sábado, 7 de julio de 2018

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Lo curioso de Baroja, a pesar de que es un autor vasco filoespañol al que se le atribuye la famosa frase "el nacionalismo se cura viajando", es que enseguida le sale el racismo vasco. No solo contra los negros, los judíos o los hispanoamericanos, sino también contra los meridionales. Escribe:
Fuera de la política, parece que la envidia, el resentimiento, la cólera, son mayores en el mediodía que en el norte. Los pueblos meridionales tienen con frecuencia una envidia hepática, proteica, cósmica, sin objeto, que no depende de nada exterior, qué más bien busca un pretexto de fuera para mostrarse. Esta envidia es una enfermedad como el raquitismo o la neurastenia, de otra índole, de otros centros, pero una enfermedad.
Y en otra parte:
Esta envidia proteica de los meridionales yo no la siento, afortunadamente para mí, pues la envidia debe ser algo que impide al que la tiene vivir tranquilo. Supongo que se debe ser muy desgraciado teniéndola.
Yo no veo, como Baroja, que las gentes del sur sean envidiosas y las del norte no (fuera de que la dicotomía norte/sur no siempre funciona y existen sureños muy norteños y viceversa). Lo que ocurre es que el norteño oculta su envidia, la lleva por dentro, y en cambio un sureño la saca fuera y la gasta. Tanto la envidia hacia dentro como la envidia hacia fuera son simplemente dos manifestaciones distintas de la envidia. Y se equivoca también Baroja al pensar que los sureños “no pueden vivir tranquilos” o “son muy desgraciados” por ser tan envidiosos: al revés, son menos desgraciados porque, al llevar su envidia tan a la vista, enseguida la consumen. ¡Mucho peor me parece a mí la envidia, el rencor o el odio de los norteños, que la llevan en silencio y con vergüenza, y solo consiguen que les dure más y se les pudra dentro!