domingo, 12 de agosto de 2018

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Los poderes públicos no solo no deben avivar el sentimiento nacional, sino que tienen que esforzarse por mitigarlo. Que respetemos a nuestros ancianos, que cuidemos nuestras calles y nuestro planeta, que quitemos las trabas a nuestros minusválidos, que protejamos a la infancia y los excluidos, que borremos las trabas de género o sexo, esos son tipos de sentimientos saludables que los poderes públicos deben fomentar, porque son universales y a-favor-de, pero el sentimiento nacional es un sentimiento negativo, un sentimiento sectario y en-contra-de, que nos lleva, en el mejor de los casos, a mostrar indiferencia o desconocimiento hacia las personas o lugares que no consideramos “el nuestro”, y, en el peor, a crear antagonismo con ellos. Ahora que escucho cada vez más llamadas al “patriotismo”, no dejo de pensar que vienen malos tiempos, incluso cuando ese patriotismo se oculta bajo el adjetivo de “constitucional”, de Habermas, o bajo el patriotismo de la “justicia social”, que reclama Podemos, porque, si de verdad lo que amáis son las leyes y la justicia, ¿qué leyes y justicia son esas que se limitan a unos kilómetros cuadrados?