domingo, 25 de julio de 2021

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Misterio del ser humano es el lugar donde has nacido, que parece que es uno y evidente pero resulta que son muchos y de diferentes pesos. Yo, por ejemplo, nací en el hospital de Cruces en Baracaldo, pero también nací en Astobieta, en Lauros, en Loiu, en Vizcaya, en Euskadi, en España, en Europa y en el planeta Tierra. Con los distintos lugares donde has nacido hay que tener mucho cuidado, porque algunos son sanos, no tienen especial conciencia de sí mismos y te permiten vivir en todas las direcciones, pero otros son tóxicos, exigen que te comportes con ellos como una cheerleader y hasta pueden pedirte que les entregues tu vida. Para distinguir tus lugares sanos de los tóxicos yo tengo un sistema que no falla: la bandera. Tus lugares tóxicos, aquellos donde existe una presión asfixiante para que no vivas sino para que pertenezcas y estés orgulloso, se caracterizan por sus grandes y numerosas banderas, siempre colocadas en un lugar muy visible, con el fin de apelar a tu monstruo irracional. En los lugares sanos sucede justo lo contrario: ¿conoces la bandera de tu barrio o tu pueblo? ¿Has visto que la gente la coloque en sus balcones? ¿Y la de las Naciones Unidas? ¿Has visto a alguien llorar por la bandera de las Naciones Unidas? Los lugares sanos no necesitan presumir, no necesitan prevalecer, no necesitan uniformar: son lugares que no necesitan bandera.