sábado, 24 de julio de 2021

1542

Lo que me he reído al leer esta versión de La hormiga y la cigarra, escrita por Ramón Agenjo, que se encuentra en la Antología de fabulas recopiladas por César Armando Gómez. El autor desmonta punto por punto a Samaniego y se podría decir que hace lo propio con sus predecesores La Fontaine y Esopo, que también escribieron versiones de esa fábula. Atención al ataque final, descacharrante, contra las hormigas:

¿Para qué la cigarra
copiaría alimentos
con que pasar los días
crueles del invierno?
Si cuando el frío llegue
ella ya habrá muerto,
cumpliendo así su ciclo
que ignoró Samaniego.
Durante varios años
viviendo bajo el suelo,
en las raíces mollas
que nutrieron su cuerpo
acumuló energías
el calumniado insecto
para cambiar de ninfa
en adulto epigeo.
Y un día de verano
excava un agujero
y asciende vigoroso
sobre el haz del terreno;
allí hiende su exuvia
y en un poco tiempo
desarrolla las alas
y endura el tegumento.
Presto vuela a los árboles
donde los machos trémulos
de luz, amor y vida
inician su chirreo
monótono y pesado,
instante e impertérrito.
Jamás una cigarra
irá a los hormigueros
pidiendo humildemente
inútiles empréstitos.
Su boca transformada
en pico curvo y hueco
cuando el calor agobia
hunde en los brotes tiernos.
Con él nunca podría
tomar como alimento
“ni mosca, ni gusano,
ni trigo, ni centeno”.
En cambio le permite,
con un pequeño esfuerzo,
succionar rica savia
de todos los renuevos,
que aviva su organismo
con líquido sustento.
Más la hormiga sedienta
pronto encuentra el venero
y mordiendo las patas
al legítimo dueño,
lee hostiga hasta ahuyentarlo,
para ocupar su puesto.
Tras cinco o seis semanas
de amores y conciertos,
la cigarra extenuada
cae del árbol al suelo,
donde antes de que muera,
la hormiga ya al acecho
la corta en mil pedazos
que lleva al hormiguero,
“para hacer provisiones
allá para el invierno”.
Todo es falso en la fábula
de Félix Samaniego:
la depravada hormiga,
un animal siniestro,
esclavista, asesino,
ladrón, mal padre y ebrio,
cantado cual si fuera
benéfico sujeto;
y en cambio la cigarra
expuesta a vilipendio,
cuando nunca hizo daño
a grande ni pequeño.
Así ocurre en la vida,
en múltiples aspectos.
Unos llevan la fama
y de otros es el mérito.