sábado, 17 de abril de 2021

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A veces, cuando siento que mi soledad está inquieta o un poco respondona, me gusta prepararme este antídoto: me pongo a pensar en mi comportamiento si estuviera ahora mismo en sociedad, bien cómo Batania1, el que todo lo sabe y no deja hablar a nadie y quiere controlar todo y es de una vanidad cómica, o bien como Batania2, el que no habla con nadie y se recluye en una cerveza y es tan humilde que tampoco hay dios que se lo crea. La vacuna funciona enseguida, porque me doy cuenta en el acto de que el mejor Batania existente siempre ha sido el tercer Batania, que es el que escribe estas líneas: el único que no hiere a nadie, el único que crea, el único sensible, el único que respeta al otro, el único que escucha a los escritores muertos, el único que trata de comprender.