viernes, 14 de febrero de 2020

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Siempre he pensado que la mediocridad y el talento coexisten en el escritor a partes iguales, y que la diferencia entre uno y otro estriba en el número de horas que se han invertido o número de folios que se han descartado: si el escritor tiene una gran consideración de sí mismo y se conforma con la primera versión que su cerebro le ofrece, está condenándose a ser un escritor mediocre; si el escritor, en cambio, duda de sí mismo y aprende a tratarse como un escritor de mierda, está poniendo los primeros ladrillos para que aparezca el talento, que consiste en especular durante horas hasta que aparezcan esas palabras o esas ideas que se apartan al menos un centímetro de todo lo que has leído o escrito. Vino una vez la leyenda del periodismo José María García a la UPV de Leioa y nos dijo:

—¿Queréis ser mejores periodistas que los demás? Eso es muy fácil: trabajad cada día cuatro horas más que el resto.

Pues eso.