lunes, 6 de agosto de 2018

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Urge una labor de denuncia de todos los intelectuales que, a caballo entre el siglo XIX y XX, violentaron la historia o la literatura hasta encontrar esas ansiadas diferencias que reforzaran aún más nuestra supuesta idiosincrasia, aquello que nos separa de las demás naciones; hora es de invertir el proceso y lanzarnos a buscar semejanzas, aquello que nos une al resto de países. Denunciar, por ejemplo, la manipulación a que fue sometido un personaje como El Cid, por ejemplo, por los historiadores y filólogos que escribían con la bufanda rojigualda al cuello. A este respecto, en la polémica que Curtius y Spitzer mantuvieron con el españolizador Menéndez Pidal, que había escrito La España del Cid, Spitzer escribe:
…no encuentro al Cid héroe tan español como medieval, internacional, hombre de una época que en sus más altas aspiraciones era verdaderamente internacionalista, "católica", cuya verdadera patria era el mundo de las ideas universales y cristianas. Christenheit oder Europa, como decía Novalis, y a la vez que España del Cid, concebida como lección de energía para la España de hoy, se podría concebir una obra titulada, La Europa del Cid o El Cid europeo, que tratara la idea del héroe medieval y universal en traje de español.