jueves, 2 de julio de 2020

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Lo que me desagrada de Montaigne es su falsa humildad. Si realmente, como dice, solo escribe sus Ensayos para que su familia y amigos lo conozcan mejor, ¿para qué los castiga con mil páginas y 1400 citas de autores grecolatinos donde solo de vez en cuando habla de sí mismo? Si, como dice, no se considera escritor sino uno más “entre los chupatintas inútiles e impertinentes que deberían ser expulsados del reino”, ¿para que da a la imprenta su ensayos? Dice también que el objetivo del libro es hablar de un hombre corriente como él, ¿corriente un tipo al que de niño pusieron un pedagogo alemán a su servicio, que a los cinco años hablaba el latín mejor que el francés, que vivía en un suntuoso castillo con espesos muros, torres y aspilleras, que tenía sirvientes, que fue alcalde de Burdeos como su padre, que fue nombrado gentilhombre de cámara por Enrique de Navarra, que mantenía correspondencia con el sabio más famoso de la época, Justo Lipsio, y que se codeaba con los reyes de Francia y hasta desempeñaba misiones diplomáticas para ellos?