viernes, 10 de agosto de 2018

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Estoy de acuerdo con Kundera en que la escritura fragmentaria permite reflejar los humores cambiantes o pensamientos paradojales que puede tener el escritor cada día. Lo fragmentario naturaliza la escritura y nos salva del horror matemático de la solidez y el sistema. Sin embargo, no concuerdo con Cioran en el valor que otorga a las contradicciones. Las contradicciones, en un poeta o en un sentidor, me parecen un valor; en un filósofo no. Esa es la razón de que Nietzsche o Cioran, maestros en decir una cosa y su contraria, muchas veces se me aparecen como sofistas, como magos que llevan en el sombrero conejos de muchos colores y convierten el pensamiento en un juego. Pienso que los filósofos de fuste tienen que presentarnos sus contradicciones ya solucionadas o, si no les es posible, presentárnoslas sin resolver y decirnos por qué no consiguen resolverlas.