viernes, 12 de octubre de 2018

1977


Hoy es 12 de octubre, fecha motivo de celebración para los españoles. Montaigne, en sus Ensayos, escribe esto:
Bordeando la costa en busca de sus minas, algunos españoles desembarcaron en una región fértil y agradable, muy poblada, y le hicieron a un pueblo sus exhortaciones de costumbre: que eran hombres pacíficos, procedentes de largos viajes, enviados por el rey de Castilla, el más grande príncipe de la tierra habitable, al cual el Papa, representante de Dios en la Tierra, había concedido el principado de todas las Indias; que si aceptaban ser sus tributarios, serían tratados de forma muy benigna; les pedían víveres para su alimentación, y oro, necesario para cierta medicina. Les exhortaban además a la creencia en un solo Dios y a la verdad de nuestra religión, que les aconsejaban aceptar, añadiendo algunas amenazas. La respuesta fue ésta: que, en cuanto a ser pacíficos, si lo eran no lo aparentaban; en cuanto a su rey, que, dado que pedía, debía de ser indigente y sufrir necesidad; y quien le había hecho tal concesión, un hombre amante de querellas, que daba a un tercero aquello que no era suyo, para hacerle disputar con los antiguos propietarios; en cuanto a los víveres, que se los proporcionarían; en cuanto al oro, que tenían poco, y que era algo que en absoluto apreciaban pues era inútil para el servicio de su vida, pues todo su afán se encaminaba tan sólo a pasarla de modo feliz y grato; aun así, el que pudieran encontrar, salvo aquel que empleaban para servir a sus dioses, que no temieran cogerlo; en cuanto al único Dios, el discurso les había gustado, pero no querían cambiar su religión, ya que se habían servido tan útilmente de ella durante tanto tiempo, y no tenían costumbre de seguir los consejos sino de amigos y conocidos; en cuanto a las amenazas, que era un signo de falta de juicio proferir amenazas contra aquellos cuya naturaleza y cuyos medios se desconocían; por tanto, que se aprestaran de inmediato a abandonar su tierra, pues no solían tomar a bien las cortesías y las reconvenciones de hombres armados y extranjeros; de lo contrario, harían con ellos como con esos otros, y les mostraron las cabezas de algunos hombres ajusticiados alrededor de la ciudad. Es un ejemplo de los balbuceos de tales niños. Pero, en cualquier caso, ni en ese lugar ni en muchos otros donde los españoles no encontraron las mercancías que buscaban, ni se detuvieron ni intentaron nada, por más que hubiese otros bienes, como lo prueban mis caníbales.