domingo, 30 de diciembre de 2018

Bisiesta


Qué mujer. La conocí a las nueve de la noche
y a las diez ya había ocupado todo mi cerebro.

Le pregunté si de verdad existía y me dijo que no,
que solo estaba de breve permiso en Europa
para cumplir una misión de la Rata Reina.

Le pregunté si creía en el amor y me dijo que no,
que solo estaba dispuesta a unirse a un eunuco
si dormía vestido con ella en un ataúd amarillo.

Le pregunté si era una bruja y me dijo que sí,
que se había iniciado con la sangre de un hombre
al que mató por hacer demasiadas preguntas.

Qué mujer.
No había visto una belleza de semejante eslora
desde que vi en llamas la bandera de mi patria.
No había conocido a una persona tan sabia
desde los tiempos en que conocí a la soledad.