miércoles, 17 de octubre de 2018

2022


Lo de Nietzsche contra las mujeres es un delirio. Escribe en Más allá del bien y el mal:
Un varón que tenga profundidad, tanto en su espíritu como en sus apetitos, que tenga también aquella profundidad de la benevolencia que es capaz de rigor y dureza, y que es fácil de confundir con éstos, no puede pensar nunca sobre la mujer más que de manera oriental: tiene que concebir a la mujer como posesión, como propiedad encerrable bajo llave, como algo predestinado a servir y que alcanza su perfección en la servidumbre, – tiene que apoyarse aquí en la inmensa razón de Asia, en la superioridad de instintos de Asia: como lo hicieron antiguamente los griegos, los mejores herederos y discípulos de Asia, quienes, como es sabido, desde Homero hasta los tiempos de Pericles, conforme iba aumentando su cultura y extendiéndose su fuerza, se fueron haciendo también, paso a paso, más rigurosos con la mujer, en suma, más orientales. Qué necesario, qué lógico, qué humanamente deseable fue esto: ¡reflexionemos sobre ello en nuestro interior!
Lo curioso es que el amor de la vida de Nietzsche fue Lou Andreas Salomé, que era feminista, y también fue amigo de Helene von Druskowitz y de Barbara Margaretha von Salis, también destacadas feministas, y de la última lo fue hasta el final: ¿cómo no se le pegó nada de ellas? ¿O es que pensaba contra ellas?