sábado, 20 de abril de 2019

Antiprospecto para recomponer los añicos de tu adulto roto


Pobrecito. Que te crees que es fácil recomponer los trozos de tu adulto roto, uno a uno, a la misma velocidad de esos puzles que se venden en las tiendas por tres euros, con sus piezas exactas y el modelo original a la vista, pero no. Un ser humano como tú, con sus doscientos huesitos y seiscientos musculitos balanceándose dentro de tu cuerpo, cuando se cae y se rompe, nunca encuentra todas las piezas en el suelo, por más que busque, y las que encuentra ya no encajan por culpa del golpe. ¿Y además cuál es el modelo que quieres recuperar, a ver, acaso te acuerdas bien del adulto que eras antes de romperte? Te diré más: ¿acaso fuiste alguna vez un adulto entero, sin ningún golpe siquiera, acaso existió ese adulto completo? Recomponer un adulto roto con un cerebro-culebra tan cambiante como el tuyo puede ser muy divertido: puede ocurrir que fueras un caballito de mármol antes de caer al suelo y, al reunir las piezas y pegarlas, ¡tu caballito se vuelva una golondrina, un cactus o una bolsa de espinacas! ¿Y estás seguro de que este que hoy consideras un adulto roto no será mañana un adulto incólume, intacto, redondo, cuando suceda que te rompes de verdad? ¡Si sabrás tú ni medio centímetro sobre ti mismo, por culpa precisamente de andar venga a pensar y repensarte, que ni un segundo eres capaz de despegarte de tu propio ombligo!