miércoles, 15 de enero de 2020

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VIVE O MUERE
Anne Sexton

Traducción: Julio Mas Alcaraz
Año de publicación: 1967
Editorial: Vitrubio
Págs.: 273

Anne Sexton es una de esas poetas como Ginsberg o Rimbaud a la que ya conoces un poco antes de haberla leído. Ese griterío que se forma en torno a su figura es bueno por una parte, porque el nombre de la poeta funciona como una marca-imán que garantiza el interés continuo de nuevos lectores, pero es malo por otra, porque a menudo la leyenda que acompaña a cada poeta es reductora y basada solo en los aspectos más morbosos de su existencia. Entras por primera vez en uno de sus libros buscando a una poeta suicida que contaba en crudo truculencias acerca de las drogas, la menstruación o sus masturbaciones y te encuentras en realidad con una poeta compleja que ni es tan cruda ni tan sincericida ni tan exhibicionista.

Ya la etiqueta "poeta confesional" me parece desafortunada en su caso o al menos incompleta. Una persona que se confiesa tiende a hacerlo de forma clara, en modo testimonio, y no recurre a caracoleos ni modos de vanguardia. Por otra parte, otro aspecto básico de la confesión que no cumple Sexton es la sinceridad: para Sexton la mentira es consustancial a su arte poética. Si necesita en su poema tener un accidente, matar a su padre o inventarse un hermano o un hijo ilegítimo, no duda en hacerlo. Podríamos decir que su confesionalismo es mágico o que en ella la memoria se confunde con la fantasía.

En cuanto a la supuesta crudeza morbosa de sus poemas, no es tal. A Sexton se la acusó en vida de poner materiales escabrosos "demasiado a la vista" y de buscar el escándalo y el agonismo fácil, pero leyendo "Vive o muere", sin embargo, lo que realmente sucede es que los elementos simbólicos, oníricos, imaginistas o surrealistas son tantos que, en muchos poemas, ni siquiera te enteras de lo que sucede, algo que nunca te va a ocurrir con un poema de Bukowski o Benedetti. Por cada poema directo tipo La adicta (pág. 219), hay tres poemas mucho más nebulosos. Se dice que Sexton es una poeta coloquial, pero, en todo caso, su coloquialismo está trufado de métodos indirectos que lo alimentan y complejizan. De hecho, a mí me han servido de mucho las notas sobre cada poema (págs. 235 a 267) que escribe el traductor Julio Mas Alcaraz: una vez leídas, caes-en-la-cuenta y entiendes muchos de ellos.

Por último, no se espere el lector hallar en este poemario a una poeta-buitre dando vueltas sobre el suicidio, por mucho que el planteamiento del libro sea ese y el propio título proponga una disyuntiva entre suicidarse o seguir viviendo. Un libro que incurriera solo en el suicidio sería monótono hasta lo insoportable; si "Vive o muere" funciona es porque Sexton utiliza el suicidio solo como una rama desde la que posarse y desplegar todos sus recuerdos, que a veces son falsos porque tiene demasiado talento para atenerse a ellos. Sexton no utiliza el poema para encerrarse en su problema, sino que lo usa para abrirse en todas direcciones y desplegar sus recursos de artista. Supongo que la poesía le servía para expandirse; fue Erika Jong la que escribió después de su muerte:
Las palabras salvaron a Anne por un tiempo. Existe un tipo de conexión que te sostiene en el proceso de escribir el poema. Luego se termina el poema y uno vuelve a estar solo. Otras personas pueden disfrutar del poema más tarde, pero el poeta apenas puede relacionarse con él. El poeta es feliz solo mientras escribe el poema. ¡Si uno pudiera escribir todo el tiempo! ¡Ojalá Anne no hubiera pasado por todas esas horas de no escritura!
Por tanto, Anne Sexton es una poeta confesional PERO, coloquial PERO, cruda PERO y autodestructiva PERO. Pongo los peros en mayúscula porque, según de qué poema se trate, hasta enmiendan a la totalidad a los tópicos principales.

Aunque los poemas más célebres de "Vive o muere" son La muerte de Sylvia (pág. 139), La menstruación a los cuarenta (pág. 161), Querer morir (pág. 173), La noche de bodas (pág. 175) o Nota de suicidio (pág. 201), a mí me han gustado mucho En algún lugar de África (pág. 98), Madre Jack y la lluvia (pág. 105), Acompañada de ángeles (pág. 107) o Tu rostro sobre el cuello de la perra (pág. 193).