viernes, 18 de junio de 2021

1465

En mi colegio de Larrondo nos dio clases en 1º o 2º de EGB una monja, la hermana Gloria, que cada vez que se enfadaba o fingía que se enfadaba con nosotros nos espetaba:

—¡Que sea la antepenúltima vez que me hacéis esto!

Decía la antepenúltima, con lo que todavía nos quedaban dos oportunidades más de fallar, o la penúltima, con lo que nos quedaba una sola: creo que en todo el curso solo dijo en una o dos ocasiones “que sea la última vez” para trasladarnos que se había puesto seria de verdad. Con el tiempo me he quedado admirado de la sabiduría de aquella monja, pues se tiene la idea de que el profesor debe imponer su autoridad, de que no debe permitir que los alumnos “se le suban a las barbas”, pero la hermana Gloria, sin embargo, consciente de que nuestros seis o siete años no merecían tales rigores, nos venía a decir algo así como esto: “Sé que sois revoltosos y rebeldes y quiero que lo sigáis siendo, pero vamos a aprender un poco de respeto y convivencia también, poco a poco, a la velocidad que vosotros queráis, y ya veréis que no es tan malo”.