lunes, 13 de agosto de 2018

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¡Horror! ¿Era Juan Ramón Jiménez aún más envidioso que Lope de Vega? En el fragmento 3614 de Ideolojía, escribe:
HAY poetas que no son artistas, cuya poesía (Unamuno, A. Machado) logra pronta aceptación en el lector de escasa sensibilidad artística; otros que son artistas, además de poetas, y cuya espresión sale esquisitamente depurada por el sentido estético. A estos los creerán más superficiales los lectores de escasa sensibilidad artística o nos los entenderán, porque no pueden cojer la calidad en que la profundidad ha sido infundida.
España, país tan poco sensitivo, tardará mucho tiempo en darse cuenta de la escelencia de lo poético de mayor calidad.
En primer lugar, señor Juan Ramón, no se puede meter en la misma frase a Unamuno y Antonio Machado, porque el sevillano es bastante mejor poeta que el bilbaíno. Sin embargo, y en segundo lugar, usted le debe mucho a Unamuno como para dedicarle este ataque, porque buena parte del panteísmo y ego-misticismo que encuentro en Dios deseado y deseante o Espacio, esa religión personal que se construyó usted con pasión de orfebre, ya tenía una correspondencia anterior en Unamuno. En tercer lugar, eso de que en España no hay lectores que puedan apreciar que usted es un poeta-artista de mayor calidad, es un truco elitista que no cuela: ¿no era Jorge Guillén un lector de calidad y dijo que usted era “el gran poeta cursi de España”? ¿No era Pablo Neruda un lector de calidad y aún así le llamaba a usted por teléfono para burlarse de la cantidad de violetas, malvas y rosados con que usted llenaba los poemas? ¿No era un lector de calidad Luis Cernuda, que dijo que tanto Machado como Unamuno eran mejores poetas que usted? ¿No era un lector de calidad Octavio Paz, que dijo de su primer libro “es puro talco de lo cursi que es”? Y por último, en lo referente a Machado…, de rodillas debe ponerse usted, como poeta, ante don Antonio Machado, porque el sevillano es mucho mejor poeta que usted. Machado no imposta el verso, usted sí; Machado no necesita levantar la voz; usted sí; Machado no necesita lucirse, usted sí; Machado no “se siente morir” cada dos por tres dentro de los poemas; usted sí; Machado conjuga lo íntimo con lo público; usted solo es íntimo; Machado es capaz de escribir con pobreza y palabras llanas; usted siempre se acerca o incurre en pedantería; Machado aúna dicción y concepto; usted solo tiene dicción; Machado suena limpio y verdadero; usted siempre linda con la sonajería; Machado sufre por Leonor, por España, por los demás; usted solo sufre por sí mismo, y hasta su amor a Zenobia lo convirtió en un amor por sí mismo.

En definitiva, en Antonio Machado encontramos la materialización acabada de aquello que escribió Whitman, “Camarada, esto no es un libro; quien toca esto toca a un hombre”; en él siempre vemos al hombre detrás del poema, siempre notamos el temblor, la humanidad, la hondura, LA VERDAD con que están escritos sus versos, y en cambio, con usted, don Juan Ramón, siempre tenemos que levantar, antes de leer cada uno de sus poemas, la nada fina capa de plástico que los envuelve.