sábado, 21 de septiembre de 2019

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Eso que dice Cioran, que solo se da vitalidad a una prosa si buscas la incorrección y te pones a cada paso al borde del solecismo, me parece un pensamiento muy agudo y una gran verdad. Pienso en la prosa de Nietzsche, en la de Proust, en la de Céline, en el monólogo interior de Joyce; pienso en Canetti y en Alda Merini y sobre todo en la pentalogía autobiográfica de Bernhard, donde la frase se alarga y se repite de continuo, dentro de una anarquía aparente, solicitando del lector una respiración de búfalo y logrando unos efectos de intensidad excelentes, y me doy cuenta al fin de qué quería decir el Cortázar maduro cuando declaraba que su propósito era escribir cada día “más mal”.