martes, 21 de mayo de 2019

Si no dejas de manosear los cables rojos de tu memoria vas a adelantar la hora de tu sepelio


Lo de que un sufrimiento se mitiga si te pones a escribirlo, yo también lo he notado. Enseñar el dolor, sentirse mirado mientras te dueles, aunque tú seas el único lector, es un consuelo que acaba muchas veces en victoria total: te olvidas de tu sufrimiento. Pero esa regla solo vale para los dolores nuevos, los recientes. Con los sufrimientos antiguos sucede lo contrario: uno se pone a escribir de una herida lejana que ni maldita la falta que hace y, a medida que va escribiendo, presentiza el sufrimiento, se pone a sufrir otra vez. El escritor confesional es un tipo que no permite cicatrizar su pasado y no deja de hacerse daño, porque siempre está dirigiendo su revólver de palabras contra sí mismo. Que Pizarnik, Sexton, Berrymann o Plath se suicidaran no me parece ninguna casualidad: qué coincidencia que todos fueran poetas confesionales.