viernes, 23 de noviembre de 2018

Qué necesidad


Qué necesidad tenía de vivir en la misma provincia
escoger la misma uni matricularse en la misma facu
elegir la misma carrera y presentarse aquel octubre
en la misma clase que yo con su belleza abominable,
abominable,
abominable,
con ese abuso de poder que solía manejar sin mesura,
sin brújula ni juicio, igual que se aprieta un revólver,
mientras jugaba a apoyarse en un codo o en el otro
y ajustaba su melena pasándose dos dedos por la oreja,
como posando inocente para una litografía romántica,
qué necesidad
de decirme que le daban asco los niños y los viejos,
los cristianos y ateos, los nacionalistas y los unitarios,
además de las mujeres de todas las partes del mundo,
parándose al decir la palabra “asco”, paladeándola,
como si los demás fuéramos unos pobres metecos
y ella hubiera nacido en el oro de un palacio persa,
qué necesidad de apostarme una cena
a que en cualquier tren de la línea Bilbao-Plentzia
podía hallar al menos un hombre al que había besado,
y al contarme esto reírse con su belleza de siempre,
que ya he dicho que usaba como se usa un revólver,
mientras yo le seguía la corriente asustado, silencioso,
sin notar aún que la última bala que ella había disparado
ya estaba dando vueltas y vueltas dentro de mi cabeza.