martes, 14 de julio de 2020

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Cuenta Suetonio que, en el certamen de elocuencia griega y latina convocado por Calígula en Lyon, los vencidos debían escribir un poema de elogio a los vencedores, y en caso de que esos versos no gustaran, eran obligados a borrarlos con una esponja o con la lengua, si no querían ser azotados con una palmeta o arrojados al río. Lástima que una costumbre tan sana se haya perdido.