jueves, 21 de octubre de 2021

1772

LA PIEL sorda, el hueso ronco, el nervio ciego, el cerebro una tarta caducada para moscas de segunda convocatoria, soy un bosque de flemas repetidas, soy un lago de daños conservados, soy la triste historia del mocoso jugando a viejo que hacía cuadrados con el compás torcido, soy el recuerdo bobo del avestruz que trataba de incubar huevos en el tablero de baloncesto, ignoro si existo, ignoro si respiro, a veces creo que soy el tambor que compraron las monjas para ahuyentar a los jilgueros de primero de música, a veces pienso que soy el sapo con sueños de ballena que dejaron los gamberros en el pupitre del maestro, todo me molesta, la ciudad me molesta, los diarios me molestan, Internet es un caballo consabido que ya no pone los cascos en el suelo, Internet ya no causa radiaciones con su millón de bombas nucleares por minuto, estoy viejo, estoy herido, ya no encuentro el mapa para regresar a mi rostro, ya no encuentro la pista para regresar a mis límites, sería capaz de lamerle el clítoris a octubre, sería capaz de besar a un ciervo fluorescente o enamorarme de un buzón de correos, sería capaz de escurrir las nubes del cielo para que se fuera toda la basura de mi inodoro, pero me quedo aquí de nuevo, cansado y octogenario, sin ganas de leerme salvo que escriba un libro muy delgado donde yo no aparezca, un libro transparente donde por favor no aparezca la palabra yo.