jueves, 9 de agosto de 2018

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En la entrada anterior, he escrito Dios con mayúscula, y al punto me he acordado de Ramón Gómez de la Serna, protagonista de una anécdota que cuenta Rafael Alberti en La arboleda perdida, cuando el gaditano fue con Juan Ramón Jiménez a visitarle en Buenos Aires, donde vivió Ramón después de la guerra civil, pero al final la visita se truncó porque el greguerista estaba muy enojado con Juan Ramón Jiménez porque en sus últimos escritos… ¡ponía “dios” con minúscula! Alberti lo cuenta así:
Cuando llegamos, Ramón esperaba en el rellano de su piso al lado de Luisita. "¡Un momento!", gritó a Juan Ramón, sin más saludo. "¡Un momento! ¿Puedes explicarme, antes de subir, por qué escribes Dios sin mayúscula últimamente? A Dios le han quitado ya todo en la tierra. Y ahora vienes tú y le quitas lo último que le quedaba: la mayúscula. Promete que se la devolverás". A Juan Ramón le temblaba la barba. Balbució algo que no entendí. Y me fui detrás de él y de Zenobia, cerrando la puerta de la calle suavemente.