viernes, 12 de octubre de 2018

1985


No deja de asombrarme cómo pude resistir treinta años en Lauros en un caserío que carecía de calefacción y agua caliente. Recuerdo muy bien que estudiaba en pleno invierno en mi habitación, simplemente añadiéndome un jersey más, y que más de una vez me duché en esos meses con agua fría. ¿Cómo puede ser que ahora, en Madrid, corra a poner la estufa en el mero octubre y que hasta para fregar necesite el agua caliente? No te das cuenta hasta tarde de lo duras que son las personas de campo y de lo que te reblandece la ciudad: como siga en esta línea pronto me compraré una silla de ruedas porque me desgasta caminar…