sábado, 4 de julio de 2020

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No hay más que leer los detalles que da Proust de su infancia supuestamente desgraciada para ponerse de inmediato a favor de su familia; no hay más que leer los debilísimos argumentos que da Kafka en su Carta al padre para ponerse de inmediato a favor de su padre. Ando leyendo la biografía de Proust de William C. Carter y no puedo parar de reír ante las “tragedias” que sufría el genio francés: el pequeño Proust vivía dramáticamente una infancia que no fue dramática. ¡Qué banda de niños mimados es esta de los escritores, que siempre andan sufriendo naufragios sin haberse subido al barco!