domingo, 28 de febrero de 2021

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Sobre la biblioteca ideal. Me disgusta que mis libros deban compartir sitio con otros, por muy Hugos o Dantes o Shakespeares que sean, y creo que a los demás les sucede lo mismo: siendo el libro el resultado de la máxima individualidad = peculiaridad de quienes lo escribieron, el sistema de apilarlos/uniformarlos como latas de sardinas es una aberración de la ética y la estética. ¡Contemplar una biblioteca de miles de ejemplares en un minuto, qué asesinato fordista, qué chapucería en serie de la mirada a granel! Me gustaría disponer del Capitolio de Washington, por ejemplo, un lugar lo bastante grande para que los 12.000 libros de mi biblioteca cupieran como deben caber: uno a uno, colocado cada ejemplar en un atril, con al menos cinco metros de espacio entre ellos, para que cada libro se sienta feliz y orgulloso y único, como procede por su origen singular, sin tener que aguantar el sudor de los otros, los microbios de los otros, la tontería de los demás.