domingo, 5 de agosto de 2018

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Decía Romain Rolland que él se negaba a odiar por mandato del estado. Y yo añado: a odiar… y a amar también. Porque el mandato expreso o tácito de amar a tu nación es el verdadero gusano en la manzana, el origen del rebaño y el paternalismo: cuando un estado, en lugar de dejarte vivir en-todas-direcciones, te obliga a sentirte parte de él; cuando ese estado, en lugar de ser un compilado de derechos y deberes, busca una vinculación sentimental contigo…, es que está preparando una dictadura donde el ciudadano va a quedar sepultado por el colectivo patriota. ¿Qué le importa al estado que yo me sienta español o antiespañol, madrileño o merovingio, que silbe o no silbe los himnos, siempre que cumpla sus leyes?