martes, 18 de junio de 2019

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Siguiendo con el hilo, el universalismo que yo propugno no niega sino que convive y apoya todos los círculos territoriales que rodean al individuo, lo mismo el barrio que el municipio, la provincia, la comunidad autónoma, la nación, el continente y el planeta. Yo no quiero un mundo con un idioma, un gobierno, una literatura y una historia, sino un mundo con miles de idiomas, gobiernos, literaturas e historias. Si un universalismo como el mío es tan agresivo con la nación o con la comunidad autónoma es por su canibalismo con los otros círculos: me di cuenta de que tanto desde Euskadi como desde España se hace todo lo posible para que no te identifiques con el barrio ni con el mundo, con lo local ni con lo universal: tanto Euskadi como España hacen lo posible por descastarte, apartarte del lugar donde has nacido, en pro de un vamos-a-estar-todos-juntos excluyente, que ni de lejos se amplía más allá de unos miles de kilómetros cuadrados, con el solo objetivo de formar rebaño y generar ciudadanos obedientes, sujetos por la argolla de una identidad monocroma. Suelo quejarme de la educación cultural nosotrista que he recibido, pero yo no borraría lo vasco o lo español de la educación sino que cortaría las barreras que lo vasco y español disponen hacia arriba y hacia abajo. Dije una vez que, si me dieran una biblioteca en Carabanchel, la llenaría de secciones a) de autores de Carabanchel b) de autores de Madrid c) de autores de España d) autores de Europa y e) autores del mundo. Y no solo de secciones territoriales: la llenaría de secciones feministas, afros, gays, religiosas, árabes, ecologistas, orientales, indígenas, gitanas, veganas, trataría de que todas las riquezas y variedades estuvieran representadas para que luego el ciudadano elija sin ninguna obligación jerárquica. Que lo presente y lo cercano estén representados, sí, pero también lo antiguo y lo lejano. ¿Pensabais que yo iba a prohibiros a Gonzalo de Berceo, Gabriel Aresti, Azorín, Zorrilla, Alberti, Duque de Rivas, Samaniego, Ramón J. Sender u otros tercerones que me obligasteis a leer? ¿Pensabais que yo iba a forzaros, a los que solo os sentís vascos o solo españoles, a sentiros de muchos lugares a la vez, con la poca afición que os veo? ¿Pensabais que yo iba a imponer el mestizaje y la multicultura? No, el cosmopolita se abre y comprende todos los sentimientos, también los monoteístas, siempre que no sean impositivos, y pide que todo esté a disposición de todos, porque las nuevas tecnologías así lo permiten, y solo ataca a las culturas o círculos que agreden y que tratan de reducir esta asombrosa diversidad (por eso sostengo que el principal enemigo del universalismo es Occidente, que no quiere universalizarse sino occidentalizar el universo). El cosmopolita solicita el derecho a integrarse o no integrarse, a mestizarse o no mestizarse: solicita el derecho a permanecer en un rebaño, salirse del rebaño, cambiar de rebaño o estar en muchos rebaños.