jueves, 12 de julio de 2018

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La anécdota clave que denuncia la falsa humildad de Baroja es la visita que le hace Hemingway en su lecho de muerte. Hemingway comienza diciéndole:

–Mi premio Nobel se lo tendrían que haber dado a usted.

Baroja recibe esas palabras muy contento, pero Hemingway continúa hablando:

–A usted…, y también a Azorín, a Unamuno, a Antonio Machado…

Estas palabras ya no le gustaron tanto a Baroja, que le dijo con irritación: “¡Demasiados!”. Y es que Hemingway tocó el cable prohibido de Baroja: podía haberle mentado los nombres de escritores franceses o ingleses y seguro que no se hubiera enfadado, ¡pero poner a su mismo nivel a otros escritores españoles de su época, hasta ahí podíamos llegar!