jueves, 6 de agosto de 2020

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A los que estamos condenados a la ansiedad se nos veda el don de ser profundos. Porque para ser profundo hace falta rumiar mucho, y para rumiar es obligatorio detenerse, esa palabra tan lejos de nuestro alcance. Recuerdo con mis palabras un aforismo de Canetti: "Él no puede ser filósofo: no se repite lo suficiente".