martes, 7 de agosto de 2018

1422


El auge de la ultraderecha en España tiene que ver con la inmigración y solo con la inmigración. Ya dijo en una ocasión Blas Piñar, presidente de Fuerza Nueva, en la década de los ochenta, cuando se le preguntó por qué su partido no crecía electoralmente: “Nuestro problema es que la gente solo se preocupa de España cuando llegan inmigrantes”. Esos inmigrantes comenzaron a llegar a partir de los años 90, hasta hacer un número de casi seis millones de personas, y se han convertido, al grito de España Über Alles, en la gasolina que necesitan los ultraderechistas para crecer, en el chivo expiatorio y granero de votos casi único, porque el resto del ideario ultraderechista, el machismo, el filofranquismo, el nacional-catolicismo, la defensa del maltrato animal, las posturas antiobreras, antihomosexuales y antitransgéro, no les reporta, afortunadamente, muchos votos en España.