jueves, 2 de agosto de 2018

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Nietzsche tiene toda la razón en denunciar al cristianismo como enemigo del cuerpo, pero se equivoca al decir que esta religión toma partido por los pobres, los enfermos y todo lo que se arrastra por el suelo (¡ya podría ser cierto!), porque eso solo sucede en la teoría. Cuando dentro del cristianismo han surgido sectores que predican una vuelta al Jesús original (cátaros, órdenes mendicantes, teología de la liberación...) o bien han sido perseguidos o han sido simplemente tolerados. Existe una iglesia de base que aún conserva muchos de los presupuestos antiguos, pero el cristianismo de obispo-para-arriba, en la práctica, siempre ha estado con los ricos y con los poderosos, hasta con los nazis si ha hecho falta, y se ha mostrado agresivo y nietzscheano en muchos casos. Cristiana era la orden de Malta, cristianos los cruzados, cristianos los monjes soldados, cristianos los templarios, cristianos los que quemaron las bibliotecas amerindias y los que inventaron instrumentos de tortura aún no superados, cristianos los que se desangraron en interminables guerras de religión contra otros cristianos. Y en cuanto a la visión que tiene Nietzsche de Jesús como un “budista” y “anarquista santo”, es una visión parcial que excluye la parte tigreante que también tiene el fundador del cristianismo. Sobre este supuesto pacifismo a ultranza de Jesús, Papini contesta a Nietzsche en “El crepúsculo de los filósofos”:
Personalmente Cristo no siente escrúpulos de mostrar sentimientos que algunos llamarían no cristianos; anuncia que ha venido a traer guerra y no paz (Mateo, X, 34), ironiza y lanza improperios contra los fariseos (Mateo, XXIII, 13; Lucas, IX, 41; XI, 39 y sigs.), amenaza con venganzas (Lucas, X, 12), dice que morirán los que no le quieran (Lucas, XIX, 27), aconseja a los discípulos proveerse de espadas (Lucas, XXII, 36). Anuncia, en fin, que el reino de los Cielos es conquistado por los violentos (Mateo, XI, 12). ¿Qué más podía desear Nietzsche?