miércoles, 8 de agosto de 2018

1431


Esto que escribe Chateaubriand sobre la Francia literaria de la primera mitad del siglo XIX podría ser extensible a la literatura de todos los países en los dos últimos siglos:
Todo el mundo escribe; nadie lee seriamente. Un nombre pronunciado tres veces importuna. ¿Dónde están esos ilustres que, al despertarse una mañana, hace algunos años, declararon que antes de ellos no había existido nada, que habían descubierto cielos y mundos ignorados, que estaban decididos a ridiculizar con su genio las supuestas obras maestras hasta entonces tan neciamente admiradas? Los que se llamaban la juventud en 1830, ¿dónde están? Ahora vienen los grandes hombres de 1835, que miran a esos viejos de 1830 como hombres de mérito en su tiempo, pero actualmente gastados, pasados, superados.