sábado, 4 de agosto de 2018

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La recién fallecida Ursula K. Le Guin sostenía que en los premios literarios los hombres solo consienten una cuota del 30% para las mujeres:
Existen pruebas fehacientes de que cuando las mujeres hablan más del treinta por ciento del tiempo, los hombres perciben que ellas dominan la conversación; de manera similar, si dos mujeres seguidas, digamos, reciben alguno de los grandes premios literarios anuales, las voces masculinas empiezan a hablar de confabulaciones feministas, de corrección política y de la decadencia de la imparcialidad de los jurados. La regla del treinta por ciento es realmente poderosa. Si más de una mujer de cada cuatro o cinco escritores ganara los premios Pulitzer, PEN/Faulkner o Booker —si más de una mujer de cada diez premiados ganara el Nobel de Literatura—, la ola de protestas masculinas posterior devaluaría y hasta podría destruir el premio. Al parecer, los tipos literarios solo pueden competir los unos con los otros. Cuando se hallan genuinamente al mismo nivel competitivo que las mujeres, se ponen histéricos. Lo cierto es que sus voces tienen que oírse el setenta por ciento del tiempo.