósfera y la gran costumbre del gesto, juicio del acto; dejad, al animal nuevo la ley nueva que él cree, que él es, que él invente; asesinemos la amargura y aun la alegría, y ojalá el poema se ría solo, sin recuerdos, ojalá sin instintos.

4

Qué canta el canto? Nada: El canto canta, el canto canta, no como el pájaro, sino como el canto del pájaro.

5

Seguramente, arden grandes mares rojos, y un sol de piedra, negro, por ejemplo, hincha la soledad astronómica con su enorme fruto duro, tal vez la tierra es un gran cristal triangular, otra vida y otro tiempo gravitan; crecen, demuestran su presencia, atornillados a la arquitectura que canta su orden inaudito.

6

Cojo un tomate, adquiero la vieja moneda del otoño, tomo un cinema, voy organizando aquel beso y aquel verso que anidó en aquellas pestañas inmensas.

7

Si un volumen, únicamente, un volumen agranda o empequeñece la astronomía del poema, incendiad el poema, no el volumen, degollad el poema porque no aguantó el desorden necesario a la colosal aritmética de lo pitagórico, lo geométrico, lo matemático, lo filosófico, –en el teorema expresivo– inexpresable–; sobra la forma? una forma? una ley? una voz? una luz? un régimen o un vértice? un ritmo índice adentro de la libertad numérica del arte? incendiad el poema, degollad el poema, el porvenir de su canto, su destino innumerable y único, exige que giren todos los elementos líricos alrededor de su eje astronómico, amarrándose a esa justicia, a esa presencia, a esa cordura que deviene lo absoluto, límite del límite, arte, lo exacto, lo exactísimo, arte, lo dinámico-trágico e inmóvil.

8

Edificio de intuiciones? edificio de imágenes, sí, edificio de imágenes, que son productos químicamente puros del no-consciente.

9

Arte de cristales electromagnético, ultravioletas, extrarradiales; supravitales, equilibrio de volúmenes ingrávidos e impávidos, libre juego de formas libres, y como formas, exclusivamente como formas, pero sometidas a la gran esclavitud del canto, a la gravitación lírica, que es la gravitación cósmica.

10

Escoged un material cualquiera, sí, un material cualquiera; no obstante, un material cualquiera determina la biología del poeta, la diagnostica; escoged un material cualquiera, como quien escoge estrellas entre gusanos...

11

Porque hay un material auténtico, como la aceituna del soltero, la empanada del casado, o lo mismo que el vino del día lluvioso, que es la guitarra del calendario, y un material de estafa, de escarnio, que se parece a las locomotoras en el templo, al militar que seduce garzas claras con al espada, gimiendo hacia adentro aquellas violetas enfermas de tiempo y pianos sin aureola, a la higuera que produce lirios.

12

Pero se trabaja exactamente con barro y con sueño...
13

Sólo que la alegría de la golondrina depende de la primera gota de agua...

14

Cuando Dios estaba aún azul adentro del hombre...

15

Es menester hacer océanos, no fotografiando océanos, no, es menester hacer océanos con el rumor del calzón femenino, con esos recuerdos de tamaño azul-azul, con el enorme elemento de agua que canta en la garganta de los niños chiquitos y en la línea agrícola, y aun con la gran ola oscura de aquel dios jodido de adentro; es menester hacer, poder hacer una niña de pueblo con una violeta y una aceituna y una tonada; es menester hacer la ciudad imperial de hoy con la trepidación de la gramática, aquella cosa inmensa y mecánica, dinámica, difícil, que es, por Dios! el lenguaje colocándose.

16

Que el poema haga reír y haga llorar como una mujer rubia, o un hermosos caballo.

17

Y además, que se ría solo y llore solo, y llore solo como la más morena de las colegialas, sacándose la camisa.

18

El canto, como el sueño, ha de estar cruzado de larvas.

19

El canto, como el mundo.

20

El canto, como el genio, ha de crear atmósfera, temperatura, medida del universo, ambiente, luz, que irradie de soles personales.

21

Medio a medio de la poesía, Tú, lo mismo que el sexo, medio a medio.

22

Ahora, la ronca noche, galopando entre laureles de fuego, determina aquel gran diapasón del siglo…

23

Y un yo dormido lo calcula…….


PABLO DE ROKHA, publicado inicialmente en Ecuación, 1929, y recogido por Kalus Müller-Bergh y Gilberto Mendonça Teles en Vanguardia Latinoamericana, Tomo V, Iberoamericana, Madrid, 2009, págs. 96-99
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Ciento setenta y una

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viernes 26 de febrero de 2010

TROYA LITERARIA (44): Saramago contra Octavio Paz

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JUAN RAMÓN IBORRA: El último Nobel ha recaído en un hispanohablante…
JOSÉ SARAMAGO: Es el séptimo, y alguno de ellos no se entienden, por ejemplo José de Echegaray. A Octavio Paz no lo conozco para decir si se lo merece. No me es simpático, pero no tengo derecho a decir si el premio es injusto.

JRI: ¿Por qué no le es simpático Octavio Paz?
JS: Por sus actitudes, su modo de estar en el mundo. No me interesa su anticomunismo, su antisocialismo, porque estoy en otra área.


JOSÉ SARAMAGO, entrevistado por Juan Ramón Iborra y recogido en Confesionario, Ediciones B, Barcelona, 2001, pág. 15
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POEMAS POLÍTICOS (9): Vieja revolución, de HANS MAGNUS ENZENSBERGER

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Un escarabajo patas arriba.
Las viejas manchas de sangre aún están ahí, en el museo.
Decenios que se hacen el muerto.
Un olor de boca agrio se escapa de treinta ministerios.
En el Hotel Nacional tocan cuatro músicos difuntos
el tango de 1959, tarde tras tarde:
Quizás, quizás, quizás.

En el murmullo de la celebración tropical de Mayo
se le cierran los ojos a la historia.
Sólo la añoranza de pasta dentrífica
bombillas y espaguetis
yace insomne entre sábanas húmedas.

Un sonámbulo ante diez micrófonos,
que no acaba nunca, inculca a su isla cansada:
Después de mí no vendrá nada.
Todo está consumado.
En las metralletas brilla el aceite.
El azúcar se pega a las camisas.
La próstata ya no funciona.

Añorante, el anciano combatiente
busca en el horizonte un agresor.
Pero el confín está vacío. También el enemigo
lo ha olvidado.


HANS MAGNUS ENZENSBERGER, Pura música, Visor, Madrid, 1993. Traducción de José Luis Reina Palazón
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ANECDOTARIO DE POETAS (49): Unamuno se salva de ser detenido por la Guardia Civil porque le toman por un veterano de las guerras carlistas

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Explicaba también Montes que, en plena Guerra Civil, en Salamanca, acompañaba a menudo a don Miguel de Unamuno en su paseo de tarde por la carretera de Ávila, y que, en los momentos del fallido asalto de Madrid por los nacionales, se encontraron por el camino con dos guardias civiles que les pidieron la documentación; don Miguel no la llevaba, y el número más joven lo quería detener, pero el más viejo –por si fuera poco, andaluz– le dijo: “Déjalo tranquilo, hombre, no ves que es un veterano de las guerras carlistas”; de regreso a Salamanca, Unamuno se detuvo un momento, y exclamó: “¡Hay que ver qué zahorí! Ha penetrado hasta lo más profundo de mi ser.”
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MIGUEL BATLLORI, Recuerdos de casi un siglo, Acantilado, Barcelona, 2001, pág. 242
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Hoy, viernes, a las 21:00, en Los Diablos Azules, RECITAL DEL COSMOVERSO

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No sé qué tienen tus ojos, parecen grapas metálicas o tubos destrozaperros, parece que no han visto nunca el mar o el mar que han visto era un calco de las enciclopedias. Tú que pediste el asesinato de la belleza, ten cuidado con la policía, no andes siempre por los mismos lugares, guarda bien tus versos revólver, tus palabras ametralladora: sería una pena que colocaras un poema en los lavabos del Parlamento y los artificieros consiguieran desactivarlo.

Hoy. Viernes. 21:00. Los Diablos Azules. C/ Apodaca, 6. Metro Tribunal. RECITAL DEL COSMOVERSO: Nares Montero, Ada Menéndez, Giovanni Collazos, Leire Olmeda y Valentina Trio.

La poesía ha vuelto y yo no tengo la culpa.

Todo eres cuento de niños (5)

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Una semana después de la muerte de Argi, cuando ya nos habían entregado las cenizas y todo, viene Iratxe y me sale con esto:

–Esta noche he sentido a Argi andando por la salita.

No sólo lo sintió andar por la salita: en días posteriores Iratxe lo siguió notando en la cocina, luego en la puerta de entrada, más tarde revolviendo en la papelera, y en ese plan. Como aquello continuaba y no tengo mucha paciencia para las tonterías, decidí cortar inmediatamente.

–¿Y no te levantas de la cama para verle? –le pregunté.
–Una vez lo hice, pero cuando llegué no había nadie.
–Qué raro, ¿no?
–¿Raro el qué?
–Que te levantes y no encuentres a Argi. No sé. Es que no me lo explico. ¿Seguro que miraste bien?
–Vete a tomar por culo, gilipollas.

A partir de esa conversación Iratxe dejó de sentir a Argi, o al menos se lo callaba, pero entonces apareció el segundo problema: fui yo el que comencé a sentirlo. Oía ruidos suyos en la sala, o en el cuarto de baño, o en la otra habitación. Como ya he dicho que no aguanto las tonterías y tampoco creo en la magia, agité unas cuantas veces mi cerebro y me puse a buscar la causa del fenómeno.

Creo que ya la tengo. En mi piso Pasiega se producen infinidad de pequeños ruidos, los causados por la lluvia, el viento, los vecinos de arriba y de abajo, las radios, los folios cayéndose, las gotas del grifo, las latas vacías moviéndose en la papelera, el ruido del frigorífico, ruidos que ya existían antes sin que nosotros nos diéramos cuenta. La diferencia es que, durante diecisiete años, todo esos sonidos raros se los hemos atribuido a Argi; una vez muerto, están apareciendo por primera vez de forma independiente.

Al final me he alegrado de la existencia de esos ruidos, porque para mí siguen siendo de Argi, son parte de su territorio, y me ayudan a llevarlo dentro de mí como si estuviera viviendo. Tal es así que le he dado la razón a Iratxe y ahora solemos tener algunas conversaciones que, si alguien las escuchara, nos aplicaría directamente la camisa de fuerza:

–¿Lo has sentido esta noche? –le pregunto.
–¿Sobre las tres de la mañana? ¿En la zona del portátil?
–Qué cabrón. Seguro que ha estado leyendo todo el blog.
–Todo no. Qué paliza.
–Vete a saber. Ten en cuenta que ahora tiene todo el tiempo del mundo.
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Lo mejor de CRÍTICA POÉTICA Y CONTRACRÍTICA (16): 20 de abril de 2008

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Addison de Witt: A nivel estilístico, aparte de lo dicho a nivel prosódico, Gelman hace en Mundar una demostración de atrevimiento lingüístico y de manejo del lenguaje. La sintaxis es retorcida a su antojo, se verbalizan adjetivos y sustantivos, se sustantivan verbos. Como él mismo expresa, haciendo referencia a los límites del lenguaje: "El envión de la palabra la / lleva al borde que no / puede cruzar".

Addison de Witt: Billy Collins no tiene buena prensa entre sus colegas. Vende demasiados libros para ellos y es muy claro en su poesía. Lo cierto es que es tan claro como difícil de imitar. Lorca o Alberti también fueron poetas populares que escribieron unos cuantos poemas al alcance de un lector normal de poesía, y eso no significa que el poeta sea menos poeta. Tan buen poeta es Billy Collins como Jorie Graham. Y el que no sepa disfrutar de ambos se está perdiendo una poesía muy buena.

Addison de Witt: Uno de los puntos comunes de algunos de los ganadores senior del Loewe es el preocupante amaneramiento de su lirismo. No sabemos qué lugar ocupará Carlos Fonseca en la poesía en castellano dentro de 30 años. Pero a día de hoy, tiene mucho que leer, mucho que romper, y sin duda la concesión del Loewe joven no va a ayudarle demasiado. Poesía post-adolescente, sin originalidad en la forma, ni en el contenido, antigua, lastrada por un amaneramiento grave, nuestra valoración no puede ser nada positiva.

Anonimito: Mi teoría personal, y que nadie se escandalice por esta simplificación (que lo es), es que, al igual que hay dos Españas políticas, hay dos Españas poéticas: una absolutamente retrógrada, aún en la prosodia, y otra que avanza, con sus aciertos y errores, con sus luces y sus sombras, pero avanza, en este caso poéticamente, lucha por encontrar nuevos caminos de expresión que son torpedeados por la España retrógrada. Esa España retrógrada denigra lo que no comprende y se niega a avanzar porque para ella aún no existe la teoría de la relatividad ni la física de las partículas subatómicas (que deberían ser los parámetros exegéticos que rigieran la poesía, y no la escolástica de saldo). Para esa parte, las verdades son eternas y tienen bula papal.

Joan: Y el libro de Hinostroza que estás leyendo es una prueba más de que Visor juega a todas las cartas a la hora de publicar, aunque se alía con el lado más conservador de la poesía a la hora de premiar. Si bien entre los años 60 y principios de los 80 uno podía confiar en la calidad de los premiados, y de ellos han salido grandes nombres, en la actualidad estamos en una situación casi diametralmente opuesta. Libro premiado, libro que decepciona en todos sus aspectos (con alguna pequeña excepción).

Jordi: Sólo encuentro zafones por todos los lados anonimito. Creo que he pisado alguno, no sé si a propósito o inconscientemente. Si veo a alguien con un Neruda, le doy un abrazo, y si es Residencia en la Tierra, lo beso directamente. De verdad, no veo a la gente comprar poesía. Pero por favor no comparemos a Benedetti con Neruda. Aunque tal y como están las cosas, hasta me haría ilusión ver a alguien con un Benedetti. Seguro que Gelman también vende algo. A 18 eurazos un poemario. Olé señor Visor.

Jaula Abdul: El libro de Sharon Olds me pareció, quizá, demasiado periodístico. Retratista y poco "procesado", no muy poético, de intensidad facilona en algunos puntos incluso. Es una lástima que a veces se confunda la calidad poética con la intensidad emocional. No es lo mismo. Aún así, reconozco que ésta es sólo una opinión personal.

Pepo Paz: Sharon Olds: los dos poemarios que hemos editado de ella, "El padre" y "Los muertos y los vivos" han concitado, y todavía concitan, grandes elogios de sus escasos lectores. Os puedo contar como anécdota, ahora que el tiempo ha pasado, que un responsable de un suplemento cultural semanal me dijo al leer el segundo "habéis editado el mejor libro de poesía de 2006". Por supuesto, no publicaron ninguna crítica del libro. Así que, entre unas cosas y otras, ambos fueron un fracaso en ventas aunque para el catálogo hayan significado mucho. Para esta edición de La Noche de Los Libros se intentó traerla a Madrid pero Olds nos emplazó al 2010...

Jordi: Muy recomendable también "Satán dice" de Sharon Olds, por Igitur. También aparece en la antología "la diferencia entre pepsi y coca-cola" que premiasteis hace un mes. Y creo que en ningún sitio más, a parte de las dos ediciones de Bartleby. Para mí, una diosa de la poesía confesional. Buenísima. Excepcional. Atrevida como pocas. Brillante. Y recita como un ángel maldito. El otro día alguien preguntaba por Anne Sexton. Icaria tiene reeditada una antología titulada "El asesino y otros poemas". A mí me gusta menos que Sharon Olds pero tiene más leyenda por su extraordinaria biografía. Recomiendo la biografía que escribió su hija "contra" la madre. Es bestial. No sé si está traducida.

Anónimo: “No te preocupes que si un libro es bueno terminará publicándose”, me dijo hace ya bastante tiempo –mucho, diría yo- Félix Grande en una leve conversación que pude tener con él aprovechando el barullo tras una conferencia suya.

Anonimito: Tampoco creo que Elena Medel y Yolanda Castaño, a las que enlazas en tu blog, sean el camino. Esa poesía mediática y esa pose continua, el vanguardismo pueril, tienen, creo, un escaso recorrido poético.

Helena: No es de extrañar que algunos de los jóvenes de los que más se oye hablar no sólo tengan una conducta en cierta manera imitativa de sus mayores, sino hasta que tengan relaciones directas de amistad con ellos. En este sentido, Montero mismo considera a Carlos Pardo y a Elena Medel como amigos íntimos.

Anónimo: A Tomás Navarro Tomás (entre otros) me remito. ¿Conocéis a Navarro Tomás? El que no lo conozca y se cree poeta ya puede ir dudando de dicha condición.
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Blog Crítica poética y contracrítica (AQUÍ)
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jueves 25 de febrero de 2010

Una reflexión de JULIEN BENDA

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Me agrada que Polibio, el historiador más inteligente de la antigüedad, no tenga estilo; que Commynes, nuestro cronista más profundo, carezca por completo de todo pintoresquismo, que no haya descrito ninguno de los veinte parajes que vio, que no haya retratado ninguno de los grandes personajes que conoció; que Tocqueville no tenga la paleta de Taine, ni Renouvier la gracia de Bergson. Me gusta que el propio vulgo acepte esta divergencia cuando sostiene que Jenofonte es un testimonio de Sócrates más verídico que Platón porque no tiene talento
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JULIEN BENDA, Memorias de un intelectual, Espasa, Madrid, 2005, pág. 395. Traducción de Xavier Pericay
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LECTURAS ASOMBROSAS (23): Cabrera Infante da algunos detalles sobre el apoyo de Francisco Franco a Fidel Castro

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En España hay un sentimiento antiamericanista a ultranza que viene del año 1898 español. Sí, como una especie de venganza política del desastre español en la guerra de Cuba. Si no, ¿cómo explicarse a un Francisco Franco antiamericano, apoyando a Fidel Castro? Y lo apoyaba, ciertamente. Yo conozco historias de visitas de altas figuras del régimen de Castro a Franco, como la del que era entonces ministro de Relaciones Exteriores -le estoy hablando de la primera mitad del año 59-, se llamaba Miró Cardona, vino a España y se presentó en El Pardo. Franco le preguntó qué pasaba con Cuba, y dice: "Todo está muy bien, excepto que los americanos quieren que les paguemos las incautaciones de sus bienes." (Eso es lo que originó el famoso embargo.) Y Franco dijo: "No les paguéis ni un céntimo." El hombre contaba ese cuento en la redacción del periódico Revolución estando yo allí, y dice que cuando se iba, Franco lo acompañó hasta la puerta del despacho y le repitió: "Recuérdalo: no les paguéis, no les paguéis." La ayuda recibida al régimen de Fidel Castro de parte de Franco demuestra que en España no había posibilidad de apreciación real de lo que ocurría en Cuba. Y las izquierdas querían creer lo que siempre quieren creer, posiciones a priori que nunca coinciden con la realidad. Eso es la pura verdad. En España no había nadie que tuviera un pensamiento democrático con respecto a Cuba.
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GUILLERMO CABRERA INFANTE, entrevistado por Juan Ramón Iborra y recogido en Confesionario, Ediciones B, Barcelona, 2001, págs. 204 y 205
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TROYA LITERARIA (43): César Hildebrandt contra Vargas Llosa

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Curiosamente, cuando Mario se amistó con el orden establecido por las corporaciones y perdió ese malestar que lo hacía escribir deicidamente para sustituir el mundo, fue, al mismo tiempo, cuando de su inmenso talento empezaron a salir los divertimentos editoriales y las performances que tanto alegraron a su nuevo y creciente público. Las risas producidas por “Pantaleón y las visitadoras” empezaron a cundir entre los que cortaban el jamón.

Su último gran libro genial (y brotado del desasosiego) fue “Conversación en la catedral”. A partir de allí, un Mario integrado al sistema global del poder decidió que pelear en contra de esa energía oscura no era sólo inútil sino también agotador y hasta suicida. Entre Chomsky y Camus, Vargas Llosa eligió a Gore Vidal y sus objeciones secundarias.

Escucharlo ahora, en plena crisis mundial, decir que el liberalismo sólo trae abundancia y justicia y que los países que han seguido esa receta son y serán los más prósperos (¿verdad Irlanda, no es cierto España, te acuerdas Islandia?) es como escuchar a un señor que tiene el físico de Vargas Llosa, el pasaporte de Vargas Llosa, el habla cantarina de Vargas Llosa pero que, de algún modo, usurpa al escritor, difama al combatiente libertario y anima y reconforta a sus enemigos.

Ir a Venezuela en estos días y redundar en las críticas que el caudillo procaz de esas tierras merece está muy bien, siempre y cuando no se vaya como plenipotenciario de aquellos valores que permitieron la criminal hegemonía invasiva de los Estados Unidos en América Latina. Censurar a Chávez y olvidar a Arbenz (y a Bosch y a Panamá y a Granada y al bloqueo cubano) no es lo que se espera de un hombre decente como Vargas Llosa.

Escuchar a Vargas Llosa como propagandista del capitalismo realmente existente produce, en suma, un agudo ataque de melancolía.


César Hildebrandt, Vargas Llosa en Caracas, Diario La Primera, 29 de mayo de 2009. Todo el artículo AQUÍ.
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ANECDOTARIO DE ESCRITORES (30): Simone de Beauvoir espera a la muerte de Sartre para acusarlo de alcóholico y de mearse en el sillón

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Llegamos a querer andar más allá del horizonte cuando Sartre dijo que el comunismo era el horizonte de nuestro tiempo, pero después reconoció que cuanto escribió de la URSS, del hombre nuevo, era mentira.

Camus, su gran oponente, dijo que el siglo XX era el de la simulación y el miedo, pero nadie le hizo caso. Apenas muerto, Simone de Beauvoir denunció a Sartre, en plan maruja reaccionaria, diciendo que sus jóvenes amantes le llevaban alcohol clandestinamente y que se orinaba en el sillón.

¿Qué nos queda de Sartre, el que nos enseñó a escribir, a pensar? Ahora resulta que el héroe de la Resistencia en Tiempos Modernos, el que enuncia la literatura antifascista del compromiso, estrenó Las moscas durante la ocupación nazi, colocó en Radio París a la mujer del turbante y el rodete. A la autora de El segundo sexo, una de las ideólogas del feminismo, no la echaron del Liceo por participar en la resistencia, sino por participar en camas redondas con sus alumnas.

Cuando el terrorismo se presenta como la gran amenaza contra la democracia y contra la humanidad, expurgan los textos del bizco en los que vuelve a elogiar a Fanon y a Genet, y justificar la violencia y la bomba como parteras de la Historia.

“No se encarcela a Voltaire”, dijo De Gaulle cuando la gendarmería intentó detener al gusano de la conciencia del siglo XX, filósofo, ateo, existencialista, 1,55, bizco, mujeriego, borracho, libre, maoísta, polígamo, teórico de los amores contingentes, cartesiano existencialista, icono mediático, amado y detestado.

En Francia fue más idolatrado que un torero en España o un gánster en Estados Unidos. Y también le odiaron en Francia, en Europa, en Moscú, llamándole “víbora lúbrica”, “hiena dactilográfica”, “chacal con bolígrafo”, “cáncer rojo”. Le acusaron de corromper a la juventud, como a Sócrates. “A juzgar por los reproches que nos dirigen –escribió autocriticándose– los intelectuales deben ser grandes culpables. Es sorprendente que los reproches sean en todas partes idénticos. Los intelectuales son débiles por naturaleza: no producen. Helos aquí ineficaces, se autoconsideran una élite llamada a juzgarlo todo, y juzgan a nuestro tiempo desde el abstracto del futuro”.
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RAÚL DEL POZO, La rana mágica, La esfera de los libros, Madrid, 2006, págs. 125-127
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Lo mejor de AMANDO DE MIGUEL (15): Del 18 de febrero al 4 de marzo de 2005

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• • • José María Iboleón Adarraga se extraña del “palabro organizacional”. Me consulta si está bien dicho, tanto palabro como organizacional. El palabro expresa divinamente la intención de calificar una voz como desmesurada, estrambótica. Lo de organizacional sigue la moda anglicana que prestigia los adjetivos en –al, como opcional, operacional, educacional, apariencial, etc. Mejor será decir organizativo, optativo, operativo, educativo, aparente, etc. Predicar en el desierto es mi especialidad (18-2-05)

• • • Lo de gay tiene un origen diferente. En diferentes lenguas europeas (gayo en español) significa, desde hace mucho tiempo alegre, feliz, cachondo, vivalavirgen. Es lógico que, de ese significado genérico, pasar a designar a los invertidos, maricones u homosexuales. Ese último término es muy reciente. La equivalencia de gay con invertido se produce en Inglaterra a partir de un personaje en la obra de Nicholas Rowe, The Fair Penitent (1703). El protagonista, el gay Lothario, es una especie de donjuán promiscuo. A partir de entonces gay quedó como el varón lujurioso de indefinida sexualidad (18-2-05)

• • • En cambio, le doy la razón a don David respecto a la estupidez del término homofobia “para describir el odio, o el desprecio, o lo que sea a los homosexuales”. En todo caso sería “odio a los iguales” (homo). Sí, señor. La palabra está ya introducida, una vez más, como importación fraudulenta del inglés. Dado que el inglés aborrece las palabras largas, un homosexual acaba siendo un homo. Esa contracción resulta disparatada en español. Claro que lo de metrosexual resulta un término todavía más idiota (18-2-05)

• • • Gustavo Laterza (Asunción, Paraguay) razona así: “Aquí, en América Latina, decimos que alguien le encajó un gol o una trompada a otro. En España encaja el que los recibe. ¿Cuál es el modo correcto? Tal vez ambos, pero presumo que el vuestro está mejor ajustado al sentido de la acción”. En efecto, la voz encajar significa originariamente meter algo en su caja, por ejemplo, la llave en la cerradura. Así que lo propio del que mete un gol es decir que lo encaja. Pero en sentido coloquial significa casi lo contrario, recibir algo inopinado, como un bofetada, una moneda falsa… o un gol. Es un ejemplo más de la maravillosa ambivalencia de la lengua (21-2-05)

• • • Joaquín González me censura la expresión “miente como un cosaco”; sostiene que la correcta es “bebe como un cosaco”. Le doy la razón en parte. Cierto es que la expresión más usada es “bebe como un cosaco”, aunque no hay evidencia de que los cosacos sean especialmente borrachines. Es mejor acordar que la comparación “como un cosaco” quiere decir “de manera exagerada” y, por tanto, se puede aplicar a varias acciones: beber, mentir o disfrutar, entre otras. Esa es la interpretación que da el Diccionario fraseológico de Seco y colaboradores. La explicación está en que realizamos la comparación con un pueblo ─los cosacos─ a todas luces exótico, valiente y desmesurado. Los pueblos nómadas y guerreros siempre han tenido buena prensa. No me quedo satisfecho si los cosacos quedan solo como borrachines (22-2-05)

• • • Antes, muchos barberos ejercían su oficio en la calle, por lo que estaba claro el momento en que afeitaban al vecino, que no era todos los días. Así que, “cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar”. Es decir, prepárate, que a todos nos toca (22-2-05)

• • • Por lo visto, en un artículo anterior mencionaba yo la voz cafre como aplicable a una tribu de negros. Lorenzo Martínez Gómez me corrige o matiza: “Cafre procede del árabe kafir = pagano, y es como los árabes llamaban a los habitantes de lo que hoy es Sudáfrica, porque no eran musulmanes. Por cierto, que los mencionados árabes no viajaban a aquellas tierras de turismo sino para capturar esclavos”. Muy bien, don Lorenzo, tiene usted toda la razón. Entiendo que cafre equivale a esas palabras que designan “los que no son de los nuestros”: bárbaros, gentiles, paganos. Puede que iberos fuera algo así para los griegos o fenicios. El Diccionarios de voces naturales, de Vicente García de Diego, dice que Kaf es onomatopeya de ladrido (24-2-05)

• • • Don José María narra una divertida anécdota a propósito de los negros y la corrección política. Se refiere a una guía turística española en Londres. “En su casa hablaban español y utilizaban mucho la frase ¿y no quieres también un negro que te abanique? Para dar a entender que alguien hacía peticiones excesivas. Es una frase que yo también utilizo. La hija de la guía utilizó la frase de marras en el colegio ─supongo que traducida al inglés─. Se formó un escándalo formidable, obligando a los padres a dar todo tipo de explicaciones”. Añado que la frase no tiene en España ningún sentido despreciativo (24-2-05)

• • • Christian Porver anota que el adjetivo álgido tendría que ser el punto más frío o débil de una secuencia. Así, dice que “el punto álgido de la excelente intervención de Mariano Rajoy [el 1 de febrero] se debería corresponde con el momento en que su cuota de pantalla era mínima”. Don Christian tiene razón, pero solo si nos quedamos con la significación originaria. En efecto, álgido era el punto más frío, pero ─mire usted por dónde─ ahora es el punto culminante de algo, verdaderamente el punto más cálido. Caprichos de la lengua viva (25-2-05)

• • • Me gusta la institución del chat. Después de todo, es la que mantenemos en esta seccioncilla de modo diferido. Por lo menos así da tiempo para pensar y se evitan algunos errores. Por lo demás, hay que aceptar el neologismo de chat. No lo traen todavía los diccionarios de uso, aunque sí lo recoge el de Manuel Alvar. Añade chatear y chateo (la acción de conversar a través de un chat). Es claro que el sonido cha expresa muy bien la acción de intercambiar mensajes: charlar, charlatán, charrar, cháchara, chafardear, chalanear, chamullar, chapurrear, chascarrillo. En todas esas voces se adscribe un tono irónico, el que introduce la onomatopeya de cha (28-2-05)

• • • Ramón (Alicante) sostiene que la locución “a lo peor” no tiene mucho fundamento. En su opinión es una corrupción injustificada de “a lo mejor”, que señala una posibilidad, buena o mala. En teoría eso está muy bien. Pero en la práctica, y de modo coloquial, se utiliza el “a lo mejor” cuando la posibilidad es buena o deseable, y “a lo peor” cuando es mala o indeseable. Al menos el diccionario de Seco así lo permite. De todas formas, ese juego de palabras debe mantenerse solo para el lenguaje oral. Hay que hacer todos los esfuerzos posibles para separar las reglas que rigen el lenguaje hablado y el escrito (4-3-05)


Fuente: Libertad Digital (AQUÍ)
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Una reflexión de PLINIO APULEYO MENDOZA

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Tal es la fuerza de las convicciones ideológicas que no dudan en aplicar la coacción violenta como medio para alcanzar sus propósitos. Como dice Jean-François Rével, la ideología es una doble dispensa: una dispensa moral porque permite hacer cualquier barbaridad sin sentir culpa y una dispensa intelectual porque permite sustituir el análisis concreto y empírico por preconcepciones y prejuicios basados en una visión general e idealizada de la realidad


PLINIO APULEYO MENDOZA, entrevistado por Juan Pina, Opinión Press, 2006. Toda la entrevista AQUÍ
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miércoles 24 de febrero de 2010

TROYA LITERARIA (42): Rafael Reig contra Azorín

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Tómese un texto al azar de Azorín. Subráyense todas las palabras desconocidas. Averígüese su significado y, a continuación, sustitúyanse por sinónimos ordinarios. Con lápiz de otro color, elimínense todas las repeticiones. ¿Qué le queda a usted? Ahora resuma esas tres frases en una sola idea y expóngala en el bar como si fuera suya. Si le toman por idiota, el ejercicio ha sido realizado con éxito. En caso de que alguien encuentre interesante lo que usted dice, vuelva a casa y repita de nuevo el proceso.


RAFAEL REIG, Manual de literatura para caníbales, Debate, Mondadori, Barcelona, 2006, pág. 169
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POEMAS POLÍTICOS (8): Un hombre pasa con un pan al hombro..., de CÉSAR VALLEJO

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Un hombre pasa con un pan al hombro
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?

Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo
¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?

Otro ha entrado a mi pecho con un palo en la mano
¿Hablar luego de Sócrates al médico?

Un cojo pasa dando el brazo a un niño
¿Voy, después, a leer a André Breton?

Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre
¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?

Otro busca en el fango huesos, cáscaras
¿Cómo escribir, después, del infinito?

Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza
¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?

Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente
¿Hablar, después, de cuarta dimensión?

Un banquero falsea su balance
¿Con qué cara llorar en el teatro?

Un paria duerme con el pie a la espalda
¿Hablar, después, a nadie de Picasso?

Alguien va en un entierro sollozando
¿Cómo luego ingresar a la Academia?

Alguien limpia un fusil en su cocina
¿Con qué valor hablar del más allá?

Alguien pasa contando con sus dedos
¿Cómo hablar del no-yó sin dar un grito?


5 Nov 1937


CÉSAR VALLEJO, Poemas fechados, Poesías completas, Visor, Madrid, 2008
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ANECDOTARIO DE POETAS (48): Alejandro Sawa da el timo a Baroja

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A Alejandro Sawa le conocí una noche en el café de Fornos, estando yo con un amigo.

La verdad es que no había leído nada suyo, pero me impuso su aspecto. Un día fui tras él, dispuesto a hablarle, pero luego no me atreví. Unos meses después le encontré una tarde de verano en Recoletos, con el francés Cornuty. Cornuty y Sawa fueron hablando, recitando versos, y me llevaron a una taberna de la plaza de Herradores. Bebieron ellos unas copas, las pagué yo, y Sawa me pidió tres pesetas. Yo no las tenía, y se lo dije.

-¿Vive usted lejos? -me preguntó Alejandro, con su aire orgulloso.
-No, bastante cerca.
-Bueno, pues vaya usted a su casa y tráigame usted ese dinero.

Me lo indicó con tal convicción que yo fui a mi casa y se lo llevé. Él salió a la puerta de la taberna, tomó el dinero, y dijo:

-Puede usted marcharse.

Era la manera de tratar a los pequeños burgueses admiradores, en la escuela de Baudelaire y Verlaine.


PÍO BAROJA, Juventud, egolatría, Taifa literaria, Barcelona, 1987, págs. 137 y 138
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Fragmentos de "La soledad de Gabriel García Márquez", de MIGUEL FERNÁNDEZ-BRASO

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• • • Yo, señor, me llamo Gabriel García Márquez. Lo siento: a mí tampoco me gusta ese nombre, porque es una sarta de lugares comunes que nunca he logrado identificar conmigo. Nací en Aracataca, Colombia, hace casi cuarenta años y todavía no me arrepiento. Mi signo es Piscis y mi mujer Mercedes.

• • • Nunca hablo de literatura, porque no sé lo que es, y además, estoy convencido de que el mundo sería igual sin ella. En cambio, estoy convencido de que sería completamente distinto si no existiera la Policía. Pienso, por tanto, que habría sido más útil a la Humanidad si en vez de escritor fuera terrorista.

• • • ¿Si el periodismo y el cine han dejado alguna influencia en mi obra? Creo que sí, pero no son las que algunos críticos han señalado. Yo siempre creí que el cine, por su tremendo poder visual, era el medio de expresión perfecto. Todos mis libros anteriores a Cien años de soledad están como entorpecidos por esa certidumbre. Hay un inmoderado afán de visualización de los personajes y las escenas, una relación milimétrica de los tiempos del diálogo y la acción, y hasta una obsesión por señalar los puntos de vista y el encuadre.

• • • Del periodismo, por otra parte, no aprendí el lenguaje económico y directo, como han dicho algunos críticos, sino ciertos recursos legítimos para que los lectores crean la historia. A un escritor le está permitido todo, siempre que sea capaz de hacerlo creer. Eso, en general, se logra mejor con el auxilio de ciertas técnicas periodísticas, mediante el apoyo en elementos de la realidad inmediata. Yo estoy convencido de que un lector de Cien años de soledad no creería en la subida al cielo de Remedios, la bella, si no fuera por las sábanas blancas. Tú mismo crees que el Padre Nicanor Reyna se eleva diez centímetros sobre el nivel del suelo porque lo que se toma es una taza de chocolate. Piensa en cualquier otra bebida y verás que no sube. Esas presiones convincentes, creo yo, son recursos de periodistas.

• • • Escribo en un cuarto sin ruidos y buena calefacción, porque lo único que me perturba son las voces y el frío. Durante las horas de trabajo fumo cuarenta cigarrillos negros, y el resto del día se me va tratando de desintoxicarme. Los médicos dicen que me estoy suicidando, pero no creo que haya trabajo apasionante que de algún modo no sea un suicidio.

• • • En Hispanoamérica existe un auténtico histerismo por los escritores. Como acá por los futbolistas o Sofía Loren. A Vargas Llosa los estudiantes le quitan camisas, zapatos, lápices, papeles... Lo que pillan para guardarlo como recuerdo. A una chica le firmó un autógrafo en el brazo. Bueno, pues la muy loca se presentó tres o cuatro días después a despedirlo con el brazo sin lavar. Y lo más inaudito: estuvo consultando con un fotógrafo por si había algún método para que la firma quedase como su tatuaje, que no se borrara nunca.

• • • Para que no haya equívocos —dice García Márquez—, empecemos por el final. Yo creo que tarde o temprano el mundo será socialista, quiero que lo sea, y mientras más pronto mejor. Pero también estoy convencido de que una de las cosas que pueden demorar el proceso es una mala literatura. Ahora bien, mis reservas personales sobre lo que se conoce como novela social, que es la nota más alta de la novela comprometida, se fundan en su carácter fragmentario, excluyente, maniqueísta, que condenan al lector a una visión parcial del mundo y de la vida.

• • • En síntesis, creo que el deber revolucionario del escritor es escribir bien. Ése es su compromiso.

• • • No hablemos más por separado de literatura latinoamericana y de literatura española, sino simplemente de literatura en lengua castellana.

• • • Hay diferencias mucho más notables entre Venezuela y Argentina, por ejemplo, que entre esos países y España.

• • • Desde los ocho años no me ha pasado nada importante. Antes viví mucho...

• • • Durante muchos años, lo único que sabía de Cien años de soledad era que un viejo llevaba a un niño a conocer hielo, exhibido como curiosidad de circo.


MIGUEL FERNÁNDEZ-BRASO, La soledad de Gabriel García Márquez, Planeta, Barcelona, 1982

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martes 23 de febrero de 2010

ANECDOTARIO DE ESCRITORES (29): Detienen a más de cinco mil sacerdotes rusos por tocar las campanas a la muerte de Tolstoi

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Trabajador infatigable, observador minucioso, conversador preciso, se documentaba yendo a casa de sus amigos para ver cartas o documentos, o recoger testimonios. Se cuenta que copió Guerra y paz, completa, de arriba abajo, siete veces, y que, ya en la imprenta, telegrafiaba a menudo a Moscú para parar las máquinas y cambiar una palabra.

A los cincuenta años le dio un yuyu. La vida se paró y se volvió lúgubre, explicaba. Dormía mal, agitado. Se despertaba empapado de sudor, la mirada aterrada. Sufría pesadillas, o un insomnio abrigador y susurrante, frío como un cadáver. Renunció a sus posesiones, a sus derechos, y se mezcló con los pobres, los desfavorecidos, los que no tenían nada. Con los siervos, que le siguieron mirando con recelo. Reivindicó el amor y la igualdad; los suyos le ignoraron. Reclamó la justicia, y el gobierno prohibió sus escritos, y lo marcó con el dedo acusador de las autoridades.

Cuando murió, en una estación de tren, febril y solitario, y lo reconocieron, llegaron periodistas, y curiosos, y guardias, y un edicto de las autoridades que prohibía hacer sonar las campanas, bajo pena de cárcel.

Pero en todo el país, según se iba extendiendo la noticia, los curas ortodoxos subían a los campanarios, los ojos llenos de lágrimas, y tocaban a muerto. El tañido sonó por toda Rusia, como una salmodia, una mecha.

Más de cinco mil sacerdotes fueron detenidos.


JESÚS MARCHAMALO / DAMIÁN FLORES, 44 escritores de la literatura universal, Siruela, Madrid, 2009, pág. 180
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La novela

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Llevaba tiempo pensando en las posibilidades literarias de las historias y ocurrencias de aquellos aldeanos, cuando un incendio calcinó varias hectáreas de monte en Gatika. Los incendios eran habituales en verano e Higinio siempre tenía muy claro el origen del fuego:

–Seguro que ha sido la Guardia Civil.
–Qué tontería, Higinio. Cómo va a ser la Guardia Civil.
–¡Tontería no! La Guardia Civil, si pudiera, tiraría abajo todas las vascongadas.
–Mira, Higinio –le dije riéndome–, ten mucho cuidado con lo que dices, porque voy a escribir una novela con todas las sinsorgadas que escucho en los caseríos de Lauros.

Aquello de la novela causó una gran impresión en Higinio:

–¿Cómo una novela?
–Una novela. Un libro.
–¿Un libro para siempre?
–¿Cómo para siempre?
–¡Si está escrito, será para siempre!

La conversación concluyó en ese punto, pero Higinio le siguió dando vueltas y al día siguiente me esperaba en el camino de Erletxes:

–Astobieta, ven aquí.
–Qué quieres, Higinio.
–No se te olvide poner en el libro las mil quinientas pesetas que me dejó a deber el difunto Faustino, ¿eh? Mil quinientas pesetas. Menudo bicho. Ahí tienes una historia. Eso lo tiene que saber todo el Txorierri.

Empecé a preocuparme por el efecto que había causado en Higinio mi tontería de la novela. Más cuando descubrí que iba con el chisme por otros caseríos:

–Basterrechea, ven aquí –me llamó Marcelino, que ya estaba al tanto de la noticia.
–Dime, Marcelino.
–Quiero que pongas en el libro que estás escribiendo que yo, Marcelino de Goikoane, digo que el mundo no es más que falsedad y que la verdad está en la sombra. Falsedad, mentira y envidia, eso es lo único que hay. No se te olvide ponerlo. Y que Arzalluz es un cabrón.

Comenzaron a llegarme tantas sugerencias para mi novela que por primera vez me alegré de ser conocido tan sólo en una docena de caseríos. Unos me relataban historias de la guerra civil, otros de la mili, otros sus hazañas de caza o triunfos deportivos. También había espacio para la reivindicación:

–No se te olvide poner lo del autobús –me recordaba Águeda–. Que no tengamos línea de autobús casi en el año 2000, a eso no hay derecho. Ponlo, a ver si el alcalde se muere de vergüenza.

Algunos aldeanos estaban entusiasmados, pero ninguno tanto como Higinio. Con Higinio había tenido unos años de enfrentamientos, cuando yo me reía de sus explicaciones científicas y él comenzó a decir que la escuela me había estropeado, pero en cuanto salió lo de la novela volvió a ponerme por las nubes:

–Mucho cuidado con el chaval de Astobieta –les paraba a los cazadores–. Ese chaval es la órdiga.
–¿Quién? ¿El hijo de Nicasio?
–Ése. No hay nadie como él en todo Lauros. ¡Cuidado!

Pobre Higinio. Creía que yo era un genio y que la escritura sólo estaba al alcance de cráneos privilegiados. Él no sabía que Bilbao y Madrid están repletos de genios como yo, algunos bastante mejores, y que las novelas de hoy son tan perdurables como la hoja de una lechuga. Higinio consideraba sagrados a los libros e imperecedera a la letra impresa. Aquel hombre pensaba que mi pluma iba a garantizar su inmortalidad, qué ocurrencia.
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TROYA LITERARIA (41): Nietzsche contra George Sand

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He leído las primeras lettres d'un voyageur [Cartas de un viajero]: como todo lo que desciende de Rousseau, falsas, afectadas, un fuelle, exageradas. Yo no soporto ese multicolor estilo de papel pintado; tampoco la ambición plebeya de tener sentimientos generosos. Lo peor, ciertamente, continúa siendo la coquetería femenina expresada con unos modales masculinos, con unos modales de jóvenes ineducados. - ¡Qué fría tiene que haber sido, con todo, esta artista insoportable! Se daba cuerda como un reloj - y escribía... ¡Fría como Hugo, como Balzac, como todos los románticos, en cuanto se ponían a hacer poesía! ¡Y qué complacida de sí misma habrá estado tumbada al hacerlo, esa fecunda vaca de escribir, que tenía en sí algo alemán en el mal sentido de la palabra, lo mismo que también Rousseau, su maestro, y que, en todo caso, sólo fue posible al decaer el gusto francés! - Pero Renan la venera...
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FRIEDRICH NIETZSCHE, Crepúsculo de los ídolos, Alianza Editorial, Madrid, 1979, pág. 89. Traducción de Andrés Sánchez Pascual
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ANECDOTARIO DE POETAS (47): Breton acusa a los curas de meterle mano en el metro

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Los surrealistas preparan un número antirreligioso sensacional, me dice Pierre Herbart. Me cuenta con entusiasmo la valentía de Breton, que, en el metro, cuando ve a un cura, tiene buen cuidado de sentarse a su lado, y luego, después de algunos instantes, en voz muy alta:
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-¿Ha acabado usted de meterme mano de una vez? ¡Sinvergüenza! ¡Viejo verde!... ¡Y pensar que ponemos a los niños en manos de semejantes seres!

Herbart declara que eso es "admirable". Yo no puedo ver valentía en el atropello de un ser que no puede defenderse y aplaudo la observación de Robert Levesque:
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-Por más antimilitarista que sea, Breton no se atrevería jamás a comportarse de la misma guisa con un oficial, sabiendo demasiado bien que se arriesgaría a que lo abofeteasen.
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Es la misma perfidia, la cobardía de ese acto abominable lo que Herbart admira:

-No se trata de razonar, sino de ponerlos en una situación tal que no puedan decir nada.


ANDRÉ GIDE, Diario, ABC SL, 2004, pág. 235, traducción de Laura Freixas
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POEMAS RAROS (13): La capilla aldeana, de VICENTE HUIDOBRO

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............................Ave
...........................canta
...........................suave
...............que tu canto encanta
...............sobre el campo inerte
...........................sones
...........................vierte
...........................y ora-
...........................ciones
............................llora.
...........................Desde
......................la cruz santa
................el triunfo del sol canta
............y bajo el palio azul del cielo
.......deshoja tus cantares sobre el suelo.
........Une tus notas a las de la campana
.......Que ya se despereza ebria de mañana
.......Evangelizando la gran quietud aldeana.
......Es un amanecer que en una bondad brilla
.......La capilla está ante la paz de la montaña
.....Cómo una limosnera está ante una capilla.
..Se esparce en el paisaje el aire de una extraña
.....Santidad, algo bíblico, algo de piel de oveja
.......Algo como un roció lleno de bendiciones
.......Cual si el campo rezara una idílica queja
.......Llena de sus caricias y de sus emociones.
........La capilla es como una vieja acurrucada
Y al pie de la montaña parece un cuento de hada.
.....junto a ella como una bandada de mendigos
..Se agrupan y se acercan unos cuantos castaños
...Que se asoman curiosos por todos los postigos
.......Con la malevolencia de los viejos huraños.
.Y en el cuadrito lleno de ambiente y de frescura
.........En el paisaje alegre con castidad de lino
.......Pinta un brochazo negro la sotana del cura.
Cuando ya la tarde alarga su sombra sobre el camino...


VICENTE HUIDOBRO, Antología poética, Castalia, 1990
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lunes 22 de febrero de 2010

TROYA LITERARIA (40): Efraím Medina Reyes contra García Márquez

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En cuanto al término garcíamarketing me refiero a que él, García Márquez, es una marca registrada que se usa con diversos propósitos; sería tonto pensar que García Márquez necesita algún tipo de publicidad cuando él es alma y nervio de los medios. Son sus cortesanos quienes chupan, se disputan y han declarado estar dispuestos a todo por las migajas que les arroja de su fama. Lo que me indigna y entristece es que un escritor de su dimensión se incline de forma tan patética ante cualquier tipo de poder y se le humedezca el trasero con sólo escuchar la palabra Presidente.


EFRAÍM MEDINA REYES, entrevista a blogscolombia.com, 21 de abril de 2007, vía Palabras invisibles y pensamientos en estéreo (AQUÍ)
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Los negros no saben andar en bicicleta

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Comencé a dominar las discusiones con mi verbo fácil y estadístico, cuajado de vocablos técnicos y frases subordinadas, y en muy poco tiempo me forjé una reputación de dialéctico terrible y chico superdotado. Los aldeanos empezaron a temerme y ya no se atrevían a publicar con tanta alegría sus historias de astronautas resbalándose por la luna o franceses lanzando jabalíes desde los helicópteros, porque cada vez que abrían la boca sentían una mirada inquisitiva, la mía, que no estaba dispuesta a dar crédito a semejantes fabulaciones. Creo que me cegué, creo que mi vanidad se pasó de vueltas y no calculé el rencor secreto que mi abuso argumentativo estaba incubando entre aquellos aldeanos. Fue cuando perdí, ay, la discusión sobre los negros en el caserío de mi tío Bernabé.

En aquel tiempo, finales de los ochenta, la Real Sociedad de fútbol decidió acabar con una tradición por la que se nutría tan sólo de jugadores vascos y comenzó a contratar extranjeros. Las últimas fugas de jugadores al Barcelona y al Athletic de Bilbao estaban en el centro de la medida. Los aldeanos consintieron el fichaje de Aldridge y más tarde el de Richardson, pero quedaron conmocionados cuando la Real anunció la compra de Dalian Atkinson. El caso es que Atkinson era negro.

En la comida anual a la que nos invitaba mi tío Bernabé en la erandiotarra Goiherri con motivo de la matanza del cerdo, no se habló ni de americanos ni de rusos ni de Fidel Castro. Aquel año los negros fueron el tema monográfico. Creo que nunca escuché más barbaridades juntas en una mesa.

–El negro –comenzó mi tío Bernabé– no quiere ni oír hablar de zapatos. El negro va descalzo. Tú le compras al negro las mejores zapatillas y es en balde. Ni drogado se deja poner las zapatillas. Antes te mata.

–El negro de América –decía mi tío Txomin, el americanófilo, que siempre conseguía arrimar el ascua a su sardina– es cosa grande, pero el negro de África no tiene más que ignorancia. No sabe ni las cuatro reglas. Según tengo oídas, Toshack le tiene que decir a Atkinson cinco veces por partido dónde está la portería contraria, porque se le olvida.

–El negro es salvaje –decía mi padre–. El negro es una mezcla de hombre y de mono. Eso está escrito. Así nos decía la maestra en la escuela.

Yo me multiplicaba ante aquellos ataques. A mi padre le dije que las tonterías que contaba en los años cuarenta una maestra franquista no tenían mayor credibilidad; a mi tío Txomin le recordé que el negro americano procede de África y que los estudios científicos serios niegan que ninguna raza sea genéticamente más inteligente que otra, y a mi tío Fermín también le di lo suyo:

–Tío, por favor, no creas que todos los negros viven en tribus como en las películas de Tarzán o corren descalzos como Abebe Bikila. La mayoría de los negros africanos son pobres, pero viven en ciudades y van calzados.

Pero era en vano, y para colmo las vías de agua se me multiplicaban. Ahora era el turno de mi primo José Antonio, que sólo tenía cuarenta años pero ya apuntaba las maneras de sus padres. Mi primo sostenía que el Real Madrid, el Barcelona, el Liverpool y la Juventus tenían cientos de ojeadores en África con el solo propósito de reclutar nuevas estrellas mundiales:

–Según se ve –aseguraba–, están allí como si fueran turistas y se esconden con un cronómetro detrás de los matorrales. Cuando ven a los negros correr detrás de los búfalos, ¡zas!, ponen en marcha el cronómetro y les miden la velocidad. A los más rápidos los contratan y se los traen aquí. Esto es cierto.
–Pero… –decía mi tía Carmen–, ¿el negro tiene ganas de venir aquí, con el frío que hace?
–¿El negro? Al negro le enseñas un poco de chorizo o un plato de porrusalda y se viene contigo al acto. Se pone tan nervioso que ni se despide de la madre. ¿No ves que allí no hay más que hambre?

Yo me desesperaba, pero no por ello abandoné mi vía argumentativa. Negué que los mejores futbolistas negros procedieran sólo de África, sino del Surinam, la Guayana francesa o los barrios pobres de Amsterdam, donde el Ajax había formado la mejor cantera del mundo. También negué que los negros corrieran detrás de los búfalos, al menos en África, y que todos ellos fueran obligatoriamente veloces.

–¡Cómo que el negro no es rápido! –me respondía mi tío Dámaso, hasta entonces en silencio–. ¡El negro es como la electricidad! El negro, fíjate lo que te digo, es capaz de sacar un córner y rematarlo. ¡Mecagüen sos! ¡Saca el córner y lo remata él!

Comencé a sentirme desbordado, pero lo peor estaba por llegar. Fue cuando mi tío Bernabé, el anfitrión, recuperó la palabra y dijo con mucha seguridad:

–El negro no sabe andar en bicicleta. Eso está demostrado.

Nada más escuchar tamaña estupidez me dispuse a contestar, pero mi tío Bernabé advirtió mi ademán y se adelantó:

–¡Alberto! Responde a esta pregunta: ¿has visto algún negro en bicicleta?

Se hizo el silencio y todas las miradas se posaron sobre mí. Yo intenté recordar los negros que había visto por televisión, pero por más vueltas que le daba no me venía ningún negro en bicicleta. Recordaba a los colombianos Lucho Herrera, a Fabio Parra, a Farfán, que eran algo mestizos, pero no recordaba ningún negro-negro. A todo esto, los segundos pasaban y los rostros de los comensales comenzaban a perder su confianza en mí. Estaba perdiendo el debate.

–Bernabé tiene razón –exclamó al fin mi tío José–. Yo tampoco he visto nunca un negro en bicicleta.
–Yo tampoco lo he visto –dijo mi padre–. Eso es cierto.
–Yo tampoco –dijo el tío Dámaso–.
–¿Negro en bicicleta? –se preguntaba mi prima Maite–. Yo no.
–Yo tampoco –decía José Antonio.

Hasta mi madre se puso de su parte y dijo que ella tampoco había visto un negro en bicicleta. Yo seguía en mi asiento, impotente, estrujándome la cabeza, y en la mirada satisfecha de Bernabé y en la de los otros pude advertir mi derrota. Se desató la algarabía. Me habían ganado.

Aquel fracaso me hizo pensar mucho. ¿Cómo no había sido capaz de defender con éxito una causa tan obvia? ¿Cómo me había dejado derrotar por aquellos racistas galopantes? Sí, es cierto que no había visto un negro en bicicleta, igual que no había visto un negro a caballo o a un negro bebiendo coca-cola: creo que fue a los diecinueve años cuando vi con mis propios ojos, en la calle San Francisco de Bilbao, los primeros negros de mi vida. El problema no era ese: el problema era que yo me empeñaba en imponerme a aquellos aldeanos por la vía demostrativa, llenando todas mis intervenciones de frases, nombres, estadísticas y otros fárragos, mientras que ellos se dedicaban solamente a fabular. Eran mucho más eficaces y sugerentes sus historias de negros descalzos y ojeadores del Real Madrid escondidos con el cronómetro detrás de los matorrales, aunque no fueran ciertas, que todas mis estadísticas somníferas sobre el número de jugadores negros que sacaba anualmente la cantera del Ajax de Amsterdam, aunque fueran ciertas.

Concluí que las discusiones no se ganan con argumentos sino con fascinaciones. El Lauros viejo se había cobrado una victoria aquel día sobre el Lauros incipiente, pero había tomado nota.

No me iban a ganar más.
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Ciento setenta

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LECTURAS ASOMBROSAS (22): Pepin Bello asegura que Dalí era tan ignorante que ni siquiera sabía leer la hora del reloj

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PREGUNTA: Usted ha dicho muchas veces que Dalí era un ignorante…
PEPÍN BELLO: El Dalí que yo conocí sí.

P: ¿Nos puede dar un ejemplo?
PB: No sabía ni que cinco duros eran veinticinco pesetas. Tampoco sabía leer la hora del reloj.

P: ¿No sabía leer la hora del reloj?
PB: Mire, su padre le regaló un reloj de cuerda, que como él nunca le daba cuerda estaba siempre parado a las dos y cuarto de la tarde. Si alguien le preguntaba qué hora era, él, ni corto ni perezoso, le respondía que las dos y cuarto.

P: Un tipo tremendo, también para la época.
PB: Una locura de hombre. En otra ocasión me pidió que le acompañase a comprar una pastilla de jabón. Él me exigió, con mucha insistencia, que se la comprase yo. Ante mi negativa, y después de darle instrucciones sobre lo que debía hacer en la tienda, el pobre Dalí se aventuró solo en la tienda de jabones. Quedábamos en que yo le esperaba en la calle.

P: ¿Qué sucedió?
PB: Después de diez minutos, Dalí salió de la tienda sin la pastilla de jabón, muy colorado y azorado. Estaba totalmente descorazonado. No supo comprar la pastilla de jabón. Por lo que me explicó, llegó al almacén y le dijo a un dependiente que quería “un jabón”. El dependiente le preguntó: “¿Qué jabón quiere usted?” Dalí le respondió: “Ah, pues no lo sé, sólo quiero un jabón.” Un diálogo de besugos. Cuando le dieron el jabón y se dio cuenta de que tenía que pagarlo en caja, Dalí recordó que no sabía contar las monedas. Disimuladamente dejó la pastilla en un rincón y salió corriendo a mi encuentro. Se había hecho un lío enorme.

P: ¿Al final tuvo que entrar usted a comprarle el dichoso jabón?
PB: Sí, claro. Pobre Dalí, para las cosas cotidianas no servía en absoluto. No he visto un hombre más inútil.


JOSÉ “PEPÍN” BELLO, entrevistado por David Castillo y Marc Sardá para Conversaciones con José “Pepín” Bello, Anagrama, Barcelona, 2007, págs. 28-30
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Lo mejor de CRÍTICA POÉTICA Y CONTRACRÍTICA (15): Desde el 28 de marzo al 17 de abril de 2008

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Addison de Witt: Las comparaciones son odiosas pero que el premio más mediático de poesía en España sea el Loewe nos lleva a recordar cuando el premio de poesía más famoso era el Adonáis: Claudio Rodriguez por "Don de la ebriedad", Hierro por "Alegría", Valente por "A modo de esperanza", Francisco Brines por "Las brasas", Diego Jesús Jiménez por "La ciudad", Félix Grande por "Las piedras", Mestre por "Antífona de Otoño"... Sin contar con algunos accésit (Caballero Bonald, Ángel González, Goytisolo..) que fueron mucho mejores que los premiados, caso del año de Montero (28-3-08)

Anonimito: El Loewe me parece poesía pija para niños bien, juventudes del PP (no es baladí que en la entrega se deje caer el antipoético matrimonio Aznar) y aspirantes a tener bufete propio (con secretas ínfulas literarias); retórica de suspiros en pechos almibaradamente henchidos, coqueteos evanescentes y hojarasca, hojarasca (28-3-08)

Anónima: Y ya van 20 ediciones de Loewe en las que no gana una poeta. ¿No es sorprendente? En el jurado del premio hay varios homosexuales y éstos no suelen ser misóginos. ¿Qué ocurre entonces? (28-3-08)

Iavinio: ¿Algún Loewe de este siglo vale los 8 euros que cuesta? Tal vez el de Lorenzo Oliván. Pero vamos, que estamos todos hartos (28-3-08)

Addison de Witt: Si dentro de 30 años un investigador bucea qué ocurría a principios de siglo XXI en España, si leyera sólo los suplementos culturales pensaría que había un consenso sobre la poética del momento. Y, como otros blog, queremos dejar constancia de que eso es sencillamente mentira. Que ni estamos de acuerdo con ciertas formas en los premios, ni compartimos determinados criterios estético-poéticos (28-3-08)

Addison de Witt: Ginsberg es un poeta que se mueve mejor en antologías de poemas que en poemarios completos donde se aleja casi huyendo de la poesía cuando comienza a escribir propaganda o su yo confesional lo nubla todo, y se acerca maravillosamente cuando es visionario y profético, o cuando utiliza un humor satírico e incluso opta por la auto parodia. Y sobre todo, Allen Ginsberg fue poeta con su propia vida. ¿Sobrevalorado? Sin duda, pero hay casos mucho peores y algunos de los poemas del autor sobrevivirán sin duda el paso del tiempo (3-4-08)

Addison de Witt: Ullán es un poeta singular y moderno, especialmente si tenemos en cuenta el panorama ferozmente conservador de buena parte de la poesía más mediática. Su obra es a la vez vanguardista, clásica, técnica, cuidada en el descuido, seria, irónica, abstracta, figurativa, reflexiva, descriptiva, barroca a lo Villamediana, minimalista...En definitiva, un mundo en sí mismo. Dentro de ese mundo, nos gustan menos los poemas que se apoyan excesivamente en el juego con la palabra, o los que se acercan más al pastiche por el exceso de intertextualidad de todo tipo o los que abusan de la deconstrucción. Estos poemas se desgastan con la relectura. Y nos gustan aquellos en los que la innovación o el atrevimiento técnico están al servicio del fondo y no de la forma. Aquellos también en los que la riqueza léxica es un medio, no un fin. Ullán, con sus virtudes y sus defectos, es un ejemplo de personalidad poética firme al margen de modas. Su obra completa hasta la fecha, Ondulaciones es un ejemplo de poesía que se ha quedado al margen de la realidad poética española actual gracias al pensamiento único que llevamos sufriendo desde hace quince años, pero que merece un rescate por su brillantez, por su atrevimiento, y por qué no decirlo, por su poesía (17-4-08)

Anonimito: Otra cosa que me molesta un poco, pero es manía personal, es que Ullán, tan único, dedica muchísimos poemas a escritores y poetas amigos, con una nómina heterogénea en su caso: Sergio Pitol, Enrique Vila-Matas, Olvido García Valdés, Antonio Méndez Rubio y un larguísimo etcétera. En fin, como lector me molesta tropezarme continuamente con los amigos del escritor, habría que poner un apéndice de dedicatorias o algo, para no entorpecer una sana lectura (sin connotaciones políticas que uno inevitablemente traza, etc). Una vez más Miguel Casado, que es un excelente antólogo y prologuista, se revela como uno de los forjadores del canon del presente, privilegiando, por supuesto, a sus amigos: Gamoneda, Ullán, etc. Incluyendo la más que probable y futura canonización de su mujer Olvido (a quien por otra parte admiro). Estamos ante uno de los grupos de poder más evidentes de la poesía española, y esto es innegable (17-4-08)


Blog Crítica poética y contracrítica (AQUÍ)
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