viernes, 3 de agosto de 2018

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Yo que de adolescente quería escribir la Eneida de los vascos, y más tarde la Eneida contra los vascos, y aún después la Eneida contra todas las Eneidas, pasando de troyano a aqueo y vuelta a troyano, siempre cegado por mi pasión por los relatos grandes y los gestos miguelangescos, poco a poco voy resignándome a ser un pequeño grafitero en los cubos de basura, un bonsái de moralista francés en Madrid. Pero sucede que mi antigua megalomanía no se rinde, sucede que mi ego sigue tan leónidas como siempre, capaz de resistir ejércitos persas y hecatombes nucleares, y esta tarde, luchando por un momento contra mi pequeñez, he disfrutado mucho, vanidoso, recordando estos versos de Marcial, que también sintió la melancolía de escribir en un género menor:

Se te permite que parezca que cantas con un grácil caramillo,
con tal de que tu caramillo supere las trompetas de muchos.