miércoles, 11 de septiembre de 2019

13


Esa manera mía de ver las cosas, la de no ver en Lorca solo a Lorca, sino a un producto cultural que utiliza el tenderete España para obligarme a formar parte de su rebaño, yo sé que es una forma de mirar que a algunos les puede parecer extraña. Pero es una mirada que enseguida comprende un saharaui, un kurdo, un tibetano, un escocés, un corso o un flamenco: solo en lugares brumosos, donde ninguna identidad ha triunfado, donde existe una lucha entre la identidad oficiosa y la identidad oficial que no termina de resolverse, se da cuenta uno de la función que otorga el estado al arte, la historia y el deporte. Se da cuenta uno también de lo que son las identidades colectivas: las identidades… son algo que se construye. Como la tierra de Galileo, se mueven. La identidad colectiva es puro vodevil para quien la mire con ojo sacapuntas. Imaginemos un diálogo imposible entre un alumno redicho y un profesor de literatura española:

ALUMNO: ¿Y por qué nos hace leer a Lorca y no a Pessoa?
PROFESOR: Porque Castilla perdió la batalla de Aljubarrota contra los portugueses, niño.
ALUMNO: ¿Quiere decir que Gil de Biedma no se leería en España si en Cataluña hubiera triunfado la sublevación de 1641?
PROFESOR: Quiero decir que hago leer a los grandes escritores que han nacido en España.
ALUMNO: ¿No nacieron Ibn Quzman o Ibn Hazm en ella?
PROFESOR: Pero escribían en árabe y el árabe no es una lengua española, niño.
ALUMNO: ¿Y por qué es más importante el traductor Gonzalo de Berceo que los autores a los que traducía?
PROFESOR: Porque Berceo traducía al español, niño.
ALUMNO: Entonces, ¿las traducciones shakesperianas de Astrana Marín son más importantes que las obras de Shakespeare?
PROFESOR: Me está empezando usted a cansar, niño.
ALUMNO: ¿Y por qué no leemos a Sor Juana Inés de la Cruz, que nació en la Corona de España y murió en ella?
PROFESOR: Porque México se independizó de España en 1821.
ALUMNO: Entonces… ¿quiere decir usted que si mañana Euskadi se independizase nos libraríamos de leer a Baroja y Unamuno?
PROFESOR: Niño, cállese ya, ¡cállese!