domingo, 18 de abril de 2021

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La mujer que me está limpiando Maracaná ha resultado ser una evangelista rabiosa. Tiene una versión muy particular de las causas del coronavirus:

–Dios está muy enfadado con nosotros a causa de la droga, las violaciones y los asesinatos, y ha enviado el coronavirus como advertencia de que viene pronto el fin del mundo.

Pilar, que así se llama mi limpiadora, quiere reclutarme para la causa de la espiritualidad religiosa. Yo le digo que de acuerdo, que estoy dispuesto a abrazar cualquier cosa que detenga mi constante aumento de lucidez, pero le advierto de que lo veo imposible:

–Dime tú a qué Dios le puede caer bien una persona como yo, que ha renegado de su madre, de su familia, de su pueblo y de todas sus patrias, y que teniendo pitilín sabe caminar sobre tacones de aguja de 15 cm.

Ella se queda mirándome un poco vacilante, como reflexionando, pues creo que mis argumentos le parecen de peso, pero al final me dice:

–No, Vanessa: yo siento que tú eres buena persona y, si lo siento yo, Dios también lo siente.