jueves, 23 de mayo de 2019

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¡Pero bueno! En su Diccionario Pla de la literatura, en la entrada dedicada a Arraigo, Josep Pla hace una apasionada defensa de las literaturas nacionales:
A mí no me han gustado nunca –excepto los grandes clásicos de diversos países– las producciones literarias internacionales y universalistas, la peste que se ha abatido sobre esta época a base de dar a entender que todos los países son iguales, intercambiables e idénticos, que todas las personas y las psicologías son iguales, las mismas. Estas afirmaciones son falsas y grotescas. La gran cantidad de literatura extranjera que nuestros editores imprimen, sobre todo si es política, sociológica o psicológica, es literalmente ininteligible. Procuremos conocer un poco nuestro país. Yo me he pasado más de sesenta años observando a nuestra gente y no he entendido casi nada. Y si las cosas son así, ¿cómo queréis que entienda a los extranjeros y sus países? Tengamos la modestia y la humildad de hablar seriamente. A mí me gustan las casas locales, las cosas de mi país –o las cosas de los otros países reflejadas por nuestra gente. Abandonemos de una vez la pedantería del igualitarismo internacionalista. Yo sé muy bien que nuestra literatura es más bien pobre, por no decir pobrísima.