domingo, 27 de enero de 2019

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Después de vender el oso, la piel del oso, la nieve que rodea al oso y hasta el Polo Norte con la irreflexión que les caracteriza, pues Djokovic había ganado a Nadal en los últimos siete partidos disputados en pista dura, el mismo tipo de superficie en que se jugaba la final, el periodismo deportivo-patriótico de España, que por desgracia es (casi) el único que hay, se ha despertado esta mañana con una realidad muy dura: la de la estrepitosa derrota en la final del Open de Australia de Rafa Nadal, al que este cáncer de periodismo considera “el nuestro”, ante Novak Djokovic, considerado “el extranjero”. Tras la derrota, los diarios han aplicado el mismo cordón sanitario de otras debacles rojigualdas, el mismo que hace que encontrar una derrota “de los nuestros” en este tipo de prensa sea tarea más ardua que buscar a Wally: en el diario As la noticia se empequeñeció enseguida y empezó a bajar en la portada hasta el punto de que ya no se podía ver por la tarde; en el diario Marca, en cambio, aunque la enviaron de inmediato hacia abajo convertida en bonsái, no la eliminaron, por lo que hubo ocasión de paladear durante todo el día la redacción tan divertida de su periodista, quien, después de reconocer la superioridad de Djokovic, intentaba el triple salto mortal de atribuir a terceros la derrota del manacorí, que solo había logrado ocho juegos en todo el partido, en la línea ya muy conocida de arrojar sombras sobre la victoria del deportista que ellos consideran “extranjero”. El “periodista” decía esto:
El español, que cedió 13 de los primeros 14 puntos del partido, no entró nunca en ritmo. Le perjudicaron los dos días parado entre las semifinales y la final y los nervios, que estaban más en su raqueta y en sus piernas que en las del serbio. 7 de los últimos 12 tenistas que salieron victoriosos del Melbourne Park disputaron su semifinal el viernes.
Así de entretenida es la prensa patriótica. ¡Ahora resulta que disponer de un día más de descanso es un inconveniente! Precisamente fue Rafa Nadal quien se lamentó de lo contrario en la anterior final que jugó en Australia, la de 2017 ante Federer: en aquella ocasión dijo que le había perjudicado jugar en viernes porque dispuso de solo 24 horas de descanso antes de la final, por las 48 que disfrutó su rival helvético. Parece lógico que descansar más es mejor que descansar menos, pero el periodismo patriótico consigue que todos los argumentos sean válidos con solo darles la vuelta. Si Nadal pierde con Federer después de jugar en viernes, la culpa es de que no ha descansado; si pierde con Djokovic después de jugar las semifinales en jueves, es que ha descansado demasiado y se ha quedado frío, jajaja. Todo vale antes que reconocer sin excusas la derrota ante un rival formidable al que se niegan a considerar propio. Todo antes que asumir que tanto Nadal como Federer como Djokovic, los tres cracks más grandes que ha dado el tenis masculino en décadas, son deportistas universales y por tanto nuestros, patrimonio de todos, solo extranjeros para quienes no admiren el talento o hayan tenido la desgracia de no disponer nunca de un portátil o un televisor.