sábado, 4 de agosto de 2018

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Un detalle que me molesta de algunos escritores como Cioran, Aira, Breton o Benet es su calculado esfuerzo por parecer aficionados y sus arremetidas contra el escritor profesional, aquel que está sujeto a unos horarios de lectura/escritura, al que denigran por autómata y domesticado. Pero la trampa de estos cuatro autores la descubres cuando lees sus ensayos: ahí ves que poseen un bagaje de lecturas pasmoso y que sus teorías son de una complejidad imposible de haber ideado sin meter horas y codos en la mesa. Por más que estos autores, esclavos de un romanticismo a veces inconsciente, traten de hacernos creer que viven a la intemperie, más selváticos que la selva, uno piensa que el escritor es un animal mayormente sedentario que, desgraciadamente, huele un poco a zoo.